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sábado, 31 de diciembre de 2016

Rogue One: Una historia de Star Wars


Rogue One: A Star Wars Story
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Dirección: Gareth Edwards. País: USAAño: 2016. Duración: 134 min. Género: Acciónciencia-ficciónfantástico. Interpretación: Felicity Jones, Forest Whitaker, Mads Mikkelsen, Ben Mendelsohn, Alan Tudyk, Donnie Yen, Diego Luna. Guion: Chris Weitz; basado en los personajes creados por George Lucas. Música: Alexandre Desplat. Estreno en España: 16 Diciembre 2016.
Reseña: 
Primera película de la saga galáctica que no forma parte de las tres trilogías que llegarán a conformar pronto nueve episodios, aunque esta historia de Star Wars bien podría subtitularse “Episodio tres y medio”, los hechos que se narran son inmediatamente anteriores a los que muestra el film con el que George Lucas empezó todo.

Corren tiempos en que domina el Imperio, y la Alianza Rebelde hace lo que buenamente puede para oponerse a sus tiránicos fines. Una de las herramientas que están desarrollando para asegurar su dominio es un arma de destrucción masiva, un destructor de planetas, la llamada Estrella de la Muerte. La cinta narra la historia de unos héroes que se unen para robar los planos de la Estrella de la Muerte.

Más de lo mismo, pensarán algunos. Y, en cierto modo, es así, también en su dilatado arranque. Sin embargo, aquí está presentado con una solidez narrativa, una intensidad dramática y una espectacularidad visual muy por encima de la media, digna de los mejores momentos de esta mítica saga galáctica.

Michelle & Obama


Southside With You
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Reseña: 
La verdadera historia de lo que ocurrió en la primera cita de una de las personalidades más influyentes en lo que va de Siglo: Barack Obama.
La cinta cuenta con naturalidad el proceso de cortejo de Barack Obama, recién llegado a un despacho de abogados como becario en Chicago, a su supervisora, Michelle Robinson. Como se supone que es poco profesional una cita entre colegas, la idea es que van a acudir a una asamblea vecinal, como cuestión formativa.
Pero ambos saben que aquello supone pasar el día juntos, completar esa actividad con una exposición y una comida de picnic, y así ir conociendo los "backgrounds" del otro, familia, formación, etc. De acuerdo, el tono es hagiográfico, pero contenido, en el punto justo y razonable. Las interpretaciones son buenas.

Belleza oculta


Collateral Beauty
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Reseña: 
Cuando un exitoso publicista neoyorquino (Will Smith) sufre una tragedia personal y se abstrae de la vida por completo, sus amigos elaboran un drástico plan para obligarle a superar su dolor de una manera sorprendente y profundamente humana.

Agradable película, quizá un poco merengue, pero es su estilo, estamos ante un cuento navideño, actualización del de Dickens para el siglo XXI. En tal sentido Nueva York iluminado para la fiestas luce como un estupendo árbol navideño. Se echa de menos, dada la naturaleza del tema, alguna apertura a la trascendencia, y el conjunto sabe a poco.

