miércoles, 18 de enero de 2017

El elemento más educativo: la familia


Reproduzco tal cual un  artículo de hace 8 años.

(charla para padres de 1º Primaria, 14-12-2009)

Por Fernando Hurtado

La familia es el lugar natural de la educación. Los lazos que se crean en ella son los más fuertes y profundos. El primero, el que da vida a todos los demás, es el amor matrimonial, con su felicidad, alegría, unión, luz, apoyo… que emana. En su entorno crecen otros amores grandes: nada más y nada menos que la paternidad y la maternidad, la filiación y la fraternidad.

En este ambiente se dan dos relaciones heroicamente generosas, la esponsal y la paterno-maternal. Dios ha querido que los hijos nazcan en este enclave de armonía. Como nos enseñó incansablemente el Papa Juan Pablo II, la persona dentro de la familia es “querida por sí misma”, “no está en función de nada ni de nadie”, “no es considerada desde el aspecto utilitario o del valor material”. Es, por tanto, el ambiente donde la persona es reconocida en su dignidad e inconmensurable valía.

En esta comunidad tan perfecta, los padres enseñan y educan con su propia vida y con su personalidad, con su amor. Los padres transmiten virtudes, las “contagian”, atraen a los hijos hacia ellas, hacen que las admiren en ellos mismos. Si los padres poseyeran las virtudes en bajo grado, si su perfección humana fuera pobre, los hijos serían atraídos por la influencia de otros ambientes lejanos a la familia, lejanos, pues, al amor. Porque los padres, al menos durante los primeros años son como "los ídolos" de sus hijos. Los hijos, se ven completamente dependientes de ellos, pero al mismo tiempo, se saben queridos, protegidos, seguros. En sus primeros años, cuando vemos a un niño obrar, se nos están poniendo por delante -salvo raras excepciones- características fundamentales de la personalidad de sus padres.

La otra gran "educadora".

Hoy día –por desgracia-, la cultura en su sentido amplio, es decir, los estilos de vida, son transmitidos fundamentalmente por los medios de comunicación. Es necesario DESTACAR NETAMENTE COMO MOTOR DE CULTURA A LA TELEVISIÓN. Buena parte de los chicos españoles se expresa del mismo modo y con el mismo argot, viste con el mismo estilo e iguales o semejantes prendas, tiene principios de razonamiento idénticos, la misma visión de la sexualidad, del matrimonio, de la religión… Durante varios años -mas de una decena- varias series televisivas han desarrollado con imágenes todo un programa de educación de la conducta -¿de la ciudadanía?-, de modo ideológico, con ideas contrarias a la ley natural, que han contagiado a buena parte de la juventud. Cito algunas: "A salir de clase", "Nada es para siempre", "Los Serrano" -para mí, la que ha hecho más daño, por intentar presentar la vida "normal" de una familia-, "Aquí no hay quien viva", "El internado", "Física y química", etc.

Detrás de esta identidad de conducta en la que parece desaparecer la creatividad personal propia en aras de la uniformidad, está la monopolización de la cultura por quien tiene el dominio de los cauces por donde se difunde. Las mismas ideas llegan a todos, del mismo modo, sin aparato crítico. Lo bueno y lo malo se presentan “cocinados en la televisión”, y se sirven a todos, y son digeridos y asimilados por todos. Como no se presenta otra alternativa cultural, o se presenta descalificada, casi no cabe resistencia. El agente universal penetra hasta en los dormitorios de los hogares, se instala, y acogida en el hogar, transmite con imágenes estilos y pensamientos.

Tan marcada uniformidad, y en cosas opinables, es precisamente lo que nos debe inquietar, y mucho. No asusta que se cree una nueva sensibilidad ante diversos temas; lo que me aterroriza –así- es que se transmita una única y misma sensibilidad, que descalifica al mismo tiempo todas las demás. Sin metáforas, esto tiene un cariz resueltamente manipulador. Los padres sois muy conscientes. Cuántas veces decís: ¿quién ha enseñado esto a mi hijo?

