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domingo, 11 de septiembre de 2016

El elegido (2016)



Contenidos: Imágenes (varias V, alguna S-)
Reseña: 
Ramón Mercader, un joven comunista español, es captado por los servicios secretos soviéticos para participar en un complot ordenado por Stalin. A inicios de 1940 viajará a México para encontrarse con su amante y cumplir una orden: asesinar a Trotsky.
Se agradece cierto esfuerzo por mostrar lo ocurrido desde fuera, sin posicionamientos ideológicos, más allá como es natural del de las figuras que se retratan, que idealizan o critican al dirigente bolchevique. Básicamente ofrece la impresión de que como teórico e ideólogo tiene gran interés y fue muy apreciado, pero un personaje ofrece una interesante reflexión: ¿si hubiera gobernado no se hubiera convertido en otro Stalin?
Por su parte, la reconstrucción histórica está lograda. Aunque el conjunto resulta un tanto frío, las interpretaciones son buenas. 

Blood Father


Contenidos: Imágenes (algunas X-, V-)
Dirección: Jean-François Richet. Países:USA yFranciaAño: 2016. Duración: 88 min. Género:AcciónthrillerReparto:Mel Gibson, Erin Moriarty, Elisabeth Röhm, William H. Macy, Diego Luna, Michael Parks, Ryan Dorsey. Guion: Peter Craig y Andrea Berloff; basado en la novela de Peter Craig. Estreno en España: 9 Septiembre 2016.
Reseña: 
Después de que su novio traficante de drogas le tienda una trampa tras robar una fortuna a un cártel, Lydia (Erin Moriarty), una joven de 18 años, se ve obligada a escapar. En su huída, solo encontrará un aliado: su desastroso padre, John Link (Mel Gibson), un borracho, ex convicto que desea ejercer de buen progenitor. Ahora tiene la oportunidad de hacer lo correcto y salvar la vida de su hija, aunque ello ponga en peligro la suya.
En un papel que tiene algo de autobiográfico, al tratarse de un delincuente en busca de redención, el actor y realizador parece estar pidiendo perdón por los errores del pasado que dieron al traste con su carrera.
El actor realiza un digno trabajo, en un personaje bien construido sobre el papel, delincuente que intenta regenerarse, y que por amor a su hija será capaz de todo. Las interpretaciones son buenas.
El guion, basado en la novela del mismo Peter Craig, es correcto aunque contiene numerosos tópicos que lo convierten en una historia previsible. La realización es sobria, va al grano desde el principio y huye de todo efectismo. El guionista se permite, dentro de los clichés al uso, recordar el valor de la familia, la lealtad y las segundas oportunidades.

Ben-Hur (2016)


Drama Épico
  • Público apropiado: Jóvenes
  • Valoración moral: Adecuada
  • Año: 2016
  • País: EE.UU.
  • Dirección: Timur Bekmambetov
Contenidos: Imágenes (algunas V-)
Dirección: Timur Bekmambetov. País:USAAño:2016. Duración: 216 min. Género:DramaReparto: Jack Huston, Morgan Freeman, Toby Kebbell, Nazanin Boniadi, Rodrigo Santoro, Sofia Black D’Elia, Ayelet Zurer. Guion: Keith Clarke y John Ridley; basado en la novela de Lew Wallace. Estreno en España: 2 Septiembre 2016.
Reseña: 
La épica historia de Judah Ben-Hur (Jack Huston), un príncipe falsamente acusado de traición por su hermano adoptivo Messala (Toby Kebbell) tribuno del ejército romano. Despojado de su título, separado de su familia y de la mujer a la que ama (Nazanin Boniadi), Judah tiene que vivir como un esclavo.  Después de varios años en el mar, Judah regresa a su tierra en busca de venganza pero encuentra la redención.
Lew Wallace se hizo famoso con esta "historia de los tiempos de Cristo" que ha inspirado a tantas generaciones, y ahora es el ruso Timur Bekmambetov, conocido por títulos de acción no memorables (Guardianes de la noche, Wanted), quien se apresta a hacerlo. Con respecto a otras adaptaciones existen cambios, que pueden agradar más o menos.
La puesta en escena es convencional, típica del género de aventuras, pero consigue entretener sin rebajar el tono dramático necesario. Una buena ocasión para los más jóvenes. Las interpretaciones son buenas.

