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sábado, 2 de junio de 2012

La atleta Lolo Jones está orgullosa de llegar virgen a los JJOO con 29 años



La atleta estadounidense Lolo Jones ha reconocido que se siente orgullosa de llegar virgen a estos Juegos Olímpicos con casi 30 años. La vallista norteamericana confesó su secreto a través de su cuenta de Twitter y más tarde en una entrevista a la cadena de televisión HBO.
La atleta que fuese medalla de oro en los Campeonatos del Mundo de 2008 en Valencia reconoció que "Quiero esperar al matrimonio para perder mi virginidad.Es un regalo que le quiero dar a mi marido. No es fácil. Fue lo más duro de mi vida. Más que entrenar para los Juegos Olímpicos, más que graduarme en la Universidad de Luisiana. Fui tentada muchas veces. Varios chicos me han dicho que si tengo sexo y dejo de ser virgen, voy a correr más rápido".
Tras conocerse la noticia varios varones se presentaron voluntarios para ayudar a Lolo Jones a acabar con su virginidad. La atleta ha reconocido que no fue fácil porque "varios chicos me dijeron que si tenía seso correría más rápido".


Una batalla comunicativa entre la Casa Blanca y los obispos




Por Diego Contreras, Aceprensa, 30 de mayo 2012

Como es sabido, la administración del presidente Barak Obama estableció que las empresas e instituciones, incluidas las de carácter religioso, debían financiar, en el seguro sanitario de sus empleados, el acceso a la contracepción, la esterilización y los medicamentos abortivos, como medidas de medicina preventiva.
Las reacciones contra esa medida, anunciada el 20 de enero de 2012, no se hicieron esperar. Fueron muchos los que señalaron que se trataba de una amenaza contra la libertad religiosa. El cardenal Dolan, arzobispo de Nueva York, lo sintetizó eficazmente con una frase: “Tenemos un año para aprender a violar nuestras conciencias”, en referencia al plazo que la administración había fijado para que las instituciones religiosas encontraran un modo de adecuarse a la normativa. Los partidarios del mandato, sin embargo, argumentaron que la contracepción entraba dentro del derecho a la salud, un derecho fundamental, y que el gobierno podía obligar a las empresas a facilitarlo a sus empleados.

En busca de un compromiso
Entre los opositores a que el “mandato” (se empleó esta palabra) incluyera a las instituciones religiosas, se contaban numerosos partidarios incondicionales del presidente Obama. Para salir al paso de esa situación, la Casa Blanca anunció el 10 de febrero siguiente que había encontrado una solución de compromiso (“accommodation”): en caso de instituciones de naturaleza religiosa, la cobertura para la contracepción, la esterilización y los medicamentos abortivos correría a cargo de las empresas aseguradoras.
Para muchos, esa propuesta fue suficiente y retiraron sus objeciones al plan. No fue ese el caso (entre otros) de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos. Para los obispos americanos, el ofrecimiento era pura apariencia. En realidad, el contrato por esos servicios considerados inmorales seguiría existiendo, si bien camuflado ahora bajo un simple truco contable. Se hizo notar, además, que buena parte de las instituciones católicas de cierta envergadura –como hospitales y universidades– cuentan con sus propias compañías aseguradoras, con lo que el problema moral seguiría intacto.
A pesar de todo, la iniciativa de la Casa Blanca tuvo un innegable éxito comunicativo. En buena parte de la prensa desapareció el “problema religioso”. Acabó también el efecto de unificación que el anuncio inicial de la administración Obama había provocado en el mundo católico, entre los llamados –siguiendo la terminología periodística– católicos conservadores y católicos liberales. De hecho, según algunos comentaristas, el objetivo de la “accommodation” de Obama fue recuperar el apoyo de los “católicos liberales”, no el de los obispos.
Si bien la propuesta era nebulosa, el presidente aparecía ante la opinión pública como una persona dialogante, que había escuchado a los opositores y modificado su propuesta inicial. Solo advirtieron que eso no era así las personas verdaderamente interesadas en el caso. De hecho, el texto provisional publicado en el boletín oficial no se modificó.

