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domingo, 11 de septiembre de 2016

La importancia de la ley natural para la vida social.




A fin de comprender la importancia de la ley natural para la vida social, se exponen a continuación algunas intervenciones de Juan Pablo II y Benedicto XVI en las que se refieren a esta cuestión. A través de ellas podremos conocer además algunas iniciativas de la Santa Sede para promover el estudio de la ley natural.
En la Asamblea plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, celebrada del 15 al 18 de enero de 2002 en el Vaticano, se acuerda prestar especial atención al tema de la ley natural. 
El 18 de enero, Juan Pablo II, se dirige a los participantes en dicha asamblea y señala las dos grandes razones por las que resulta de suma importancia la identificación de la ley natural: por una parte, crea “un vínculo fundamental con la ley nueva del Espíritu de vida en Cristo Jesús, y, por otra, permite también una amplia base de diálogo con personas de otra orientación o formación, con vistas a la búsqueda del bien común”[1].

El fundamento de los derechos humanos

Unas semanas más tarde, el 27 de febrero, el Papa, en un discurso a la Asamblea general de la Academia Pontificia para la vida[2], se refiere de nuevo a la dimensión social de la ley natural. Una concepción auténtica del “derecho natural” -que no es otra cosa que le ley natural en cuanto regula las relaciones interhumanas-, “entendido como tutela de la eminente e inalienable dignidad de todo ser humano, es garantía de igualdad y da contenido verdadero a los “derechos del hombre”, que constituyen el fundamento de las Declaraciones internacionales”.
Juan Pablo II advierte que la interpretación de los derechos del hombre como “expresiones de opciones subjetivas propias de los que gozan del poder de participar en la vida social o de los que obtienen el consenso de la mayoría”, o “como derechos de la subjetividad individual o colectiva”, puede llevar “a los regímenes democráticos a transformarse en un totalitarismo sustancial”.
Los derechos del hombre deben referirse, por el contrario, “a lo que el hombre es por naturaleza y en virtud de su dignidad”. Solo así adquieren su verdadero fundamento y se convierten en garantía de igualdad entre los hombres.
El Papa se refiere concretamente a uno de estos derechos: el derecho a la vida de todo ser humano inocente y en todo momento de su existencia, y afirma que tal derecho solo queda garantizado cuando se reconoce que pertenece a la naturaleza humana, y, en consecuencia, no queda al arbitrio de los grupos de poder, ni del consenso de la mayoría, ni de la subjetividad individual o colectiva.
Juan Pablo II manifiesta su esperanza de que tomando como base la ley natural, que es algo imperecedero y esencial en todo hombre, “se puede entablar un diálogo fecundo con los hombres de cada cultura, con vistas a una sociedad inspirada en los valores de la justicia y la fraternidad”.

Ley natural y armonía de las libertades

El 12 de febrero de 2007, Benedicto XVI, en un Discurso a los participantes en un congreso sobre la ley natural[3], urge de nuevo a  reflexionar sobre el tema de la ley natural y redescubrir su verdad común a todos los hombres. Solo tomando como base lo que es común a todos: la verdad del ser humano, es decir, la ley natural, se puede lograr la armonía de las libertades.
Frente a los postulados del positivismo jurídico, tan difundidos en la ética y en la filosofía del derecho, Benedicto XVI recuerda que “todo ordenamiento jurídico, tanto a nivel interno como a nivel internacional, encuentra su legitimidad, en último término, en su arraigo en la ley natural, en el mensaje ético inscrito en el mismo ser humano”. Esta ley constituye “el único baluarte válido contra la arbitrariedad del poder o los engaños de la manipulación ideológica”, y “la verdadera garantía ofrecida a cada uno para poder vivir libre y respetado en su dignidad”.

La ley natural, base para un diálogo social fecundo

Sobre la base de la responsabilidad con respecto al hombre y a la naturaleza que le ha sido encomendada, es posible desarrollar –afirma el Papa- “un diálogo fecundo entre creyentes y no creyentes; entre teólogos, filósofos, juristas y hombres de ciencia, que pueden ofrecer también al legislador un material valioso para la vida personal y social”. En consecuencia, anima a crear las condiciones para que “se llegue a una conciencia cada vez más plena del valor inalienable que la ley natural posee para un progreso real y coherente de la vida personal y del orden social”.
El 5 de octubre del mismo año, 2007, Benedicto XVI se dirige a los miembros de la Comisión Teológica Internacional[4]. En su intervención, recuerda que muchos centros universitarios y asociaciones, por invitación  de la Congregación para la Doctrina de la Fe, han celebrado o están organizando simposios y jornadas de estudio “con el objetivo de encontrar líneas y convergencias útiles para profundizar constructiva y eficazmente en la doctrina sobre la ley moral natural”. Menciona también el Pontífice el estudio que está realizando la Comisión Teológica Internacional, orientado sobre todo “a justificar e ilustrar los fundamentos de una ética universal, perteneciente al gran patrimonio de la sabiduría humana, que en cierto sentido constituye una participación de la criatura racional en la ley eterna de Dios”.