domingo, 4 de septiembre de 2016

La sonrisa de Madre Teresa y el silencio de la felicidad

La riqueza extraordinaria de cualquier camino existencial está siempre marcada por la elección y por el compromiso hacia un ideal de vida
El simple hecho de evocar la personalidad de Madre Teresa, a partir de los muchos recuerdos que tengo, me llena de emoción y de un poco de melancolía.
Su forma lenta y fatigada de caminar, sobre todo en los últimos años, el movimiento de sus manos, marcadas por el paso de los años, eran expresión significativa de una extraordinaria fortaleza de ánimo: un conjunto de cualidades personales que se insinuaban cuando se escuchaban sus palabras o se admiraban sus comportamientos.
Hay un aspecto de su figura que expresa la personalidad auténtica de Madre Teresa por encima de cualquier otro, y que he podido observar en los numerosos encuentros que mantuve con ella: esa sonrisa inocente, como de niño, que se encendía como una llama en una cara surcada por el tiempo.
La primera vez que estuve con ella fue en un vuelo de India a Filipinas. Como había un asiento libre a su lado, me acerqué y me senté. Hablamos mucho, aunque en ese momento no sabíamos que nos veríamos otras veces, más adelante.
En 1986, durante la visita de Juan Pablo II a Calcuta, visitamos las instalaciones de acogida creadas y organizadas por sus hijas religiosas en Kaligat: se trataba de dos habitaciones vacías que hospedaban algunos de los enfermos recogidos por ellas en las calles de Calcuta.
Le pregunté por el sentido de esa empresa sobrehumana y me dio una respuesta inolvidable: “Tratar de que las personas que han vivido maltratadas como bestias puedan morir como lo que son, como hijos de Dios, es decir: lavados, peinados, alimentados”. Tal afirmación esconde, en mi opinión, la riqueza interior de Teresa de Calcuta: su espiritualidad práctica, humanitaria, capaz de adaptarse a cualquier situación y a cualquier cultura, con una gran dedicación humana.
La visita de Juan Pablo II tuvo un significado enorme para Madre Teresa. De hecho, cuando en 1990 viajó a Roma y nos encontramos en mi oficina, la primera cosa que hicimos fue recordar el viaje del Papa a Kaligat. Inmediatamente, ella interpretó el sentido del encuentro de Juan Pablo II con todos aquellos enfermos, fallecidos allí, entre los brazos de Madre Teresa, con una pizca de ironía, diciendo que “a lo largo de los años, había logrado dar un billete de entrada a la puerta de San Pedro −el Cielo− a más de 20.000 personas”.
Revisando algunas fotografías en las que aparecía con el Papa, volvió la mirada y me sonrió, desvelando su deseo tácito de guardar una para sí: me impresionó la alegría que le causaba poder llevarse ese recuerdo concreto.
En 1993 me encontré de nuevo con Madre Teresa, durante el viaje a Albania y, meses más tarde, nos volvimos a ver en Roma. Recuerdo haberle preguntado, irreflexivamente, qué le diría a una monja que quisiera abandonar su camino vocacional. Su respuesta fue inmediata: “Le diría: no tengas miedo, ahora estás con tu Esposo en su pasión, en el Huerto de los Olivos…, pero ¡sigue adelante y no te rindas!”. Entonces no podía imaginar que quizá era ésta la frase que se decía a sí misma en los momentos de su aridez interior, durante tantos años.