Los dos puntos de vista
A partir de ese momento, el debate contó con dos versiones muy definidas, según fueran los narradores. Los dos principales actores fueron la Casa Blanca y los obispos católicos. Este fue, en síntesis, el punto de vista de cada uno:
A. La Casa Blanca: el tema central es la salud de la mujer, que incluye el control de la natalidad, al que se opone un pequeño porcentaje de personas, entre ellos, una parte de católicos (sobre todo la jerarquía). Pero incluso entre los mismos católicos, la gran mayoría está a favor de la contracepción y la usa.
Se añadió, además, que no incluir esos servicios preventivos en los seguros médicos suponía promover una guerra contra la mujer. En definitiva, que el debate era sobre el acceso a la contracepción (y contracepción gratuita). En algunos comentarios se daba a entender que oponerse a esta normativa equivalía a impedir a la mujer el acceso a la contracepción.
B. Obispos católicos: el debate no es sobre contracepción sino sobre libertad religiosa y está relacionado con la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos. Con el “mandato” de la Administración se obliga a personas e instituciones a ir en contra de su conciencia religiosa.
Los promotores de este punto de vista nunca dijeron que pretendían impedir el acceso de las mujeres a la contracepción (idea que, como se ha dicho, la parte contraria subrayó). Si los obispos hubieran rebatido: “no queremos impedir el acceso de las mujeres a la contracepción”, hubiera resultado al menos ambiguo, pues muestra que se concede algún valor positivo a la contracepción. 
Además, pondría en el centro de la atención la contracepción, que era el objetivo de la otra parte.Para la administración Obama, definir la postura contraria como “guerra a la mujer” dejaba implícito que se representaba a todas las mujeres y que la agresión procedía de un estrato masculino, la jerarquía católica.

La polémica en la prensa
La polémica comenzó por iniciativa de la administración Obama, que fue quien lanzó esta norma. Ante esa iniciativa, las organizaciones religiosas (y de modo singular, la Iglesia católica) dieron su respuesta. Sin embargo, en la prensa esa réplica aparecía no como una “respuesta” a una medida, sino casi como un acto de “agresión” contra la mujer o contra el control de la natalidad.
La mayor parte de la prensa siguió el “frame” establecido por la Casa Blanca, incluyendo de vez en cuando voces que representaban a la otra perspectiva. En muchos casos, las referencias a la expresión libertad religiosa se incluían entrecomilladas, dando a entender que el medio mantenía las distancias, como queriendo decir: ellos dicen que es una cuestión de “libertad religiosa”, pero en realidad nosotros pensamos que no lo es.
Es interesante notar que una sesión en el Senado norteamericano, dedicada precisamente a la libertad religiosa a propósito del mandato de la administración Obama, fue presentada por la prensa como una sesión sobre contracepción. Se silenciaron las intervenciones de líderes religiosos al tiempo que se planteó la cobertura en términos de si había o no mujeres entre las personas que hablaron. El personaje estrella fue una estudiante de Georgetown University, de 30 años, que abogó vibrantemente a favor de la normativa Obama.
Tuvieron escaso eco en los medios las 150 manifestaciones a favor de la libertad religiosa organizadas en otras tantas localidades de Estados Unidos. Posiblemente, entre los participantes había muchas historias interesantes que contar si alguien se hubiera preocupado de ir a escucharlas.
Es significativo, sin embargo, que la voz de los obispos católicos fuera acompañada por un número creciente de personalidades de otras confesiones y religiones. El “frame” de libertad religiosa era evidente en estas adhesiones, pues muchas de esas confesiones y religiones no tienen problemas con admitir la contracepción. Para ellos, el problema no era la píldora sino la intervención estatal en cuestiones de conciencia.
Sin la pretensión de fijar conclusiones, podemos subrayar algunos aspectos de interés que nos ofrece el seguimiento de este caso, tal como lo hemos percibido fuera de Estados Unidos.

