jueves, 16 de mayo de 2013

Nostalgia del padre


Por Cristina Abad



Vivimos la edad de oro de la ficción televisiva. Nunca hasta ahora se había producido tal eclosión de series de televisión y, lo más curioso, en muchos casos sin televisor y sin serialidad en el visionado. Internet se ha convertido en el catalizador, capaz de acelerar, inducir y propiciar la creación y la recepción de las historias de siempre.

Porque, ¿qué son al fin y al cabo las series sino la continuación de los grandes relatos de la literatura popular que han fascinado al público desde los albores de la humanidad? Nos gusta que nos cuenten historias porque nos gusta que nos cuenten nuestra propia historia.

 Personalidades del mundo académico, creativos de series y apasionados de la ficción televisiva han discutido sobre la figura del padre en la ficción seriada, en el marco de un congreso celebrado en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma (PUSC) entre los días 22 y 23 de abril.

 No podemos saber qué pensaría Aristóteles del detective Kurt Wallander, personaje creado por el escritor sueco Henning Mankell y protagonizado por Kenneth Branagh para la serie Wallander de la BBC, expresión del género “nordic noir”. Según el profesor Juan José García-Noblejas, el estagirita reconocería las reglas de la mímesis que estableció en su Poética: “La actividad de mimetizar es propia de la naturaleza humana, porque en ese proceso aprendemos a conocer, también a conocer el mal”.

“Wallander –explica el profesor de Teoría General de la Comunicación de esta Universidad– es un buen policía pero no es buen hijo, ni buen esposo, ni buen padre. Tiene un gran desconcierto respecto de la sociedad en la que vive y se esfuerza en batallar por la piedad respecto de su padre y busca ser acreedor de honor por parte de su hija, las dos grandes tendencias de la ética social”.

Fronteras borrosas
¿No es acaso esta nuestra propia historia? Costanza Miriano, periodista de la RAI y escritora, pone el dedo en una de nuestras llagas contemporáneas: “Las fronteras entre el bien y el mal se vuelven borrosas, también los roles padre-madre tienden a uniformarse. Antes la madre protegía y el hombre marcaba el camino. Hoy no hay jerarquía interna, ni autoridad”.

Y el director de la revista de crítica cinematográfica y televisiva Fila Siete y profesor del Centro Universitario Villanueva, Alberto Fijo, como el cirujano que entra en el quirófano, examina esas manifestaciones de la enfermedad a la luz de un texto de Juan Orellana: “Una de las características evidentes de nuestra civilización posmoderna es el cambio de rol de la figura paterna, o más bien su progresiva disolución y difuminación”.

Para concluir, Mons.Luis Romera, rector de la PUSC, con un diagnóstico de disfunción: “Según Bauman, la autonomía da derechos que no podemos vivir de hecho porque el ser humano no es autónomo. El padre es la figura que da la vida, que protege, que trasmite el gran valor de lo humano: el que abre el espacio de la libertad. Cuando se cae en el paternalismo o en el autoritarismo, entra en crisis”.

En ese arco de posibilidades y en la ausencia del padre encontramos a muchos de los protagonistas de la ficción televisiva actual.

Paternidades periféricas y vicarias
Fijo ve la figura del padre en las series como recurso más que como tema, como pilar sobre el que se construye las aventuras del “héroe”, en particular en la serialidad británica contemporánea.

Downton Abbey, Luther, The Hour tienen en común ser series “vivas”, emitidas en abierto por cadenas públicas y con guionistas británicos que han dado el salto al cine. “Ese héroe es el hijo que no tiene padre o que ha perdido la relación con él o que la tiene, pero tremendamente desvirtuada –asegura–. Matthew Crawley y John Luther no tienen padre. Freddie Lyon lo tiene pero se trata de lo queda de un padre”.

“Paternidad periférica hay, y mucha, en The Hour –continúa–. Freddie Lyon pierde tres padres (el suyo, Clarence y Lord Elms), juguetes rotos en un guiñol donde los que manejan los hilos son personajes por así decirlo sin familia, absolutamente consagrados a la maquinación. El protagonista de Luther no se hace a la idea de estar sin su mujer. Esquizoide, abrumado por el mal, se enfrenta a él y se rompe, porque no tiene donde reponerse. Su refugio, su medicina, será cuidar de los demás, en una suerte de paternidad vicaria: hacer las veces de padre de gente que o no lo tiene o lo ha eliminado de su vida”.

“Robert y Matthew, las figuras paternas en Downton Abbey, son la tradición, en dos estadios evolutivos. La modernidad les afecta, una modernidad que rebota en el frontón femenino. Celos, lealtad, soberbia, venganza, perdón se ponen en marcha con el concurso de personajes masculinos que el guionista Julian Fellowes modela con mucha habilidad, convirtiéndolos en reactivos que hacen cambiar a las mujeres”.

El padre que cae
Precipitándose como esposos y padres, y con gran sentimiento de culpabilidad, tenemos a los personajes principales de las series de cable estadounidenses. Según Paolo Braga, profesor de la Università Cattolica del Sacro Cuore, Mad Men, Breaking Bad e In Treatment tienen en común que se transmiten por canal de pago, tienen un padre por protagonistas y están basados en un esquema dramático común: la crisis de la edad del personaje principal que tiene o comienza una doble vida. En el origen de esta fórmula encontramosLos Soprano (HBO, 1999). Más atrás toda una tradición de ficción televisiva basada en la crisis existencial que bebe de un patrimonio de la literatura contemporánea, “de Salinger a Carver y Cheever, a través de Miller y Mamet”.

Mad Men no es una serie enteramente dedicada al tema de la paternidad –dice Paolo Braga–, pero esta cuestión se encuentra cerca del corazón de la historia”. “Don Drapper es un padre desprovisto de puntos de referencia. Un hombre que tiene una hermosa familia y éxito en el trabajo, pero que está cayendo en picado”, como bien expresa la presentación del personaje en caída libre desde un rascacielos de Madison Avenue. La serie trata de las expectativas: “El choque entre lo que quiero y lo que quieren de mí”. La publicidad es la concreción en la serie de expectativas metafóricas de los demás y el humo de los omnipresentes cigarrillos simboliza esta tensión no resuelta entre las expectativas internas y externas.

Mr. White, de Breaking Bad, es un profesor de química que sabe que sufre de cáncer, y comienza a producir drogas sintéticas en secreto para ganar dinero y apoyar económicamente a su familia cuando muera: “una mezcla entre Mr. Chips y Scarface”. “La cuestión de fondo es: ¿hasta dónde se puede caer en la transformación de un personaje? La serie explora el tema de la responsabilidad moral. Para ser más precisos, el tema de las consecuencias de una conducta inmoral”.