Tal vez detrás de esta respuesta tan profunda y sutil se escondía el significado auténtico de la situación espiritual marcada por una amarga sequía interior, que vivió durante muchos años de su vida y que solo en los últimos tiempos hemos venido a saber.
Es un fenómeno conocido por los místicos de todos los tiempos: los sentimientos no quieren hacerse eco del contenido de las verdades en las que se cree, y que dan sentido a la propia existencia. Un desolado silencio emocional que llega incluso a cuestionar la única verdad por la que se daría la vida. Angelus Silesius se refería a esta experiencia como “la oscuridad del alma”, y Madre Teresa expresó lo mismo con el lenguaje poético que todos podemos admirar en san Juan de la Cruz o en Santa Teresa de Lisieux, a quienes conocía en profundidad.
Ciertamente, su convicción religiosa no era fácil de entender, siendo inmune a la banalidad y a la superficialidad. Teresa de Calcuta sabía perfectamente que la experiencia existencial de cada persona pasa por momentos de dificultad, momentos de grande aridez y de desolación profunda, pero que todo esto no es señal de falta de fe, sino del normal −en su caso quizá heroico− sacrificio al que uno se enfrenta cuando trata de vivir coherente y profundamente los propios compromisos y las propias decisiones, y no sólo los requeridos por una específica vocación religiosa.
La riqueza extraordinaria de cualquier camino existencial está siempre marcada por la elección y por el compromiso hacia un ideal de vida, delineado en términos de un verdadero y propio “deber ser” lleno de verdad, al que, en algún momento, se decide encaminar la propia vida, pase lo que pase, y por el que se está dispuesto a sacrificar muchas otras opciones, quizás más atractivas y agradables en algunos momentos.
La ausencia de certezas en el vivir un compromiso existencial decisivo es una dimensión tan importante que se convierte como en una última prueba para todos. Por esto Leibniz reconocía que no son tanto el mal o el sufrimiento los que meten en crisis a la personas, como su ausencia. Cualquier elección que valga la pena implica, de hecho, decidirse por una coherencia existencial, por el compromiso de vivir un ideal, ciertamente no inspirado en una satisfacción sin brillo, sino en el sufrimiento meditado en lo más profundo de sí mismos y dirigido más allá del presente, hacia lo que se quiere ser para siempre.
Las cartas de la Madre Teresa reflejan todo esto. ¿Se debe deducir entonces que su sonrisa, esa sonrisa que siempre vi en su cara, era falsa, que su elección de vida no era sentida, que su forma de vida era hipócrita?No lo creo en absoluto. Creo en cambio que el lamento interior de Madre Teresa, el lamento que dirigía a ese Dios que su sensibilidad se negaba a “sentir”, pone frente a la conciencia de cada uno cómo es áspero a veces el camino que conduce a la realización de la propia autenticidad.
La canonización que el Papa Francisco realizará el próximo domingo comporta una fuerte enseñanza existencial: el ejemplo de quien ha seguido un ideal −en su caso el de la caridad, manifestada de modo heroico en su auto-donación a los excluidos de la tierra− y lo ha mantenido hasta la muerte, a pesar de no “sentir” nada. Podría decirse que la batalla interior que santa Teresa de Calcuta mantuvo consigo misma fue otro gran acto de misericordia, del que se beneficiaron millares de personas pobres y enfermos en todo el mundo.
Joaquín Navarro-Valls, en iglesiaendirecto.com