Hasta el último hombre


Hacksaw Ridge
Contenidos: Imágenes (varias V)
Japón, 1945. Desmond Doss (Andrew Garfield), un hombre contrario a la violencia, se alista en el ejército de EEUU para servir como médico de guerra en plena II Guerra Mundial. Tras luchar contra todo el estamento militar y enfrentarse a un juicio de guerra por su negativa a coger un rifle, consigue su objetivo y es enviado a servir como médico al frente japonés. A pesar de ser recibido con recelo por todo el batallón durante la salvaje toma de Okinawa, Desmond demuestra su valor salvando a 75 hombres heridos consiguiendo el respeto de los soldados.
Una película asombrosa, que vuelve a demostrar que Mel Gibson es un cineasta genial, capaz de elevar una historia interesante a la categoría de obra maestra fílmica sin paliativos, verdaderamente él cumple con la regla de las 3 "E", que dice haber escuchado y tener en cuenta: un film debe ser Entretenido, debe mostrar una vertiente Educativa, y, ya es lo máximo, debe Elevar el espíritu del espectador, divisas tenidas muy en cuenta en Hasta el último hombre.
El guión de esta poderosa historia lo han urdido dos hombres que ya antes han escrito historias inspiradoras con componente bélico: Robert Schenkkan en la miniserie The Pacific, con el mismo escenario de guerra, y Andrew Knight en El maestro del agua. Su libreto es sólido.
La película de Gibson no puede ser más oportuna en un momento histórico en que un derecho que parecía pacíficamente aceptado, el de que nadie debería ser obligado a hacer algo que repugne a su conciencia, empieza a conocer trabas y a ser puesto en entredicho, porque supuestamente sería un estorbo para otros.
En la línea de sus anteriores filmes, Gibson se decanta por el hiperrealismo, violencia estilizada muy bien fotografiada, pero violencia, al mostrar todo el horror de la batalla en lo referente a heridas, mutilaciones, sangre y vísceras. De este modo, por contraste, queda más subrayado el hecho asombroso de cómo se puede ser heroico en la guerra sin disparar una sola bala, y ello sin pretender negar que los otros soldados también están cumpliendo su deber luchando contra los japoneses con las armas.

viernes, 30 de diciembre de 2016

¿Qué valor tiene la conciencia subjetiva? (II)


(Párrafos de Conciencia y Verdad, Cardenal J. Ratzinger)

En este punto de nuestras reflexiones es posible sacar las primeras consecuencias para responder a la cuestión de la naturaleza de la conciencia. Podemos decir ahora: no es posible identificar la conciencia del hombre con la autoconciencia del yo, con la certeza subjetiva sobre sí mismo y sobre el propio comportamiento moral. Este conocimiento, por una parte puede ser un mero reflejo del ambiente social y de las opiniones en él difundidas. Por otra parte, puede proceder de una carencia de autocrítica, de una incapacidad para escuchar lo profundo del propio espíritu. (...). El error, la “conciencia errónea”, sólo a primera vista es cómoda. Pues si no se reacciona, el enmudecimiento de la conciencia conduce a la deshumanización del mundo y a un peligro mortal.

En otras palabras, la identificación de la conciencia con el conocimiento superficial, la reducción del hombre a su subjetividad, no libera en absoluto, sino que hace esclavo; nos hace enteramente dependientes de las opiniones dominantes y rebaja también el nivel de éstas día a día. (...) Ciertamente hay que seguir la conciencia errónea. Sin embargo, la renuncia a la verdad ocurrida precedentemente y que ahora se toma la revancha es la verdadera culpa, una culpa que inicialmente mece al hombre en una falsa seguridad, pero luego lo abandona en un desierto sin caminos. (...)

La presencia preponderante de la idea de conciencia en Newman no significa que él, en el siglo XIX y en contraste con el objetivismo de la neoescolástica, sostuviera, por así decir, una filosofía o una teología de la subjetividad. Sin duda es verdad que en Newman el sujeto merece una atención que no había recibido antes en al ámbito de la teología católica, puede que desde el tiempo de Agustín. Pero se trata de una atención en la línea de Agustín, no en la de la filosofía subjetivista de la edad moderna. Con ocasión de su elevación al cardenalato, Newman confesó que toda su vida había sido una batalla contra el liberalismo. Podríamos añadir: también contra el subjetivismo del cristianismo como él lo encontró en el movimiento evangélico de su tiempo y que, a decir verdad, constituyó para él la primera etapa de aquel camino de conversión que duró toda su vida. (...) (La conciencia para Newman) significa más bien la presencia perceptible e imperiosa de la voz de la verdad dentro del sujeto mismo; la conciencia es la superación de la propia subjetividad entre el encuentro entre la interioridad del hombre y la verdad que procede de Dios. 

