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viernes, 13 de abril de 2007

EDUCACIÓN, ¿LIBERTAD O DIRIGISMO?

por José Luis González-Simancas

El gobierno socialista español pretende implantar su propia "religión laica" en los centros educativos a través de la asignatura "Educación para la Ciudadanía".

Muchas familias se quejan, con toda razón, de que se están atropellando unos derechos de los padres que están expresamente protegidos por la Constitución. En este blog se ha tratado varias veces sobre esta delicada cuestión que atenta contra la libertad de los ciudadanos.

Se quiere imponer la "dictadura del relativismo" con la falsa argumentación de que es una exigencia de la democracia (?). Sin embargo, como Alejandro Llano no se cansa de repetir, el fundamento de la democracia no es el relativismo, que lo aplana todo, sino el pluralismo, que resalta las diferencias de actitud y de opinión.

Y José Ramón Ayllón afirma en la misma línea: ...el fundamento de la democracia no puede ser el relativismo moral. Porque el relativismo hace trivial al pluralismo y tiende a eliminarlo. El hecho de que tenga relevancia discutir acerca de la justicia o injusticia de una ley, responde a que los interlocutores saben que existe lo justo, por mas que unas veces sea reconocido por el poder establecido y otras no.

Con la persona humana, con su naturaleza y con su educación no se juega
recuerda José Luis González-Simancas al final de este artículo.

Dice también, entre otras cosas: Educarse como persona en libertad es lo que importa, porque ser persona que ejerce con rectitud la libertad equivale a ser ciudadano de fiar. No hay mejor 'educación para la ciudadanía' que una educación entera de las personas, de quienes son libres por poseer esos dones que son la inteligencia, la voluntad y la afectividad, por naturaleza.



Unas palabras previas




No me resisto a escribir unas líneas sobre algo de lo que hoy se lee en la prensa, o le llega a uno por Internet, o se escucha y se ve por radio o televisión, y que, por asociación de ideas, nos hace reflexionar. Lo que voy a escribir lo hago por si puede contribuir a que no desaparezca del todo el sentido común de los ciudadanos, muchos de ellos naturalmente al margen de los que conocemos bien, por profesión, lo que es educar y lo que no es educación.

No es casualidad que me haya encontrado, por ejemplo, con la nota emanada de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, fechada el 28 de febrero de este mismo año 2007. No es casualidad porque la he buscado en internet. La he leído con atención y me ha hecho, una vez más, reflexionar sobre lo que está pasando en España con la educación no universitaria. Pero mi escrito pretendo que responda al “talante” de un ciudadano corriente, seglar, que se ha dedicado, profesionalmente y de por vida, a la docencia formativa, y que, por supuesto, se considera hijo de la Iglesia porque sus padres supieron transmitirle el don de la fe que habían recibido de Dios.

¿Qué está pasando en esa etapa de la educación escolar, sobre todo en Secundaria? Lo dice a las claras el documento que acabo de mencionar. En él se habla de la nueva --o consabida-- Ley Orgánica de turno, ya que van cinco en sólo veinte años desde la LODE de 1987, por no hablar de la que aspiró a reformar todo el sistema educativo: la Lay General de Educación de 1970, tan de tiempos… ¿pasados, o no pasados? Todo hace que recuerde un artículo mío sobre el uniformismo y el dirigismo imperante en todos los centros educativos, publicado en plena era franquista, en 1961. Más abajo me “autocitaré”, con perdón.

Al ciudadano de a pie, en lo relativo a educación, le diré que lo que está pasando tiene todo que ver con aspectos que también suenan en otros campos: en el de la cultura, la empresa, el jurídico, y en otros más. Esos aspectos o cuestiones son todos relativos a lo que, por ser praxis o acción, son contingentes y opinables como tantas cosas de la vida: por jemplo, la normativa que se refiere a los derechos y deberes que tiene toda persona que sea ciudadano de un país determinado. Y eso tiene que ver con:

· el concepto que se tenga de libertad,

· lo cual implica la idea que se tenga de lo que es una persona persona humana,

· lo que nos lleva a concebir y realizar un proyecto determinado, ya sea una escuela, una empresa de producción, o un bufete de abogados, etc.,

· y además, nos conduce a proponer una finalidad clara a ese proyecto, un carácter propio, y un clima humano de sinceridad y confianza, libremente asumidos por esos colaboradores en los que se deposita confianza porque son de fiar, honrados, trabajadores, en un clima de sana superación de los inevitables retos que suelen desafiar a quienes se proponen ser así,

· y de esa manera, en ese tipo de proyecto, lo único que se pide al Estado de la nación, es que ayude –subsidiariamente, esto es, “solidariamente”—a llevar a cabo ese proyecto que se ajusta a las leyes, y para el cual no poseemos los recursos económicos o de otro tipo con que cuenta un Estado. Lo que sí se pide al Estado es que promueva un proyecto legal de iniciativa social, y no que limite o imponga el modo de realizarlo, porque es contingente de suyo, es decir, porque cabe realizarlo de esta o de aquella manera.

Si no se comporta así el que detenta el poder estatal, a eso siempre se lo ha llamado “dirigismo” cuando el dirigir es excesivo, o simplemente “estatalismo” si es que se trata de un Estado centralista y uniformista, como dicen que fue el de la Francia napoleónica, en el que el Emperador sabía lo que se estaba explicando en toda escuela francesa, en tal día y a tal hora, pues nada ni nadie escapaba al control de sus funcionarios administrativos.

Me da pena que continuemos imitando a ese tipo de Estado, como hicimos dede entonces en la educación española, centralista y de mentalidad funcionarial, al servicio de un Estado que pensaba ser el propietario de la educación. Algo de todo eso es lo que está pasando en España respecto de la educación, y de eso intentaré escribir, terminadas estas palabras previas.


Cosas que pasan en la actualidad

Hoy resulta “normal”, por ejemplo, reducir el aborto a una cuestión de pura "ideología" ("progresista", por supuesto), o a una cuestión de moral cristiana que nada tiene que ver con los no creyentes. Y yo me pregunto: ¿en qué cabeza cabe que pueda calificarse de cuestión ideológica o de fe, un hecho tan natural y bien conocido —y científicamente demostrado— como es el del comienzo de la vida desde la misma fecundación del óvulo? ¿Es posible que se niegue o se ignore ese hecho a la hora de asegurar el bien común, el de todo un pueblo: el pueblo de los nacidos y de los aún por nacer? ¿No es otra muestra palpable de esas cada vez más numerosas falsificaciones que se están operando en la sociedad de hoy, en el mundo del arte, en el de la literatura, en el de la ciencia, en el de un gobierno, y en tantos otros mundos, entre ellos nada menos que el de la educación?


Cosas que afectan a la educación

Lo mío es el mundo de la educación de los ya nacidos, como se sabe. Y sin poderlo remediar, se me han venido a la cabeza otras falsificaciones de lo natural que se están produciendo en la educación de las nuevas generaciones, las que gobernarán la sociedad del siglo XXI dentro de poco tiempo. Está claro que, según la nueva legislación de educación primaria y secundaria (LOE), se va a imponer por la fuerza cierta asignatura que llaman “Educación para la ciudadanía”, obligatoria y evaluable.

Puedo estar equivocado –ojalá me equivoque-- pero se oyen voces, como las ya aludidas de los obispos españoles, que afirman que en esa asignatura tendrá cabida la llamada “ideología de género”, enraizada en un feminismo obsoleto, ya superado, que iba en el fondo contra de la maternidad. En ella, como es sabido, se afirma que toda persona tiene “derecho” a hacer su “opción sexual” entre al menos cinco géneros diferentes: dos heterosexuales, masculino y femenino; dos homosexuales, masculino y femenino; y un quinto, transexual, dejando aparte que también se puede optar por ejercer la bisexualidad (la hetero y la homosexual). Y mucho cuidado en manifestar, de palabra o con “actitudes”, que no se está de acuerdo con esa ideología, porque puede suspenderse la tal asignatura.

Sabemos bien que una “ideología” es una colección de “ideas” siempre opinable, pero, en este caso, parece que se va a castigar con un suspenso a quien mantenga otra idea opinable que no se conforme con la que ya es “legal”: por ejemplo, que eso del “género” así entendido no responde a la realidad natural de los dos sexos, masculino y femenino. Pues cuidado, repito, porque a esta persona se la define en la ley como “homófoba”, de “homo”, igual, y de “fobia”, repulsión.

Dicho de otra manera, una persona homófoba es la que siente repulsión hacia sus semejantes, a sus iguales, y a veces lo expresa con palabras o actitudes, sean esos semejantes heterosexuales u homosexuales, éstos con relaciones sexuales con otras personas del mismo sexo. Todas ellas, relaciones legalizadas. Bien, porque no debe odiarse a nadie, sino todo lo contrario, que es lo propio del cristiano. Pero, puestos así, en plan de impedir que se opine de distinta manera ante una ley que impone una ideología y por eso se juzga que no es adecuada, uno comienza a interrogarse. ¿Todo lo que es legal impide que se piense de otro modo, que se tenga otra opinión? ¿No puede darse el caso de una ley que sea injusta? ¿Y todo lo que es legal es moral? Esto último lo creyeron así ciertos nefastos legisladores totalitarios de todos conocidos, en el pasado siglo XX.


Un tipo de educación amoral

Baste aquí tan sólo mencionar otro aspecto educativo de la cuestión, para que el lector piense si lo que se está pretendiendo imponernos es de sentido común. Me refiero a esa versión de la educación sexual que, falseando por reducción el concepto de persona y de educación, termina incitando —quiérase o no— a las relaciones sexuales prematuras entre adolescentes menores de edad.

Todavía conservo un manual que se difundió por todos los colegios de la zona en que yo vivo, producido por dos Consejerías “progresistas” de Educación y de Sanidad, en los que se instruía al profesorado sobre cómo “educar” responsablemente a chicas y chicos en su vida, a partir del momento en que fueran ya “sexualmente activos”. La mencionada “responsabilidad” consistía, en este manual, en aprender a evitar las operaciones de alto riesgo que entrañan las diversas opciones, una vez decidida cuál de ellas seguir. Y así, se procedía a explicar con todo detalle, literal y gráfico, el uso de anticonceptivos de todo tipo, como condición para salvaguardar el llamado “sexo seguro”, de modo que no se produjese un embarazo no deseado o el contagio de enfermedadesde transmisión sexual. Y después, si fallaba la pretendida seguridad, a quitarse "eso", abortándolo por cirugía, sin informar al alumnado de que —como bien dijo alguien—, "eso" no es "eso", sino "ése o ésa", es decir, una persona humana. Aborto provocado y permitido: eso sí que es homofobia.

Por otro lado, esa versión "educativa" ¿no está falseando, en el fondo, la naturaleza racional y libre de la persona, que es por tanto responsable de sus actos? ¿No se la está conceptuando indirectamente como si fuese un animalillo irracional que está simplemente a merced de sus instintos básicos? Y si se le considera humano, entonces, ¿no habrá que informarle de los peligros meramente biológicos que conllevan, no sea que se infecte o se produzca un embarazo? ¿Información fisiológica animalística, o formación de personas que sepan amar a todos, hayan nacido o estén por nacer?


¿Se trata de una ideología apolítica?

¿Una cuestión solamente “ideológica”? ¿O se trata más bien —por encima de las ideologías— de que no se quiere tener en cuenta la naturaleza esencialmente ética de la persona, que debe responder ante sí y ante la sociedad de sus libres decisiones, que eso es comportarse como un buen “ciudadano”? ¿Educar la sexualidad ateniéndose a la naturaleza humana tal como es, —y no como la interpreten los que se erigen en dioses que se inventan los “géneros” en lugar de admitir los dos sexos naturales— no es, por tanto, dimensión inexcusable de una verdadera y realista educación?

¿Se debe, todo este confusionismo, sólo a pura ignorancia de lo que es una persona humana, ignorancia culpable en este caso? ¿O es otro modo de falsear la realidad objetiva y de imbuir desde la infancia una idea de hombre que, en el futuro, se impondrá como natural y normal, dando lugar a una nueva sociedad, lejos de un pasado obsoleto, y de una sociedad trasnochada, en la que se coartaba la libertad del “individuo”, que es muy libre de actuar como quiera y le apetezca instintivamente, porque yo soy yo, y los demás no importan?

¿No se deberá todo ello a que los que mandan —léase políticos— están confundidos y nos quiren imponer su confusión por medio de una educación de la que se sienten propietarios, pensando en un uniformismo que exige imponérselo a todos, en especial a los centros educativos, después de cantar efusivamentea a una Administración que concedía una supuesta autonomía a los centros y a sus directivos, en la LOGSE de 1990?

