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miércoles, 14 de noviembre de 2012
Ocho jueces dan a su opinión un rango constitucional
El recurso presentado por diputados del Partido Popular alegaba que “no respeta
la definición constitucional del matrimonio como unión de un hombre y
una mujer”. Cabía discutir si el art. 32.1 (“El hombre y la mujer
tienen derecho a con
traer
matrimonio con plena igualdad jurídica”) supone efectivamente una
definición.
A
favor está que la Constitución no menciona la diferencia sexual cuando
reconoce los otros derechos fundamentales: en los demás casos pone,
casi siempre, “todos”, y en algunas ocasiones, “los ciudadanos” o “los
españoles”. También es claro que al decir “el hombre y la mujer”, no
“los hombres y las mujeres”, se refiere no a todas las personas en
general, sino a quienes pueden casarse. El singular expresa que los dos
contrayentes tienen iguales derechos aunque no tengan el mismo sexo.
En
contra se puede aducir quizá que el citado artículo simplemente
excluye la inferioridad en que antiguas costumbres y leyes dejaban a la
mujer en el matrimonio, sin restringirlo a la unión de mujer y hombre.
En
todo caso, nadie duda que en 1978, cuando se aprobó la Constitución,
ni el legislador ni el cuerpo electoral entendían que una pareja
homosexual pudiera ser matrimonio.
Tampoco
lo dudan los magistrados del TC. Según lo que se conoce sobre el texto
de la sentencia, aún por publicar, el argumento principal de la
mayoría del tribunal (ocho contra tres) es que se debe aplicar a la
Constitución una “interpretación evolutiva”. Lo que evoluciona
concretamente son las ideas dominantes en la sociedad, que ahora son
favorables al “matrimonio gay”.
Es
comúnmente admitido que una constitución puede quedarse anticuada. El
remedio es reformarla. No hace falta, dice la mayoría del TC: para eso
estamos nosotros y nuestra interpretación evolutiva. Aunque la
Constitución Española de 1978 no reconozca el “matrimonio gay”, la
concepción social vigente, sí. La sentencia, entonces, debe de estar
llena de encuestas de opinión, en las que el tribunal habrá observado la
evolución de las ideas a lo largo de los siete años que ha tardado en
estudiar y resolver el recurso.
La
“interpretación evolutiva” de la Constitución tiene truco. Parece que
sencillamente responde a la evidencia, y esconde que el sentir del
pueblo no es evidente: por eso hay institutos de demoscopia, estudios de
mercado, sondeos y –para cuestiones de reforma constitucional–
referendos. Los jueces de la mayoría, designados para interpretar la
Constitución, se han nombrado intérpretes del sentir de la sociedad. Lo
único evidente es que han decidido conforme al suyo propio.
El
TC, al reconocer que su sentencia no coincide con el sentido original
del art. 32.1, en realidad ha dictado una reforma constitucional. Pero
eso está reservado al Parlamento, con referéndum preceptivo en
determinados casos (art. 167 y 168 de la Constitución Española).
Esta
doctrina evolucionista resulta inquietante, con independencia de la
opinión que uno tenga sobre el “matrimonio gay”. Quienes creen que es un
derecho fundamental, lo ven rebajado a concesión de la corriente
dominante, y solo les cabe esperar que otros magistrados no descubran al
cabo del tiempo que ha habido evolución en sentido contrario. Ellos, y
también los de la postura opuesta, tienen menos seguridad: desde hoy,
nuestros derechos quedan sujetos al arbitrio inapelable de unos pocos
jueces que dictarán lo que pensamos sin necesidad de preguntarnos.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Sobre la necesidad de las reformas, pero en serio
Por Antonio Argandoña
Esta mañana he hablado sobre la situación económica internacional y española en el marco del Encuentro de Automoción que tiene lugar cada año en el IESE, en Barcelona. Dejando de lado la parte descriptiva (recesión, paro, endeudamiento, saldo exterior, déficit público, situación de los bancos,…) y explicativa (crisis de la burbuja, de la deuda soberana, financiera, etc.), he puesto énfasis en la necesidad de tomarnos muy en serio la necesidad de cambiar el modelo económico con el que operamos. Y no me refiero a lo abandonar el ladrillo, que eso ya está hecho, sino a la necesidad urgente de cambiar los condicionantes institucionales, legales y organizativos de nuestra economía.