      Es significativo el verso que Newman compuso en Sicilia en 1833: “Me gustaba escoger y comprender mi camino. Ahora en cambio oro: Señor, guíame tú”. La conversión al catolicismo no fue para Newman una elección determinada por gusto personal, por necesidades espirituales subjetivas. Así se expresó él en 1844, cuando se encontraba aún, por así decirlo, en el umbral de la conversión: “Nadie puede tener una opinión más desfavorable que la mía sobre el estado presente de los romano-católicos”. Lo que para Newman era realmente importante era el deber de obedecer más a la verdad reconocida que al propio gusto, e incluso en contraste con los sentimientos propios y con los lazos de amistad y de una común formación. (...)

La renuncia a admitir la posibilidad de que el hombre conozca la verdad, conduce primeramente a un uso puramente formalista de las palabras y de los conceptos. A su vez la pérdida de contenido lleva a un mero formalismo de los juicios, ayer lo mismo que hoy. En muchos ambientes no se pregunta ya hoy qué piensa un hombre. Se tiene ya presto un juicio sobre su pensamiento porque se lo puede catalogar con una de las correspondientes etiquetas formales: conservador, reaccionario, fundamentalista, progresista, revolucionario. La catalogación en un esquema formal basta para hacer superflua la comparación con los contenidos. Lo mismo puede verse, de una manera más nítida aún, en el arte: lo que expresa una obra de arte es del todo indiferente; puede exaltar a Dios o al diablo; el único criterio es su ejecución técnico-formal. (...)

“Pues cuando los paganos, que no tienen ley, practican de una manera natural lo que manda la ley, aunque no tengan ley, ellos mismos son su propia ley. Ellos muestran que llevan la ley escrita en sus corazones, según atestigua su conciencia...” (Rom. 2, 14s). La misma idea se encuentra desarrollada de modo impresionante en la gran regla monástica de San Basilio. Allí podemos leer: “El amor de Dios no depende de una disciplina impuesta desde el exterior, sino que está constitutivamente escrito en nosotros como capacidad y necesidad de nuestra naturaleza racional”. Basilio, acuñando una expresión que adquirió luego importancia en la mística medieval, habla de la “chispa del amor divino, que ha sido escondido en lo más íntimo de nosotros”.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Merece la pena escuchar este video

Se trata de una política española, de las más conocidas, que habla sin complejos de su fe, cuando se tiene tantas veces cobardía.

sábado, 24 de diciembre de 2016

viernes, 23 de diciembre de 2016

Proteger la libertad frente a las coacciones de la ideología de género

Ante el creciente número de demandas contra personas e instituciones a las que se acusa de “discriminación” por negarse a difundir la visión de la sexualidad defendida por los colectivos LGTB, más de 75 intelectuales y representantes religiosos de Estados Unidos han presentado una declaración en la que piden a las autoridades que protejan la libertad de cada cual a vivir en paz de acuerdo con las propias convicciones. (Aceprensa, 12.2016)
Desde el mismo título de la declaración, “Preserve Freedom, Reject Coercion”, los firmantes dejan claro qué es lo que defienden y contra qué protestan. Quieren proteger la libertad de cada persona a “expresarse y vivir según sus creencias religiosas, filosóficas y políticas”, frente al poder coercitivo del Estado, que aprovecha su posición de fuerza para desequilibrar el tablero donde compiten las ideas, y frente a la censura impuesta por otros ciudadanos.
La existencia de este derecho a vivir en paz de acuerdo con las propias convicciones no plantea demasiados problemas en las sociedades democráticas. En general, se acepta pacíficamente que nadie puede imponer a otros su modo de ver la vida. Pero esta lógica salta por los aires en el terreno de la sexualidad y el matrimonio, donde parece que sí es tolerable exigir que todo el mundo piense igual.
Los firmantes de la declaración tienen su propia visión de la sexualidad y el matrimonio, como cualquier ciudadano. Afirman que “las personas son creadas hombre o mujer; que esta complementariedad es la base de la familia fundada en la unión conyugal entre un hombre y una mujer, y que la familia es la fuente de la prosperidad humana”. Y también como el resto de ciudadanos, las personas que piensan así aspiran a manifestar y vivir estas ideas tranquilamente; es decir, “sin miedo a que alguien les demande o a que el gobierno les censure”.
El problema es que vivir así cada vez es más difícil en EE.UU., por culpa de las llamadas “Sexual Orientation and Gender Identity (SOGI) laws”, como se conocen allí las normas que, en nombre de la no discriminación, intentan privilegiar e imponer a todo el mundo la visión de la sexualidad defendida por los colectivos LGTB. “En los últimos años, hemos visto cómo el gobierno recurre a estas leyes para intentar obligar a los ciudadanos a sacrificar sus convicciones más profundas (…); ciudadanos dispuestos a servir a cualquiera, con independencia de [lo que afirmen] sobre su orientación sexual o su identidad de género, pero que no pueden difundir sus puntos de vista, manifestarse o defenderse de las críticas a sus creencias o a los valores que inspiran sus organizaciones”.

