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lunes, 30 de marzo de 2015

"Yo quiero un hermanito"

Fernando Pascual


         Era una mañana tibia del octubre romano. Unos turistas entran en la iglesia de san Agustín. A un lado se encuentra la Virgen del parto, famosa en la ciudad de Roma porque a Ella acuden miles de mujeres para pedir por el feliz nacimiento de sus hijos.
        Entre los turistas hay una niña de 7 años. Inquieta como ella sola, la niña se pone a encender velitas. Un familiar le dice que si enciende velas tiene que formular un deseo. La niña no duda en decir lo que más desea: “Yo quiero un hermanito. Se lo pido a Dios, pero mis papás no quieren...”
        Si hay confianza en la familia, los niños son de una sinceridad desarmante. No son pocos los hijos que abren su corazón para pedir a sus padres “un hermanito”. Quizá porque son hijos únicos, o porque ven lo hermoso que es el tener a otro más en la familia, o porque tienen más cariño hacia la mamá cuando está embarazada, o por otros motivos que se esconden en la cabeza inquieta de cada niño.
        La petición nos presenta un problema muy extendido: muchas familias “planifican” tener pocos hijos y muy distanciados. Hay quienes se quedan en el hijo único, por opción o por accidente: la naturaleza no perdona y dice “basta” cuando los esposos menos se lo esperan. Hay quienes tienen dos hijos y ya se sienten ahogados por los gastos, la ropa, los juguetes y los mil deseos (a veces simples caprichos) de cada hijo. No falta quien, al llegar el tercer hijo, se siente con complejo de “familia numerosa”.
        Para algunos, la opción en favor de pocos hijos estaría motivada por “amor” y por realismo. Amor, para darle al único hijo (o a los dos, que ya parecen muchos) todo lo que desee y mucho más de lo que los padres tuvieron. Y realismo, porque el piso, el trabajo, las mil necesidades, muchas ficticias, del mundo moderno no dejan espacio para mayor generosidad.
        El amor, sin embargo, debería más bien abrirse a la generosidad. Si amar significa desear el bien del amado, ¿habría amor verdadero allí donde decimos “no” a la posibilidad de que nuevos hijos inicien la aventura de la vida?
        La cultura moderna, sin embargo, ha llevado a muchos a ver al hijo simplemente como el “resultado” de una opción personal. Dicen: “nacerá nuestro hijo cuando lo decidamos. Si no lo queremos, no nacerá”. Esta mentalidad tiene el peligro de reducir al hijo a un objeto entre los demás objetos de la casa. En otras palabras, su vida depende en todo del querer de los mayores. No es extraño que, en el contexto de esta mentalidad, sean eliminados tantos hijos que tienen “defectos”, o que no son lo que soñaban sus padres, o que “llegan” en el momento “equivocado”.
        En cambio, la cultura que nace de la fe cristiana nos ayuda a ver a los hijos de un modo completamente distinto: como un don de Dios. El don se acoge con alegría, como un regalo espléndido, como una riqueza para los padres, para los otros hijos y para el mundo entero. El amor conyugal se convierte, con todas sus dimensiones (física, psíquica, espiritual) en la puerta que permite ser colaboradores de Dios en la transmisión de la vida.
        Entonces el nuevo hijo se convierte en el tesoro de la casa. Aunque haya que prescindir de unas vacaciones muy deseadas. Aunque haya que poner una litera en la habitación del segundo hijo. Aunque haya que dejar por ahora de lado el sueño de ese coche en el que soñaban papá y mamá desde hacía tiempo.
        Algunas cosas quedan en segundo lugar porque llega un hijo, algo mucho más valioso que todas las riquezas del mundo. Un hijo que conmueve el corazón de Dios, que hace sentirse más unidos y más enamorados a los esposos, que alegra a los otros hijos (si no son egoístas, si aprenden a ser generosos como sus padres) que sienten que en casa habrá que compartir muchas cosas “como buenos hermanos”.
        La niña ha pedido un hermanito a Dios. Dios está deseoso de poder dárselo. Basta con que papá y mamá crezcan en su amor mutuo y abran su corazón a la confianza y a la alegría, acojan con generosidad esa aventura que inicia con la llegada de cada nuevo hijo.

domingo, 29 de marzo de 2015

Los 9 campos de evangelización para los laicos católicos, según Scott Hahn... ¿cuál te falta?

