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martes, 15 de octubre de 2024

¿Pero qué es la verdad? (Del interrogatorio de Poncio Pilatos a Jesucristo)

    Javier García, en Omnes octubre 2024

    El parlamento español encargó al Defensor del Pueblo una investigación sobre abusos en la Iglesia, pero votó en contra de ampliarla a otros ámbitos, lo que no deja de ser una vergüenza para la democracia. El silencio de El País sobre este punto, refleja claramente el poco interés qué tiene por las víctimas de abusos y el gran empeño que tiene en denigrar a la Iglesia.

    El caso del parlamento español no es la única dejación de funciones que hemos visto en nuestro país. La ocultación de la pederastia por parte de los partidos políticos parece ser habitual. Fueron los votos del PSOE, Podemos y Compromís los que impidieron que se investigaran los abusos a una menor en un centro de la Consejería de la Generalitat Valenciana en 2020. ¿La razón? El acusado era nada más y nada menos que el marido de Mónica Oltra, vicepresidenta del gobierno valenciano.

    También fueron los gobiernos del PSOE, Més y Unidas Podemos los que votaron en contra de la creación de una comisión para investigar la explotación sexual de dos niñas tuteladas por el Consell de Menorca. Por si esto fuera poco, fue la actual presidenta del Parlamento español, Francina Armengol, fue la responsable de torpedear este proceso. Más adelante el PSOE impidió que el Parlamento Europeo investigara el asunto por su cuenta.

viernes, 28 de junio de 2024

Sobre un mundo surgido al azar.

       






La Nebulosa del Cangrejo, restos de una supernova


    


    Marc Halévy (nacido en 1953), físico, discípulo de Prigogine: «Admitamos, con Stephen 

Hawking o Steven Weinberg, que el puro azar esté en el origen del desarrollo de nuestro Universo a partir del Big Bang. Este Universo, totalmente movido por el azar, logró proezas tales como la síntesis de una molécula de ARN autoduplicable. Es posible calcular la probabilidad de dicha síntesis bajo la única presión del azar. Por consiguiente, también es posible calcular el tiempo necesario para un universo aleatorio en lograrlo. Dicho tiempo es de varios millones de millones de veces la edad de nuestro Universo actual. […] La hipótesis del puro azar se ve refutada por su propio lenguaje: el del cálculo de probabilidades»


    Trinh Xuan Thuan (nacido en 1948), astrónomo budista, profesor de Astrofísica en la Universidad de Virginia y en París: «Una de las constataciones más sorprendentes de la cosmología moderna es el ajuste sumamente preciso de sus condiciones iniciales y de sus constantes físicas, que conducen a que un observador [el hombre] aparezca en nuestro Universo. Esta constatación es llamada “principio antrópico”. Si se cambiaran mínimamente las condiciones iniciales y las constantes físicas, el Universo estaría vacío y sería estéril; no estaríamos aquí para hablar de ello. Tal precisión de ajuste resulta asombrosa. Para darles una imagen, la precisión del índice de expansión inicial del Universo es comparable a la precisión que necesita un”“arquero para clavar una flecha en un blanco cuadrado de un centímetro de lado, colocado al otro lado del Universo, a 15 000 millones de años luz». – «Personalmente, pienso que hay un principio creador que ajustó eso desde el principio y pienso que hay un único Universo; es mi intuición. Cuando, por ejemplo, veo en el telescopio toda esa armonía, esa belleza, esa organización, es difícil creer que todo es azar, que nada tiene sentido, que estamos aquí por azar y que toda esta arquitectura cósmica está hecha por azar». – «Por mi parte, estoy dispuesto a apostar por la existencia de un ser supremo».324”


Pasajes de la obra Dios - La ciencia - Las pruebas: El albor de una revolución (Spanish Edition) Michel-Yves Bolloré


martes, 25 de junio de 2024

Los sofistas de hoy (se publica tal como se hizo hace bastantes años: la situación no ha cambiado)

Por el momento sociopolítico-antropológico-cultural que pasamos, vuelvo a colocar esta entrada en primer lugar. Aunque han cambiado personas, no han cambiado los personajes. Recordemos que las personas SON, mientras que los personajes sólo y siempre ACTÚAN.

Por Alejandro Llano

Especializados en convertir el argumento más débil en la razón más fuerte, los sofistas manejan el lenguaje como un instrumento puramente utilitario para convencer a los demás de aquello que a los propios sofistas les conviene. Hablar ya no es una actividad que esté al servicio del encuentro con la verdad, sino que se encamina al logro del poder. Parecen sabios, pero no lo son. Tampoco el sofista se identifica con el retórico. El retórico trata de hacer verosímil lo verdadero, mientras que el sofista intenta hacer verosímil lo falso.