Es el momento de la “autocita” anunciada al comienzo, con perdón. Esto es un extracto de lo que escribí en 1961, hace 46 años, con el arriesgado título de “Misión actual del centro educativo” (en Nuestro Tiempo, nº 90, páginas 1466-1481):

“Existe uniformidad excesiva en los planes de estudio y formación, en la vida de los centros, porque éstos han perdido su propio carácter. Nuestro plan de bachillerato no es suficientemente flexible. (…). Se hace necesario un entronque más directo entre educación y sociedad, del que derivarán los rasgos propios de cada centro. (…). No se trata tampoco de llegar a la anarquía de los planes de estudio. Pero ¿se puede concebir sensatamente que un sistema uniforme e invariable pueda servir para todas y cada una de las capacidades, para todos los grupos sociales y locales de una nación?”

”Una cierta autonomía, garantizada por el sentido de responsabilidad y la competencia acreditada, es la clave de todo cuanto llevamos dicho. Sin una mínima libertad, sin plantearse responsablemente el problema de un plan educativo adecuado, los centros no podrán ofrecer esa variedad dentro de unas metas comunes que es esencial para su ulterior desarrollo y vitalidad.”

“¿Medios para corregir posibles desvíos? ¿Leyes, reglamentos, exámenes? Mejor: un alto concepto de la categoría institucional del centro y la idoneidad, el sentido común y la experiencia de sus equipos de educadores, (…), más que la reglamentación administrativa (…). Porque, en definitiva, si la autonomía significa algo, la decisión final hacia la renovación educativa deben tomarla los mismos centros.”

”Una vida y ambiente propios, la realización colectiva de un fin y una cierta autonomía, a nuestro entender, definen suficientemente, las funciones básicas de un centro educativo en las presentes circunstancias”.

Y yo me digo: ¿hoy como ayer?


Conclusión

Pero esta última consideración me llevaría a prolongar en exceso la comunicación de estas reflexiones, puesto que tendríamos que afrontar el tema más decisivo de la educación: el del gozne en torno al que gira la educación de uno mismo y la tarea de ayudar a otros en su crecimiento, asumida por familias y centros educativos: el tema de la libertad; de qué es la libertad y de cómo ejercerla, para comportarse responsable y coherentemente como persona: el tema de toda la vida. Educarse como persona en libertad es lo que importa, porque ser persona que ejerce con rectitud la libertad equivale a ser ciudadano de fiar. No hay mejor “educación para la ciudadanía” que una educación entera de las personas, de quienes son libres por poseer esos dones que son la inteligencia, la voluntad y la afectividad, por naturaleza.

En definitiva, que con la persona humana, con su naturaleza y con su educación no se juega. No se puede falsificar esa hermosa y genuina "obra maestra” que es la persona humana, la de un auténtico Creador, ni su más pleno crecimiento con la ayuda de la educación; y todo para intentar vendernos, con engaño, una mala copia de la versión original, la auténtica, la que desde siempre es como es y seguirá siéndolo: única, irrepetible y responsablemente libre.

Una ideología ni debe, ni puede, mal que le pese, falsear la realidad natural de las cosas y de las personas.. De puro sentido común, ¿no les parece?

miércoles, 28 de marzo de 2007

LA TEOLOGÍA DE JON SOBRINO

"La Congregación para la Doctrina de la Fe hizo pública ayer una Notificación en la que advierte que dos obras del teólogo jesuita español Jon Sobrino 'presentan, en algunos puntos, notables discrepancias con la fe de la Iglesia'. El documento señala que la Congregación no ha pretendido 'juzgar las intenciones subjetivas del autor', sino llamar la atención acerca de 'proposiciones que no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia' y 'ofrecer a los fieles un criterio de juicio seguro'. (...) 'En concreto, la Notificación hace referencia a los libros Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret -publicado en Madrid en 1991- y La Fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas -editado en El Salvador en 1999-. Las proposiciones que no están en conformidad con la fe se refieren a la metodología utilizada por el autor y a sus conceptos sobre la divinidad de Jesucristo, su encarnación, su relación con el Reino de Dios, su autoconciencia y el valor salvífico de su muerte.» (La Razón, 17-III-2007)

LLama la atención que son muy pocos los medios que informan con objetividad de lo que ha dicho la Santa Sede y, en cambio, son muchos los que cantan las maravillas de la doctrina del teólogo español, criticando la actuación de la Congregación para la Doctrina de la Fe y del Papa Benedicto XVI que ha aprobado la Notificación, con el mandato de publicarla.

Así, por ejemplo, leo en NoticiasdeGipuzkoa: "La Compañía de Jesús de la provincia de Loyola reiteró ayer su apoyo al jesuita de origen vasco Jon Sobrino, referente de la Teología de la Liberación, quien anteayer recibió una advertencia del Vaticano al considerar "peligroso" su mensaje." (...) "El compromiso personal de Jon Sobrino y su sólida fe están fuera de toda duda", manifestó a través de una nota de prensa la Compañía de Jesús, quien indicó que el jesuita vasco está "tranquilo y dispuesto" a seguir sirviendo a la Iglesia.

Y el El Diario Vasco de ayer publica un artículo de Juan José Tamayo en el que se dice que una de esas obras de Jon Sobrino (La Fe en Jesucristo) puede ser considerada "una de la obras mayores de la cristología del siglo XX"... Dice así el primer párrafo del ponderado artículo de Tamayo: "La Congregación para la Doctrina de la Fe ha emitido una notificación sobre dos libros del teólogo hispano-salvadoreño Jon Sobrino Jesucristo liberador y La fe en Jesucristo. Ensayo sobre las víctimas, en los que dice haber encontrado «diversas proposiciones erróneas o peligrosas que pueden causar daño a los fieles». Me gustaría hacer una reflexión serena sobre uno de esos libros, La fe en Jesucristo, publicada en 1998, que considero una de las obras mayores de la cristología del siglo XX, al lado de Jesucristo, de Karl Adam, Ser cristiano, de Hans Küng, Jesús el Cristo, de Walter Kasper, Jesucristo y la liberación del hombre, de Leonardo Boff, El hombre de hoy ante Jesús de Nazaret, de Juan Luis Segundo, Jesús. La historia de un Viviente, de Edward Schillebeeckx, y Cristología feminista crítica, de Elisabeth Schüsler Fiorenza, entre otras."

"El País" (16-III-2007), en su línea, publica también un artículo que destaca por su objetividad y serenidad. Copio un párrafo ilustrativo: "Jon, amigo, gran cristiano y sacerdote fiel de la Iglesia de Cristo, te han puesto en una terrible encrucijada: o seguir levantando la voz, aunque lo prohíba la inquisición, o aceptar el silencio impuesto, para que sea tu silencio el que grite. Tomes la decisión que tomes, estaremos contigo. Cuenta con nosotros."

Y en otro sitio (clik aquí): "Para expresar el rechazo a la decisión, emitida por el papado de Benedicto XVI, está iniciándose la campaña 'Querido Jon Sobrino, estamos juntos, juntas...'. La campaña consiste en enviar cartas al religioso, donde las personas hablen sobre el provecho conseguido por la lectura de libros tales como Jesús Cristo Libertador - Lectura Histórica/Teológica de Jesús de Nazaret y La Fe en Jesús Cristo - Ensayo a partir de las víctimas, los dos que fueron analizados por la comisión del Vaticano, que acusa al teólogo de 'humanizar por demás' la figura de Jesús Cristo.”

Y en ese mismo sitio, que ya se ve que destaca también por su ponderación en los juicios y por su fidelidad al Magisterio se dice en otro artículo: “Jon Sobrino antes de ser teólogo es el ‘discípulo fiel’, en sintonía profunda y comunión plena con el proyecto de Jesús y con el caminar de su Pueblo, de nuestro Pueblo, del Pueblo latinoamericano, del Pueblo de Dios. Su palabra comprometida, hablada y escrita, se hizo profecía en los más diversos rincones del continente, restituyendo a muchos la esperanza de reconstrucción da la Patria Grande, donde el sueño de vida nueva, justicia y libertad, siga alimentando la lucha por realizar el ‘otro mundo posible’. Su presencia, vida y trabajo son entonces, para nosotros, signos del evangelio y del reino que tienen fuerza de transformación, pero con persecución.”

Reproducimos —en busca de un poco de oxígeno, con un análisis intelectual más serio y con una mente más católica— un artículo de Juan Luis Lorda titulado "La Teología de Jon Sobrino", que ha sido publicado en La Gaceta de los Negocios (14-III-2007).




La Teología de Jon Sobrino, por Juan Luis Lorda

En las películas de propaganda, siempre queda claro quiénes son los buenos y quiénes los malos. Tanto si hace la película la izquierda comunista como la derecha bienpensante. En la vida, las cosas suelen ser más mezcladas.

La Santa Sede acaba de hacer público una nota de diez páginas señalando los errores doctrinales de Jon Sobrino, teólogo jesuita, nacido en Barcelona (1938) afincado en El Salvador y profesor de la Universidad Católica. Se centra sobre todo, en dos libros sobre Jesucristo y su misión, que se usan en muchos seminarios latinoamericanos.

Jon Sobrino es un representante conocido de la Teología de la Liberación. Hacían una teología con la buena intención de liberar a los pobres de sus distintas opresiones y provocar la revolución liberadora. Tenían la buena voluntad de ponerse en favor de los pobres. Pero para conseguir la revolución, deformaban la doctrina y la práctica de la Iglesia, mezclándola con la doctrina y la praxis marxista.

Ahora, la Santa Sede se queja de que Jon Sobrino no defiende la doctrina cristiana sobre quién es Jesucristo, como Hijo de Dios y redentor del hombre. La Iglesia tiene unas fórmulas muy precisas para hablar de los misterios de la fe y el P. Jon Sobrino, al cambiar algunas, parece deformar de manera importante la confesión cristiana sobre Jesucristo, que está contenida en el Credo. El problema principal, según la nota, se centra en que Sobrino separa demasiado lo que es el Hijo de Dios de lo que es el hombre Jesucristo. Hay que introducirse bastante en la historia de la teología para percibir todos los matices y las consecuencias.

Se trata de un diálogo con el autor que empezó en el año 2001. En el 2004, se le comunicaron algunas quejas y, después, de unos intercambios, se ha visto conveniente publicar estas razones. Sólo deberían interesar a las personas dedicadas a la teología y a la enseñanza. Pero, como siempre, han tenido un eco desmedido.

Algunos medios laicistas españoles (hay bastantes), que no admitirían la más mínima disidencia en sus redacciones, han puesto el grito en el cielo. Como siempre. Ellos apoyan todas las disidencias de la Iglesia, especialmente, las más críticas. La Iglesia es una sociedad inmensa, extendida por todo el mundo y tiene un nivel de pluralismo que es mucho mayor que, por ejemplo, cualquiera de los partidos políticos españoles. O, como se ha dicho, cualquiera de los medios que la critican con tanta dedicación.

Pero, mientras no se sabe por qué los medios tienen dogmas, la Iglesia sí se sabe por qué los tiene. La fe cristiana es como es y los que deben enseñarla tienen que acomodarse a ella, dentro de un amplio pluralismo. Lo único que sucede ahora es que la Santa Sede declara que lo que enseña Jon Sobrino, sin querer retractarse, no es la doctrina cristiana. Esto, para todos, en la Iglesia, es un disgusto. Pero la autoridad tiene esa obligación de declarar lo que no está bien, sobre todo cuando tiene una relevancia pública.

domingo, 25 de marzo de 2007

RELATIVISMO, VERDAD Y FE


En bastantes artículos de este blog se habla del relativismo. Pero no es superfluo insistir una vez más en esa actitud que tiene la apariencia de que garantiza la libertad personal y el pluralismo, pero que, en realidad, es una verdadera patología intelectual. Es la dictadura del relativismo, como la llamó el entonces Cardenal Ratzinger, ahora convertido en el Papa Benedicto XVI: "Se va constituyendo -decía- una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja sólo como medida última al propio yo y sus apetencias."

Un relativista -y hay muchos, pues se trata de una verdadera epidemia social- equipara tener convicciones con una actitud fundamentalista. A primera vista, puede parecer que el relativismo es una garantía de libertad en la sociedad actual, caracterizada por la diversidad de convicciones, pero eso no es cierto. Robert Spaemann advierte que el relativismo no es de ninguna manera una solución para el pluralismo.

También Ortega, de otro modo, hablaba de conocer la verdad y de tener convicciones: "La verdad es una necesidad constitutiva del hombre (...). Este puede definirse como el ser que necesita absolutamente la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional". Como se ve, es una actitud radicalmente distinta del relativismo imperante en nuestros días.

Reproducimos ahora un artículo de Ángel Rodríguez Luño, titulado "Relativismo, verdad y fe", que ha sido publicado en el web site del Opus Dei.

por Ángel Rodríguez Luño, profesor de Teología de la Pontificia Università della Santa Croce (Roma)

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1. La fe cristiana ante el desafío del relativismo

Las presentes reflexiones toman como punto de partida algunas enseñanzas de Benedicto XVI, aunque no pretenden hacer una exposición completa de su pensamiento [1]. En diversas ocasiones y con diversas palabras, Benedicto XVI ha manifestado su convicción de que el relativismo se ha convertido en el problema central que la fe cristiana tiene que afrontar en nuestros días [2]. Algunos medios de comunicación han interpretado esas palabras como referidas casi exclusivamente al campo de la moral, como si respondiesen a la voluntad de calificar del modo más duro posible a todos los que no aceptan algún punto concreto de la enseñanza moral de la Iglesia Católica. Esta interpretación no corresponde al pensamiento ni a los escritos de Benedicto XVI. Él alude a un problema mucho más hondo y general, que se manifiesta primariamente en el ámbito filosófico y religioso, y que se refiere a la actitud intencional profunda que la conciencia contemporánea —creyente y no creyente— asume fácilmente con relación a la verdad.