El psicoanalista Paul Weston de In Treatment es un profesional serio, convencido de la utilidad de su trabajo, una persona equilibrada con una esposa hermosa y a su altura, un padre que sabe cómo hablar con sus hijos, y que en la primera temporada asiste al propio derrumbe de esa autoimagen positiva y a la pérdida del sentido de la ética.

Sin embargo, como espectadores podemos empatizar con los tres. “La estrella de Mad Men hace cosas equivocadas, no es un moralista pero tiene un sentido moral parcial, vive en un malestar existencial del que es consciente”, sobre todo en momentos de soledad. “Mr. White ama a su familia. Lo que hace, lo hace por ellos. Y despierta en el espectador la admiración, la compasión, el amor y la esperanza de redención”. “Paul Weston, a pesar de la caída de la existencia, es un buen profesional, hay repercusiones de su trabajo que hacen comprensible su disolución como psicoanalista. Actúa mal pero es consciente de estar equivocado”.

¿Por qué enganchan las series?
Alberto Nahum García, profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra, alude a cinco factores que explican por qué enganchan las series.

En primer lugar, la distribución marcada por la globalización, que ha servido para extender contenidos de calidad. “Medio mundo amaneció antes para ver en directo el final de Lost. Hablamos de la TV como la caja tonta, pero en realidad es una caja muy lista que se ha emancipado y ya no necesita de un único receptor”.

En segundo lugar, el producto, que ha experimentado un salto de calidad. “Se han roto las fronteras entre TV y cine. Hay una gran tradición, sobre todo en EE.UU., donde cada vez más cineastas y actores maduros se pasan a la TV”.

También, la ambientación temática, marcada por una “ambigüedad, un gris moral” (Breaking Bad, The Shield), que reta constantemente nuestra conciencia, a lo que contribuye la ‘libertad’ del cable (más violencia, más sexo), la posibilidad de ahondar temporalmente en conflictos que requieren tiempo, y de tratar cuestiones políticas, como vemos en Homeland, 24, The Americans.

Por último –señala García–, la sofisticación de las historias, para lo que las series se han convertido en campo ideal de guionistas (posibilidad de contar la historia a fuego lento, como en Fringe; o de tener 25 minutos para hablar, como en In Treatment), incluso volviendo sobre sí misma hasta “romper la cuarta pared”. Y las narrativas trasmedia, en las que el espectador es actor y creador, reina y gobierna: ve la serie cuando quiere, la deja, habla sobre ella, etc.

Alberto Fijo da un paso más. “Vivimos la edad de oro de la ficción seriada televisiva, con unos niveles de escritura, realización y diseño de producción nunca vistos. Pero, como decía Joubert, ‘los primeros poetas o los primeros autores volvían sabios a los locos. Los autores modernos buscan volver locos a los sabios’. Basta asomarse a buena parte de la producción del cable norteamericano para extender un cheque en blanco a Joubert. Se multiplican los relatos que buscan desesperadamente la atención de los productores, que, a su vez, se las ingeniarán para ganarse la fidelidad de un espectador que no es el espectador que hemos conocido hasta el año 2000, sino lo que llamaremos el espectador posmoderno, el espectador-seguidor, que se ha quitado el yugo de los programadores de TV y consume seri es en Internet. Es el espectador que ha soltado el mando y ha empuñado el ratón o levantado el índice para descargarlo sobre la pantalla del iPad”.

Las series no son la vida
Recogiendo la llamada de atención de Roger Silverstone sobre el “peligroso trasvase” entre el mundo de los medios y nuestro mundo, García-Noblejas concluye algo evidente pero no por ello recordado: que el mundo de la ficción televisiva no coincide con nuestro mundo real.

Es preciso “reconocer la fragilidad y porosidad de nuestra frontera”, que se debe –según Silverstone– a que “las infinitas pequeñas historias de los medios sustituyen a las grandes narraciones del mundo: las ideologías, las filosofías, las religiones”.

Con frecuencia nos identificamos con los personajes, como personas de referencia para nuestro mundo real. Y esto, explica el profesor, es un error. “La ética está en la capacidad de comprender los principios de acción que el hombre tiene. No siempre vale la identificación final con los personajes, porque éstos no tienen en sí mismos los principios de las acciones, que de ordinario vienen con las historias que incluyen a esos personajes”.

Saber contar buenas historias
Llegados a este punto, ¿es misión del cine o de la televisión transmitir valores? Alberto Fijolo tiene claro: “El cine está para narrar y la ficción seriada también, no para transmitir valores”, además de que “no creo en los valores sino en las virtudes”. “En The Good Wife, hay pocos valores y sin embargo es interesantísimo el modo de abordar la cuestión de la paternidad. Lo importante es procurar la formación de la gente y saber cuándo está preparada para ver determinada cosa”.

Costanza Miriano apostilla: “Me preocupa enormemente el problema de la estupidez. Creo que la inteligencia es tan importante como la verdad. Yo no tengo tiempo de ver series, creo que la única que me ha enganchado ha sido The Newsroom. No puedo estar de acuerdo con lo que veo pero no por ello resulta poco instructivo”. “Realmente –añade Fijo– un niño expuesto a algo aparentemente inocuo como Disney Channel muchas horas al día puede caer en la estupidez”.

Armando Fumagalli, profesor de la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán y consultor de guiones para la productora Lux Vide, que presentó su libro Creatividad al poder. De Hollywood a Pixar (pasando por Italia), puso algunos ejemplos que ponen de manifiesto las posibilidades de conciliar el conflicto dramático con una visión positiva de la paternidad.

En particular mencionó la miniserie sobre Ana Karenina, en la que se da relieve a todas las historias, y se recupera la importancia como contrapeso de la pareja Levin-Kitty. Habló también de tres series de éxito en Italia donde priman buenas figuras paternas: Don MateoQue Dios nos ayude y Me he casado con un policía.

En busca de la catarsis
La cuestión de fondo es que muchas de las series mencionadas “muestran y al mismo tiempo ponen en tela de juicio el desequilibrio vital que supone centrarse en las responsabilidades de la ocupación profesional, cuando esto sucede en detrimento de la vida familiar”, comenta el profesor García-Noblejas. “Ofrecen una salida a la misma situación que retratan, que apunta hacia el principio moral de hacer bien el bien, o de hacer lo que se tiene que hacer y hacerlo bien”.

Es lo que sucede, por ejemplo, con Wallander. “Nos enfrentamos a un mundo contextual con un estilo de vida que en principio podría parecer envidiable pero que constituye un estado de cosas muy críticamente explorado y juzgado por los profesionales que idearon y produjeron estas series”.