En su último libro Scott Hahn analiza cómo evangelizan los católicos y cómo deberían ser todos evangelizadores
Scott Hahn es un teólogo popular y muy leído en inglés y español por su lenguaje sencillo y estilo ameno. Fue un pastor presbiteriano, gran conocedor de la Biblia, especialmente interesado en el libro del Apocalipsis y en el concepto de "alianza" entre Dios y los hombres. 
Su investigación bíblica e histórica le llevaron a él y a su esposa Kimberly al catolicismo. Escribieron su testimonio en el popular libro Roma dulce hogar, que ha tenido cientos de miles de lectores (20 ediciones en español) y ha influido en cientos, si no miles, de conversiones de protestantes al catolicismo. Hoy es profesor en la Universidad Franciscana de Steubenville (www.franciscan.edu), considerada como "la universidad más católica del mundo".
En su último libro La evangelización de los católicos, Scott Hahn analiza cómo evangelizan los católicos (por lo general, evangelizan poco y mal) y cómo deberían ser todos evangelizadores. 
Explora además 9 campos de evangelización en el que los laicos y familias católicas deben implicarse y donde darán fruto.
1. El campo principal de evangelización: la familia cristiana
Compartir la fe con el cónyuge, tener hijos y transmitirles la fe, contagiar la fe alrededor de la familia a los parientes, es el principal campo evangelizador de los laicos, explica Hahn. 
La familia es una iglesia doméstica, y el testimonio de amor fiel de una familia unida evangeliza a todo su entorno. Para ello las parejas casadas han de cumplir sus compromisos matrimoniales (ser fieles, amarse y respetarse, acoger y educar a los hijos...) y han de saber que ellos, y no los catequistas o colegios, son los principales evangelizadores de sus hijos
La familia, recuerda Hahn, evangelizará poco si no reza en familia, y la misa debe ser el centro de la vida familiar. Los hijos han de ver además que la familia es una fuente de caridad y generosidad, con visitas a enfermos, ayuda a necesitados... 
En la familia cristiana se ha de ser fiel a la Iglesia y su enseñanza, no ser conspiradores ni rebeldes ni aceptar como bueno lo que es pecado. Por último, la familia cristiana vive y practica la esperanza, y más en momentos duros. 
2. La amistad
La amistad es alabada en la Biblia y es "una forma de vida compartida, como la familia". Los "amigos" de Facebook por lo general no son (aún) verdaderos amigos. La amistad implica invitar a participar en actividades familiares: "cumpleaños, películas, celebración de festividades y el rosario vespertino". Implica advertir a los amigos de sus equivocaciones... y escuchar a los amigos cuando nos advierten y corrigen. 
Implica ayudar a un amigo a llegar a fin de mes. Implica hablar de Cristo a los amigos, especialmente a los alejados: dejarles libros evangelizadores, invitarles a encuentros espirituales, quizá a misa, a retiros... "Un ‘vamos a rezar una oración cortita por eso ahora mismo´, en el momento preciso, suscita a menudo reacciones sorprendentes: lágrimas, alegría, paz y agradecimiento. No hay que aporrear a los amigos con la Biblia en la cabeza: "el cariño y la lealtad son, a menudo, el testimonio más eficaz".
3. El vecindario
En el Occidente postmoderno muchos no conocen a sus vecinos ni se tratan con ellos. Los horarios, la forma de las viviendas, etc..., todo apoya el individualismo. Aún así, los vecinos existen: hay que sonreirles cuando te los encuentras, ser amables y corteses, dejar que vean a nuestros hijos... Quizá en su mundo nadie más les sonríe, nadie les trata con amabilidad ni hay niños en su entorno. Así, la familia cristiana empieza a evangelizar al vecino. 
El siguiente paso es crear lazos: "una barbacoa, una fiesta en el jardín, una fiesta en el vecindario...". Visitar una vecina viuda, llevar un regalo a vecinos que han tenido un niño..., todo crea lazos. "A la gente no le atrae el catolicismo como concepto, sino como forma de vida", recuerda Hahn: por eso los vecinos han de verla y empezar a vivirla.
4. El trabajo
Un laico evangeliza cuando en el trabajo se niega a hacer algo que va contra la fe. La vida laboral no es un compartimento estanco inmune a la fe. 
Hay que ser buenos trabajadores, pero también buenos compañeros y buenos jefes, lo que implica amabilidad y respeto. Es bueno recordar cumpleaños y nacimientos de hijos de los compañeros, asumir trabajo extra de un compañero si tiene que atender a un enfermo, sonreir en la oficina... 
Además de este ejemplo cotidiano, "podemos empezar sesiones de estudio bíblico a la hora del almuerzo e invitar compañeros"; podemos invitar al católico no practicante del despacho de al lado a ir a la iglesia (quizá el día del patrón de nuestro oficio, o un Miércoles de Ceniza, o en el día de su santo); se puede invitar a los compañeros a actividades evangelizadoras del fin de semana, o de una tarde semanal. 