Tenemos un mercado de trabajo vergonzoso. La tasa de paro del 25% no es la consecuencia de una recesión que, sumando todas las caídas del PIB desde 2008 no llega al 7%. Se debe a unas estructuras laborales obsoletas, injustas, inadecuadas y perjudiciales, que podían tener sentido cuando murió Franco (no lo tenían, pero al menos se justificaban por la paz social), pero no en el siglo XXI, en una economía en una crisis grave, que no puede hacer frente a sus deudas frente al exterior y que no es capaz de asegurar a sus jóvenes un futuro mínimamente prometedor. Y eso es culpa de todos. Primero, de los gobiernos, del presente y de los pasados, que no han hecho gran cosa para solucionarlo. Segundo, de los sindicatos, que defienden sus intereses particulares y, en todo caso, los de los trabajadores con contrato indefinido y en ciertos sectores protegidos, a costa del bienestar de todos los demás. Tercero, de las empresas, que no tienen ningún interés en pelearse por un mercado de trabajo eficiente, y se limitan a pedir aumentos de productividad (o sea, la reducción de sus costes laborales unitarios), sin atender a lo que pasa a su alrededor. Y luego de todos nosotros, de la sociedad, que se queja porque le hacen pagar un euro por receta y no es capaz de salir a la calle a clamar contra un mercado de trabajo tercermundista, ineficiente e injusto.
Tenemos un modelo fiscal hecho de retales: hoy subo un impuesto, mañana bajo otro, que ha ido perdiendo su función recaudadora, su neutralidad y su contribución a la eficiencia económica. Tenemos un sistema educativo de pena, con resultados peores que los de casi todo el mundo civilizado, otra vez porque la desidia de los políticos, la coacción de los sindicatos y la apatía de la sociedad. Necesitamos urgentemente una reforma de los mecanismos de incentivación a la eficiencia, la innovación, la internacionalización y el crecimiento. Tenemos una estructura y un nivel de gasto público insostenibles e ineficientes, y una función pública que no se compagina con lo que debe hacer un Estado avanzado. Tenemos un sistema de partidos políticos propenso a la corrupción, clientelista, ineficiente, que invade a la sociedad civil y la bloquea. Tenemos un sistema de pensiones que avanza, rápida y eficientemente, hacia un colapso, y al que no nos atrevemos a poner un remedio duradero (que los hay, como muestra el ejemplo de otros países). Tenemos una formación profesional poco útil, incapaz de contribuir al crecimiento económico y a la generación de empleo,…
Somos expertos en pegar patadas a los problemas, dejando las soluciones para mañana. En quejarnos y no en trabajar para encontrar soluciones. En defender nuestros cocidos particulares, y en echarle la culpa a otros. Tenemos muchos detalles de altruismo y generosidad privados, pero, cuando se trata de los problemas sociales, pedimos que sea el Estado el que los resuelva. ¿Hasta cuándo?
60 contenidos de la fe en vídeo
Tweetcredo.com es una iniciativa que explica mejor el video que lo que yo te pueda contar en cuatro líneas. Interesante es poco. Lo seguiremos muy de cerca desde el blog, en este año de la fe.
Presentamos uno de los vídeos ya publicados, en la siguiente entrada.
Presentamos uno de los vídeos ya publicados, en la siguiente entrada.
Impresionante testimonio de la mujer por quien entró el aborto en EE.UU.