1. Buena elección de “frame”
La defensa de la “libertad religiosa amenazada” respondía a la realidad (y así fue percibido por otras confesiones y religiones). Contenía el aspecto positivo de apelar a la libertad y a la tradición constitucional del país. Se ha evitado centrar el debate en la contracepción. Se constata que el “frame” contrario ha necesitado de cierta tergiversación para ser más eficaz (acusar a la otra parte de “impedir el acceso a la contracepción”).
Cabe añadir, de todas formas, que el concepto de “libertad religiosa” resulta hoy poco claro y a veces se la identifica con libertad de culto. Se puede entender la persecución religiosa en países como China, Irak o India, pero resulta más difícil percibir las manifestaciones en una sociedad democrática como la de Estados Unidos.

2. Tendencia a la “confesionalización” de aspectos que pertenecen a la ética natural
El debate ha mostrado nuevamente un proceso de arrinconamiento de cuestiones de ética natural al ámbito exclusivamente católico. Concretamente, presentar el rechazo a la contracepción como una “cuestión exclusivamente católica” (como puede ser la no transfusión de sangre para los Testigos de Jehová o la circuncisión para los judíos). Es el proceso de renuncia a la razón humana del que ya hablaron Juan Pablo II y Benedicto XVI. Es necesario reconstruir ese tejido de razonamiento humano, usando nuevos modos y formas (“ecología humana”).

3. “¿Cuántos periódicos tiene el Papa?
”A pesar de contar con todos los ingredientes noticiables (conflicto, relevancia, etc.), ha habido deficiencias en la cobertura periodística de cuantos apostaban por el planteamiento de “libertad religiosa”. Por otra parte, en ocasiones ha sido evidente el conformismo y la falta de espíritu crítico de la prensa. Por ejemplo, presentar a los partidarios de la libertad religiosa con la sospecha de que quieren imponer a los demás su religión, mientras que pasa por alto que quien –de hecho– está imponiendo su “religión” a los demás es la administración federal.

4. “Houston, tenemos un problema”
El debate está sirviendo para poner sobre el tapete un tema que parecía casi “cerrado”: la moralidad de la contracepción y su no concordia con la doctrina católica.
Las lagunas, durante décadas, en la enseñanza de la doctrina de la Iglesia se están mostrando de modo dramático. Lo expresaba el cardenal Dolan en una entrevista publicada por The Wall Street Journal: “No me asusta admitir que tenemos un desafío interno de catequesis –grande como una torre- para convencer a nuestra propia gente de la belleza moral y coherencia de lo que enseñamos”.

martes, 22 de mayo de 2012

El olor del cocido

 Paco Robles en ABC


Una comida diferente

Pagó la última ronda de unas cervezas que le habían sentado divinamente después de una intensa semana de trabajo, se lo habían pasado bomba despotricando del viaje del Papa, de la hipocresía de la Iglesia , de todo lo que les pedía el anticlericalismo que los unía como la amistad que se profesaban y que les servía para estar colocados en la misma empresa pública de la Junta.

Se fue a casa para comer algo antes de echarse una buena siesta, pero de camino se encontró con un olor que lo llevó directamente hasta el paraíso efímero de su infancia. Un olor a cocido, a caldo humeante, el aroma que lo recibía cuando llegaba a su casa después del colegio, con su madre atareada en la humilde cocina donde la olla hervía sin cesar.

Entró en un local que le pareció un restaurante modesto, pero con encanto; iba distraído, pensando en el Informe Técnico sobre Prevención de Riesgos Psicosociales de las Personas Expuestas a Situaciones de Disrupción Económica Familiar que le habían encargado en la empresa pública donde trabaja. En realidad, no era un restaurante; sino un autoservicio frecuentado por gente de toda condición. Había personas ataviadas a la antigua usanza, junto a individuos solitarios que vestían según las normas alternativas del
arte povera.

De pronto abrió los ojos y se quedó pasmado al comprobar que, quien le servía la comida en la bandeja, era una monja. Aquello era un comedor social y se vio rodeado de eso que nunca se nombra en los informes ni en los dosieres que prepara:
pobres.