Ciertamente, los padres no tenéis capacidad de promover una moda que lleve al abandono de las prendas que descubren el cuerpo de vuestras hijas y provocan a vuestros hijos; no podéis producir series con padres e hijos normales, que contrarresten a la desarraigada “Familia” Simpson; no tenéis capacidad organizativa para programar series y concursos televisivos dirigidos a personalidades todavía inmaduras. Pero tenéis la calidad de vuestro amor, de vuestro influjo paternal y maternal, la ternura, la conversación dialogante, vuestra elegancia y saber hacer humanos.

De paso - ya hablaremos de esto en otro momento-, unidos, las familias son fuerza mediática para detener muchas programaciones televisivas en corto tiempo.

La personalidad de los padres: la protagonista de la educación.

Lo primero con lo que cuentan los padres para educar es su propia personalidad. Hay que procurar que ésta sea buena, en el sentido de perfección humana. En negativo, sucedería casi inevitablemente lo siguiente:

-los padres arbitrarios, que amenazan a sus hijos, forman personalidades agresivas y socialmente inadaptadas;

-los autoritarios y rígidos generan personalidades mediocres, aunque sin traumas;

-la familia hiperproteccionista deja al niño desamparado ante la hostilidad ambiental dando lugar a personalidades sin capacidad de desenvolverse solas en la vida;

-los padres mal avenidos o separados, modelan hijos inseguros, inestables afectiva y socialmente, y con traumas a nivel psicológico.

Quizá penséis… ¿y qué se puede hacer? Descubrir todo el potencial humano que tenéis, que está en cosas pequeñas y en cosas grandes. El ejemplo tiene un alcance visual. Los chicos captan los modos de ser, aunque no sepan razonarlo; comprenden lo importante o lo relativo, las conductas buenas o reprobables, si ven lo bueno de manera coherente y destacado en la conducta de sus padres.

En vuestra conversación y trato se ve vuestro amor y ternura. Sois amables, y enseñáis a los hijos la amabilidad con la vuestra (¡menuda labor de socialización!). Sois luminosos y abiertos, y se ve en vuestros rostros, en vuestra mirada, en la decoración de la casa y su distribución. En la limpieza y elegancia de cuerpo y de vestido, se advierte una pureza sin ñoñerías, clara. La nobleza de vuestra vida ve como un horror la deslealtad y la mentira, y genera convivencia. Hasta en el comer y en el vestir se ve vuestro fondo de alma.

En la familia se enseña a rezar –de padres auténticamente amadores de Dios, proceden los hijos cristianos-, a servir, a ser fuertes, leales, etc. Por si pareciera éste un marco teórico, pasemos a ejemplos concretos que habéis de promover más; a veces, mucho más.

La importancia de la lectura, su labor formativa, se aprenden en la familia si en ella se promueve, con horario (no desbanca las clases de tenis, pero es más importante). Los ratos de tertulia, con temas determinados, en los que cada uno opina con libertad y confianza, enseñan a profundizar y a dialogar. Tantas decisiones “caseras” se deberían tomar “democráticamente”, o al menos “consultadas las bases”, teniendo en cuenta el gusto de todos y su opinión (este ejercicio no resta autoridad, sino que aumenta la responsabilidad; la autoridad como determinadora de todo el obrar es asfixiante.). Se ven los “porqués” razonados de la selección que los papás han hecho de los programas televisivos.

Cuantas más costumbres propias tenga una familia, y cuanta más categoría humana alcancen las mismas, mayores lazos de cohesión se forman entre sus miembros y mejor pertrechado estará cada uno de los hijos con esas ideas-fuerza que configuran la auténtica personalidad.

La familia es como un observatorio a todas las distancias, envidiable por los educadores externos, que colaboramos con vosotros. El comportamiento en casa es el más verdadero; en el colegio, en la calle, con otras personas –a no ser que sean muy amigas- presentamos de algún modo nuestra apariencia.

En el colegio deseamos conocer a vuestros hijos fuera del ambiente del colegio, donde se muestran más como son, más naturales. Nos interesaría tanto –sabemos que no se tiene derecho- conocer cómo actúa un chico y cómo actúan sus padres en la vida ordinaria. Cómo son, de verdad, en zapatillas.

El pudor de los padres y los chicos y chicas en el ambiente familiar es tan determinante…, que lo que aparecerá después será su reflejo.

