domingo, 27 de febrero de 2011

EL JOVEN ESCRIVÁ DE BALAGUER

La película «Encontrarás dragones» revive los inicios del fundador del Opus Dei y el drama de la Guerra Civil (ABC digital, 27 febrero 2011)

 
Roland Joffé utiliza en este filme un recurso parecido al que utilizó en «La Misión», cuando desdobló el protagonismo de la película en dos personajes, uno histórico y otro de ficción. Por una parte está Josemaría (Charlie Cox) y por otra Manolo (West Bentley). Uno está educado en el amor y el otro en el oportunismo. Hay una secuencia en la que Manolo dice: «Mi padre tenía más dinero, más casas, más coches, pero él tenía más padre». En fin, «Encontrarás dragones» propone a los espectadores el retrato humano de un joven sacerdote, valiente y visionario, al que la Iglesia elevará a los altares. No busca ser históricamente fiel, sino que su hilo conductor desarrolla la relación entre el juez Manolo Torrens y su hijo Robert, un periodista al que le encargan una biografía de Escrivá y que se enfrentará a la reconciliación con su padre cuando éste, al borde de la muerte, le revela los más terribles secretos. Y dirá Robert: «Mi padre quería que le perdonara no para sentirse él mejor, sino por mi bien», porque no se puede vivir con ese odio atenazado al corazón.
¿Qué hay de histórico en esta película? El argumento recoge directa o indirectamente la infancia y juventud del fundador del Opus Dei, un periodo no muy conocido por el gran público. Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro el 9 de enero de 1902. Sus padres se llamaban José Escrivá y Dolores Albás, un matrimonio de convicciones cristianas que tuvo otros cinco hijos: Carmen (1899-1957), Santiago (1919-1994) y tres niñas que murieron siendo muy pequeñas. En 1915 quebró el negocio del padre y la familia se trasladó a Logroño, donde encontró trabajo como dependiente. 

Allí tuvo el niño Escrivá el anunciamiento de su vocación. Era noche de Navidad cuando, al ver las huellas que un carmelita descalzo iba dejando en la nieve, sintió que Dios le llamaba aunque no sabía para qué. Decide ingresar en el seminario de Logroño y más tarde se traslada al de Zaragoza, donde además se matriculará por libre en la Facultad de Derecho, aconsejado por su padre, quien muere en 1924. Josemaría queda como cabeza de familia, se ordena el 28 de marzo de 1925 y comienza a ejercer su ministerio en una parroquia rural y luego en Zaragoza. En 1927 se traslada a Madrid para hacer el doctorado en Derecho. El 2 de octubre de 1928 comprende cuál es la misión de su vida y funda el Opus Dei. Si antes de la predicación, Jesús, el carpintero, se había dedicado a ese oficio, Escrivá entendió que los hombres también podían santificarse en el trabajo y en los actos más sencillos de la vida cotidiana. Joffé traslada a la pantalla ese descubrimiento con una secuencia de gran aliento poético.
Tras proclamarse la II República el 14 de abril de 1931, ardieron un centenar de iglesias madrileñas a principios de mayo. La llamada «cuestión religiosa» enardeció los ánimos durante la redacción de la nueva Constitución y ese clima violento sólo remitirá durante los gobiernos de Lerroux, para recrudecerse con el triunfo del Frente Popular. De aquellos años, Escrivá recuerda en sus escritos algunas anécdotas peligrosas. «Había junto a una de las dos fuentes que hay en el camino que va desde la carretera de Aragón al Este un grupo de chiquillos y mujeres haciendo cola, para llenar de agua sus cántaros, botijos, latas...
Del grupo de chiquillos salió una voz: “¡Un cura! Vamos a apedrearlo”. Con un movimiento anterior a mi voluntad, cerré el breviario, que leía, y me encaré con ellos: “¡Sinvergüenzas! ¿eso os enseñan vuestras madres?” Otro día, al final de la calle Lista, se dirigen a él en tono insultante: "'Una cucaracha ¡hay que pisarla!” Muchas veces voy haciendo los oídos sordos al insulto. Esta vez no pude. “¡Qué valiente —le dije—, meterse con un señor que pasa a su lado sin ofenderle!, ¿ésa es la libertad?” Le hicieron callar los demás dándome, sin palabras, la razón. Unos pasos adelante, otro albañil quiso de alguna manera explicarme el porqué de la conducta de su compañero: “No está bien, pero, ¿sabe usted?, es el odio”. Y se quedó tan tranquilo».

