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jueves, 16 de marzo de 2017

Logan

Logan
Contenidos: Imágenes (varias V)
Reseña: 
En un futuro cercano, un cansado Logan cuida del Profesor X en un escondite en la frontera de México. Los intentos de Logan por esconderse del mundo y ocultar su legado terminan súbitamente con la aparición de una joven mutante perseguida por fuerzas oscuras.
James Mangold dirige con pulso firme la mejor de las películas generadas alrededor del universo X-Men de Marvel. Con tono crepuscular, imagina un futuro cercano de tintes apocalípticos donde los mutantes son poco menos que una especie en extinción. Lobezno-Logan ejerce de chófer de limusinas y cuida a un profesor Xavier nonagenario que sufre frecuentes ataques ligados a sus poderes mentales. La aparición de una mujer mexicana con una niña destapa un proyecto ultrasecreto y la posible existencia de Edén, un lugar que alberga a jóvenes mutantes.
Aunque violenta –y algunas acciones tienen a la niña Laura como protagonista–, destaca un guion de hierro y no falta la acción espectacular de tipo fantástico. Con formato de road-movie, el “viaje de los héroes” alterna dicha acción con escenas que subrayan la añoranza del hogar y la familia como remansos de paz. Una idea remachada por la cita explícita al western clásico Raíces profundas. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

EE.UU.: Más mujeres en profesiones tradicionalmente masculinas


15.MAR.2017Fuente: The New York Times
Las mujeres estadounidenses han incrementado en los últimos quince años su acceso a profesiones tradicionalmente consideradas masculinas, como la medicina, el derecho y los negocios, mientras que los hombres pertenecientes a grupos en cierta desventaja social han pasado a ocupar puestos mayoritariamente femeninos, según un estudio de la Universidad de Rutgers, de la que The New York Times ofrece un avance.
Los investigadores ha utilizado los datos del censo para rastrear 448 ocupaciones. Estas son consideradas masculinas o femeninas si en el año 2000 tenían más del 60% de trabajadores de uno de los dos sexos, y se consideran feminizadas o masculinizadas si en 2014 ese porcentaje había variado en 4 puntos porcentuales. Ello ocurrió en 27 profesiones.
Según el estudio, hay algunos matices en este “intercambio”: las mujeres que han incursionado en las profesiones masculinas “más prestigiosas” han sido, por lo general, blancas, nacidas en EE.UU., con alto nivel educativo y casadas; en cambio, los hombres que entran en ámbitos de predominio femenino asumen labores menos valoradas socialmente y son mayormente afroamericanos, hispanos, inmigrantes, pobres y con un bajo nivel de estudios.
De las profesiones en las que ha aumentado la presencia femenina, la investigación señala algunas variaciones: en ciencias naturales, ha pasado del 29% a casi el 52%; en optometría, del 26% al 40%; entre los corredores de bolsa, del 62% al 75%, y la misma tendencia entre los veterinarios y los especialistas en agricultura y alimentación.
Por el contrario, ahora hay menos mujeres que trabajan como modelos y promotoras de productos (del 80% al 70%), como ensambladoras de maquinaria (del 25% al 15%) y como operadoras informáticas (del 55% al 47%). También ha caído su presencia como obreras de la industria textil (–5%) y como vendedoras de tiendas (–10%).
Por su parte, los hombres muestran una menor tendencia a cambiar hacia profesiones de superior nivel que han sido tradicionalmente desempeñadas por mujeres, como la enfermería y el magisterio (esas carreras se “masculinizaron” apenas 2 puntos porcentuales).

El estudio muestra, además, que el acceso de las mujeres a mejores ocupaciones se produce, en buena medida, como resultado de que otros, hombres, han dejado el puesto vacío y han tomado uno mejor. En esta suerte de escalera mecánica, a las mujeres les siguen los hombres inmigrantes, que pasan a ocupar los trabajos abandonados por aquellas. La dinámica, según una investigación de la Universidad de Washington, citada por el Times, no sería nueva: ya a principios del siglo XIX, los inmigrantes irlandeses tomaron el lugar que habían dejado atrás las mujeres estadounidenses en la industria textil, cuando se fueron a trabajar como maestras, un empleo de clase media que ya los hombres estaban dejando de ejercer.

El anclaje legal de los conciertos educativos



Por Alejandro González-Varas, Aceprensa

La Declaración Universal de Derechos Humanos y la Constitución Española reconocen la libertad de enseñanza como parte del derecho a la educación. Para que esta libertad sea real, deben cumplirse dos requisitos: que pueda ser ejercida por todos, independientemente de su poder adquisitivo, y que exista variedad de oferta. Los conciertos permiten que se cumplan ambos. Lo mostramos en forma de preguntas y respuestas.


¿Son los conciertos un derecho?

Los conciertos educativos se han pensado desde sus orígenes –con la Ley Debré francesa de 1959– para facilitar el ejercicio de los derechos fundamentales. Centrándonos en el marco español, el artículo 27 de la Constitución (CE) relaciona el derecho a la educación con la libertad de enseñanza, en sus diferentes manifestaciones. Con los conciertos se pretende que los padres, únicos titulares del derecho fundamental a elegir la educación de sus hijos –artículo 27.3 CE–, puedan tener diferentes modelos educativos para elegir libremente en un régimen de igualdad.
Por tanto, los poderes públicos, en atención al mandato constitucional de garantizar que las libertades individuales sean realmente efectivas (artículo 9.2 CE), deben remover los obstáculos –también los económicos– que impidan el ejercicio de los derechos fundamentales. Si la Administración quita los conciertos y no ofrece otras alternativas de financiación –por ejemplo, los cheques escolares–, estos centros no podrán mantenerse, y se desincentivará la creación de otros nuevos. Entonces habrá menos oferta donde elegir. En definitiva, nos abocaríamos a tener una enseñanza monocolor, sólo pública, y sin diferencia de modelos.
El Tribunal Supremo ha señalado en varias sentencias la importancia de las decisiones referentes a la financiación de la enseñanza, ya que afectan directamente al contenido esencial del artículo 27 de la Constitución. Una restricción injustificada de un concierto ignoraría, además, que el artículo 27.4 de la Constitución impone a los poderes públicos el deber de financiar la educación obligatoria respetando la igualdad. También el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas establece1 esta relación entre gratuidad y enseñanza obligatoria.

