martes, 12 de enero de 2016

Nuestras vidas también las quieren gestionar algunos Estados.

La eurodiputada española Elena Valenciano ha fracasado en su intento de promover una declaración de la Cámara a favor de la eutanasia. Desde que el manifiesto se abrió a los diputados, el pasado 5 de octubre, ha recaudado 95 firmas, de 751 parlamentarios posibles. Si te preguntabas qué fue de Elena Valenciano –número dos del PSOE en los tiempos de Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general– y a qué se dedica ahora para justificar una retribución de más de 6.000 euros al mes –dietas y billetes de avión, aparte–, la respuesta es una fallida carrera como promotora de inyecciones letales para personas mayores, enfermos y niños. Está demasiado ocupada difundiendo la ideología de la muerte ajena, como para ocuparse de otros problemas europeos, como por ejemplo, los asaltos sexuales masivos a mujeres en Alemania. Puede que a la señora Valenciano se le fuera un poco la mano cuando puso en el currículum vitae que tiene un título universitario, pero ahora puede presumir de ser una experta en sedaciones terminales a quien sus colegas no hacen mucho caso.
La obsesión de los políticos de izquierda con la muerte de los demás solo es equiparable a la energía que ponen en generar paro y pobreza. En la Comunidad de Madrid, Podemos ha conseguido que el próximo 21 de enero se debata en la Asamblea regional una Proposición no de Ley para pedir al Gobierno que despenalice el “suicidio médicamente asistido”. La novedad es que la presidenta Cristina Cifuentes, del PP, lo ve como un debate pertinente, y la ocasión de “una reflexión profunda” sobre un tema al que ella es “especialmente sensible” –dice el diario ABC– porque pasó por un grave accidente de tráfico en 2013. Curioso razonamiento. ¿Qué quiere decir la presidenta de Madrid, o el periodismo que la interpreta? ¿Uno está más predispuesto a la eutanasia por el hecho de haber vivido una enfermedad o un accidente? ¿Deben aceptar las personas mayores, los enfermos, y los niños a los que ya se aplica la eutanasia en países como Holanda y Bélgica, que los políticos saben lo que les conviene, simplemente porque han podido tener problemas de salud graves, y viven para contarlo y legislar compasivamente sobre ello?
En el Reino Unido, la Cámara de los Comunes rechazó en septiembre una proposición similar del Partido Laborista para aplicar las prácticas de eutanasia que se siguen en Bélgica y Holanda, donde los familiares deciden si un menor enfermo debe morir y se reconoce el derecho de personas sanas al suicidio asistido provisto por el sistema público de Salud. Los profesionales de la sanidad y las sociedades médicas especializadas insisten en que la eutanasia no tiene nada que ver con el ideal de una muerte digna. Lo digno es recibir unos buenos cuidados al final de la vida y ser atendido por médicos especializados en Paliativos en todos los hospitales públicos. Pero la izquierda no está interesada en un verdadero cuidado de los vulnerables, sino en ofrecerles la muerte como la última promesa de liberación. La izquierda ha creído liberar al ser humano de tantos yugos, que ahora se ofrece a liberarlo también de yugo de la vida. Enumera Greg Gutfeld en su último libro, How to be Right, las diferencias entre soluciones progresistas y conservadoras frente a una serie de problemas. Así, por ejemplo, frente a la enfermedad –apunta– los conservadores ofrecen cuidados, mientras los progresistas prometen simpatía. Es decir, todo lo simpática que puede ser una sedación terminal.– V. Gago
[Con información de Agenda Europe, en inglés; Parlamento Europeo, en inglés; El País; Actuall; ABC, LaInformación.com]
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