Temores razonables

No son miedos infundados. El mismo día en que se hizo pública la declaración, el gobierno de Massachusetts anuló una decisión del Comité contra la discriminación de este estado que exigía a las confesiones religiosas adaptar sus instalaciones –como cualquier local abierto al público– a una normativa sobre transexuales. Lo que, por ejemplo, las habría obligado a permitir el acceso a los baños que cada cual considere se ajustan mejor a su identidad de género, no a su sexo biológico. La abogada general de Massachusetts, Maura Healey, aclaró que la exigencia del Comité –recurrida por cuatro congregaciones protestantes– vulneraba la Primera Enmienda, relativa a la libertad religiosa.
Pero esta libertad no es la única que sale perdiendo. Las medidas antidiscriminación de este tipo también amenazan a otras libertades básicas como la libertad de pensamiento, de conciencia, de expresión, de enseñanza, de empresa… A veces, la censura y las amenazas vienen de las autoridades; otras, de los ciudadanos, reforzados quizá por la impresión de que, al menos en esta polémica, las libertades se pueden suspender.
Ha habido casos muy sonados: la advertencia por parte de la Administración Obama –hoy recurrida– de retirar los fondos a los colegios públicos que no pasen por el aro de los “baños trans”; la amenaza de quitar la licencia, en algunas ciudades, a la cadena de restaurantes Chick-fil-A, tras declarar su presidente que su empresa apoyaba la familia de madre y padre; la destitución de Brendan Eich como CEO de Mozilla, por haber donado dinero de su bolsillo a una campaña a favor del matrimonio entre un hombre y una mujer; las protestas contra el profesor de la Universidad de Texas Mark Regnerus, por una investigación sobre las consecuencias de crecer en un hogar homosexual…
Pero hay otros muchos ejemplos, más cotidianos: las presiones contra escuelas confesionales que se niegan a impartir programas de educación sexual que son contrarios a las convicciones de las familias; las demandas a pequeños empresarios que no quieren prestar sus servicios en bodas gais por motivos de conciencia y aunque otros estén dispuestos a hacerlo; la retirada de licencias a agencias de adopción católicas por negarse a dar niños a parejas del mismo sexo…