Hahn cree que cada católico debería poder explicar a su compañero de trabajo en 5 minutos o menos por qué es católico, cómo ha sido su encuentro personal con Cristo,cómo cambia Cristo su vida: es lo que da tiempo a exponer en una charla de café.
5. La parroquia
La parroquia es evangelizadora y necesita de los dones de los parroquianos. "Usémoslos, pues: como voluntarios para organizar la despensa de la parroquia, cantar en el coro de la iglesia, entrenar al equipo de fútbol del colegio de la parroquia, visitar a los enfermos que no pueden salir de casa, formar parte del consejo financiero de la parroquia, encargarnos de la hora santa semanal o simplemente llegar a la parroquia veinte minutos antes de misa para rezar el rosario con otros". 
Hahn anima a organizar actividades que al párroco no se le hayan ocurrido. Lo que el párroco prefiere es que le digan "podríamos organizar tal cosa, yo me encargo, padre". Traer conferenciantes, organizar cine-forums, crear grupos de visitas a personas solas, grupos de apoyo a madres novatas, grupos de oración y estudio bíblico, visitas a católicos alejados... "La parroquia es donde nos alimentamos y donde ayudamos a alimentar a otros, no es una gasolineradonde llenamos el depósito sacramental y nos olvidamos hasta la semana que viene".
6. La universidad
Un estudio en EEUU señala que el 60% de los que entran en la Universidad siendo practicantes salen sin serlo. En España se deja la práctica religiosa mucho antes, hacia los 13 años. 
Scott Hahn alaba dos modelos de evangelización en la universidad −ámbito que él conoce bien− que son el Centro Newman de la Universidad de Illinois y FOCUS (www.focus.org), la Fraternidad de Estudiantes Universitarios Católicos. FOCUS se fundó hace poco más de una década y ha crecido exponencialmente. Tiene la sede en Denver (que fue sede de una JMJ) y cuenta con 400 misioneros repartidos en 74 universidades. "FOCUS es el modelo de cómo la nueva evangelización debe llevarse a cabo en los campus universitarios, y en la próxima década la demanda de misioneros de FOCUS, así como de laicos católicos dispuestos a apoyarlos y patrocinarlos, irá en aumento".
(En España FOCUS no tiene presencia, ni ninguna realidad parecida, ya que la pastoral universitaria española, en manos de las diócesis, por lo general no hace nueva evangelización y se limita a pastorear a los ya practicantes). 
7. Los medios de comunicación 
"Los católicos tenemos ahora más herramientas que nunca para contar nuestra historia y proclamar el Evangelio, lo que hace que nuestra presencia ahí sea esencial", explica Scott Hahn. "No todos estamos llamados a escribir un blog o presentar un programa de radio, pero utilizando nuestras cuentas de Facebook o Twitter para dar testimonio de la fe contribuimos a la nueva evangelización", sugiere. También pide apoyar las iniciativas de prensa católica en papel, TV, radio o Internet. La edición española del libro cita en las notas, como ejemplos, a ReligionEnLibertad.comVaticanInsider.comAceprensa.comMayFeelingsCatholic Voices y ArgumentsApoyar la prensa católica en Internet, redifundiendo noticias o con donativos, es parte del apostolado de los laicos.
8. Conferencias y ejercicios espirituales
Scott Hahn tiene claro que llevar a un tibio, alejado o incluso pagano a un buen evento cristiano puede transformarle la vida. Los grandes encuentros de oración, adoración y formación que nacieron de la Universidad Franciscana de Steubenville se han difundido por docenas de ciudades de Estados Unidos y cada vez atraen más decenas de miles de jóvenes (pueden conocerse en www.steubenville.org).También están renaciendo los ejercicios espirituales. "Hoy en día sólo unos pocos católicos comprometidos tienen la costumbre de hacer un curso de retiro anual; la recuperación de esta práctica, así como un mayor fomento de la misa, daría muchos frutos para la Iglesia y la nueva evangelización", escribe Hahn.
9. Los nuevos movimientos de laicos
Scott Hahn es cercano al Opus Dei, aunque su universidad está más bien inmersa en la espiritualidad de la Renovación Carismática. Sin embargo, no menciona a ninguno de estos dos cuando enumera movimientos que "han ayudado a millones de católicos". Menciona a Focolares, Comunión y Liberación, Camino neocatecumenal, Milicia de la Inmaculada, Apostolado para la Consagración de la Familia y la Legión de María, añadiendo que hay muchos más. Recuerda las palabras de Juan Pablo II que los llama "la respuesta suscitada por el Espíritu Santo a este dramático desafío". Hahn cree que los laicos, al colaborar con estos movimientos, confirmarán que es cierto lo que decía Juan Pablo II y son una respuesta del Espíritu. 
Scott Hahn finaliza así su repaso a los ámbitos evangelizadores del católico laico: "Hay escasez de católicos dispuestos a vivir su fe con fidelidad radical, con audacia y de manera atractiva, en los múltiples campos de la nueva evangelización. Cristo a través de su Iglesia nos llama a ti y a mí a cambiar eso. Nos llama a dedicar nuestras vidas a la tarea de sembrar semillas para Él".

