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domingo, 28 de agosto de 2016

Café Society

Ana Sánchez de la Nieta

Director: Woody Allen
Fotografía: Vittorio Storaro
Intérpretes: Jesse Eisenberg, Kristen Stewart, Steve Carell, Blake Lively, Parker Posey, Corey Stoll, Jeannie Berlin, Ken Stott, Anna Camp, Gregg Binkley, Paul Schneider, Sari Lennick, Stephen Kunken.
96 min.
Jóvenes-adultos. (DS)
Fiel a su público, como cada año por estas fechas, Woody Allen entrega su película. Últimamente Allen alterna el drama romántico con algún tinte existencial con la comedia romántica. Como el año pasado tocó drama (Irrational Man), este año toca comedia.

En Café Society Allen cuenta –un cuento con voz en off de principio a final– la historia de amor entre un joven neoyorkino que viaja a Los Ángeles para comerse el mundo y una chica espontánea y atractiva con un importante dilema afectivo. La cinta, ambientada en Los Ángeles en los años 30, y con el mundo de la industria del cine como telón de fondo es además una carta de amor y desamor al Séptimo Arte reflejado con fina pero mordiente ironía.
El universo Allen está presente desde el primer fotograma. En el fondo –los temas de siempre, la infidelidad, el amor no correspondido, la insatisfacción vital, la religión, el miedo a la muerte–, en los paisajes –Nueva York, los gánsters, los garitos, el jazz–, en la escritura (hay líneas de diálogo conseguidísimas) y en la forma. Una forma que Allen –quizás consciente de que los temas y el discurso es el mismo– cuida cada día más. En ese sentido, la película brilla por una fotografía mimada al detalle, una elegante iluminación y puesta en escena y un vestuario impecable (con guiños sorprendentes como esos contemporáneos calcetines con sandalias que muestra Kristen Stewart).
También como en el resto de su filmografía, desfilan por la pantalla actores tan magníficamente dirigidos que no parece que haya nadie detrás guiándolos. Jesse Eisenberg compone un reconocible alter ego de Allen con un personaje a caballo entre el apasionamiento, la ingenuidad y la torpeza; Kristen Stewart (que está haciendo esfuerzos meritorios para que olvidemos a Bella) consigue dar forma a un personaje mucho más evanescente, y Steve Carell borda su papel de tiburón de los negocios herido por las flechas de Cupido (que en la filmografía de Allen más que flechas parecen misiles).
El problema, como en el resto de la filmografía de Allen desde hace años, es que detrás de esta historia –bien contada, repito– hay poco más que fachada y grandes dosis de nostalgia e insatisfacción. Café Society vuelve a hablar de deseos incumplidos, de un amor que aspira a ser eterno y se queda en la epidermis, de la incapacidad del ser humano para ser fiel y para ser feliz. Pero de todo esto habla sin dramas, con la frivolidad marca de la casa. Y al final, más que aperitivo o postre, Café Society es una espumosa copa de vino blanco. Deleita mientras se gusta… y no deja ningún recuerdo. 
Ana Sánchez de la Nieta

¿Nacidos así? La ciencia no dice eso

Aceprensa
Una revisión de estudios sobre temas LGTB muestra que algunas de las afirmaciones más manidas sobre la homosexualidad y la transexualidad no cuentan con respaldo científico.

Si todo lo que usted sabe sobre el género y la sexualidad proviene de los titulares periodísticos, creerá que estamos ante un debate zanjado. “Genes gais: la ciencia está en el camino correcto. Hemos nacido así”. “La ciencia acaba de demostrar que ser transexual no es algo pasajero”. “La prueba de ADN que revela si eres gay”. “Contrasta la ciencia: ser ‘trans’ no es una elección”. “La identidad transgénero no es un trastorno de salud mental, revela un informe”. “¿Nacidos así? Los científicos podrían haber encontrado una base biológica para la homosexualidad”.

¿De modo que la naturaleza de la homosexualidad y de la transexualidad es un asunto resuelto, que no admite dudas ni discusión? Sí, pero solo en los periódicos, no en el mundo académico.
Un importante estudio realizado por dos eminentes profesores de Estados Unidos y que revisa décadas de investigación constata que muchas de esas afirmaciones sencillamente no tienen respaldo en los artículos científicos. El informe acaba de ser publicado en The New Atlantis, una prestigiosa revista de ciencia, tecnología y ética con sede en Washington DC. Sus autores han realizado la que probablemente sea la mejor síntesis publicada hasta la fecha acerca de la evidencia científica sobre temas LGTB. [Consultar el resumen ejecutivo del estudio].

Modestia de la ciencia

“La orientación sexual y la identidad de género no pueden ser despachadas con teorías simples”, escriben el psiquiatra Paul R. McHugh y el epidemiólogo Lawrence S. Mayer. “Hay una brecha enorme entre la certeza con que algunos hablan sobre estos asuntos y lo que la evaluación rigurosa de la ciencia revela. A la vista de esta complejidad e incertidumbre, debemos ser humildes para reconocer lo que sabemos y lo que no sabemos”.
Los autores del estudio tienen unas credenciales excelentes. Mayer es profesor de estadística y de bioestadística en la Universidad Estatal de Arizona, y ha sido profesor en ocho universidades, incluidas Princeton, la Universidad de Pensilvania y Stanford. McHugh fue jefe de psiquiatría en el Hospital Johns Hopkins entre 1975 y 2001, y miembro del Consejo asesor de bioética del presidente de EE.UU. durante la Administración Bush.
¿Qué han descubierto? Que la visión de la orientación sexual como una propiedad innata y que no se puede cambiar –la idea de que algunas personas “han nacido así”– no está respaldada por la evidencia científica. Los titulares sugieren que la orientación sexual es producto de la genética, las hormonas, la estructura del cerebro… Pero el debate no está zanjado. Hay problemas conceptuales, y no hay consenso sobre si la “orientación sexual” viene definida por la atracción, la conducta o la identidad.
Del mismo modo, la visión de la identidad de género como una propiedad innata, inalterable e independiente del sexo biológico –según la cual puede haber “un hombre atrapado en un cuerpo de mujer” o “una mujer atrapada en un cuerpo de hombre”– tampoco está apoyada por la ciencia. De nuevo, surgen problemas conceptuales. Los estudios de género afirman que el género no hace referencia a lo que una persona es, sino a lo que hace. De ahí que Facebook ofrezca 56 opciones diferentes de género. Pero en seguida se cae en la incoherencia, pues los géneros se multiplican como copos de nieve, cada uno diferente, cada uno inexplicable.