Podéis educar a vuestros hijos mejor que nadie, porque están en el ambiente en que pueden ser más conocidos y queridos, donde ellos se expresan con más naturalidad, con toda su verdad
Vuestra vida, y vuestras explicaciones. Explicaciones de altura y con altura…

-¿Sabes qué le pasa a tu hermano, por qué se le ve triste? Es que ha fallecido el abuelo de un amigo suyo.

Y el padre le explica, y da valor a lo que lo tiene; son lecciones prácticas, para toda la vida, para ser buena persona, también socialmente.

Si os ven hacer oración de modo auténtico, buscarán esa piedad. Si no os ven, no creerán en la piedad de nadie. ¿Entendéis?

Pueden parecer muchas cosas, pero es que para que los hijos sean buenos y majos, habéis de ser vosotros –y nosotros, los educadores- buenos y majos. Es la educación de calidad: costosa y grandiosa

martes, 17 de enero de 2017

Silencio


Contenidos: Imágenes (algunas V)
Reseña: 
Segunda mitad del siglo XVII. Dos jóvenes jesuitas viajan a Japón en busca de un misionero que, tras ser perseguido y torturado, ha renunciado a su fe. Ellos mismos vivirán el suplicio y la violencia con que los japoneses reciben a los cristianos.
Inspirada adaptación de la novela de Shusaku Endo a cargo de Martin Scorsese, quien firma el guión con su habitual colaborador Jay Cocks.
En Silencio encontramos una visión más trabajada y honda del cristianismo, Scorsese ha interiorizado los temas propuestos por una novela difícil y oscura, pero también esperanzada, que aborda la idea de predicar el evangelio y no ser entendidos por personas de distinto bagaje cultural, con esquemas mentales muy diversos.
La cinta pinta con acierto la sencillez de los campesinos y su fe elemental y recia, que les lleva a confiarse a los “padres”. También el tremendo dilema de rechazar la fe por las torturas con que amenazan los perseguidores, que afecta tanto a los nativos como a los misioneros. En el caso de los segundos la tentación es más cruel y con muchas capas, pues la amenaza de matar a los fieles, independientemente de que abjuren o no, pesa sobre los jesuitas, que salvarían sus vidas si lo hicieran ellos; y el silencio de Dios hace la prueba aún más difícil.
Toda una serie de temas, como la posible soberbia de los padres por querer suplantar a Cristo, o las dudas de hasta qué punto los nuevos cristianos entienden la fe, el problema de la inculturación, resuenan sin caer nunca en la frivolidad. La espiritualidad, la fe, el sacrificio, las renuncias, el consuelo de los sacramentos, todo forma parte de la compleja narración, que fluye con gran naturalidad.
Una de las cuestiones que explora el film sería el de a qué llamamos fortaleza, y a qué debilidad, algo que estaría muy presente en la relación que se forja entre Rodrigues y Kichijiro, poderosamente presentada en la pantalla: el primero busca el rostro de Jesús, es su modelo, el otro se atormenta por su flojera a la hora de sostener sus creencias, y piensa que en otras circunstancias habría sido un buen cristiano. Las interpretaciones son muy buenas.

Underworld: Guerras de sangre



Underworld: Blood Wars

Acción Terror
Público apropiado: Jóvenes
Valoración moral: Con inconvenientes
Año: 2016
País: EE.UU.
Dirección: Anna Foerster
Contenidos

Violencia | Sin detalles sensuales | Sin escenas sexuales explícitas | Sin diálogos soeces | Ideas de fondo inmoral
Contenidos: Imágenes (varias V), Ideas (toque místico “new age”  F)

Dirección: Anna Foerster. País: USA. Año: 2016. Duración:91 min. Género: Acción, fantástico. Interpretación: Kate Beckinsale,Theo James, Charles Dance, Bradley James. Guion: Cory Goodman.Música: Michael Wandmacher. Estreno en España: 13 Enero 2017.

Reseña:

La nueva entrega de la exitosa franquicia continua con la vampira de los “Death Dealers”, Selene (Kate Beckinsale), tras eludir los brutales ataques que recibió de los licántropos y de los vampiros que la traicionaron. Junto a su único aliado, David (Theo James) y su padre Thomas (Charles Dance), debe poner fin a la eterna guerra entre los hombres lobo y los vampiros, aunque eso signifique un último sacrificio.