viernes, 27 de marzo de 2015

A LA INJUSTICIA POR LA IDEOLOGÍA

De lo que no habla el ministro de hacienda de España, Montoro.

Un alumno de un centro concertado le cuesta al Estado alrededor de 3.000 euros al año, mientras que el gasto de un alumno de un centro público supera los 6.000 euros anuales. 
Así lo reflejan las estadísticas de 2011 publicadas por el Ministerio de Educación y el INE. Estos datos muestran que un alumno que cursa sus estudios en la educación concertada supone un ahorro al Estado de casi 3.000 euros anuales. En total, las arcas públicas ahorran 6.684 millones de euros cada año gracias a los niños y jóvenes que acuden a los centros concertados, según un informe elaborado por la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE).

A pesar de los beneficios que estos datos reflejan para el Estado, el dinero que las administraciones públicas  dedican a conciertos y subvenciones ha bajado un 3%, de los 5.891 millones de euros que se dedicaban en 2009 a los 5.705 millones en 2012. Las subvenciones a los centros concertados se recortan sin tener en cuenta que todos esos alumnos a los que ahora tan sólo se paga el 57% del coste de su educación, si se ven obligados a abandonar la enseñanza concertada, supondrán un coste al Estado del 100%, lo que se traduciría en más de seis mil millones de euros. El dinero aportado por las administraciones públicas supone el 57,5% de los ingresos de los centros concertados, que se completa con el 38,5% de las cuotas pagadas por padres y tutores de los alumnos. El restante 4% viene de donaciones, concesiones de servicios o pagos de las asociaciones de padres.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Qué hacer cuando los gobernantes son, digamos… mediocres

Acabamos de pasar por las elecciones autonómicas en Andalucía. Sin pretensiones de juzgar acerca de la calidad personal, profesional y moral de los políticos que han concurrido a las elecciones, se me ocurre un comentario rápido.
La probabilidad de que tengamos gobernantes de alto nivel en cuanto a conocimientos, capacidades, cualidades y virtudes es reducida, porque no disponemos de mecanismos para seleccionarlos, encontrarlos y motivarlos, y los mecanismos de control a posteriori son muy limitados. Montar ese mecanismo sería tarea realmente imposible, porque no nos pondríamos de acuerdo sobre qué les vamos a exigir, y porque la selección ya está hecha de antemano, sin esos mecanismos.
De modo que lo mejor es montar un sistema que sea capaz de funcionar con gobernantes mediocres y aun malos -insisto: no estoy diciendo que los que han ganado lo sean; lo diría también aunque estuviese convencido de que son excelentes, porque seguro que tienen también sus puntos débiles. Un sistema que limite los poderes de los gobernantes, establezca mecanismos independientes y efectivos de control de su actividad, y que desarrolle instituciones que favorezcan que los malos no entren en la batalla política, que sí lo hagan los buenos, y que no se perviertan en su trabajo. 
Me preguntará el lector cómo se hace eso. Ya tenemos mucha experiencia, de siglos, en muy diversos sistemas políticos y entornos sociales, económicos y humanos. Algún día volveré sobre el tema.

