miércoles, 25 de junio de 2014

Para pensar: en la Economía y en los demás campos de la vida.

Un directivo no es un robot (nadie es un robot)

Por Antonio Argandoña, Catedrático de Economía Universidad de Barcelona

“Demasiados directivos siguen robóticamente las reglas en lugar de tomar decisiones con su cabeza y su corazón”, leo en una entrada del blog del Chartered Management Institute (aquí, en inglés). Estoy de acuerdo: dirigir es, para muchos, actuar de acuerdo con normas, con reglas… con el comportamiento burocrático que señaló Max Weber hace ahora un siglo, definiendo la cultura de la empresa moderna. La tentación es siempre la de más controles, más reglas… y menos ética, porque la ética no es (solo) la aplicación de reglas

Las reglas hacen falta, pero la ética es mucho más que eso: es también hacer el bien y desarrollar virtudes.

Esto depende, claro está, de las personas, pero me temo que también, y mucho, de las organizaciones. Y muchas organizaciones modernas actúan  del modo burocrático que he mencionado antes. Por eso, antes de aplicar una norma hay que pararse a pensar: ¿es esto lo que conviene hacer en este caso? Y esto vale, sobre todo, si alguien va a salir perjudicado a consecuencia de esa decisión.

Algo parecido leí también hace unos días en The Business Journal (aquí, en inglés): “para ser un líder ético debes aprender a romper las reglas”. La entrada empieza con un caso: una empresa está teniendo en su fábrica un fallo que va contra las normas 
medioambientales. Un directivo sugiere parar inmediatamente la planta; el otro le dice que antes de aplicar la norma hay que pensar si eso es lo que hay que hacer en ese caso

“Nadie nace sabiendo qué hay que hacer”, aclara el autor, “es una capacidad adquirida”, que exige años de experiencia, profundidad en la reflexión y la ayuda de mentores y asesores capacitados. Lo que los clásicos llamaban la virtud de la prudencia. 

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