viernes, 2 de septiembre de 2016

El gendarme y el burkini.


En el reality veraniego del burkini hemos visto a gendarmes franceses amonestando y amenazando con multas a portadoras del traje completo de baño: “¡Haga el favor de descubrirse!”. Los gendarmes de la laica Francia se han dedicado así a tareas de vigilancia del atuendo femenino, igual que la Policía de la Moral iraní persigue con celo que las mujeres lleven el velo bien colocado, la manga larga y el maquillaje discreto.
(Actualizado el 29-08-2016)
En ambos casos se trata de velar por las buenas costumbres. Lo que cambia es qué se entiende por buenas costumbres. En Francia, según el edicto del alcalde de Niza, “se prohíbe el acceso a las playas y a nadar a todas las personas que lleven trajes que no sean respetuosos con las buenas costumbres y el secularismo”.
Según parece, el secularismo y la laicidad son incompatibles con ciertos trajes de baño. El burkini no se considera un bañador más, dentro de la cambiante y a veces sorprendente moda femenina. Ha pasado a ser visto como un símbolo religioso ostentoso, una provocación intolerable, y más en estos tiempos en que Francia está en lucha con el islamismo radical. A juzgar por los motivos aducidos por algunos alcaldes, el burkini puede alterar el orden público.

Finalmente, el Consejo de Estado ha tenido que aclarar que lo que vulnera la libertad es la prohibición del burkini.
En realidad, según declaraciones de la inventora australiana del burkini, Aheda Zanetti, no se pretende manifestar ninguna creencia religiosa, sino utilizar un traje de baño que permita aunar el deporte y el pudor islámico. El pudor es una cuestión muy relativa, según las situaciones y las culturas. Pero para el laicismo rígido francés, el topless es indiferente y el burkini un escándalo público; las desnudeces varias son normales, pero el burkini es extremismo.
En último término, el escándalo no está en los centímetros de piel a cubierto, sino en el motivo. No creo que los gendarmes franceses persigan a la surfista que utiliza un traje de neopreno. Ni que el público se escandalice ante los trajes Speedos de nadadoras, que cubren más de lo que enseñan. Lo que no se entiende es que para algunas musulmanas el pudor tenga también sus exigencias peculiares, que a muchos nos parecen exageradas, pero en último término no molestas. Se ven tantos atuendos raros en las playas, que el burkini es solo uno más.
Y se ve que ha encontrado un nicho en el mundo de la moda. Mark & Spencer lo tiene en su colección desde hace tres años, y ha agotado las existencias, con una clientela no solo musulmana.
No hace falta que a uno le guste el burkini para tolerarlo. Si el motivo de los alcaldes franceses para prohibirlo es que el público pueda considerarlo una provocación, habría que preguntarse si otros modos de vestir no suscitan reacciones. Pero en otros casos lo que se defiende es la libertad de las mujeres para vestir como quieran, al margen de lo que puedan suscitar.

A la libertad por la prohibición

Hay que hacer muchos malabarismos dialécticos para justificar que se prohíbe el burkini como defensa de la libertad de las mujeres. Se da por supuesto que las musulmanas que lo llevan lo hacen por imposición de un hombre, como si no tuvieran voluntad ni autonomía. ¿Es esto un modo de respetarlas? Si el objetivo declarado es la emancipación de la mujer musulmana, habrá que empezar por respetar su propio modo de concebir la realización de la mujer, que no tiene por qué coincidir con los cánones del feminismo occidental.
Tampoco parece muy útil esta prohibición en nombre de la lucha contra el particularismo comunitario y a favor de la integración social. Es difícil crear un sentimiento de comunidad nacional cuando algunos sectores son excluidos por tener una idea particular sobre el traje de baño. Si los valores republicanos franceses son incompatibles con el burkini, dan la impresión de ser bastante estrechos. Y, desde luego, no se va a lograr una mayor integración social de las musulmanas piadosas si se las impide ir a nadar. Más bien será un modo de recluirlas en casa.
Quizá podríamos aplicar al burkini esa tolerancia tan amplia que tenemos con otras costumbres minoritarias. En las piscinas públicas de Madrid el Ayuntamiento ha impuesto este verano “el día sin bañador”, quizá para familiarizar al público general con la práctica nudista, que sin duda molesta a muchos. A lo mejor pronto alguien pedirá “el día con burkini”, para atender a todas las sensibilidades. ¿No estamos a favor de la diversidad y de la inclusión?

