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martes, 28 de agosto de 2018

Muchos años ya por un camino equivocado.

           Según algunos científicos de los años sesenta y de los inicios de los setenta -estamos celebrando el 50 aniversario de la revolución del 68-, para que veamos que no es cosa de hoy,  la pertenencia a una especie como la humana no tiene ningún significado moral por cuanto respecta a ser persona[1]. Ser humano no basta para ser una persona. Se requiere mucho más,  para que una entidad sea considerada persona y, por tanto, un ser de valor moral. Bastantes autores definieron variados criterios, pero en general todos concuerdan en que, para ser persona, un individuo debería tener conciencia de sí en cuanto sujeto capaz de deseos y con "una desarrollada capacidad de razonar, querer,  y relacionarse con los demás"[2].
            Está claro que no todos los seres humanos tienen una capacidad desarrollada en este grado. No todos tienen conciencia de sí mismos como individuos, ni son capaces de relacionarse con los demás: entre éstos, los niños no nacidos.  Tampoco los recién nacidos tienen conciencia de sí mismos como individuos, ni un niño posee la capacidad desarrollada de razonar, querer, desear y relacionarse con los demás durante un cierto periodo de su vida. Por tanto, según estos influyentes escritores, los niños -y los adultos que pudieran comportarse como ellos, quizá por malformaciones cerebrales- no podían considerarse personas en sentido estricto. No eran, por tanto, sujeto de derechos que debieran ser reconocidos y protegidos por la sociedad.
            Basándose en la idea del no ser personas de los fetos, en aquel momento muchos justificaron el aborto e, incluso, el infanticidio. Es interesante, en este sentido, advertir como una autora que justificaba el aborto porque no considera al feto como persona, rechazaba sin embargo el infanticidio, pero por razones puramente pragmáticas. Pensaba, en efecto, que sería equivocado matar un niño, "al menos en este país (los Estados Unidos) y en este momento histórico..., porque aunque los padres no lo quisieran y no sufrirían por su destrucción, existen otras personas que lo desearían tener y serían… de este modo privadas de una gran alegría. Por esto -continúa- el infanticidio está equivocado por las mismas razones por las que es erróneo destruir riquezas naturales o grandes obras de arte”[3] 
      Y Mary Ann siguió igual hasta que falleció a los 63 años, en 2010.
 



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[1] Así piensa, por ejemplo, MICHAEL TOOLEY, "Abortion and Infanticide", Philosophy and Public Affairs2, 1972, 44, 48, 55. Del mismo autor es "Abortion and Infanticide", New York and Oxford, Oxford University Press, 1983, pp. 50-86; en él explica más extensamente esta idea.
[2]  Uno entre muchos DANIEL CALLAHAN, "Abortion: Law, Choice, and Morality", New York, Macmillan, 1970, pp. 497-498.
[3] MARY ANN WARREN, "On the Moral and Legal Status of Abortion", in Contemporary Issues in Bioethics, ed. Tom L. Beauchamp and LeRoy Walters (2nd ed.: Belmont, CA: Wadsworth, 1982), p. 259. El ensayo original de Warren aparece en The Monist, 57, 1973.

El mensaje de Francisco a las familias.

Aunque la atención de los medios se haya centrado en los abusos de menores, y el Papa mismo se haya referido a ellos en varias ocasiones, Francisco no dejó de abordar el tema del Encuentro Mundial de las Familias celebrado en Dublín la semana pasada, que era el motivo de su viaje a Irlanda. Y ofreció un mensaje estimulante, realista y práctico.
El optimismo del Papa se basa en el designio divino del Creador sobre la familia y el don de la redención, que por medio de Cristo lo restaura y lo lleva a una altura superior. “Dios quiere que cada familia sea un faro que irradie la alegría de su amor en el mundo”, dijo el sábado 25 en el Festival con que concluyó el Encuentro. Y al día siguiente añadió: “Cuánta necesidad tiene el mundo de este aliento que es don y promesa de Dios”; y también: “vuestras familias son un lugar privilegiado y un importante medio para difundir esas palabras [de Jesús] como ‘buena noticia’ para todos” (Misa en Dublín).
Esta misión de las familias no está al alcance solo de una minoría. No requiere circunstancias especiales: se cumple, señaló Francisco en su discurso al término del Festival de las Familias, “a través de pequeños gestos de bondad en la rutina cotidiana y en los momentos más sencillos del día”. Y eso es santidad, que “no es algo reservado a unos pocos privilegiados”. La santidad “está silenciosamente presente en los corazones de todas aquellas familias que ofrecen amor, perdón, misericordia cuando ven que es necesario, y lo hacen en silencio”.

El poder de las familias corrientes

Francisco cree en el poder de irradiación de las familias normales, corrientes. Cualquier familia es un faro si acoge el perdón, que es “un regalo especial de Dios que cura nuestras heridas y nos acerca a los demás y a él”. Así, “gestos pequeños y sencillos de perdón, renovados cada día, son la base sobre la que se construye una sólida vida familiar cristiana”. Como le gusta hacer, el Papa recordó las “tres palabras” que deben pronunciarse a menudo en el hogar: “perdón”, “por favor” y “gracias”. Y destacó en especial la necesidad de restaurar la paz y el cariño después de una discusión. “No hay familia perfecta. Sin el hábito de perdonar, la familia se enferma y se desmorona gradualmente”.
“El matrimonio cristiano y la vida familiar manifiestan toda su belleza y atractivo si están anclados en el amor de Dios”. Partiendo de ahí, se puede “apreciar la grandeza de la enseñanza de Jesús sobre la fidelidad en el matrimonio”. No consiste en “una fría obligación legal”, sino que “es sobre todo una poderosa promesa de la fidelidad de Dios mismo a su palabra y a su gracia sin límites”.
El discurso tocó otros aspectos prácticos de la vida familiar. Animó a los padres a “que bauticen a sus hijos lo antes posible, para que puedan formar parte de la gran familia de Dios”. Eso supone una gran diferencia, porque un niño bautizado tiene “el Espíritu Santo en su interior”.
También alentó a la oración en familia, recordando el lema del sacerdote irlandés Patrick Peyton: “La familia que reza unida permanece unida”. Entre otras cosas, dijo que los padres enseñen a los niños pequeños a “hacer bien la señal de la cruz”.