La obstinación de los adultos, mala para los niños

Los autores escriben: “Ningún esfuerzo por ayudar a un niño a que empiece a considerarse o a que le consideren una niña le convierte biológicamente en una chica. La definición científica del sexo biológico es, para casi todos los seres humanos, clara, binaria y estable, lo que revela una realidad biológica que no es contradicha por las excepciones a la conducta sexual típica, ni puede ser alterada por la cirugía ni por condicionamientos sociales”.
Cada vez es más frecuente que cuando un niño expresa pensamientos o comportamientos atípicos en relación al género, se le anime a recurrir a bloqueadores hormonales, tratamientos transitorios con hormonas y, al final, la cirugía. Esto es “injusto”, escribe el doctor Mayer, en uno de los pocos momentos del estudio en que se permite moralizar. “Identificar de por vida como transgénero a un niño de dos años que haya podido expresar pensamientos o conductas que le asocien al sexo contrario carece por completo de respaldo científico”.
En el DSM-5, el libro de referencia de los psiquiatras, se dice a propósito de los que manifiestan disforia de género que “en los nacidos varón, la persistencia [de ese malestar con el propio sexo biológico] ha oscilado entre el 2% y el 30%. En las nacidas mujer, la persistencia ha oscilado entre el 12% y el 50%”. En otras palabras, algunos estudios revelan que al menos el 88% de las chicas y el 98% de los chicos se recuperaron de su disforia de género.
Así las cosas, parece imprudente animar a los niños a cambiar de sexo. Los beneficios mentales y físicos de este tratamiento son, en el mejor de los casos, modestos; en el peor, letales. Un estudio publicado en Suecia en 2011 reveló que las personas que habían cambiado de sexo tenían un riesgo 4,9 veces mayor de intentar suicidarse y 19,1 veces mayor de cometer suicidio que el grupo de control. Los investigadores concluyeron que “la mortalidad por suicidio era llamativamente alta entre las personas con sexo reasignado”.
En una de las conclusiones más interesantes del estudio, Mayer y McHugh señalan que los no heterosexuales y los transexuales tienen tasas de problemas de salud mental (ansiedad, depresión, pensamientos suicidas…) y problemas sociales (consumo de drogas, violencia en la pareja…) mucho mayores que la población general. A esto se puede contestar diciendo que estas tristes estadísticas se deben al estigma y la discriminación. Y aunque puede haber algo de verdad en ello, este argumento difícilmente puede justificar toda la disparidad. (…)

Un debate abierto

Mayer y McHugh revisaron los estudios relativos a la salud mental de los gais y las lesbianas en aquellos estados norteamericanos donde el matrimonio entre personas del mismo sexo está legalizado y en aquellos donde está prohibido. Los datos no son concluyentes. Por ejemplo, un estudio reveló que “el trastorno de ansiedad generalizada” parecía aumentar en aquellos estados donde el matrimonio gay no estaba reconocido; pero, paradójicamente, el consumo de drogas aumentó en los que sí lo estaba. (…)
Mayer y McHugh no entran en las controversias legales y políticas que hoy rodean a los temas LGTB. Pero sí insisten en que el debate debe estar presidido por la ciencia objetiva, no por la ideología. Y piden que se investigue con más profundidad sobre cerca de 20 asuntos importantes relacionados con la orientación sexual y la identidad de género. Vale la pena hacerles caso: hay demasiadas vidas en juego.

Michael Cook es director de MercatorNet, donde se publicó originalmente este artículo.

domingo, 21 de agosto de 2016

Mensaje de la periodista italiana Letizia Leviti, a sus compañeros, antes de morir

Religión en Libertad, 21 de agosto de 2016

El 26 de julio falleció, a los 46 años de edad, la periodista italiana Letizia Leviti, tras dos años de lucha contra una larga enfermedad que en los últimos tramos la mantuvo alejada de la redacción  de Sky TG 24. Allí trabajaba desde 2003 y había cubierto para el canal informativo, entre otros acontecimientos, las guerras de Afganistán, Irak y Líbano.

Se había licenciado en Filosofía y en Filología en la Universidad de Pisa. Casada y con tres hijos, en 2009 dio un pequeño salto a la política al presentarse a la alcaldía de Bagnone, en la Toscana (pueblo natal de su familia paterna), por Il Popolo della Libertà, el partido de Silvio Berlusconi, aunque no salió elegida.



Pocas fechas antes de morir grabó un mensaje de despedida (sólo audio) para sus compañeros de Sky TG 24 que obtuvo una gran difusión e impactó notablemente en la opinión pública italiana. Incluso el presidente de la República, Sergio Mattarella, hizo referencia a él al recordar a la periodista fallecida en uno de los homenajes que se le han tributado.

Lo reproducimos a continuación en español, seguido del vídeo con su propia voz en italiano para quien quiera seguirlo así.

En su mensaje agradece a Dios todos los bienes recibidos, exhorta a sus compañeros a no descuidar nunca a la familia por el trabajo, y recuerda que las cosas mejores que se hacen en la vida son las que se hacen por amor, incluyendo el amor a los enemigos.

Mensaje íntegro de Letizia Leviti a sus compañeros
¿Estamos en onda? ¿Me escucháis?

¡Vaya! No habría querido que fuese así, pensaba hacerlo [despedirme] como tantas otras veces, y sin embargo la vida no la decidimos nosotros. Quería saludaros con este mensaje y agradeceros y dejaros así un poco de mí misma. Saludaros porque las cosas son así, ya no volveré ahí, hace tiempo que no voy y os he echado mucho de menos, he echado mucho de menos el trabajo.

El trabajo ha sido para mí una fuente de vida. El trabajo es la verdad, nuestro trabajo es la verdad, debe ser la verdad. Tenemos una obligación hacia los telespectadores. No tenemos que contentarles, tenemos que decirles la verdad. Ellos creen en lo que decimos. Y nosotros debemos ser honestos intelectualmente siempre. Esto es lo que pienso, esto es lo que siempre he pensado, y espero y creo que todos vosotros penséis lo mismo.

En fin, digamos que no estoy contenta de terminar así, pero doy gracias a Dios porque en la vida lo he tenido verdaderamente todo, todo aquello que podía desear. Quizá incluso más. No, sin “quizá”: más.

Y quería deciros otra cosa importante, muy importante. Una conclusión a la que quizá ya habéis llegado... pero nunca se sabe. Es muy importante reconocer en la propia vida las cosas más importantes de la propia vida. Nunca descuidéis a vuestras familias, ni siquiera por el trabajo. El trabajo no debe dominarnos, nada debe dominarnos, ni siquiera la enfermedad debe dominarnos.