Pilar Rahola: Sobre la enseñanza diferenciada

Viejas obsesiones

Tres hijos en edad escolar dan para mucho, y en mi caso han dado para algo de pública y un mucho de concertada. Y en los finales escolares, un esfuerzo familiar ingente por conseguir, vía privada, el dominio de otros idiomas. En los tres casos nuestra opción ha sido mixta, y por tanto no tengo la experiencia de la escuela segregada. Sin embargo, sin tenerla, tampoco comparto la obsesión que determinada izquierda tiene con las escuelas que segregan por sexos, como si ello fuera el colmo del despropósito reaccionario. ¿No será que el colmo del despropósito es castigar a una escuela con buen nivel académico por motivos ideológicos? Y en el caso, ¿ello no sería un acto de puro sectarismo y censura, perpetrado con la excusa del progresismo?
Lo que debería preocuparle a la izquierda –y a la derecha, y al superpoblado centro– es que la escuela busque la excelencia en el conocimiento, imparta valores universales y prepare adecuadamente a generaciones de alumnos. Pero ¿debe entrar en los modelos educativos, y hacerlo por criterios ideológicos? Y ¿de dónde saca que hacer aulas femeninas o masculinas va en contra de la democracia, la paridad, la igualdad, la tolerancia y el catecismo completo de valores? ¿Por qué? ¿Están el PSC y los amigos de Ravell en condiciones de asegurar que una escuela como la británica Eton, que sólo permite alumnos masculinos, es reaccionaria y antisocial? Lo pregunto porque a Eton ha ido la absoluta mayoría de los diputados, ministros y primeros ministros, a lado y lado ideológico. Y escritores, médicos, abogados, actores... Como Eton, podríamos hacer una larguísima lista de escuelas en todo el mundo, de gran prestigio académico, que han considerado más eficaz ese modelo que el modelo mixto. ¿Están todos en el lado oscuro de la fuerza? ¿Es una opción pedagógica perversa? Será que no, si tantas escuelas de renombre la consideran adecuada.
La pregunta, en este punto, es directa: ¿quiénes son unos políticos para meter su larga mano en el modelo pedagógico de nadie? Siempre, claro está, que dicho modelo esté sujeto a los valores democráticos.
Pero, a partir de ahí, manga ancha, porque el progreso de una sociedad no depende de la mixtura escolar, sino del rigor académico. Y, desde luego, nunca depende de la persecución ideológica de los gestores públicos.
Aunque, hablemos claro del caso en cuestión: ¿no será que el problema es que, en Catalunya, la mayoría de estas escuelas son católicas? Y con la Iglesia siempre topa ese viejo progresismo que es tan progre, que acaba siendo controlador, censor y sectario. Ergo, reaccionario...
Lo decía Moisés Naím en su entrevista con Cuní: “Algunas ideas se han demostrado pésimas una y otra vez, pero se vuelven a vender como si fueran nuevas”. A la cosa la llama necrofilia política, y el término es perfecto para estos lares. Al fin y al cabo, estamos rodeados de ideas zombi.
Es un despropósito ‘castigar’ a una escuela con buen nivel académico por motivos ideológicos

jueves, 1 de septiembre de 2016

LEY LGTBI PUESTA EN MARCHA

La ley contra la violencia de género consagra la asimetría penal y el fin de la presunción de inocencia para el varón.
Aunque parezca mentira, esto es lo que a partir de septiembre puede ocurrir en cualquier aula de la Comunidad de Madrid tras la aprobación de la “ley de Protección Integral contra la Discriminación por Diversidad Sexual y de Género” el pasado mes de julio. Tiren a la basura los libros de Orwell, Robert Hugh Benson o Aldous Huxley, porque la ciencia ficción ya está aquí:

Madrid, año 2016. Hace días que Manolo no sonríe. Le han excluido del equipo de fútbol por blandito y algunos de sus compañeros de clase hacen continua mofa de ello. El joven Manolo, 13 años, no encuentra consuelo entre sus amigos, que ya no le llaman para jugar al fútbol en los recreos.

Por suerte para él su colegio es mixto y en su clase también hay chicas. No se arranca a ir con ellas, por el qué dirán. Y así pasa dos días, muy solo, deambulando por el patio del colegio. Hasta que se le acerca una de sus compañeras y le invita a jugar con ellas. Él duda, pero le queda eso o la marginalidad. Entonces dice que sí.

Manolo ha encontrado entre las chicas un refugio, y muy pronto comienza a divertirse con ellas. Ahora son sus amigas. Y él cree ser una más, así se lo hace saber a su profesor.“Quiero que a partir de ahora todos me llamen Manuela”.

El profesor, don Evaristo Iñíguez, casi 30 años de profesión, cree estar curado de espanto porque ha visto de todo entre los muros del colegio concertado en el que -mal que bien- ha resistido durante tanto tiempo: un nuevo plan educativo cada cuatro años, jefes de estudio que van y vienen, directores que imponen un tanto por ciento de aprobados en cada grupo, claustros que parecen el club de la comedia por las ocurrencias de los docentes, reuniones de padres que acaban en batalla campal, excursiones con los alumnos a museos de arte contemporáneo…

Don Mariano y doña Francisca no se ponen de acuerdo

Pero nunca esto, nunca se había topado con un alumno que de la noche a la mañana le dice que ya no se siente hombre, sino mujer. Además de exigir que le llamen Manuela,anuncia que mañana vendrá con el uniforme de las chicas: falda y leotardos. Don Evaristo traga saliva, cuenta hasta diez y aún no da crédito. Sabe que lo que en otra época hubiera sido tarea del psicólogo, ahora es de absoluta normalidad democrática. Es la ley. La de Cifuentes. Y no tiene más remedio que acatarla.