lunes, 23 de marzo de 2015

Las familias tienen la clave de la desigualdad de rentas

Por Antonio Argandoña, Catedrático de Economía, Universidad de Barcelona

Francis Fukuyama hace una interesante recensión del último libro de Robert Putnam, Our Kids: The American Dream in Crisis en el Financial Times del 7 de marzo (aquí, en inglés). Muy bueno el comentario y muy bueno el libro, como corresponde a dos primeras espadas de las ciencias sociales. La tesis del libro, que Fukuyama comenta ampliamente, es muy sencilla: los debates en Estados Unidos sobre la desigualdad creciente en la distribución de la renta olvidan un factor importante: la paulatina desaparición de la familia estable con un padre y una madre. 
En  un libro de 1965, Daniel Patrick Moynihan señaló la evidencia abrumadora de que la pobreza en la población de color de Estados Unidos, y el consiguiente crecimiento del crimen y el consumo de drogas, se relacionaban con la desaparición de la familia biparental en ese colectivo. Putnam señala que ahora el problema se ha extendido también a la población blanca,a la que afecta en un 70% de las familias, una cifra similar a la que Moynihan encontró hace medio siglo.
Fukuyama, haciéndose eco de Putnam, señala la importancia de la estructura familiar y la dedicación de los padres en los resultados de los hijos: “estímulo precoz en la infancia, rolemodels apropiados, expectativas estables y cenas en familia son parte de lo que se necesita para tener adultos con movilidad social hacia arriba”. Y añade: “esto falta en América, en los entornos menos educados”, de modo que “la desigualdad económica se refuerza a sí misma”. 
Ambos autores pasan revista a las soluciones que, dicen, se vienen intentando desde hace décadas. Por ejemplo, la reforma de la educación. Pero dice Fukuyama que “las escuelas tienen un impacto limitado en los resultados de la vida, cuando se compara con los amigos y la familia”. 
“El adecuado funcionamiento de la democracia, dice Fukuyama, se basa en el fundamento de hábitos y virtudes que residen en la sociedad que nos rodea y no en el sistema político formal o en los incentivos económicos que esas instituciones crean”. La educación es importante porque a través de ella y de la familia llega la parte más importante del capital social que contribuye a nuestro desarrollo como personas y como ciudadanos. “Las familias fuertes son críticas en América, como incubadoras de un amplio compromiso social“.
También nuestra sociedad marcha, con decisión, por ese camino. Hay unos cuantos tabús que se han creado en nuestra sociedad individualista y emotivista, que se oponen a tomarse en serio la reconstrucción de nuestro tejido familiar. Bueno, al menos podríamos intentar aprender de las sociedades “modernas, avanzadas y dinámicas” que nos han precedido… 

domingo, 22 de marzo de 2015

Papa Francisco: Es verdad, la familia está en crisis, y yo no tengo la receta

Inma Alvárez

“Yo no tengo la receta para la crisis de la familia”, dijo el Papa Francisco. “La Iglesia es consciente de la gravedad del problema, y por eso ha convocado un Sínodo”.
 
El Papa Francisco, por tercera vez en este viaje a Napoles, dejó de lado el discurso oficial y dialogó sin papeles con miles de jóvenes napolitanos reunidos junto al paseo marítimo de la Via Caracciolo.
 
Tres preguntas y tres problemas fueron los que abordó el Papa en su intervención: la crisis de la familia, los ancianos y el sufrimiento en el mundo. Volvió a insistir en algunos de los puntos que ya ha dicho en anteriores catequesis y discursos.
 
Sobre la familia, el Papa subrayó la profundidad de la crisis que atraviesa, y especialmente, el sacramento del matrimonio. “Ya no está de moda casarse, es una costumbre social”.
 
La crisis del matrimonio, para el pontífice, es una crisis del noviazgo: éste “ha perdido su sentido, ya no hay diferencia entre el noviazgo y la convivencia”.  El problema de fondo es la falta de fe con la que se accede al sacramento. Un problema, añadió, que “no se soluciona con un cursillo de ocho días”.
 
Sobre los ancianos, el Papa afirmó que existe “una eutanasia más dañina que poner una inyección, y es negar cuidados y medicamentos a los ancianos”. El principal medicamento, subrayó, es el afecto de los seres queridos. “¿Cómo cumplimos el cuarto mandamiento?”, preguntó a los jóvenes.
 
Sobre el sufrimiento, el Papa volvió a una de sus frases más humanas, que ya pronunció en ocasión, por ejemplo, de su viaje a Filipinas: el sufrimiento de los niños, que para él constituye el “gran silencio de Dios”. “Los silencios de Dios sólo se entienden mirando la cruz”, añadió. 