Amor abierto a la vida

El Papa dio otros consejos tomando pie de testimonios ofrecidos antes por algunos matrimonios. Uno de ellos habló del uso de las redes sociales para que las familias se ayuden entre ellas. Francisco comentó: “Las redes sociales no son necesariamente un problema para las familias, sino que pueden ayudar a construir una ‘red’ de amistades, solidaridad y apoyo mutuo. Las familias pueden conectarse a través de Internet y beneficiarse de ello. Las redes sociales pueden ser beneficiosas si se usan con moderación y prudencia”. A la vez, “es importante que estos medios no se conviertan en una amenaza para la verdadera red de relaciones de carne y hueso, aprisionándonos en una realidad virtual y aislándonos de las relaciones concretas que nos estimulan a dar lo mejor de nosotros mismos en comunión con los demás”.
A propósito del testimonio de unos padres de diez hijos, alabó a las familias numerosas, en las que se manifiesta el valor de “un amor conyugal caracterizado por la fidelidad, la indisolubilidad, la unidad y la apertura a la vida”. Y la intervención de otra pareja que lleva casada más de cincuenta años le sirvió para insistir en otro tema preferido: los abuelos. “Una sociedad que no valora a los abuelos es una sociedad sin futuro. Una Iglesia que no se preocupa por la alianza entre generaciones terminará careciendo de lo que realmente importa, el amor”. Los abuelos “son un tesoro de experiencia, un tesoro de sabiduría para las nuevas generaciones”.
Hacia el final del discurso, el Papa resumió su mensaje con estas palabras: “Vosotras, familias, sois la esperanza de la Iglesia y del mundo. (...) Con vuestro testimonio del Evangelio podéis ayudar a Dios a realizar su sueño, podéis contribuir a acercar a todos los hijos de Dios, para que crezcan en la unidad y aprendan qué significa para el mundo entero vivir en paz como una gran familia”.

Aspectos oscuros

Junto al tema principal del viaje, el de los abusos de menores estuvo presente desde la llegada de Francisco a Irlanda. Lo trató ampliamente el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, en su discurso de bienvenida. Al referirse a los “aspectos oscuros” del pasado, en que está implicada la Iglesia (abusos sexuales y también malos tratos a madres solteras o a niños), Varadkar no dejó de recordar la parte de culpa que corresponde al Estado, pues muchos de los desmanes se dieron en orfanatos y otras instituciones que acogían a personas por encargo de los poderes públicos. Así lo señaló un informe oficial de 2009 (ver Aceprensa, 29-05-2009). Fueron, dijo Varadkar, “fallos tanto de la Iglesia como del Estado, y de la sociedad en general”.
Francisco, por su parte, expresó en varias ocasiones dolor y vergüenza por tales abusos y se reunió con algunas víctimas. En cambio, no quiso comentar nada, cuando una periodista le preguntó en el vuelo de regreso, sobre la declaración en que el anterior nuncio en Estados Unidos, arzobispo Carlo Maria Viganò, le acusa de haber conocido en 2013 los abusos atribuidos al ex cardenal McCarrick y no haber tomado medidas. El Papa dijo que “la declaración habla por sí sola” y la prensa puede sacar sus propias conclusiones.

Para casarse, mejor no esperar mucho.

Los millennials, esa generación que llegó a la mayoría de edad en los albores del siglo XXI, esperan más que sus antecesores para tomar la decisión de ponerse el anillo de bodas. Si entre los jóvenes de antes pasaba una media de cinco años entre el momento de conocerse y el de casarse, las parejas de 25-34 años se demoran seis años y medio.
La medición la realizó una fuente citada por el New York Times, y Melissa L. Braunstein, que escribe de familia y otros temas, reflexiona sobre el asunto en la web del Institute for Family Studies. Su consejo a los de esta hornada: que deberían formalizar sus relaciones cuanto antes.
Braunstein apunta que, en los años 70, las parejas se casaban a principios de la veintena –ellas a los 20,3 años; ellos a los 23–. ¿Por qué hoy tardan más? Entre los factores para que ese momento se esté postergando, la analista cita la creciente prevalencia de la cohabitación: según un informede los CDC, en EE.UU., un 17,1% de las mujeres y un 15,9% de los hombres de 18 a 44 años vivían en 2015 en esa modalidad de unión.
“Es improbable que los estadounidenses vuelvan al modelo de los 70 en algún momento inmediato, especialmente los graduados universitarios”, reconoce, pero aporta seis razones por las que los jóvenes harían bien en darse el “sí, quiero” más temprano que tarde.
1. La cohabitación puede prolongar las relaciones frágiles. Es cada vez más frecuente que las parejas pasen a convivir poco después de conocerse, pero las que lo hacen sin un compromiso compartido pueden caer en la inercia, y la relación puede terminar disolviéndose.
2. El matrimonio y la felicidad van de la mano. Los casados son más dados a declarar en las encuestas que son felices. Cuando la General Social Survey pregunta a los estadounidenses sobre este punto, el 54% de las personas de bajos ingresos, el 56% de los trabajadores y el 65% de los de clase media dicen estar “muy felices” en sus matrimonios.
3. Demorar el casamiento no es un seguro contra divorcios. Antes de los 32 años, cada año adicional de matrimonio reduce las posibilidades de ruptura en un 11%. Para los que se casan después de los 32, estas se incrementan en un 5%, según análisis efectuados a partir del National Survey of Family Growth.
4. La espera ejerce presión sobre la fertilidad. A la biología no le importan nuestras preferencias personales o profesionales. Para cualquier pareja que desee tener una familia, ello significa que mientras más demore tener hijos, más difícil le será llegar al número deseado.
5. La perfección es como un unicornio. En la era de Instagram y Photoshop, que muestran vidas perfectas, es mejor enfocarse en alguien que te complemente, con sus fallos y demás. Una vez que encuentres a esa persona, no podrás imaginar no tenerla en tu vida.
6. La vida es breve. Si amas a alguien, asegúrate de que lo sepa. Celebra esa conexión interpersonal y no desprecies oportunidades de festejar y compartir esa alegría con otros.

jueves, 23 de agosto de 2018

Una vida cínica.


Una característica de nuestro tiempo es el declive de la sensibilidad frente al mal, al pecado. Parece como si viviéramos inmersos en una atmósfera transgresiva, de situaciones escandalosas, que no ofenden ya la sensibilidad de nadie: injusticias, asesinatos, prepotencias, engaños, adulterios, fraudes, etc. Todo eso habla de actos humanos que no han sido lo que deberían haber sido

martes, 21 de agosto de 2018

Apariencia y virtud

     

       El fenómeno de la falsificación de la virtud es muy serio ahora y en el pasado. Hay virtudes más expuestas al fraude; baste pensar en la humildad, la tolerancia, el celo, etc.

        Recuérdese que es el mismo Señor quien pone en guardia contra esa estafa moral, con su crítica durísima de la apariencia virtuosa – hipocresía – de los fariseos de ayer y de hoy, creyentes o no creyentes: una fachada intachable que encubre un interior bochornoso.