Cuando estalla la Guerra Civil, Escrivá tuvo que refugiarse en casas particulares, un manicomio y legaciones diplomáticas. Escribía cartas, leía y además atendía sus obligaciones sacerdotales clandestinamente. Pudieron haberle matado hasta un total de veinte veces. Llegaban noticias de asesinatos de sacerdotes amigos suyos, como Lino Vea Munguía, Josemaría Vegas, Pedro Poveda, y hasta un primo de su madre, Mariano Albás, su padrino de bautismo.

La travesía a los Pirineos

En septiembre de 1937, su círculo más próximo le anima a salir de la capital y dirigirse a Barcelona, desde donde podrá cruzar la frontera de Andorra a través de los Pirineos. Le acompañaron siete jóvenes: José María Albareda, Tomás Alvira, Manuel Sainz de los Terreros, Juan Jiménez Vargas, Miguel Fisac (quien habría de ser uno de los grandes arquitectos españoles de la segunda mitad del siglo XX), Pedro Casciaro y Francisco Botella Raduán. Todos pertenecían ya al Opus Dei, a excepción de Alvira, que ingresaría más tarde y que hoy tiene abierta causa de canonización.

El grupo por fin llegó a Peramola (Lérida) donde les ayudó Josep Cirera, un pastor que dominaba las rutas de montaña y que contaba con apoyos para albergar y alimentar a los expedicionarios. La etapa final de la aventura costaba un mínimo de mil doscientas pesetas de la época por persona, sin contar los gastos del viaje hasta allí y las seis semanas de estancia en Barcelona.
Los gastos finales podían rondar las dos mil pesetas. Albareda, Alvira, Jiménez Vargas y Sainz de los Terreros sufragaron la mayor parte. Las familias de los tres estudiantes, Casciaro, Fisac y Botella, corrieron con los suyos. También aportaron sumas algunos seguidores del Opus en Madrid, como Isidoro Zorzano y José María González Barredo, y se utilizó un dinero que estaba destinado a la nueva residencia de Ferraz, que no pudo abrirse después de estallar la guerra en julio de 1936. Aun así, dejaron a deber 5.400 pesetas al último guía cuando llegaron a Andorra.

Durante la travesía se produjo uno de los momentos más extraordinarios de la vida de Escrivá. A él le había sido difícil tomar la decisión de hacer este viaje porque en Madrid quedaban su madre y sus hermanos y fieles de la Obra que seguirían corriendo peligros, como Zorzano, aunque por su origen argentino podía moverse bien, o como Vicente Rodríguez Casado, Álvaro del Portillo y José María González Barredo, que se habían refugiado en sedes diplomáticas. El grupo pasaba la noche del 21 de noviembre de 1937 en la rectoría de la parroquia de Pallerols, que había sido asaltada.

Escrivá discutía con Jiménez Vargas porque quería volver sobre sus pasos y exponer su vida en Madrid; éste le llegó a decir: «A usted le llevamos al otro lado, vivo o muerto». Cuando se retiró a dormir, Escrivá le pidió a la Virgen, por la que sentía la mayor devoción y a la que consideraba como la Rosa Mística, que le mostrara una señal si es que debía cruzar la frontera. A la mañana siguiente, nadie dijo palabra, Escrivá abandonó la rectoría y se dirigió a rezar a la iglesia. Cuando regresó estaba radiante, llevaba en su mano una rosa de madera que quizá había formado parte del retablo destruido por los milicianos en el saqueo, y que él interpretó como la señal sobrenatural que había pedido. Después de celebrar Misa, prosiguen su travesía hacia los Pirineos. Cruzaron la frontera de Andorra no sin antes haber afrontado algunas situaciones difíciles, y tiempo después Escrivá llegaba a Burgos.

Robert Spaemann, filósofo, catedrático de la Universidad de Múnich: "los islámicos pueden ser el problema de Europa".