“Han sido sus respectivos públicos nacionales, añade, quienes –viviendo como ciudadanos en un contexto semejante al realísticamente dramatizado–, no solo han convertido unosbestsellers (como los de Mankell) en blockbusters, sino que también han convertido en un acontecimiento social las series producidas por Danmarks Radio (DR), la televisión pública danesa, concebidas como provocación al debate acerca de los asuntos cívicos presentados, sin dejar de ser un entretenimiento de calidad”.

Hay en los personajes del “nordic noir” –concluye el profesor de la PUSC– una especie de nostalgia, es decir, de sentido de ausencia de un patria, una familia y unos amigos, que no están en ninguna arcadia feliz del pasado, sino que se encuentran en un futuro deseado y que se ha de traer al presente para que las cosas no continúen siendo lo que ahora son: el tono ético-político y estético con que su vida llega al espectador dice: “nuestra realidad es así, pero no queremos o no quisiéramos que siguiera siendo así para nuestros hijos”. “En este sentido, son catárticas”. “Siguen –añade Paolo Braga acerca de las tres series citadas por él con anterioridad– una narración lineal claramente trágica, una forma de contar historias que enseña a través de la negación”.

Ejemplos de esta catarsis han sido expuestos tanto en ponencias como en comunicaciones a lo largo del congreso sobre “La figura del padre en la serialidad televisiva” con títulos como “Fringe, desesperación y redención de un padre”, “Los Soprano. El conflicto de vincular dos mundos irreconciliables: el crimen y la vida familiar”, “La catarsis incompleta de Father&Son” o “¿Un sicario nace o se hace?, Claves narratológicas del éxito de la webserie The Confession”.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Blood money, el negocio del aborto


Uno de los documentales que mejor explica el entramado empresarial del negocio del aborto es “Blood Money”. Dirigido por David Kyle y narrado por la doctora Alveda King -sobrina de Martin Luther King- el film se basa en el libro “Blood Money” de Carol Everett, ex dueña de una clínica abortista estadounidense.
La película cuenta también con el testimonio de Norma McCorvey, cuyo caso particular posibilitó la liberalización del aborto en Estados Unidos. Convencida activista en favor de la interrupción del embarazo y trabajadora de la industria abortista, McCorvey lucha hoy por defender al no nacido frente a un negocio que se lucra a costa del sufrimiento de las madres. Muchas de estas mujeres aparecen también en la película. Testimonios desgarradores de quienes vieron en el aborto su única salida y hoy sufren las consecuencias de una decisión que, muchas, tomaron sin querer.

Jornada Mundial de la Juventud: Plan del Papa Francisco


Ciudad del Vaticano, 7 mayo 2013 (VIS).-El Papa Francisco efectuará un viaje apostólico a Río de Janeiro (Brasil) del 22 al 29 de julio de 2013 con motivo de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud.
El Papa saldrá del aeropuerto romano de Ciampino a las 8,45 del 22 de julio y llegará a Río de Janeiro a las 16,00 (hora local). La ceremonia de bienvenida tendrá lugar una hora más tarde en los jardines del Palacio Guanabara de Río de Janeiro donde será recibido por el presidente de la República.
Hasta el miércoles, 24 de julio, el Santo Padre estará en la Residencia Sumaré de Río de Janeiro. Ese mismo día por la mañana se trasladará en helicóptero al santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida donde celebrará la Santa Misa. Más tarde almorzará con los obispos y los seminaristas de la provincia en el Seminario del Buen Jesús de Aparecida. Por la tarde regresará a Río de Janeiro para visitar el hospital de San Francisco de Asís de la Providencia.
El jueves, 25, el Papa recibirá las llaves de la ciudad de Río de Janeiro y bendecirá las banderas olímpicas en el Palacio de la Ciudad. Esa misma mañana visitará la comunidad de Varginha (Manguinhos). Por la tarde, a las 18,00, en el paseo marítimo de Copacabana tendrá lugar la fiesta de acogida de los jóvenes al Santo Padre.
El 26 de julio, a las 10,00, el Papa confesará a varios jóvenes de la XXVIII JMJ en el parque de la Quinta de Boa Vista. A las 11,30 encontrará a algunos jóvenes reclusos en el palacio arzobispal de san Joaquín desde cuyo balcón rezará el ángelus a mediodía. A las 12,15 saludará al Comité organizador de la XXVIII JMJ y a sus benefactores y a las 13,00 almorzará, siempre en el palacio arzobispal con un grupo de jóvenes. A las 18,00 tendrá lugar el Via Crucis con los jóvenes en el paseo marítimo de Copacabana.
El sábado, 27 de julio, se abrirá con la Santa Misa celebrada con los obispos de la XXVIII JMJ, con los sacerdotes, religiosos y seminaristas en la catedral de San Sebastián de Río de Janeiro. A continuación el Papa encontrará a la clase dirigente del país en el Teatro Municipal. Finalizado el encuentro, almorzará con los cardenales de Brasil, la presidencia de la Conferencia nacional de los Obispos de Brasil, los obispos de la región y el séquito papal en el refectorio del Centro de Estudios de Sumaré. A las 19,30, tendrá lugar la vigilia de oración con los jóvenes en el Campus fidei de Guaratiba.
El domingo, 28, a las 9,00, el Papa celebrará la Santa Misa para la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud en el Campus fidei de Guaratiba. Esa tarde se encontrará con el Comité de coordinación del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) en el Centro de Estudios de Sumaré. El Santo Padre se despedirá de Sumaré poco antes de las 17,00 para encontrarse con los voluntarios de la XXVIII JMJ y a las 18,30 tendrá lugar la ceremonia de despedida del pontífice en el aeropuerto Galeao/Antonio Carlos Jobim. El Papa saldrá de Río de Janeiro a las 19,00 y su avión aterrizará en Roma el lunes 29 de julio a las 11,30.

jueves, 2 de mayo de 2013

Los cristianos que adoctrinaron los Apóstoles


De la carta a Diogneto
(Caps. 5-6: Funk 1, siglo II)
Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por el lenguaje, ni por su modo de vida. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.

Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.

Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos los combaten como a extraños, y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.

Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.

El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a lo que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido al cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.

sábado, 27 de abril de 2013

Yo tengo un sueño

Un sueño que garantíza el respeto a la dignidad y libertad de la persona

 ‘I have a dream’ ─Yo tengo un sueño. Muchos recordarán el discurso de Martin Luther King que tuvo esa cantilena. Corría el 1963 y el líder de color, encaramado en las escaleras del monumento a Lincoln, hablaba ilusionado e ilusionando sobre la igualdad de derechos de los de su raza con los restantes norteamericanos. Un sueño realizado sustancialmente, incluso hasta lograr uno de ellos la presidencia del país. Sin dormir, se colapsaría la vida. Sin soñar, se adormece la existencia.