A los sofistas griegos, Platón los llamó mercaderes ambulantes de golosinas del alma. Ahora bien, su vigencia no se limita a la antigüedad clásica. Los sofistas han revivido y hoy se los encuentra por todas partes. Expenden ideas-basura, comida rápida para alimentar mentes adocenadas por medios de comunicación que ocultan datos y —por poner un caso reciente— han pasado de ser periódicos de referencia a prensa amarilla, según ha dicho Hermann Tertsch acerca de un diario madrileño del que tuvo que salir por atreverse a decir la verdad.\"\"

En la España actual la sofística ha dejado de ser una curiosa anomalía para convertirse en un fenómeno global. Los discursos de muchos personajes cercanos al Gobierno constituyen ejemplos de constantes atentados a la lógica y al sentido común. Cuanto más próximos parece que se encuentran a la verdad, más niegan la evidencia. La reciente declaración de Manuel Conthe en el Congreso representó una valiente excepción. Habló de presiones sobre el organismo regulador del mercado de valores y apuntó cuál era el origen de semejantes extorsiones. Pero, desde el punto de vista del ambiente informativo, también esta excepción vino a confirmar la regla. Porque inmediatamente, esa misma noche, los medios paraoficiales manipulaban sus palabras y tergiversaban sus ideas. Aquí no ha pasado nada. Los socialistas seguimos siendo tan honrados como antes y nunca hemos roto un plato.

El gran maestro de sofistas, el gurú de la confusión mental, es el presidente del Gobierno (
entonces Zapatero). No se sabe cómo, pero cuando la realidad refuta sus palabras, se las apaña para hacer ver a muchos que en rigor ha sucedido lo que él anunciaba y que, por lo tanto, continuará por el mismo camino. Cuando surja el próximo encontronazo con los hechos, ya encontrará otro modo de ejercitar sus artes de ilusionista. Y, si los hechos no concuerdan con sus palabras, ¡peor para los hechos! Al fin y al cabo la tajante diferencia entre la verdad y el error, entre el bien y el mal, entre lo útil y lo perjudicial para el país, todo eso corresponde a un modo rígido y superado de pensar. Él es más comprensivo, más flexible, conecta mejor con el sentir de amplios sectores de la población española.

Y lo peor es que esto último parece ser cierto. En los dos programas de preguntas a Zapatero y a Rajoy, lo más penoso fue precisamente el modo de razonar de la mayor parte de un público presuntamente seleccionado por procedimientos sociológicos neutrales. Salvo contados casos, ofrecieron un panorama de planteamientos económicamente interesados, talantes foscos, actitudes sentimentales y notoria incapacidad para la réplica. Si tal es el retrato robot del español medio, nuestros actuales gobernantes tienen por delante una larga vida política.

El único modo de romper tal círculo vicioso es la formación intelectual y la cultura política. Pero esta educación para la esfera pública tendremos que buscarla cada uno por nuestra cuenta —o trabajar para adquirirla en pequeños grupos más o menos clandestinos— porque lo que nos llegue por vía oficial y burocrática vendrá ya empapado del aroma de la sofística. Siempre se ha pensado que la clave para la educación de todo un pueblo es el bachillerato. Ahora bien, la confusa reforma de este ciclo escolar, tal como estos días se anuncia, no promete nada bueno ni desde el punto de vista de la enseñanza ni desde la perspectiva del civismo. Lamentablemente, la educación se está convirtiendo, cada día más, en adiestramiento y domesticación con creciente ausencia de aprendizaje de las ciencias teóricas y de las humanidades.

Como se trata de una perspectiva dilatada, de un largo camino por recorrer, deberíamos procurar entre tanto no acoger acríticamente las versiones convencionales de las ideas y los acontecimientos. El tópico, el lugar común, es la muerte en flor del pensamiento libre. Lo políticamente correcto nos acogota y empequeñece nuestra talla ciudadana. Sócrates pagó bien cara su disidencia respecto a los sofistas. Pero su conducta sigue iluminando nuestra civilización. Desconfiemos de los panfletos de autoayuda y de los bestsellers de divulgación. Busquemos la mejor calidad intelectual que seamos capaces de asimilar. El mercado laboral se afana por contratar talentos. Pero esa excelencia intelectual sólo la roza quien se decide a pensar por cuenta propia.

domingo, 14 de abril de 2024

Nivel récord de infelicidad

 Por MARK GILMAN, The Epoch Times en español

Según Gallup, el aislamiento es uno de los principales problemas que afectan la felicidad de los estadounidenses.

“Existe una preocupación generalizada, especialmente en Estados Unidos, por una epidemia emergente de soledad y las consecuencias de ésta para la salud mental y física”, escribieron los autores del informe. “La soledad en Norteamérica es casi el doble entre los millennials que entre los nacidos antes de 1965”.

