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jueves, 23 de agosto de 2018

Una vida cínica.


Una característica de nuestro tiempo es el declive de la sensibilidad frente al mal, al pecado. Parece como si viviéramos inmersos en una atmósfera transgresiva, de situaciones escandalosas, que no ofenden ya la sensibilidad de nadie: injusticias, asesinatos, prepotencias, engaños, adulterios, fraudes, etc. Todo eso habla de actos humanos que no han sido lo que deberían haber sido

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La Iglesia recuerda, con la luz de Dios, que el hombre puede reconocer verdaderamente el bien y el mal. Nunca puede llamar bien al mal, si n...