 Yo también tengo un sueño: para nuestro país y para este mundo globalizado. Pero pienso más en España porque es lo inmediato y por algunas características propias. Deseo vivir en una nación libre, realmente libre. Hablo desde una instancia moral, no política, aunque ésta tenga mucho juego en la libertad. Para comenzar juzgando ese predio, casi se limita a votar cada cierto tiempo. Y elegimos generalmente al primero de una lista, muy probablemente de otra circunscripción. Sueño con más participación ciudadana, con más sociedad.

 Es cierto que la libertad política incluye más asuntos, por ejemplo, la libertad de pensamiento y expresión, la religiosa, la de los padres a elegir el modelo de educación que desean para sus hijos, la sindical, etc., a una vivienda digna. Pero no acaban de ser cabales. Sueño con políticos, empresarios, sindicalistas, sociólogos, pensadores, curas, etc., que busquen la verdad y el bien de las gentes. Con un país sin paro soñamos todos, pero tal vez descuidamos la parte que honradamente corresponde a cada uno para conseguirlo.

Sueño con una judicatura, una policía y un etcétera que desconozco dedicados a lo suyo −seguro que la mayoría lo hace− en lugar de realizar un trabajo mediático injusto. Todo se filtra, dando lugar a indefensión, a calumnia, a difamación, a falta de seguridad jurídica, etc. Por ahí deseo continuar soñando porque vivimos con el sobresalto diario de noticias filtradas −lo llamamos periodismo de investigación− que, en no pocas ocasiones, originan daños a la sociedad, a personas o familias concretas. Sueño con unos medios de comunicación libres, respetuosos con la libertad ajena, veraces. 

Sueño con una libertad de expresión más igual porque mientras se toleran asuntos como los citados, es prácticamente imposible, por ejemplo, criticar la ideología de género salvo que se desee ser mártir, o de llamar violencia doméstica, machista o feminista, según los casos, a lo que, precisamente por esa ideología, hay que denominar violencia de género. Sueño con que se pueda hablar de castidad o de la belleza de llegar virgen al matrimonio sin ser perseguido por los insultadores de turno. Tendríamos una sociedad realmente abierta y menos hosca.

Sueño con gobernantes dedicados al bien común en serio, en lugar de mirar al propio. Dijo Margaret Thatcher −no es la Biblia− que no era una política de consenso sino de convicción. Es matizable, pero vale la pena mirar las propias convicciones y las de los votantes. ¿Existen ideas fuertes en esta sociedad del pensamiento débil y del relativismo? Me parece irreal que la presencia de certidumbres engendre intolerancia. Más bien está siendo causa de fanatismo eso que se suele llamar el pensamiento dominante impregnado de género, relativismo, laicismo y juicio débil, porque, ¡ay de ti! si no admites tales “dogmas”. Pero las convicciones evitan la corrupción. Otro sueño. Y cada uno a opinar como quiera, pero evitando imposiciones.

Sueño una sociedad desmarcada de lo política o socialmente correcto, capaz de expresar lo que realmente piensa, si es que esa tarea no continua siendo una “funesta manía”. La funesta manía de pensar viene evitada porque los medios de opinión son con harta frecuencia medios de adoctrinamiento, porque el sistema educativo no ayuda a la reflexión, porque la cultura de la imagen hace difícil la especulación… Ahora se especula jugando al fútbol o se está en estado de gracia metiendo goles. Se ha repetido que los españoles somos demasiado improvisadores, pero ni eso es posible porque todo lo entregan digerido, hasta las hazañas del famoseo en programas mugres, que devastan la cultura.

Sueño con una libertad religiosa, no basada en la ridiculización de la fe católica. Este aspecto positivo del libre albedrío es principalmente inmunidad de coacción respecto a temas de conciencia y religión, siendo el orden público su único límite. En muchas ocasiones, la Iglesia Católica ha solicitado perdón por sus momentos oscuros. Sueño con que lo soliciten muchas más personas, otras religiones, partidos políticos totalitarios que hicieron purgas terribles, y sindicatos coligados. Sueño con partidos políticos, sindicatos y afines al gobierno que no tengan el llamado dinero público como propio y, sin ser los dueños, lo nieguen a los excluidos de sus circuitos.

Sueño con que se pueda hablar de ley natural sin escándalo de intelectuales a la moda, que saben muy bien que eso exige pensar en la existencia de Dios y en la dependencia del hombre respecto al Creador, vínculo que estimo como mejor garantía para respetar la dignidad y libertad de la persona. Sí, persona mejor que ciudadano, porque dice más, porque apunta a lo más específico del ser humano individual. Persona habla de intimidad, creatividad, libertad, donación. Y por eso, de inviolabilidad.

Pablo Cabellos Llorente, en el diario Las Provincias del 24 abril 2013.

domingo, 14 de abril de 2013

Ana, «chica dura» y sin Dios


quería «dar algo a la Humanidad y suicidarme»... hoy es religiosa

A sus 25 años, la Hermana Ana María de la Peña ha vivido ya todo un itinerario espiritual complejo: una infancia con fe pero poca práctica, una adolescencia de ateísmo y amargura y una juventud adulta en la alegría del amor de Dios.