Un nuevo confesionalismo

Dice la declaración: “Las medidas SOGI otorgan al Estado [en el ámbito federal, estatal y local] el poder de recurrir a la fuerza de la ley para silenciar o castigar a los ciudadanos que quieren usar la libertad otorgada por Dios para vivir y trabajar en paz de acuerdo con sus convicciones. También dan un trato de favor en las leyes a ciertas categorías basadas en elecciones morales que afectan de forma profunda las relaciones humanas, mientras tratan como discriminatorias creencias religiosas y filosóficas razonables”.
Se trata, como denunció el abogado Benigno Blanco a propósito de las leyes LGTBI aprobadas en España, de un caso claro de “confesionalismo”: el Estado interviene con su poder coercitivo para privilegiar unas ideas y penalizar otras.
Entre los firmantes de la declaración hay varios rectores de universidades católicas; líderes religiosos, como los arzobispos católicos Charles Chaput y William Lori, o Russell Moore, de la Convención Baptista del Sur; así como prominentes intelectuales católicos: George Weigel, del Ethics and Public Policy Center; Robert George, profesor de derecho en la Universidad de Princeton; Patrick Reilly, de la Cardinal Newman Society; Ryan Anderson, de la Heritage Foundation… 

Colegio Arenales: mi Colegio


“Identidad cristiana, excelencia académica, bilingüismo, las nuevas tecnologías y la atención personal”, estas son las características que Alfonso Aguiló destaca de su colegio católico Arenales, en Carabanchel.
Cuenta a ‘Salvados’ cómo funciona su centro, ubicado en terreno público: “Se paga una cantidad de 8.000 euros al año, es una cifra pequeña porque se busca que la enseñanza sea lo menos costosa posible”. Además, revela que reciben un millón y medio de euros de dinero público.
A raíz de este tema, lamentó que la Iglesia no sea mejor conocida por los ciudadanos, un problema del que, dice, tienen gran parte de culpa los católicos.
Sobre la educación segregada en su colegio, cree que con ese sistema “se tiende a la igualdad” pese a lo que se podría pensar en un principio. “En los Juegos Olímpicos se hacen pruebas distintas para hombres y para mujeres y no va contra la igualdad, les parece que es bueno”, justifica Aguiló.
A la pregunta de si le parece España un país aconfesional, Aguiló cree que sí "porque precisamente no hacer eso sería discriminar por razón de religión a determinadas escuelas". Por último, concluyó afirmando que la religión católica no tiene ninguna posición de favor, sino más bien todo lo contrario, ya que "es una religión muy atacada y a veces discriminada".
(La Sexta)

jueves, 22 de diciembre de 2016

¿Qué valor tiene la conciencia subjetiva? (I)



 Párrafos de una conferencia del  entonces Cardenal Ratzinger, sobre la conciencia, publicada con el título "Conciencia y verdad", 1992. Lo haré en dos entregas. Hago notar su importancia para entender muchos planteamientos sobre la conciencia errónea que se están haciendo en este tiempo. La foto me parece que encaja bien en este momento histórico: el Cardenal Ratzinger recibía el Doctorado "Honoris Causa", del entonces Obispo, Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, recientemente fallecido.

      Una vez un colega de más edad, al que preocupaba la situación del ser cristiano en nuestro tiempo, en el curso de una discusión expresó la opinión de que había que dar realmente gracias a Dios por haber concedido a tantos hombres poder ser increyentes con buena conciencia. En realidad, si se les hubiera abierto los ojos y se hubiesen hecho creyentes, no habrían sido capaces en un mundo como el nuestro de llevar el peso de la fe y de los deberes morales que de ella se derivan. En cambio, puesto que siguen otro camino con buena conciencia, pueden sin embargo conseguir la salvación.

       Lo que me dejó atónito de esta afirmación no fue ante todo la idea de una conciencia errónea concedida por el mismo Dios para poder salvar con esta estratagema a los hombres; la idea, por así decirlo, de una obcecación enviada por Dios mismo para salvar a las personas en cuestión. Lo que me turbó fue la concepción de que la fe es un peso difícil de llevar y de que es apto sólo para naturalezas particularmente fuertes, como una especie de castigo o, en todo caso, un conjunto oneroso de exigencias a las que no es fácil hacer frente. De acuerdo con esta concepción, la fe, lejos de hacer más accesible la salvación, la haría más difícil. Por tanto, debería ser más feliz justamente aquel al que no se le impone la carga de tener que creer y someterse al yugo moral que supone la fe de la Iglesia católica.