-La filosofía sirve para...
        -Saber.
        -Eso queda abstracto.
        -La verdad te inmuniza del error.
        -Por ejemplo...
        -Del nazismo.
        -Vd. lo vivió en el Bachiller.
        -Y Platón nos inmunizó.
        -¿"Nos"?
        -A una clase entera, gracias a un sabio profesor.
        -El nazismo ya pasó.
        -Pero Europa está en crisis.
        -¿Se refiere a la UE?
        -Me refiero a su suicidio.
        -En sentido figurado.
        -En sentido físico: el aborto.
        -Nadie dice que sea un bien.
        -Pero recurren a él.
        -¡Por el riesgo para la madre!
        -Porque no admiten límites a su voluntad de poder.
        -Eso suena a nazi.
        -Como la eutanasia.
        -Igual que en el Imperio romano.
        -Se repite la Historia.
        -¿Por la caída demográfica?
        -Y la presión de los bárbaros.
        -¿Los inmigrantes?
        -Algunos serán la solución.
        -¿Y los islámicos?
        -El problema.
        -¿No se occidentalizarán?
        -Los más radicales no.
        -¿Qué opina del 'caso Berlusconi'?
        -Que la televisión puede ser catastrófica.
        -No me sea medieval.
        -Aunque ofrece cosas maravillosas.
        -¿Entonces?
        -Puede desdibujar los límites de lo normal.
        -Balance del marxismo.
        -Tuvo aciertos.
        -¡No lo esperaba de usted!
        -...junto a errores garrafales.
        -Rebobine, ¿qué aciertos?
        -Diagnosticó los peligros de la globalización capitalista.
        -¿Como Benedicto XVI?
        -En parte. El Papa denuncia el relativismo.
        -¿Tan malo es?
        -Tan falso. Sostiene que la verdad no existe.
        -¿Qué hemos hecho mal?
        -Cargarnos el concepto de persona.
        -Y el Estado de derecho.
        -Es la consecuencia.
        -¿Nos abrimos las venas...?
        -No, podemos abrirnos a la verdad.
        -Pero si ya no existe...
        -"Si Dios no existe, no hay verdad".
       -¿Lo dice Benedicto XVI?
        -Lo dice Nietzsche.

lunes, 21 de febrero de 2011

LA BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

Por Juan Luis Lorda

La beatificación de Juan Pablo II es una enorme alegría para toda la Iglesia. Una confirmación de algo que ya se sabía y se había visto en directo: la extraordinaria figura cristiana de Juan Pablo II. Hombre de fe, de optimismo y buen humor, de ilusión, con mucha sensibilidad intelectual y artística; con espíritu de diálogo; y con una idea clara de la situación de la Iglesia y de las claves para ir adelante. Verdaderamente, un regalo de Dios.

Es muy difícil resumir la figura de Juan Pablo II, porque es de enorme intensidad. Hizo muchas cosas, casi siempre en paralelo, y durante muchos años. Pero sin perder nunca los rasgos de hombre de oración. No se dejaba llevar por la urgencia de las gestiones ni por la prisa por cumplir los apretados horarios de sus audiencias o sus viajes.

Comenzó un universal, y agotador, programa de viajes, para tener un contacto directo con las comunidades cristianas repartidas por el mundo. Contribuyeron maravillosamente a renovar la unidad de la Iglesia. Es menos conocido que, en paralelo, seguía un programa para visitar todas las diócesis de Italia y todas las parroquias de Roma. Y casi lo consiguió.

Con el mismo propósito, de unir y renovar a la Iglesia, convocó muchos sínodos regionales. Y creó las Jornadas Mundiales de la Juventud, que han sido un gran motivo de esperanza y de evangelización en estos años. La próxima se celebrará en Madrid en agosto de 2011. Impulsó muchas celebraciones para renovar la memoria cristiana. En particular le ilusionaba entrar en el tercer milenio. Lo preparó comoo una gran celebración de la Iglesia durante años y también con aquella memorable jornada de “purificación de la memoria”, pidiendo perdón por los errores. Era un empeño muy personal. Quiso también guardar memoria de los muchos mártires cristianos del siglo XX.

