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sábado, 2 de junio de 2012

Una batalla comunicativa entre la Casa Blanca y los obispos




Por Diego Contreras, Aceprensa, 30 de mayo 2012

Como es sabido, la administración del presidente Barak Obama estableció que las empresas e instituciones, incluidas las de carácter religioso, debían financiar, en el seguro sanitario de sus empleados, el acceso a la contracepción, la esterilización y los medicamentos abortivos, como medidas de medicina preventiva.
Las reacciones contra esa medida, anunciada el 20 de enero de 2012, no se hicieron esperar. Fueron muchos los que señalaron que se trataba de una amenaza contra la libertad religiosa. El cardenal Dolan, arzobispo de Nueva York, lo sintetizó eficazmente con una frase: “Tenemos un año para aprender a violar nuestras conciencias”, en referencia al plazo que la administración había fijado para que las instituciones religiosas encontraran un modo de adecuarse a la normativa. Los partidarios del mandato, sin embargo, argumentaron que la contracepción entraba dentro del derecho a la salud, un derecho fundamental, y que el gobierno podía obligar a las empresas a facilitarlo a sus empleados.

En busca de un compromiso
Entre los opositores a que el “mandato” (se empleó esta palabra) incluyera a las instituciones religiosas, se contaban numerosos partidarios incondicionales del presidente Obama. Para salir al paso de esa situación, la Casa Blanca anunció el 10 de febrero siguiente que había encontrado una solución de compromiso (“accommodation”): en caso de instituciones de naturaleza religiosa, la cobertura para la contracepción, la esterilización y los medicamentos abortivos correría a cargo de las empresas aseguradoras.
Para muchos, esa propuesta fue suficiente y retiraron sus objeciones al plan. No fue ese el caso (entre otros) de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos. Para los obispos americanos, el ofrecimiento era pura apariencia. En realidad, el contrato por esos servicios considerados inmorales seguiría existiendo, si bien camuflado ahora bajo un simple truco contable. Se hizo notar, además, que buena parte de las instituciones católicas de cierta envergadura –como hospitales y universidades– cuentan con sus propias compañías aseguradoras, con lo que el problema moral seguiría intacto.
A pesar de todo, la iniciativa de la Casa Blanca tuvo un innegable éxito comunicativo. En buena parte de la prensa desapareció el “problema religioso”. Acabó también el efecto de unificación que el anuncio inicial de la administración Obama había provocado en el mundo católico, entre los llamados –siguiendo la terminología periodística– católicos conservadores y católicos liberales. De hecho, según algunos comentaristas, el objetivo de la “accommodation” de Obama fue recuperar el apoyo de los “católicos liberales”, no el de los obispos.
Si bien la propuesta era nebulosa, el presidente aparecía ante la opinión pública como una persona dialogante, que había escuchado a los opositores y modificado su propuesta inicial. Solo advirtieron que eso no era así las personas verdaderamente interesadas en el caso. De hecho, el texto provisional publicado en el boletín oficial no se modificó.

Los dos puntos de vista
A partir de ese momento, el debate contó con dos versiones muy definidas, según fueran los narradores. Los dos principales actores fueron la Casa Blanca y los obispos católicos. Este fue, en síntesis, el punto de vista de cada uno:
A. La Casa Blanca: el tema central es la salud de la mujer, que incluye el control de la natalidad, al que se opone un pequeño porcentaje de personas, entre ellos, una parte de católicos (sobre todo la jerarquía). Pero incluso entre los mismos católicos, la gran mayoría está a favor de la contracepción y la usa.
Se añadió, además, que no incluir esos servicios preventivos en los seguros médicos suponía promover una guerra contra la mujer. En definitiva, que el debate era sobre el acceso a la contracepción (y contracepción gratuita). En algunos comentarios se daba a entender que oponerse a esta normativa equivalía a impedir a la mujer el acceso a la contracepción.
B. Obispos católicos: el debate no es sobre contracepción sino sobre libertad religiosa y está relacionado con la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos. Con el “mandato” de la Administración se obliga a personas e instituciones a ir en contra de su conciencia religiosa.
Los promotores de este punto de vista nunca dijeron que pretendían impedir el acceso de las mujeres a la contracepción (idea que, como se ha dicho, la parte contraria subrayó). Si los obispos hubieran rebatido: “no queremos impedir el acceso de las mujeres a la contracepción”, hubiera resultado al menos ambiguo, pues muestra que se concede algún valor positivo a la contracepción. 
Además, pondría en el centro de la atención la contracepción, que era el objetivo de la otra parte.Para la administración Obama, definir la postura contraria como “guerra a la mujer” dejaba implícito que se representaba a todas las mujeres y que la agresión procedía de un estrato masculino, la jerarquía católica.