Hay que ser libres, libres para amar y saber amar. Amar profundamente. Amar el propio trabajo. Amar a la familia. Amar a tus amigos. Amar a tus enemigos. Enfadarse, sí… pero amar. La fuerza de la vida, el sentido de la vida, es sólo el amor. El amor es lo que nos impulsa a hacer las mejores cosas a lo largo de toda nuestra vida.

Y cuando sucede algo como lo que me ha sucedido a mí, es hermoso sentirse colmado, sentirse sereno, sentirse en paz con el mundo, sentir que has hecho lo que querías hacer, con sinceridad, incluso pagando un precio. Un precio que no es demasiado  ante el hecho de que la vida fue auténtica, fue vivida, y se está acabando.

Muchas veces me he encontrado pensando “esto está acabando”, pero también me he encontrado pensando “¡qué bella es esta vida!”. Hasta el final lo he pensado. Y he rezado para que estuvieseis aquí, con mis hijos, con mi marido, con mi madre, con mi mundo. Pero no me he enfadado…

Todos tenemos un destino, un camino, y se ve que mi círculo debía cerrarse así. Sin embargo, recordad estas palabras, son importantes. Porque si al término de la vida una persona se da cuenta de que se ha equivocado, que no ha hecho lo que había querido deseado y querido hacer, se da cuenta de no haber amado... creo que una enfermedad y luego el resultado de esa enfermedad se afronta con mucha angustia. Yo sólo he sentido angustia por dejar a mis hijos, a mi marido, a mi madre, a mi familia. Sólo por ellos, no por mí. Lo he tenido todo. Y doy gracias a Dios por todo lo que me ha dado.

No sé si este mensaje puede serviros. Pero pensad en ello, porque es muy importante. Y hay que pensar en ello cuando aún se tiene tiempo para pensar.


Un momento del funeral de Letizia Leviti.

Os abrazo para decir de vosotros, de nosotros, que somos grandes, que somos fantásticos, que hemos hecho crecer este canal. Creo en vosotros, siempre he creído mucho, muchísimo. Querría daros las gracias a todos por la cercanía y afecto de este periodo. Y también por la cercanía y el afecto anteriores.  Y también por la cercanía y el afecto de después. Porque no tengo mucha gana de irme. Así que creo que saldré en alguna página de algún periódico, en alguna noticia. Alguna cosa rara se dirá. Así que, venga, os dejo. Un abrazo grande a todos.

sábado, 20 de agosto de 2016

Star Trek: Más allá


Star Trek: Beyond
Contenidos: ---
Dirección: Justin Lin. País:USAAño: 2016. Duración: 122 min. Género:Acciónciencia-ficción. Reparto: Chris Pine, Zachary Quinto, Zoe Saldana, Simon Pegg, Karl Urban, Anton Yelchin, Sofia Boutella. Guion: Doug Jung y Simon Pegg; basado en los personajes creados por Gene Roddenberry. Estreno en España: 19 Agosto 2016.
Reseña:
En Star Trek: Más allá la tripulación del Enterprise se dispondrá a explorar los últimos confines del espacio, donde nadie más ha llegado. Una vez allí se enfrentarán a un nuevo y misterioso enemigo que los pondrá a prueba, tanto a ellos como a la Federación y lo que ella representa.
Sustituye a  J.J. Abrams,  Justin Lin, responsable de la mayoría de entregas de Fast & Furious. Como se esperaba, se ha llevado el film a su terreno, así que aquí prima la acción a mansalva, muchas veces inverosímil, pero todo se acepta de buen grado en un relato de ciencia ficción en el que parece que vale cualquier cosa.
En general se trata de un espectáculo lo suficientemente vistoso, con acertados homenajes a la serie e intérpretes originales, sobre todo al desaparecido Leonard Nimoy, que sacarán una lagrimilla a los fans de siempre, una elaborada partitura de Michael Giacchino, y un mensaje pacifista lleno de ‘buenismo’ pero positivo. Las interpretaciones son buenas.

"El amo del mundo"

Sinopsis de "EL AMO DEL MUNDO"

Es una novela sobre el Apocalipsis, una narración sobre un tiempo futuro, que en muchos aspectos ya es el presente de nuestra sociedad.

Nos presenta un mundo globalizado y tecnológico que ha negado a Dios, y una religión que se ha difuminado en un humanitarismo sin alma. Una sociedad relativista y materialista en la que no cabe la Iglesia...

Es una novela sobre el Apocalipsis, una narración sobre un tiempo futuro, que en muchos aspectos ya es el presente de nuestra sociedad.

Cuando ya está todo preparado, un gran líder político, de apariencia humanista y solidaria, logra unificar casi todo el planeta hablando de paz... pero ocultando detrás un gran mal.

Un libro de lectura, obligatorio para todo lector preocupado por la deriva de nuestra sociedad. Definida por el Papa Francisco -que ha recomendado frecuentemente su lectura- como una novela que ejemplifica "el espíritu de la mundanidad que nos lleva a la apostasía".

Ya desde el momento de su publicación, en 1907, "El señor del mundo", también conocida como"El amo del mundo", fue objeto de encontradas críticas.