La
referencia a la actitud profunda de la conciencia ante la verdad distingue el relativismo del error. El error es compatible con una adecuada actitud de la conciencia personal con relación a la verdad. Quien afirmase, por ejemplo, que la Iglesia no fue fundada por Jesucristo, lo afirma porque piensa (equivocadamente) que ésa es la verdad, y que la tesis opuesta es falsa. Quien hace una afirmación de este tipo piensa que es posible alcanzar la verdad. Los que la alcanzan —y en la medida en que la alcanzan— tienen razón, y los que sostienen la afirmación contradictoria se equivocan.

La filosofía relativista dice, en cambio, que hay que resignarse al hecho de que las realidades divinas y las que se refieren al sentido de la vida humana, personal y social, son sustancialmente inaccesibles, y que no existe una única vía para acercarse a ellas. Cada época, cada cultura y cada religión ha utilizado diversos conceptos, imágenes, símbolos, metáforas, visiones, etc. para expresarlas. Estas formas culturales pueden oponerse entre sí, pero con relación a los objetos a los que se refieren tendrían todas igual valor. Serían diversos modos, cultural e históricamente limitados, de aludir de modo muy imperfecto a unas realidades que no se pueden conocer. En definitiva, ninguno de los sistemas conceptuales o religiosos tendría bajo algún aspecto un valor absoluto de verdad. Todos serían relativos al momento histórico y al contexto cultural, de ahí su diversidad e incluso oposición. Pero dentro de esa relatividad, todos serían igualmente válidos, en cuanto vías diversas y complementarias para acercarse a una misma realidad que sustancialmente permanece oculta.

En un libro publicado antes de su elección como Romano Pontífice, Benedicto XVI se refería a una parábola budista [3]. Un rey del norte de la India reunió un día a un buen número de ciegos que no sabían qué es un elefante. A unos ciegos les hicieron tocar la cabeza, y les dijeron: "esto es un elefante". Lo mismo dijeron a los otros, mientras les hacían tocar la trompa, o las orejas, o las patas, o los pelos del final de la cola del elefante. Luego el rey preguntó a los ciegos qué es un elefante, y cada uno dio explicaciones diversas según la parte del elefante que le habían permitido tocar. Los ciegos comenzaron a discutir, y la discusión se fue haciendo violenta, hasta terminar en una pelea a puñetazos entre los ciegos, que constituyó el entretenimiento que el rey deseaba.

Este cuento es particularmente útil para ilustrar la idea relativista de la condición humana. Los hombres seríamos ciegos que corremos el peligro de absolutizar un conocimiento parcial e inadecuado, inconscientes de nuestra intrínseca limitación (motivación teórica del relativismo). Cuando caemos en esa tentación, adoptamos un comportamiento violento e irrespetuoso, incompatible con la dignidad humana (motivación ética del relativismo). Lo lógico sería que aceptásemos la relatividad de nuestras ideas, no sólo porque eso corresponde a la índole de nuestro pobre conocimiento, sino también en virtud del imperativo ético de la tolerancia, del diálogo y del respeto recíproco. La filosofía relativista se presenta a sí misma como el presupuesto necesario de la democracia, del respeto y de la convivencia. Pero esa filosofía no parece darse cuenta de que el relativismo hace posible la burla y el abuso de quien tiene el poder en su mano: en el cuento, el rey que quiere divertirse a costa de los pobres ciegos; en la sociedad actual, quienes promueven sus propios intereses económicos, ideológicos, de poder político, etc. a costa de los de­más, mediante el manejo hábil y sin escrúpulos de la opinión pública y de los demás resortes del poder.

¿Qué tiene que ver todo esto con la fe cristiana? Mucho. Porque es esencial al Cristianismo el autopresentarse como religio vera, como religión verdadera [4]. La fe cristiana se mueve en el plano de la verdad, y ese plano es su espacio vital mínimo. La religión cristiana no es un mito, ni un conjunto de ritos útiles para la vida social y política, ni un principio inspirador de buenos sentimientos privados, ni una agencia ética de cooperación internacional. La fe cristiana ante todo nos comunica la verdad acerca de Dios, aunque no exhaustivamente, y la verdad acerca del hombre y del sentido de su vida [5]. La fe cristiana es incompatible con la lógica del "como si". No se reduce a decirnos que hemos de comportarnos "como si" Dios nos hubiese creado y, por consiguiente, "como si" todos los hombres fuésemos hermanos, sino que afirma, con pretensión veritativa, que Dios ha creado el cielo y la tierra y que todos somos igualmente hijos de Dios. Nos dice además que Cristo es la revelación plena y definitiva de Dios, «resplandor de su gloria e impronta de su sustancia» [6], único mediador entre Dios y los hombres [7], y por lo tanto no puede admitir que Cristo sea solamente el rostro con que Dios se presenta a los europeos [8].

Quizá conviene repetir que la convivencia y el diálogo sereno con los que no tiene fe o con los que sostienen otras doctrinas no se opone al Cristianismo; más bien es verdad todo lo contrario. Lo que es incompatible con la fe cristiana es la idea de que el Cristianismo, las demás religiones monoteístas o no monoteístas, las místicas orientales monistas, el ateísmo, etc. son igualmente verdaderos, porque son diversos modos cultural e históricamente limitados de referirse a una misma realidad que ni unos ni otros en el fondo conocen. Es decir, la fe cristiana se disuelve si en el plano teórico se evade la perspectiva de la verdad, según la cual quienes afirman y niegan lo mismo no pueden tener igualmente razón, ni pueden ser considerados como representantes de visiones complemen­tarias de una misma realidad.

2. El relativismo religioso

La fuerza del Cristianismo, y el poder para configurar y sanar la vida personal y colectiva que ha demostrado a lo largo de la historia, consiste en que implica una estrecha síntesis entre fe, razón y vida [9], en cuanto la fe religiosa muestra a la conciencia personal que la razón verdadera es el amor y que el amor es la razón verdadera [10]. Esa síntesis se rompe si la razón que en ella debería entrar es relativista. Por ello dijimos al inicio que el relativismo se ha convertido en el problema central que la evangelización tiene que afrontar en nuestros días. El relativismo es tan problemático porque, aunque no llega a ser una mutación epocal de la condición y de la inteligencia humanas, sí comporta un desorden generalizado de la intencionalidad profunda de la conciencia respecto de la verdad, que tiene manifestaciones en todos los ámbitos de la vida.

En primer lugar existe hoy una interpretación relativista de la religión. Es lo que actualmente se conoce como "teología del pluralismo religioso". Esta teoría teológica afirma que el pluralismo de las religiones no es sólo una realidad de hecho, sino una realidad de derecho. Dios querría positivamente las religiones no cristianas como diversos caminos a través de los cuales los hombres se unen a Él y reciben la salvación, independientemente de Cristo. Cristo a lo más tiene una posición de particular importancia, pero es sólo uno de los caminos posibles, y desde luego ni exclusivo ni inclusivo de los demás. Todas las religiones serían vías parciales, todas podrían aprender de las demás algo de la verdad sobre Dios, en todas habría una verdadera revelación divina.

Esa posición descansa sobre el presupuesto de la esencial relatividad histórica y cultural de la acción salvífica de Dios en Jesucristo. La acción salvífica universal de la divinidad se realizaría a través de diversas formas limitadas, según la diversidad de pueblos y culturas, sin identificarse plenamente con ninguna de ellas. La verdad absoluta de Dios no podría tener una expresión adecuada y suficiente en la historia y en el lenguaje humano, siempre limitado y relativo. Las acciones y las palabras de Cristo estarían sometidas a esa relatividad, poco más o menos como las acciones y palabras de las otras grandes figuras religiosas de la humanidad. La figura de Cristo no tendría un valor absoluto y universal. Nada de lo que aparece en la historia podría tener ese valor [11]. No nos detenemos ahora en explicar los diversos modos en que se ha pretendido justificar esta concepción [12].

De estas complejas teorías se ocupó la encíclica Redemptoris Missio [13] de Juan Pablo II y la declaración Dominus Iesus [14]. Es fácil darse cuenta de que tales teorías teológicas disuelven la cristología y relativizan la revelación llevada a cabo por Cristo, que sería limitada, incompleta e imperfecta [15], y que dejaría un espacio libre para otras revelaciones independientes y autónomas [16]. Para los que sostienen estas teorías es determinante el imperativo ético del diálogo con los representantes de las grandes religiones asiáticas, que no sería posible si no se aceptase, como punto de partida, que esas religiones tienen un valor salvífico autónomo, no derivado y no dirigido a Cristo. También en este caso el relativismo teórico (dogmático) obedece en buena parte a una motivación de orden práctico (el imperativo del diálogo). Estamos, pues, ante otra versión del conocido tema kantiano de la primacía de la razón práctica sobre la razón teórica.

Se hace necesario aclarar que lo que acabamos de decir en nada prejuzga la salvación de los que no tienen la fe cristiana. Lo único que se dice es que también los no cristianos que viven con rectitud según su conciencia se salvan por Cristo y en Cristo, aunque en esta tierra no le hayan conocido. Cristo es el Redentor y el Salvador universal del género humano. Él es la salvación de todos los que se salvan.

3. El relativismo ético-social


Pasamos a ocuparnos del relativismo ético-social. Esta expresión significa no sólo que el relativismo actual tiene muchas y evidentes manifestaciones en al ámbito ético-social, sino también — y principalmente — que se presenta como si estuviese justificado por razones ético-sociales. Esto explica tanto la facilidad con que se difunde cuanto la escasa eficacia que tienen ciertos intentos de combatirlo.

Veamos cómo formula Habermas esa justificación ético-social. En la sociedad actual encontramos un pluralismo de proyectos de vida y de concepciones del bien humano. Este hecho nos plantea la siguiente alternativa: o se renuncia a la pretensión clásica de pronunciar juicios de valor sobre las diversas formas de vida que la experiencia nos ofrece; o bien se ha de renunciar a defender el ideal de la tolerancia, para el cual cada concepción de la vida vale tanto como cualquier otra o, por lo menos, tiene el mismo derecho a existir [17]. La misma idea la expresa de modo más sintético un conocido jurista argentino: «Si la existencia de razones para modos de vida no fuese utilizada para justificar el empleo de la coacción, la tolerancia sería compatible con los compromisos más profundos» [18]. La fuerza de este tipo de razonamientos consiste en que históricamente ha sucedido muchas veces que los hombres hemos sacrificado violentamente la libertad sobre el altar de la verdad. Por eso, con un poco de habilidad dialéctica no es difícil hacer pasar por defensa de la libertad actitudes y concepciones que en realidad caen en el extremo opuesto de sacrificar violentamente la verdad sobre el altar de la libertad.


Esto
se ve claramente en el modo en que la mentalidad relativista ataca a sus adversarios. A quien afirma, por ejemplo, que la heterosexualidad pertenece a la esencia del matrimonio, no se le dice que esa tesis es falsa, sino que se le acusa de fundamentalismo religioso, de intolerancia o de espíritu antimoderno. Menos aún se le dirá que la tesis contraria es verdadera, es decir, no se intentará demostrar que la heterosexualidad nada tiene que ver con el matrimonio. Lo característico de la mentalidad relativista es pensar que esta tesis es una de las tesis que hay en la sociedad, junto con su contraria y quizá con otras más, y que en definitiva todas tienen igual valor y el mismo derecho a ser socialmente reconocidas. A nadie se obliga a casarse con una persona del mismo sexo, pero quien quiera hacerlo debe poder hacerlo. Es el mismo razonamiento con el que se justifica la legalización del aborto y de otros atentados contra la vida de seres humanos que, por el estado en que se encuentran, no pueden reivindicar activamente sus derechos y cuya colaboración no nos es necesaria. A nadie se le obliga a abortar, pero quien piense que debe hacerlo, debe poder hacerlo.