¿Puede el Estado imponer restricciones?

El artículo 27.9 CE obliga a que el Estado ayude a los centros educativos que reúnan los requisitos que establezca la ley. Estos han de respetar el contenido esencial del derecho fundamental de libertad de enseñanza; no se puede optar por anularlo.
Toda persona o entidad tiene derecho a crear y dirigir un centro de enseñanza –artículo 27.6 CE–, y a conferirle un ideario o carácter propio –religioso o de otro tipo– según indica el artículo 115 de la Ley Orgánica de Educación (LOE). Precisamente así aseguramos esta pluralidad de oferta. También se facilita que el profesor pueda desarrollar sus funciones en un centro con cuyo ideario se identifica.
Conviene tener presente desde el primer momento que el concierto tiene una naturaleza contractual. No se trata, por tanto, de una subvención, ni de un otorgamiento gratuito de dinero de la Administración al titular del centro. Antes bien, del concierto surgen derechos y obligaciones para ambas partes: la Administración traslada ese dinero, y el colegio debe ofrecer la enseñanza de forma gratuita, además de aceptar un sistema de funcionamiento determinado por la ley. Es verdad que la configuración que deben adoptar estos centros les aproxima, en algunos aspectos, a los públicos. Así sucede, por ejemplo, con la estructura de los órganos de gobierno, o el sistema de admisión de alumnos. Sin embargo, esto no significa que el centro pase a ser público, o que dependa de la Administración más allá de lo debido. Cada parte ha de cumplir con las obligaciones que asume al realizar este contrato, pero no puede exigir más de lo que corresponde.

¿Podrían extenderse los conciertos más allá de la enseñanza obligatoria?

Es cierto que el artículo 27.4 reconoce la gratuidad de la enseñanza en los niveles obligatorios. Pero el artículo 27.9 garantiza que todo centro de enseñanza privado, cualquiera que sea su nivel, reciba ayudas por parte de los poderes públicos cuando reúna los requisitos que la ley establezca. Es verdad que allí no se dice que esa ayuda tenga que ser necesariamente económica. Sin embargo, si tenemos en cuenta que la cuestión dineraria será normalmente el principal condicionante que impida la elección de un colegio privado, también es lógico pensar que la principal ayuda que este reciba para ofertar su modelo educativo sea la monetaria. 
Cabe añadir que el Tribunal Constitucional2 ha admitido que, aunque no fuera lo previsto originalmente, los centros que ofrecen educación en etapas no obligatorias pueden acceder a financiación pública. Esta operación se realizará a través de los denominados “conciertos singulares”, reconocidos expresamente en el artículo 116.7 de la LOE.

¿Se pueden denegar conciertos por “necesidades de escolarización”?

La mención de las necesidades de escolarización aparece en el artículo 116 de la LOE, como uno de los criterios para establecer conciertos educativos. Sin embargo, como indica el mismo artículo, los conciertos se firmarán en atención a lo establecido en los artículos 108 y 109 de la misma ley.
Ha sucedido que el artículo 109 de la LOE, en su versión original del año 2006, establecía dificultades para conseguir un concierto en zonas de nueva población, pues indicaba que el Estado había de proveer y garantizar la existencia de plazas exclusivamente públicas, omitiendo cualquier referencia a la oferta privada. No se favorecía tanto el pluralismo ni la demanda social, como el compensar unas iniciativas que satisficieran necesidades de la Administración educativa. De este modo, se invertían los términos de la cuestión, pues las necesidades de escolarización no dependían del interés de los padres, sino del propio de los poderes públicos. Este enfoque viene de entender la enseñanza como un servicio público, en lugar de concebirla como una actividad de interés público o general.
La versión que ofrece la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) del artículo 109 elimina la referencia al mínimo de plazas públicas (tanto en zonas de nueva población como en general), señalando más sencillamente que las Administraciones educativas garantizarán la existencia de plazas suficientes, sin especificar titularidad. A pesar de que mantiene parcialmente el sistema original de la LOE, el nuevo artículo 109 exhorta a las Administraciones a programar la oferta educativa teniendo en cuenta –entre otros factores– la demanda social y la oferta de centros públicos y privados concertados.
Por tanto, invocar el criterio de las necesidades de escolarización en el sentido que le daba la LOE antes de la reforma de la LOMCE supone invocar un criterio obsoleto, además de actuar en contra de lo que el legislador ha querido expresamente a través de esta modificación de la norma.

¿Es la escuela concertada subsidiaria respecto de la pública?

El Tribunal Supremo3 ha sostenido que no es lícito considerar que sólo pueda acudirse al concierto de centros privados cuando la necesidad educativa no resulta satisfecha por los públicos (concepto de subsidiaridad), ni siquiera con el argumento de evitar la duplicidad del gasto. El argumento de fondo viene explicado en otra sentencia anterior4 del mismo Tribunal, en la que se afirma que en el caso de los conciertos no se “pretende sólo, ni tan siquiera prioritariamente, satisfacer intereses de la Administración educativa y de los titulares de los centros concertados; busca ante todo satisfacer intereses de toda la comunidad educativa, o lo que es igual, de la sociedad misma, contribuyendo a la efectividad del derecho a la educación”.

¿Qué límites pueden fijar las Administraciones a las cuantías de los conciertos?