La sociedad infantilizada


Por Julio Llamazares, El País 17 de enero de 2010
Cada vez que nieva en España, algo que no es habitual (en comparación, me refiero, con otros países de Europa), las televisiones se llenan de personas indignadas que responsabilizan a las autoridades de sus problemas tanto si eran evitables como si no; incluso -en el primero de los supuestos- cuando el culpable de esos problemas es el propio reclamante por no haber atendido las advertencias de precaución de aquéllas o por no cumplir con su obligación (llevar cadenas en el coche, por ejemplo).
La escena se repite en muchas otras ocasiones, ya sea a causa de una inundación, un vendaval, una pedrisco o cualquier otro fenómeno meteorológico. Tanto si se tomaron como si no todas las medidas de precaución y de ayuda por parte de las autoridades competentes en el tema, nuestras pantallas se llenarán igualmente de gente vociferante que, aparte de pedir la dimisión de todas aquéllas, desde el Gobierno hasta el alcalde de su pueblo, exige que el Estado, o sea, todos los demás, le resarza de los perjuicios sufridos; da igual que no hayan previsto suscribir un seguro de cobertura, en caso de ser posible.
E igual pasa cuando un barco es secuestrado en alta mar, un autobús o un tren se accidentan, un grupo de pasajeros pierde sus vuelos o sus maletas, un militar fallece en el cumplimiento de su misión o la sequía agosta los campos en algún sitio.
La culpa será siempre del Estado independientemente de que éste haya puesto todos los medios para evitar esos accidentes o para paliar sus daños o de que éstos sean atribuibles a la propia negligencia de quienes los han sufrido (por faenar en aguas desaconsejadas por su peligrosidad o construir sus casas ilegalmente en el cauce de un torrente, por ejemplo).
Hasta cuando la avaricia lleva a algunos a invertir en sociedades de alto riesgo que luego quiebran o les estafan la responsabilidad será del Estado, o sea, de los demás, por no haberles advertido, se supone. Ellos nunca serán los responsables de sus actos, pues para eso vivimos en una sociedad sin culpa.
Conviene analizar esta actitud puesto que no parece muy coherente. En primer lugar, porque nunca había sido así, o no de forma tan acusada (antes, la gente, cuando nevaba, soportaba los problemas de la nieve con resignación o rabia, pero sin culpar al Estado de ellos, entre otras cosas porque el Estado estaba muy lejos); y, en segundo lugar, porque, por esa misma razón, la gente estaba habituada a sacarse las castañas del fuego por ella misma, sabedora de que nadie le iba a ayudar.
Pero las cosas han cambiado a medida que el Estado ha ido creciendo y sustituyendo a la sociedad civil. En aras del bienestar, ese nuevo vellocino de oro que los gobiernos, sean de la ideología que sean, nos venden como un tesoro, el Estado ha ampliado sus competencias mientras que, paralelamente, la sociedad ha ido delegando en él hasta desaparecer prácticamente como entidad.
Que hasta el Defensor del Pueblo, la figura encargada presuntamente de protegernos de los abusos o los excesos de nuestros gobernantes, sea nombrada por estos mismos indica hasta qué punto el Estado se ha ido adueñando de todo al tiempo que reducía nuestra capacidad de participación en la vida pública. Todo está en manos de aquél y, por tanto, de él dependemos tanto para lo bueno como para lo menos bueno.
El problema de esta situación es que, al tiempo que el Estado se ha convertido en un padre que nos lo soluciona todo, o al menos eso pretende, al estilo de las familias tradicionales y protectoras, los ciudadanos hemos devenido en niños; niños inermes e irresponsables incapaces de hacer nada por nuestra cuenta, puesto que nos falta el hábito. Pero, en nuestra infantilización también nos hemos vuelto quejicas, seres despóticos y exigentes que, como los infantes de verdad, pensamos que todo nos debe ser resuelto por ese padre que es el Estado, incluido aquello que no tiene solución. Es lo que tiene saberse hiperprotegido: que, mientras más cuidados recibe uno, más exige al que se los proporciona.
El Estado del bienestar, ese gran mito de nuestro tiempo, no puede, sin embargo, concebirse como una situación de irrealidad. El esfuerzo que ha supuesto conseguirlo, obra de muchas generaciones, no implica que sea infinito (al contrario, cualquier tormenta puede arrasarlo, como demuestran las crisis económicas) ni, mucho menos, que de él dependa la solución de todos nuestros problemas. Ningún Estado puede resolverlo todo, como ningún padre puede conseguirlo todo, y, aunque pudiera, ello implicaría el reconocimiento por parte nuestra de nuestra minoría de edad; lo cual choca frontalmente con el deseo de libertad y de independencia que manifestamos todos y con la resistencia a pagar con nuestros impuestos los gastos que el mantenimiento de nuestro bienestar comporta. Una actitud tan incoherente como la del niño que lo quiere todo.
En todo caso, y volviendo al origen de esta diatriba, lo que la gente tiene que comprender es algo tan evidente como que, cuando nieva, no se pueden hacer las mismas cosas que cuando el cielo está despejado y el suelo limpio.
Julio Llamazares es escritor.
* Este articulo apareció en El País,  en la edición impresa del Domingo, 17 de enero de 2010

viernes, 19 de agosto de 2016

Padrenuestro, en las tierras del pijoprogresismo. Por Pilar Rahola


PADRENUESTRO
A diferencia de algunos, que alzan su fe católica sólo para censurar la libertad de expresión, y después continúan viviendo felizmente su doble moral, yo no estoy ni a favor de la censura ni me siento vinculada a los dogmas católicos. Mi racionalismo militante me impide creer en Dios, pero mi ética no me impide respetar a los creyentes. Y ello tanto sirve para el catolicismo como para cualquier religión, porque lo censurable no son las creencias de la buena gente en sus dioses, sino el mal uso que alguna mala gente hace de esos dioses. Desde esa perspectiva, nunca he entendido que, para triunfar un cuarto de hora en un informativo, haga falta herir a los creyentes. Perdón, herir a los católicos –o a los judíos–, que es el deporte practicado en las tierras del pijoprogresismo, porque al islam no hay quien le silbe.
Y es así como los premios Ciutat de Barcelona se han convertido en un escaparate del desprecio a la fe católica, en lugar de ser lo que son: un acto bello para premiar a gente notable. Felicidades a todos. Pero como este Ayuntamiento no sería él si no nos diera alguna insólita alegría, decidieron amenizar la fiesta con un poema blasfemo de Dolors Miquel, poeta de quien, por cierto, me gustó mucho la Flor invisible: “Vaig travessar el pa­radís en un somni / i em van donar una flor”... Sólo que esta vez no hablaba de paraísos, sino que hacía un padrenuestro con frases del estilo “Sea santificado vuestro...” y en los suspensivos pongan la palabra que de­fine, en versión burda, el sexo fe­menino... O... “hágase vuestra voluntad en nuestro útero”..., y etcétera... Y todos felices, porque cuando se trata de los católicos se comen perdices.
¿Es necesario? Es decir, ¿para hacerse el progre yupiyaya es necesario ser tan desagradable, hiriente y antiguo? Y digo lo de antiguo porque el insulto a los católicos ya se inventó en el otro siglo y ahora queda de un demodé que ni les explico. Pero más allá de lo viejos que son los nuevos, me resulta incomprensible que sea ese poema el que se escoja para celebrar una fiesta que es de todos, de los anticlericales y de los creyentes. Y quede claro que respeto la libertad de la poeta de hacer el poema, porque el arte es libre incluso cuando nos repugna. Pero ¿debe ser la guinda de unos premios ciudadanos? Repito, ¿es necesario usar la oración central de los católicos, tantas veces bálsamo del dolor, para reírse de ellos? Sin ir más lejos, Isona Passola me comentaba que el momento más bello de la despedida a su marido, Jordi Teixidor, fue cuando su madre, con 90 años, le rezó el padrenuestro. No, no creo que sea necesario, es doloroso para miles y es zafio para la mayoría. Y, por encima de todo, es estúpido porque el desprecio a los católicos ya no es un arma revolucionaria, sólo es el retrato preciso de la estupidez. El problema viene cuando esa estupidez se paga con dinero público.

jueves, 18 de agosto de 2016

Denuncia la falsedad del feminismo y el nuevo paradigma pornográfico.

