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jueves, 25 de septiembre de 2014

El debilitamiento del sentido de la maternidad en la mujer y el aborto

(Extraído de mi libro "Personalidad y belleza hoy", en prensa.



5. El debilitamiento del sentido de la maternidad como clave del impudor.

            Sé que la lectura de la parte final del apartado anterior (4.2.2. Incrementar el sentido paternal del varón) y el capítulo que ahora sigue pueden resultar negativos. Más bien, yo diría que tratan de realidades negativas que ocurren en la sociedad. El conocerlas, o el tomar más conciencia de ellas, nos colocan delante los sucesos negativos, pero no para entristecernos, sino para superarlos, para vencerlos, para no incidir en ellos.  Se ha de dirigir la sociedad por otros caminos.

A estas alturas del siglo XXI, no se pueden obviar. Lo que trato de explicar está sucediendo en este momento de manera muy generalizada en la calle, en la sociedad, en nuestro mismo hogar. Debemos conocer al enemigo si queremos eficazmente defendernos, y vencerle. Lee las páginas que siguen rápidamente  si lo deseas. Y piensa que, objetivamente, lo malo es negativo, de un aparente y falso valor, que antes o después es descubierto, y hecho desaparecer. Enseguida pasaremos a lo más positivo y valioso, que es el amor humano: el de los novios, los esposos, los padres, los hijos, los amigos y amigas…

Prosigamos…

A mi juicio,  la raíz del impudor actual podría sintetizarse en estos dos elementos:

1. El olvido del amor humano, que frecuentemente se confunde con otros fenómenos, cada vez más presentados como juegos que como sentimientos, y que se reducen al goce de un sexo trivializado. Es decir, se está llamando amor al sexo, y esto conlleva un gran cambio en la relación varón-mujer. El amor auténtico no es en estos momentos muy frecuente ni valorado, debido a esta falsificación;

2. La pérdida del sentido de la maternidad y de la paternidad, sobre todo de la maternidad.

Para no perder como referencia lo visto en páginas anteriores, y por cuestiones metodológicas, vamos a estudiar primero lo que afecta a la maternidad.

La  minusvaloración del sentido de la maternidad reduciéndola a algo biológico de la persona, supone una desnaturalización antropológica, a nivel personal y a nivel de sociedad. La disminución de la capa de ozono es como un chiste en comparación de cara al futuro. Sus efectos sobre la personalidad femenina -y sobre la masculina- a corto y a medio plazo, han sido, son y serán cada vez más palpables. Si no se ponen pronto los medios para favorecer la maternidad y la vida, deshaciendo las mutaciones conceptuales producidas, podemos augurar -obra de nuestras manos- auténticos cataclismos sociales.

Sobre cómo se ha conseguido que la mujer esté perdiendo el sentido humano de la vida y de la maternidad, se puede decir de todo, menos que no haya sido pensado de modo preciso y
articulado. Los diseños son siempre propios de mentes, de personas y de grupos organizados, que siempre han escondido su identidad, y que parecen estar hasta por encima  de los mismos gobiernos.

Se han promovido campañas ideológicas utilizando todos los mass media (hace falta muchísimo poder y dinero para esto) contra cada uno de los aspectos de la maternidad. Se ha difundido pacientemente, durante años, de una manera abrumadora y con carácter “de única verdad” una antropología manipuladora de la naturaleza y del psiquismo humano, que ha producido cambios de sentido en las costumbres y en el actuar.

Como todo lo que es nuevo necesita de una aceptación paulatina, se ha ido poco a poco, pero sin dejar nada a la improvisación en esta cruzada por el cambio del ser humano.

Hay que desenmascarar el fondo de esta ideología actuante en la historia reciente, sin paliativos, aunque resulte difícil poner nombre a los “patrocinadores”, aunque no se dude de su inteligencia y poder.

El modelo de mujer en la sociedad actual no ha sido fruto de decisiones personales de las mujeres, sino de la engañosa naturalidad con que se ha presentado un proyecto apoyado en una ingente influencia en lo político, en lo legislativo y en lo económico.

Ese modelo que tanto afecta a la mujer, ha influido igualmente en todas y cada una de las realidades que dependen de manera importante de ella: el varón, el amor humano, el matrimonio, la vida, los hijos, la familia,  el sexo, etc.

5.1. Los variados efectos del aborto.

Un modelo de astucia –uno entre muchos, aunque todos tienen el mismo patrón- fue el modo cómo presentar la licitud (la bondad civil) del aborto. Sólo en casos extremos; y en un primer momento, sólo en uno: en caso de grave peligro para la vida de la madre. Sabemos la transformación que ha sufrido con el tiempo: las causas se han multiplicado,  aunque se reducen casi siempre, de hecho, al daño “psicológico” en la madre, que suele ser el “producido por una indeterminada carencia de medios económicos”.

Pero no olvidemos una cuestión igualmente importante. Es cierto que con el aborto, físicamente, muere un niño. Pero quizá no se ha considerado suficientemente las otras muchas “víctimas” que produce: la mujer, la madre, la maternidad, la paternidad, el sentido de filiación en la persona, el principio primero de la dignidad humana, el derecho individual y social a la existencia, la confianza y seguridad dentro de la familia con los padres, etc.

