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jueves, 28 de marzo de 2013

Qué es y qué no es la austeridad


Antonio Argandoña, Ordinario del IESE

Me gustó mucho la entrevista que la Revista Valors hizo a Guillem López Casasnovas en su monográfico de febrero de 2013 sobre la austeridad (aquí, en catalán). Se sale de lo que es opinión pública, políticamente correcta, para decir unas cuantas cosas interesantes. He aquí una selección.
“Hablamos demasiado de la austeridad. La austeridad que la gente ve como real está ligada al sector público. Pero de la austeridad voluntaria, no forzada, la de la gente que consigue llegar a final de mes y que tendría que haber aprendido de la crisis que nunca se deben desperdiciar los recursos, que es la austeridad real, se habla, pero no se practica”. “La austeridad del sector público responde a la reconducción de un comportamiento que en muchos sentidos ha sido desperdiciador: y, por tanto, bienvenida sea”.
La austeridad en el sector público “tiene un sesgo: pensar que son los ingresos los que determinan el gasto. En realidad, en el sector público es al revés: primero hay que valorar el gasto que hay que hacer y después mirar los ingresos necesarios para financiarlos (…) ¿Cuánto gasto del que hacemos se evalúa? Muy poco (…) Los beneficios han de compensar los costes, no ser simplemente positivos”.
“Estamos haciendo recortes de gasto sin identificar suficientemente los ámbitos en los que un proceso de desinversión, de reducción de gastos, comporta más beneficios en términos de consolidación fiscal, y menores costes -los beneficios para los afectados”. López Casasnovas echa en falta la existencia de una agencia de evaluación externa, que lleve a cabo esa tarea, y señala que “hay gente que piensa que su interés es el de todos; en el sector público es el pan de cada día. Se confunde el interés del Estado del Bienestar con el interés de sus empleados”.
Y acaba afirmando que “hemos de hacer una depuración de caballo, no solo en el sector público, sino también en las empresas y en las familias. En las empresas su depuración consiste en reequilibrar la dependencia financiera, que es excesiva, respecto de su capacidad de autofinanciación. Las personas no han de tener tanta aversión al riesgo, sino un toma de decisiones más próxima a la propia responsabilidad. Y el sector público en general ha de hacer una depuración que valide las cosas que esté justificado hacer en términos de los beneficios y los costes en el margen”.
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