La polémica en la prensa
La polémica comenzó por iniciativa de la administración Obama, que fue quien lanzó esta norma. Ante esa iniciativa, las organizaciones religiosas (y de modo singular, la Iglesia católica) dieron su respuesta. Sin embargo, en la prensa esa réplica aparecía no como una “respuesta” a una medida, sino casi como un acto de “agresión” contra la mujer o contra el control de la natalidad.
La mayor parte de la prensa siguió el “frame” establecido por la Casa Blanca, incluyendo de vez en cuando voces que representaban a la otra perspectiva. En muchos casos, las referencias a la expresión libertad religiosa se incluían entrecomilladas, dando a entender que el medio mantenía las distancias, como queriendo decir: ellos dicen que es una cuestión de “libertad religiosa”, pero en realidad nosotros pensamos que no lo es.
Es interesante notar que una sesión en el Senado norteamericano, dedicada precisamente a la libertad religiosa a propósito del mandato de la administración Obama, fue presentada por la prensa como una sesión sobre contracepción. Se silenciaron las intervenciones de líderes religiosos al tiempo que se planteó la cobertura en términos de si había o no mujeres entre las personas que hablaron. El personaje estrella fue una estudiante de Georgetown University, de 30 años, que abogó vibrantemente a favor de la normativa Obama.
Tuvieron escaso eco en los medios las 150 manifestaciones a favor de la libertad religiosa organizadas en otras tantas localidades de Estados Unidos. Posiblemente, entre los participantes había muchas historias interesantes que contar si alguien se hubiera preocupado de ir a escucharlas.
Es significativo, sin embargo, que la voz de los obispos católicos fuera acompañada por un número creciente de personalidades de otras confesiones y religiones. El “frame” de libertad religiosa era evidente en estas adhesiones, pues muchas de esas confesiones y religiones no tienen problemas con admitir la contracepción. Para ellos, el problema no era la píldora sino la intervención estatal en cuestiones de conciencia.
Sin la pretensión de fijar conclusiones, podemos subrayar algunos aspectos de interés que nos ofrece el seguimiento de este caso, tal como lo hemos percibido fuera de Estados Unidos.

1. Buena elección de “frame”
La defensa de la “libertad religiosa amenazada” respondía a la realidad (y así fue percibido por otras confesiones y religiones). Contenía el aspecto positivo de apelar a la libertad y a la tradición constitucional del país. Se ha evitado centrar el debate en la contracepción. Se constata que el “frame” contrario ha necesitado de cierta tergiversación para ser más eficaz (acusar a la otra parte de “impedir el acceso a la contracepción”).
Cabe añadir, de todas formas, que el concepto de “libertad religiosa” resulta hoy poco claro y a veces se la identifica con libertad de culto. Se puede entender la persecución religiosa en países como China, Irak o India, pero resulta más difícil percibir las manifestaciones en una sociedad democrática como la de Estados Unidos.

2. Tendencia a la “confesionalización” de aspectos que pertenecen a la ética natural
El debate ha mostrado nuevamente un proceso de arrinconamiento de cuestiones de ética natural al ámbito exclusivamente católico. Concretamente, presentar el rechazo a la contracepción como una “cuestión exclusivamente católica” (como puede ser la no transfusión de sangre para los Testigos de Jehová o la circuncisión para los judíos). Es el proceso de renuncia a la razón humana del que ya hablaron Juan Pablo II y Benedicto XVI. Es necesario reconstruir ese tejido de razonamiento humano, usando nuevos modos y formas (“ecología humana”).

3. “¿Cuántos periódicos tiene el Papa?
”A pesar de contar con todos los ingredientes noticiables (conflicto, relevancia, etc.), ha habido deficiencias en la cobertura periodística de cuantos apostaban por el planteamiento de “libertad religiosa”. Por otra parte, en ocasiones ha sido evidente el conformismo y la falta de espíritu crítico de la prensa. Por ejemplo, presentar a los partidarios de la libertad religiosa con la sospecha de que quieren imponer a los demás su religión, mientras que pasa por alto que quien –de hecho– está imponiendo su “religión” a los demás es la administración federal.

4. “Houston, tenemos un problema”
El debate está sirviendo para poner sobre el tapete un tema que parecía casi “cerrado”: la moralidad de la contracepción y su no concordia con la doctrina católica.
Las lagunas, durante décadas, en la enseñanza de la doctrina de la Iglesia se están mostrando de modo dramático. Lo expresaba el cardenal Dolan en una entrevista publicada por The Wall Street Journal: “No me asusta admitir que tenemos un desafío interno de catequesis –grande como una torre- para convencer a nuestra propia gente de la belleza moral y coherencia de lo que enseñamos”.

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