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viernes, 30 de septiembre de 2016

Sing Street

Alberto Fijo, Aceprensa

John Carney vuelve a dar en el centro de la diana con esta película happy sad, como define la vida uno de los personajes en un divertido diálogo. El talento de Carney, director y guionista, para contar historias musicales es patente.
En la excelente Once, Carney usó el muy ingenioso formato de la película-álbum con unos sensacionales Glen Hansard y Marketa Irglova; en la notable Begin Again transformó la grabación callejera como motor de un fresco, tierno y divertido relato de maduración.
Sing Street es una película de una tremenda ambición y, a la vez, humilde, sencilla, ingenua. Porque a Carney no se le ha subido a la cabeza el éxito de Begin Again, tampoco que los poderosos hermanos Wenstein sean los productores ejecutivos. Carney sigue a lo suyo: personajes muy bien construidos, diálogos brillantes que suenan muy naturales, conflictos y tramas que no quieren inventar la pólvora pero que funcionan francamente bien.

Antes hablábamos de ambición. Carney inserta una dedicatoria tras el plano final de su historia ochentera de adolescentes dublineses que desprende amor por la música y por Irlanda y por la gente en cada secuencia: To Brothers EverywhereSing Street es un gran relato vital, social, familiar, de padres, de hijos, de amigos, de colegios de curas donde las cosas no siempre se hicieron bien, de Dublin y de Dolkey, de canciones y guitarras, de Inglaterra como quimera, del amor por el que, cuando miramos a las personas amadas, a veces, entran ganas de llorar.



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