       Cuando se habla de virtud se sobreentiende que se trata de una riqueza moral que induce a la persona a perseguir y alcanzar habitualmente el bien. Se podría decir que virtud designa la figura y el vigor de la persona bien constituida y bien adiestrada para una vida de excelencia moral. Algo, por tanto, sumamente atractivo y deseable.

lunes, 20 de agosto de 2018

LOS CUMPLIDORES: El daño a la Iglesia no lo provocan sus adversarios, sino los cristianos mediocres


Las personas emprendedoras cuando miran su vida ven cosas que hay que mejorar. El Evangelio es algo que hay que conquistar, obras y acciones que configuran un modo de ser asequible. El Cristianismo es para ellos asequible.

Sin embargo los mediocres están a gusto y piensan que no tienen necesidad de cambio. Cuando el Evangelio les interroga ante su actitud no responden. En el fondo piensan que Dios nos pide a todos vivir el Evangelio, sino a unos cuantos; para los demás no es necesario. Así que cuando el Evangelio reclama una actitud heroica piensan que no va para ellos: ellos no deben perdonar, ser misericordiosos, generosos, amables, justos, apostólicos...

Los tibios creen que los que tienen que cambiar son los demás. Se evalúan muy bien siempre.

Todo depende de cómo se miren las cosas. Hay personas que observan la realidad con una lente de aumento para ver lo que sucede fuera. Los defectos ajenos se ven con lupa, y los propios aparecen muy pequeños.

Es la misma lente que dependiendo de cómo se emplea ve en grande o en pequeño.

Nuestro Señor habla de un tipo de personas que se llamaban fariseos. Eran personas cumplidoras, y se encontraban a gusto consigo mismos.

Y nuestro Señor les dice que las prostitutas y los pecadores les adelantarán en el Reino de los cielos. 

Estas palabras del Señor eran muy fuertes y quizá desconcertaron a sus contemporáneos, pero son verdaderas. La experiencia enseña que es muy difícil que cambie una persona si se considera buena, si piensa que siempre lleva la razón.

Sin embargo una prostituta, al mirar su vida, puede admitir con más facilidad que actúa mal y llegar a tener más facilidad para convertirse, que un cristiano tibio. No es de extrañar que algunos santos hayan sido anteriormente grandes pecadores.

Nuestra conversión es importante porque –como dijo Benedicto XVI en Alemania– el daño a la Iglesia no lo provocan sus adversarios, sino los cristianos mediocres. Y en otro momento, comentando la frase del Señor sobre la precedencia de las prostitutas y publicanos en el Reino de los Cielos, decía: 
Traducida al lenguaje de nuestro tiempo, la afirmación podría sonar más o menos así: los agnósticos que no encuentran paz por la cuestión de Dios; los que sufren a causa de sus pecados y tienen deseo de un corazón puro, están más cerca del Reino de Dios que los fieles rutinarios, que ven ya solamente en la Iglesia el sistema, sin que su corazón quede tocado por esto: por la fe.

