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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Para mantener la paz y la estabilidad de conciencia

De San Josemaría Escrivá, en Surco, n.263. Viene bien repasar, por ejemplo, una vez a la semana.

Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de falta de humildad:

–pensar que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás;
–querer salirte siempre con la tuya;
–disputar sin razón o –cuando la tienes– insistir con tozudez y de mala manera;
–dar tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad;
–despreciar el punto de vista de los demás;
–no mirar todos tus dones y cualidades como prestados;
–no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees;
–citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones;
–hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan;
–excusarte cuando se te reprende;
–encubrir al Director algunas faltas humillantes, para que no pierda el concepto que de ti tiene;
–oír con complacencia que te alaben, o alegrarte de que hayan hablado bien de ti;
–dolerte de que otros sean más estimados que tú;
–negarte a desempeñar oficios inferiores;
–buscar o desear singularizarte;
–insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional...;
–avergonzarte porque careces de ciertos bienes...

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