Quinta entrega de la saga licántropo-vampírica, que se estrena cuatro años después de la anterior, Underworld: el despertar. Por eso se inicia con un resumen de toda la saga que sorprende porque a pesar de su brevedad condensa de sobra todo lo ocurrido hasta ahora, lo que da que pensar que una vez establecidas las bases en la amena entrega inicial, apenas ha ocurrido nada que justifique que la saga se haya alargado tanto.

Por desgracia, esta nueva tampoco añade gran cosa, pues consiste en una sucesión de secuencias de acción, ninguna novedosa.  Kate Beckinsale se limita a lucir palmito enfundada en su traje de cuero. La cinta fracasa sobre todo en la batalla final, muy poco realista.

El guion se inspira levemente en Juego de tronos y añade un leve toque místico “new age” a esta carnicería. Kate Beckinsale, que entre tanto ha realizado varias buenas películas con una brillante interpretación, se entrega a un personaje que lleva dentro desde hace catorce años.

lunes, 16 de enero de 2017

La ciudad de las estrellas (La La Land)

La La Land

Contenidos: ---
Dirección: Damien Chazelle. País: USAAño: 2016. Duración: 128 min. Género: Comedia dramáticamusicalromance. Interpretación:Emma Stone, Ryan Gosling, Finn Wittrock, Rosemarie DeWitt, J.K. Simmons. Música: Justin Hurwitz. Estreno en España: 13 Enero 2017.
Reseña: 
Triunfador en los Globos de Oro, este delicioso musical saca a relucir lo mejor del género a través de una sencilla historia de amor que invita a reflexionar sobre el precio de la fama. El libreto -aparentemente sencillo- es magnífico, Ryan Gosling y Emma Stone están como nunca y la banda sonora de Justin Hurwitz es impecable.Delicioso...
La película empieza como todo en Los Ángeles: en la autopista. Aquí es donde Sebastian (Ryan Gosling) conoce a Mia (Emma Stone), gracias a un desdeñoso claxon en medio de un atasco, que refleja a la perfección el estancamiento de sus respectivas vidas. Los dos están centrados en las esperanzas habituales que ofrece la ciudad. Sebastian intenta convencer a la gente en pleno siglo XXI de que les guste el jazz tradicional y Mia solo quiere acabar por una vez una prueba de casting sin que la interrumpan con un "gracias por venir". Ninguno de los dos imagina que su inesperado encuentro les va a llevar por un camino que jamás habrían podido recorrer solos.
La cinta es un musical como los de antes, con coreografías y planteamientos que hacen pensar en Vincente Minnelli, Stanley Donen, Gene Kelly, Jerome Robbins y Jacques Demy, pero con personalidad propia. Lo que se nota sobre todo en la inclusión, con gran naturalidad, del jazz, y del uso de ruidos cotidianos que enlazan con los temas musicales, como en el memorable arranque, un largo plano secuencia en una autopista de Los Ángeles, que hace pensar en filmes como West Side Story.
La música de Justin Hurwitz es fantástica, con maravillosas canciones, algunas interpretadas por la pareja protagonista, Emma Stone y Ryan Gosling encantadores, en verdadero estado de gracia.
Llama la atención como se manejan los sentimientos agridulces y decididamente románticos, en una trama sencilla, donde hay espacio para el drama y el humor evitando las estridencias y salidas de tono, en que se habla de la importancia de tener sueños y poner medios para hacerlos realidad arriesgando, pero aceptando, también, la realidad de la vida, las sendas que acabamos escogiendo con sus consecuencias.

Hogar y trabajo

          En el último siglo y medio se ha producido –al menos en los países más desarrollados– una ruptura, y da la sensación de que familia y trabajo, que en su origen eran inseparables, son ahora irreconciliables; la familia aparece como un obstáculo para el trabajo, y viceversa. Ser madre, por ejemplo, se ha convertido para muchas mujeres en un handicap laboral. Entonces, ¿dónde queda aquel precepto del Génesis? Lo que era un mandato único, y vocación originaria, se ha trasformado, para muchos, en un dilema: o trabajo o hijos; o trabajas o cuidas del hogar; las dos cosas a la vez parecen un imposible.