Quiso retirarse; pero la monja no lo dejó. Le sonrió y le dijo que no se preocupara, que la primera vez es la más complicada, que no debía avergonzarse de nada, que el cocido estaba buenísimo y que, de segundo, había filete empanado; que no se perdiera las vitaminas de la ensalada ni de la fruta, y que podía rematar la comida con un helado de los que había regalado una fábrica cuyo nombre obvió. Se vio sentado a una mesa donde un matrimonio mayor, y bien vestido, comía en silencio, sin levantar los ojos de la bandeja. Enfrente, un tipo con barba descuidada sonreía mientras devoraba el filete empanado y le contaba su vida; había perdido el trabajo, el banco se había quedado con su casa, después del divorcio no sabía a dónde ir; menos mal que las monjas le daban comida y ropa, y que dormía en el albergue bajo techo. «Al final, he tenido suerte en la vida, compañero; así que no te agobies, que de todo se sale…». No podía creer lo que estaba sucediendo. Nadie le había pedido nada por darle de comer, ni le habían preguntado por sus creencias. Se limitaban a darle de comer al hambriento, sin adjetivos.

Al salir, no le doy las gracias a la monja que le había dado de comer. Pero no fue por mala educación, sino porque no podía articular palabra. Una inclinación de cabeza. Ella le contestó con una sonrisa leve. «Vuelve
cuando lo necesites y, si no estoy, di que vienes de parte mía. Me llamo Esperanza».

Pregunta:
¿Conoces algún comedor social regido por ateos o por los sindicatos?

¿Cómo sobrevive España con esa escalofriante cifra de parados?

Elvira Lindo, El País, 14.05.2012

¿Cómo sobrevive España con ese porcentaje escalofriante de parados? ¿Cómo no está a diario la gente en la calle? ¿Cómo no se disparan las cifras de hurtos, de robos, de asaltos? Hay algo que no cuadra, te dicen desde fuera. La contención misteriosa del pueblo español encuentra su explicación en la economía sumergida, que existe, obvio, pero conociendo a los míos me decanto más por la idea de que es la familia, esa institución que tanta aversión intelectual provocaba en mi generación, la que está salvando el país del desastre. Una solidaridad muda y eficaz que está paliando el déficit de guarderías, de ayudas relacionadas con la célebre ley de dependencia, que afectan al cuidado de enfermos crónicos, ancianos o discapacitados. Nadie está ya libre, o casi nadie, de tener que tender su mano a algún familiar en paro o de tener que subvencionar las vidas de unos hijos que no vislumbran el momento de ser plenamente independientes.

¿Estábamos malcriados? Puede, puede que nos mereciéramos una reprimenda, puede que no hubiéramos sabido transmitir a nuestros hijos que la generación de nuestros padres fue la del hambre, puede que con tanto empeño en la recuperación de la memoria histórica se nos hubiera olvidado lo esencial, que España era, en esencia, un país humilde en el que la gente no gastaba más allá de lo que tenía. Puede que necesitáramos con urgencia un cambio de mentalidad, de acuerdo, pero eso no significa que fuéramos merecedores de este castigo. Un castigo que sufren con más virulencia, como si el hilo de esta historia los manejara un ser perverso, aquellos que carecen de responsabilidad en este caos económico.

España se va manteniendo gracias a la unión de muchos esfuerzos anónimos e individuales. Eso es lo que de momento contiene el cabreo que produce el ver que los responsables de esta pesadilla nunca serán castigados.