Desde que era un joven sacerdote, tenía muy presente la urgencia de presentar bien la doctrina cristiana sobre la sexualidad y el matrimonio. Para que los cristianos pudieran conocer y vivir mejor su fe en una cultura ambiental hedonista, que ha roto su relación natural con el matrimonio y con la transmisión de la vida. Se puede decir que su pensamiento ha influido mucho en cómo se explican hoy estos temas en la Iglesia. Quizá es su principal aportación como teólogo y profesor de moral, que fue en su juventud.

Además generó un conjunto de documentos muy importantes sobre casi todos los puntos clave de la doctrina cristiana. Destacan el Catecismo de la Iglesia Católica, verdadero hito histórico, porque sólo ha habido otro Catecismo Universal (el de San Pío V). Y muchos decían que era imposible hacer hoy un Catecismo para toda la Iglesia. Pero con su tesón característico, llegó hasta el final. También promulgó el Código de Derecho Canónico. Y renovó la doctrina social de la Iglesia, sobre los derechos humanos, los fundamentos de la moral cristiana, la relación entre fe y filosofía y muchos otros temas doctrinales. Dejó un cuerpo doctrinal muy importante. Impulsó decididamente el ecumenismo y el diálogo con otras religiones. Acudió a todos los grandes foros internacionales. Se entrevistó con una multitud de líderes. Y multiplicó las relaciones de la santa Sede con muchas naciones.

Por último, no se puede olvidar el papel que jugó en la caída del mundo comunista. Su elección fue vivida con enorme esperanza por los obreros polacos que querían la liberación. Juan Pablo II apoyó decididamente el proceso con declaraciones públicas y gestiones privadas, que se van conociendo poco a poco. Gozó de la amistad y respeto de los grandes protagonistas como Reagan y Gorvachov. Y no hay que olvidar que muchos analistas pensaban que aquellos regímenes, por más corruptos e ineficaces que fueran, podían prolongarse cien años más. Fue un milagro que los países del Este, uno tras otro, evolucionaran de manera pacífica. Aunque después hubiera que lamentar el fracaso de los Balcanes, tema en el que Juan Pablo II se implicó personalmente.Lo mismo que para conseguir la paz entre Chile y Argentina. O para evitar la guerra con Iraq, donde no se le hizo caso. Y hubiera valido la pena.

Pero la beatificación supone, sobre todo, confirmar su talante interior, lo que sospechábamos. Que era un gran cristiano, un hombre de oración y de amor de Dios y al prójimo, que es en lo que se resume la vida cristiana. Porque lo que se juzga en el proceso es si ha vivido con heroicidad, de manera extraordinaria las virtudes cristianas. La fe, la caridad, la justicia, la humildad... Juan Pablo II se convierte así en un ejemplo que imitar y en un intercesor al que pedir antes Dios.

domingo, 6 de febrero de 2011

El laicismo y el relativismo no integrarán a los musulmanes

El sociólogo italiano Massimo Introvigne es el nuevo representante de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (Osce) para luchar contra la discriminación y persecución de los cristianos. Experto en minorías religiosas y muy crítico con la secularización radical de las sociedades occidentales, denuncia que el fundamentalismo religioso y el laicismo “son dos caras de una misma moneda” producidas por el desequilibrio “entre fe y razón”.

¿Sufre hoy el cristianismo en Occidente la situación más dura desde la Segunda Guerra Mundial?
Naturalmente no podemos ni queremos poner al mismo nivel los problemas de Occidente con los atentados y homicidios de África o Asia. En cualquier caso, como explicó el Papa el pasado 10 de enero, la libertad de los cristianos es negada tanto por el fundamentalismo islámico, hindú o budista como por el laicismo occidental, que quiere marginar la religión de la vida pública y amordazar a la Iglesia. El fundamentalismo y el laicismo son dos caras de una misma moneda, y se manifiestan allí donde salta el correcto equilibrio entre fe y razón.