Tenemos que tener en cuenta una premisa: la firma de un concierto no es un acto discrecional de la Administración, sino un acto reglado. Es decir, cumplidos ciertos requisitos establecidos normativamente, existe un derecho al concierto. De hecho, el reglamento sobre las normas básicas de conciertos educativos se expresa de modo imperativo, pues afirma que los poderes públicos “suscribirán” conciertos educativos con los centros privados que deseen ser sostenidos con fondos públicos, siempre que reúnan los requisitos legales5. Esta previsión normativa la confirma el Tribunal Supremo, al señalar que “no nos encontramos pues con un concierto en sentido estricto, como acuerdo de las partes en los que rige el principio de autonomía de la voluntad, de tal suerte que la Administración sería o no libre para efectuarlo, sino que el colegio, siempre que cumpla las condiciones legales, tiene un ‘derecho subjetivo’ al concierto”. 
Dicho esto, cabe añadir dos cosas: la primera es que la cuantía dependerá de la disponibilidad de recursos. Las preferencias establecidas para acceder a los conciertos solo deberían entrar en actuación cuando la consignación presupuestaria resulte insuficiente para atender todas las solicitudes de concierto que hayan sido presentadas.
La segunda es que solo la imposibilidad fehacientemente demostrada de que no hay fondos es lo que puede impedir la firma del concierto. Tal como nuevamente indica el Tribunal Supremo, “tratándose de decisiones que afectan directamente al derecho fundamental a la educación y al derecho de los padres a elegir la enseñanza, la Administración debe motivar decisiones que inciden en ellos, no sólo con argumentos genéricos, sino con razones concretas”6.

¿Es la ratio profesores-alumnos una razón suficiente para redistribuir estudiantes entre la concertada y la pública?

Es lógico intentar un reparto igualitario entre todos los centros sostenidos con fondos públicos. Sin embargo, no solo debería tenerse en cuenta este criterio. Ha de valorarse también el grado de demanda que tiene un centro. Si es amplia, ¿por qué dificultar el acceso y, por tanto, reducir las unidades concertadas? Además de fijarse en la distribución de los alumnos por centros, y que esta sea lo más uniforme posible, deberían tenerse en cuenta las prioridades de los padres y la demanda social de un determinado modelo de enseñanza. En caso de producirse un desequilibrio en la demanda, la actitud más responsable de la Administración tal vez consista en intentar mejorar lo que está menos solicitado, en lugar de perjudicar lo que es notorio que funciona bien. Todo lo que sea aspirar a la máxima calidad de la enseñanza –la ofrezca quien la ofrezca– será con toda probabilidad bien recibido por el conjunto de los ciudadanos.

¿Qué diferencias existen entre las políticas de admisión de centros concertados y públicos?

En realidad, no se aprecian diferencias, incluso tras la reforma de la LOMCE, que en este aspecto no ha modificado el artículo 57 de la LODE (aprobada en 1985). La actual ley mantiene la equiparación entre colegios públicos y concertados. Este es uno de los puntos donde más se resiente su autonomía, pues la recepción de fondos públicos da lugar a una intensa intervención de la Administración pública sobre su funcionamiento.
Por otra parte, no acierto a comprender con claridad que se califique a la enseñanza concertada de elitista. El concierto, como ya he indicado, lo único que pretende es asegurar la libre y legítima elección de modelo educativo en un régimen de igualdad. Más que crear élites, diría que facilita la igualdad de oportunidades para todos. 

¿Tiene derecho un colegio concertado a transmitir unos valores determinados?

Nuevamente, estamos ante una manifestación de la libertad de enseñanza. Hemos visto que forma parte de ella el derecho a crear y dirigir centros docentes. Esto significa que su titular también les puede dotar de un ideario propio (artículo 115 de la LOE), sea religioso o de cualquier otro tipo. Este ha de ser público, de manera que todo profesor que pretenda trabajar allí o los padres en el momento de plantearse matricular a sus hijos puedan conocerlo. La jurisprudencia es unánime en el momento de afirmar que ese ideario es vinculante para todos los miembros de la comunidad educativa (por ejemplo, las sentencias del TC 5/1981 y 77/1985). Esto significa que todos tienen que respetarlo. En caso de no ser así, podrá despedirse al profesor o expulsar al alumno.
Hablar de adoctrinamiento no tiene sentido. Estamos ante una oferta libre, del mismo modo que también es libre trabajar allí o matricular allí a los hijos. Una escuela con ideario es, simplemente, una “empresa de tendencia”, es decir, que tiene unos principios que inspiran su actuación. Así encontramos también hospitales, clínicas, o empresas de comunicación que tienen una tendencia ideológica, confesional, o de otro tipo. Esto no produce escándalo alguno y es asumido sin violencia por nuestro sistema jurídico.
____________________
Alejandro González-Varas es profesor de Derecho Eclesiástico del Estado en la Universidad de Zaragoza. Es autor, entre otros libros, de Derechos educativos, calidad de enseñanza y proyección jurídica de los valores en las aulas(Tirant lo Blanch, 2015) y Derecho y conciencia en las profesiones sanitarias (Dyckinson, 2009).

Notas
1 Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Naciones Unidas): artículo 13 del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966.
2 Sentencia del TC 77/1985, Fundamento Jurídico undécimo.
3 Sentencia del TS, Sala Tercera, de 6 de noviembre de 2008, recurso de casación n. 1548/2006, FJ séptimo.
4 Sala Tercera, de 21 de julio de 2000, recurso de casación n. 5326/1994, FJ sexto.
5 Reglamento de Normas Básicas sobre Conciertos Educativos, artículo 2.
6 Sentencia del TS, Sala Tercera, de 22 de noviembre de 2004, recurso de casación n. 2132/2001, FJ tercero.

miércoles, 8 de marzo de 2017

De Prada explica a Jon Juaristi que en la Iglesia fallan los oficiales: ellos adormecen a la tropa


De Prada explica a Jon Juaristi que en la Iglesia fallan los oficiales: ellos adormecen a la tropa
Juan Manuel de Prada y Jon Juaristi intentan averiguar por qué la Iglesia -y la derecha católica- lo hacen tan mal
Rel 8/3 Jon Juaristi, escritor, columnista, catedrático de Literatura y antiguo militante de extrema izquierda que hoy es conservador, ha comentado asombrado en ABC la polémica del "autobús naranja" y de los niños transexualesy el linchamiento mediático y hostilidad política con los que se ha reaccionado.