sábado, 5 de mayo de 2012

La delicadeza, el pudor y American Pie


Blog de Hildy


He estado leyendo estos días un libro apasionante titulado “Retorno al pudor” (Wendy Shalit, Rialp). Está escrito en 1999, cuando la autora, doctora en Filosofía, contaba 24 años. O sea, llega a España con 13 años de retraso pero en fin, quién sabe, tal vez no estábamos entonces tan necesitados por estos lares de que se nos recordara que existe una cosa llamada pudor, y que lejos de ser una actitud propia de mojigatos, tiene el gran valor de que ayuda a respetar a las personas. En Estados Unidos el libro produjo una auténtica conmoción, y muchas publicaciones se hicieron eco de sus provocativas propuestas. Por ejemplo un tal George F. Will, en Newsweek, aseguraba que “es una llamada a las mujeres para que ejerciten su poderosa capacidad de transformar la sociedad”; mientras que Tamala M. Edwards, en Time, proclamaba que “este libro ha puesto el dedo en la llaga en una sociedad con una sobredosis de sexo”.
Entiendo que no es éste el sitio para hacer una reseña en profundidad de un libro que recomiendo encarecidamente, pero sí puedo dar alguna pincelada que viene al caso. Shalit habla del pudor femenino, la vergüenza natural para proteger lo íntimo de la mirada de quien no tiene derecho a acceder a dicha intimidad, y habla de cómo tal actitud se ha perdido debido a una tremenda presión social de la que son víctimas principales las mujeres. En efecto, las mujeres según Shalit se ven atrapadas entre la espada de las feministas y la pared de los conservadores, lo que las obliga en la práctica a emular a los hombres en promiscuidad sexual, a lograr y exhibir un físico imposible, a avergonzarse de reconocer que les gustaría amar a alguien para toda la vida, y sin necesidad de acostarse inmediatamente con él tras su primer encuentro.
Curiosamente ayer tuve ocasión de ver La delicadeza, un film romántico de los franceses David Foenkinos y Stéphane Foenkinos, que si no malinterpreté viene a reivindicar lo mismo. El amor de tu vida no tiene que ser necesariamente el tío buenorro y simpaticón al uso, puede que sea alguien tímido, con aspecto de oso grande de peluche, y con la delicadeza de recordar tu gustirrinín por los viejos caramelos Pez. Alguien torpón, con sentido del humor particular, sensible. También podía verse en ese film que el jefe de Audrey Tautou, a pesar de que tiene a su cargo algunas jóvenes con tipazo, remarcado llamativamente con su forma de vestir, se fija más en la Tautou, de la que llega a comentar que la tristeza del golpe de la tragedia –un dolor que procura guardarse para sí misma con actitud pudorosa– le ha puesto más guapa.
En fin, el atractivo por el sexo opuesto tiene evidentemente más componentes que el elemental del puro tirón físico de primeras, y no digamos, por supuesto, que la simple fisiología o la “obsexión” de la que hacen gala los impulsores de la saga American Pie, hoy recuperada en una nueva entrega, American Pie: El reencuentro, cuyo arranque, según se puede leer en esta misma web, “acumula más gracietas sobre masturbaciones que ninguna otra comedia conocida”. No parece que haya demasiada “delicadeza” en la recién estrenada película, y tampoco creo que sus responsables hayan tenido tiempo de leer un libro que originalmente se publicó el mismo año en que iniciaron sus andanzas Jim, Steve y compañía

viernes, 4 de mayo de 2012

Hablan futuros sacerdotes


Mario, Gilberto, Giovanni y Dean John Paul son cuatro de los 35 candidatos que el sábado recibirán la ordenación sacerdotal. En cuatro entrevistas, reflexionan sobre el camino que les ha traído hasta hoy.


Cuando el juego se hace duro...Giovanni Zaccaria nació en Roma hace 33 años. Estudió Medicina en la Universidad de Verona, donde ha vivido varios años. Hizo la tesis doctoral en Cardiología.¿Por qué estudiaste Medicina?
Mi madre murió cuando yo estaba preparando los exámenes para entrar en la universidad. Ella siempre me había visto como médico: quería que fuese útil a los demás. Su enfermedad me hizo ver cuánto se puede ayudar a una persona, aun aquellas que se enfrentan irremediablemente a la muerte. 

