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sábado, 23 de enero de 2016

Contracorriente (2): ¿Quién quiere a la familia "en crisis"?

"Valoraciones éticas y antropológicas sobre el mundo de hoy"

Por Fernando Hurtado 


       Si el descubridor del psicoanálisis Sigmund Freud levantara la cabeza, probablemente se moriría del susto al ver cómo buena parte de los mortales habíamos entontecido. ¿Por qué tantos "pensadores", sin haber pensado mucho, juzgan como juzgan, es decir tan mal, a la familia?  Porque los que "pensamos menos", queremos o recordamos con amor y agradecimiento a nuestros padres, a nuestros hermanos, primos, etc. La mayoría de las personas que conocemos, como las de todos los siglos, han formado una familia, y lo que más quieren en este mundo es a su marido, a su esposa, a sus hijos.

     Si Platón, Aristóteles, Sócrates, Newton, Galileo, Edison, Einstein, etc., aparecieran por nuestras calles quedarían asombrados de tanta tecnología, pero les escandalizarían las ideas sobre la familia que difunden los mass-media, y que "parece" que casi todo el mundo ha asimilado.

     ¿Coincide lo que se dice en los medios con lo que sucede en la realidad?

     En el año 1981 participé en un simposio sobre la institución familiar en Roma. Se reunieron los mejores filósofos y sobre todo antropólogos del momento. Uno de los ponentes nos planteó un futuro para la familia que nadie imaginaba ni podía haber imaginado. Estoy convencido de que la mayoría pensamos que se había excedido en sus conclusiones.

     Pero sus conclusiones eran lo que estamos viendo ahora. Y explicaba lo que estaba sucediendo en aquellos momentos. "Los dueños" del dinero y de las ideas del mundo corrían veloces en una biga (carro ligero romano de dos caballos). Un caballo era el feminismo radical, ya en marcha tiempo, que postulaba la separación e independencia de la mujer, incluido el hombre, necesario para muy pocas cosas. El otro caballo estaba a punto de darse a conocer aunque lo haría poco a poco, porque la estrategia -para no asustar-  era a largo plazo: el lobby gay. Característica común de ambos, y lo que les hacía extremadamente peligrosos,  era su casi ilimitado poder económico y de publicidad.

     En la sesión de preguntas que siguió a esta ponencia singular, se preguntó quién y para qué se promocionaba esas desviaciones no sólo personales sino sobre todo sociales. La respuesta fue: personas con afán de dominar este mundo y que sólo encuentran como oposición la ESTRUCTURA FAMILIAR. ¿Y para qué? Para conseguir la preeminencia absoluta del estado sobre la persona, la familia y la sociedad.

    Aún recuerdo a Juan Pablo II, en una alocución en Roma, que gritaba: ¡ONU, deja a la familia en paz! ¡Basta!

    Cada uno puede sacar las consecuencias que quiera, siempre que mire con detenimiento lo que está sucediendo a su alrededor relativo al amor entre hombre y mujer, el matrimonio, tener hijos, educarlos, etc.

    Hasta la próxima, que será sobre la ilimitada bondad de la familia.


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