jueves, 19 de marzo de 2015

LOS MODISTOS MISERICORDIOSOS

Por Juan Manuel de Prada, en ABC.es, 16 de marzo
Es por completo falso que nuestras miserias, en sí mismas, nos hagan merecedores de una predilección especial a los ojos de Dios
DECÍA Chesterton que el mundo moderno está infestado de virtudes cristianas que se han vuelto locas. Así ocurre con la justicia cuando se desgaja de la misericordia, que se vuelve crueldad; pero también con la misericordia cuando se desgaja de la justicia, que bajo máscara piadosa se vuelve complacencia sentimentaloide. Vivimos una época, sin embargo, en que la misericordia sin justicia, virtud loca por antonomasia, se pavonea con el aplauso del mundo, aderezada además con el excipiente almibarado de una condescendencia burdamente demagógica. Escribía el Buey Mudo que ser misericordioso «es como decir que alguien tiene miseria en el corazón, que le entristece la miseria ajena como si fuese propia, y por eso quiere desterrarla como si fuese propia». Se ha puesto ahora de moda decir que no somos quiénes para condenar; pero que no debamos condenar a nadie no significa que no se deban enjuiciar moralmente las conductas en que se halla inmerso el prójimo, para ayudarlo a hacer su discernimiento moral, pues en esto consiste la auténtica misericordia.
Es por completo falso que nuestras miserias, en sí mismas, nos hagan merecedores de una predilección especial a los ojos de Dios, como hoy pretende la versión loca de la misericordia que se pretende imponer. En la parábola de los obreros de la viña se nos dice que se pagó un jornal idéntico a todos los que fueron a laborarla, con independencia de que se incorporaran al comienzo o al final de la jornada; no se nos dice, en cambio, que se pagase el jornal a quienes no doblaron el espinazo. Tampoco en la parábola del Hijo Pródigo se nos dice que el padre abrazara al hijo en la cochiquera, mientras comía las algarrobas de los cerdos. Sin embargo esta misericordia loca y devaluada pretende pagar el jornal a los que no pegaron ni chapa; o pierde el culo por abrazar al que está en la cochiquera, revolcándose en el cieno. Cuando esta versión loca de las virtudes alcanza a las testas mitradas, que se ponen a hacer posturitas y a ensartar paparruchas y empalagos para que no los acusen ante el tribunal del mundo, podemos echar a temblar; pero, como leemos en el Evangelio, «si estos callan, gritarán las piedras». Y, para cumplir estas terribles palabras, los modistos Doménico Dolce y Stefano Gabanna, unos mariconazos de genio y con unos cojones como el caballo de Espartero, henchidos de auténtica misericordia (que es la que empieza por ser justa, dando a cada uno lo suyo), han gritado lo que, medrosos, callan quienes tendrían que hablar. Ha afirmado Gabanna que «la familia no es una moda pasajera»; y que «hay en ella un sentido de pertenencia sobrenatural». A lo que Dolce ha añadido sin rebozo:
—No hemos inventado nosotros la familia: tiene su icono en la Sagrada Familia. Y no es cuestión de religión o estado social, no hay vuelta de hoja: tú naces y hay un padre y una madre. O al menos debería ser así. Por eso no me convencen los que yo llamo «hijos de la química», niños sintéticos. Úteros de alquiler, semen elegido por catálogo. ¡Luego vete a explicar a estos niños quiénes son sus padres! Procrear debe ser un acto de amor. (…) Soy gay, no puedo tener un hijo. Creo que no se puede tener todo en la vida. Es también bello privarse de algo. La vida tiene un recorrido natural, hay cosas que no se deben modificar. Una de ellas es la familia.
Hay otras, en cambio, que deberían modificarse. En un mundo infestado de virtudes locas convendría, por ejemplo, que unos mariconazos de genio como Dolce y Gabanna llevasen mitra; y que algunos mitrados se metiesen a modistos, para poder colmar plenamente su más íntima y recóndita vocación en la pasarela de las vanidades.

martes, 17 de marzo de 2015

Entrevista Papa Francisco en Televisa, al segundo año de su Pontificado (2)

Entrevista al Papa Francisco en Televisa, a los dos años de su elección (1)

Discurso en la manifestación contra el aborto del 14 de marzo 2015

   Me adhiero plenamente a los razonamientos claves de Benigno Blanco. Aunque no lo advirtamos plenamente, estas reacciones pro-vida inyectan al mundo bondad y sentido.                                                  


Discurso de Benigno Blanco en la manifestación del 14 de marzo de 2015

¿Por qué estamos aquí?

Estamos aquí hoy, de nuevo, para evitar que caiga un muro de silencio sobre el aborto.
Estamos aquí para seguir poniendo voz en la calle al que no puede hablar porque aún no ha nacido.
Estamos aquí para ofrecer a todas las mujeres embarazadas el apoyo que necesiten para  ser madres, para decirles que no están solas.
Estamos aquí para tender, también,  nuestra mano en ayuda de todas aquellas mujeres que han pasado por un aborto, si nos necesitan.

Nosotros no podemos dictar leyes ni disponer del presupuesto del Estado, pero podemos hablar, manifestarnos, votar, crear redes de apoyo a la mujer y ayudar a hacer visible al no nacido porque es su vida  lo que está en juego.
Si en estos momentos históricos no hiciésemos lo que está en nuestras manos para remover la conciencia de todos los españoles, seríamos cómplices de ese silencio cobarde que ayuda a  banalizar el aborto.

