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jueves, 15 de marzo de 2018

El Papa Francisco conversa con un sociólogo agnóstico

Si para Wolton “el humor es un atajo de la inteligencia”, para el Papa, “el sentido del humor es lo que, en el plano humano, más se acerca a la gracia divina”
“La mayor lección que aprendí de esas reuniones es que este Papa sigue los Evangelios. Solo dice lo que está en los Evangelios” (Dominique Wolton)
“La mayor lección que aprendí de esas reuniones es que este Papa sigue los Evangelios. Solo dice lo que está en los Evangelios” (Dominique Wolton)
E. Encuentro Madrid (2018). 312 págs. Traducción: M. M. Leonetti
Recensión de Salvador Bernal
El autor de este nuevo libro-entrevista con el Papa, Dominique Wolton, presenta su trabajo como una investigación –a través de un diálogo que da sentido a la comunicación humana– acerca de la naturaleza del compromiso social y político de la Iglesia, y de su diferencia con la de un actor propiamente político. Aborda las grandes facetas culturales de la modernidad, así como problemas derivados de las desigualdades humanas o del intento de respuesta desde la llamada teología de la liberación, ensayo fallido y no grato al actual pontífice, al que presenta como el “primer papa de la mundialización, a caballo entre América latina y Europa”. Reconoce que, en las doce entrevistas realizadas en Santa Marta, entre febrero de 2016 y febrero de 2017, “nos hemos quedado más en el ámbito de la historia, de la política, de los hombres, que en el de las dimensiones espirituales”.
Tal vez no podía ser de otro modo si se tiene en cuenta la condición personal de Wolton, nacido en 1947, profesional de la sociología, especialista en comunicación, discípulo de Alain Touraine, de formación en el fondo cristiana, pero agnóstico. Dirige la revista Hermès desde su fundación en 1988, y en ella estudia la comunicación como una actividad difícil, pero que permite, a través de la negociación, llegar a los demás –a diferencia de la “com”, que busca la sencillez como medio de manipulación de los espíritus. Ha publicado antes otros libros-entrevista: con Raymond Aron, con Jacques Delors, y también con una gran figura de la Iglesia en el siglo XX, el cardenal Jean-Marie Lustiger.
El autor ha distribuido libremente las preguntas y respuestas de sus extensas entrevistas, a lo largo de ocho capítulos, con títulos expresivos de su contenido: paz y guerra; religiones y política; Europa y diversidad; cultura y comunicación; alteridad, tiempo y alegría; tradición y modernidad; destino. Como es natural, el Papa leyó previamente el manuscrito y, en la última conversación, se pusieron “fácilmente de acuerdo”. Los textos orales se completan con pasajes de grandes discursos de Francisco, pronunciados en lugares muy diversos del mundo, desde su elección en marzo de 2013.

Sorprendido por la cordialidad de Francisco

Las conversaciones reflejan un clima de franqueza y cordialidad que ha sorprendido positivamente al sociólogo francés, aunque era consciente de la capacidad humana de Francisco para conectar con la gente: desde los primeros días “mantuve mi distancia como investigador, pero su humanidad me impactó”. A la vez –de acuerdo con un rasgo típico de la cultura francesa–, ofrece una especie de clara síntesis de las grandes cuestiones de la doctrina social de la Iglesia que preocupan de modo particular al Papa: con un estilo claro, animado por los detalles propios de una charla viva y amistosa, con bastante sentido del humor a pesar de la seriedad de los temas. Si para Wolton “el humor es un atajo de la inteligencia”, para el Papa, “el sentido del humor es lo que, en el plano humano, más se acerca a la gracia divina”.
Quizá la personalidad de Francisco ha desconcertado en parte al sociólogo, que no acierta a describirlo netamente. Reconoce que le impresionó “su fe, alegría, bondad, modestia y lucidez”. Destaca también la ponderación y oportunidad con que usa el vocabulario religioso, hasta el punto de que le parece “un laico en esto”.
Puesto a usar estereotipos, los funde con referencia a notables familias religiosas históricas: “Desde el punto de vista social, es un poco franciscano; desde el intelectual, un poco dominico; desde el político, un poco jesuita... En cualquier caso, muy humano. Probablemente, harían falta muchas otras cosas para comprender su personalidad...” Me permito añadir que son quizá precisamente las grandes cuestiones espirituales, que estaban fuera del propósito científico del diálogo. Aunque Wolton reconoce que “en el Santo Padre todo procede de la religión y de la fe”: “La mayor lección que aprendí de esas reuniones –confió a Jean-Marie Guénois, de Le Figaro– es que este Papa sigue los Evangelios. Solo dice lo que está en los Evangelios”.
En este trabajo hay muy pocas referencias a cuestiones intraeclesiales, pero, a juicio de Wolton, “Francisco está obsesionado con la comunión entre todos en la Iglesia. Presta gran atención al pueblo cristiano para que no se produzcan rupturas. No es un hombre de conflicto, un hombre de ruptura. Él quiere unir, unir continuamente. Ve las cosas a largo plazo, confía en el tiempo, con paciencia infinita, sin enfadarse, con una especie de confianza impresionante”.

Las palabras esenciales

Los planteamientos de fondo de entrevistador y entrevistado son distintos. Resultan inevitables las que llama “pequeñas incomunicaciones”. Pero con evidente libertad y apertura de espíritu, de las que derivan aproximaciones decisivas para abordar los retos de la mundialización: “La religión cristiana, con su perspectiva universalista, está preocupada en nuestros días por preservar el diálogo, con esas palabras esenciales de ‘respeto’, ‘dignidad’, ‘reconocimiento’, ‘confianza’, que se encuentras asimismo en el corazón del modelo democrático”.
Un reflejo de la confianza en el diálogo son las diversas propuestas que hace al Papa sobre posibles temas de encíclicas, aun consciente de la complejidad de los problemas. Así –a propósito de los retos planteados por la diversidad cultural, la educación y el conocimiento, o la comunicación humana en la globalidad–, sugiere que hay un “retraso” de la Iglesia... “Pero si lo pensamos bien, es posible que la Iglesia no vaya retrasada en estos momentos, ¡incluso puede ser que vaya por delante!”. Y Francisco responde con sencillez: “Sí, pero yo no sé cómo responder. Es preciso trabajar sobre ello”.
En un momento, después de páginas recurrentes sobre los problemas de la comunicación, que muchos piensan equivocadamente que se resuelven con soluciones técnicas, Wolton afirma con espontaneidad, tras una broma: “Nuestro encuentro es increíble. Usted tiene a fin de cuentas la misma filosofía humanista y política de la comunicación que yo. Es algo bastante raro. Cuando usted dice ‘rigidez’, se refiere a lo mismo que la a-comunicación de que yo hablo. Internet, contrariamente a todas las apariencias, es rigidez”.

Espontaneidad

El libro refleja un diálogo netamente intelectual, celebrado en sucesivas sesiones, con inevitables repeticiones y saltos temáticos. Pero se lee con mucho interés, porque está bien traducido: el estilo refleja la espontaneidad de las conversaciones, en las que no falta ninguno de los grandes temas que ocupan a la gente realmente interesada por el futuro de la cultura mundial.
Al final del libro, una selección atinada de “frases del Papa Francisco” y una síntesis biográfica y bibliográfica, junto con la información sobre publicaciones de Dominique Wolton. Pero, propiamente, y como no podía ser de otra manera, el texto termina así:
Dominique Wolton: ¿Por qué pide siempre que recen por usted?
Francisco: Porque lo necesito... Porque me siento apoyado por la oración del pueblo. De verdad.
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