En España se persigue al cristianismo
"La derecha católica no espabila", escribe en ABC Jon Juariti. "No se entera (o finge no enterarse) de que vive en un continente y en un país donde se persigue al cristianismo. No como en la Casa del Islam, donde matan directa y masivamente a los cristianos, sino de forma más artera, proscribiendo democráticamente el uso cristiano de la razón (o sea, el uso de razón), lo que no ha resultado difícil, porque el anticristianismo es una fobia mucho más extendida hoy que el antisemitismo en los años treinta, y participan de ella masas imponibles y anónimas, figuras del espectáculo y del deporte, jueces, fiscales, políticos de izquierda, derecha y centro, y macarras con pene o vulva y mando en plaza".

"Y como no entiende nada, como ha reducido la fe de sus padres a moralismo y esincapaz de ver cómo está el patio y de dar una verdadera batalla política e intelectual, la derecha católica se deja entrampar en los carajales retóricos del enemigo e imita sus mismas tácticas (las de la campaña del Bus Ateo de 2009, por ejemplo) sin comprender que si de niños, penes, vulvas, publicidad mural y autobuses se trata, tiene todas las de perder, porque tendrá que explicarse y no sabrá hacerlo y acabará sacando el espantajo de una «inquisición gay», cuando lo que tiene enfrente es el mundo, la doxa, el resentimiento socializado, la banalidad del mal y un nihilismo sentimental y tóxico que utiliza a los niños como elemento patético", añade.


  Jon Juaristi reflexiona sobre la falta de estrategia católica

Juaristi recuerda que uno de los iniciadores de la ideología de género, el comunista y homosexual sadomasoquista Michel Foucault ya "adivinó que la modernidad no exigía reprimir la propia sexualidad, sino confesarla y describirla públicamente, viniera o no a cuento. Los únicos que se habrían escaqueado hasta ahora de esa obligación serían los niños".

"Para que el niño confesara su deseo de vulva o pene era imprescindible el especialista que discerniera el sexo en lo que el niño dice y da a entender y no en lo que el cuerpo muestra. Pero ya ha llegado, ya está aquí. Había que dar la puntilla a Dios, que «macho y hembra los creó» (Génesis, 1, 27), intolerable intromisión en los derechos animales de la especie y origen por tanto de la lengua fascista que nos ha obligado a hablar de niños con pene y niñas con vulva. Gracias a Dios, Dios ha muerto, y viva el sexador de pollos".

Malos líderes que no presentan batalla
Otro popular escritor y columnista de ABC, Juan Manuel de Pradaha respondido a Jon Juaristi con su artículo Gritarán las piedras, para explicar que buena parte de la ineficacia de la Iglesia en este debate viene de la mala calidad de los líderes eclesiales, que ni siquiera presentan batalla.

"Es posible, en efecto, que los católicos hayan reducido su fe a moralismo; es posible que se muestren incapaces de dar una verdadera batalla política e intelectual; es posible que se dejen entrampar en los carajales retóricos del enemigo. Pero todo esto ocurre porque quienes más obligados estaban a hablar (hasta el derramamiento de la sangre) han callado, salvo contadas y heroicas excepciones, y no siempre por prudencia", denuncia Juan Manuel de Prada.


   Juan Manuel de Prada denuncia que los "oficiales" en la Iglesia española son muy malos, adormecen o anulan a la tropa, y el resto prefiere pasarse al enemigo

El escritor compara a la Iglesia española actual con un ejército con malos oficiales. "En cualquier ejército, si al frente se ponen oficiales que actúan como gallinas distraídas, sólo atentas al estipendio y al escalafón, inevitablemente se cosechan derrotas. Si, además, tales oficiales permiten que sus tropas sean aleccionadas por el enemigo (aunque sea el enemigo en versión soft), poniendo altavoces y medios de propaganda a su servicio, o adormeciéndolos con cuentos, la derrota no sólo está asegurada, sino que además la tropa termina pasándose al enemigo (por inercia, por desfondamiento, por compadreo, por cobardía o ansia de medro); y los pocos fieles que no se pasan, son inevitablemente triturados".

"Con un método erróneo, con una táctica equivocada, cayendo en el juego del enemigo… Todo lo que quieras, querido Jon, pero ese autobús es la razzia desesperada, la incursión suicida de unos pocos soldados que, ante la pasividad de sus oficiales, prefieren morir matando antes que permitir que el «nihilismo sentimental y tóxico» que denuncias en tu artículo actúe con sus hijos como un «sexador de pollos», antes de que la «doxa» contemporánea los pervierta. Saben que los van a triturar, pero mientras los trituran, gritan. Gritan como las piedras, mientras otros callan", finaliza su artículo.



Lea también sobre esto: ¿Por qué hay obispos timoratos, irrelevantes e inoperantes? Responde un psicólogo militar clásico (AQUÍ); parte del libro clásico de Norman F. Dixon

Libros de Juan Manuel de Prada aquí en OcioHispano

Algunas notas sobre "la afectividad masculina y femenina"


(fragmento de un libro de Fernando Hurtado)

3. La afectividad y su efecto modulador.

            La afectividad, como cada componente de la sexualidad, es muy decisiva; pero quizá éste sea el que internamente determine más la diferenciación y la complementariedad entre varón y mujer.

La afectividad experimenta cambios grandes, a veces bruscos,  a lo largo de la vida. En la pubertad, despierta con fuerza y de manera un tanto asincrónica en chicos y  chicas.

En estado más puro, a esas edades, se encuentra en la mujer. Por esto la hace madurar más, hasta el punto que marca en ella el fin de la infancia. Mientras, en el varón, la afectividad hacia la mujer adviene más tarde y de modo más pobre, señalando un desfase entre chico y chica, a igualdad de edades.

Además, en el varón aparece al mismo tiempo que una fuerte carga de sensualidad hacia la mujer, lo que puede reducir, incluso a niveles mínimos, el plano afectivo.