          Resulta significativo que esta contraposición coincida en el tiempo con la crisis de la familia. Lo que puede llevarnos a pensar que una crisis haya llevado a la otra, dado que sus raíces comunican. La pérdida del sentido de la familia conllevaría la pérdida del sentido del trabajo. Pues, de hecho, en bastantes casos, ni se concibe el trabajo como un servicio para la familia, sino como un fin en sí mismo; ni hay hogar, o son hogares rotos, desatendidos, o carentes del calor de familia.

          Al producirse esa contraposición, en muchos países de Occidente se han invertido los términos: la empresa se presenta como una familia, y la familia se reinventa como una empresa, con reparto de funciones y cuotas paritarias, tal como apuntaba Arlie Hochschild en un estudio de elocuente título: "Cuando el trabajo se convierte en la casa y la casa se convierte en trabajo".

         Pero sería erróneo pensar que el ambiente de hogar se logra mediante las cuotas paritarias o una especie de división del trabajo. Se logra, más bien, recuperando el sentido genuino de la familia y, a la vez, el sentido genuino del trabajo. La verdadera conciliación no depende –sólo– de las leyes del Estado, sino fundamentalmente de que se concilien marido y mujer. Porque ellos son los verdaderos artífices del hogar. Son libres para trabajar fuera de casa y tener hijos, optando por recuperar el trabajo en el hogar.

          Esto resolvería el dilema al que antes nos referíamos. Vendrá luego el intento por transformar las leyes para que el Estado facilite esa elección al servicio de la familia, y conseguir una cultura empresarial en esta línea. Pero primero han de ser las propias familias, los esposos, los que reconquisten el sentido genuino del trabajo como don de sí y servicio al cónyuge y a los hijos. Habrá madres que optarán por mantener una actividad profesional fuera de casa y otras por dedicarse plenamente al hogar, siendo las dos igualmente legítimas y, además, sabiendo que el trabajo es servicio y no fin en sí mismo.

Fragmento de“Amor humano”. iBooks, Oficina de Información del Opus Dei: T. Díez-Antoñanzas González y A. Basallo Fuentes


La libertad de vestir modestamente

  • CRISTINA ABAD CADENAS
  •  
  • 11.ENE.2017 Aceprensa

El velo sigue dejando su estela por los tribunales del mundo occidental. Hace unos años resultaba impensable que la justicia hubiera de preocuparse tan seriamente de cuestiones indumentarias y textiles de este tipo. Pero vivimos en una sociedad globalizada que se rige por códigos muy variopintos, y la vestimenta es expresión de todo un universo cultural, a veces amenazante.

Recientemente, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dictaminado que las autoridades suizas actuaron correctamente al denegar a unos padres turcos musulmanes la exención de clases de natación para sus hijas, que entonces (2010) tenían 11 y 9 años. Los progenitores alegaban que las clases obligatorias mixtas, la indumentaria y las costumbres en el uso de los vestuarios violaban su libertad religiosa. Y eso a pesar de que el centro escolar había proporcionado suficiente flexibilidad a los padres, incluyendo opciones para que sus hijas llevaran burkinis o pudieran desvestirse en áreas sin mezclar.

Una concesión que da que pensar. Porque las solicitudes de recato, pudor, modestia, o palabras similares –siempre acompañadas de cierto tufillo pacato, antiguo y acomplejado en nuestra cultura liberal–, quedan como patrimonio exclusivo de comunidades fundamentalistas que denigran a la mujer, y la sitúan dos pasos por detrás del varón, mientras que nuestras modas y modos de vestir (o des-vestir) se consideran y se imponen como expresión de libertad, modernidad y feminismo.

Sin embargo, no es precisamente de entornos musulmanes de donde surge la voz de alarma ante un hecho cada vez más frecuente: la sexualización de las niñas. ¿Qué deben hacer los padres si su hija de seis años anuncia que quiere usar una minifalda o un crop top para parecer sexy?, ¿o si su pequeña de siete comienza a bailar como una seductora estrella pop en un video musical?, plantea Sue Shellenbarger en el Wall Street Journal. Psiquiatras infantiles e investigadores y miembros de Girls Inc., un grupo de educación y promoción sin fines de lucro de Nueva York, analizan la cuestión de los juguetes, músicas y videojuegos que promueven un rol hipersexista y dan pautas a los padres para afrontar con solvencia una cuestión que enerva incluso a los entornos feministas.