sábado, 18 de agosto de 2018

Cómo educar hijos amables


¿Por qué ser buenos? ¿Por qué hacer el esfuerzo de desarrollar un carácter amable? ¿En qué consiste la verdadera amabilidad? Son preguntas que plantea Thomas Lickona en su libro How to Raise Kind Kids. Ser una persona con carácter significa tratar de ser la mejor persona que se puede ser, pero teniendo claro que dar lo mejor de sí no significa ser perfecto.
How to Raise Kind Kids es el resultado de toda una vida dedicada a la educación del carácter. Lickona, especialista en psicología del desarrollo, es el director y fundador del Center for the 4th and 5th Rs (Respeto y Responsabilidad) en la Universidad del Estado de Nueva York. 
En este libro sostiene que la amabilidad no es simple cortesía, sino el fruto de la decisión de querer hacer el bien y del ejercicio de una serie de virtudes. Como decía Aristóteles, “llegamos a ser buenos haciendo el bien”. Por eso, los padres deben convertirse en los entrenadores del carácter de sus hijos, ayudándoles a convertir ciertos comportamientos en hábitos. Y una parte importante de la labor de un entrenador del carácter es saber hacer todo esto en el momento adecuado.
La amabilidad como actitud
En un discurso dirigido a un grupo de estudiantes de la Universidad de Syracusa, el escritor estadounidense George Saunders les propuso que pensaran a qué personas recordaban con un cariño profundo, contestando él mismo que seguramente les vendrían a la cabeza aquellas que habían sido especialmente amables con ellos. Pues todo aquel que se precie de ser un buen padre quiere que sus hijos sean recordados así.
Los padres quieren que sus hijos sean buenas personas, que sean felices, que tengan amigos; que descubran sus talentos, el sentido de sus vidas y que logren cierto nivel de éxito en aquello que se sientan llamados a llevar a cabo. Pero el éxito será hueco si no tienen un buen carácter.
Si nos preocupamos de verdad por fomentar la amabilidad, encontraremos la manera de proporcionar estructuras de apoyo que ayuden a los niños a superar tendencias sociales negativas y a desarrollar una comunidad que tenga sus propios medios para que nadie quede fuera de ella. No se trata de promover constantemente acciones externas, sino acciones motivadas por una actitud interior de preocupación por la felicidad de los demás.
Hijos con derecho a todo
Desde una perspectiva centrada en Estados Unidos, pero trasladable en muchos casos a otros países, Lickona llama la atención sobre algunos factores que contribuyen al déficit de amabilidad en la sociedad actual.
Uno es la mayor crispación política. Mucha gente que solía discutir sus diferencias políticas e ideológicas con amigos o conocidos confiesa que hacerlo ahora es más difícil, si no imposible. Los padres deben afrontar este problema con los hijos, adaptando las conversaciones a sus edades. Es adecuado preguntarles en momentos distendidos –por ejemplo, durante la cena– qué comportamientos observan en el colegio. Cómo se tratan los compañeros unos a otros. Comentar las noticias. Plantearles cómo actuarían en determinadas situaciones. Cómo podemos demostrar respeto hacia aquellas personas que piensan de manera diferente a nosotros.
Otro problema es la mentalidad del derecho a todo, que ralentiza que nuestros hijos sean conscientes de la responsabilidad que tienen en el desarrollo del bienestar y la felicidad de otros, empezando por la propia familia. La responsabilidad está estrechamente conectada con la amabilidad, pues en la medida en que los niños son amables piensan con naturalidad en los demás y menos en sí mismos. Por eso, cuando la amabilidad tiene un papel destacado en la cultura familiar, los hijos disfrutan más haciendo cosas por los demás.
En muchos casos, el carácter endeble de los jóvenes es el resultado de que no les haya faltado de nada, además de tener padres que les sobreprotegen. Los padres de hoy ya no son “padres helicóptero”, sino “cazas de guerra”, dice Lickona. Para ilustrar esta realidad pone el ejemplo de unos padres que con una hija de 9,7 de media quieren saber cómo pueden ayudarla a mejorar… en sus estudios.
Otros dos factores son el dominio de las pantallas en la vida familiar y la sexualización de nuestra cultura, alimentada por la pornografía y por los aspectos más nocivos de las redes sociales.
Cómo crear una cultura familiar positiva
Para lograr que los hijos lleguen a ser amables, respetuosos y responsables es necesario fomentar una cultura familiar en la que sus miembros estén constantemente instados a vivir por un ideal elevado que tenga en cuenta a los demás y responda a sus necesidades con espíritu de generosidad. Lickona sugiere seis principios de actuación:
Hacer del carácter una prioridad en la familia. Así como las empresas se definen mediante una misión, también las familias deben pararse a pensar qué es lo que las define. ¿Qué clase de familia nos gustaría ser? Cuando llevas a cabo esta tarea, quieres hacer explícitos y concretos tus valores principales para que todos en la familia los tengan claros, cada uno a su nivel.
Es importante que los hijos participen activamente en la definición de esa misión y valores, porque si se utilizan algunas de las ideas que proponen, su compromiso será mayor. Cualquier conflicto, suceso o situación de tensión deberá verse con los ojos de la misión, haciendo más fácil una respuesta clara y común por parte de todos.
Un ambiente familiar positivo y amable no es posible sin la gratitud como bandera. Es fundamental mostrarse agradecido por lo que otros han hecho por nosotros. Las frecuentes expresiones de agradecimiento crean una atmósfera familiar de cariño. Crear rituales de agradecimiento como dar gracias antes de las comidas, comenzar una conversación familiar haciendo una ronda de agradecimientos ¿Por qué tenemos que dar gracias hoy? Y dar gracias con los niños antes de ir a dormir. La gratitud es un gran paso en el desarrollo de una cultura de la amabilidad en una familia.
Dedicar a los hijos tiempo y afecto. Dedicar tiempo a cada hijo, incluso cuando se tiene una familia numerosa, porque en ese tiempo muchas veces se producen ocasiones para que cuenten sus cosas en una forma más íntima. Evidentemente, las comidas en familia son esenciales porque supone una inyección de intimidad familiar para compartir nuestros pensamientos, experiencias y valores. En ellas surgen de un modo natural preguntas sobre el mejor o el peor momento del día, qué cosas hemos aprendido, a quién hemos ayudado o si nos han ayudado en algo. Este tipo de encuentros facilita que cuando alguno de los hijos tiene un problema, pueda compartirlo en familia y se le pueda ayudar.
Ejercer la autoridad con delicadeza. En The Moral Child, William Damon, psicólogo de Stanford, afirma que el futuro desarrollo moral de los hijos descansa en cómo hayan logrado sus padres hacerse respetar y ser obedecidos. Por otro lado, en Take Back Your Kids, el psicólogo de familia William Doherty afirma que “nos enfrentamos a una epidemia de inseguridad parental”. Los padres que desarrollan una autoridad adecuada suelen combinarla con razonamientos y cariño, pero atajando desde el principio cualquier falta de respeto.
Dar a los niños voz y responsabilidad en la familia.Diversos estudios demuestran que los niños se benefician de las experiencias de refuerzo moral. Estas experiencias les permiten participar en decisiones que afectan a sus propias vidas y las de otros. A lo largo del tiempo, les ayuda a desarrollar confianza en su capacidad para influir en el entorno y aumenta su deseo de contribuir con un impacto positivo en el mundo.
Es importante también darles responsabilidades desde pequeños de acuerdo con su edad. Hacerles ver que es un privilegio pertenecer a una familia, pero ese privilegio comporta unas responsabilidades. Por eso no hay que olvidar, como señala Irene Freundorfer, educadora familiar y madre de seis chicos y cuatro chicas (www.10kids.com) que “incluso aunque se trabaje para lograr una actitud cooperativa, se debe dejar claro a los hijos que hacer su parte de las tareas del hogar no es una opción, sino una obligación”.
Difundir la compasión más allá de la familia. En Parenting for Character, el educador Andrew Mullins explica cómo un amigo logró implicar a su hijo de 15 años en la ayuda a los más necesitados. El chico insistía una y otra vez en que su padre debía comprarle unas nuevas zapatillas de 200 dólares, hasta que el padre le propuso un día salir a cenar fuera de casa. Le llevó a la ciudad y allí estuvieron haciendo cola en un comedor social. Han pasado ya dos años y desde entonces el chico colabora en ese comedor social una vez a la semana.
Hay miles de historias de chicos que cambian su actitud por la experiencia del servicio directo a los demás. ¿Cómo hacer ver a los hijos que la gente fuera de nuestra familia también nos debe importar? Con el ejemplo. Lickona cuenta que uno de sus estudiantes compartió con él un recuerdo de algo que su padre había hecho: “En un frío día de diciembre en Brooklyn, cuando tenía 10 años, regresaba a casa con mi padre conduciendo el coche cuando él se dio cuenta de que había una persona aterida en la acera. Sin pensarlo, paró el coche, salió y le dio su abrigo, su gorro y sus guantes. Cuando le pregunté por qué había dado sus prendas a un desconocido, me contestó ‘porque los necesitaba’. Me sentí muy removido por la bondad de mi padre”.
Adoptar una visión noble de la vida. Otro estudiante de Lickona se quejaba al terminar un programa de educación del carácter de que, a pesar de que era bueno practicando el levantamiento de pesas, no podía competir con otros deportistas porque muchos de ellos consumían esteroides. Su profesor de educación física les había mostrado una encuesta en la que se preguntaba a los levantadores de pesas qué harían si pudieran tomar una droga que les garantizara ganar todas las competiciones en los próximos cinco años, aun teniendo la seguridad de que al terminar ese tiempo morirían inevitablemente. La mayoría contestó que la tomarían sin dudarlo.
¿Por qué un número significativo de jóvenes viven la vida con un enfoque cortoplacista? La respuesta de Lickona es que tienen un vacío espiritual. Algunos jóvenes carecen de una noble visión de la dignidad humana, del destino humano, del último significado de la vida. No saben por qué están aquí.
Algunas investigaciones recientes muestran que la fe y la práctica religiosa pueden ampliar las aspiraciones de los jóvenes. El informe sobre tendencias de la juventud Religious Involvement and Children’s Well-Being indica que los jóvenes que asisten con mayor frecuencia a servicios religiosos y que afirman que la fe es importante en sus vidas tienen mayores niveles de altruismo y menos de consumo de alcohol y drogas. Una de las maneras que tiene la religión de prevenir comportamientos antisociales o dañinos en los chicos es orientarles para que escojan a amigos que no estén relacionados con esas actividades.

domingo, 12 de agosto de 2018

El Papa invita a setenta mil jóvenes a «no tener miedo al amor, que es imagen de Dios»

Les grita, en el Circo Máximo: «¡No os dejéis robar vuestros sueños!»