       La conciencia errónea, que le permite a uno llevar una vida más fácil e indica una vida más humana, sería por tanto la verdadera gracia, la vía normal para la salvación. La no verdad, permanecer alejado de la verdad, sería para el hombre mejor que la verdad. No es la verdad la que le libra, sino más bien debe ser liberado de ella. El hombre está a su gusto más en las tinieblas que en la luz; la fe no es un hermoso don de Dios, sino más bien una maldición. Siendo así las cosas, ¿cómo puede provenir alegría de la fe? ¿Quién podría incluso tener el valor de transmitir la fe a otros? ¿No sería mejor por el contrario ahorrarles este peso y mantenerlos lejos de él? En los últimos decenios, concepciones de este tipo han paralizado visiblemente el impulso de la evangelización. (...)

Después de semejante conversación tuve la plena certeza de que algo no cuadraba en esta teoría sobre el poder justificador de la conciencia subjetiva; en otras palabras, estuve seguro de que debía ser falsa una concepción de la conciencia que llevaba a tales conclusiones. Una firme convicción subjetiva y la consiguiente falta de dudas y escrúpulos no justifican en absoluto al hombre. (...) Görres muestra que el sentido de culpa, la capacidad de reconocer la culpa, pertenece a la esencia misma de la estructura psicológica del hombre. El sentido de culpa, que rompe una falsa serenidad de conciencia y que puede definirse como una protesta de la conciencia contra la existencia satisfecha de sí, es tan necesario para hombre como el dolor físico en cuanto síntoma que permite reconocer las alteraciones de las funciones normales del organismo. El que ya no es capaz de percibir la culpa está espiritualmente enfermo, es “un cadáver viviente, una máscara de teatro”, como dice Görres. (...) “Todos los hombres tienen necesidad del sentido de culpa”. (...)

Por algo en el encuentro con Jesús el que se justifica aparece como el que está verdaderamente perdido. Si el publicano, con todos sus innegables pecados, es más justificado en presencia de Dios que el fariseo con todas sus obras verdaderamente buenas (Lc 18,9-14), es así no porque de algún modo los pecados del publicano no sean verdaderamente pecados y las buenas obras del fariseo no sean buenas obras. Esto no significa que el bien que el hombre realiza no sea bien delante de Dios, ni que el mal no sea mal delante de él, ni tampoco que esto no sea en el fondo tan importante. La verdadera razón de este juicio paradójico de Dios aparece justamente a partir de nuestra cuestión: el fariseo no sabe ya que también él tiene culpas. están completamente en paz con su conciencia. Mas este silencio de la conciencia le hace impenetrable para Dios y para los hombres. En cambio, el grito de la conciencia, que no da tregua al publicano, le hace capaz de verdad y de amor. Por eso Jesús puede actuar con éxito entre los pecadores: porque no sean vuelto impermeables tras la mampara de una conciencia errónea, del cambio que Dios espera de ellos como de cada uno de nosotros. Por el contrario, no puede tener éxito con los  “justos” precisamente porque les parece que no tienen necesidad de perdón y de conversión, pues su conciencia no les acusa ya, sino que más bien los justifica.

Algo análogo, por otra parte, podemos encontrar también en san Pablo, el cual nos dice que los gentiles conocen muy bien, incluso sin ley, lo que Dios espera de ellos (Rom 2,1-16). Toda la teoría de la salvación mediante la ignorancia se desmorona en este versículo: existe en el hombre la presencia absolutamente inevitable de la verdad, de la única verdad del Creador, que luego fue consignada por escrito en la revelación de la historia de la salvación. El hombre puede ver la verdad de Dios en virtud de su ser de criatura. No verla es pecado. Y cuando no se la ve es porque no se quiere. Este rechazo de la voluntad que impide el conocimiento es culpable. Por eso si no se enciende la atalaya luminosa, ello es debido a que deliberadamente nos desentendemos de lo que no deseamos ver.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Un regalo de cumpleaños para Papa Francisco