En definitiva, nos escandalizamos del velo, del burkini y de que haya niñas de siete y ocho años que son entregadas en matrimonio en países islámicos –lo cual es un espanto–; pero nuestro entorno genera pequeñas que, en lugar de pensar en jugar, aspiran, sin saberlo ni pretenderlo, a ser tratadas como objetos sexuales haciendo de la provocación su entretenimiento para no se sabe qué perversos fines. Y no nos rasgamos las vestiduras. Es más, es posible que lo consideremos hasta gracioso. Pensémoslo honradamente. Queremos liberalidad pero no queremos las consecuencias y extralimitaciones que se derivan de ella, ni siquiera queremos aceptar que existen, aunque luego nos las encontremos a la vuelta de la vida. Curiosa contradicción que, entre otras cosas, alimenta el choque de trenes cultural.

Del velo muchos dicen que es una forma de opresión. Sus formas más radicales lo son, en cuanto no permiten ni siquiera expresar la identidad de mujer. Pero muchas musulmanas llevan con orgullo formas menos encubiertas de vestido islámico como expresión cultural. Y quién puede decir que no hermosea un rostro un velo o un sombrero. 

Si queremos integración –el presente lo exige–, más nos valdría ahondar en lo que hay de común en el ser humano –la dignidad– y respetar la libertad y las diferencias razonables. Y no solo para beneficio de las comunidades musulmanas.

La raíz religiosa del terrorismo yihadista

Angelo Panebianco, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Bolonia y comentarista del Corriere della Sera, sostiene que no es razonable negar que el terrorismo yihadista tenga raíces religiosas, aunque también sea producto de otras causas.

Después de cada atentado en Europa, dice Panebianco en el Corriere, se repite la disputa entre dos simplificaciones: unos dicen que “la religión no tiene que ver con eso”, que eso se explica por los intereses materiales; otros sostienen que la religión es la verdadera causa.

Así, por un lado, “contra toda evidencia (…) muchas personas niegan que la guerra declarada, no solo contra otros musulmanes sino también contra los occidentales, sea una guerra religiosamente motivada”. Por dos razones: “admitir que el islam sí tiene que ver significa tener que hacerse preguntas –y también deberían hacérselas aquellos musulmanes (la mayoría) que se mantienen alejados de la yihad– incómodas, fastidiosas, sobre la actitud del mundo islámico en relación con la sociedad abierta occidental y sobre los aspectos de las tradiciones islámicas que han generado el desafío yihadista”.

Luego se afirma que el autor del atentado, antes de convertirse al islamismo radical, era un delincuente con antecedentes penales. Estos precedentes, no su religión, explicarían su acción. “Se olvida que también muchos de los protestantes y de los católicos que en el siglo XVI cometían las violencias más tremendas contra personas de fe opuesta eran maleantes. Criminales e inadaptados de todo tipo han sido siempre los soldados de a pie de las guerras religiosas, étnicas o de otro tipo”. También carece de sentido, según Panebianco, el que los terroristas “conozcan poco la religión por la que combaten”. En esto vale igualmente el ejemplo de las pasadas guerras de religión europeas: “Jefes aparte, muchos de los más violentos eran, desde el punto de vista religioso, incultos: lo único que sabían eran algunos eslóganes. Pero nadie piensa negar la naturaleza religiosa de aquel conflicto”.

La descristianización no ayuda a comprender


La segunda razón, y la más importante para Panebianco, es la descristianización. Como se deduce de sus declaraciones, “los jefes yihadistas piensan que Europa es el talón de Aquiles de Occidente, un conjunto de países que –sin importar cuántos años o decenios de lucha serán necesarios para conseguirlo– antes o después tendrá que rendirse, someterse. La razón tiene que ver con la descristianización. Entre todas las áreas del mundo, Europa es aquella en la que el proceso de secularización (la desaparición de lo sagrado de la vida individual y colectiva) ha alcanzado los mayores niveles, tanto en su parte protestante como en la católica”.

“Contrariamente a lo que imaginaban los ilustrados, la secularización no ha eliminado las supersticiones ni ha convertido a los europeos en más racionales. Ha abierto la puerta a diversas formas de regresión cultural. Por citar solo la más impresionante: son ya legión lo que piensan seriamente que no hay diferencia entre el hombre y los animales (domésticos o no)”. La secularización-descristianización, concluye Panebianco, lleva consigo la imposibilidad de comprender un fenómeno como que alguien esté dispuesto a matar y hacerse matar en nombre de una fe religiosa.

