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jueves, 5 de septiembre de 2013

Madres de alquiler, hijos a golpe de talonario


Teresa García-Noblejas, en Profesionales por la ética


Independientemente de su legalidad o ilegalidad, a nuestro juicio la gestación por sustitución no es digna del ser procreado (hijo) ni de la madre que se presta a gestarlo. Estas son nuestras razones:Hay por nuestras tierras un talludito cantante que presume de tener varios hijos obtenidos por el procedimiento de maternidad subrogada o de alquiler, un procedimiento que no está permitido por la ley española pero que se ha convertido en un lucrativo negocio de abogados y clínicas que facilitan a hombres y mujeres españoles “alquilar” el cuerpo de una mujer para tener un hijo con los óvulos o los espermatozoides (o ambos si se trata de una pareja) propios.
  • Los hijos tienen derecho a nacer como fruto de una relación de amor, expresada en la relación sexual, entre un hombre y una mujer, que son sus padres. Técnicamente es posible que nazcan de otra manera pero debemos plantearnos si todo lo técnicamente posible es deseable para los niños que traemos al mundo. ¿Tenemos derecho a privar a los niños (mañana adultos) de un padre o de una madre? ¿No es una forma de robarles (ahora que se denuncia el robo de bebés)  el derecho a conocer su identidad y la de sus padres.
  • La gestación por sustitución no deja de ser una forma de explotar personas, en la que una mujer alquila (generalmente por dinero) su cuerpo para gestar a un hijo biológico que en realidad nunca va a ser suyo. No es conforme a la dignidad de la mujer prestar su cuerpo (parte fundamental de su identidad, no un simple objeto) como simple alojamiento temporal de otro ser humano al que renuncia a criar y querer como a un hijo.
  • En una sociedad tan preocupada por el medioambiente y el respeto a la naturaleza, ¿no estaremos cometiendo auténticos disparates ecológicos forzando maternidades y paternidades artificiales contra las leyes naturales?
  • La motivación es clara: el deseo de un hijo con mis características genéticas porque renuncio a adoptar niños de otros que habitan orfanatos de muchos países (claro, que no tendrán mis ojos ni mi color de pelo y quizá sean de otro color de piel, vaya vaya). Aquí surge la pregunta: ¿cuál es la prioridad? ¿El hijo en si mísmo o mi deseo por encima de todo? ¿Qué prevalece: el derecho del menor o el poder del adulto que encarga niños a golpe de talonario?


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