Se puede criticar a la mentalidad relativista de muchas formas, según las circunstancias. Pero lo que nunca se debe hacer es reforzar, con las propias palabras o actitudes, lo que en esa mentalidad es más persuasivo. Es decir: quien ataca el relativismo no puede dar la impresión de que está dispuesto a sacrificar la libertad sobre el altar de la verdad. Más bien se debe demostrar que se es muy sensible al hecho, de suyo bastante claro, que el paso desde la perspectiva teórica a la perspectiva ético-política ha de hacerse con mucho cuidado. Una cosa es que sea inadmisible que los que afirman y niegan lo mismo tengan igualmente razón, otra cosa sería decir que sólo los que piensan de un determinado modo pueden disfrutar de todos los derechos civiles de libertad en el ámbito el Estado. Se debe evitar toda confusión entre el plano teórico y el plano ético-político: una cosa es la relación de la conciencia con la verdad, y otra bien distinta es la justicia con las personas. Siguiendo esta lógica se podrá mostrar después, de modo creíble, que de una afirmación que pretende decir cómo son las cosas, es decir, de una tesis especulativa, sólo cabe decir que es verdadera o que es falsa. Las tesis especulativas no son ni fuertes ni débiles, ni privadas ni públicas, ni frías ni calientes, ni violentas ni pacíficas, ni autoritarias ni democráticas, ni progresistas ni conservadoras, ni buenas ni malas. Son simplemente verdaderas o falsas. ¿Qué pensaríamos de quien al exponer una demostración matemática o una explicación médica, empezase a decir que esos conocimientos científicos tienen sólo una validez privada, o que constituyen una teoría muy democrática? Si hay completa certeza de que un fármaco permite detener un tumor, se trata de una verdad médica, a secas, y no hay nada más que añadir. En cambio a una forma de concebir los derechos civiles o la estructura del Estado sí cabe calificarla de autoritaria o democrática, de justa o injusta, de conservadora o reformista. A la vez hay que recordar que existen realidades, como el matrimonio, que son a la vez objeto de un conocimiento verdadero y de una regulación práctica según justicia. En caso de conflicto, hay que encontrar el modo de salvar tanto la verdad cuanto la justicia con las personas, para lo cual se ha de tener muy en cuenta — entre otras cosas — el aspecto "expresivo" o educativo de las leyes civiles [19].

En el Discurso del 22 de diciembre de 2005, Benedicto XVI ha distinguido con mucha nitidez la relación de la conciencia con la verdad de las relaciones de justicia entre las personas. Transcribo un párrafo muy significativo: «Si la libertad de religión es considerada como expresión de la incapacidad del hombre para encontrar la verdad, y por tanto se convierte en canonización del relativismo, entonces se eleva impropiamente tal libertad del plano de la necesidad social e histórica al nivel metafísico y se le priva de su auténtico sentido. La consecuencia es que no puede ser aceptada por quien cree que el hombre es capaz de conocer la verdad de Dios y está vinculado por ese conocimiento, en virtud de la dignidad interior de la libertad. Algola convicción. El Concilio Vaticano II, al reconocer y asumir con el Decreto sobre la libertad religiosa un principio esencial del Estado moderno, retomó el patrimonio más profundo de la Iglesia» [20].

Benedicto XVI da muestras de un fino discernimiento cuando reconoce que en el Concilio Vaticano II la Iglesia hizo suyo un principio ético-político del Estado moderno, y que lo hizo recuperando algo que pertenecía a la tradición católica. Su posición está llena de matices. Y así aclara que «quien esperaba que con este "sí" fundamental a la edad moderna iban a desaparecer todas las tensiones y que esa "apertura al mundo" transformase todo en armonía pura, había minimizado las tensiones interiores y las contradicciones de la misma edad moderna; había infravalorado la peligrosa fragilidad de la naturaleza humana, que es una amenaza para el camino del hombre en todos los períodos de la historia». Y si afirma que «no podía ser la intención del Concilio abolir esta contradicción del Evangelio en relación a los peligros y errores del hombre» [21], dice también que es un bien hacer todo lo posible por evitar «las contradicciones erróneas o superfluas con el fin de presentar a este mundo nuestro las exigencias del Evangelio con toda su grandeza y pureza» [22]. Y señalando el fondo del problema, añade que «el paso dado por el Concilio hacia la edad moderna, que de manera bastante imprecisa se ha presentado como "apertura al mundo", pertenece en definitiva al problema perenne de la relación entre fe y razón, que se muestra siempre con formas nuevas» [23].

El razonamiento de Benedicto XVI muestra un modo de hacer frente de modo justo y matizado a una posición tremendamente insidiosa como es el relativismo ético-social.

4. Los problemas antropológicos del relativismo

Hemos dicho que el relativismo en el campo ético-social se apoya en una motivación de orden práctico: quiere permitir hacer algo a quien lo desea, sin hacer daño a los demás, y esto sería una ampliación de la libertad. Pero el valor de esa motivación es sólo aparente. La mentalidad relativista comporta un profundo desorden antropológico, que tiene costes personales y sociales muy altos. La naturaleza de este desorden antropológico es bastante compleja y altamente problemática. Aquí voy a mencionar sólo dos problemas.

El primero es que la mentalidad relativista está unida a una excesiva acentuación de la dimensión técnica de la inteligencia humana, y de los impulsos ligados a la expansión del yo con los que esa dimensión de la inteligencia está relacionada, lo que lleva consigo la depresión de la dimensión sapiencial de la inteligencia y, por consiguiente, de las tendencias transitivas y trascendentes de la persona, con las que esta segunda dimensión de la inteligencia está emparentada.

Lo que aquí se llama dimensión técnica de la inteligencia humana, y que otros autores llaman con otros nombres [24], es la evidente y necesaria actividad de la inteligencia que nos permite orientarnos en el medio ambiente, garantizando la subsistencia y la satisfacción de las necesidades básicas. Acuña conceptos, capta relaciones, conoce el orden de las cosas, etc. con la finalidad de dominar y explotar la naturaleza, fabricar los instrumentos y obtener los recursos que necesitamos. Gracias a esta función de la inteligencia las cosas y las fuerzas de la naturaleza se hacen objetos dominables y manipulables para nuestro provecho. Desde este punto de vista conocer es poder: poder dominar, poder manipular, poder vivir mejor.

La función sapiencial de la inteligencia mira, en cambio, a entender el significado del mundo y el sentido de la vida humana. Acuña conceptos no con la finalidad de dominar, sino de alcanzar las verdades y las concepciones del mundo que puedan dar respuesta cumplida a la pregunta por el sentido de nuestra existencia, respuesta que a la larga nos resulta tan necesaria como el pan y el agua.

La sistemática huida o evasión del plano de la verdad, que hemos llamado mentalidad relativista, comporta un desequilibrio de estas dos funciones de la inteligencia, y de las tendencias que les están ligadas. El predominio de la función técnica significa el predominio a nivel personal y cultural de los impulsos hacia los valores vitales (el placer, el bienestar, la ausencia de sacrificio y de esfuerzo), a través de los cuales se afirma y se expande el yo individual. La depresión de la función sapiencial de la inteligencia comporta la inhibición de las tendencias transitivas, es decir, de las tendencias sociales y altruistas, y sobre todo un empequeñecimiento de la capacidad de autotrascendencia, por lo que la persona queda encerrada en los límites del individualismo egoísta. En términos más sencillos: el afán ansioso de tener, de triunfar, de subir, de descansar y divertirse, de llevar una fácil y placentera, prevalece con mucho sobre el deseo de saber, de reflexionar, de dar un sentido a lo que se hace, de ayudar a los demás con el propio trabajo, de trascender el reducido ámbito de nuestros intereses vitales inmediatos. Queda casi bloqueada la trascendencia horizontal (hacia los demás y hacia la colectividad) y también la vertical (hacia los valores ideales absolutos, hacia Dios).

El segundo problema está estrechamente vinculado con el primero. La falta de sensibilidad hacia la verdad y hacia las cuestiones relativas al sentido del vivir lleva consigo la deformación, cuando no la corrupción, de la idea y de la experiencia de la libertad; de la propia libertad en primer lugar. No puede extrañar que la consolidación social y legal de los modos de vida congruentes con el desorden antropológico del que estamos hablando se fundamenten siempre invocando la libertad, realidad ciertamente sacrosanta, pero que hay que entender en su verdaderos sentido. Se invoca la libertad como libertad de abortar, libertad de ignorar, libertad de no saber hablar más que con palabras soeces, libertad de no deber dar razón de las propias posiciones, libertad de molestar y, ante todo y sobre todo, libertad de imponer a los demás una filosofía relativista que todos tendríamos que aplaudir como filosofía de la libertad. Quien le niega el aplauso será sometido a un proceso de linchamiento social y cultural muy difícil de aguantar. Pienso que estas consideraciones pueden ayudar a entender en qué sentido Benedicto XVI ha hablado de "dictadura del relativismo".

Todo esto también tiene mucho que ver, negativamente, con la fe cristiana. Quien piensa que existe una verdad, y que esa verdad se puede alcanzar con certeza aun en medio de muchas dificultades, quien piensa que no todo puede ser de otra manera, es decir, quien piensa que nuestra capacidad de modelar culturalmente el amor, el matrimonio, la generación, la ordenación de la convivencia en el Estado, etc. tiene límites que no se pueden superar, piensa, en definitiva, que existe una inteligencia más alta que la humana. Es la inteligencia del Creador, que determina lo que las cosas son y los límites de nuestro poder de transformarlas. El relativista piensa lo contrario. El relativismo parece un agnosticismo. Quien pueda pensarlo coherentemente hasta el final lo verá mucho más afín al ateísmo práctico. No me parece compatible la convicción de que Dios ha creado al hombre y a la mujer, con la idea de que puede existir un matrimonio entre personas del mismo sexo. Esto sólo sería posible si el matrimonio fuese simplemente una creación cultural: nosotros lo estructuramos hace siglos de un modo, y ahora somos libres de estructurarlo de otro modo.

El relativismo responde a una concepción profunda de la vida que trata de imponer. El relativista piensa que el modo de alcanzar la mayor felicidad que es posible lograr en este pobre mundo nuestro, que siempre es una felicidad fragmentaria y limitada, es evadir el problema de la verdad, que sería una complicación inútil y nociva, causa de tantos quebraderos de cabeza. Pero esta concepción se encuentra con el problema de que los hombres, además de desear ser felices, de querer gozar, de aspirar a carecer de vínculos para movernos a nuestro antojo, tenemos también una inteligencia, y deseamos conocer el sentido de nuestro vivir. Aristóteles inició su Metafísica diciendo que todo hombre, por naturaleza, desea saber [25]. Y Cristo añadió que «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios» [26].

El deseo de saber y el hambre de la palabra que procede de la boca de Dios son inextinguibles, y ningún aparato comunicativo o coercitivo podrá hacerlos desaparecer de la vida humana. Por eso estoy convencido de que la hora actual es una hora llena de esperanza y de que el futuro es mucho más prometedor de lo que parece. Con las presentes reflexiones, que no quieren ser negativas, sólo se ha pretendido exponer con seriedad y realismo el aspecto de la presente coyuntura que Benedicto XVI ha llamado relativismo, así como su incidencia en la práctica y difusión de la fe cristiana en el mundo actual.

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Notas

[1] Aquí tendremos en cuenta los siguientes textos: Ratzinger, J., Fede, verità, tolleranza. Il Cristianesimo e le religioni del mondo, Cantagalli, Siena 2003 (trad. española: Fe, verdad y tolerancia, Ed. Sígueme, Salamanca 2005); la homilía de la "Missa pro eligendo Romano Pontifice" celebrada en la basílica vaticana el 18 de abril de 2005, y el importantísimo Discurso de Benedicto XVI a la Curia Romana con ocasión de la Navidad, del 22 de diciembre 2005.

[2] Cfr. por ejemplo Ratzinger, J., Fede, verità, tolleranza. Il Cristianesimo e le religioni del mondo, cit., p. 121. Se vea también la homilía antes mencionada del 18 de abril de 2005.

[3] Cfr. Ratzinger, J., Fede, verità, tolleranza..., cit., pp. 170 ss.

[4] Cfr. ibid., pp. 170-192.

[5] Decimos que el conocimiento de Dios que nos da la fe no es exhaustivo porque en el Cielo conoceremos a Dios muchísimo mejor. Sin embargo, lo que nos dice la Revelación es verdadero, y es todo lo que Dios ha querido darnos a conocer de Sí mismo. No hay otra fuente para conocer más verdades acerca de Dios. No hay otras revelaciones.

[6] Hb 1, 3.

[7] Cfr. 1 Tm 2, 5.

[8] Ésta es la tesis defendida a principios del siglo XX por E. Troeltsch. Cfr. L’assolutezza del cristianesimo e la storia delle religioni, Morano, Napoli 1968.

[9] Esta es una idea muy presente a lo largo de libro antes citado Fede, verità e tolleranza...

[10] Cfr. Ratzinger, J., Fede, verità e tolleranza..., cit., p. 192.

[11] Una exposición y defensa de la tesis pluralista puede encontrarse en: Knitter, P., No Other Name? A Critical Survey of Christian Attitudes towards the World Religions, Orbis Books, Maryknoll (NY) 1985; Hick, J., An Interpretation of Religion. Human Responses to Tracendent, Yale University Press, London 1989; Amaladoss, M., The pluralism of Religions and the Significance of Christ, en Id., Making All Things New: Dialogue, Pluralism and Evangelisation in Asia, Gujarat Sahistya Prakash, Anand 1990, pp. 243-268; Id., Mission and Servanthood, «Third Millennium» 2 (1999) 59-66; Id., Jésus Christ, le seul sauveur, et la mission, «Spiritus» 159 (2000) 148-157; Id., "Do Not Judge..." (Mt 7:1), «Jeevadhara» 31/183 (2001) 179-182; Wilfred, F., Beyond Settled Foundations. The Journey of Indian Theology, Madras 1993.