El Sr. Edwards cree que uno de los problemas más importantes que contribuyen a que los norteamericanos se sientan solos y aislados es que la gente ha dejado de hablar.

Chuck Edwards, consejero y defensor del bienestar en Michigan, afirma que la falta de felicidad de los menores de 30 años probablemente empezó en casa.

“Para los menores de 30 años, en gran parte, hay una desconexión entre la relación padre-hijo. Así que, si soy joven y no tengo esa conexión con un padre que me mantenga al lado y recurro a las redes sociales para ello, no acaba bien”, declaró a The Epoch Times.

Según Gallup, el aislamiento es uno de los principales problemas que afectan la felicidad de los estadounidenses.

“Existe una preocupación generalizada, especialmente en Estados Unidos, por una epidemia emergente de soledad y las consecuencias de ésta para la salud mental y física”, escribieron los autores del informe. “La soledad en Norteamérica es casi el doble entre los millennials que entre los nacidos antes de 1965”.

“La gente no se comunica. Si estoy sumergido en mi teléfono, eso va a reducir la conexión social y la interacción. Si paso tres semanas sin hablar con nadie, en lugar de hablar todos los días durante cinco minutos, vamos a estar en un espacio mental diferente. Las redes sociales, los teléfonos… estamos sumergidos en nosotros mismos y nos falta esa conexión humana”, afirma.

La encuesta anual de Gallup clasifica la felicidad global en más de 140 países de todo el mundo basándose en seis factores: apoyo social, ingresos, salud, libertad, generosidad y ausencia de corrupción. La encuesta nacional también reveló que las opiniones de los estadounidenses sobre la economía nacional son principalmente negativas. Esa negatividad alcanzó su punto máximo al comienzo de la pandemia en 2020, cayendo a la peor lectura desde la Gran Recesión en el verano de 2022. Desde entonces, ha fluctuado, con algunos signos menores de mejora antes de volver a caer.


 Fuente: The Epoch Times en español

sábado, 13 de enero de 2024

¿Qué le pasa a la ONU?

 



 Por   Stefano Gennarini, J.D

   

 La ONU pierde credibilidad con cada informe que publica. Esta vez, la oficina de derechos humanos de la ONU ha publicado un informe en el que aboga por la despenalización de la prostitución. Tal vez los autores deberían vivir primero la vida de una mujer prostituida antes de promover una propuesta tan absurda. ¡Qué decepción! Las mujeres merecen algo mejor.

lunes, 18 de diciembre de 2023

Kissinger, sumo sacerdote del Estado


Por Santiago de Navascués,  profesor de Historia Contemporánea en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra

Murió Henry Kissinger con cien años, y muchos lamentaron que no hubiera durado más. José María Aznar afirmó lúgubremente que vivimos en «un mundo cada vez más peligroso», necesitado de un gran estratega para solucionar los «casos de urgencia». El panorama, en efecto, no parece alentador: los conflictos globales se extienden desde Ucrania hasta Gaza, mientras que las masacres en regiones de Armenia, Yemen o el Sahel se agravan día a día.

La pregunta pertinente es: ¿Tuvo Kissinger un impacto positivo en la diplomacia? Dicho de forma más clara: ¿Por qué deberíamos dolernos de su desaparición? Al margen de las (muy necesarias) consideraciones morales sobre el proceder del asesor diplomático, ¿cuál es el saldo del realismo político como modelo de las relaciones internacionales en los últimos cincuenta años? Un vistazo a la historia ilumina algunas pistas.

Kissinger fue el gran defensor de la realpolitik: una política pragmática que permitiera salir airoso a los Estados Unidos del trágico enredo de Vietnam y devolviera al país el aliento después de un conflicto cada vez más difícil de justificar. Contra el moralismo con que habían actuado los Gobiernos anteriores, decidió que la estrategia para estabilizar las relaciones internacionales consistiría en generar un nuevo equilibrio de poderes. En su tesis doctoral en la Universidad de Harvard, imaginó un nuevo orden mundial a semejanza del Congreso de Viena: para reprimir las revoluciones nacionales se volvía necesario concertar un pacto entre las grandes potencias, ya fueran monarquías o repúblicas. 

Aplicado al tablero geopolítico de finales del siglo XX, la lección estaba clara: no valía la pena desencadenar una guerra nuclear entre los Estados Unidos y la Unión Soviética por la península de Corea o la isla de Cuba. Había que proclamar el «fin de las ideologías» e iniciar una política realista. Kissinger afirmaba con sinceridad que «Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses». Comenzaba la época de la relación cordial con China y la distensión con los soviéticos. Según los cálculos del poder en Washington, estrechar la mano del gigante asiático proporcionaba una ventaja competitiva contra la Unión Soviética. La caída del muro de Berlín confirmaría este diagnóstico: la creación de un mundo multipolar había permitido la libre competencia de opciones políticas, y los países bajo el yugo soviético habían tomado la vía de la libertad. 