3.1. Un desahogo por la defensa social de la afectividad. Activismo gay y permisividad del Estado.

Por todo esto, me parece que es de ingenuos pretender igualar al hombre y a la mujer en cuanto al desarrollo de la sexualidad, porque antropológicamente no se puede conseguir. A esas edades se corre incluso el peligro de alterar el desarrollo de la afectividad, y por tanto de la personalidad, sobre todo en chicos.

Los errores en la formación y educación de la afectividad, por igualamiento entre varón y mujer, pueden incluso ser inductores de la homosexualidad a algunos chicos. La situación es conocida  y a veces aprovechada en el lobby gaypara ganar adeptos, sobre todo en las aulas de secundaria. Así, se procura que se estabilicen como identidades distintas lo que comenzó a ser sólo alteraciones temporales en la identidad afectiva, por otro lado nada excepcionales hasta los 10-12 años por darse una cierta indefinición en casi todos los varones. Estos fenómenos, relativamente frecuentes, se están ignorando cobardemente por parte de muchos psicólogos y médicos psiquiatras, violentados también por la presión mediática que ejerce el famoso lobby, y provocan funestas consecuencias en varones de esas edades. Con los años se les pasará factura por su comportamiento, como se les pasó a los jueces condenados en Núremberg por colaboracionismo con Hitler.

Al contrario, se debe respetar, incluso fomentar, las diferencias psicológicas entre chicos y chicas, sin enfrentamientos ni evaluaciones de superioridad o  inferioridad entre géneros, que parecen gustar tanto. Lo que es distinto se debe tratar de manera distinta. Los cuerpos del varón y la mujer son distintos, pero más diferentes aún son las personas por su  afectividad, y resaltar la diferenciación entre ellos, es hacer justicia a la verdad. No sólo no se les separa sino que es el modo mejor para que a su tiempo puedan fácilmente  encontrarse y complementarse. Y esto no tiene nada que ver con machismos ni feminismos, que en realidad suponen deformaciones de la personalidad.

Buena parte de la distinción de roles no es  fruto de prejuicios heredados del pasado –algunos, sí-. Aparecen en buena parte de las culturas del mundo, sin que previamente hayan estado relacionadas o se hayan influido. Enunciemos un a modo de principio antropológico de sentido común: las diferencias naturales no separan, enriquecen, y hacen más eficaces proyectos de vida comunes.

Indudablemente, la escuela oficial de la afectividad es la familia y su entorno; nunca, el Estado. Y no olvidemos que la socialdemocracia –Europa ha sido y es gobernada por regímenes socialdemócratas en los últimos 40 años, aunque no empleen esa nomenclatura- heredó del marxismo y del  socialismo, querer controlar desde el Estado la educación de las personas.

Es intención obsesiva de la que a sí misma se llama política no manipulada y libre de prejuicios  el ir contra la vida, el matrimonio y la familia, pilares de la sociedad y de la humanidad. La familia es el ámbito en que la persona no es considerada bajo ningún sentido utilitarista, donde predomina lo afectivo, donde se aprecia y valora a las personas, no en cuanto a lo que tienen, sino en cuanto a lo que son[1]. Su clave es la afectividad natural y congénita entre padres, madres e hijos, hermanos y hermanas desde pequeños, y en todas las direcciones; también, primos y primas, amigos y amigas, de unos y de otros…

3.2. Cuándo y cómo la persona es capaz del amor.

A veces se  piensa que el amor comienza  por el atractivo físico del cuerpo; se cree que eso es lo primero que acerca a las personas, e inicia el proceso amoroso. A mi juicio no puede ser más equivocado.

 El atractivo físico que mutuamente sienten varón y mujer es general, o genérico, como quiera decirse, en una primera fase. Es decir, a un chico le pueden gustar casi todas las chicas;  la chica  sigue siendo más restrictiva.

Es más, se puede decir que la chica top, la superguapa, la superwoman, la de tipo perfecto,  gusta a todos, pero no precisamente desde la interioridad. Es decir, tiene casi todos los números para no atraer a ninguno desde el punto de vista del afecto y de la ternura, aunque pueda figurar en miles de sueños o pensamientos sensuales o eróticos. En vez de pensar que todos están enamorados de ella, sería más exacto concluir que gusta físicamente a todos, por la presión que ejercen sus valores sexuales.

Para que el cuerpo no robe protagonismo a la personalidad, la sabiduría popular ha considerado más prudente velarlo –no esconderlo-  que mostrarlo demasiado, para que resplandezcan junto a él valores más perfectos y complejos, como la belleza personal, el mundo interior de los afectos, que es el elemento más activo en el nacimiento del amor, porque repercute, y participa al mismo tiempo, en la materialidad y en la espiritualidad del ser.

Si se es varón, al ver a una chica, al conversar con ella, o cuando nos atiende en una tienda o despacho, se da siempre la percepción de su feminidad, que toca más o menos intensamente las cuerdas de su sensibilidad; si se es varón, se suele estar más agusto con una chica que con un chico. Y viceversa.

Son manifestaciones de la afectividad, que llenan la mayor parte de las cosas sencillas y valiosas de esta vida. Ese agrado que la acompaña nace de una percepción externa e interna de la otra persona en su ser distinto. La afectividad genera “un cierto agrado”, sólo por ser de distinto sexo. Eso, en un primer momento; porque alcanzará niveles cada vez más altos si se la conduce hasta el amor, hasta un amor.

He escrito un amor, porque la afectividad de la que hablamos, como hemos dicho antes, es genérica, por lo que no se ha de confundir con el amor que se experimenta si se concentra hacia una persona concreta y únicaConcretasignifica que está individualizada, que es conocida. Única quiere decir que cuando un chico se  enamora de una chica, ya no siente el movimiento  del amor hacia otras: se rompe en él de modo natural, y resulta imposible que en esas condiciones pueda enamorarse de otras. De igual manera, nadie está enamorado de dos o tres chicos…: más bien, habría que decir en esos casos que la persona se encuentra en un momento inicial, todavía muy pobre, del afecto, en el que no hay enamoramiento alguno.