Por eso, repitiéndome, para que repasemos,  no podemos eludir estas preguntas a la razón y a la conciencia:

-¿Qué efectos psicológicos produce el aborto en la mujer?

-¿Qué concepto de maternidad puede sobrevivir en ella?

-¿Qué efecto produce en las chicas de hoy la naturalidad con que se habla de la posibilidad de abortar?

-¿Qué efectos psicológicos se dan en el varón, en el padre, en el esposo, sobre todo si no acepta el aborto, porque es tomado fundamentalmente como un derecho de la mujer?

-¿Qué concepto de paternidad sobrevive en él después del aborto?

-¿Qué piensan los hijos, cuando desde muy corta edad están al tanto de este –y de los demás- medio de regulación de los nacimientos?

-¿Qué concepto de padre, de madre, de filiación cristaliza en los hijos?

-¿Qué concepto de paternidad, maternidad, filiación y familia,  se piensa transmitir a las futuras generaciones?

-¿Qué reacciones pueden darse en los hijos cuando conocen que en el ámbito de sus padres estuvo la posibilidad de la no aceptación, incluso de la destrucción, de sus vidas?

Ya sé que da miedo responder a estas preguntas, pero van dirigidas para evitar el golpe devastador para las futuras relaciones humanas esenciales que supone el aborto.

Con un lenguaje forzado y ridículo se defiende como conquista de la mujer. Sobre el aborto se han acuñado fundamentalmente dos acepciones:

-bien es un derecho de la mujer, dentro del derecho a disponer como desee de su cuerpo;

- o es sencillamente la interrupción del embarazo.

¡Cuántos discursos en el mundo político y en el ideológico lo plantean de modo positivo!  ¿Por qué tanto interés en su instauración en todo el mundo?

Si se acepta o no se le combate, el oído y la conciencia parece que se acostumbran a su existencia, y pesa menos su gravedad.

Por esta causa, sin darse cuenta, se está generalizando en muchas mujeres la pérdida del sentido de su maternidad como elemento fundamental y distintivo de su personalidad. Como opinión válida, se genera el pensamiento de que no es para tanto, de que al fin y al cabo la maternidad no es más que un proceso biológico y material; la realización de la personalidad femenina estaría ligada a otros ámbitos mas personales y libres y menos fisiológicos.

Y sería verdad en cierto modo. Para quien la vida humana -que en su origen se desarrolla en el cuerpo de la madre- resulta tan poco trascendente, igualmente de intrascendente le resulta la maternidad. Pero habríamos eliminado uno de los componentes esenciales de la sexualidad femenina, es decir de los elementos diferenciadores de la personalidad.

Recuerdo que caminando por una gran ciudad europea al inicio de la década de los 80, me tropecé con una manifestación de mujeres, más bien jóvenes, que gritaban –porque iban gritando- el siguiente eslogan: “el útero es mío; y hago con él lo que quiero”.

Era una de las expresiones más genuinas y conocidas de los comienzos del feminismo radical. No sólo no se apreciaba que en la procreación cuenta a partes iguales  la mujer con “su útero” y el varón, sino que expresaban la maternidad, sin nombrarla siquiera, como algo con sólo validez orgánica. El embrión, el hijo, sería sólo suyo, una pertenencia; no sólo no tiene nada que ver el varón, sino que la existencia del ser del hijo está de modo absoluto bajo su dominio (como parte de su cuerpo).

Si una mayoría de personas, hombres y mujeres pensaran de ese modo; si ese concepto u opinión fuese tomado como verdadero, entonces ciertamente habría cambiado todo en la humanidad, y por supuesto en la relación varón-mujer. La vida humana se la podría considerar en todos los casos como algo de valor accidental e intrascendente, donde reinaría una tremenda confusión y ceguera de todos los valores humanos, entre ellos el amor.

La terminología ha sido servida, y se ha generalizado: Interrupción voluntaria del embarazo; fecundación “in vitro” como  alternativa; pruebas eugenésicas sobre la salud del embrión para determinar si se permite que su desarrollo siga o no su curso; experimentos con embriones…  

Hago notar el enorme cuidado para no designar a los embriones como personas, ni siquiera como seres humanos. ¡Y en estos sectores, está terminantemente prohibido hasta mencionar el término “derechos del embrión”, que son los mismos que los de las personas nacidas! En Estados Unidos –lo siento si hiero sensibilidades-, en la era Clinton, a pesar de la oposición del Congreso de los Estados Unidos, el presidente vetó más de una vez que los embriones no fueran abortados hasta el mismo momento del nacimiento. No debían ser considerados personas hasta tener más de la mitad del cuerpo fuera de la madre (¡¡¡eso sí que es positivismo jurídico!!!). Hasta ese momento se les podía eliminar. No quiero describir el procedimiento.


Hemos de hablar necesariamente de esto, porque hace especialmente referencia a la armonía de la persona femenina, que es la madre de cada hombre, de cada mujer.
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