Familia de católicos ocasionales
        Ana creció en una familia en Cuenca, de católicos de "bodas, comuniones y funerales", de los que "llevan a sus hijos a la catequesis para que reciban los Sacramentos y ya está".
        En la catequesis de Primera Comunión le preparó un sacerdote que era "muy pero que muy bueno, nos tenía a todos los niños en el bolsillo. Y el buen recuerdo que tengo de las cosas de Dios de cuando era pequeña es gracias a él. Siempre me llamó la atención como este sacerdote miraba a Jesús en el Sagrario y yo empecé a desear querer a ese Jesús que él quería tanto".
        También tuvo una profesora en su colegio público "que era una enamorada de la Virgen. Tenía una imagen de la Virgen en clase, le teníamos que rezar todos los días y en el mes de mayo llevarle flores, cantar la Salve en latín ... A mí esas cosas me encantaban y fue una experiencia bonita de Dios en mi infancia".
Exigencia adolescnte y una mala parroquia
        Llegó la adolescencia, con sus exigencias de radicalidad. Como en tantas familias españolas, Ana, que no iba a misa dominical, se apuntó a catequesis de confirmación "porque toca".
        "La parroquia a la que fui digamos que era muy incoherente. Yo siempre he sido una persona muy radical para todo, me gusta que lo blanco sea blanco y lo negro sea negro, y cuando no hay coherencia, me repele. Así que me enfadé con la Iglesia. Yo veía que lo que me decían y lo que ellos vivían en ese sitio no coincidía".
        "Aparte de eso, como era una adolescente, empecé a vivir una serie de cosas que ya no son tan inocentes, y la conciencia me remordía. Hay cosas que da mucha vergüenza confesar, y se unió la incoherencia que yo veía, con mi conciencia que me decía que estaba viviendo mal. Algunas de mis amigas empezaron a escuchar grupos de música claramente anti-católicos cuyas letras eran contra la Iglesia y todo lo religioso así que yo me empecé a convencerme de eso, que yo escuchaba a través de la música. Me venía bien pensar mal de la Iglesia para justificar mi conciencia. Y como siempre he sido radical para todo me metí de cabeza . Comencé un camino de rebeldía fuerte".
Ser duro en un mundo amargo
        La nueva Ana anti-Iglesia no era en absoluto especialmente feliz y realizada. Más bien lo contrario: era una adolescente que tenía que mostrarse dura y asumía que la vida debía ser, necesariamente, amarga.
        "Yo era muy dura con mis compañeros. Tampoco es que diese palizas, ni cosas de esas, pero digamos que no dejaba que nadie se pusiese en mi camino. Me encargaba de que si alguien me hacía algo lo pagase caro. A la gente le daba una especie de miedo mi forma de ser".
        "Además en esa época, había muchos problemas en mi familia. Todo lo que me rodeaba era un poco amargo. También la música que escuchaba transmitía amargura. Pronto mi visión del mundo fue esa, un sitio amargo y oscuro donde todos eran malos y yo tenía que serlo más, para que nadie me pisase. Eso era un poco lo que tenía dentro: rabia, desesperación".
Leer y estudiar pero ¿para qué?
        Otros adolescentes buscaban olvido o distracción en las discotecas, el alcohol, salir... pero a ella eso no le atraía: "me parecía como hacer lo que hace todo el mundo. No me atraía. No había nada que me atrajese, nada que me hiciese ilusión".
        Lo único que le interesaba, curiosamente, era leer y estudiar. "Era como un alivio, lo único con lo que yo disfrutaba".
        Pero, estudiar ¿para qué? No quería formar una familia, no soñaba con nada.
        Y Ana recuerda que se dijo a sí misma: “bueno, pues estudiaré, haré algún descubrimiento científico para hacer algún aporte a la humanidad, y después me suicido, y ya está”. Tenía 13 o 14 años, era una estudiante inteligente y lectora ávida... y esa era su visión de la vida.
        Esa era su situación cuando un día en clase el profesor comenzó a explicar las distintas teorías sobre el origen de universo.
"No digas eso, Dios existe"... y recordó
        "No sé a cuento de qué, pues el profesor no había dicho nada de eso, saqué el tema del Creador , y poniéndome de pie comencé a criticar muy duro a la Iglesia. Entonces una chica que había en clase que era creyente y muy convencida se levantó y me dijo: ´no digas eso; no digas eso, porque Dios sí existe´."
        Y eso bastó para hacer pensar a Ana.
        "No dijo nada más. No dio más argumentos. Pero estuve tres días sin poder parar de pensar en ello. Y empecé a acordarme de cuando era pequeña, y de la experiencia de Dios que yo había tenido entonces. Y de pronto empecé a echar de menos aquella paz, y aquella limpieza que yo tenía cuando era pequeña. Pero no sabía como encontrar el camino de vuelta. Me había lanzado de cabeza, y no sabía cómo volverme a levantar".
        Y Ana hizo algo que muchos no logran hacer: pedir ayuda.
        "Decidí pedirle ayuda, a esa compañera. Me acerqué a ella y le dije, “Oye, yo quiero creer en Dios, ¿me ayudas?” En ese momento ella no sabía si era una broma, si me estaba riendo de ella, si había cámaras ocultas, o algo así".
Monjas, ¿gente rara que canta en latín?
        Ella admitió que no tenía mucha formación y le animó a acudir a unas reuniones con religiosas. Ana no conocía ninguna monja. "Solo las conocía de películas, pero me las imaginaba como un círculo de gente vestida de negro, y cantando en latín. Pero estaba desesperada por tener luz y decidí ir a esas reuniones".
        "Y allí estaban las Siervas del Hogar de la Madre. Desde el principio me trataron como si me conociesen de toda la vida, con mucho cariño. Y todo lo que yo les preguntaba ellas me lo iban explicando".
Conociendo jóvenes cristianos alegres
        Ese verano participó en un campamento de jóvenes del Hogar de la Madre. "Me impresionó muchísimo, porque yo nunca había conocido jóvenes así, con esa ilusión, con esas ganas de vivir, con esa alegría, que estaban pendientes de todo el mundo. Yo me había auto convencido de que ya no existía gente buena. Y allí ví que sí, que existía gente buena. Fue como recuperar otra vez la esperanza".
        "Un día, que estábamos en la capilla, Jesús me habló en mi corazón y me dijo, ´Ahora decídete. O sigues por aquí, o te vuelves a ir donde estabas, pero doble vida, no´. Entonces viendo que la vida que llevaba antes no merecía la pena, me dije ¡me quedo con ésta que he encontrado!"
        Si nuestra hija va a misa, ¿está en una secta?
Sus padres, que como hemos explicado ni siquiera iban a misa los domingos, se asustaron al ver que ¡su hija iba a misa diaria! Ana ya casi no veía la televisión, ya no iba con su anterior grupo de amigos y -siendo gran lectora-, ahora se pasaba el día leyendo libros religiosos.
        "Mis padres pensaron que me había metido en una secta. Intentaron alejarme de todo lo que oliese a religioso y a partir de aquí empezó una película, que fue intentar esconderme de mis padres para ir a la Misa y todas esas cosas. Yo, ahora los entiendo, porque claro, fue un cambio muy radical. La verdad es que ahora lo recuerdo y me río", admite.
Responder por quienes no lo hacen
        Muy pronto, con 15 años, descubrió su vocación a la vida religiosa. "Iba andando por la calle tan feliz para ir a Misa, y no iba pensado en nada de la vocación, pero de repente me acordé de una cosa que yo hice en ese famoso campamento. Un día en la capilla, rezando, le dije al Señor que si él quería, que yo me ofrecía para responder por todas las almas que no lo hacen. Entonces, no me dijo nada. Y ya después de un tiempo, casi un año, yo iba por la calle, y como que me vino ese recuerdo a la cabeza, de cuando yo estaba en la capilla diciéndole eso al Señor. Y experimenté que me decían por dentro, “Pues acepto tu ofrecimiento”. Desde ese momento supe que tenía vocación. Estuve esperando hasta los 18 para poder entrar porque evidentemente mis padres no me iban a dar un permiso antes. Y cuando cumplí 18 años entré de candidata en las Siervas del Hogar de la Madre".
        Desde entonces ya han pasado unos años. Cumplidos los 25, Ana lo tiene claro: "Estoy muy agradecida al Señor por haberme sacado de esa oscuridad en la que vivía y ahora intento ser un testimonio de amor apasionado por el Señor y transmitir esa ilusión y esa esperanza que pienso que solo Él puede dar de una forma permanente".

miércoles, 10 de abril de 2013

¿Existe una doctrina Obama?

