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domingo, 5 de marzo de 2017

Adicción al porno: una enfermedad que nació en internet.

Por Diego Bermejo, El Mundo Digital
España, el país donde más crece el consumo de pormo. Tres de cada cuatro varones.
El estudio también pone de manifiesto otra realidad: el consumo de estos contenidos va claramente al alza en España. La razón de este incremento paulatino parece estar relacionada con la liberación en nuestro cerebro -durante el visionado de cine X- de una sustancia como la dopamina, cuya presencia, al igual que sucede con el consumo de sustancias como el alcohol y las drogas, nos lleva a desear la repetición de esa sensación placentera, una y otra vez.
El consumo habitual de pornografía acostumbraría poco a poco a nuestro cerebro a la presencia de esos niveles de la hormona del placer, y necesitaríamos cada vez más tiempo de visionado para poder mantener el nivel de excitación. Una conclusión que ya respaldó, hace unos años, la psicóloga clínica y codirectora del Instituto de Sexología de Barcelona, Carme Sánchez en este periódico.
Este círculo vicioso pondría de manifiesto, según una investigación publicada en la revista JAMA Psyhchiatry, que los consumidores de pornografía acaban por desarrollar menos materia gris en el cerebro, si bien cabe subrayar que los científicos todavía no se han puesto de acuerdo en relación a las consecuencias médicas que tiene el visionado de contenidos para adultos de manera patológica.

El porno actúa como una droga

No obstante, algunos profesionales neurológicos como el doctor Donald L. Hilton, un prestigioso neurocirujano, profesor del Departamento de Neurocirugía en el Health Sciences Center de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, lo tienen muy claro: "La pornografía estimula ciertos neuroquímicos en nuestro cerebro actuando en este órgano como una droga".
Echando mano a las investigaciones científicas en relación a los trastornos del control de impulsos no especificados en los que se podría encuadrar esta patología que nos ocupa, podemos hallar algunos de los síntomas que deben ponernos en alerta ante un posible caso de adicción a la pornografía.
La dificultad para pasar un día sin consumir porno, el abandono de otras tareas para poder acceder a estos contenidos, la dificultad para encontrar el placer sexual más allá de la pornografía o la aparición reiterada de un sentimiento de culpa tras visionar cine X son algunos de los indicios que pueden ponernos en el camino de un posible caso de adicción.
Huelga decir que, en el caso de reconocer varias de estas actitudes, en ti o en alguien cercano, es recomendable ponerse en manos de un profesional que pueda ayudarnos en este asunto.

Uno de cada 10 tiene menos de 10 años

Uno de los datos más alarmantes en relación al consumo de porno en el mundo es el que pone de manifiesto que uno de cada diez visitantes a las páginas web con contenido pornográfico tiene menos de diez años y uno de cada tres niños entre 10 y 14 años visita este tipo de páginas de manera regular. Edades en las que la personalidad de esos menores no está formada y que podría alterar de manera significativa su posición sobre la pornografía y las relaciones sexuales de manera grave.
Esta realidad viene empujada por varios factores, como la omnipresencia de impactos visuales relacionados con este tipo de contenidos existente en la Red o la falta de controles de garantías para evitar que los menores de edad accedan a las páginas que albergan material pornográfico, que se limitan a colocar ingenuamente en su home un botón que impide el acceso a su portal a los internautas que confiesan tener menos de 18 años.
En este sentido, los profesionales médicos recuerdan la responsabilidad que tienen los padres en este asunto conminándoles a la instalación en los dispositivos con acceso a Internet del control parental que restringe el acceso a determinados portales web, así como a la vigilancia regular de los menores cuando estos estén navegando, abriendo la posibilidad a frenar hábitos dañinos durante una etapa eminentemente sexual como la pubertad o la adolescencia, y en la que se fraguan gran parte de los trastornos de este tipo.
La aparición de apps con contenidos pornográficos elaborados expresamente para su visualización a través de teléfonos móviles, la presencia cada vez más importante de redes sociales en las que se ofrece sexo esporádico y sin compromiso y las cada vez más repetidas e imitadas actitudes con connotaciones sexuales en las redes sociales convencionales también están propiciando una evidente banalización de las relaciones sexuales y desviándolas, en muchos casos, del mundo analógico al digital. Un cóctel nativo de la era de internet que podría haber llegado para quedarse.
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