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sábado, 24 de noviembre de 2012

Una narración como la de un evangelista


Entrevista a Bernardo Estrada, profesor de Sagrada Escritura


¿Cómo cambia la forma de ver la infancia de Jesús el libro del Papa?
        –El libro no contiene grandes novedades, pero completa la imagen de Jesús que teníamos con los libros anteriores, dedicados a la vida pública, a la Pasión y a la Resurrección. Faltaba que Benedicto XVI analizara los llamados Evangelios de la infancia. Se trata de narraciones sugestivas, realizadas por los evangelistas Mateo y Lucas. Este volumen muestra que la fe cristiana está anclada en la historia: son hechos que realmente sucedieron.
¿Despejará el libro las dudas de algunos sobre la figura de Cristo como hombre?
        –Ayuda a superar las dificultades que plantea el conocimiento de la infancia de Jesús. Hay quienes decían que se trataba de una historia inventada, pero el Papa hace ver como estudioso que lo que dijeron los evangelistas es cierto. Constataron los hechos y luego fueron al Antiguo Testamento para intentar explicárselos. No se inventaron nada, tienen sus fuentes. En el caso de Mateo, derivan de San José, y en el de Lucas, de la Virgen María.
¿Puede haber sido alterada la narración de San José y de la Virgen María hasta que llegó a los evangelistas debido a los intermediarios?
        –Ésta es la misma pregunta que surge con el resto de los Evangelios. Existe un riesgo de que se perdieran anécdotas, pero siempre se transmitía la verdad fundamental. Con los hechos principales de la infancia de Jesús, es muy remoto el riesgo de que haya habido cambios en las cosas importantes. Vemos esta situación en todos los Evangelios: se cuentan los mismos hechos fundamentales, aunque cambian algo los detalles.
¿Puede entenderse sin recurrir a la fe que Jesús fuera concebido sin que la Virgen conociese varón?
        –Es difícil. Los milagros despiertan la incredulidad porque superan nuestra capacidad de conocimiento y nuestra razón. Requieren de la fe. Dios, el creador del orden natural, puede cambiar las reglas cuando quiere decirnos algo.
Además de los Evangelios, ¿hay otros textos que nos permitan conocer la infancia de Jesús?
        –La Iglesia primitiva quería saber más sobre los primeros años de Jesús, como vemos en los Evangelios apócrifos. El hecho de no ser canónicos no significa por fuerza que el contenido de todos ellos sea falso. El Protoevangelio de Santiago, por ejemplo, nos informa del nombre de los padres de la Virgen María, San Joaquín y Santa Ana. Tienen cierto valor histórico, aunque no contienen mensaje de fe. Hay otros Evangelios apócrifos que presentan a un Jesús niño que hace milagros, lo que no es correcto.
¿Dónde hay que ubicar este libro dentro de la obra de Ratzinger?
        –Completa su trilogía sobre Jesús. El Papa ha hecho como los evangelistas, narrando al final el relato de la infancia. Los primeros Evangelios que se escribieron contaban la Resurrección, porque era lo que salvaba. La predicación empieza ahí. Luego viene el interés por conocer la figura de Jesús y sus palabras, como las parábolas, que tienen un fuerte impacto retórico y son convincentes. Por último viene la infancia. El Papa cierra con este libro su trilogía, a la que ha dedicado nueve años de trabajo.
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