Obama es un hombre más de estilo que de contenidos, que a veces flaquea en el ámbito de las propuestas concretas.

Por Antonio R. Rubio



El mandato de un presidente americano suele estar unido a una determinada orientación de la política exterior. De ahí que históricamente se haya hablado de “doctrina” para explicar un conjunto de ideas que fijan dicha política. Ejemplos bien conocidos, entre otros muchos, son la Doctrina Monroe, la Doctrina Truman o la Doctrina Carter. Dados estos antecedentes, ¿puede hablarse de una Doctrina Obama?
Para afirmar la existencia de una doctrina se toma como punto de referencia el contenido de un discurso, un artículo o una declaración de principios. En el caso de Obama no faltarían discursos para elaborar las bases de una doctrina, pero no sería sencillo extraerlas del texto, dada la fama de pragmático del inquilino de la Casa Blanca.
Grandes expectativas, grandes decepciones
Entre los ejemplos más conocidos está la intervención del presidente en El Cairo (4 de junio de 2009), toda una declaración de principios sobre las relaciones de Washington con el mundo árabe y musulmán, y que ha sido recientemente actualizado, con referencias a las revueltas árabes, en el discurso sobre Oriente Medio de 19 de mayo de 2011. Son discursos que han despertado grandes expectativas, aunque al mismo tiempo grandes decepciones.
Por ejemplo, el presidente ha llamado a una negociación entre israelíes y palestinos para crear un Estado palestino, con el pragmático argumento de que es beneficioso para la seguridad de Israel. Pero no ha puesto en marcha iniciativas concretas que impliquen a las partes con el argumento de que la paz no puede imponerse, aunque haya reconocido que la reconciliación entre Hamás y Fatah, que quizás acabe siendo otra tregua más, no es una buena noticia para el proceso de paz, dada la persistencia de los islamistas de Hamás en no reconocer la existencia del Estado de Israel.
Tampoco ha convencido a las partes el llamamiento del presidente para establecer un acuerdo conforme a las fronteras anteriores a la guerra de 1967, aunque quepan rectificaciones. Para unos es excesivo, y para otros es demasiado poco. Este es el riesgo de querer contentar a todos al mismo tiempo, con el añadido de que se está difundiendo la imagen de un Obama hostil o crítico con los israelíes, algo nada recomendable en vísperas de una reelección, lo que explicaría el discurso del 22 de mayo del presidente ante el influyente lobby judío americano de la AIPAC. Allí se recordaron las realizaciones de la alianza americano-israelí, manifestadas en el refuerzo de las sanciones contra Irán o en la transferencia de sofisticados sistemas defensivos. Un discurso que pretendía ser tranquilizador, aunque añadía poco a la alocución sobre Oriente Medio de tres días antes.
El efecto Zelig
Obama es pródigo en discursos, pero eso no implica una mayor claridad en la exposición de su doctrina. Es un hombre más de estilo que de contenidos. Sabe presentar con claridad unos principios, no pocas veces ilustrados con ejemplos históricos o simples detalles tomados de la actualidad que atraigan el interés o la emoción de los oyentes, pero a veces flaquea en el ámbito de las propuestas concretas. Quizás no sea un defecto sino la propia esencia del pragmatismo presidencial.
Ese pragmatismo, adaptable como un guante a las circunstancias, puede llevar a predecir que Obama no dejará una gran influencia ideológica en el partido demócrata, a diferencia de la impronta que dejó Reagan durante décadas entre los republicanos. Se entiende que algunos analistas políticos no hayan dejado de subrayar que Obama padece el efecto Zelig, en referencia a un film de Woody Allen que presentaba a un “hombre camaleón” capaz de mimetizarse con el medio. Las cuidadas referencias en sus discursos a Lincoln, Roosevelt o Kennedy, apoyadas por unos medios que las han amplificado a través de imágenes o comentarios, han contribuido también a alimentar la idea de que no es fácil definir el pensamiento político de Obama. Si hoy no aciertan a definirlo los analistas, menos lo harán los historiadores.
Nunca se presentó como moralista
En Europa los medios, junto con determinados partidos políticos, crearon la imagen, en plena campaña electoral, de Obama, el americano bueno, frente a Bush, el americano malo. Convirtieron al candidato demócrata en la expresión de una recta conciencia moral por oponerse a la guerra en Irak, cuando en realidad Obama nunca se presentó a sí mismo como un moralista o pacifista. En un discurso del 2 de octubre de 2002 en Chicago calificó a la contienda que se avecinaba como una “guerra estúpida”, y en esa misma intervención nombró explícitamente a los líderes saudíes y egipcios como opresores de su propio pueblo.
Sin embargo, en su reciente discurso sobre Oriente Medio no hay la más mínima referencia a la monarquía saudí. Obama no puede renunciar a la alianza estratégica, iniciada por Roosevelt en 1945, entre la América democrática y la monarquía feudal árabe. Hay en el discurso críticas a un aliado como Bahrein, importante base aeronaval en el Golfo Pérsico, porque está reprimiendo a la oposición, pero no se piden reformas para Arabia Saudí. Esto se llama pragmatismo, como también lo es el llamamiento de Obama al presidente Assad de Siria para que encabece la transición en su país por medio del diálogo.
No han faltado las comparaciones sarcásticas sobre si se hubiera hecho una petición en estos términos a Hitler durante la II Guerra Mundial. Y es que el miedo a que se altere elstatu quo geopolítico de Oriente Medio con la caída del régimen sirio, temor que puede compartir el propio Israel, parece prevalecer sobre la defensa de la democracia y de los derechos humanos. En Siria, a diferencia de Libia, está descartada toda intervención humanitaria. Después de todo, Obama opinaba en su campaña electoral que esas intervenciones pueden ser correctas en muchas ocasiones, pero algunas veces no son “una buena idea”.
El hombre que mató a Bin Laden
El pragmatismo de Obama salió ampliamente reforzado con la muerte de Bin Laden Más allá del castigo del autor intelectual del 11-S, cabe también intuir un objetivo relacionado con la carrera presidencial. Obama ha quedado en la Historia como el hombre que mató a Bin Laden, aunque el golpe de efecto no tenga la misma fuerza que si se hubiera producido unos años antes.
Lo principal es que el presidente se haya quitado el estigma de ser “débil” frente al terrorismo y un inexperto en temas de política exterior. La opinión pública americana valora más que se haya vengado a las 3000 víctimas de hace una década. Le tocó el corazón que en el discurso de Obama, comunicando la muerte de Bin Laden, se hablara de los niños que crecieron sin su padre o su madre, y le importan menos todos los análisis estratégicos sobre el mundo árabe.

