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sábado, 13 de agosto de 2016

¿Inculcar una moral es lavar el cerebro? En pocas palabras

   

   ¿Usted prefiere una persona mentirosa a una persona veraz, una persona traicionera a una leal, un perezoso a un laborioso, una persona tacaña a una persona generosa, una persona injusta a una justa, una persona que le desprecia a una que le valora...? Pienso que no hay en el mundo nadie que tenga problemas para resolver  la disyuntiva. Pues me está definiendo los valores personales y morales...

       —Muchos piensan que inculcar a una persona unos principios morales preestablecidos es un modo de lavarle el cerebro. Dicen que lo mejor es que cada uno vaya sacando de su experiencia personal sus propios criterios morales.

        Entiendo que lavar el cerebro a una persona consiste en disminuir su capacidad de juzgar razonadamente. Pero educar a las personas para desarrollar el hábito de ser veraces, o generosas, o justas, o respetuosas con los demás, no puede decirse que atente contra su capacidad de tomar decisiones razonables. Es justamente al revés. Los buenos hábitos morales refuerzan la capacidad de juzgar razonablemente.

        Por el contrario, cuando faltan los hábitos morales resulta más fácil que se extravíe la razón. Fue Lenin quien dijo aquello de que "si queremos dominar a un pueblo, antes corromperemos su moralidad".
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