Quizá ahora se entienda mejor que, como la afectividad participa de la interioridad, la inclinación sensual que puede despertar la presentación provocativa del cuerpo puede que sea la única fuerza capaz de neutralizar los verdaderos sentimientos que conducen al amor. Es decir, no sólo no los aumenta, sino que tiende a rebajarlos, si no a eliminarlos. La experiencia común nos lo demuestra constantemente: a veces parece lo más normal romper con un chico, y con otro, y con otro… No ha habido amor.  ¿Lo habrá para esa chica o ese chico algún día? Sí, pero no por ese camino.

Defiendo, pues, que un hombre no llegará a enamorarse de una mujer porque le haya llamado la atención su cuerpo. Una chica, por la presentación menos velada de sus valores sexuales, en los trasiegos del trabajo, en los desplazamientos por la ciudad puede haber despertado en un mismo día ese mismo interés en cientos de varones, incluso en miles; o en todos. Pero no puede llamarse afecto lo que ha motivado; el afecto es otra cosa y se despierta de otros modos.

3.3. Sentir la personalidad y la presencia del otro.

La afectividad es lo que más inhiere a nivel existencial en las relaciones varón-mujer. Supone dos modos distintos de apreciarse, de valorarse, de sentir la personalidad y la presencia “del otro”,  “al otro”. También, esa afectividad diversa, permite  ver la realidad, las cosas y las personas, como desde dos ángulos que se completan en el contraste, sin  oponerse: la afectividad enriquece poderosamente la valoración que hace la razón, porque la hace actuar con más perfección. Por eso, la afectividad no sólo no es ciega, sino que es de lo más calibradora interna y externamente que se pueda pensar.

La afectividad tiende a expresarse en el trato, en la mirada, al atenderse y escucharse, al dialogar, etc. Ya he dicho más de una vez, que se da una tendencia innata a que la mujer y el varón se caigan muy bien, y se lleven muy bien. Que nunca se olvide. A cada uno, cada una, le agrada cómo se presenta y es la otra, el otro.

Resumiendo, la afectividad hace nacer un  feeling de esencia antropológica, por tanto de mucha calidad, y natural, que lleva a entender de un modo sabio que el uno es para el otro, y de que se necesitan ambos en la vida para alcanzar cada uno su fin. La sociedad será más o menos perfecta en la medida en que se aprecien los valores masculinos y femeninos en todos los ámbitos, pero especialmente en el de la afectividad.

La concentración de la afectividad de una mujer sobre un varón –y viceversa- hará que los dos vivan una vida buena y lograda, plenamente humana. Tendremos entonces esa pareja natural y concreta que se enamora sin necesidad de mucho trato, en la que reina la sinceridad, y un perfecto conocimiento, surgida de dos afinidades que han ido complementándose mutuamente.

Esa compatibilidad afectiva da, desde el primer momento, una gran facilidad para compartir, que es el modo como consigue enriquecerse el ser humano. Comparte el tiempo, las conversaciones, los pensamientos y los sentimientos. Y más, mucho más: alcanza a compartir el ser,  la existencia, el mismo proyecto de vida. Y acontece que se vive la misma vida y existencia no de modo accidental, sino definitivo, durante el tiempo que dure. De esa calidad son las decisiones del amor entre el varón y la mujer.

3.4 Sentido de la vida y  vida con sentido.

Como se recogió anteriormente, se narra en el libro del Génesis que Dios concedió a  Adán conocer y dar nombre a los demás seres. Al concluir, se sintió en cierto modo desilusionado porque no había encontrado a ningún ser semejante a él, que le ofreciera compañía, con el que relacionarse y establecer una relación de amistad (sabía que estaba capacitado para amar). Y experimentó  una soledad que le impedía  comprender el sentido de su vida.

Esta soledad no viene dada sólo porque no existieran otras criaturas exactamente iguales a él (Dios podría haber creado muchos varones o sólo varones), sino porque falta una criatura semejante y al mismo tiempo distinta a él, a la que no conoce porque no la ha visto, pero que intuye que le es necesaria para amarla, completar y compartir su vida. El ser humano había sido creado en un primer momento sólo en una de las posibilidades de su personalidad, en la masculinidad[2].
Adán siente la tendencia afectiva y no encuentra el sujeto a quien dirigirla. Las mismas palabras de Dios darán la explicación: No es bueno que el hombre esté sólo. Voy a hacerse una ayuda adecuada[3]. El varón, en líneas generales, para que pueda realizarse plenamente, necesita de la mujer.  Cuando Dios crea a Eva y la coloca ante él, Adán siente alegría, y percibe una plenitud  que le saca de la tristeza de la soledad. Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne[4], exclama.

Hombre y mujer los creó[5]. El varón, la mujer, cualquier hombre en el que no medie una llamada vocacional de Dios a un amor exclusivo hacia Él,  ha sido pensado de modo general por el Creador para que viva en unión complementaria con un varón o con una mujer, según cada caso.  Abandonará el varón a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer [6]. Vivir en soledad no es bueno[7] para el ser humano; no es bueno para la persona singular; no es buenopara  la naturaleza humana; no es bueno para la sociedad. Una pretendida independencia entre los hombres y las mujeres, como si no se diferenciaran, ni se necesitaran el uno al otro, resultaría artificial, falsa y dañina.

Si no se diera, o se trivializara, la afectividad, el género humano se haría tremendamente infeliz. Hasta resultaría fraudulenta la unión sexual, porque sólo comportaría una relación física placentera, derivada del uso de los cuerpos. Si se diera el caso de que se empobreciera, en general, la afectividad entre varón y mujer, habría que hablar de agentes inductores que impiden su desarrollo normal, porque la naturaleza del hombre y de la mujer sanos  no tienden a esa neutralidad.