domingo, 7 de abril de 2013

Cómo saldremos de ésta


Antonio Argandoña, Catedrático de Economía, Universidad de Barcelona
¡Pero si ya nos lo has contado un montón de veces! Sí, ya lo sé, pero la gente lo sigue preguntando un día y otro. Y con razón. ¿Es verdad que nos esperan diez años de recesión? ¿Saldremos el 2013? ¿Cuándo volveremos a crear empleo? ¿Cómo será todo esto? Aquí van algunas ideas.
  • Nos sacarán las empresas. Pero no las marcas, o las sedes centrales, o los consejos de administración, sino esas comunidades de personas formadas por propietarios (¡un paso al frente!), directivosempleados y, a menudo, también clientes y proveedores.
  • No nos sacarán los gobiernos. No pueden. No saben (deberían saberlo, pero, por lo que hacen, parece que no lo saben).
  • No nos sacará Europa. No saben, no pueden o no quieren. Les necesitamos, pero no pongamos demasiado confianza en ellos.
  • No nos sacará la demanda. El consumo no tiene posibilidades de crecer, a corto plazo. La inversión, un poco más (a remolque de las exportaciones), pero no mucho. El gasto del gobierno… no, por la austeridad (que, perdón, nos seguirá haciendo falta). Las exportaciones… sí, claro, hacen lo que pueden, pero no podemos confiar en ellas para dar empleo a los 6 millones de parados que tenemos.
  • Las nuevas tecnologías… bien, serán en su día un buen motor, en todo caso. Pero ahora no pueden.
  • ¿Qué pueden hacer las empresas, ante ese panorama? Primero, acabar de poner la casa en orden: reducir gastos (sí, claro, habrá que despedir a alguien más), apretar en la austeridad, aumentar la productividad, mejorar las capacidades competitivas, tener controlados a sus morosos
  • Cuando consigan lo anterior, mejorarán sus flujos de caja. No para echar cohetes, claro, pero al menos ya no perderán dinero. O sea: pasarán a decir ”de esta no me muero”. Vale: este es el primer paso para salir de la recesión. Flujos de caja positivos significa que no voy a depender del todo de los bancos. Esto será conveniente para la recuperación.
  • A partir de ahí, pasarán dos cosas (y perdón por meterme en el reino de la profecía). Una: volverá la confianza a los empleados: si la empresa no va a cerrar, mi puesto de trabajo está seguro. Dos: empresas saneadas empezarán a moverse: a pensar una inversión (¡uy, pero para el futuro, no para ahora…!), a buscar un nuevo mercado, a intentar una innovación… Y ya está: a eso le llamo yo “salir de la crisis” o, si se prefiere, “tocar fondo”.
  • ¿El cuento de la lechera? Bueno, funcionó así en las recesiones anteriores: la de los años 70, la de las reestructuraciones de los 80, la del 93…
  • ¿Qué más hace falta? Que no ocurran nuevos percances. Que Europa deje de hacer tonterías y se ponga a hacer los deberes (unión bancaria, unión fiscal, todo eso). Que el gobierno impulse las reformas (todas, por favor). Que la sociedad deje de lamentarse y empiece a hacer algo de provecho (bueno, algo hace, claro, pero quizás no en la vía de sacarnos de la crisis).
  • ¡Ah!, y las cifras macroeconómicas seguirán empeorando: PIB, empleo, consumo, todo esto. Por favor: no lean los periódicos, porque cuentan lo que acaba de pasar ahora como consecuencia de decisiones del pasado, no lo que está hirviendo en la olla, que no es fácil de medir, porque son expectativas, proyectos, optimismos, oportunidades captadas…
  • Y, finalmente, si las empresas nos van a sacar del agujero… por favor, que los empresarios y directivos se pongan las pilas. Hay mucho que hacer.