Thérèse Hargot, sexóloga: «Mi cuerpo me pertenece» se ha transformado en «mi cuerpo está disponible»

Thérèse Hargot, sexóloga: «Mi cuerpo me pertenece» se ha transformado en «mi cuerpo está disponible»
Thérèse Hargot defiende los métodos naturales frente a los anticonceptivos porque, a diferencia de éstos, implican de igual forma a hombre y mujer.



18 agosto 2016
Thérèse Hargot es diplomada en Filosofía y Sociedad por la Sorbona de París, máster en Ciencias de la Familia y de la Sexualidad y sexóloga, y acaba de publicar Une jeunesse sexuellement libérée (ou presque) [Una juventud sexualmente liberada (o casi)], un ensayo sobre la realidad de la sexualidad en el mundo moderno frente a las ideas preconcebidas por la ideología feminista dominante.



Eugénie Bastié ha entrevistado a Thérèse para Le Figaro, donde denuncia que, aunque creemos haber sido liberados por la revolución sexual, entre el culto a la prestación impuesta por la industria pornográfica y la ansiedad difundida por una moral higienista, nunca hasta ahora la sexualidad ha estado tan reglamentada.

-En su libro Une jeunesse sexuellement libérée [Una juventud sexualmente liberada], usted se interroga sobre el impacto de la liberación sexual en nuestra relación con el sexo. ¿Qué ha cambiado fundamentalmente?
-Fundamentalmente, nada. Si la norma ha cambiado, nuestra relación con la norma es la misma: permanecemos en una relación de deber. Hemos pasado simplemente del deber de procrear al de alcanzar el orgasmo. Del «no hay que tener relaciones sexuales antes del matrimonio» al «hay que tener relaciones sexuales lo antes posible». Antes, la norma la daba una institución, principalmente religiosa; hoy la da la industria pornográfica. La pornografía es el nuevo vector normativo en materia de vida sexual.

»Por último, mientras antes las normas eran externas y explícitas, hoy se han interiorizado y son implícitas. Ya no tenemos necesidad de una institución que nos diga lo que tenemos que hacer, pues lo hemos integrado muy bien nosotros mismos. Ya no nos dicen explícitamente cuándo tenemos que tener un hijo, pero todas hemos integrado muy bien el «momento justo» para ser madres: sobre todo que no sea muy pronto y cuando las condiciones económicas sean buenas. Es casi peor: como nos creemos liberados, no tenemos conciencia de estar sometidos a normas.


La obra de Thérèse Hargot ha suscitado desde su aparición en febrero un importante interés mediático.


-¿Cuáles son los nuevos criterios de esta normativa sexual?
-La novedad son las nociones de prestación y de éxito introducidas en el centro de la sexualidad, tanto en relación con el goce como con la maternidad: hay que ser una buena madre, tener éxito con el propio bebé, con la pareja. Y quien dice prestación, eficacia, dice también angustia por no conseguirlas. Esta angustia crea disfunciones sexuales (pérdida de erección, etc.). Tenemos una relación muy angustiosa con la sexualidad, porque se nos ordena tener éxito en este campo.

-¿Esto afecta tanto a los hombres como a las mujeres?
-A ambos, pero de manera distinta. Permanecemos en los estereotipos: el hombre debe rendir bien para tener éxito sexual; la prestación de la mujer está en relación con los cánones estéticos.

-La norma parece pasar también a través de un discurso higienista, que ha reemplazado la moral de antaño…
-El SIDA, las ETS [Enfermedades de Transmisión Sexual], los embarazos no deseados: nosotros, hijos de la revolución sexual, hemos crecido con la idea de que la sexualidad es un peligro. Nos dicen que somos libres y, al mismo tiempo, que estamos en peligro. Hablamos de safe sex [sexo seguro], de sexo limpio, hemos reemplazado la moral por la higiene. Cultura del riesgo e ilusión de libertad, este es el cocktail liberal que, desgraciadamente, reina también en la libertad. Este discurso higienista es muy ansiogénico e ineficaz: numerosas ETS se transmiten cada día.

-Usted es sexóloga en colegios. ¿Qué es lo que más la asombra de los adolescentes con los que usted trata?
-Lo más destacado es el impacto de la pornografía en su manera de concebir la sexualidad. Con el desarrollo de las tecnologías y de internet, la pornografía se ha convertido en algo excesivamente accesible e individualizado. Desde una edad muy joven condiciona su curiosidad sexual: hay niñas que con 13 años me preguntan qué pienso de los tríos. Pero, más allá de las páginas web pornográficas, podemos hablar de una «cultura porno» presente en los videoclips, en los reality shows, en la música, en la publicidad, etc.

-¿Qué impacto tiene la pornografía sobre los niños?
-¿Cómo recibe un niño estas imágenes? ¿Es capaz de distinguir entre realidad y las imágenes? La pornografia toma como rehén el imaginario del niño sin dejarle tiempo para que desarrolle sus propias imágenes, sus propios fantasmas. Crea en él una gran culpabilidad porque estas imágenes le excitan sexualmente, pero también una dependencia, puesto que el imaginario no ha tenido tiempo de formarse.


Thérèse, durante una de sus clases de orientación en la escuela.

-«Ser libre sexualmente en el siglo XXI significa tener el derecho de hacer felaciones con 12 años». La revolución sexual, ¿se ha vuelto contra la mujer?
-Desde luego. La promesa «mi cuerpo me pertenece» se ha transformado en «mi cuerpo está disponible»: disponible para la pulsión sexual masculina, que no tiene ninguna restricción. La anticoncepción, el aborto, el «dominio» de la procreación pesan sólo sobre la mujer. La liberación sexual ha modificado sólo el cuerpo de la mujer, no el del hombre. Se dice que para liberarlo. El feminismo igualitario, que acosa a los machistas, quiere imponer un respeto descarnado de las mujeres en el espacio público. Pero es en la intimidad, y sobre todo en la intimidad sexual, donde se repiten las relaciones de violencia.En la esfera pública mostramos respeto a las mujeres; en la privada, vemos películas porno en las que las mujeres son tratadas como objetos. Al instaurar la guerra de los sexos, en la que las mujeres compiten directamente con los hombres, el feminismo ha desestabilizado a los hombres, que vuelven a la dominación en la intimidad sexual. El éxito de la pornografia, que representa a menudo actos de violencia contra las mujeres, del porno vengativo y de Cincuenta sombras de Grey, novela sadomasoquista, son una buena demostración de esto.