[12] Unos afirman que el Verbo no encarnado, Lógos ásarkos o Lógos cósmico, desarrolla una acción salvífica mucho más amplia que la del Verbo Encarnado, es decir, que la del Lógos énsarkos (Cfr. por ejemplo Dupuis, J., Verso una teologia del pluralismo religioso, Queriniana, Brescia 1997, p. 404). Otros dicen en cambio que es el Espíritu Santo quien despliega una acción salvífica separada e independiente de la de Cristo, y fundamentan en el Espíritu Santo el valor salvífico autónomo de las religiones no cristianas y la verdadera revelación contenida en ellas.

[13] Cfr. Juan Pablo II, Carta encíclica "Redemptoris missio" sobre la permanente validez del mandato misionero, 7-XII-1990.

[14] Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración "Dominus Iesus" sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia, 6-VIII-2000.

[15] Cfr. Dupuis, J., Verso una teologia del pluralismo religioso, cit., pp. 367 y 403.

[16] Cfr. ibid., pp. 332 y 342.

[17] Cfr. Habermas, J., Teoria della morale, Laterza, Roma - Bari 1995, p. 88 (original: Erläuterungen zur Diskursethik, Suhrkamp, Frankfurt am Main 1991).

[18] Nino, C.S., Ética y derechos humanos. Un ensayo de fundamentación, Ariel, Barcelona 1989, p. 195.

[19] Se llama aspecto "expresivo" de las leyes civiles al hecho innegable de que las leyes, además de permitir o de prohibir algo, expresan una concepción del hombre, de la vida, del matrimonio, y así tienen un efecto educativo de signo positivo o negativo.

[20] Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana con ocasión de la Navidad, 22-XII-2005.

[21] Ibidem.

[22] Ibidem.

[23] Ibidem.

[24] Philipp Lersch la llama función intelectual, y denomina función espiritual de la inteligencia a la que nosotros llamamos función sapiencial. Cfr. Lersch, Ph., La estructura de la personalidad, 4ª ed., Scientia, Barcelona 1963, pp. 399-404.

[25] Cfr. Aristóteles, Metafísica, I, 1: 980 a 1.

[26] Mt 4, 4.



lunes, 5 de marzo de 2007

La tumba de Jesús, una falsa exclusiva, según el arzobispo Bruno Forte

El anuncio del descubrimiento de la supuesta tumba de Jesús no sólo es contradicho por la arqueología, sino también por la historia, considera uno de los teólogos católicos de mayor prestigio.

Monseñor Bruno Forte, arzobispo de Chieti-Vasto, miembro de la Comisión Teológica Internacional, ha analizado con Zenit las supuestas revelaciones que promete el documental «La tumba perdida de Jesús», realizado por los galardonados cineastas James Cameron y Simcha Jacobovici.

Para el presidente de la Comisión de la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Italiana, «el dato de hecho es que se habla de tumbas antiguas, algunas del siglo I, descubiertas en el barrio de Talpiot, a inicios de los años ochenta, en las que están grabados algunos nombres como los de Jesús, María, José, Mateo… Este es el dato de hecho».

«Pero tumbas como ésas hay muchas en el territorio de Tierra Santa. Por tanto, no hay nada nuevo en esta revelación», constata el prelado, miembro de varios dicasterios de la Santa Sede.

«¿Por qué, entonces, tanto ruido?», se pregunta y responde: «Porque Hollywood ha querido lanzar una exclusiva. Dado el éxito de operaciones como “El Código da Vinci”, se ha tratado de provocar otro éxito análogo, jugando con la auténtica cuestión en juego, es decir, si Jesús verdaderamente ha resucitado».

«De hecho, la tesis lanzada es que si allí está sepultado Jesús con su familia, entonces la resurrección no sería más que una invención de sus discípulos», reconoce.

«Ahora bien, dejando a un lado la inconsistencia de la prueba arqueológica, que ha sido totalmente contestada por arqueólogos israelíes, el dato de hecho de la resurrección de Jesús es documentado rigurosamente en el Nuevo Testamento por las cinco narraciones de las apariciones: cuatro de los Evangelios y la de san Pablo».

«Sabemos que estas narraciones han sido interpretadas también en un sentido reductivo por la crítica liberal del siglo XIX. Incluso Renan llegó a decir que la resurrección se explicaba como la pasión de una alucinada, de una exaltada, que había resucitado a un Dios en el mundo, potencia divina del amor».

«Ahora bien, todos los estudios críticos en estos dos siglos han demostrado que en la verdad profunda de las narraciones de las apariciones se da una historicidad incontestable», añade.

Según Forte, «hay un vacío entre el Viernes Santo, cuando los discípulos abandonaron a Jesús, y el Domingo de Pascua, cuando se convirtieron en testigos de Él, resucitado, con un empuje y una valentía tales que llevaron ese anuncio a todos los confines de la tierra, hasta dar la vida por él».

«¿Que sucedió?» se pregunta el arzobispo. «El historiador profano no se lo explica. Los Evangelios nos lo dan a entender. Se dio un encuentro que cambió su vida».

«Y este encuentro, narrado en los pasajes de las apariciones, se caracteriza por un dato fundamental: la iniciativa no es de los discípulos, sino de él, el que esta vivo, como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles (1, 3).

«Esto significa que no es algo que sucede en los discípulos sino algo que les sucede. A partir de este hecho, a lo largo de la historia, Cristo ha sido anunciado con un empuje que ha involucrado a genios del pensamiento, no visionarios, desde Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, hasta Teresa de Calcuta, por poner tres ejemplos».

El prelado, por último, se pregunta: «¿Por qué tienen tanto interés los medios de comunicación por poner en su punto de mira a Jesús?»

«Evidentemente porque Jesús, en lo profundo de la cultura de Occidente y no sólo de occidente, constituye un punto de referencia tan decisivo e importante que todo lo que le afecta nos afecta».

lunes, 26 de febrero de 2007

SOBRE EL ABORTO Y LA CONVERSIÓN CIENTÍFICA DE BERNARD NATHANSON






Después de ser uno de los principales promotores de la legislación del aborto en los Estados Unidos, hasta el punto de ser conocido en Nueva York como "el rey del aborto", el Dr. Bernard Nathanson experimentó un cambio radical. El conocimiento de los avances médicos que demuestran la existencia de una vida humana en el feto le abrió los ojos.
El Cardenal John O’Connor le administró los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Comunión, en la cripta de la Catedral de San Patricio de Nueva York, el 9 de diciembre de 1996. Después de la ceremonia, visiblemente emocionado, reaccionó con gratitud: “No puedo decir lo agradecido que estoy ni la deuda tan impagable que tengo con todos aquellos que han rezado por mí durante todos estos años en los que proclamaba públicamente mi ateísmo y mi falta de fe.”

En otro momento, refiriéndose a esos años anteriores, dijo entre otras muchas cosas: “he dirigido personalmente 5.000 abortos” (…) “entre ellos realicé el aborto de mi propio hijo”. La mano de Dios intervino a través de los ultrasonidos y comenzó el itinerario de su conversión. A partir de ese momento “no tengo remilgos en decir —expone— que el aborto es un crimen”. “Ha llegado el momento de contar la verdad”.


Y el Dr. Nathanson ha escrito una de las autobiografías más dramáticas de nuestro tiempo. Se titula La mano de Dios, ed. Palabra, quinta edición; la versión original inglesa lleva por título The hand of God y está también en la tercera edición. Hace una clamorosa defensa de la vida humana, apoyándose en la evidencia científica y en su experiencia quirúrgica. Es un libro crudo pero de lectura obligada, porque es una de las biografías más importantes del último siglo.

Recordaba Ignacio Sánchez Cámara, en uno de sus artículos de la La Gaceta de los Negocios (27-XI-2006), algo que repetía un insigne filósofo y que suele olvidarse con frecuencia: “… Julián Marías afirmó que los peores errores morales de nuestro tiempo eran la aceptación social del aborto y la generalización del consumo de drogas. Tenía, y tiene, razón, pues se trata de males profundos que revelan la inversión del orden natural de los valores y la inmoralidad de un tiempo, que se manifiestan en otros males terribles y derivados de esa anomia moral. Si se considera bueno lo que es malo en algo tan básico como la transmisión y protección de la vida; si es lícito que una madre acabe con la vida de su hijo, entonces, parafraseando al personaje de Dostoievski, todo está permitido. No deseo que ninguna mujer que aborte vaya a la cárcel; sólo reclamo que ninguna lo haga, y que la sociedad y su derecho protejan el valor de la vida humana.”


En un artículo de Alberto Bobbio glosando un reciente documento del Consejo Pontificio para la familia se reiteran las ideas fundamentales sobre la reproducción humana y el crimen del aborto: «L’aborto e l’infanticidio evidenziano l’assenza di una tutela giuridica efficace nei confronti del concepito» e «costituiscono una violazione del diritto fondamentale alla vita». La legislazione sull’aborto attribuisce «allo Stato il diritto di scegliere chi sia persona e chi non lo sia». Ma ciò che è più grave oggi è la pretesa di «banalizzare in qualche modo l’aborto con il pretesto che l’autorità non deve penalizzare questo delitto abominevole». Invece un delitto «richiede una pena. Non è concepibile che un delitto possa restare impunito». Banalizzare l’aborto così «trasformerebbe un delitto in diritto».

Reproducimos a continuación el resumen de una conferencia pronunciada por el doctor Bernard Nathanson en Canberra (Australia) para la Asociación para el Derecho a la Vida.

Al final se incluyen las preguntas más frecuentes (FAQ) sobre el aborto y las respuestas.














Un hombre que ha realizado personalmente casi cinco mil abortos, afirma ahora: "Dramáticamente tengo que reconocer que el feto no es un trozo de carne: es un paciente".


Una amiga embarazada


Mi interés por el aborto comenzó a raíz de mi paso por la Facultad de Medicina y de la experiencia, casi obligada, de tener una amiga que quedó embarazada. En aquella época era casi imposible obtener un aborto; finalmente lo logramos, pero el sujeto que lo realizó era un charlatán que por poco la mató. Después siguieron algunos años de práctica en obstetricia y ginecología ocho años, para ser exacto. Fue entonces cuando se despertó en mí una gran sensibilidad por lo penoso de la situación de aquellas mujeres que se exponían a lesiones graves e, incluso, a la muerte, en los abortos practicados clandestinamente. Y en el período siguiente, de 1957 a 1967, ejerciendo ya como médico, me reafirmé en mi creencia de que era necesario cambiar las leyes que prohibían el aborto, por considerarlas restrictivas e injustas.



El éxito de una campaña propagandística



Así que en 1968 organicé un grupo llamado Asociación Nacional para la Renovación de las Leyes del Aborto. A nuestros contrincantes los cogimos durmiendo. En esta organización, que unió todas las fuerzas que había entonces en pro del aborto, ideamos una serie de tácticas para nuestra campaña. Le dijimos al público que de diez a quince mil mujeres morían cada año debido a los abortos clandestinos. De hecho, sabíamos por nuestras investigaciones que el número era más bien de doscientas o trescientas. Inventamos también lemas sumamente persuasivos y agresivos, como "la mujer tiene derecho al dominio de su propio cuerpo", "libertad de elección", "la conspiración católica" y otros similares.Tuvimos un éxito extraordinario. Trabajamos con un presupuesto de siete u ocho mil dólares anuales, echamos por tierra la ley en el Estado de Nueva York en dos años. Gracias a una telaraña de mentiras y calculada intriga, logramos tener, por vez primera en Estados Unidos, una ley que permitía absolutamente el aborto. Hicimos de Nueva York la capital del aborto en el país, mientras que mis colegas me calificaban en la prensa como el "rey del aborto".



Por supuesto, no nos consideramos satisfechos simplemente como haber logrado la despenalización del aborto. Aspirábamos a poner en marcha toda una operación masiva, que permitiera a cualquier mujer –también a las pobres- obtener un aborto barato, rápido y seguro. Y establecimos una clínica bajo el nombre de Centro de Salud Sexual y la Reproducción, un eufemismo bastante bueno para lo que a fin de cuantas se convirtió en matadero. Durante la época en que fui director de la clínica se practicaron 60,000 abortos, aproximadamente 120 diarios.Yo mismo, personalmente, he realizado cerca de cinco mil abortos a lo largo de mi vida. La clínica generaba uno ingresos de cinco millones de dólares anuales. De hecho, entonces era la única instalación de ese tipo. De 1970 a 1972, atraíamos a mujeres de la mitad Este de los Estados Unidos, y jamás volverá a darse una experiencia tan concentrada en un solo punto, ya que la sentencia de Tribunal Supremo (en 1973) levantó las restricciones al aborto en todos los Estados.



