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miércoles, 8 de enero de 2014

El aborto pierde en la ONU

Por Austin Ruse, CFAM
Las fuerzas proabortistas han gastado cientos de millones de dólares y cientos de miles de horas hombre en los últimos veinte años y no han hecho avanzar su agenda ni una sílaba más de lo que consiguieron en la Conferencia de El Cairo de 1994.

Dejemos eso a un lado por un momento, porque es algo que atormenta los días y las noches del Fondo de Población de la ONU y de la Federación Internacional de Planificación de la Familia. Han dedicado una parte significativa de sus vidas a establecer un derecho internacional al aborto y todo lo que han logrado es un lenguaje vago de salud y derechos sexuales y reproductivos que la mayoría de los países rechaza completamente por tener algo que ver con el aborto. No están más cerca de un derecho internacional al aborto que cuando comenzaron.

Lo que es más, han empezado a ver desvanecer sus escasos logros. Dos años atrás, la ONU auspició la revisión a veinte años de la Conferencia de Río sobre el medio ambiente. Los delegados rechazaron el lenguaje relacionado con los derechos reproductivos. Hillary Clinton condenó el documento final como lo hicieron muchas otras figuras proabortistas, entre ellas, Nafis Sadik, ex directora del Fondo de Población de la ONU.

En los últimos meses el Fondo de Población de la ONU auspició conferencias regionales en preparación para las próximas negociaciones de las nuevas metas de desarrollo y la revisión a veinte años de la Conferencia de El Cairo. Estas reuniones regionales orquestadas de antemano están cargadas de lenguaje proabortista radical. ¿Cómo fueron recibidos estos documentos por los delegados en Nueva York? Con un cortés desdén.

El otro tema candente de la ONU en los últimos años fue el intento de hacer que la «orientación sexual e identidad de género» fueran nuevas categorías de no discriminación en el derecho internacional. Las delegaciones se opusieron a esto no porque odien a los gais sino porque saben que ellos ya están protegidos en el derecho internacional y que estos esfuerzos, en realidad, son para promover cosas como el matrimonio y la adopción gay, asuntos que la mayor parte del mundo rechaza.

No ganaron ningún terreno en absoluto en esta cuestión. Lo mejor que lograron es una campaña de relaciones públicas dirigida por la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos y un «estudio» sobre la violencia contra las personas gay que surgió de la oficina de derechos humanos en Ginebra.

La coalición en contra de esta iniciativa en la Asamblea General es considerablemente mayor que la alianza provida, de modo que las perspectivas de que se haga algún progreso real son minúsculas.

Las fuerzas antivida y antifamilia han hecho avances y dirigen en gran medida la maquinaria de la ONU, no obstante. Controlan varios organismos como el Fondo de Población de la ONU, Unicef, el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud y varios organismos de derechos humanos que interpretan e intentan hacer cumplir tratados. Ellos ejercen el control de todos estos y han hecho grandes progresos al promover su agenda mediante ellos.

Aunque tienen muy poco que mostrar por sus esfuerzos, estas fuerzas no dan indicios de aflojar. Es por ello que la ONU sigue siendo uno de los campos de batalla más importantes en la lucha mundial por la vida y la familia.

Resulta bastante sorprendente pensar que un pequeño grupo de individuos y agrupaciones en gran medida desconocidos haya producido una derrota tan permanente de algunas de las fuerzas más poderosas del mundo.

Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano

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