ABC Digital 12.08.2018

En el escenario del martirio de los primeros cristianos, el Papa Francisco ha invitado el sábado a setenta mil jóvenes italianos a no tener miedo al amor humano comprometido, y a no dejar que adultos escépticos o amargados les roben los sueños.
A la hora del atardecer, el Circo Máximo estalló en entusiasmo a medida que Francisco recorría en “papamóvil” descubierto los pasillos abiertos entre la multitud de jóvenes venidos de toda Italia, pero también de otros países pues entre los gritos de bienvenida se oía también el rítmico «Esta es / ¡la juventud del Papa!».
Una muchacha italiana le entregó como regalo de bienvenida un báculo pastoral muy sencillo, hecho con una rama de árbol como las que muchos de ellos han utilizado para caminar cientos de kilómetros como peregrinos hasta la Ciudad Eterna.
El encuentro fue un diálogo, abierto por Letizia, una estudiante de 23 años, que deseaba estudiar historia del Arte, pero recibió el consejo de estudiar Economía «pues responde mejor a las necesidades del mercado». No hizo caso y hoy es feliz, un modelo para otras chicas.
El Papa le respondió que «los sueños son importantes, y los sueños de los jóvenes son más importantes todavía. Un joven sin sueños está anestesiado. ¡No entiende el sentido de la vida! ¡Los sueños tiran de ti! Son como estrellas…».
En tono amable pero enérgico, Francisco les decía: «¡No os dejéis robar vuestros sueños! Buscad buenos maestros que os ayuden a entenderlos y a realizarlos poco a poco, con serenidad. Pero no seáis jóvenes de sillón, "jubilados" a los veinte años».
Y añadía: «¿Donde se compran las pastillas para soñar?». Sabiendo que la palabra llevaba a pensar en las drogas sintéticas que consumen muchos de sus amigos, Francisco les dijo sonriendo: «¡No! ¡Esas pastillas no! Esas te destrozan las neuronas, ¡te destrozan la vida!».
Sus palabras eran una llamada al realismo y a un optimismo activo. Tenía ante sí en el inmenso espacio del Circo Máximo, los rostros, brazos y corazones que representan un futuro hecho de personas buenas, incluidas muchachas y muchachos de otras religiones o sin ninguna, que acudían a escuchar a Francisco como líder en humanidad, un rasgo que a veces escasea en nuestras sociedades.
El Papa les animaba a evangelizar con hechos, no con palabras o estructuras, pues «el clericalismo es una perversión de la Iglesia. Una Iglesia sin testimonio personal es solo humo».
También les habló de un joven italiano rico, pero, a la vez, generoso, que se despojó en público de sus ropas lujo… «era en el siglo XIII, en Asís y se llamaba Francisco. Y ya veis…». El ejemplo del santo italiano más popular en el mundo hablaba por sí solo de generosidad, acción y optimismo, igual que una frase de San Juan XXIII que el Santo Padre les animó a repetir juntos para poder recordarla: «No he conocido nunca a un pesimista que haya hecho algo bueno».
Martina, de 24 años, le contó ante todos que tiene novio, y que su sueño, «aunque a veces me da un poco vergüenza decirlo», es ser madre algún día, incluso renunciando a ascensos profesionales, «y no lo voy a abandonar, aunque suponga renuncias».
Conmovido y sonriente, Francisco la felicitó en público antes de comentar que «la libertad consiste en elegir, y cada elección crea vínculos. Pero la libertad es un gran don, que se desarrolla en las opciones que hemos escogido. Y la elección mejor es la del amor, el verdadero amor, que viene cuando quiere. Los jóvenes sabéis distinguir el amor verdadero del entusiasmo disfrazado de amor. ¡No sois tontos!».
Una y otra vez, los aplausos rotundos marcaban la sintonía de los participantes con el programa que les presentaba el Papa, dirigido a jóvenes de hoy, a personas de a pie, con sus problemas, no a «superhéroes».
Francisco les hablaba con entusiasmo de un amor humano «valiente, en el que "pongas toda la carne en el asador" como decimos en Argentina. El amor es imagen de Dios, el amor de un hombre y una mujer, dejando incluso al padre y a la madre para ser una sola carne. Esto es el amor».
En el amor -les dijo-, «la misión del novio o del marido es hacer más mujer a la novia, y al revés. Se mejoran mutuamente, se hacen mas humanos. Un ideal así no se debe retrasar por otros intereses».
El encuentro incluyó momentos de emoción como los movimientos de danza de una atleta paralítica que en realidad resultaron de dos personas: ella y otra chica que sí podía mover las piernas.
El Papa reservaba sus consideraciones más espirituales para una meditación final centrada en dos personas enamoradas de Jesús que fueron los primeros testigos de su resurrección: María Magdalena y Juan, el discípulo joven. Este domingo recibe de nuevo a los jóvenes en la Plaza de San Pedro.

jueves, 9 de agosto de 2018

¿Merecen tolerancia los cristianos?: el último prejuicio admisible.

Por Juan Meseguer

Varias polémicas recientes surgidas en Estados Unidos y Europa ponen ante la opinión pública una pregunta incómoda: ¿puede presumir de tolerante una sociedad que recela de la intervención de los cristianos en los debates públicos sobre cuestiones éticas o sociales controvertidas?


En su sentencia a favor de Jack Phillips, el pastelero denunciado ante la Comisión de Derechos Civiles de Colorado por rehusar hacer una tarta para una boda gay por motivos religiosos, el Tribunal Supremo estadounidense ha estimado que varios miembros de ese organismo actuaron con un claro prejuicio antirreligioso. En la sentencia, redactada por el juez Anthony Kennedy –quien se ha inclinado en otras decisiones a favor de las demandas del colectivo LGTB– cita algunos comentarios que reflejan falta de imparcialidad y “hostilidad hacia las sinceras creencias religiosas que motivaron su objeción”.
Al margen de cómo evolucione la jurisprudencia en los conflictos de este tipo, de momento la enseñanza es clara: la obligación de no discriminar alcanza a todos. De ahí que Kennedy recordara a la Comisión su deber de aplicar de forma equitativa la ley de Colorado, “que es una ley que protege frente a la discriminación tanto por motivos religiosos como por motivos de orientación sexual”.