-Usted critica una «moral del consentimiento» que hace de todo acto sexual un acto libre siempre que sea «deseado»…
-A veces, con nuestros ojos adultos tenemos tendencia a mirar de manera conmovedora la liberación sexual de los más jóvenes, maravillados por su ausencia de tabúes. En realidad ellos sufren presiones enormes, no son libres en absoluto. En principio, la moral del consentimiento es algo muy justo: se trata de decir que somos libres porque estamos de acuerdo. Pero hemos extendido este principio a los niños, exigiéndoles que se comporten como adultos, capaces de decir sí o no. Ahora bien, los niños no son capaces de decir que no. Nuestra sociedad tiene tendencia a olvidar la noción de mayoría de edad sexual.  Ésta es muy importante. Estimamos que por debajo de una cierta edad hay una inmadurez afectiva que no nos hace capaz de decir «no». No hay consentimiento. Es realmente necesario proteger a la infancia.



-Yendo contracorriente, usted recomienda la anticoncepción natural y critica la píldora. ¿Por qué?
-Critico menos la píldora de lo que critico el discurso feminista y médico que rodea la anticoncepción. Hemos hecho de ella un emblema del feminismo, un emblema de la causa de las mujeres. Pero cuando vemos sus efectos en su salud, en su sexualidad, ¡es para dudar de ello! Son ellas las que modifican su cuerpo, no los hombres. Es totalmente desigual. Los métodos naturales me interesan desde esta perspectiva, pues son los únicos que implican de manera igualitaria al hombre y a la mujer. Se basan sobre el conocimiento que las mujeres tiene de su cuerpo, sobre la confianza que el hombre debe tener en la mujer, sobre el respeto del ritmo y de la realidad femeninas. ¡Creo que esto es mucho más femenino, realmente, que distribuir un medicamento a mujeres con salud perfecta! Haciendo de la anticoncepción una cuestión que atañe sólo a la mujer, hemos quitado responsabilidad al hombre.

-Usted habla sobre la cuestión de la homosexualidad, que atormenta a los adolescentes….
-«Ser homosexual» es, ante todo, un combate político. En nombre de la defensa de los derechos hemos reunido bajo una misma bandera arco iris realidades distintas que no tienen nada que ver entre ellas. Cada persona que dice «ser homosexual» tiene una experiencia de vida diferente, inscrita en una historia distinta. Es una cuestión de deseos, de fantasmas, pero para nada una «identidad» de pleno derecho. No hay que plantear la cuestión en término de ser, sino de tener. Esta cuestión obsesiona a los adolescentes, que se sienten obligados a elegir su sexualidad. La visualización del coming out [salir del armario] plantea muchos interrogantes a los adolescentes, que se preguntan «¿cómo sabe si es homosexual, cómo sé si yo lo soy?» La homosexualidad da miedo, porque los jóvenes se dicen «si lo soy, jamás podré volver atrás». Definir a las personas como «homosexuales» es crear homofobia. La sexualidad no es una identidad. Mi vida sexual no determina lo que yo soy.

-En su opinión, ¿que hay que hacer para ayudar a los jóvenes a realizarse sexualmente? La sexualidad, ¿es un fin en sí misma? ¿Son realmente indispensables los cursos de educación sexual?
-No hay que enseñar a los adolescentes a realizarse sexualmente. Hay que enseñar a los jóvenes a convertirse en hombres y mujeres, hay que ayudarles a desarrollar su personalidad. La sexualidad es secundaria respecto a la personalidad. Antes de hablar de preservativos, de anticoncepción y de aborto a los niños hay que ayudarles a formarse, a desarrollar una estima de sí mismos. Hay que crear hombres y mujeres que puedan ser capaces de estar en relación los unos con las otras. No son necesarios cursos de educación sexual, ¡sino de filosofía!

Traducción de Helena Faccia Serrano

sábado, 13 de agosto de 2016

¿Inculcar una moral es lavar el cerebro? En pocas palabras

   

   ¿Usted prefiere una persona mentirosa a una persona veraz, una persona traicionera a una leal, un perezoso a un laborioso, una persona tacaña a una persona generosa, una persona injusta a una justa, una persona que le desprecia a una que le valora...? Pienso que no hay en el mundo nadie que tenga problemas para resolver  la disyuntiva. Pues me está definiendo los valores personales y morales...

       —Muchos piensan que inculcar a una persona unos principios morales preestablecidos es un modo de lavarle el cerebro. Dicen que lo mejor es que cada uno vaya sacando de su experiencia personal sus propios criterios morales.

        Entiendo que lavar el cerebro a una persona consiste en disminuir su capacidad de juzgar razonadamente. Pero educar a las personas para desarrollar el hábito de ser veraces, o generosas, o justas, o respetuosas con los demás, no puede decirse que atente contra su capacidad de tomar decisiones razonables. Es justamente al revés. Los buenos hábitos morales refuerzan la capacidad de juzgar razonablemente.

        Por el contrario, cuando faltan los hábitos morales resulta más fácil que se extravíe la razón. Fue Lenin quien dijo aquello de que "si queremos dominar a un pueblo, antes corromperemos su moralidad".

miércoles, 10 de agosto de 2016

Los desequilibrados “voluntarios” del EI

En Occidente, los ataques terroristas cometidos en nombre del Estado Islámico (EI) por residentes y aun nativos de los mismos países, han llevado a preguntarse cómo se “radicalizan” esos individuos. Más aún cuando, en no pocos casos, no tienen relación directa con la organización y actúan por cuenta propia incitados por la propaganda yihadista. El fenómeno dista aún de ser bien comprendido, pero hay datos para afirmar que la llamada a derramar sangre encuentra eco más fácil en gente con problemas de adaptación o de identidad.
Algunos fueron delincuentes antes que terroristas, como el asesino de dos policías el pasado 13 de junio en Magnanville (Francia), o el de otras cinco personas los dos días siguientes al atentado contra Charlie Hebdo.Otros padecían trastornos psíquicos. El alemán de origen iraní que mató a tiros a nueve personas en Múnich y luego se suicidó (22 de julio) había estado en tratamiento psiquiátrico. Como el hombre-bomba de Ansbach, que causó quince heridos y su propia muerte (24 de julio): este sirio había llegado a Alemania tras haber solicitado asilo en Bulgaria, por lo que iba a ser deportado a este país; pero sus dos tentativas de suicidio motivaron que se suspendiera el procedimiento de expulsión.
También uno de los dos jóvenes que el 26 de julio mataron a un sacerdote e hirieron a otra persona en la parroquia de Saint-Étienne-du-Rouvray (Francia) había tenido tratamiento psiquiátrico desde los 12 años, a veces con ingreso en el hospital. Apartado por temporadas de la escuela por conducta violenta, a los 16 años confesaba que no lograba adaptarse. Convencido por un islamista unos años mayor, a los 17 quiso marchar a Siria por dos veces. Quería “combatir” y “morir allí cuanto antes”, según su compañero en el segundo intento, que entonces tenía 15 años.