¿Cómo llega un médico a ser sacerdote?
Es Dios quien te lleva. Al mirar atrás me doy cuenta de que, para llegar hasta aquí, ha habido una continuidad. Dios ha puesto en mi vida el ejemplo de personas que me han precedido en la entrega: mi madre, que con una carrera de biología lo dejó todo por cuidar a su familia; el sacerdotede mi parroquia, al que ayudaba a Misa antes de ir al colegio; algunos médicos que traté durante la carrera... En ellos veo que Dios me iba haciendo ver su voluntad, poco a poco. 

¿Y qué has descubierto?
Esas personas me han hecho descubrir lo que quiero: servir, servir a los demás, que Cristo pueda servir a los demás a través de mí: esa es mi gran ilusión.

Opus Dei -
"Dios ha puesto en mi vida el ejemplo de personas que me han precedido en la entrega"

El sacerdocio es siempre un camino difícil...
Recuerdo la frase de una película que gustaba a mi padre: “Cuando el juego se hace duro, los duros comienzan a divertirse”. El mundo ahora es duro, nos hemos endurecido: sufrimos, rechazamos a Dios, pensamos sólo en nosotros mismos, en estar bien aquí y ahora... Por eso, es el momento de comprometerse, de hacer lo que esté en tu mano para que las cosas mejoren... divirtiéndose, si es posible.

¿Y qué está en tu mano? ¿cómo esperas ayudar?
Además del trabajo que desarrolla cualquier sacerdote –dirigir espiritualmente, ofrecer los sacramentos, etcétera-, me hace especial ilusión mi trabajo en el instituto de Liturgia en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Mi labor consiste en enseñar a otros sacerdotes a descubrir la belleza de las celebraciones: de la misa, de los sacramentos... Y ayudando a lossacerdotes, sé que estoy llegando a mucha más gente: el beneficio se multiplica. En segundo lugar, yo sigo llevando un médico dentro: por eso tengo la esperanza de poder ayudar a muchas personas a encontar a Cristo en la enfermedad. 

                                                     * * * 

Mario: Tras las señales que da la vidaMario Pagani, 54 años, nació en San Miguel (Argentina). Como ingeniero, ha trabajado 18 años en Bolivia, dirigiendo dos ONG especializadas en la ayuda a campesinos y aymaras del altiplano.
Opus Dei - “Mario, explícame el Padrenuestro”, me dijo Juan Carlos. Aquello me dio que pensar: ¡estábamos en el lugar más divertido de la ciudad, y sin embargo no bastaba!
“Mario, explícame el Padrenuestro”, me dijo Juan Carlos. Aquello me dio que pensar: ¡estábamos en el lugar más divertido de la ciudad, y sin embargo no bastaba!
¿Cómo afrontas la ordenación?
Con agradecimiento a Dios. Al echar la mirada atrás, veo que en mi vida el Señor me ha ido poniendo señales, para que yo las siguiera y recorriera su camino. Ahora, como sacerdote, me pregunto: ¿cómo he llegado hasta aquí? Y no puedo evitar que me vengan a la cabeza diversos flashes del pasado: los tirones que Dios me daba para atraerme hacia Él.

¿Cual es el primer flash?
Cuando era un adolescente un poco alocado, fui descubriendo el mundo –junto con amigos como Luis, un compañero del colegio La Salle y el Negro, un amigo del barrio–. A esa edad percibes, por ejemplo, que existen las chicas, que el amor humano es algo grande. Al mismo tiempo, alguien me enseñó a rezar el rosario, a tratar a la Virgen María. Percibí que mi corazón se podía ir llenando a la vez de muchas cosas, también de las de Dios.

¿Y después?
Un segundo paso hacia Dios ocurre en una época en que trabajaba comodisc jockey en la discoteca VIP, junto con Pepe y Jorge, dos grandes amigos. Por aquella época practicaba la fe con más regularidad: iba a misa casi todos los domingos. Y allí, entre una canción y otra, un día que había poca gente, uno de mis amigos me hizo una pregunta inesperada: “Mario, explícame el Padrenuestro”, me dijo Juan Carlos. Aquello me dio que pensar: ¡estábamos en el lugar más divertido de la ciudad, y sin embargo no bastaba! La gente seguía inquieta, buscando la felicidad en las actividades más normales.