Tolerancia selectiva

Sobre ese doble rasero advirtió en septiembre el diputado británico Jacob Rees-Mogg, católico practicante, cuando los presentadores del popular programa Good Morning Britain, de la cadena ITV, le atosigaron mientras intentaba explicar por qué se oponía al aborto en todas las circunstancias y al matrimonio entre personas del mismo sexo. “Está muy bien decir que vivimos en un país multicultural, hasta que te declaras cristiano y mantienes las posturas tradicionales de la Iglesia católica”, se defendió.
El guion se ha vuelto a repetir en mayo en la BBC, con la diferencia de que el diputado tory ya no se ha dejado acorralar. La presentadora del programa Daily Politcs, Jo Coburn, le pregunta insistentemente si tiene algún problema con el hecho de que una diputada de su mismo partido, Ruth Davidson, prometida con una mujer, esté esperando un hijo. Rees-Mogg responde que, como padre de seis hijos, no puede más que alegrarse por la noticia del próximo nacimiento, si bien no comparte su concepción del matrimonio. Y tras elogiar las cualidades profesionales de su colega, pregunta a la periodista: “¿Usted cree en la tolerancia religiosa?”.
Coburn se pone entonces a la defensiva y le dice que sí, que ella solo lo pregunta por quienes insinúan que su fe le descalifica para ocupar un cargo público… Aquí el diputado aprovecha para transmitir un mensaje claro y distinto: “Este país cree en la tolerancia religiosa. Somo un país muy tolerante. La práctica de la tolerancia supone tolerar cosas con las que no estás de acuerdo y no solo aquellas con las que estás de acuerdo. El problema de la tolerancia liberal es que ha llegado a un punto en que solo tolera lo que le gusta”.

Un Estado dueño de las ideas

Un ejemplo de lo que denuncia Rees-Mogg es la tolerancia selectiva del primer ministro canadiense Justin Trudeau, referente mundial del liberalismo progresista. En sus discursos encontramos encendidas defensas de la sociedad inclusiva: “Nuestra celebración de la diferencia debe extenderse también a las diferencias de valores y creencias. La diversidad incluye la diversidad política y cultural”, dijo en mayo a los estudiantes de la Universidad de Nueva York (NYU).
Trudeau les animó a romper “la mentalidad de tribu”, que lleva a tomar en serio “únicamente a las personas que piensan como nosotros”. Y les pidió que se esfuercen por escuchar y comprender a quienes tienen creencias y valores distintos de los suyos.
Sin embargo, sus palabras contrastan con una de las decisiones más polémicas que ha adoptado este año su gobierno. Hasta ahora, en Canadá las pequeñas empresas, entidades sin ánimo de lucro y organizaciones del sector público que emplean a estudiantes durante el verano se beneficiaban de un subsidio. Pero el gobierno del Partido Liberal ha decidido condicionar la recepción de esas ayudas a que las entidades declaren su compromiso a favor de los “derechos reproductivos”, incluido el aborto.
De esta forma, Trudeau anula la diversidad que celebra en sus discursos. Y exige a todas las entidades que quieran optar a la ayuda pública (muchas de ellas, de inspiración religiosa) pasar por el aro de sus convicciones. “Parece que existe un confesionalismo políticamente correcto, que obligaría a las Iglesias a hacer suyos los valores del gobierno”, observa Ignacio Aréchaga.
En efecto, a los partidarios de ese nuevo confesionalismo de Estado les resulta insoportable la diversidad. Como explica Rafael Navarro-Valls en su libro Entre dos orillas. De Barack Obama al Papa Francisco, “algunos sectores políticos entienden que el Estado debe resumir en sí todas las verdades posibles. Debería transformarse –dicen– en custodio de un determinado patrimonio moral (que suele coincidir con los llamados ‘nuevos valores emergentes’) y que le confiere poderes ilimitados”. De ahí que pretendan convertir al Estado en “amo y señor”, no “simplemente custodio”, del mercado libre de las ideas.

Enemigos de la conciencia

Sobre el riesgo del laicismo intolerante lleva años advirtiendo el Observatorio de Intolerancia y Discriminación contra los Cristianos, con sede en Viena. En su informe de 2018, describe más de 500 casos ocurridos en Europa durante 2016 y 2017. No están todos, pero sí da una idea de las formas más o menos sofisticadas que puede adoptar la intolerancia en las democracias liberales.
En esta edición ha refinado la terminología, pero mantiene lo esencial: la denuncia de una hostilidad anticristiana con tres vertientes distintas. Una social, que incluye desde estereotipos y burlas denigrantes hasta agresiones físicas y vandalismo en iglesias; otra legal, referida a las restricciones a derechos fundamentales como la libertad religiosa y de conciencia, la libertad de expresión o el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones; y otra política, centrada en los intentos de marginar las manifestaciones públicas de la fe.
La sensación que deja la lectura del informe es que hay quienes se consideran legitimados para poner en cuarentena unos puntos de vista y coartar a quienes, según ellos, no tienen nada que aportar a las sociedades modernas. Con este prejuicio de base, es fácil terminar aplicando el guion que esboza Herbert Marcuse para silenciar a los discrepantes.
Junto a los términos “intolerancia” y “discriminación”, el informe introduce la palabra inglesa squeeze para referirse a diferentes formas de presión, como las restricciones a la libertad de conciencia: en Francia, un farmacéutico fue suspendido temporalmente por negarse a vender un DIU; en Bélgica, una residencia de ancianos católica fue multada por prohibir a un médico aplicar la eutanasia en sus instalaciones; en Irlanda del Norte, un matrimonio de cristianos evangélicos fue multado por rehusar hacer una tarta con un lema a favor del matrimonio gay; en Suecia, dos comadronas fueron denunciadas por sus empleadores por negarse a participar en abortos…
El informe reserva el término smash para los incidentes más graves, muchos de ellos perseguidos por las legislaciones nacionales como “delitos de odio”. Llama la atención el elevado número de actos vandálicos en algunos países de Europa Occidental, como Francia, Bélgica, Austria, Alemania o España.