Con la ‘Ley Cifuentes’ los profesores no solo no podrán impedir a los alumnos vestir como el sexo contrario, sino que estarán obligados a llamar al alumno con el nombre con que desee ser llamado

Porque el texto de la norma LGTBI señala que es perfectamente válido que el niño que se sienta niña -o viceversa- elija vestir el uniforme que crea conveniente. Los profesores no solo no podrán impedírselo, sino que estarán obligados a llamar al alumno con el nombre con que desee ser llamado. Tampoco hace falta operación quirúrgica alguna o que el chico sea sometido a un tratamiento hormonal (aunque puede solicitarlo, pues la ley lo contempla). Él se siente mujer, y eso es lo único que cuenta.

Rápidamente don Evaristo telefonea a los padres de Manuel (aún le llama así en sus pensamientos) con la esperanza de encontrar algo de sensatez al otro lado de la línea. Un contrapeso a la rigidez de la norma y la conducta del chaval. Pero el matrimonio no pasa por su mejor momento, y no es casualidad que mientras el padre, don Mariano, muestra su estupor, la madre, doña Francisca, parece encantada de la vida. “Mi hijo se siente mujer y me parece perfecto”, dice la señora.

Se acabó que los padres puedan elegir la educación de sus hijos. En el caso de que el hijo solicite el cambio de sexo, los padres deberán autorizar el tratamiento de transexualidad, pero si se niegan, la decisión de los progenitores puede ser revocada.

La venganza ante el Registro Civil

Las cosas no pintan mucho mejor para el profesor. Por si fuera poco, don Evaristo, por ley, tiene que celebrar el “día LGTBI” el 17 de mayo y el 18 de junio de cada curso. Y es dogma de fe porque los profesores no pueden discutir los preceptos de esta ideología. Cuidado con lanzar un mensaje equivocado a sus alumnos.

Don Evaristo cae en la cuenta de que el trimestre pasado la madre de Manuel le dijo que estaban al borde de la ruptura. Ella está enamorada de otra mujer. Ahora incluso confiesa que se plantea cambiar de sexo. Al profesor, claro, le van encajando la cosas.

Estamos en 2016 y ya nadie nace como hombre o mujer, lo único que determina el sexo es “la identidad de género”. Cada cual elige la suya, libremente, y tantas veces como quiera

El padre decide vengarse y acompaña a su mujer al Registro Civil. Si ella se inscribe como hombre, él lo hará como mujer. Estamos en 2016 y ya nadie nace como hombre o mujer, lo único que determina el sexo es “la identidad de género”. Cada cual elige la suya, libremente, y tantas veces como quiera, sin necesidad de informes médicos ni operaciones quirúrgicas: una firma en el Registro Civil, y a otra cosa.

Al llegar a casa los padres de Manuel mantienen una acalorada discusión. A Francisca no le ha parecido muy buena idea lo del cambio de sexo de Mariano, que muy pronto pasará a ser su ex marido. O ex mujer. Bueno, qué más da. Los gritos suben de tono, y la bronca es ya insoportable. Él, o sea, Francisca, pierde los nervios y abofetea a ella, o sea, a Mariano.

Mariano, mujer a todos los efectos legales, acaba de ser maltratado por su esposo. Es un caso de violencia doméstica, y llama a la policía. Los agentes aplican al dedillo la ley contra la violencia de género y detienen a Francisca por maltratar a su mujer. Más tarde la encierran en el calabozo, pues para ello no ha hecho falta más que la denuncia de Mariano.

Esta ley, recordemos, eliminó la presunción de inocencia para el hombre. El Estado protege a quien figure como mujer independientemente de si nació hombre, así que Francisca al calabozo.

Bienvenidos a la ideología de género.

¿Cuándo la política fiscal es injusta? (artículo póstumo)

  Por Carlo Caffarra, Cardenal Arzobispo de Bolonia. Recientemente fallecido. El sistema fiscal es una parte relevante del pacto social, en ...