viernes, 5 de abril de 2013

La emoción de consumir


Colin Campbell, profesor emérito de la Universidad de York (UK), ha prestado particular atención a la sociología del consumo, especialmente en The Romantic Ethic and the Spirit of Modern Consumerism(1987). Alejandro N. García Martínez le ha hecho una larga entrevista publicada en Anuario Filosófico, XLIII/2 (2010), 261-277, de la que seleccionamos algunos párrafos. A pesar del tiempo transcurrido, tiene una actualidad rabiosa para buena parte de Occidente.
AG.— ¿Qué procesos y tendencias han sido relevantes para la consolidación de una cultura del consumo?
CC.— (...) El consumo moderno está ampliamente basado en la gratificación de deseos o querencias, mientras que el consumo tradicional se fundamenta principalmente en la satisfacción de las necesidades. La importancia de esto es de gran alcance, puesto que supone la elevación del yo al nivel de la máxima autoridad legitimada para la acción, y convierte a la imaginación en la facultad más importante del ser humano. Como consecuencia, las ensoñaciones y las imágenes de uno mismo, que se reinventa en diferentes personalidades y roles, se convierte en un proceso crucial para la perpetuación del consumo moderno.
AG.— En nuestros días, los centros comerciales o grandes almacenes se han convertido en enormes espacios recreativos donde uno puede desarrollar múltiples actividades de ocio, entre las que se incluyen, obviamente, aquellas referidas a la compra de productos. También es posible quedar para “ir de tiendas” sin realizar, de hecho, compra alguna… ¿Cómo están relacionados el consumo y el ocio?
CC.— Esencialmente, se tratan de lo mismo –la indulgencia de las necesidades construidas y los deseos–. Una vez que se ha cubierto la compra rutinaria de víveres o suministros básicos (la compra semanal en el supermercado, por ejemplo) –lo cual constituye sólo una pequeña parte de las compras que realizan los adinerados occidentales– ya no existe ninguna diferencia entre las experiencias placenteras que se producen por el hecho de ir de compras y las que se producen por la realización de otras actividades que se llevan a cabo durante el tiempo libre, tales como hacer turismo, salir a cenar o ir al cine. Cuando las actividades giran en torno al placer que se obtendrá como fruto de una experiencia, el desencadenante específico –sea una comida, una película, unas vacaciones, un producto comercial como una joya, un vestido, o un coche, etc.– es algo que resulta irrelevante.
Emociones fugaces
AG.— En su artículo titulado “Shopping, Pleasure and the Sex War” (1997) señala algunas diferencias de género en relación con las conductas y actitudes ante una situación de compra. ¿Cuáles son las razones culturales para estas diferencias? ¿Cree que estas diferencias existen todavía en la actualidad?
CC.— La revolución cultural de los años sesenta supuso una vuelta al romanticismo y el rechazo de los valores racionales o instrumentales a favor de la expresividad y de un mayor énfasis en las emociones. Naturalmente, esto favoreció el rol del género femenino (que es tradicionalmente definido en estos términos) y actuó en contra del estereotipo de masculinidad. Al mismo tiempo, esta transformación encajó perfectamente con una cultura del consumo, que necesita de una actitud emocional expresiva y que permite garantizar la continua creación de necesidades. En la medida en que actualmente vivimos en una cultura dominada por “valores femeninos”,
con una consiguiente “crisis de masculinidad”, se puede decir que las consecuencias de aquel proceso han sido de largo alcance. Para que se produzca un cambio en esta situación se necesitaría hallar una nueva fuente de legitimación más allá del yo experiencial. Sin embargo, veo pocos signos de que algo así esté sucediendo.
AG.— En su tesis acerca del consumo y las motivaciones, apela a conceptos como los de imaginación, emoción o deseo.¿El deseo es una forma de emoción?
CC.— Esencialmente, como sugería anteriormente, el consumo es una actividad en la que el placer es obtenido a partir de la emoción o de las emociones que acompañan “a la experiencia”. Esas emociones son, sin embargo, necesariamente fugaces y, por consiguiente, también lo es el placer que generan. El deseo, o en un sentido más genérico todo tipo de “anhelo”, es lo que “se busca” en el placer repetidamente experimentado. En este sentido, se trata de la fuerza que nos impulsa a buscar más y más “experiencias” placenteras. Se trata de una “emoción”, pero una que se encuentra
vinculada a la experiencia imaginada de eventos futuros más que a la experiencia real de un acontecimiento actual.
Los gustos y la identidad
AG.— En su artículo “I Shop Therefore I Know That I Am: The Metaphysical Foundations of Modern Consumerism” (2004) afirma que a través del consumo nos expresamos a nosotros mismos y manifestamos realmente quiénes somos. En este punto, algunos enfoques estructurales podrían argumentar que esos gustos son construcciones sociales (por ejemplo, Bourdieu), y que reproducen la estratificación social… En su opinión, ¿existe alguna dimensión social que pueda ayudar a explicar nuestros propios gustos o preferencias?
CC.— Por supuesto, los criterios de gusto en una sociedad seguirán a las delimitaciones de clase, de raza o étnicas, ya que los criterios de gusto son una característica de la cultura. Por lo tanto, en una sociedad multicultural tanto como en una sociedad altamente estratificada, la naturaleza de los gustos de las personas estará
ampliamente estructurada por su propio contexto. Pero, originalmente, mi interés no residía en analizar el contenido de los gustos de la gente. Lo que me interesaba era el hecho de que los individuos, cada vez en mayor medida, consideran sus gustos como
aquello que los define –como la característica que les dice a sí mismos quiénes son–, y esto en oposición con cualidades más convencionales tales como la profesión o la fe religiosa. La “dimensión social”, como Ud. lo ha expresado, bien puede explicar el
contenido de los gustos de un individuo, pero ¿qué explica el hecho de que estos mismos individuos consideren sus gustos como la característica crucial que los define?
AG.— Recientemente se ha publicado mucho sobre consumo responsable, por ejemplo bajo el rótulo de “consumo ecológico”.¿Hasta qué punto es verdad que nuestras elecciones en el mercado implican compromisos morales?
CC.— (...) Conviene recordar que el consumo ecológico no es la primera manifestación de las elecciones morales deliberadas que operan a la hora de elegir los bienes de consumo. Este tipo de conductas tiene una larga historia: desde el “temperance
movement” (contra el consumo de alcohol), a los boicot organizados como medida de protesta contra algunos regímenes (por ejemplo, el que se hizo contra el apartheid en Sudáfrica), o contra productos considerados inmorales por alguna razón (como son los movimientos en contra del uso de pieles naturales como abrigos, o la oposición ante determinados cosméticos que habían sido testados en animales, etc.). En este sentido el consumo fundado en razones éticas no es un fenómeno nuevo. La novedad que aporta el movimiento ecológico reside en lo que se ha denominado como neopuritanismo o la convicción de que las consideraciones éticas significan que uno debe reducir el consumo en general, y no sólo el consumo de ciertos productos.

"Cristiada", la historia verdadera


Estos próximos días estaré en España, presentando una gran película de aventuras sobre la libertad, la fe y el compromiso con los demás.
Me refiero a Cristiada (For Greater Glory es el título con el que podrás verla en los cines de tu ciudad).
Si estás en Madrid el próximo lunes 8 de abril, te invito a asistir a la proyección especial de 'Cristiada' en el cine Palafox (ver en el mapa), a las 7 de la tarde, organizada por HazteOir.org, a la que asistiré personalmente.
Después de la película, haremos un coloquio y estaré encantado de responder a tus preguntas y comentarios sobre la película.
Haz clic en este enlace para reservar ahora tu butaca. Recuerda que el aforo es limitado:
http://es.amiando.com/cristiada.html
Cristiada es, ante todo, cine épico en la mejor tradición de este género.
Una superproducción mexicana dirigida por Dean Wright y con un cartel de grandes actores y actrices.
Para mí, ha sido un honor compartir el reparto de esta película con Andy García, Peter O'Toole, Eva Longoria, Óscar Isaac, Catalina Sandino Moreno y Santiago Cabrera.

Pero Cristiada es más que puro entretenimiento.
Es una historia sobre la libertad y la fe, sobre la amistad y el compromiso, sobre la lealtad y el amor.
Seguro que ya has oído hablar de ella y sabes que está ambientada en la guerra cristera que mi país, México, vivió entre 1926 y 1929.
Fue un tiempo muy difícil y cruel, en el que se perseguía a las personas por creer en Dios.
Esta película te mostrará una parte de la historia del siglo XX que tal vez no conozcas y que a muchos les gustaría que no conocieras.
Asistiré a la presentación especial organizada por HazteOir.org el próximo lunes 8 de abril a las 7 de la tarde en el cine Palafox (ver en el mapa) y me gustaría compartir esa sesión contigo, si estás en Madrid.
Después de la proyección, hablaremos sobre la película y agradeceré mucho tus comentarios.
En el siguiente enlace puedes reservar ya tus butacas para esa sesión especial, el próximo lunes 8 de abril a las 7 de la tarde:
http://es.amiando.com/cristiada.html
Espero encontrarme contigo este próximo lunes 8 de abril en Madrid.
¡Gracias por amar el cine y por tu compromiso con la libertad de conciencia!
Eduardo Verástegui y todo el equipo HO
PD.- Recuerda que 'For Greater Glory' se estrena este viernes 5 de abril en cines de toda España. Consulta la sala más próxima en tu ciudad, haciendo clic aquí. 
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