Ochenta alumnos y el coro de padres del colegio Irabia-Izaga han participado, junto a otros 9 colegios y la agrupación coral "Laus in Voce" del colegio Miravalles-El Redín, en la felicitación musical al Papa Francisco con ocasión de su 80 cumpleaños.
Un total de 500 voces grabaron dos piezas musicales en la catedral de Pamplona. Carlos Andrés Sánchez, promotor de la iniciativa, entregó el álbum al Papa en la audiencia general del pasado 7 de diciembre. El Papa Francisco cumple 80 años el próximo 17 de diciembre.

lunes, 12 de diciembre de 2016

La conciencia de Sophie Scholl

Sophia Magdalene Scholl, más conocida como Sophie Scholl, fue una dirigente del movimiento de Resistencia Rosa Blanca en la Alemania nazi. Era estudiante de biología y filosofía en la Universidad de Múnich, cuando fue apresada por lanzar octavillas contra Hitler. En el trozo de película se ve la claridad de su mente y de su conciencia, con una libertad sin miedo. Fue ejecutada a los tres días de ser encarcelada. Ahora, la mayor parte de los pueblos y ciudades alemanas se sienten honrados con plazas y calles a su nombre.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Para mantener la paz y la estabilidad de conciencia

De San Josemaría Escrivá, en Surco, n.263. Viene bien repasar, por ejemplo, una vez a la semana.

Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de falta de humildad:

–pensar que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás;
–querer salirte siempre con la tuya;
–disputar sin razón o –cuando la tienes– insistir con tozudez y de mala manera;
–dar tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad;
–despreciar el punto de vista de los demás;
–no mirar todos tus dones y cualidades como prestados;
–no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees;
–citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones;
–hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan;
–excusarte cuando se te reprende;
–encubrir al Director algunas faltas humillantes, para que no pierda el concepto que de ti tiene;
–oír con complacencia que te alaben, o alegrarte de que hayan hablado bien de ti;
–dolerte de que otros sean más estimados que tú;
–negarte a desempeñar oficios inferiores;
–buscar o desear singularizarte;
–insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional...;
–avergonzarte porque careces de ciertos bienes...

Proceso del oscurecimiento de la luz de la conciencia.

Por Fernando Hurtado, Doctor en Teología

Debido al interés suscitado por mi anterior artículo, publico este otro, complementario. Para leer lentamente, y entender bien el mecanismo de deformación de la conciencia, que es el gran problema de hoy, junto a la falta de formación.


       La luz de la inteligencia, perfeccionada por la sindéresis -hábito de los primeros principios-, inclina siempre al hombre a juzgar bien, aunque por ser limitado, puede a veces incurrir en un juicio errado.

         Pero, además, el hombre puede no querer -porque no le interesa- usar de esa luz, y entonces, de algún modo, la oscurece. Estudiar este punto nos ayuda a prevenir posibles desviaciones y sanarlas en los demás en la medida en que se dejen.

         La rectitud de la voluntad es condición para que el juicio de la conciencia sea habitualmente recto. Lo advierte la Escritura: los hombres malos no juzgan con juicio; en cambio, quienes buscan al Señor, juzgan acertadamente (Proverbios, 28, 15).

         Las disposiciones del corazón son decisivas para el conocimiento de la verdad y del respectivo conocimiento moral. La verdad es el bien de la inteligencia, y la voluntad es la que mueve al entendimiento a su bien. Todos tenemos experiencia: para conocer las cosas hace falta un mínimo de voluntad, que se traduce en interés. Nos enteramos difícilmente de los asuntos que  no nos interesan, y viceversa. Por ejemplo, una madre tiene gran facilidad para conocer a sus hijos, porque los quiere.

         El influjo de la voluntad en el conocimiento se hace especialmente intenso en el juicio de conciencia, donde el conocimiento se presenta urgiendo a la acción. Si la voluntad no es recta, es difícil que se juzgue rectamente del bien singular, especialmente si la contraría.