El ataque contra la Iglesia Católica



Otra táctica muy importante fue presentar la oposición al aborto como injerencia de la iglesia Católica. No se trataba de fustigar al Papa porque el centrar la atención en un solo hombre podría despertar una reacción de simpatía. Desechemos también condenar a todos los católicos porque esto diluiría el tema demasiado. Además, íbamos a necesitar algunas mujeres católicas para llevarlas al frente, como escudo, para que dijeran que estaban a favor del aborto. Y así lo hicimos.Por eso concentraremos el ataque en los obispos y altas jerarquías, un grupo lo suficientemente reducido para que absorbiera el castigo y lo bastante amplio para que fuera obvio. Ahora pienso que si en la propaganda de aquellos años, en la que arremetíamos contra la Iglesia Católica, hubiéramos sustituido la palabra "católica" por la palabra "negro" la opinión pública nos hubiera aplastado. Pero entonces se había puesto de moda fustigar a la Iglesia Católica, y nos aprovechamos de ello.Para que un lema sea eficaz debe esgrimirse un argumento. En este caso, el de que la Iglesia no debe inmiscuirse en los asuntos del Estado.



Sin embargo, todos sabemos que Martín Luther King era un ministro protestante y llevó a cabo una de las revoluciones sociales más profundas en los Estados Unidos. También recordaremos que algunas de las personas más activas en la abolición de la esclavitud en Boston fueron miembros del clero. También escucharán ustedes que el aborto es un problema médico, que debe dejarse en manos de los doctores. Pero el que el aborto sea una técnica médica no lo convierte en un problema médico, del mismo modo que la pena de muerte no es un asunto de los ingenieros electricistas por el hecho de que se use la silla eléctrica. Cada año se practican en Estados Unidos 1,300.000 abortos, a un promedio de 350 dólares por aborto, hacen 500 millones de dólares anuales, que van a parar a los bolsillos de los médicos y de los responsables de las clínicas. Dejar una cuestión como la del aborto en manos de los más interesados en ella económicamente es locura e irresponsabilidad.



La farsa del aborto terapéutico



También tenemos bastantes experiencias en Nueva York sobre los comités del "aborto terapéutico", cuando antes de 1970 el aborto sólo era posible por necesidad médica. Estos comités, formados por tres doctores en cada hospital, dictaminaban sobre la validez de cada solicitud de aborto. Aquellos comités bien pronto se convirtieron en una farsa. Las solicitudes de aborto iban invariablemente acompañadas de dos certificados extendidos por psiquiatra, manifestando que la mujer en cuestión tenía tendencias suicidas a causa del embarazo.Naturalmente, siempre que tenía una paciente que deseaba abortar, la enviaba a dos psiquiatras amigos míos. Estos extendían los certificados acostumbrados –una tarea rutinaria que no les llevaba más de cinco minutos- y cobraban los cien dólares acostumbrados. Yo enviaba los informes al comité que los revisaba les estampaba su sello y la paciente obtenía rápidamente el aborto solicitado. Los comités eran algo absolutamente vacío, invitaban al descrédito y al abuso de la ley, y cuando ésta fue abolida en 1970 se desbandaron.



Otro dato ilustrativo sobre el llamado "aborto terapéutico" es el cambio que se produjo en 1976, cuando el Congreso aprobó una enmienda en virtud de la cual sólo podrían ser financiados con fondos públicos los abortos motivados por violación, incesto o porque estuvieran en peligro la vida de la madre. En pocos meses, el porcentaje de abortos sufragados por el Estado cayó a un 2%. Estaba claro que la inmensa mayoría de los abortos no respondían a ninguna "necesidad medica".


Los avances científicos me abrieron los ojos



Renuncié al cargo de director del "Centro de Salud Sexual y la Reproducción" a fines de 1972, no porque estuviera desilusionado del aborto o porque tuviera serias dudas, sino porque tenía demasiados compromisos, estaba minando mis fuerzas y me sentía casado. Cuatro meses después me pidieron que organizara y dirigiese el servicio de embriología y perinatología en el hospital St. Luke’s, uno de los más importantes de Nueva York, perteneciente a la Universidad de Columbia. Esta unidad engloba las disciplinas médicas que estudian el ciclo de vida, los hábitos, la psicología, la sensibilidad y la fisiología del feto.Esta nueva rama de la Medicina ha sido posible gracias a los logros de ciertas tecnologías, como el ultrasonido, la inmunoquímica, el marcador de corazón de feto y otras técnicas muy complejas. Allí tuve ocasión de entrar en contacto con estos avances que han venido a arrojar luz sobre el obscuro campo de la vida del feto.Cuando era estudiante de Medicina en la Universidad de McGill de Canadá, manejábamos un libro de texto conocido como Williams. Todavía hoy es un texto clásico en medicina. La edición que yo utilicé era 1947, hacía la octava y tenía 22 páginas dedicadas al feto, del total de 750 u 800 páginas de que contestaba el libro. Actualmente se encuentra en su decimosexta edición, publicada en 1980. Tiene 137 páginas sobre fisiología del feto y otras 127 sobre diagnósticos de enfermedades embrionarias, esto hace aproximadamente una tercera parte del libro, lo que es un índice de la importancia que ha cobrado el estudio del feto en los últimos ocho o diez años, desde que se constituyó la ciencia de la embriología.Desde que comprobé con absoluta claridad, gracias a nuevas técnicas, que el feto respira, que duerme con unos ciclos de sueño perfectamente definidos, que es sensible a los sonidos se ha comprobado que reacciona de distinta manera ante diferentes tipos de música, al dolor y a cualesquiera otros estímulos que ustedes y yo podemos percibir, me resultó insoslayable que el feto es uno de nosotros, de nuestra comunidad, que es una vida: una vida que debe ser protegida.Incluso mujeres que están decididamente en pro del aborto, cuando estén embarazadas y se someten a pruebas tales como un ultrasonido, saldrán impresionadas. Es tremenda la sacudida que se recibe al ver al feto tan cerca, en el monitor, moviéndose, respirando, chupándose el dedo o rascándose la nariz ya a los dos meses y medio o tres de vida.Es una revelación conmovedora, y estoy convencido de que pasar por esta experiencia se convertirá en el argumento más poderoso para detener la matanza.



La falsedad de los lemas abortistas



¿Qué queda, pues, de los slogans abortistas?. Tomemos ése de la "Libertad de elección". Todos estamos a favor de la elección. Siempre y cuando, claro está, que la elección sea una elección ética. Si una de las alternativas no es éticamente aceptable, la elección no soporta el escrutinio: de hecho, no es una elección, y por tanto, la "libertad de elección" es lema vacío.Supongamos que estoy en quiebra: puedo elegir entre trabajar para pagar dinero, o robar un banco, o asaltarle a usted para quitarle la cartera; pero las dos últimas no son elecciones éticas. El del "derecho al dominio del propio cuerpo" es otro lema de gran atractivo. Hoy gracias a la inmunología, se sabe con absoluta certeza que el feto no es una gran parte del cuerpo de la madre. Los glóbulos blancos de la sangre son capaces de reconocer cualquier cuerpo extraño al organismo y de poner en marcha los mecanismos de defensa para destruirlo.Cuando el feto se implanta en la pared del útero, el sistema inmunológico materno reacciona para expulsar al intruso, pero, naturalmente, el feto está dotado de un delicado método de defensa ante esta reacción. En algunos casos la defensa no es tan eficaz como debiera, y el feto es expulsado y se malogra. Esto muestra que el feto no es una parte del cuerpo de la madre. Simplemente está ahí como huésped de paso y ella no puede disponer sobre él.



"No soy un hombre religioso"



No soy un hombre religioso; de hecho no he estado en un templo desde los trece años. Pero si quiero decirles que hemos de detener ese proceso ineficaz y destructivo, cuyo resultado es una mayor disolución de la familia. Debemos reafirmar el amor entre nosotros, especialmente para el ser más pequeño e indefenso. Ahora veo el aborto como un mal, indefendible éticamente, a la luz de nuestros actuales conocimientos sobe el niño aún no nacido.
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Preguntas y respuestas sobre el aborto


¿Con qué argumentos jurídicos empezó a defenderse la despenalización del aborto?


En Inglaterra, en 1938, el Dr. Aleck Bourne recibió en su consultorio a una adolescente de 14 años que había sido violada, y que como consecuencia de esto quedó embarazada. El Dr. Bourne realizó el aborto, y seguidamente se entregó a la policía. Sometido a juicio, finalmente se lo absolvió sobre la base de que había practica do el aborto para preservar la salud mental de la niña. La ley inglesa se basó en este proceso hasta que todo aborto fue legalizado en ese país en 1967. Durante muchos años esta jurisprudencia fue interpretada en forma muy conservadora con el fin de proteg er a aquellos médicos que debieron hacer una opción "en casos difíciles". En última instancia, sin embargo, abrió el camino para el aborto a solicitud.


Es importante señalar que el mismo Dr. Aleck Bourne, espantado por la forma en que los resultados de su caso habían inducido al aborto a pedido y a todos sus abusos, se transformó en miembro fundador, en 1967, de la Sociedad para la Protección de los Niños No Nacidos. [1]


El Dr. Gurrea (médico abortista de Bilbao) siempre se basa en este argumento en todos sus discursos, lo que no sabe es el segundo párrafo.


¿Por qué no abortar cuando está en peligro la vida de la madre?


De 548.382 embarazos, se demostró que la posible incidencia de incompatibilidad entre el embarazo y la vida de la madre era inferior al 5 por cien mil, es decir prácticamente nula. [24]


El embarazo no está contraindicado en las pacientes portadoras de una nueva generación de válvulas mecánicas cardíacas. Pueden sobrellevar con normalidad un embarazo, si son debidamente anticoaguladas. [2]


El ya fallecido doctor Del Sol declaraba: "... en 1983 yo no encuentro ninguna enfermedad que sea incompatible con el embarazo". [3]


¿La cirugía de un embarazo ectópico es un aborto?


Algunos autores sí la caracterizan como un aborto. Para el momento en que la mayoría de estas intervenciones se realiza, el bebé en desarrollo está muerto y a menudo destruído por la hemorragia. Cualquiera que sea el caso, la intervención se lleva a cabo, básicamente, para salvar la vida de la madre. Esto debe considerarse como una práctica correcta porque el bebé no tiene posibilidades de sobrevivir.


Aun en el caso de que el cirujano extrajera un pequeño bebé todavía vivo de la trompa uterina, el movimiento Right to Life lo autoriza ría, puesto que, en caso de no realizarlo, madre e hijo morirían. El bebé no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir, y la operación permitirá salvar la vida de la madre. Si la tecnología médica estuviera suficientemente avanzada como para permitir extraee r al bebé de su ubicación patológica, y transplantarlo a la cavidad uterina, entonces la mayoría de las autoridades éticas afirmarían que esto es lo que se debe hacer. Sin embargo, dado que esto no es factible con la tecnología actual, la vida de esa peque ña criatura se perderá. [1]


¿Sería lícito abortar en el caso en que se necesite extirpar o tratar un útero en gestación traumatizado o afectado de cáncer, o extraer algún otro órgano de una mujer embarazada?


El criterio es el mismo. La cirugía o el tratamiento se realizan para prevenir la muerte de la madre. La muerte del bebé, si se produce, sería considerada un efecto secundario, infortunado e indeseado. Si de algún modo fuera posible, la vida del bebé también debería ser salvada. [1]


¿Sería lícito abortar en el caso de malformaciones fetales?


Por cada uno de los casos en que podría haber malformaciones tendrían que sacrificarse a otros cien niños sanos, según los cálculos recientes. [4] [5]


¿Sería lícito abortar porque una persona sinceramen te dudara de que la vida que existe en el útero de la madre es una vida humana?