Se refiere después el Papa a dos objetivos esenciales que se logran con la doctrina de la ley natural: “Por una parte, se comprende que el contenido ético de la fe cristiana no constituye una imposición dictada desde el exterior a la conciencia del hombre, sino una norma que tiene su fundamento en la misma naturaleza humana; por otra, partiendo de la ley natural que puede ser comprendida por toda criatura racional se ponen los fundamentos para entablar el diálogo con todos los hombres de buena voluntad y, más en general, con la sociedad civil y secular”. Son las dos dimensiones a las que ya hacía referencia Juan Pablo II el 18 de enero de 2002.

Ley natural y positivismo jurídico

En esta ocasión, Benedicto XVI llama la atención sobre las  “enormes y graves consecuencias para el orden civil y social” que lleva consigo el olvido de la ley natural, y la presenta, frente a la concepción positivista del derecho, como la única base que puede garantizar eficazmente los derechos humanos.
Según los pensadores que defienden la concepción positivista del derecho, la fuente última de la ley civil es la humanidad, o la sociedad, o de hecho la mayoría de los ciudadanos. El problema que se plantea no es la búsqueda del bien, sino el equilibro de poderes.

“En la raíz de esta tendencia –señala Benedicto XVI- se encuentra el relativismo ético, en el que algunos ven incluso una de las condiciones principales de la democracia, pues el relativismo garantizaría la tolerancia y el respeto recíproco de las personas. Pero si fuera así, la mayoría de un momento se convertiría en la última fuente del derecho. La historia demuestra con gran claridad que las mayorías pueden equivocarse. La verdadera racionalidad no queda garantizada por el consenso de una mayoría, sino sólo por la transparencia de la razón humana ante la Razón creadora y por la escucha de esta Fuente de nuestra racionalidad”.

En consecuencia, la ley natural se convierte en la garantía ofrecida a cada hombre “para vivir libremente y ser respetado en su dignidad, quedando al reparo de toda manipulación ideológica y de todo arbitrio o abuso del más fuerte”.

Ante los peligros que conlleva el oscurecimiento de la conciencia colectiva respecto a los principios fundamentales de la ley natural, Benedicto XVI acaba haciendo un llamamiento a la movilización “de los hombres de buena voluntad, laicos o pertenecientes a religiones diferentes al cristianismo, para que juntos y de manera concreta se comprometan a crear, en la cultura y en la sociedad civil y política, las condiciones necesarias para una plena conciencia del valor innegable de la ley moral natural. Del respeto de ésta depende de hecho el avance de los individuos y de la sociedad en el camino del auténtico progreso, en conformidad con la recta razón, que es participación en la Razón eterna de Dios”.

La esperanza de un mundo mejor

En el Discurso ante la asamblea de la Organización de las Naciones Unidas[5], Benedicto XVI vuelve a referirse a la ley natural como verdadero fundamento de los derechos humanos. Arrancarlos de este contexto “significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual el sentido y la interpretación de los derechos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos”.

Cuando los derechos humanos se presentan simplemente en términos de legalidad, “corren el riesgo de convertirse en proposiciones frágiles, separadas de la dimensión ética y racional, que es su fundamento y su fin”.

El reconocimiento de la naturaleza trascendente de la persona como base de los derechos humanosdebe ser reforzado –añade el Papa- si queremos fomentar la esperanza de la humanidad en un mundo mejor, y crear condiciones propicias para la paz, el desarrollo, la cooperación y la garantía de los derechos de las generaciones futuras”.

Un documento de la Comisión Teológica Internacional  sobre la ley natural

Citemos, por último, el Discurso de Benedicto XVI, el 5 de diciembre de 2008, a la Comisión Teológica Internacional[6]. En dicho Discurso hace referencia al interesante documento que estaba preparando dicha Comisión, y que está a nuestra disposición en este enlace “En busca de una ética universal: nueva perspectiva sobre la ley natural”.  “Gracias al estudio que vosotros habéis emprendido sobre este tema fundamental –augura el Papa-, resultará claro que la ley natural constituye la verdadera garantía ofrecida a cada uno para vivir libre y respetado en su dignidad de persona, y para sentirse defendido de cualquier manipulación ideológica y de cualquier atropello perpetrado apoyándose en la ley del más fuerte”.






[1] JUAN PABLO II, Discurso a la Asamblea plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe (25.I.2002).
[2] JUAN PABLO II, Discurso a la Asamblea general de la Academia Pontificia para la vida (27.II.2002).
[3] BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en un congreso sobre la ley natural, organizado por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma (12.II.2007).
[4] BENEDICTO XVI, Discurso a los miembros de la Comisión Teológica Internacional (5.X.2007).
[5] BENEDICTO XVI, Discurso ante la asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (18.VI.2008).
[6] BENEDICTO XVI, Discurso a la Comisión Teológica Internacional (5.XII.2008).
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