Esta manifestación quiere decir a toda la sociedad española –y a los políticos de forma especial- que no vamos a callarnos, pues nos mueve un firme compromiso de movilización hasta que en España no haya ni un aborto y existan leyes justas que protejan la vida; movilización que en cada momento adquirirá unas u otras formas, pero que permanecerá en el tiempo.

Una sociedad que calla y oculta realidades como la violencia machista, el maltrato de niños, el abandono de los mayores, el aborto o la pobreza lacerante de algunos de nosotros, es una sociedad que se acostumbra a la injusticia y no hará nada por erradicarla. Nosotros queremos ser la conciencia crítica que impida ese silencio cómplice sobre el gran drama de nuestra época: el abandono del no nacido y de su madre.

¿Cómo no vamos a gritar a toda la sociedad cuando el aborto acaba cada año en España con más vidas que  habitantes tienen las ciudades de  Segovia y Huesca juntas? ¿Cómo vamos a quedarnos en casa cuando el aborto desde 1985 ha acabado con tantas vidas como habitantes tienen hoy las ciudades de Zamora, Valencia, Granada, Sevilla, León, Soria y Cuenca juntas?
¿Podemos callar ante algo así?
¿Podemos quedarnos en casa tranquilamente?
¿Podemos olvidar esto a la hora de votar?
 ¡Por supuesto que no podemos callar!
Como dice el refrán, “el que  calla otorga”
¿Para qué sirve manifestarse?
 ¿Sirven para algo estas manifestaciones?, se preguntan muchos. ¡Pues claro que sirven!: sirven para enfrentarse y vencer al mal. ¿Quién duda ahora que la caída del comunismo se debe a aquellas manifestaciones de polacos y checos, gentes anónimas –Havel los llamaba los “sin poder”-  que, denunciando la gran mentira del comunismo con su presencia en las calles, lograron derribar uno de los peores totalitarismos de la Historia.
 Sin aquellos anónimos y aparentemente fracasados manifestantes, no habría caído el muro de Berlín y hoy la represión totalitaria seguiría cubriendo un tercio del mundo.
 Sin las marchas pacíficas y aparentemente fracasadas de Martin Luther King, no habría sido posible terminar con la segregación racial en los USA años después.
 Si queremos que algún día el aborto sea un triste recuerdo del pasado, hay que hacer en el presente cosas aparentemente inútiles como ésta, manifestarnos.

 La política actual.
El 22N pedimos al presidente del Gobierno que rectificase y cumpliese su compromiso de derogar la ley del aborto vigente. Pero tal rectificación no se ha producido.
 Mientras tanto el Grupo Parlamentario Popular ha presentado una Proposición de ley en el Congreso que pretende mejorar la protección de las menores de edad pero deja intacta la regulación del aborto hecha en 2010.
Si los diputados y senadores del PP votan esa Proposición de ley estarán convalidando y haciendo suya la ley de 2010, una ley que viene a decir a la mujer: “si quieres abortar, cuentas con el apoyo y la financiación estatal; pero si quieres ser madre no cuentes con ningún apoyo”; es decir, el PP estaría haciendo suya una de las leyes de aborto más injustas del mundo.
¡El aborto es igual de rechazable si lo deciden los padres como si lo deciden las hijas!

Por eso, desde aquí, pedimos a los parlamentarios del PP que no apoyen esa iniciativa de su propio Grupo si ésta no incorpora normas razonables de protección a la vida que sustituyan a las vigentes. Dado que el PP tiene mayoría de sobra para hacer algo más y tiene un compromiso vigente con su electorado para hacer ese algo más, no pueden aquietarse con retocar un detalle.

Mientras tanto, en España surgen nuevos partidos políticos, se expanden otros que ya existían  y se contraen algunos de los de siempre. En este panorama político cambiante, los defensores de la vida deseamos que surjan mayorías parlamentarias comprometidas con la vida, hoy o mañana; y trabajaremos para que se forme una mayoría social que logre algún día determinar que un Parlamento sensible con la vida dé el paso de dictar leyes justas en esta materia.
Y lo haremos como corresponde a un movimiento de la sociedad civil: promoviendo ideas, fomentando mentalidades, removiendo corazones, dando información, apelando a la responsabilidad moral de toda la sociedad, suscitando redes solidarias de defensa de la vida y exigiendo a los políticos compromisos concretos con la vida.
Lo haremos sin casarnos con ningún partido, alabando lo bueno venga de donde venga y criticando lo malo venga de donde venga.
Lo haremos siendo la conciencia crítica y constructiva de todos y sin vasallajes con ninguno.
Lo haremos siendo leales a nuestros ideales, actuando por amor a lo bueno y no por mero miedo a lo malo. El miedo no es buen consejero para nada.