Luego empezó la etapa de trabajo en Bolivia
Sí, empecé a dar clases en un colegio en un colegio recién inaugurado. Ya desde mi etapa en la universidad pertenecía al Opus Dei, y sentía la urgencia de hablar de la fe a mis compañeros. Cuando inicié mi trabajo como profesor, me di cuenta de que las dudas sobre Dios y sobre la relación con los demás están muy presentes en los chicos. Por su cuenta, me abrían su corazón y podía ver en ellos la misma sed de Dios que yo había probado. Aquello era otra señal: sin la gracia de Dios, nos faltará siempre algo para ser felices.

Opus Dei - Varias personas pusimos en marcha la ONG Ayni, que en aimara significa “ayuda mancomunada”.
Varias personas pusimos en marcha la ONG Ayni, que en aimara significa “ayuda mancomunada”.

¿Más flashes?
Sí, claro: tuve la fortuna de compatibilizar la enseñanza escolar con proyectos de desarrollo agropecuario. En el altiplano boliviano, muchos agricultores no obtienen buenas cosechas por falta de conocimientos agrícolas, de sistemas de riego, etcétera. Así que varias personas pusimos en marcha la ONG Ayni, que en aimara significa “ayuda mancomunada”. Se trataba de que los agricultores, con nuestro consejo y diseñando juntos los proyectos que necesitaban, se ayudasen entre sí en beneficio de todos. Después, procurábamos conseguir parte del financiamiento para relizarlo.

¿Y de ahí al sacerdocio?
Yo pensaba que para ayudar a los aymaras bastaba cubrir cinco necesidades básicas: salud, agua, educación, electricidad y caminos. Y sin embargo, me sorprendió saber que algunos subían solos a los cerros y, en lo más alto, rezaban dos, tres horas. Contaban al cielo lo que llevaban dentro: sus desilusiones, sus alegrías, sus penas, sus esperanzas... ¡Tenían una necesidad básica: la vida interior! Y ahí, mi trabajo como ingeniero tenía sus límites. En cambio, como sacerdote, será Dios quien les ayude a través de mí.

¿Cómo?
Dios quiere que hagamos llegar a otra mucha gente la felicidad que Él transmite. Eso es lo que deseo como sacerdote: repartir entre los hombres los regalos que el Señor distribuye a través de sus sacerdotes y procurar que ellos se preparen lo mejor posible para aprovechar bien esos regalos. 

Así pues, ¿se acabaron las señales? 
¡No creo! Con gusto seguiré las pistas que Dios me marque en adelante... ¿Hacia dónde? Hacia donde Él quiera.

                                            * * * 

Gilberto: cambio de planes
Opus Dei - Gilberto Garrido
Gilberto Garrido
Gilberto Garrido, de 50 años, nació en Venezuela, aunque también tiene la nacionalidad colombiana. Tras varios años de trabajar en ingeniería de la construcción ha decidido cambiar sus planes.Primero, Venezuela...
Nací en San Cristobal, aunque como mi padre es militar, pronto nos trasladamos a otras ciudades: Caracas, Ciudad Bolivar... Al terminar el bachillerato en Caracas me fui a estudiar Ingeniería Civil a Maracay: fue entonces cuando conocí el Opus Dei.

¿Por qué elegiste esos caminos?
La ingeniería porque me encantan las construcciones; desde pequeño, me fascinaba ver tres o cuatro pisos de carreteras sostenidas simplemente por unos pilares. Y el Opus Dei porque me gustó saber que edificar puentes y carreteras servía sobre todo para acercarme a Dios y servir a los demás. 

¿Como fueron tus primeros pasos en el mundo laboral?
Primero trabajé en una fábrica de prefabricados para la construcción; luego, en el servicio de Ingeniería militar, revisando sus instalaciones. Al mismo tiempo, de noche iba a dar clases en la Universidad donde estudié. Unos años después me trasladé a Maracaibo, donde también ejercí la docencia en la Facultad de Ingeniería.