¿Por qué cree que no se entiende en Occidente de manera completa el significado de la libertad religiosa?
Pienso que por dos motivos, ambos también señalados por el Papa. En primer lugar, como decía, porque se tiene una idea de razón no abierta a la fe, sino contraria a ella. Es lo que Benedicto XVI llama la “dictadura del racionalismo”. En segundo lugar porque, aun cuando no se niega, la libertad religiosa se entiende como relativismo. Se afirma que todas las religiones son iguales porque, en el fondo, se piensa que la religión es algo poco importante, que debe aceptar tener un papel marginal en la sociedad. Se tolera para que no moleste. Es la “dictadura del relativismo”.

¿Cómo explica que el cristianismo esté hoy más amenazado en Oriente Medio que en el pasado?
Se debe al crecimiento del fundamentalismo islámico, el cual, en su forma extrema, que prefiero llamar ultra-fundamentalismo, piensa que en los países de mayoría musulmana no debe haber un lugar para los cristianos. Existe un sueño de limpieza religiosa que se parece a las limpiezas étnicas de triste y trágica memoria. Naturalmente no hay que confundir la posición de los ultra-fundamentalistas con la del islam en su conjunto, donde coexisten una gran variedad de posiciones.

Por qué muchos gobiernos europeos permanecen en silencio mientras los cristianos son masacrados en países donde constituyen una minoría? Un ejemplo claro es la distinta presión internacional entre el caso de la musulmana iraní Sakineh Ashtiani frente al de la cristiana paquistaní Asia Bibi, ambas condenadas a muerte en sus respectivos países.
Lo cierto es que hay ahora una iniciativa propuesta por Italia, Francia, Hungría y Polonia que está teniendo una notable resonancia internacional y que estamos examinando también en la OSCE. Otros gobiernos están tal vez condicionados por herencias culturales diferentes, o no consideran la libertad religiosa suficientemente importante como para arriesgarse a sufrir retorsiones en el terreno comercial.

¿Piensa que la integración de los musulmanes europeos resulta más fácil en un Estado con una identidad cristina clara o en un Estado laico?
Depende de las tradiciones nacionales. La experiencia de años de contacto con musulmanes me sugiere que el laicismo y el relativismo no entusiasman al musulmán medio y no facilitan la integración. El diálogo es más fácil entre identidades igualmente conscientes de su propia historia. Para darle la mano al prójimo hace falta antes de nada tener una mano tendida.

¿Cree que existe un islam europeo?
De generación en generación, un islam italiano, como uno europeo, está emergiendo fatigosamente. Pero tampoco falta en Europa un empuje fundamentalista.

¿Por qué hace falta un representante de la Osce para luchar contra la cristianofobia?
Este puesto fue instituido hace tres años. Yo soy el tercer representante para la lucha a la discriminación y a la intolerancia contra los cristianos. Por tanto no es un problema en absoluto nuevo. La creación y mantenimiento de esta oficina representa un éxito de la diplomacia de la Santa Sede y de los Gobiernos que la han apoyado claramente, como el italiano.

Hans Kung, la rigidez de un teólogo crítico

 Por Ignacio Arechaga

Hans Küng ha estado en Madrid para recibir un doctorado honoris causa por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Conforme al cliché habitual, ha sido presentado como un teólogo crítico, abierto al cambio, cuyas posturas arriesgadas le han llevado a chocar con la inmovilista autoridad de la Iglesia. Sin embargo, por sus rígidas actitudes mentales, se parece cada vez más a un tradicionalista, en su caso de la tradición del disenso.

Un rasgo típico del tradicionalista es el carácter repetitivo de sus temas y de sus planteamientos. Desde la época de Pablo VI –en la que chocó ya con los obispos–, Küng propugna una adaptación de la Iglesia a la modernidad, tal como él la entiende. En la práctica, las piedras de toque de esa adaptación siempre acaban siendo las mismas: fin del celibato sacerdotal, admisión del sacerdocio femenino, una moral sexual contemporizadora con las costumbres del momento, mayor democratización en la Iglesia, descalificación de la curia romana...

