martes, 27 de abril de 2010

¿QUÉ ES LA SEXUALIDAD?





(Notas para una clase para padres) 
Miraremos la sexualidad en su contenido esencial. Es la generadora de dos diversos modos de ser en la naturaleza humana. Ser hombre, ser mujer. Inscrita en lo más profundo de la persona, y que conduce al hombre y a la mujer al perfeccionamiento mutuo, a la unión más intensa, porque de esa diferente personalidad es de donde nace el amor que lleva a la comunión de personas.

La antropología, al estudiar la sexualidad, lo hace como algo que está en el hombre, como una realidad creacional. Y observará sus manifestaciones. Veremos las tres manifestaciones de la sexualidad. Nos vamos a valer de un texto del Catecismo de la Iglesia Católica: (CIC, n.2332): La sexualidad afecta a todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y su alma. Concierne particularmente a la afectividad, la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establcer vínculos de comunión con otro.

Abarca al modo de ser de la persona, hasta en lo más intrínseco; afecta al ser mismo. La sexualidad, con la riqueza que le corresponde, es una cosa muy buena (así la vio Dios al crear al hombre varón y mujer), determinante de las relaciones más importantes del hombre, y configuradora del mundo: dignidad de la persona, dignidad de la familia, de los hijos, de la sociedad.


De la sexualidad, depende en primer lugar el amor entre los hombres; más en concreto, de ese amor peculiar entre hombre y mujer, un amor único, que da sentido a la vida. Este es el elemento más importante aunque se deriven otros elementos igualmente importantes, pero de ese primero, o ligados en unidad a ese primero. La sexualidad ha sido dada por Dios al hombre para llegar a amar.

La sexualidad se encuentra de modo diverso, distinto, pero complementario, en el hombre y en la mujer. Ha sido entregada de este modo, incompleto en ambos, es decir, llamado a la complementación. Esta complementación, que implica distinción, pero nunca oposición, se da a varios niveles. Pero destaco desde el primer momento una realidad primordial: los niveles se dan en unión; una sexualidad ordenada y por tanto que sea verdadera perfección del hombre, integra tres aspectos.

El que sensitivamente se capta con más claridad, es la diferenciación fisiológica. Esa diferenciación está llamada a la complementación TAMBIÉN FISIOLÓGICA, pero en unión de los demás componentes de la sexualidad. Claro está que podría disgregarse, entonces no podríamos hablar de sexualidad, sino de sexo, y motivaría una definición de hombre y mujer estrictamente biológica: son seres, el hombre y la mujer, con unos atributos sexuales diversos, que motivan una atracción instintiva, impulso ciego, no racional ni voluntario, y que son determinantes de operaciones propias.

Pero la sexualidad no está sólo en el cuerpo. Como modo de ser, la sexualidad es fundamentalmente un modo de ser por dentro. Afecta mucho más a los afectos, a la interioridad de los sentimientos. La sexualidad determina un modo de sentir afectos, de experimentar sentimientos, mucho más fuerte que la atracción del mismo cuerpo. Y es que en los sentimientos se encuentra más involucrada la persona. Hay sentimientos masculinos y femeninos. Las personalidad que determinan los sentimientos, los afectos, se adecua más a la diferencia y complementación entre hombre y mujer al considerarlos como personas que son.



Hay un fin intrínseco en esa sexualidad: la procreación, el dar la vida a otras personas. Pero está inscrita espiritualmente en el hombre y en la mujer. La procreación considerada en su carácter biológico no pasaría de la cría que se da en los animales, donde no se busca al hijo, sino el placer. La sexualidad abarca en el hombre una tendencia espiritual muy fuerte: la paternidad y la maternidad, que son las relaciones humanas más fuertes, junto a las que crea el amor entre hombre y mujer. Y esa tendencia está en los hijos, de manera distinta, en los hijos que en las hijas. Esto explica la mayor madurez de las niñas antes y durante la pubertad. El sentirse más maduras, más mujeres; y también, el golpe más fuerte que puede sufrir la mujer si esa tendencia congénita a la paternidad y a la maternidad, se presenta desde un punto de vista meramente fisiológico.


Educación en la sexualidad

Su momento más importante es la adolescencia, con los años que la preceden y que la siguen (10 a 16 años). Pero despierta –lo vuelvo a destacar -en sus tres dimensiones. La educación debe ir por tanto en cada momento en las tres dimensiones de ese mundo que aparece casi de improviso, tan rico, por ser configurador de la persona, de la personalidad, en masculinidad y feminidad.

En esta educación, en el fondo, sólo se educa en una cosa a la que conduce la sexualidad: al amor entre hombre y mujer. Este es el punto clave que quiero dejar marcado en esta charla. Dios ha creado al hombre y a la mujer de ese modo, externa e internamente, para que se enamoren, y formen una unidad irrompible en el matrimonio. Y esta finalidad ha de estar presente en todas las explicaciones y aclaraciones necesarias de hacer a los chicos desde la más temprana edad.

Pero al mismo tiempo, se puede observar que el adolescente parece que se encierra en sí mismo... Tiene cosas muy importantes qué pensar, tiene dudas que resolver; dudas de carácter vital que se le acaban de presentar, que le afectan profundamente. Es un mundo de sentimientos nuevos, vitales, desconocidos por él hasta ese momento... Sólo puede recibir la ayuda adecuada por parte de los padres, y en ellos se mira cuando se despierta. Necesita interlocutores, para hacer la mayor revelación de lo que sucede en su intimidad. La desvelación de la interioridad es algo que afecta al plano de la conciencia... y ese plano de la conciencia no se le puede pedir a nadie que lo abra.