También, en otro tiempo, significó un grave mal la consideración eminentemente reproductiva de la sexualidad[8]: buscar la unión sexual con la exclusiva, o casi única y primordial finalidad de tener hijos. No se pensaba en el alcance afectivo del acto matrimonial. Cuántas mujeres fueron sometidas, en cierto sentido, a ese tipo de concepción naturalista, y a ese tipo de vida. Concebir hijos era “un deber”, y con esa idea exclusiva de deber, se empobrecía la sexualidad privándola del gozo de la afectividad; o se la consideraba como marginal. Y nunca es marginal, es lo más importante y valioso, y lo que hace también que se deseen con amor y por amor los hijos, de manera generosa.

En otros casos, se atribuyó al matrimonio una propiedad también “menos clara” en cuanto a su significado.  El matrimonio, como remedio de la concupiscencia[9]. Como si el acto conyugal tuviera un carácter pecaminoso siempre o casi siempre…, que por la generación de los hijos se pudiera justificar.

Con esas consideraciones imperfectas, y antropológicamente inexactas o erróneas, fácilmente se deducía y se derivaba una concepción utilitarista de la mujer en otro sentido –tenían como tarea fundamental dar hijos al mundo-, y aunque camuflada en tan aparentemente alto fin, se la sometía a una función reproductora, en un acto conyugal realizado de modo deficiente, incluso vejatoriamente, por parte del varón, que como se comentaba tantas veces iba a lo suyo.

Cuando se materializa a la persona, se pierde casi completamente la afectividad. Por esto, lo humano y lo espiritual no  deben tener nunca un sentido utilitario; tienen un sentido propio, en sí mismo supra-utilitario, personal, y hay que respetarlo. [10]

La afectividad no sólo procura que la valoración de la persona del otro sexo sea, por decirlo de algún modo, particular, especial. No sólo eso. La afectividad es lo que permite que la persona del otro sexo tenga para su partner auténtica dignidad y valor. Si no, no.

Se puede asegurar, sin metáforas, que quien puede  valorar con autenticidad, de la manera más exacta y adecuada, la naturaleza de la mujer es el varón; y viceversa. Y eso, fundamentalmente por la afectividad, no por otro motivo. Ciertamente que la afectividad diferenciada conlleva una corporeidad diversa, pero para que se dé la individuación que conducirá al amor entre hombre y mujer, sentado el presupuesto corporal, lo principal es la afectividad.

3.5. Algo de lo más importante ya está dicho.

 Lo que acabamos de exponer es quizá lo más importante que teníamos que decir en la consideración del  elemento afectivo, aunque no agotemos su riqueza, ni mucho menos. Por la afectividad distinta, y cuidada, un varón y una mujer se  conocerán y amarán  bien e ilimitadamente, como Dios desea. Y estarán entonces en condiciones  de reconocer su llamada a la paternidad y a la maternidad, el uno a través del otro.

Afectos diferentes, complementarios. Detalles que significan mucho para la mujer, parece que importen menos al varón. Esto significa que debe darse una adaptación, como en el caso de la sensualidad, del uno al otro; y que no se debe tener como más perfecto uno de los modos de afectividad: el encuentro y aceptación de las dos afectividades, es lo único que las lleva a la perfección.

En líneas generales podría decirse que la mujer actúa más teniendo en cuenta la afectividad, mientras que el varón es más racional. No supone ningún obstáculo, pues esa diferencia no está a favor o en contra de ninguno de los dos, sino que redunda en el bien mutuo.

Es una pena que, por falta de una adecuada educación en estos valores, para algunos resulte tan difícil, por no decir imposible, entenderse, y llegar a amarse.


3.5.1 Diversidad en la afectividad.

Al igual que hemos afirmado que la sensualidad o reacción ante el cuerpo de sexo contrario es más fuerte en el varón que en la mujer, ahora hemos de decir lo contrario: la afectividad de la mujer, en líneas generales,  es más elevada y rica que la del varón.

La afectividad más limitada del varón, lleva a éste a un uso más acentuado y peculiar de la razón. Y a la mujer, a connotaciones que afectan al orden de la voluntad, tanto en su acto de dominio sobre las demás potencias (más constancia y perseverancia), como en la capacidad de amar.

Esta situación no entraña riesgos, siempre que no toque los extremos, que son dos: el predominio de una razón sin afectividad, una razón fría y simple; o el predominio de una afectividad sin apoyos en la razón,  que produce fácilmente la alteración del pensamiento, sobre todo en la valoración de la realidad y en la toma de las decisiones vitales, nublado quizá por un excesivo sentimentalismo, lo que hace que la razón y las decisiones sean a veces poco racionales, en el sentido de razonables.

Son los riesgos. Si hay  un buen entrelazamiento entre las afectividades del uno y del otro, se evita esto y se consigue un gran enriquecimiento en la complementación. Al  sumarse razón y sentimientos, se actúa del modo más humano y eficaz. En el hombre  crecerá su afectividad propia y aprenderá a ser más atento en el trato con la mujer (madre, hermana, novia, esposa, hija, amiga, vendedora, etc.) y con el varón, con todas las personas, percibiendo matices de la diversidad de personalidades que antes no captaba. Y la mujer, será influida por su afectividad al varón para configurarla de modo que influya más y se manifieste en la vida concreta y mejoren las posibilidades de juicio certero, sin rebajar la influencia de la sensibilidad.

3.5.2. Conocimiento por medio de la afectividad.

La afectividad permite en primer lugar, sobre todo a la mujer, encontrar con relativa facilidad en la dimensión física de su cuerpo su ser esponsal y maternal. Al percibir menos la sensualidad corporal, advierte mejor los diversos ámbitos que se ven implicados en sus atributos sexuales. Esta consideración la lleva a una natural modestia, también porque, en sentido propio, la mujer no “espera sólo a los chicos”, espera sobre todo a “un chico”: espera al chico-esposo, al chico-padre de sus hijos. Es decir al hombre que reúna las condiciones que a ella le parecen idóneas para la paternidad, para su maternidad. A ése quiere conocer, de ése es de quien espera enamorarse. Así me lo manifestaba una chica:

-Yo no busco novio; ¡busco marido!