Nunca son tesis comprometidas, pues lo que dice Küng va a favor de la corriente de una sociedad secularizada. Siempre que hay un tema en el que la doctrina de la Iglesia choca con la mentalidad dominante, la intervención pública de Küng ha sido para asegurar que la autoridad de la Iglesia se equivoca. Y así como la doctrina del tradicionalista conservador daba muchas veces un respaldo religioso a los poderosos de su tiempo, un tradicionalista del disenso como Küng tranquiliza a los partidarios del statu quo en la opinión pública actual. Una voz como la del teólogo alemán les garantiza que un día la Iglesia católica dejará de ser incómoda para convertirse en una voz más en el coro. Las suyas son audacias sin riesgo.

La piedra de toque de la realidad
El tradicionalista es un hombre tan convencido de su postura que no advierte los cambios en la realidad. En esto, Hans Küng es tan miope como los lefebvrianos, aunque sus tesis sean opuestas. Desde hace cuatro décadas el teólogo alemán propugna la misma receta de adaptación a la modernidad. Pero parece incapaz de ver la poca aceptación que ha tenido allí donde se ha impuesto.

Küng lamenta que muchos católicos se hayan alejado de la Iglesia, y lo achaca a que Roma no hace las reformas que él propugna. Pero habría que ver si las defecciones no se deben más bien a que algunos aplicaron por su cuenta el modelo de Iglesia que Küng avala. Hay algunas pistas para dilucidar la cuestión. Curiosamente, los movimientos que en el catolicismo y en el ámbito protestante (evangélicos) han mostrado más vitalidad son precisamente los que han ido por vías opuestas a las que Küng propugna, mientras que las Iglesias protestantes que se han adaptado más a la modernidad son las que han entrado en declive. Como le ha dicho a veces algún no católico, todo lo que Küng reclama para el catolicismo lo han admitido ya los protestantes. Pero sus templos están más vacíos que los católicos.

Y es que el hombre de hoy, cuando se abre a la religión, busca el misterio y lo sacro, no una repetición de esa modernidad de la que está insatisfecho.

Decepcionado con todos los papas
Como tradicionalista del disenso, a Hans Küng le han decepcionado todos los últimos papas. De Pablo VI, bastaría la Humanae Vitae para suspenderlo a divinis. Hay que tener en cuenta que Küng sigue preocupado por la superpoblación, mientras que en su propio país el gobierno intenta fomentar la escasa natalidad para superar los problemas de una población envejecida. Sobre Juan Pablo II, la ecuanimidad de Küng queda resumida en el juicio que pronunció a su muerte: "Para la Iglesia, este pontificado ha sido una gran desilusión y, a fin de cuentas, un desastre". Mientras él escribía eso, los fieles hacían colas interminables para rendirle un último homenaje.

De su antiguo colega Ratzinger, Hans Küng dice que “tenía la esperanza de que Benedicto XVI fuera un papa abierto”, pero ya le ha decepcionado. No ha aplicado las reformas que el profeta Küng ve imprescindibles. Como escribió en el quinto aniversario de su acceso al pontificado, “una y otra vez, este papa relativiza los textos conciliares y los interpreta de forma retrógrada contra el espíritu de los padres del concilio”. Así Küng se erige en intérprete oficial del Vaticano II, como si Benedicto XVI y los demás obispos no supieran leer los textos conciliares. Bien es verdad que para eso tiene que apelar a un vago “espíritu de los padres del concilio”, ya que la letra no justificaría sus afirmaciones.

Pero así como Küng ha dedicado mucho empeño a atacar la infalibilidad de la cátedra de Pedro, su cátedra de Tubinga parece revestida de la inmunidad al error. Esta rigidez, esta resistencia a modificar sus propias ideas es otro signo claro de mentalidad tradicionalista. Küng nunca cree que la Iglesia haya reconocido suficientes culpas de los cristianos del pasado, pero jamás reconoce haberse equivocado él en algo; pide diálogo, pero opina como si fuera infalible; denuncia el clima "inquisitorial" en la Iglesia, pero adopta un tono condenatorio del discrepante.

Esta arrogancia le llevó el año pasado a publicar una “Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo” (¡nada menos!), en la que descalificaba el pontificado de Benedicto XVI como el de “las oportunidades perdidas” y hacía un llamamiento a que los obispos acometieran reformas por su cuenta al margen de Roma. No cualquier reforma, claro, sino la que él propone. Pero parece que los obispos “de todo el mundo” no se sintieron muy impresionados por esta convocatoria y, como suele ocurrir con los textos de Küng, la carta tuvo mucho más eco en la prensa que en los púlpitos.