Estereotipos denigrantes

En la misma línea, un informe del gobierno escocés refleja cómo la animosidad hacia los católicos ha ganado fuerza en Escocia. Durante 2016 y 2017, el 57% de las víctimas de delitos de odio por motivos religiosos fueron católicos (384 denuncias); les siguen los protestantes (165), los musulmanes (113) y los judíos (23).
En marzo, tras un sonado caso de vandalismo en una iglesia católica próxima a Glasgow, la diputada laborista Elaine Smith pidió al gobierno de su partido que se tomara en serio el hecho de que los católicos acumulen más agresiones que los fieles del resto de confesiones juntas. E hizo notar que mientras las llamadas de alerta frente a la “islamofobia” y el antisemitismo habían logrado calar en el debate público, faltaba hacer lo mismo con el anticatolicismo, informa The Catholic Herald.
Cuando otra diputada de su partido le recordó el esfuerzo económico que el gobierno estaba haciendo para prevenir el sectarismo, Smith le respondió citando al arzobispo de Glasgow Philip Tartaglia, para quien “el problema no es tanto el sectarismo [en general] como el anticatolicismo”, que es una forma muy concreta de sectarismo.
Esto no significa que haya que aprobar leyes antidiscriminación que protejan específicamente a los católicos. Bastaría con aplicar el régimen general, que garantiza la igualdad de todos ante la ley, incluido el trato respetuoso por parte de los medios. Aquí es interesante subrayar una de las recomendaciones que hace en su informe el Observatorio de Intolerancia y Discriminación contra los Cristianos: “Los líderes de opinión deben ser conscientes de su responsabilidad en la configuración de un discurso público tolerante y abstenerse de estereotipar de forma negativa a los cristianos o al cristianismo”.
En este sentido, los obispos escoceses han protestado porque un proyecto gestionado por BBC Escocia difundió en su página de Facebook un vídeo que presentaba a los católicos como odiadores de los gais mientras parodiaba de forma ofensiva la Eucaristía.
Del mismo modo que uno no espera encontrarse en la BBC una parodia denigratoria de los homosexuales, tampoco deberían sufrirla los católicos. Salvo que admitamos a la claras que la hostilidad anticristiana se ha convertido “en el último prejuicio socialmente aceptable en Europa”, como advirtió hace casi una década la jurista y política alemana Gudrun Kugler.

domingo, 5 de agosto de 2018

Los Increíbles 2




Catorce años después, Brad Bird vuelve a hacerse cargo del timón del universo superheroico de Pixar. En el mismo punto en que lo dejó entonces, cuando el Socavador quería “acabar con la paz y la felicidad de todos”: que “no hay nadie más bajo que yo”, gritaba el villano… Desde esas profundidades, como si fuera un auténtico trampolín, esta segunda parte de Los Increíbles salta hasta lo más alto de la taquilla estadounidense, superando el récord animado de Buscando a Dory.
Y se lo merece: Bird, una vez más en solitario, realiza una película de 10. El realizador de grandes títulos como El gigante de hierro o Ratatouille aprovecha muy bien la caracterización de los personajes que ya conocemos, para seguir profundizando en ellos. No es, simplemente, un estirar el chicle todo lo que dé de sí (a lo que están tan acostumbrados algunos), sino que hace una historia nueva, además de muy divertida.
Esta vez, se cambian las tornas: a pesar del esfuerzo que ponen para salvar a la humanidad, los superhéroes siguen estando proscritos. Pero un admirador suyo, el ricachón Winston Deavor, quiere devolverlos a la legalidad: solo necesitan un buen lavado de imagen y, para ello, necesita a Elastigirl. Así, Helen saldrá a salvar el mundo, mientras Bob tendrá que hacerse cargo de la familia: Violeta, una adolescente muy molesta porque el chico que le gusta la ha olvidado; Dash, que necesita ayuda con sus deberes; y el pequeño Jack-Jack, que saca a luz sus muchos superpoderes, que solo conocíamos los espectadores (¡y no todos!).
Lo mejor de Los Increíbles 2 es que Brad Bird escribe un guion con mucho equilibrio. Esta vez, efectivamente, Elastigirl cobra mucho protagonismo, pero no para sumarse a “los estándares” circunstanciales del momento, ni al me too. La de Bird es una historia que ya pergeñó en momentos de la primera parte. Quería explorar cómo sería la vida ordinaria de un héroe que tiene que hacerse cargo de su familia. Y así, compaginando muy bien las diversas líneas de acción de la película, vemos la misma temática de la primera entrega: la importancia, mayor que nunca en la familia, de trabajar juntos, en equipo, ayudándose unos a otros. Con lazos, que también son de amistad, realmente muy fuertes.
Por otro lado, si el tráiler ya está lleno de gags, no lo dice todo. La película guarda muchos ases en la manga y nos brinda algunos momentos realmente cómicos. Sobre todo, de la mano de Jack-Jack y el desarrollo y (auto)conocimiento de sus superpoderes. También por parte de los múltiples personajes que van apareciendo, que dan momentos tan gloriosos como lo del “despuñetazo” (hay que verlo, para entenderlo).
¿Qué decir de la banda sonora? El doblemente oscarizado Michael Giacchino por Up es un grande. Ha participado en todas las películas de Bird desde que está en Pixar, y es capaz de trabajar en la que nos atañe, en Jurassic WorldEl reino caído o en Rogue One, por mencionar algunas de las más recientes.
Los Increíbles 2 es, pues, “cine palomitero” del mejor, pero también invita a reflexionar: en la familia, tan denostada, a veces, y en qué estamos haciendo con nuestras vidas “empantalladas”. Reflexiva como, por lo general, solo sabe hacer Pixar (con sus más y sus menos, sí). Sin duda, junto con las continuaciones de Toy Story, una de las mejores segundas partes de la compañía del flexo. ¡Ojalá podamos decir lo mismo de Toy Story 4!


De la pornografía a la violencia: los lobos de hoy aprendieron a morder ayer, cuando el cuerpo de otro ser humano se les antojó un simple pedazo de carne.

Por Luis Luque, Aceprensa, 2.VIII.2018

El tema de los cinco individuos que violaron a una joven en Pamplona en 2016, abre y cierra telediarios en España, y esto, mientras los opinólogos televisivos emulan por ver quién dice el adjetivo más grueso. Pero algunos especialistas optan por ir un poco más al fondo, a las posibles raíces de esos comportamientos bestiales.
Y ahí, en las raíces, encuentran la pornografía…
Precisamente un reportaje emitido en La Sexta durante una tertulia sabatina hacía hincapié en el fenómeno y daba voz a varias investigadoras, todas muy poco sospechosas de conservadurismo moral. “Lo que está haciendo el porno es maleducar a la sociedad con prácticas que apuntalan la violencia sexual sobre las mujeres”, afirmó una; otra, criminóloga, aseguró que el consumo de pornografía “puede pervertir el sano desarrollo sexual de un menor”, y una tercera, educadora social, lamentó que el vídeo de la violación de “La Manada” estuviera en el top de lo más buscado en las webs de ese tipo. “Estamos llegando tarde. Lo estamos haciendo mal”, concluyó.
Un detalle interesante es que, al término del reportaje, mientras la mayoría de los tertulianos coincidió en que lo del porno ya pasa de castaño oscuro –ya acceden a él niños de 10 años–, uno de los participantes quiso dejar claras las cosas: que lo de los agresores de Pamplona iba por una parte, y por otra muy distinta, iba la pornografía. “Estamos mezclando debates –dijo–. Se podrá hablar del acceso a la pornografía, de los jóvenes que tienen un comportamiento pornográfico, sí, sí, pero ¡cuidado!, que los de ‘La Manada’ eran mayores de edad”.
La tesis parece sugerir que los violadores salieron del éter como por generación espontánea, o que es factible que cinco ciudadanos ejemplares se metamorfoseen súbitamente en un hato de pervertidos, al más puro estilo Dr. Jekyll & Mr. Hyde. La diferencia es que si en la narración de Stevenson hay al menos una causa para el envilecimiento del protagonista –un endemoniado brebaje–, en el relato de “La Manada” algunos excusan cómodamente el posible catalizador. “Son mayores de edad”, zanjó el periodista, como si acumular años bastara para predisponer a unas personas a agredir a otras.
Como si lo de cosificar a otros seres humanos no fuera también un vicio que se aprende y ejercita.