Problemas de identidad sexual

En otros casos hay problemas de identidad sexual, comoseñala Le Monde en un análisis de varios yihadistas. El autor de la matanza en una sala de fiestas gay en Orlando(Florida), el 12 de junio, justo antes proclamó su adhesión al EI, que en efecto reivindicó luego aquel ataque contra “sodomitas”. Sin embargo, el asesino era él mismo homosexual, según se supo más tarde por testimonios de personas que lo conocían. Pero eso era un aspecto que él ocultaba, mientras que ante otros –su padre, su exesposa...– había dado muestras de desprecio a los gais.
Era también homosexual el terrorista de Niza (14 de julio), y muy promiscuo, según dijo el procurador de París. Y lo era uno de los dos hermanos que atentaron el año pasado contra Charlie Hebdo; los servicios de inteligencia lo habían descubierto años antes, cuando lo tenían sometido a vigilancia.
No son casos excepcionales. “Varios islamistas, de comprobada adhesión a la doctrina –dice Le Monde–, tienen inclinaciones homosexuales más o menos asumidas”. El diario cita a una psicóloga que se encarga de examinar a sospechosos de yihadismo: según ella, alrededor de un tercio “presentan dificultades con su identidad sexual, a menudo a causa de experiencias traumáticas en la infancia”. El diario menciona algunos de ellos, interrogados o detenidos por haber ido a Siria o haberlo planeado. Dos, por ejemplo, frecuentaban en Internet la propaganda del EI –con imágenes de cruda violencia, aun de decapitaciones– y también los sitios de pornografía, gay o de otro tipo.
¿Cómo es posible que haya simpatizantes del EI con comportamientos tan contrarios a las tesis del “califato”, que tacha la homosexualidad de “abominación”? Según Fethi Benslama, autor de un libro sobre el radicalismo islámico, Un furieux désir de sacrifice. Le surmusulman, “muchos yihadistas son transgresores que quieren borrar sus pecados”. Así lo dice al menos uno de los radicales gais mencionados por Le Monde, que marchó a Siria para “redimirme de mi conducta homosexual contraria al islam”. La psicóloga, por su parte, anota, sobre el atractivo de alistarse en la milicia del EI, que “algunos homosexuales vergonzantes pueden buscar el contacto con otros hombres en el marco de una camaradería viril, para sublimar deseos disimulados”.

Vulnerables a la propaganda

Es difícil dar interpretaciones seguras del proceder de esas personas, y más aún extraer de ellas reglas generales. Además, nada de eso anula las motivaciones políticas, como tampoco el atractivo de unos ideales para jóvenes sofocados en un ambiente materialista. Pero resortes semejantes pueden operar también en otros casos. Quizá el que era delincuente busque expiar sus crímenes combatiendo a “infieles”. El desequilibrado psíquico tal vez quiera, con un acto de terrorismo suicida, poner fin a todo de una manera “heroica”, o manifestar su odio a una sociedad por la que se siente rechazado. En fin, no pocos “voluntarios” del EI en Occidente parecen individuos descolocados que en la yihad encuentran una misión o un sentido.
En todo caso, dice Le Monde, el fenómeno muestra cómo la “gran causa” islamista puede servir de cauce para “pequeñas causas” particulares, sobre todo entre personas inadaptadas o con algún desequilibrio, que se muestran especialmente vulnerables a la propaganda. En este contexto, es significativo que entre estos terroristas recientes haya cundido la práctica empleada en Oriente Próximo por el EI y antes por Hamás: dejar constancia, a menudo en vídeo, de sus intenciones. ¿No se da acaso un efecto de imitación, que incita a pasar al acto a otros cautivados por las ideas yihadistas?
Por eso, varios medios franceses –Le Monde, BFM-TV, Europe 1 y France Médias Monde– han decidido no volver a publicar imágenes de los terroristas. Europe 1 no dará ni siquiera sus nombres. El motivo, dice Le Monde, es el riesgo de glorificar a los yihadistas o de contribuir al terror que quieren causar. No hay unanimidad al respecto: la mayoría de los medios no adoptarán esta práctica, que consideran inútil y una manera de dejarse condicionar por el terrorismo.
Por otro lado, todo esto se refiere a los yihadistas de países occidentales. Habría que ver hasta qué punto se aplica a los que actúan en Iraq o Afganistán, que son mucho más numerosos y mortíferos.

sábado, 6 de agosto de 2016

"COMO CIENTÍFICO PUEDO AFIRMAR QUE LA HOMOSEXUALIDAD SE HACE"