Mientras tanto, a menos de cinco km de aquí, hay 12 señores que tienen en su mano dictar una sentencia que derogue por inconstitucional la vigente ley del aborto. Llevan cinco años con un recurso pendiente de resolución. En sus manos hemos puesto una inmensa responsabilidad: defender los derechos humanos, entre los cuales el primero es el derecho a la vida. Pero callan, no se pronuncian. ¿Por qué ese silencio?, ¿por qué esa grave omisión de sus responsabilidades? Por favor, señores magistrados, ¡no nos defraudéis!

Os pido, ahora, 30 segundos de silencio para que este silencio nuestro sea un grito silencioso ante la conciencia de esos 12 magistrados del TC.

Silencio.
Espero que oigan nuestro silencio y su sentido de la responsabilidad se despierte y dicten sentencia leal con el “todos tienen derecho a la vida” (artículo 15 de la Constitución) que juraron o prometieron “guardar y hacer guardar fielmente”.

Mientras tanto, llegan distintos procesos electorales. Permitidme que, sin intentar sustituir la libertad de conciencia y de voto  de cada cual, haga algunas reflexiones sobre el ejercicio del derecho de voto en relación a la causa de la vida.

– no se entendería que votásemos pensando solo de forma egoísta en nuestro bolsillo o en nuestra situación patrimonial y obviando los grandes temas morales en juego como es la defensa de la vida.
– no se entendería que votásemos solo por miedo a algo o alguien y no por amor a la vida y resto de bienes dignos de aprecio.
– no se entendería que al votar no tuviésemos en cuenta lo que unos u otros han hecho o dejado de hacer en favor de la vida y la mujer embarazada en sus anteriores responsabilidades de gobierno.
– no se entendería que al votar no tengamos en cuenta la credibilidad de la palabra de unos u otros a tenor de su conducta anterior.
– no se entendería que al votar no tengamos en cuenta lo que unos u otros proponen en materia tan importante como la protección a la vida.
 La legislación sobre el aborto no está en juego en las elecciones locales y autonómicas. Lo estará en las generales. Pero en las elecciones próximas a Ayuntamientos y CCAA también están en juego muchas políticas que ayudan a evitar abortos o, por el contrario, los promueven. Creo que al decidir nuestro voto debemos pensar si los candidatos hablan a favor de la vida o a favor del aborto, si –en caso de haber gobernado ya- han impulsado medidas de apoyo a las mujeres embarazadas o no, si han respetado la libertad de educación de las familias o han promovido en la escuela  el adoctrinamiento ideológico de género tan proclive al aborto, etc.

Nuestro voto es muy importante. Es un lujo vivir en una sociedad libre en que podemos decidir entre todos quién y cómo nos gobierna. Si al ejercer este derecho no tuviese el peso que le corresponde nuestro aprecio a la vida, no seríamos consecuentes y estaríamos colaborando con la cultura de la muerte… por mucho que gritásemos contra el aborto fuera de las urnas.

Quienes convocamos esta manifestación no pretendemos deciros a quien debéis votar, pero sí apelamos a vuestra responsabilidad para que – en libertad y con vuestra más fina prudencia- votéis a favor de la vida.

Conclusión.
En unos minutos nos disolveremos y volveremos a nuestra casa.
Pero lo que aquí hemos hecho no se disuelve ni desaparece, pues cada uno en nuestro lugar seguiremos haciendo lo mismo que hoy hemos hecho aquí juntos: dar la cara por la vida, mostrar y hacer visible al no nacido, exigir respeto a la vida y exigir y ofrecer apoyo a las mujeres embarazadas que necesitan ayuda para ser madres.
Ejerceremos nuestro derecho de voto de forma responsable y al servicio, también, de la causa de la vida.

Aprovecharemos todas las circunstancias de la convivencia con nuestros conciudadanos para hablar bien de cada vida, de la sexualidad responsable, de la maternidad, de la grandeza de la vida humana.
Nos implicaremos activamente en defensa de una educación de nuestros hijos imbuida de amor a la vida.
Estaremos siempre responsablemente activos y seguiremos movilizándonos en nuestro entorno para crear una sociedad amable con la vida.

¡Este es nuestro reto y nuestra responsabilidad!

El mundo cuenta con todos nosotros. Los no nacidos cuentan con todos nosotros. Las mujeres embarazadas cuentan con todos nosotros.
No les fallemos

Gracias a todos por estar hoy aquí.


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