Pero los éxitos más sonados de Kissinger fueron el reconocimiento internacional de China y la distensión de los conflictos en Oriente Medio con la política del linkage —la idea de que todo proceso diplomático debe estar respaldado por un refuerzo militar correspondiente—. Las dos políticas dieron resultados contradictorios. 

Por una parte, con el reconocimiento de China, Estados Unidos tuvo una baza en la lucha contra el comunismo soviético, pero al mismo tiempo sentó las bases de la creación de una superpotencia económica que no renegó de sus principios autoritarios. Hoy en día, China disputa la hegemonía mundial a través de una política de expansión económica, al tiempo que prepara el terreno para la invasión de Taiwán. 

Por otra, la idea de fomentar la distensión por el equilibrio de poder de las diferentes regiones propició la aparición de agentes desestabilizadores por todo el planeta: desde la Camboya comunista en el Sudeste Asiático hasta el islamismo revolucionario de Irán en Oriente Medio. Estos dos ejemplos nos ayudan a entender cómo se aplicó la política del linkage: para firmar una paz honrosa con Vietnam, Kissinger decidió bombardear sin tregua a la neutral Camboya, con lo que no solo no obtuvo la paz esperada con Hanoi, sino que facilitó la revolución de los jemeres rojos. En Oriente Medio, la administración de Nixon decidió reforzar militarmente al régimen autocrático del Sha para convertir a Irán en una superpotencia regional, lo que preparó el terreno para las protestas multitudinarias de la revolución islámica. La coyuntura se volvería en su contra unos años después. Lo cierto es que Kissinger no tenía enemigos, sino víctimas.

Abandonada la senda de la hostilidad nuclear y proclamada la doctrina del realismo político, ¿vivimos en un planeta más seguro? Pocas cosas parecen haber cambiado:Estados Unidos sigue defendiendo los intereses del llamado «mundo libre» con celo casi religioso. Ningún Gobierno reciente ha dejado del todo su rol como policía del mundo: Reagan financió a los muyahidines en Afganistán, invadió la isla de Nueva Granada y financió a los Contras de Nicaragua con la venta encubierta de armas a Irán; Bush padre arrasó por primera vez Irak; Junior hizo lo propio una década más tarde en la «guerra contra el terror»; Clinton intervino en Bosnia, Somalia e Irak; después de recibir el Nobel de la Paz, el Gobierno de Obama lanzó varias toneladas de misiles en Libia, Afganistán, Pakistán, Siria, Irak y Yemen.

No parece arriesgado afirmar que los grandes diseños estratégicos de Kissingerpalidecen en comparación con la realidad. Al mal llamado «idealismo» americano lo ha sustituido el también impreciso «realismo» político: lo que antes podía justificarse por causas morales ahora se explica por el interés nacional, la razón de Estado. También aquí es interesante notar que, en los últimos años, Kissinger presentó los méritos del idealismo del gobierno Reagan como propios, en una suerte de continuidad con sus políticas realistas en la década anterior. Poco le importó al camaleónico profesor de Harvard que las directrices de la era Reagan (aumento en gasto militar, la Iniciativa de Defensa Estratégica, misiles Pershing en Europa, un exaltado discurso anticomunista) fueran diametralmente opuestas a las del presidente Nixon (distensión, esferas de influencia y equilibrio de poder).

En su libro Diplomacia (1994), Kissinger aseguraba que los intelectuales analizan el funcionamiento de los sistemas internacionales mientras que los estadistas los construyen. Superando la miopía ideológica, deberíamos estudiar el papel de los asesores de Seguridad Nacional bajo otra óptica: fueron ellos, como tantos otros intelectuales, quienes proporcionaron una base racional para las decisiones adoptadas por razones políticas oportunistas. Los intelectuales-estadistas no solo examinan las decisiones, sino que también las validan y les dan carta de realidad. 

Al igual que los antiguos imperios buscaron la alianza entre el trono y el altar, los Estados modernos dependen de la sinergia entre el Gobierno y las corporaciones del complejo militar-industrial, en la que académicos y economistas al estilo de Kissingeractúan de sumos sacerdotes del Estado. En este sentido, la realpolitik podría verse como una garantía del omnímodo poder estatal, un tímido reflejo de la práctica de la diplomacia internacional. Para la sociedad, una causa justa; para los intelectuales, un espejismo. Así, cabe describir la influencia de Kissinger en las relaciones internacionales siguiendo el principio del Gatopardo: todo tiene que cambiar para que nada cambie.

 

Nadie puede llamar bien al mal.

La Iglesia recuerda, con la luz de Dios, que el hombre puede reconocer verdaderamente el bien y el mal. Nunca puede llamar bien al mal, si n...