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viernes, 12 de julio de 2013

Entrevista a Mons. Reig: «Hay bienes que son anteriores al Estado, y que cualquier legislación tiene que respetar»



 

(Aleteia, 07-2013– El ministro de Justicia ha prometido en muchas ocasiones una reforma de la ley del aborto, sin embargo esta no llega. ¿Cómo valora el retraso del Gobierno en presentar la reforma de la ley? ¿Por qué?

 

Las presiones que está recibiendo el PP podemos imaginar que son muchas, fuera y dentro del partido. Sin embargo no podemos olvidar su promesa electoral, ni la presencia de cargos significativos del partido en todas las manifestaciones y movilizaciones que en España ha habido en los últimos años para promover la derogación de la ley del aborto. Teniendo en cuenta estos hechos, si el retraso significara vacilación o vuelta atrás, habría que entenderlo como un verdadero fraude. Lo que se debate con la derogación de la ley del aborto es apostar por la civilización del amor o quedar atrapados por la cultura de la muerte.

 

– Una ley de supuestos, como defienden desde el PP puede ser un mal menor. ¿Es suficiente?

 

No. Entre la vida y la muerte no hay una situación intermedia. No se puede abolir la esclavitud permitiendo un poquito de libertad. La vida y la libertad son bienes indivisibles. El único y verdadero progreso es la derogación de la ley que permite el aborto. Nunca la muerte de inocentes puede ser considerada un mal menor. Afirmar el derecho al aborto como está en la ley actualmente en vigor es entronizar el despotismo de la libertad individual y el totalitarismo del Estado.

 

– Muchas veces las leyes o la política están basadas en encuestas y en la opinión pública. ¿Puede estar el Derecho a la Vida a merced de lo que opinen las mayorías?

 

No. En la democracia no es suficiente afirmar el positivismo jurídico o la voluntad de las mayorías. Una democracia que no esté impregnada de los valores que defienden la dignidad de la vida humana o el bien social del matrimonio y de la familia, queda vaciada de contenido. Hay bienes que son anteriores al Estado, y que cualquier legislación tiene que respetar. Lo contrario es afirmar la arbitrariedad y la dictadura de las mayorías.

 

– ¿En España hay un auténtico movimiento civil contra el aborto, o más bien fuera de los católicos la sociedad lo ha aceptado pasivamente?

 

En España el movimiento pro vida y las asociaciones en defensa de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, han crecido en los últimos años y forman una red tupida, que ha podido emerger en varias manifestaciones en nuestro país. En estas asociaciones, la mayor parte civiles, se pone de manifiesto todo un programa donde hay católicos y otras personas con otros credos. Es verdad que la luz de la fe y del Evangelio de Cristo son decisivas para discernir lo que está en juego en el derecho a la vida y su dignidad. La fe nos enseña que la vida humana no sólo es digna porque pertenece a alguien, sino que es sagrada porque procede de Dios. La mejor defensa de la vida humana es el mandamiento divino: “No matarás”.

 

– En España no existe un partido político que defienda la vida. ¿Cómo pueden defenderse políticamente los católicos? ¿Mediante la abstención?

 

Ahora mismo en el Parlamento español no hay ningún partido político que defienda en su integridad la doctrina de la Iglesia Católica sobre bienes tan esenciales como la vida humana, el valor del matrimonio, el gran bien social de la familia, la auténtica libertad de enseñanza, la justicia social y la solidaridad para con los más empobrecidos. Estos bienes que son innegociables tienen que orientar el voto católico. No es suficiente aceptar el mal menor que nos ha traído en los últimos años tantas leyes inicuas. Los católicos deben de ser conscientes de su responsabilidad en la política y de lo que se juega en las votaciones y en la participación en las instituciones de la vida social.

 

– Diversos colectivos defienden el aborto como un derecho a decidir ¿Es el ser padre un derecho o una elección?

 

Reducir el derecho a la vida a la libertad o al derecho a elegir por parte de quien es responsable de la vida humana es un sofisma. En el caso del aborto el derecho a elegir coincide con el derecho a destruir la vida del inocente. Si esto fuera así tendríamos que aceptar que la vida en sociedad es un ámbito que se construye para la destrucción de la vida humana, lo cual es un absurdo. Vivimos en sociedad para ayudarnos unos a otros, para alcanzar juntos el bien común o el desarrollo en plenitud de cada vida humana. La responsabilidad del padre y de la madre es custodiar desde el amor la vida del concebido. Toda la sociedad debe colaborar subsidiariamente para que esta responsabilidad pueda ser llevada a cabo. Las políticas que crean progreso son aquellas que favorecen la presencia de nuevos ciudadanos, la educación de los mismos en la familia y la ayuda mutua entre todos. En este sentido podemos avanzar y construir una ciudad habitable para todas las personas.

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