Jueves, 30 Junio, 2016 - 12:00, Katheon
El doctor Jokin de Irala, médico e investigador de la Universidad de Navarra, explica que la exclusión de esta conducta del manual de enfermedades de la APA se realizó por simple votación. Cuestiona el hecho de que cualquier crítico al fenómeno es considerado homófobo.
El doctor de Irala, máster en salud pública y especializado en afectividad y sexualidad humana, señala en esta entrevista la necesidad de pasar al plano científico el debate sobre la homosexualidad. Afirma que ella es un desarrollo inadecuado de la identidad sexual y asegura que es posible el cambio de conducta de los que sienten atracción hacia las personas del mismo sexo.
-¿Existe evidencia científica de que se nace homosexual?
-Como científico diría que la homosexualidad se hace, no se nace, rotundamente. Hay que afirmar que efectivamente no existe ninguna evidencia científica que avale la teoría genética de la homosexualidad o que ella pueda ser innata. Especialistas en homosexualidad que trabajan en asociaciones científicas como la NARTH en EEUU (Asociación nacional de investigación y terapia de la homosexualidad) afirman que se trata de un desarrollo inadecuado de la identidad sexual. Por ello, deberíamos por lo menos aceptar que el debate científico sobre este tema pueda seguir existiendo.
-¿De dónde nace la corriente de pensamiento que afirma que es una opción sexual normal?
-Esto de que uno nace homosexual tiene su origen en los años 70, cuando los activistas de la homosexualidad en EEUU hicieron mucho lobby para que la APA, que es la Asociación Americana de Psiquiatras, quitara este tema del manual de clasificación de enfermedades. Entonces, lo que hicieron fue provocar una votación, y fueron a votar el 25 por ciento de los miembros, y allí salió un 69% a favor de retirar la homosexualidad de ese material. Que yo sepa, es el único ejemplo en la medicina donde algo se decide si es o no enfermedad por una votación simple de quienes asisten a una reunión. Imagínese que se haga una votación por la sociedad española de endocrinología votando a favor o en contra de que la obesidad es un problema de salud o no. Esto no tiene precedentes. Lo que hay que hacer es analizar el problema con estudios científicos.
-¿Se trata de una conducta que se puede modificar?
-Hay datos científicos, estudios publicados en revistas científicas que muestran que la homosexualidad sí se puede modificar con una terapia adecuada, incluso en EEUU hay asociaciones de ex gays. Muchos de ellos protestan porque dicen que estos grupos de activistas no dejan que se sepa que el cambio es posible. Y no solo no dejan que se sepa, sino que no admiten que alguien pueda libremente pedir ayuda. Así, por ejemplo, se tiene el caso de un juez de Lombardía (Italia) que ha declarado ilegal ayudar a un homosexual aunque te lo pida libremente. Esto es increíble. Es un atentado contra la autonomía del paciente.
-¿Y en qué se basan?
Señalan que la terapia es casi una tortura, traumática, con electroshock. Sin embargo, no tiene nada que ver con eso. El tratamiento es básicamente psicoterapia. Pero no se puede impedir que las personas elijan pedir libremente ayuda. Pero hay que decir que hoy se utiliza el término AMS para identificar a las atracciones por personas del mismo sexo, porque una cosa es que uno pueda tener atracciones por personas del mismo sexo y otra es que alguien, fruto de esas atracciones, acabe teniendo relaciones sexuales de tipo homosexual. El hecho de que uno tenga la atracción no significa que sea homosexual, en absoluto. De hecho, hoy en día, con al ambiente que hay, pro homosexual, con la cultura que hay, se tienen muchos casos de jóvenes que simplemente tienen una confusión y requieren de ayuda.
-¿Y cuáles serían las causas de esta conducta?
-Hay diversas posibles causas, pero parece ser que lo que más casos de homosexualidad está produciendo es una mala identificación con la figura del varón o de la mujer en la familia. Es muy común el paradigma de padre autoritario, pasivo, ausente en la vida de un varón que a lo mejor es sensible, perfeccionista. O una madre muy posesiva desde el punto de vista emocional. Eso es una de las mayores vías que lleva a la homosexualidad.
-¿Hay otras?
-Otra vía que está mezclada con esta es que ese varón, por ejemplo, sensible -y que no es nada malo que lo sea- , por esa sensibilidad los de su sexo lo rechacen en su colegio. Ese rechazo puede llevar a una baja autoestima como varón y, por consiguiente, cuando llegue a la pubertad, a una orientación homosexual. Otra vía es la conocida ambigüedad de la identidad sexual en el adolescente. Es normal que un adolescente, varón o mujer, pueda tener dudas de su identidad sexual, pero esa ambigüedad bien llevada, fortaleciendo la identidad masculina o femenina de los jóvenes, no genera problemas, lleva a la heterosexualidad. El problema actual es que eso está mal llevado y se le dice a ese joven que lo que tiene que hacer es salir del armario o del clóset.
-¿Hay problemas de salud ligados a esta conducta?
-Sí, la actividad sexual de tipo homosexual conlleva problemas de salud, algunos de los cuales son específicos. Además de los problemas asociados a la promiscuidad sexual y las infecciones de transmisión sexual, que también hay entre heterosexuales promiscuos, existen problemas asociados a la utilización de los órganos sexuales sin tener en cuenta que por su "diseño" están orientados a la complementariedad entre varón y mujer.
-¿Por qué a pesar de los datos científicos se sigue negando el problema?
-Hay muchas razones. La primera es que hay desinformación. Muchos profesionales no manejan estos datos y solo toman el manual de la APA. Luego están las ideologías. Los intereses económicos y también está la realidad del miedo. Hay profesionales que saben de esto, pero el precio que tienen que pagar al afirmarlo es muy caro. Si en España un psiquiatra pusiera una placa que es terapeuta de la homosexualidad, lo lógico es que le quemen el portal de su consultorio y puede quedar sin clientes.
¿Dónde estaría el equilibrio?
-El equilibrio está en reinvindicar un respeto incondicional por toda persona con sentimientos homosexuales. Habría que compatibilizar ciencia con respeto a la libertad; debe de ser posible el debate científico con respecto al tema. Debe ser posible que yo como científico opine sobre la homosexualidad sin que se me llame homófobo solo porque tengo una postura contraria a las organizaciones gays.
-Hay también mucho de sentimiento en este tema...
-Efectivamente, por eso es necesario sacar este tema del sentimiento y del afecto. Hay gente que te dice: "Mi hijo homosexual es buena persona y yo le quiero". Y claro que sí, y está bien, pero eso no tiene nada que ver con lo que estamos diciendo. No es una cuestión de ser mala o buena persona, no es una cuestión de sentimiento. Tú puedes y debes amar mucho a tu hijo homosexual; ahora eso no quiere decir que no le puedas plantear que tu opinión es que tiene un problema y que además que tiene una solución posible. Es como si el debate sobre la diabetes fuera que los diabéticos son buenas personas, pues esto es llevar el debate a los sentimientos.
-Pero hay miedo a discriminar.
-Claro que la discriminación es una barbaridad, pero eso no quiere decir que tenga derechos a adoptar, por ejemplo. No hay que mezclar, ese es otro problema. El problema es que hoy se intenta etiquetar de homófobo a cualquiera que simplemente no opine en la línea del homosexualismo político.
FRASES
La actividad sexual de tipo homosexual conlleva problemas de salud, por la utilización de los órganos sexuales sin tener en cuenta su 'diseño' natural.
Deberíamos al menos aceptar que el debate científico sobre este tema pueda seguir existiendo.
Jokin de Irala es Catedrático en Medicina Preventiva y Salud Pública. Máster en Salud Pública, Doctor en Medicina y Doctor en Salud Pública- Epidemiología. Investigador en educación sexual. Profesor y conferenciante.
Jokin ha impartido conferencias a unos 80.000 jóvenes y adultos de distintos países. Por tanto, tiene una amplia experiencia en hablar a jóvenes, padres e educadores sobre la educación de la afectividad y de la sexualidad.
Entre los libros de divulgación de Jokin de Irala se encuentran “Nuestros hijos quieren saber…60 preguntas sobre sexualidad” (EUNSA) para padres, educadores y estudiantes de magisterio, pedagogía y psicología, “Nuestros hijos…quieren querer. Pautas para una educación afectivo-sexual” (UNIVERSITAS), “El valor de la espera” (PALABRA) y otros. ()

Jesús con los paganos.

También los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa (Mt 15,21-28) 20º domingo del Tiempo ordinario – A . Evangelio 21  ...