No niego que Hans Küng se merezca un doctorado honoris causa por su labor intelectual; pero como intérprete de los signos de los tiempos y reformador eclesiástico, me temo que no pasa la nota de corte.

sábado, 5 de febrero de 2011

Francia cierra la puerta a los matrimonios homosexuales una semana después de rechazar la eutanasia

El país de la Ilustración y la Revolución Francesa contrasta con España, que constituye una anomalía en el contexto europeo y mundial.

      Francia, el país de la Ilustración y la Revolución Francesa, ha tumbado la propuesta de legalizar la eutanasia. No es un hecho novedoso, prácticamente cada año algún senador propone su legalización y nunca sale adelante.


        Tras un largo debate que acabó la madrugada del 26 de enero, el senado francés rechazó una proposición de ley que pretendía regular la eutanasia por 170 votos en contra y 142. La penúltima intentona de instaurar la eutanasia en Francia naufragó en 2009 en la Asamblea Nacional.

        Francia es el único país declarado laicista (no laico, como la mayoría de países miembro de la Unión Europea) y mantiene serias restricciones para la práctica pública de la religión. Aunque la norma, que data de 1905, ha pasado a segundo término, formalmente sigue activa.

        A pesar de ello, recientemente el Consejo Constitucional (el órgano correlativo en Francia al Tribunal Constitucional español) se ha manifestado contrario a autorizar el matrimonio homosexual. El Consejo debía decir si avalaba o no el veto a las bodas entre personas del mismo sexo y ha optado por aceptarlo.

        En la actualidad, el Estado francés regula estas parejas a través de lo que se denomina el Pacto Civil de Solidaridad aprobado en 1999. Consiste en una unión administrativa para parejas del hecho prescindiendo del sexo. Se trata, pues, de una pareja paramatrimonial que asume un acuerdo administrativo.

        Francia sigue negando que pueda instaurarse el matrimonio homosexual, una posición que en la actualidad mantiene un gobierno de derechas, pero que cuando ha sido el caso también lo han mantenido gobiernos socialistas de izquierdas.

        En este sentido, fue famoso el artículo de Lionel Robert Jospin, primer ministro de Francia entre 1997 y 2002, en el que explicaba las razones por las que se oponía a legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo.

        Jospin explicaba que dos cosas diferentes no se podían tratar de la misma forma, y que el matrimonio entre heterosexuales y las parejas homosexuales eran evidentemente diferentes. Jospin encontraba profundas diferencias entre el matrimonio entre un hombre y una mujer, y no concebía que se pudiera ofrecer los mismos derechos a la unión entre dos hombres o dos mujeres ya que si se trataban de cosas diferentes otorgarles el mismo estatus era provocar una injusticia. Los argumentos esgrimidos en la actualidad por el Consejo Constitucional son muy parecidos a los sostenidos entonces por Jospin.

España: una anomalía en Europa y el mundo

        El mismo año que se modificó la Ley del Divorcio en España (en julio del 2005) coincidió con la norma que en Francia regulaba las rupturas matrimoniales. Francia optó por una ley en sintonía con todas las leyes de divorcio de Europa, que piden la presentación de motivos para justificar la ruptura, la española no lo exige.

        El papel de la Ley española al respecto representa una anomalía. Es lógico que si se pretende romper un contrato se deban aportar los motivos para ello, ya que de otra manera (y es así como sucede en España), el contrato se puede romper unilateralmente evidenciando que el contrato no tenía ningún tipo de valor real.

        España es uno de los pocos países que aprueban el matrimonio homosexual y, además, que contempla la adopción por parejas de personas del mismo sexo. Solamente España, Holanda, Canadá y Sudáfrica contemplan esta posibilidad. Bélgica y Portugal casan homosexuales pero no les autorizan a adoptar.

        Lo que ocurre en España y, en comparación con Francia, uno de los países que representa la salvaguarda de la libertad y la igualdad, es anormal, una anomalía fuera del contexto europeo y mundial.