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viernes, 16 de abril de 2010

Cinco años de Papa


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¿Qué puede hacer un hombre que empieza a ser Papa a los 78 años? Si miramos algunos momentos de estos cinco años, podemos reconocer que se puede hacer, y se ha hecho, mucho en el mundo de lo visible y cuantificable
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net

El 16 de abril de 2005 acababa de cumplir 78 años. El cardenal Joseph Ratzinger tenía ante sus ojos la apertura inminente del cónclave. A los tres días, el 19 de abril, era elegido Papa, el 264 sucesor del apóstol san Pedro. Iniciaba una nueva etapa en su vida.

Han pasado, desde entonces, cinco años. Más de uno habrá pensado, en aquel día de abril de 2005: ¿qué puede hacer un hombre que empieza a ser Papa a los 78 años? Si miramos algunos momentos de estos cinco años, podemos reconocer que se puede hacer, y se ha hecho, mucho en el mundo de lo visible y cuantificable. Lo invisible, lo más profundo, lo que llega a los corazones, sólo lo conoce Dios.

Benedicto XVI ha asumido, desde el inicio de su trabajo como Papa, el mensaje íntegro del Concilio Vaticano II, como explicó a los cardenales que lo habían elegido. Ha buscado defenderlo de interpretaciones erróneas. Ha tendido la mano a quienes, como los seguidores del obispo Lefebvre, no lo habían comprendido. Ha buscado aplicarlo de modo correcto y profundo en puntos no siempre bien interpretados.

En estos cinco años el Papa nos ha regalado tres encíclicas. La primera (Deus caritas est), firmada en diciembre de 2005 y publicada a inicios de 2006, está dedicada al tema del amor. La segunda (Spe salvi), dada a luz a finales de 2007, trata de la esperanza. La tercera (Caritas in veritate), de 2009, analiza y aplica la doctrina social de la Iglesia para el contexto que ahora vive el mundo globalizado.

En estos cinco años Benedicto XVI ha presidido tres Sínodos de los obispos. Uno dedicado a la Eucaristía (en 2005); otro a la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia (en 2008); y otro, especial, para África (en 2009).

En estos cinco años ha realizado importantes viajes fuera de Italia: a Brasil (en 2007), para dar inicio a los trabajos de la Conferencia general del episcopado latinoamericano. A dos países de África, Camerún y Angola (en 2009), en parte como preparación para el Sínodo de los obispos dedicado a ese continente que tendría lugar en Roma en octubre de ese mismo año. A varios países de Europa: Alemania (en los años 2005 y 2006), España (2006), Polonia (2006), Austria (2007), Francia (2008), República Checa (2009).

Viajó a Turquía, tras las huellas de san Pablo, en 2006. También visitó los Estados Unidos de América y dirigió un importante discurso a las Naciones Unidas (en abril de 2008). Llegó hasta las lejanas tierras de Australia, para la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney (2008). Y visitó, como lo habían hecho Pablo VI y Juan Pablo II, Tierra Santa (mayo de 2009).

La agenda de viajes internacionales para el año 2010 no se presenta vacía: al Papa lo esperan en Malta (abril), Fátima (mayo), Chipre (junio), Gran Bretaña (septiembre) y España (noviembre).

Sin poder llegar físicamente, el Papa ha llevado muy cerca de su corazón a los católicos en China, a los que envió una importante carta el 27 de mayo de 2007.

Italia también ha sido objeto de 17 viajes del Vicario de Cristo. En la diócesis de Roma el Papa se ha hecho presente en varias parroquias, con el deseo de contactar directamente con los párrocos y los fieles de la Ciudad Eterna.

En estos cinco años Benedicto XVI ha acogido a centenares de obispos de todo el mundo. Llegados a Roma para la visita que hacen, cada cinco años, al Sucesor de Pedro, o por otros motivos, encontraron en el Papa a un hermano en el episcopado y a un servidor incansable del Evangelio.