En este caso, ¿cuál sería el modo verdaderamente humano de considerar el asunto? Quizás habría que tratar esa vida como siempre lo hemos hecho con otras vidas humanas cuando se dudaba acerca de su existencia. ¿Acaso no resolveríamos la duda en favor de la vida? Es por esto por lo que nunca enterramos a las personas que no sabemos con seguridad si están muertas. Trabajaríamos con todo el empeño para rescatar a unos mineros encer rados, a un niño perdido en las montañas, o a una persona que haya quedado atrapada bajo un edificio derrumbado. Sugerimos que la única reacción humana, cuando haya duda, es la de suponer que en realidad existe vida, mientras no se demuestre lo contrario. [1]


En el mes de febrero de 1983, el Consejo General de Colegios Médicos, por medio de un comunicado, advertía que "el principio de la vida humana se sitúa en el mismo instante de la fecundación, y, por tanto, cualquier acto abortivo, aun el realizado en el principio de la vida fetal, constituye un gravísimo atentado a la vida humana". [5]


"Para la biología, la información genética, el mensaje genético, define la individualidad del nuevo ser desde el momento de la concepción como una célula distinta de la del padre y de la madre, en la que va impreso su rumbo futuro". [6]


"Está demostrado que en la primera célula se encuentran todas las cualidades genéticas del individuo, que van a desarrollarse progresivamente, y si todas estas cualidades no se hallaran al principio, el individuo no se desarrollaría jamás". [7]


El cuerpo de un niño no nacido es más complejo que el nuestro. Antes del nacimiento el feto posee varias partes auxiliares que las utiliza únicamente mientras vive en el útero. Tiene su cápsula espacial: el saco amniótico; su cordón vital: el cordón umbilical y un sistema de raíces: la placenta. Todo esto es suyo y no de la madre, pues se desarrollaron a partir de su célula original. [1]


En el año 1981, en una encuesta sobre el aborto realizada a 1.709 médicos de toda España (tocólogos, ginecólogos y obstetras), la proporción de opiniones desfavorables era del 77%. Y del 33% que dijo que sí al aborto, al contestar el por qué, sólo uno contestó por falta de determinación de la existencia de vida humana en el embrión o en el feto. [5]


¿Es cierta la idea de que la vida comienza sólo cuando el feto tiene cerebro, debido a que deja de haber vida cuando el hombre ya no tiene ondas cerebrales?


Tal cosa lo afirma el premio Nobel Monod, que dice que no hay vida hasta la ocho semanas de gestación, durante las cuales el encef alograma del embrión es plano. [5]


Es completamente distinto. Nos encontramos no ante una fase terminal de un proceso dinámico vital donde se inicia la desintegración del individuo. Por el contrario, estamos en presencia de un proceso dinámico unitario y unificante de todas las partes que van apareciendo paulatinamente.


Déjese a un embrión seguir su desarrollo y tendremos un niño/niña lleno de vida; continúe observándose al muerto y nos encontraremos ante un cadáver putrefacto. [8]


¿En qué momento comienza a latir el corazón de un feto?


Entre los 18 y 25 días. Se pueden hacer electrocardiogramas a las 9 ó 10 semanas. [1]


¿En qué momento comienza a funcionar el cerebro?


Se han registrado impulsos eléctricos del cerebro (electroencefalogramas) a los 43 días. [1]
Es sabido que el tejido cerebral del feto se está utilizando para ser transplantado al cerebro de pacientes con Parkinson. Por otro lado, es asimismo conocido que la parte del cerebro dañada en esta enfermedad es una de las más evolucionadas biológicamente, y que en consecuencia, en el cerebro de los fetos de 7 u 8 semanas, que ya se pueden utilizar para este tipo de transplantes, tiene que estar ya desarrollada dicha zona, para que el tejido transplantado pueda ser útil al paciente de Parkins on. [9]


Paul, E. Rockwell, M.D., Director of Anexthesiology, Leonard Hospital, Troy, New York. Albany Times Union, March 10, 1970: "Hace once años, mientras anestesiaba a una paciente por ruptura de embarazo extrauterino (de dos meses) me enseñaron lo que, en mi opinión, era el ser humano más pequeño que la ciencia haya podido observar hasta el presente. El saco del embrión estaba intacto y era transparente. Dentro de éste, un pequeño ser humano (de 0,85 cm) nadaba vigorosamente en el fluido amniótico mientras aún estaba atado a la pared del útero por medio del cordón umbilical. Estaba totalmente formado y en perfectas condiciones: poseía pies, dedos, etc. A través de su transparente piel se veía el sistema circulatorio con sus delicadas arterias y venas que le llegaban hasta el final de los dedos. [1]


¿A qué edad están presentes todos los órganos vitales y demás sistemas del organismo?


A la octava semana. [1]


¿Cuándo comienzan a funcionar?


A la undécima semana. [1]


¿Tiene alguna base eso del pre-embrión?


El periodo embrionario dura en el ser humano desde la fecundación hasta la novena semana. En consecuencia no hace falta instaurar una subdivisión llamada pre-embrión porque nada es anterior al embrión; en el estadío que precede al embrión sólo hay un espermatozoide y un óvulo; cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide esta entidad deviene en cigoto; y cuando el cigoto se divide deviene en embrión". [8]


¿Disminuye el número de abortos clandestinos con la legalización del aborto?


El informe de mayor autoridad publicado respecto a este punto, lo hizo el Real Colegio de Obstetricia y Ginecología, y constituyó un resumen de las opiniones de los obstétricos consultores de Inglaterra. Decía así:
Los protagonistas originales de reformas para las leyes de abortos, han rebatido que una gran proporción de los casos de abortos clandestinos hasta ahora tratado s en hospitales, y casi todas las muertes resultantes, fueron debidas a interferencia criminal. Ellos postularon que la legislación del aborto eliminaría esto y esgrimieron argumentos y evidencias en contra. Nuestras cifras nos indican... que a pesar de un marcado aumento en el número de abortos terapéuticos (legales) desde 1968 a 1969, desafortunadamente, no hubo un cambio significativo en el número de casos de abortos clandestinos que requerían ingreso en un hospital. El hecho de que la legalización del aborto no haya, hasta el momento, reducido materialmente el número de abortos, ni de muertes producidas por abortos de todas clases, no es sorprendente. Esto confirma la experiencia de la mayoría de las naciones y fue pronosticado por el Colegio en su declaración de 1966. British Med. Journal, may1970. [1]


Legalizar los abortos no ayuda a su desaparición, sino a que aumente su número. El efecto multiplicador de la legalizac ión del aborto se debe a que la opinión pública general ve como bueno lo que se despenaliza, y cada vez se trivializa más en las conciencias la decisión de abortar.


La ley penal no sólo tiene como fin la persecución del delito, sino también ayudar a confo rmar la conciencia social sobre los valores básicos de la convivencia. [10]


¿La ilegalización del aborto pondría en libertad a los carniceros clandestinos?


No. La legalización del aborto lo hizo.


Antes de la legalización del aborto, cuando los procedimientos de aborto eran chapuceros, la mujer tenía la opción de entregar a su abortista a la justicia. En aquellas pocas ocasiones en las que la mujer realmente moría, el fiscal prestaría atención y quizas expulsara al abortista del negocio. Pero ahora, cuando mueren mujeres por abortos legales, el abortista sólo tiene que aguantar lo irritante de un pleito por negligencia profesional.


No protegemos a las mujeres diciendo a los carniceros clandestinos que ahora son libres para poner un anuncio en las Páginas Amarillas.


Richard Mucie fue condenado por la muerte de una mujer por aborto en 1968. Una vez que estuvo fuera de la cárcel ,le fue revocada su licencia y abrió una tienda de antigüedades. Cuando llegó la decisión del Tribunal Supreso en el caso Roe v. Wade, la usó para ir al tribunal y recuperar su licencia. Está de vuelta en el negocio.
[11] En 1983 y 1984, el estado de California no informó de muertes por aborto, pero al menos cuatro mujeres murieron en el condado de Los Angeles sólo en aquellos dos años. California no ha corregido sus registros.
[11]


La madre de una de las jóvenes escribió, "lloro todos los días cuando pienso en lo horrible que fue su muerte. Fue acuchillada por ellos y después murió desangrada... Sé que otras jóvenes negras están ahora muertas después de un aborto en aquella dirección... ¿Dónde está el abortista ahora?. ¿Se le ha parado? ¿Le ha pasado algo a causa de lo que hizo a mi Belinda?... La gente me dice que no ha pasado nada, que nunca pasa nada a los abortistas blancos que dejan muertas a jóvenes negras." [14]


50.000 ptas. de ayuda para abortar en la diputación de Albacete. [15]


Los trabajadores de la diputación de Albacete acaban de firmar uno de los convenios más avanzados en cuanto a mejoras sociales para la mujer. Dicho convenio recoge, por ejemplo, una ayuda de 50.000 ptas para las empleadas que quieran abortar dentro de la legalidad española. También iguala los derechos de todas las parejas a la hora de disfrutar de permisos de matrimonio, aunque éstas sean parejas no casadas u homosexuales. [10]


El número de abortos creció en 1992 un 8% sobre el año anterior b(El Mundo, 1994). Se practicaron un total de 44.962 interrupciones voluntarias del embarazo, frente a las 41.910 de 1991.


Hay 1.6 millones de abortos cada año en los EEUU, y aproximadamente un 30% de todos los embarazos acaban en aborto. Durante 1.988 casi un 43% de las mujeres que van a buscar un aborto admitieron que ya tenían al menos un aborto previo. [16]


¿Puede considerarse un ser humano a algo tan pequeño que no tiene el más mínimo parecido con el resto de los seres humanos?


Un niño no proviene de un feto, sino que él mismo fue antes un feto, del mismo modo que un adulto no proviene de un niño, sino que antes fue niño, y siempre es el mismo ser humano, desde el principio. Y tan absurdo sería defender que el hijo recién concebido no es un ser humano porque no tiene aspecto de niño, como suponer que el niño no es un ser humano porque no tiene el aspecto externo del adulto. [10]


La base para el tratamiento igual según la ley es que se un miembro de la especie es suficiente para ser un miembro de la comunidad humana, sin que se tenga en consideración la raza, el sexo, la discapacidad, la edad, la fase de desarrollo, el estado de dependencia, el lugar de residencia o la cantidad de posesión de propiedades. [13]


¿Cual es la situación en España con respecto al aborto?


En España el aborto ha sido un delito castigado en el Código Penal sin excepciones hasta 1985, en que una reforma del Código, conocida popularmente como "ley del aborto", estableció unos supuestos en que, por concurrir determinadas circunstancias, el aborto no será punible. [10]


¿El aborto ya no es delito en España?


No. El aborto en España es un delito regulado en el Código Penal, en el Título VIII ("delitos contra las personas"), Capítulo III, artículos 411 a 417 bis, ambos inclusive, en los que se establecen unas penas para quienes aborten. [10]


¿Cual es la novedad que supuso la "ley del aborto"?


La nueva legislación supone que, aun siendo el aborto provocado un delito, si se realiza en las circunstancias y condiciones que prevé esa legislación, no se castiga a quien lo practique ni a quien consienta que se le practique. [10]


¿Explica de alguna manera nuestra legislación las razones por las cuales se establecen ciertas indicaciones para que el aborto no sea punible?


Normalmente, los promotores y quienes consienten las leyes que facilitan el aborto provocado intentan justificar la legislación permisiva argumentando que, en "casos límite", no puede exigirse de las madres angustiadas una conducta heroica, ya que ésa no es función de la norma penal. [10]


¿Es justificable la "ley del aborto" por la existencia de "casos límite"?


No. Cualquier legislación penal establece con carácter general que los "casos límite", en los cuales una persona se ve obligada, física o psíquicamente, a cometer un delito (cualquier delito, no sólo el aborto), implican la exención de responsabilidad penal del autor. También en España se da esta eximente de responsabilidad, llamada "estado de necesidad", que, apreciada por el juez, conlleva a la absolución del autor del delito. Esto quiere decir que no era necesaria una legislación específica para los "casos límite" en materia de aborto provocado, pues jamás se ha condenado a nadie por este delito, en la historia judicial española, si concurría la circunstancia de estado de necesidad.


Si lo que se pretendía era resolver los "casos límite", le reforma del Código Penal no sólo no ha venido a llenar una laguna, que no existía, sino que ha transmitido a la sociedad la errónea impresión de que abortar en determinadas condiciones no es delito, tanto si se trata de "casos límite" como si no. [10]


¿El supuesto de riesgo psicológico para la madre es un coladero para practicar abortos?


Si, el portavoz de un establecimiento que realiza abortos en Madrid ha declarado que "practicamos el aborto libre sin estar fuera de la ley, porque interpretamos que cada embarazo no deseado supone un grave riesgo para la salud psíquica de la madre". [10]


El 98,6 % de todos los abortos son hecho bajo la cláusula de la "salud física y mental" de la que el Real Colegio de Obstétricos y Ginecólogos ha dicho:"... no hay tal peligro de perjuicio en la mayoría de los casos, ya que la indicación es puramente social". [12]


En una publicación decididamente partidaria del aborto se señalaba, sin embargo, que "las mujeres con antecedentes de perturbaciones psiquiátricas tenían tres veces más de presentar transtornos psiquiátricos" después de un aborto que aquellas que no tenían tales antecedentes. [1] [17]


"Cuanto más serio era el diagnóstico psiquiátrico, menos beneficioso fue el aborto". [1] [18]


El que a veces el Derecho se desentienda de la protección del hijo no nacido, ¿sign ifica que ese hijo no es una persona?


El no nacido es una persona, pues no existe ninguna otra forma de ser humano que el ser personal. Sin embargo, los ordenamientos jurídicos a veces establecen ficciones sobre quién es persona y quién no, pero estas ficciones no alteran la realidad de las cosas.


La palabra "persona" tiene, en el Derecho, un significado que no siempre corresponde a las realidad, como ocurre, por ejemplo, con las empresas, que son llamadas "personas jurídicas" para significar que son sujeto de derechos y obligaciones en cuanto tales. Otro ejemplo: en el Derecho español se tiene por muerto al desaparecido de quien no hay noticias en una serie de años, pero esta ficción legal no significa que si el desaparecido está vivo, deje por ello de ser una persona.