         Si la voluntad no es recta, el juicio de la conciencia tiende a oscurecerse. Al obrar voluntariamente el mal, el hombre violenta su inteligencia, inclinada naturalmente a señalarle la verdad del bien; su voz se le hace molesta y procurar acallarla, deformándola y llevándola a una progresiva ceguera.  "La conciencia por la costumbre de pecar llega paulatinamente casi a cegarse" (Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et Spes, n.16). De todas formas, la voluntad no posee un dominio absoluto sobre la conciencia: no puede llegar a suprimirla. Sólo tiene capacidad de dejar de aplicarla, negándose simplemente a considerar su juicio, u ocupando la mente en falsos razonamientos que desfiguren la propia responsabilidad.

         El conocimiento de la verdad y el bien no puede alterarse sin un mínimo de complicidad en la voluntad

           En concreto, hay que destacar:

         a) El oscurecimiento de la conciencia suele comenzar con un olvido práctico de las verdades morales, y tiende a terminar en el intento de corromper la misma verdad moral. Como no es fácil rechazar la evidencia de los primeros principios de la ley moral, se comienza por apartar su luz, provocando  la duda, dando poca o relativa importancia a un determinado hecho, o pretendiendo encontrar dificultades para aplicarlos en situaciones concretas. Por ejemplo, se buscan casos límites que parezcan contradecir una norma moral: desgracias que se seguirían de la aceptación de la indisolubilidad del matrimonio. O se alude a complejidades de la vida real o a dificultades agobiantes que hacen imposible  su aplicación.

         Sin embargo, como los principios siguen iluminando, el intento de tranquilización de la conciencia acaba por exigir que se ponga en duda la vigencia misma de esos principios. Se intenta buscar entonces una verdad nueva, corrompiendo la verdad objetiva o sumándose a representantes de ideas erróneas que justifiquen la propia conducta. Con mucha frecuencia, se acaba intentando difundir esas falsas "verdades", para que parezcan más verosímiles. Es vital contar con la aprobación de otros; cuantos más, mejor.

         b) Este oscurecimiento puede estar favorecido por la situación moral y doctrinal del ambiente, pero en último término se debe a la intervención de la voluntad personal. Especialmente peligrosas son las corrientes del agnosticismo y del subjetivismo que se ofrecen frecuentemente servidas, es decir presentadas, por medio de hechos que parecen lo normal, en los medios de comunicación, en lecturas y en la calle. En algunos casos excepcionales puede que alguien se engañe sin culpa, pero, en materias importantes, este engaño suele estar unido a una complicidad interior. Además no se cuenta o se desprecia el testimonio y el ejemplo de gente honrada, de la Iglesia, del Papa...; en estos casos se impone incluso como necesidad, ridiculizar comportamientos y palabras.

         c) En el fondo del oscurecimiento de la conciencia hay una raíz de soberbia. Todo pecado supone un rechazo de la luz de la conciencia. Cuando el hombre se arrepiente, vuelve a percibir con claridad la diferencia entre la buena y la mala conducta. Pero si quiere permanecer en el pecado, la conciencia le estorba, y entonces su soberbia le lleva a buscar los medios para oscurecer la verdad, para no sentir su reproche. En definitiva, se busca una falsa autonomía, respecto a la Verdad, a Dios: no querer depender de El, y convertirse en la práctica en un determinador del bien y del mal. Ese fue el pecado de nuestros primeros padres, que quisieron poseer en sí mismos "la ciencia del bien y del mal" (Génesis, 3, 5).  "Seréis como dioses", les había propuesto Satanás.

         No es extraño que algunos den el último paso: de negar la luz de Dios en nosotros, se pasa a la negación de Dios.  Es decir, al ateísmo.

Dormición y Asunción de la Virgen

Los últimos años de María sobre la tierra —los que transcurrieron desde Pentecostés a la Asunción—, han permanecido envueltos en una neblin...