En estos cinco años ha lanzado iniciativas para avivar la vida de la Iglesia. En el año 2008 inauguró un Año paulino, para recordar el bicentenario del nacimiento de san Pablo. De junio de 2009 a junio de 2010 ha invitado a los sacerdotes y a los fieles de todo el mundo a un Año sacerdotal, tras cumplirse 150 años de la muerte del cura de Ars.

En estos cinco años ha dirigido su palabra, casi sin interrupción, en centenares de audiencias generales de los miércoles en el Vaticano. En ellas, acogió y concluyó un ciclo temático dedicado a los Salmos, que había sido iniciado por Juan Pablo II en sus últimos años de Papa. Luego, empezó una serie de catequesis sobre los apóstoles y los discípulos más cercanos al Señor, sobre la Iglesia primitiva, sobre los Santos Padres y sobre los santos y hombres de fe más representativos a lo largo de los siglos. Durante estas catequesis insertó un ciclo sobre san Pablo (2008-2009), y varias audiencias estuvieron dedicadas al Año sacerdotal o a diversos acontecimientos de la Iglesia.

En estos cinco años, Benedicto XVI ha promovido la vida litúrgica, especialmente la centralidad de la Eucaristía. Tienen una importancia especial dos documentos: la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum caritatis (publicada en 2007); y el Motu Proprio Summorum Pontificum sobre la Liturgia romana anterior a la Reforma de 1970 (también publicado en 2007). Ha habido otras medidas concretas, como la petición de una más fiel traducción de las palabras consacratorias de la Misa. Estas intervenciones buscan rescatar el genuino sentido de la liturgia y revitalizar el rito romano de la Misa usado hasta las reformas del Concilio Vaticano II.

No podemos olvidar tantas homilías en las que Benedicto XVI, con un profundo sentido espiritual, ha querido ilustrar signos y aspectos que forman parte de la liturgia de la Iglesia y que merecen ser vividos de modo consciente y en un clima de fe orante.

En estos cinco años el Papa ha dado pasos concretos en el diálogo ecuménico y ha tomado disposiciones para acoger a grupos importantes de la iglesia anglicana que deseaban volver a la plena comunión con la Iglesia católica (especialmente con la constitución apostólica Anglicanorum coetibus, publicada en 2009).

En estos cinco años se ha promovido el diálogo interreligioso, con momentos de mayor visibilidad durante las ya recordadas visitas a Turquía (2006) y a Tierra Santa (2009), y en la histórica presencia de Benedicto XVI en la Sinagoga de Roma (en enero de 2010).

En estos cinco años ha podido continuar su trabajo como teólogo al dar forma concreta a un sueño que llevaba en su corazón antes de ser elegido Papa: escribir un libro sobre Jesucristo. La obra, con el título Jesús de Nazaret, fue publicada en abril de 2007, y encontrará su coronación con un segundo volumen que se espera salga a la luz durante el año 2010.

Se podrían comentar tantos otros aspectos eclesiales, culturales, teológicos, filosóficos, y simplemente humanos, de los cinco años que han marcado el corazón y la vida de la Iglesia desde los gestos y las palabras de un Papa, Benedicto XVI, que fue elegido con 78 años, y que ha sabido trabajar, sencillamente, con la mirada fija en quien un día le llamó y le dijo: “Sígueme”.

Hoy sigue en la barca del Pescador, en la Cátedra de Pedro. Por su persona, por su misión, por sus proyectos, millones de católicos elevan una oración agradecida y una súplica confiada a Dios Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, con la intercesión de la Virgen Santísima y de los Santos, según el deseo que el mismo Benedicto XVI formulaba el 19 de abril de 2005, cuando dirigió desde el balcón central de la Basílica de San Pedro sus primeras palabras como Obispo de Roma:

“Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor.

Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones.

En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda continua, sigamos adelante. El Señor nos ayudará y María, su santísima Madre, estará a nuestro lado. ¡Gracias!”

¡Muchas gracias a Ud., Santo Padre!
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