En el Derecho español, al no nacido debe considerársele persona, pues el aborto se regula en el Código Penal como uno de los "delitos contra las personas", aunque a otros efectos jurídicos no se le tenga por persona (en virtud de una ficción del Código Civil) hasta 24 horas después de nacer. [10]


¿Por qué esas 24 horas después del nacimiento para que el Derecho Español considere, a efectos civiles, persona a un ser humano?


Este precepto de nuestro Código Civil es un arcaísmo que se arrastra desde los tiempos del Derecho Romano, en que había una enorme mortalidad de recién nacidos.


Sin embargo, ante las exigencias de la realidad, el propio Código Civil establece que al concebido y todavía no nacido se le tiene por nacido a todos los efectos que le sean beneficiosos (como por ejemplo en caso de herencia) si llega a nacer con vida. [10]


¿Tienen los Estados obligación de penalizar la práctica del aborto?


Los Estados tienen obligación de poner los medios, también los jurídicos, para que no se practiquen abortos, del mismo modo que tienen obligación de poner los medios necesarios para que no se asesine, se viole o se robe; y conforme a las técnicas jurídicas actuales, la tipificación penal del aborto como delito es la medida jurídica proporcionada a la gravedad del atentado que supone contra la vida humana.


También existen otros medios jurídicos para que los Estados desarrollen una política contraria a la práctica de abortos (sanciones administrativas, premios o subvenciones a la natalidad, etc), pero su carácter liviano y colateral no estaría proporcionado a la gravedad intrínseca del aborto, que, por ser un atentado radical a un bien básico y fundamental, merece la máxima protección jurídica, que hoy no es otra que su configuración como delito. Lo mismo se puede decir del homicidio o la violación: deben ser delito, pues no sería proporcional amenazar al asesino o al violador solamente con una multa o algo semejante. [10]


¿No es mejor la tolerancia con el aborto ya que siempre los habrá, y su clandestinidad puede causar gravísimos peligros a las madres que abortan?


De ninguna manera. El Estado debe proteger, por todos los medios a su alcance, los valores sobre los que se cimenta el orden social, como lo es la vida humana, y nunca, bajo ninguna circunstancia, puede renunciar a reprimir los atentados básicos y definitivos contra esos valores (homicidio, aborto, violación, tortura...), aunque se sepa que jamás podrán erradicarse, porque eso sería tanto como renunciar a la razón de ser de toda sociedad organizada y del mismo poder público. [10]


El que a veces pueda ser aceptable cierta tolerancia con el mal, ¿significa que hay circunstancias en que pueda no ser tenido por mal, sino ser considerado como un bien?


No. El mal siempre es mal aunque haya que tolerarlo. [10]


Y si en un momento determinado, una parte de la población de un país no percibe el aborto como intrínsecamente malo, ¿significa eso que el aborto no ha de sancionarse o perseguirse por el Estado?


No; si fuese éste el caso, esa parte de la población estaría equivocada, como lo estaban quienes en otras épocas no veían como malas la esclavitud o la tortura.


Los valores básicos y esenciales, como la vida del ser humano y su dignidad, son previos, independientes y superiores a las determinaciones de las mayorías. Por eso los Estados no deben guiarse por las opiniones de la mayoría en lo que hace referencia a la naturaleza de las cosas. Las cosas no son verdaderas o falsas, bellas o feas, buenas o malas, porque así lo pueda disponer una mayoría en un momento concreto. [10]


La actitud del Estado frente al aborto provocado, ¿debe limitarse a tipificarlo como delito y perseguirlo?


No. Es Estado está obligado también a favorecer la vida de las personas y su dignidad, ayudando a resolver los problemas sociales y buscando el ideal de que no sea necesario aplicar las penas del delito porque las medidas positivas sean más eficaces. [10]


LOS LEGISLADORES NO PUEDEN, NO TIENEN DERECHO A DETERMINAR QUIEN ES HUMANO O NO A LOS EFECTOS DE SU PROTECCIÓN JURÍDICA. Éste es un dato de la realidad que los hombres han de respetar, pues no lo pueden cambiar.


¿Hay que rechazar radicalmente a las personas que abortan?


De ninguna manera. Hay que ser firmes con la verdad, pero comprensivos con las personas.


Un crimen es un crimen, aunque al criminal se le ayude y acoja, e incluso se le pueda eximir de culpa y de responsabilidad, si hay razones para ello. [10]


Muchas mujeres no pensarían en el aborto si fuera ilegal. Otras mujeres encontrarían suprimidas muchas de las injustas presiones a favor del aborto si sus familias y amigos supueran que esta no era una salida rápida. Las soluc iones no violentas al problema se vuelven más atracticas cuando la solución violenta es menos oportuna. La ilegalización causaría que el número de abortos bajara dramáticamente.


Cuando se cortó la financiación de Medicaid , un estudio que contrastó un año con financiación con el siguiente año sin financiación comprobó que el número de abortos bajó dramáticamente y el número de partos bajó ligeramente. Los abortos que no sucedieron no fueron sustituídos por partos, fueron sustituídos por mayor responsabilida d en evitar el embarazo. [19] [20]


En "Los hermanos Karamazov", un personaje desafía a otro en cuanto a si consentiría en ser el arquitecto de un mundo nuevo en el que todas las personas serían felices y estarían en paz, pero "fuera esencial e inevitable torturar hasta la muerte sólo a una diminuta criatura (aquella niña, por ejemplo), y echar los ciminient os de aquel edificio sobre sus lágrimas no vengadas". No sólo una muerte está por debajo de este edificio, sino decenas de millones, con miles más cada día. La justicia no se puede construir sobre unos cimientos tan sangrientos.


Es engañoso sugerir que el aborto es una "conveniencia" cuando las consecuencias pueden ser tan desoladoras.


¿Tener más información sobre el aborto podría aumentar la ansiedad? ¿Tiene el paciente un "derecho" a la ignorancia, o es realmente el derecho del abortista a un paciente ignorante?


El médico que realizó el aborto en "El grito silencioso" dejó de hacer abortos después de ver la película de ultrasonidos. [13]


Tener que mantener a los recién nacidos (al menos hasta que pudieran ser dados en adopción en el nacimiento) no es ni esclavitud ni caridad; SOMOS RESPONSABLES DE LAS CONSECUENCIAS QUE IMPONEMOS A OTROS COMO RESULTADO DE NUESTROS ACTOS LIBREMENTE ESCOGIDOS.
El bien puede proceder del mal si el mal es eliminado , pero no si sus resultados sirven para promover más mal.


Más allá de sus efectos emocionales sobre los hombres, el aborto afecta también a las relaciones. La investigadora Emily Milling comprobó que de más de 400 parejas que sufrieron la experiencia del aborto, la mayoría de las relaciones (70%) habían fracasado en un plazo de un mes después del aborto.


Es generalmente aceptado que las mujeres que ya tienen problemas psiquiátricos corren riesgos adicionales si tienen abortos (aunque irónicamente muchos abortos se han "justificado" por razones psiquiátricas).
Es una sociedad enferma, realmente, la que cuando se le presenta una bolsa de basura llena de diminutos humanos muertos está más preocupada en cómo reciclar el plástico que en el espantoso desperdici o de nuestros recursos humanos. [21]


"Se multiplican (afortunadamente) en el mundo cruzadas contra las guerras. Se hace cada vez más difícil para grandes y crecientes mayorías la aceptación de la pena de muerte. Clamamos contra el hambre. Aceptamos la objeción de conciencia de quienes sienten repulsión hasta para tomar el fusil en las manos. Y, al mismo tiempo, nuestro siglo se convierte cada día más en un inmenso cementerio de pequeños cadáveres, de seres que no llegaron a ver la luz que nos rodea. Luchamos por el mantenimiento de nuestros bosques, surgen campañas para la defensa de especies animales que podrían extinguirse, se siente herido el mundo el día en que un loco mutila la "Piedad" de Miguel Angel o un cuadro de Rembrandt. Y crecen en todo lo ancho del mundo los hospitales -cementerio, los quirófanos asesinos". [5] [22]


Hipócritas son los que defienden a las crías de foca contra las elegantes señoras que se visten con sus pieles y no defienden a las crías de hombre, cuyas placentas se utilizan para hacer cosméticos embellecedor es.
Hipócritas son los que abogan por la abolición de la pena de muerte unidos con los que defendemos la vida y la mantienen para los seres más inocentes e indefensos como son los niños por nacer.


Hipócritas son los que nada han hecho por subnormales y minusválidos, sin peso específico en el electorado nacional, con tres mil pesetas de limosna al mes, y propugnan la matanza de un niño troceado en el vientre de la madre porque puede nacer deformado y alegan cierto sentimiento de humanidad para sus padres .


Hipócritas son los que hablan de despenalización de interrupción del embarazo, conscientes de que se trata de matar a un ser humano vivo, y de que leyes parecidas han sido en todos los países abortistas la puerta abierta para innumerables casos de muert e, y de que la tasa de los abortos clandestinos ha crecido en todos alarmantemente. [5] [23]
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Referencias bibliográf icas:


[1] Del "Manual sobre el aborto", autores Dr. y Sra. J.C. Willke
[2] American Journal Cardiology, 1.989
[3] Jose Ramón del Sol: Declaraciones a Europa Press, Ya. Madrid, 28 enero 1983 -"El aborto en España: Análisis de un proceso socio -político". Gerardo Hernández Rodriguez
[4] Salvador Hernández Conesa: "El aborto terapéutico", Ya, Madrid, 24 mayo 1983 [5] "El aborto en España: Análisis de un proceso socio -político". Gerardo Hernández Rodriguez
[6] Profesor Manuel Lora Tamayo: "Postdata", YA, pag.11. Madrid, 11 abril de 1983 -"El aborto en España: Análisis de un proceso socio -político". Gerardo Hernández Rodriguez
[7] Jeròme Léjèune, Catedrático de Genética Fundamental de la Sorbona: en el Boletín del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmac éuticos, nº40, págs. 23-29. Madrid, 1978
[8] "El estatuto del Embrión Humano", Luis Miguel Pastor García, profesor titular de Biología Celular. Departamento de Biología Celular. Facultad de Medicina. Universidad de Murcia
[9] Justo Aznar, Médico. En Dimens ión de Vida
[10] Del libro "El aborto, 100 cuestiones y respuestas" de la Conferencia Episcopal Española
[11] En The United States District Court for the Western District of Missouri, Western Division, Civil Action No. 73CV497 -W-3 -Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Occidental de Missouri, División Oeste, Acción Civil nº 73CV497 -W-3 de California, Departamento de Estadísticas Vitales, Registros de Defunciones, Tabla A-2, Muertes maternales por causas de muerte seleccionadas, Califor nia 1960 -1984 (por lugar de residencia) en Estadísticas Vitales de California. La documentación sobre las muertes está disponible en el Proyecto Jurídico de Feministas por la Vida
[12] RCOG report on Unplanned Pregnancy -Informe del RCOG sobre embarazos no planificados -1972 de la Sociedad para la protección del nonato
[13] Feministas por la Vida, Libro de Debate
[14] Carta de la Sra. Mattie Byrd A Ira Reiner, citada en el amicus brief (informe coadyuvante en el pleito) de Feministas por la Vida de América, y otros en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, en el caso de Webster contra Servicios Sanitarios Reproductivos, nº 88-605
[15] El País, 8-6-94
[16] Carta de la Federación de Vida Humana Internacional, primavera de 1.994
[17] E. Greenglass, "Abortio n & Psychiatric Disturbance", Canad. Physh.Ass.Jour., vol.21, nº27, nov. 1976, pp 453-459
[18] C. Ford et al., "Abortion: Is it a Therapeutic Procedure in Psychiatry?". JAMA, vol. 218, nº8, nov. 22, 1971, pp. 1173 -1178
[19] Cifras de Perspectivas de la Planificación Familiar, publicación del instituto de Alan Guttmacher, mayo/junio de 1980. Citado en "el corte de los fondos para el aborto no da a luz bebes para la asistencia social". Jacqueline Kasun, The Wall Street Journal, 30 de diciembre de 1986
[20] Medicaid: programa de asistencia sanitaria financiado por impuestos federales, estatales y locales para ayudar a pagar los gastos de hospital y médicos para personas de ingresos bajos
[21] "Somos la voz de la experiencia", por Patty McKinney de Mujeres explotadas por el aborto
[22] ABC, en su editorial del día 1 de julio de 1977
[23] Jesús Alvarez: "Hipocresía y aborto", Ya, Madrid, 4 de febrero de 1983
[24] Lancet, 4 de junio de 1.983

¿Cuándo la política fiscal es injusta? (artículo póstumo)

  Por Carlo Caffarra, Cardenal Arzobispo de Bolonia. Recientemente fallecido. El sistema fiscal es una parte relevante del pacto social, en ...