Todo esto no significa que no entren en juego intereses políticos, económicos, etc. “También en los conflictos religiosos pesan, desde luego, los intereses. En la Alemania del siglo XVI distintos príncipes decidieron apoyar la causa protestante o la católica por conveniencia política. (…) El juego de los intereses era tan complejo, que podían incluso darse alianzas ocasionales entre potencias protestantes y potencias católicas. Igual que ocurre en el actual Oriente Próximo, donde divisiones religiosas (por ejemplo, entre suníes y chiíes), divisiones étnicas (por ejemplo, entre turcos y kurdos), lógica del poder e intereses económicos (petróleo y otros) se entremezclan dando lugar a un intrincadísimo mosaico”.

jueves, 12 de enero de 2017

El enamoramiento. Apuntes de una charla de Enrique Rojas


El enamoramiento es un sentimiento positivo de atracción que se produce hacia otra persona y que hace que se la busque con insistencia. El enamoramiento es un hecho universal y de gran importancia, pues de ahí arrancará el amor, que dará lugar nada más y nada menos que a la constitución de una familia.

Si pensáramos el enamoramiento como una cierta "enfermedad", deberíamos destacar dos tipos de síntomas. Unos síntomas iniciales, que son sus primeras manifestaciones.

Para enamorarse de alguien tienen que producirse una serie de condiciones previas que poseen un enorme relieve. La primera es la admiración hacia el otro/a, que puede darse por diversos hechos: por la coherencia de su vida, por su espíritu de trabajo, por las dificultades que ha sabido superar, por su capacidad de comprensión, y un largo etcétera. La segunda es la atracción, que en el hombre es más física y en la mujer más psicológica; para el hombre significa la tendencia a buscarla, a relacionarse con ella de alguna forma, a estar con ella. Y esto va a conllevar un cambio de la conducta: el pensar mucho en esa persona o dicho de otro modo, tenerla en la cabeza. El espacio mental se ve invadido por esa figura que una y otra vez preside los pensamientos.

Y vienen a continuación dos notas que me parecen especialmente interesantes: el tiempo psicológico se vuelve rápido, lo que significa que se goza tanto con su presencia que el tiempo vuela, todo va demasiado deprisa: se está a gusto con él/ella y se saborea esa presencia. Y asoma después, la necesidad de compartir…, que se desliza por una rampa que acaba en la necesidad de emprender un proyecto de vida en común.

La secuencia puede no ser siempre lineal, aunque va apareciendo aproximadamente así, con los matices que se quiera; todo ello se hace presente de un modo u otro: admiración, atracción física y psicológica, tener hipotecada la cabeza, el tiempo subjetivo corre en positivo etc.

Después se genera un sentimiento que lleva a decir a la otra persona, con toda verdad: no entiendo la vida sin ti, mi vida no tiene sentido sin que tú estés a mi lado. Tú eres parte esencial de mi proyecto de vida. En términos más rotundos: te necesito. Esa persona se vuelve imprescindible.

Enamorarse es la forma más sublime del amor natural. Es descubrir que se ha encontrado a la persona adecuada con quien caminar juntos por la vida. Es como una revelación súbita que ilumina toda la existencia.

¿Por qué no soy feminista?

Britt es una joven norteamericana, de mentalidad conservadora, cuyas opiniones sinceras y desacomplejadas logran cientos de miles de visionados en su canal de Youtube.

miércoles, 4 de enero de 2017

¿Qué valor tiene la conciencia subjetiva? (III): La verdad está infundida en nosotros por el Creador

   
     
(Párrafos de Conciencia y Verdad, Cardenal J. Ratzinger)

            “Hemos recibido interiormente una capacidad originaria y la prontitud para cumplir todos los mandamientos divinos... Ellos no son algo que se nos impone desde el exterior” (San Basilio). Es la misma idea expuesta a este propósito por san Agustín, que la reduce a su núcleo esencial: “En nuestros juicios no sería posible decir que una cosa es mejor que otra, si no estuviese impreso en nosotros un conocimiento fundamental del bien” (De Trinitate VIII, 3, 4; PL 42,949).

