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domingo, 12 de junio de 2016

Reflexiones sobre la maternidad y la paternidad.

Recojo, algo modificado, parte de un artículo publicado hace unos años, y que, más desarrollado, forma parte de mi libro "Personalidad y belleza en la mujer". Son reflexiones antropológicas y fenomenológicas sobre el significado del cuerpo, y la relación de cuerpo de la mujer y del varón, con la vida.
Comienzo introduciendo un video titulado "Lavado de cerebro" Es un vídeo largo, de casi 40 minutos, en noruego y subtitulado al español. Pero un vídeo que desmonta de forma demoledora toda esa parafernalia de esa igualdad de género “a toda costa”.

PATERNIDAD MATERNIDAD

    Es el tercer elemento de la sexualidad. En un primer momento será la inclinación a la maternidad y a la paternidad.

Es fácil advertir que esta tendencia es muy pobre en el varón, mientras que en la mujer, aunque sea de una manera infantil, se desarrolla prácticamente desde la primera infancia, y se aprecia en muchos de sus juegos. Desde muy niña, la mujer siente el atractivo por los bebés, y en cuanto a “hijos suyos”. Llama la atención de lo determinante que es esta tendencia a un determinado juego, del sexo masculino y femenino. En niños deficientes en su diferenciación sexual física, es casi definitivo según una escuela científica Noruega, la prueba del juguete. Según sea niño o niña se irá a la búsqueda de un juguete como un camión o una escopeta o bien una muñeca. La niña sintetiza muchos de sus juegos en un muñeco, al que trata como “su bebé”. Y  “lo alimenta”, “lo viste”, simular actitudes y actividades de madre con ellos, como  llevarlos en carricoche, dormir en la cama con ellos. Esto ni se le pasa por la cabeza al niño varón a ninguna edad. Y lo que deseaban probar los científicos noruegos con la prueba de los juguetes a niños enfermos es que la tendencia precede a cualquier costumbre o hábito inculcado. 

Desde la pre-adolescencia, la mujer aún niña percibe su propio cuerpo en su forma anatómico-esponsal. Es un cuerpo de madre porque su estructura física reclama funcionalidades esponsales y maternales. Primero, las maternales, cuando comienzan a crecerle los pechos y le adviene  la menstruación. Para ella no es un acontecer de naturaleza exclusivamente  física, sino en relación a su tendencia a la maternidad, que entonces experimenta aun de modo más real y fuerte.

Más tarde, por un desarrollo más espiritual que material, reconoce y entiende su genitalidad como lugar de la unión física con el varón, en relación con  la maternidad. Este entramado es enriquecido por una rica afectividad que se dirige, a los hijos posibles y futuros, y al varón que será el padre, y que cooperará con ella para que sea madre. La maternidad, pues, despierta en la mujer una afectividad hacia el varón, pero no sin más sino como padre de sus hijos. Será determinante en la elección no sólo sus aptitudes como esposo, sino como padre. 

Como podemos ver, la parte fisiológica -genitalidad- es captada más en un primer momento en el orden de la maternidad que en el fisiológico, y eso conduce al amor al varón. Por la conexión tan íntima entre los tres elementos de la sexualidad que se dan gracias a la tendencia a la maternidad, este será el elemento más determinantes en ella.

Por esto, la mujer madura más y mucho antes que el varón, con una riqueza interior de la que carece éste, sobre todo porque la maternidad tiene lugar en ella, en su cuerpo. En el varón, en un primer momento, incluso ya casado, la paternidad se percibe sólo de modo biológico. El entrega algo material: los espermatozoides. La mujer aporta también sólo algo material: el óvulo, una célula, sí, especial por ser  germinal, pero sólo material. Pero en el ámbito de su cuerpo, los dos elementos se funden según la naturaleza, y le adviene algo que escapa a su poder: recibe el ser, y se constituye en un ser humano, independiente de ella, hasta el punto que será un gran manipulador de su cuerpo. Ella advertirá constantemente a partir de ese momento cómo se desarrolla la vida, una vida independiente, una vida nueva, que en el aspecto material procede del varón y de ella, pero desde el punto de vista de la existencia de un ser, y de su espiritualidad, escapa de su alcance.

Sí, ella es hecha madre. Y advierte al varón, que ha sido por obra suya, por obra de los dos igualmente, aunque la nueva vida ha quedado en ella. Ella es la madre de cada persona, hombre o mujer. Procede en cierto modo "más" de ella; ella tiene un contacto más intenso con la vida, con la vida nueva, con el hijo; tiene más datos, mejor percepción para desearlo y amarlo. Por esto, el varón que elija, lo será también en cuanto reúna condiciones para ser padre de sus hijos. No decide sólo sobre el varón con el que unirse en matrimonio, sino por el  padre de sus hijos, y el que va a recibir la maternidad, al mismo tiempo que lo constituye en su paternidad.

Repetimos una vez más que, gracias a su constitución, su tendencia a la maternidad, la afectividad y la unión física, tienden a integrarse en la persona de modo perfecto.  Y será colaboradora imprescindible del varón para que se integren también en él.

¿Qué factor vital predomina pues en condiciones normales, en la mujer? Sin duda alguna –repitamos de nuevo: en condiciones normales-: la tendencia a la maternidad, siempre en unión –no exclusión, salvo casos patológicos- con la tendencia física y la afectividad hacia el varón.

En la interrelación con el esposo deberá introducir a éste en el descubrimiento de ese rol paterno. Es toda una educación la que la mujer lleva a cabo, haciéndole partícipe de nuevos sentimientos que debe hacer suyos, es decir, paternos.  Él es padre por medio de la mujer.

    La mujer advierte su llamada a la maternidad cada vez que mira y reflexiona sobre su cuerpo. Su cuerpo es un cuerpo esponsal y materno, cuerpo de madre. Ella acoge al esposo y al hijo, a la persona. Por medio de ella, el esposo participa en dar la vida; y por su cuerpo hace que se forme y se desarrolle, para después alumbrarla, dejarla fuera de sí. Desde el primer momento de la concepción, sabe que el hijo no es su cuerpo, sino que se forma en su cuerpo, toma de su cuerpo, de su misma vida. El hijo hace vida propia desde el primer momento, porque la vida es suya no de la madre ni del padre. Como he dicho antes, el hijo es una vida que se perfecciona en ella. Esto conlleva tiene un plus existencial que la perfecciona grande y esencialmente.

    Ella es la que mejor sabe qué es la vida, qué es un hijo, qué es  el hijo. Sabe que no se forma de sus órganos, que es un ser que hace su aparición como ser independiente desde el primer momento, que ella no dirige su desarrollo Ella toca el nervio de la creación divina, del valor y dignidad del hombre. La mujer no debe asustarse al escuchar que es la responsable  y la custodiadora del ser humano.

    Dará alimento con sus mamas al hijo. Conocía la finalidad material de esas glándulas, pero con la maternidad sabe de manera vital que no las tiene porque le sean necesarias a ella, sino porque son necesarias para el hijo. No son órganos para lucir, para ver, sino son indicadores de su ser mujer-madre en el futuro. Transportan hacia el futuro.

    Toda esa riqueza de significados y relaciones, hacen de la mujer “el  centro de la familia”, de la vida, y de la sociedad. Los valores que las mujeres tienen los van entregado generosamente al mundo, enriqueciéndolo.



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