Pero hay un viaje a Colombia...
Efectivamente, surgió la posibilidad de ir a trabajar en Colombia, y allí me quedé. Pero tampoco en este país las ciudades me duraban mucho: trabajé en Medellín, Bogotá, Cali, Cartagena de Indias... 

Y ¿cómo es que un ingeniero de construcción lo deja todo?
No es una decisión de la noche a la mañana. Quien practica la fe, percibe la necesidad de Dios que hay en el mundo. Y para acercarse a Dios, hacen falta sacerdotes.

Opus Dei -
"Me gustó saber que edificar puentes y carreteras servía sobre todo para acercarme a Dios y servir a los demás"

Pero, ¿cómo surge esa llamada?
A mí, como ingeniero, me gusta planearlo todo: como casi todo el mundo, tenía mi proyecto profesional, familiar, y el sacerdocio no entraba en esos planes (aunque lo había considerado siendo niño). Lo tenía todo, pero a la vez no tenía nada. Pero un día, en misa, se leyó un texto de Isaías en el que Dios dice: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”. ¡Aquello me entró en el corazón, directo! Desde entonces, esas palabras resunan en mis oídos.

¿Fue un cambio repentino?
No. Fue una inquietud que Dios sembró dentro y creció poco a poco. Pero el sabor de aquella frase no lo olvidaré nunca. A veces lo que Dios quiere no se presenta de modo claro. Hay que buscar, pensar, rezar. Finalmente, tuve la oportunidad de venir a Roma a estudiar teología, y cambiar mis planes.

¿Adios a la ingeniería?
Siempre llevaré un ingeniero dentro. Es un trabajo precioso que enseña tantas virtudes: el orden, la precisión, la creatividad, la constancia... Ahora entiendo que ver aquellos puentes de niño y enamorarme de la ingeniería también formaba parte de los planes de Dios.

                                             * * *

Dean Johnpaul, rebelde con causaDean Johnpaul es de Filipinas. Tras acabar sus estudios de Económicas en la University of Asia and the Pacific, trabajó como executive assistant en esa misma universidad. Tiene 30 años.
Opus Dei -
"Me sorprendió la libertad que tenía cada uno para tratar a Dios. Esa era la libertad que yo quería".
¿Qué te ha llevado al sacerdocio?
Inicialmente, escogí la carrera de Económicas y luego, cuando empecé a trabajar, me dediqué a tareas de comunicación interna. Pero Dios ha querido otra cosa y estoy feliz de seguirle: quiere que administre la gracia y ayude a crear unidad en su Iglesia.

¿Es una idea que ya tenías de joven?
De joven era bastante rebelde. Mi primer nombre es Dean, y como James Dean, ese rebelde sin causa. Me gustaba mucho el mundo de la calle: estar con los amigos, jugar a baloncesto... no rezaba mucho, sinceramente. 

¿Cómo te acercaste a la fe?

Opus Dei - Dean Johnpaul
Dean Johnpaul
Un día en la Universidad un amigo me invitó a un retiro espiritual. Me lo ofreció con tal sencillez, que pensé:¿por qué no? Yo pensé que serían días donde nos dirían qué hacer, con normas muy marcadas... pero no, la mayoría del tiempo cada uno meditaba por su cuenta. Me sorprendió la libertad que tenía cada uno para tratar a Dios. Esa era la libertad que yo quería.

¿Qué puedes ofrecer a la Iglesia en tu país?
En Filipinas faltan muchossacerdotes. Los que hay son heróicos, pero no dan abasto. Así que voy a ayudar a mis hermanos. Estos años en Roma, junto al Papa y junto al Prelado del Opus Dei, han sido un tesoro que distribuiré entre mucha gente. Filipinas está lejos de Roma, por eso sé el valor que tienen estos años. 

Nadie puede llamar bien al mal.

La Iglesia recuerda, con la luz de Dios, que el hombre puede reconocer verdaderamente el bien y el mal. Nunca puede llamar bien al mal, si n...