El “malo” y el “saludable”

Lo de hacer de las personas objetos a merced de otras es la razón de ser de la pornografía, que está viviendo en estos primeros años del siglo su mejor época. En Spiked, Frank Furedi hace un repaso del tema y advierte su evolución: si durante buena parte de los siglos XIX y XX adquirir material porno era un asunto que aconsejaba discreción –“quienes compraban literatura pornográfica se avergonzaban si otros les veían”–, en la actualidad la disyuntiva está entre el porno “malo” y el “bueno” o incluso “saludable”.
“Se ha normalizado tanto, que la gente habla abiertamente de ‘mi porno’. La pornografía ha entrado a ser parte de la moderna conversación diaria”, señala el autor, que repara en que muy pocos intentan disimular actualmente la impudicia bajo los ropajes del arte erótico. En un contexto que, además, presiona para que se difuminen los límites entre el ámbito infantil y juvenil y el ámbito adulto, se hace difícil, dice, “proteger a los niños de la obscenidad”.
Ese cada vez más fácil acceso a contenidos pornográficos tiene, por fuerza, que pasar factura en la mente juvenil. Si la imagen de la mujer –en una pantalla o en una revista impresa– es la de un ser sometido, cuyo “no” es un “sí” disfrazado, ¿por qué entender que las de carne y hueso pueden reaccionar de modo diferente? ¿Por qué, asimismo, comportarse con ellas de una manera que no sea el sometimiento mediante la fuerza?

Los lobeznos de ayer

Un metaestudio de los profesores Jochen Peter y Patti M. Valkenburg, de la Universidad de Ámsterdam, ha examinado 75 investigaciones –realizadas entre 1995 y 2015– sobre la influencia de la pornografía en las actitudes sexuales de los adolescentes. Entre los informes citados, por ejemplo, está el de la italiana Silvia Bonino, de 2006, el cual revela que el uso de revistas pornográficas tiene una incidencia en la perpetración de agresiones sexuales y acoso por parte de chicos a chicas, y que, respecto a estas últimas, aquellas que consumían ese tipo de materiales, tanto impresos como fílmicos, tenían más probabilidades de convertirse en víctimas de la violencia sexual.
Otros estudios van en la misma línea. En EE.UU., la profesora Jane Brown, de la Universidad de Carolina del Norte, determinó en 2009 que el uso de pornografía –tanto la impresa como disponible a través de los modernos soportes digitales–, se relacionaba con episodios de acoso protagonizados por varones jóvenes contra sus compañeras de escuela, a quienes realizaban tocamientos o arrinconaban. También Michele Ybarra, directora del Center for Innovative Public Health Research, en California, publicó en 2010 los resultados de su pesquisa con chicos de 10 a 15 años. Bien podrían adivinarse: la exposición intencional al porno violento incrementaba seis veces la posibilidad de que los chicos se comportaran de modo agresivo.
Cabe destacar que Peter y Valkenburg se cuidan de emitir un veredicto definitivo. Según dejan entrever, se les escapan los mecanismos exactos que, como consecuencia del consumo de pornografía, se ponen en marcha para desatar la violencia. “La pornografía está relacionada con las actitudes y conductas sexuales, pero la causalidad es desconocida”, apuntan.
En todo caso, atando cabos, conectando evidencias aquí y allá, vale dejarlo claro: el avasallamiento sexual contra las mujeres no es únicamente, en tiempo de pantallas y redes, cuestión de “manadas” adultas. Los lobos de hoy aprendieron a morder ayer, cuando el cuerpo de otro ser humano se les antojó un simple pedazo de carne.

miércoles, 1 de agosto de 2018

¡Confirmadísimo! La belleza física sin personalidad ABURRE



Por Julieta Carvallo


La belleza siempre llama la atención, pero la personalidad es quien llama al corazón.

Muchas veces nos preocupamos demasiado por nuestra apariencia y nos olvidamos de lo verdaderamente importante: nuestra personalidad. En la sociedad que vivimos puede que en varias ocasiones nos inquiete más la belleza física por sobre todas las cosas, pero luego terminamos por darnos cuenta de que en realidad al final nos aburre...

El encanto que se desvanece

La belleza exterior es momentánea. Quizás tuvimos la oportunidad de tener una cita con la persona que toda la vida nos gustó y siempre deseamos tener al lado, pero luego nos damos cuenta en ese momento de que realmente no es lo que queremos.
Ojos azules, celestes o un verde fuera de lo común con un cabello rubio siempre es visto como uno de los estereotipos de belleza. Pero, a la hora de sentarnos a charlar con una persona, ¿eso realmente nos interesa?

Puedes tener el rostro más bello frente a ti, con el cuerpo más bonito que hayas conocido, y la sonrisa blanca perfecta que siempre soñaste, pero si no logras mantener una charla, ¿querrás seguir al lado de esa persona?

Tanto al hombre como a la mujer nos gusta poder sentarnos a conversar y estar frente a alguien con inteligencia, con quien podamos abordar muchos temas de la vida. Llegado el momento el rostro bonito solo podrá entretenerte por unos minutos. ¿Qué harás luego al aburrirte?

ESTO es lo que en verdad cuenta

¡La actitud! Es muy importante que seamos alegres. La personalidad siempre va a estar por encima de todo. Cuando nos enamoramos de alguien lo físico queda de lado. ¿Qué sería de una simple mirada sin la pasión que puedas ver detrás de los ojos de la persona?

Se sabe (varios estudios lo han demostrado) que la inteligencia es el factor más importante a la hora de enamorar.

Por otra parte, se ha comprobado que las parejas de novios por lo general poseen conocimientos muy similares. La sociabilidad, la bondad y la pasión son otros factores claves a la hora de conquistar un corazón.

Por eso, no te quedes solo con la belleza física de una persona, ni te preocupes tanto por la tuya. Al final, lo que más importa es quiénes somos y no cómo nos vemos.

Tú, ¿piensas que la personalidad es más importante que la belleza física?


No puedes perderte: Esta es la pregunta que te transformará por completo: ¿saldrías contigo mismo?

Pronunciamiento de la Santa Sede sobre alimentación e hidratación de enfermos terminales o inconscientes

Declaración conjunta del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y de la Pontificia Academia de la Vida sobre el caso de Vincent...