Ciertamente la mujer es consciente de su mayor perfección y belleza físicas respecto al varón. Sabe que éste se le puede presentar rendido, pero no es natural en ella  aprovecharse del componente sensual. Es más fácil que caiga, sin embargo, en el peligro de la búsqueda de aprobación por los demás, o se deslice por el camino de la vanidad ante la admiración y atención que provocan sus atributos y su belleza, adornados por una  prácticamente ilimitada variedad y surtido de vestuario.

¿Me miran, se fijan?; ¿qué piensan de mí?; ¿cómo voy con esto?; ¿de éste modo, cómo me ven?; ¿agrado?, ¿desagrado? Es lógico que se pregunte estas cosas, pero tampoco es extraño que esas inquietudes puedan darse de manera impulsiva y obsesiva, y la centren en sí misma; o, mejor dicho, se  descentre como mujer. Si lleva un vestido que muestra y sugiere vivamente los valores sexuales, sabe que su presencia no resulta indiferente, no es extraño que su mente se concentre en la reacción que está provocando en  los demás. ¡Qué… poder! Ella, así, no pasa inadvertida ¡para nadie…! Y eso tira fuerte.

Este comportamiento afectivo sensual en la mujer, ciertamente es en parte de carácter espiritual (humano, inmaterial: no sobrenatural o religioso), arteramente espiritual. En el varón –ya lo hemos afirmado varias veces- no despertará ningún carácter afectivo, sino exclusivamente sensual y utilitario.

La afectividad de la mujer, que le lleva a remodelar su sensualidad, podría inducirle a pensar que el hombre es igual de afectuoso y sentimental como lo es ella; o que siente hacia ella, de modo habitual, idéntica reacción que ella siente hacia el varón, así de entrada.

 ¡No, no!: ¡eso no sucede prácticamente nunca!

Aunque piense que va atractiva, o bohemia, o guapa, la atención fuerte por el cuerpo mostrado, el impulso hacia los valores sexuales, es lo que origina y llama, sobre todo, el interés del varón.

No se da la afectividad cuando se ha perdido el rostro;  y sin rostro -sin persona, ni  personalidad- no hay sentimientos.

El chico no  experimenta ante un cuerpo provocativo ningún sentimiento personal afectuoso; se pierde en el abismo de lo instintivo.

3.5.3. Perfección de la afectividad femenina.

Muchos estímulos hacen crecer la afectividad de la mujer, dándole esa personalidad tan valiosa,  tan absolutamente necesaria hasta en el anonimato que presentan las calles.

Aprecia mucho que el chico sea viril, que no está tanto en una perfección física muscular –aunque también cuente para ella-, sino en un carácter decidido, valiente y seguro; que presente sensibilidad en su contemplación y en sus observaciones; que posea riqueza de valores humanos: la nobleza, la generosidad, la veracidad, la bondad; y la sencillez y la naturalidad, la delicadeza.

Y, aunque parezca increíble, después de todo lo dicho, lo que más agrada a la mujer es que el varón la valore por su riqueza espiritual, es decir por su personalidad. Para ella, en el fondo, resulta inconcebible llegar a enamorarse de quién sabe que lo tiene “conquistado”  por su físico.

3.5.4. Y lo más preciado.

Desde muy niña, su afectividad se enriquece de una manera particular por su tendencia a la maternidad; algo en lo que el varón lleva desventaja.

Las niñas estrenan su inclinación maternal con muñecas y carricoches. El niño, desde pequeño, abomina de muñecos,  los desprecia instintivamente, salvo que vayan con atuendo guerrero, de soldados. Al igual que la niña -de manera instintiva-,  no quiere saber de armas o camiones como juguetes.

Esto es claro e iluminador. En un estudio científico que se hizo en Noruega[11] sobre niños y niñas con disfunciones orgánicas genitales, hasta el punto de ser difícilmente identificables en su sexo, uno de los métodos exitosos para distinguirlos era por su tendencia o aversión a determinados juguetes.

La mujer, ya desde niña piensa de manera instintiva en su bebé. Luego, cada mes, desde una temprana edad, experimentará la menstruación, recordatorio físico de su posible maternidad, y eso la llena de pensamientos de ternura hacia la vida, hacia los niños, hacia los hijos. Ciertamente su cuerpo y sus afectos son muy indicativos.

Su maternidad, que se produce con intervención del varón, hace que se sublime desde el primer momento al que será primero novio, y luego esposo y padre; también  sublima el acto sexual, porque en él llegará  a ser madre. La afectividad de la mujer enriquece a cada paso su personalidad, y la hace madurar más, en circunstancias semejantes a las que se presentan al varón.

La afectividad del chico, pues, debe ser muy ayudada para que su relación con la mujer y con su mismo cuerpo, sea más noble. La mujer piensa en el padre de sus hijos; en aquél por quien llegará a ser madre. En cambio, el varón tiene una tendencia sensual material que puede prevalecer, si no cuenta con la ayuda de la mujer, sobre el pensamiento de los futuros hijos. Más bien, sin una ayuda –especialmente paterna y materna- a cultivarse desde muy joven, le atraerá más la futura unión física, e incluso más desde el punto de vista del placer, que desde la afectividad y la paternidad.





[1] Cfr. Juan Pablo II, Carta a las familias, 1994, n.11.
[2] Cfr. Gen I, 18-25
[3] Gen, II, 18
[4] Gen II, 23
[5] Gen I, 27
[6] Gen II, 24
[7] GenII, 18
[8] Karol Wojtyla, Amor y responsabilidad, p.283
[9] Cfr. Josef Pieper, Virtudes Fundamentales, Rialp, 2ª Ed., Madrid 1980, pp.250 ss.
[10] Karol Wojtyla, obra citada, p.44  ss
[11]La cadena estatal noruega NRK  preparó un extenso documental, titulado Lavado de cerebro ("Hjernevask" ) con un reportaje sobre estos estudios. Se pueden ver en Youtube.com.

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