            Esto significa que el nivel primero, por así decir ontológico, del fenómeno de la conciencia consiste en que ha sido infundido en nosotros algo semejante a una memoria original del bien y de la verdad (ambas realidades coinciden); en que existe una tendencia íntima del ser del hombre, hecho a imagen de Dios, hacia cuanto es conforme con Dios. Desde su raíz, el ser del hombre advierte una armonía con ciertas cosas y se encuentra en contradicción con otras. Esta anámnesis del origen, derivada del hecho de que nuestro ser está constituido a semejanza de Dios, no es un saber ya articulado conceptualmente, un cofre de contenidos que sólo esperarían ser sacados. es, por así decirlo, un sentido interior, una capacidad de reconocimiento, de modo que el que se siente interpelado, si no está interiormente replegado sobre sí mismo, es capaz de reconocer en sí su eco. Se percata de ello: “A esto me inclina mi naturaleza y es lo que busca”.

            En esta anámnesis del Creador, que se identifica con el fundamento mismo de nuestra existencia, se basa la posibilidad y el derecho de la misión. El evangelio se puede, se debe, predicar a los gentiles, porque ellos mismos, en lo íntimo de sí lo esperan (cf Is 42,4). En efecto, la misión se justifica si los destinatarios, en el encuentro con la palabra del evangelio, reconocen: “Esto es justamente lo que esperaba”. En este sentido puede decir Pablo que los paganos son ley para sí mismos; no en el sentido de la idea moderna y liberal de autonomía, que excluye toda trascendencia del sujeto, sino en el sentido mucho más profundo de que nada me pertenece menos que mi yo mismo, que mi yo personal es el lugar más profundo de la superación de mí mismo y del contacto de aquello de lo que provengo y hacia lo cual estoy dirigido. (...)

            Tomemos en consideración de nuevo una idea de san Basilio: el amor de Dios, que se concreta en los mandamientos, no nos es impuesto desde el exterior -subraya este Padre de la Iglesia-, sino que es infundido en nosotros precedentemente. El sentido del bien ha sido impreso en nosotros, declara san Agustín. (...)

         El Papa no puede imponer a los fieles mandamientos sólo porque él lo quiera o lo estime útil. Semejante concepción moderna y voluntarista de la autoridad únicamente puede deformar el auténtico significado teológico del papado. Por eso la verdadera naturaleza del ministerio de Pedro se ha vuelto del todo incomprensible en la época moderna precisamente porque en este horizonte mental sólo se puede pensar la autoridad con categorías que no permiten establecer ningún puente entre sujeto y objeto. Por tanto, todo lo que no proviene del sujeto sólo puede ser una determinación impuesta desde fuera.

En cambio las cosas se presentan del todo diferentes partiendo de una antropología de la conciencia, tal como hemos intentado perfilarlo poco a poco en estas reflexiones. La anámnesis infundida en nuestro ser tiene necesidad, por así decirlo, de una ayuda del exterior para ser consciente de sí. pero este “desde el exterior” no es en absoluto algo opuesto, sino más bien algo ordenado a ella; tiene una función mayéutica; no lo impone nadie desde fuera, sino que lleva a su cumplimiento cuanto es propio de la anámnesis, a saber su apertura interior específica a la verdad. (...) En contraste con la pretensión de los doctores gnósticos, que querían convencer a los fieles de que su fe ingenua debería comprenderse y aplicarse de un modo totalmente diverso, Juan podía afirmar: “Vosotros no tenéis necesidad de semejante instrucción, puesto que como ungidos (bautizados) conocéis todas las cosas” (Cf 1Jn 2,20.27). Esto no significa que los creyentes posean una omnisciencia de hecho, indica más bien la certeza de la memoria cristiana. Ella naturalmente aprende de continuo, pero a partir de su identidad sacramental, realizando así interiormente un discernimiento entre lo que es un desarrollo de la memoria y lo que, en cambio, es su destrucción o falsificación.

Hoy nosotros, precisamente en la crisis en la crisis actual de la Iglesia, estamos experimentando de nuevo la fuerza de esta memoria y la verdad de la palabra apostólica: más que las directrices de la jerarquía es la capacidad de orientación de la memoria de la fe sencilla lo que lleva al discernimiento de los espíritus. Sólo en ese contexto se puede comprender correctamente el primado del Papa y correlación con la conciencia cristiana.