Primera conclusión: sólo se puede educar, explicar, enseñar, desde el plano de la amistad. LOS PADRES QUEDARÁN INCOMUNICADOS ANTE LOS HIJOS SI NO TIENEN AMISTAD CON ELLOS. No es una época difícil; más bien es una época muy rica, en todos los aspectos; es la época en que se siente la vida con más fuerza. Hay una necesidad de compartir, pero ¿con quién? Sólo con los amigos. QUERIDOS PADRES, SI QUERÉIS AYUDAR DE VERDAD A VUESTROS HIJOS, SER AMIGOS SUYOS. LA FAMILIA ES EL ÁMBITO DE ESTA EDUCACIÓN. Pero ser padres es un lazo que no supone la amistad, por lo menos de manera natural. Es el padre o la madre quién debe advertir lo que pasa dentro de los hijos, porque ha pasado esa misma experiencia importante, y les quiere. No es respuesta decir: mis hijos se han vuelto rebeldes, incomunicables, encerrados en sí mismos. Respuestas como: ya te ha llegado la edad del pavo, ya te se pasará... oscurecen la verdadera educación en esa nueva fase de la vida que han comenzado, y que es de perfeccionamiento.

El oscurecimiento es mayor si la sexualidad se concibe desde uno de sus campos, el fisiológico o anatómico. Es el más fácil de explicar, pero nunca se puede dar una sólo una explicación biológica de la sexualidad, porque no es sólo biología lo que esta ocurriendo. Distinción por tanto de sexualidad y sexo, es decir reacción ante atributos sexuales. Por eso lo que se suele llamar educación sexual, incluso la que hacen a veces los padres, no es sino una educación en la genitalidad. Y puede parecer que ésa es la única educación si se hace -durante la adolescencia- en un plano general (es decir en la escuela). La persona adecuada para educar es la que integre los tres aspectos maravillosos de perfeccionamiento que se están dando en el adolescente hacia la madurez.

El despertar de la sexualidad significa el conocimiento de que pasa a una fase adulta fisiológica, de que nacen unos afectos y sentimientos nuevos, sin los cuales el hombre y la mujer quedarían imperfectos, y que le conducirán, si Dios lo quiere a ser padre y madre, a dar origen a nuevas vidas, que serán sus hijos. La sexualidad, vuelvo a repetir lleva al mundo de la persona. La educación la ha de hacer el padre con los hijos y la madre con las hijas, a nivel de amiga, mostrando toda su belleza desde la propia experiencia personal, que al mismo tiempo deberá aparecer clara en quien la explica. Si los hijos ven enamorados a sus padres, entenderán fácilmente el amor, o podrán hablar con ellos de amor: serán escogidos como interlocutores. Y los padres sabrán integrar con su explicación desde la amistad y la experiencia, los valores sexuales en su personalidad.

En esto recalco la particular importancia del papel de las madres en la educación de las hijas. Me refiero a las hijas, porque aparecen con más claridad los valores sexuales de la mujer que los del hombre. El cuerpo de la mujer “es más cuerpo esponsal”, “más cuerpo de madre”, “más femenino”, que el cuerpo del hombre: es decir es “menos esponsal”, “menos cuerpo de padre”, “más indefinido”. Es distinta la masculinidad que la feminidad y, además, aparece con diferente intensidad en su expresión corpórea. Una chica de 15 años tiene a simple vista una sexualidad más perfecta que un chico de la misma edad.

Junto a eso, el hombre experimenta unas reacciones más fuertes fisiológicas ante el cuerpo de la mujer, con alteraciones sensibles (que ésta no experimenta). Por eso la educación en el pudor es una de las principales ayudas en la educación de la sexualidad (haciéndolo a la mujer se está haciendo también al hombre), sabiendo que es distinto el pudor masculino que el femenino, tanto externamente (más sensualidad en el hombre, por eso se protege más), como internamente (más capacidad afectiva en la mujer). Esta educación llevará a que los valores sexuales no se presenten con más fuerza que la misma persona que los posee, y por tanto lleguen a convertirla más en objeto de placer sensual o sexual, que como persona.



Educación de la afectividad, como componente que es de la sexualidad

La educación de la afectividad en las chicas lleva a colocarla en su lugar justo, que no es ni un más ni un menos. Es que no se sublime un valor hasta el grado de que se pierda el conocimiento de toda la persona.

-Me he enamorado de ese chico… ¡Tiene unos ojos azules...!

Eso es falso. Unos ojos azules no son capaces de determinar el enamoramiento; pueden atraer bajo cierto aspecto, pero nada más.

-Fíjate en más detalles, sobre todo en los interiores...

Al chico, más sensual:

-¡Qué tipo! (Dicen cosas muchísimo más fuertes)

-¿Y por dentro? ¿Y la personalidad?

Al chico hay que ayudarle a incrementar su capacidad afectiva, intuitiva, porque la tiene más baja. Pero todo en positivo. No se trata de despreciar ningún valor. Hay que integrar.


Educación para la paternidad y la maternidad

A la chica le resultará más fácil comprender la grandeza de la maternidad que al chico la de paternidad. La menstruación se lo está diciendo, y se lo hace sentir de modo muy especial. Incluso la misma conformación corporal lleva a que sientan la futura maternidad. Esto hace precisamente que el lenguaje de los padres con el chico deba ser más afectivo y menos biológico. Como la afectividad la tienen más desarrollada las chicas, a los dos hay que hablar de enamoramiento, pero más aún al chico.

Por eso, tanto a los chicos como a las chicas –en un caso el padre; en el otro la madre- deben explicar los cambios fisiológicos que van experimentando los hijos y que les pueden inquietar al principio, en esta clave de la paternidad y del amor humano.

Cómo vimos en clase, a los que más se descuida en estas explicaciones –tantas veces las aprenden en la calle o de un amigo “precoz”- es a los chicos. Es una llamada a los papás.