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jueves, 31 de marzo de 2016

Examen de teología moral para 3º de ESO, chicos y chicas de 14 años

EL CASO DE EMERENCIANA

         Emerenciana tiene ahora 16 años. De padres cristianos, recibió una esmerada formación religiosa desde corta edad. Según su capacidad de entender, le enseñaron la doctrina cristiana, razonándole en cada caso su conocimiento y trato con Dios. Al mismo tiempo, con ejemplos concretos le explicaban su comportamiento moral en cada momento. Al mismo tiempo, desde pequeña tuvo dirección espiritual con un sacerdote. La mayor parte de las dudas que se le podían plantear en su comportamiento las consultaba con su madre, con la que tenía gran confianza. Para otros temas, o bien la madre la remitía al sacerdote o bien ella tomaba la iniciativa.

         Su formación, hecha vida, era exquisita. Tenía vida interior, deseos de que los demás conocieran a Dios, asistía a Misa los frecuentemente, rezaba el Rosario, etc. Era buena estudiante.

         Así se encontraba hasta el último verano. En el ambiente en que se mueve, tiene tentaciones de diversa índole que va venciendo. Algunas veces ha ofendido a Dios, pero siempre le ha pedido perdón y vuelve con renovado afán a esforzarse en ser una buena cristiana. Este verano, nada más comenzar, por debilidad, cometió un pecado grave de impureza, y no se confesó enseguida como otras veces sino que lo fue dejando. Por supuesto no se acercaba a comulgar, pero retrasaba el momento de recibir el sacramento. Al mismo tiempo advirtió con más claridad que nunca que la acción pecaminosa que había realizado la cometían muchas otras personas, sin ningún remordimiento de conciencia. Emerenciana, se hacía muchas preguntas. Volvió a cometer el mismo pecado. Tampoco se confesó. Pasaron unas semanas y volvió a cometerlo. La conciencia no le inquietaba tanto, cosa que en cierto modo le tranquilizaba.

         Durante todo el verano no estuvo en gracia, y no comulgó. Dejó de hacer oración. ¿Para qué hacer el examen de conciencia, si no deseaba cambiar de conducta?

         Comenzó a plantearse que la formación que había recibido fue muy rigurosa, incluso exagerada, que la acción que había realizado no tenía por qué ser pecado, según se considerara. Pasado un poco de tiempo más, estaba convencida de que aquello no había sido pecado, y que, efectivamente, había recibido una formación rigorista. No quiso saber nada más con el sacerdote con quién tenía dirección espiritual, dejó de hablar con su madre de temas personales.

Buscó un nuevo grupo de amigas con otras ideas. Cuando tuvo confianza con alguna, le manifestó cómo había sido su vida hasta entonces, y le confirmaron en que hoy día se dan muchos prejuicios religiosos, sobre todo en determinada gente mayor, y a veces “fundamentalista cristiana”

         Ahora mismo Emerenciana comete ese pecado y otros habitualmente, no siente ningún remordimiento de conciencia,  no va a Misa los domingos, y se siente liberada.

Se siente tan bien, que siempre que tiene ocasión comunica a otras personas lo bien que se encuentra actualmente.

Para el examen:

1.   ¿Qué fenómeno voluntario, aunque no del todo consciente, ha hecho cambiar de ideas a Emerenciana?

2.   ¿Cuál es el momento decisivo del cambio?

3.   ¿Cómo explicar su comportamiento actual?



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