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viernes, 3 de junio de 2016

Elton John, en el armario


El Sónar - Ignacio Aréchaga
Las relaciones entre la prensa popular y las celebrities son un caso de simbiosis. La prensa (y no solo la del corazón) explota las noticias de las celebrities para satisfacer la curiosidad de sus lectores y atraer a los anunciantes; por su parte, las celebrities necesitan la atención mediática como su linfa vital para seguir siendo populares, y no dudan en exponer su privacidad hasta el punto que les interesa. Pero hay momentos en que las noticias sobre la vida privada son negativas, y entonces el personaje apelará a su derecho a la privacidad y exigirá que no se invada esa intimidad que antes exhibía. Y si el personaje es rico y poderoso, es posible que lo consiga.
Así ha ocurrido en un caso sobre el que la prensa tiene prohibido hablar, por orden judicial, en Inglaterra y Gales. Pero en los tiempos de Internet y de la información global, es difícil que algo que sabe la prensa no se divulgue. Así que el tabloide National Enquirerde EE.UU. tomó el relevo y ya es público que el caso se refiere al cantante Elton John y su marido el canadiense David Furnish.
Cuando el tabloide londinense The Sun obtuvo información de que Furnish había tenido relaciones extramaritales con otro hombre, sin que esto fuera un obstáculo dentro de su relación “abierta” con el cantante, la pareja recurrió a los tribunales para que se impusiera al periódico una prohibición (injunction) de publicar la historia. Tras una prohibición inicial, después perdida ante el Tribunal de Apelaciones, el asunto llegó hasta el Tribunal Supremo, que finalmente ha establecido que en este caso no hay un interés público que justifique hablar de la vida privada de “PJS” y “YMA” (no se dan los nombres). Los hechos, que la resolución judicial describe como “three-way sexual encounter”, no se discuten. Pero su divulgación, dice la sentencia, supondría una invasión de la vida privada.
Desde luego, vida privada es. Pero también lo era cuando Sir Elton y David compartían con la prensa cualquier detalle de su vida familiar, en lo que se presentaba como un modélico matrimonio homosexual, con dos niños obtenidos de madres de alquiler que nunca nos presentaron. Sin embargo, ahora que se sabe que su modo de entender el matrimonio es efectivamente muy distinto del matrimonio tradicional, resulta que los lectores de Inglaterra y Gales no tienen derecho a saberlo.
La sentencia invoca también la necesidad de proteger la privacidad de los dos niños, esos niños que la pareja mostró en su día como un trofeo. Basta recordar el enfado de Elton John cuando los modistos italianos Dolce y Gabanna se declararon a favor de la familia de padre y madre y en contra de los “hijos de encargo” para parejas gais. El cantante se lo tomó como una ofensa personal y como un menosprecio de sus niños, aunque quizá debería preguntarse si las relaciones paternas a tres bandas son el mejor ambiente para la crianza de los hijos.
La prensa británica ha protestado contra la sentencia, porque considera que puede crear un precedente a la hora de informar sobre las celebrities irritadas por informaciones negativas. En este caso, podríamos decir que Elton John y su marido han decidido volver al armario, ocultar las particulares condiciones de su relación y prohibir a la prensa que hable de ellos. Lástima. La galería de nuevos modelos familiares necesita una constante renovación.
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