Norma McCorvey es ahora católica y provida, y ha declarado en más de una ocasión cómo su caso de 1973 se basó en una mentira.
"Soy Norma McCorvey, la Jane Roe de la sentencia Roe vs Wade que convirtió en legal matar niños en América. Abogadas feministas me convencieron de que mintiese, de que dijese que había sido violada y necesitaba abortar. Todo era mentira. Desde entonces, más de 50 millones de niños han sido asesinados. Me llevaré a la tumba ese peso. Por favor, no cometas mis errores. No votes a Barack Obama. Él mata niños".
Éste es el crudo mensaje de vídeo (ver abajo), respaldado por el célebre activista provida Randall Terry, que va a difundirse a través de las televisiones de Florida en los últimos días de la campaña presidencial norteamericana, la cual tiene precisamente en ese estado uno de los puntos que pueden decidir quién ocupe la Casa Blanca. No es vano aporta 29 votos electorales y es el de mayor peso de los que aún están en el aire (Texas se decanta claramente por Mitt Romney, California o Nueva York por el actual presidente).
Éste es el crudo mensaje de vídeo (ver abajo), respaldado por el célebre activista provida Randall Terry, que va a difundirse a través de las televisiones de Florida en los últimos días de la campaña presidencial norteamericana, la cual tiene precisamente en ese estado uno de los puntos que pueden decidir quién ocupe la Casa Blanca. No es vano aporta 29 votos electorales y es el de mayor peso de los que aún están en el aire (Texas se decanta claramente por Mitt Romney, California o Nueva York por el actual presidente).
Un cambio radical
Norma McCorvey fue la Jane Roe de la sentencia que en 1973 transformó el aborto de delito en derecho en virtud de una interpretación forzada de la Constitución que se aferró al derecho a la intimidad de la mujer en vez de al derecho a la vida. Posteriormente Norma se arrepintió de lo que había hecho, y desde mediados los años noventa participa militantemente en el movimiento provida.
En 1995 se convirtió al cristianismo, y posteriormente entró en la Iglesia católica, precisamente por su firmeza en esta causa. Cuando reveló su identidad escondida bajo el nombre Jane Roe y los detalles de su caso, fue una auténtica conmoción en Estados Unidos, donde el negocio del aborto goza de un descrédito cada día mayor.
Incluso fue detenida durante las manifestaciones de protesta contra la intervención de Obama en la universidad de Notre Dame en mayo de 2009, una intervención extraordinariamente polémica por el carácter católico de dicha institución académica.
¿Exageran sobre Obama?La crudeza de la frase de Norma ("Obama mata niños") no sorprende en el contexto de la batalla presidencial, tal como la enfocan los grupos provida norteamericanos. No sólo se ha hecho un elenco de las 241 decisiones directa o indirectamente proabortistas del presidente, sino que se ha recordado que siendo senador intentó hasta en cuatro ocasiones que se prohibiese la atención sanitaria a fetos supervivientes de abortos. Hay 40.000 personas en Estados Unidos que desde 1973 han sobrevivido al intento de matarles en los abortorios, una voz muy incómoda para la industria del aborto, en conocidas buenas relaciones con Obama, quien apoya expresa y públicamente a Planned Parenthood.
Así que la intervención de Norma McCorvey es directamente política, y no lo ocultan ni ella ni el patrocinador del vídeo.
Publicado en Religión en libertad
VER VÍDEO AQUÍ
domingo, 4 de noviembre de 2012
El "día a día" de Juan Pablo II
Juan
Pablo II era un hombre sencillo y así lo demostraba. Sus más allegados cuentan
algunas anécdotas que reflejan cómo era el Papa en su día a día.
La vida de Juan Pablo II sigue fascinando a propios y a
extraños, a creyentes y no creyentes. A nadie dejó indiferente el beato, el
Papa de los jóvenes. Durante sus 27 años de Pontificado se produjeron miles de
anécdotas y hechos que han puesto en evidencia la profunda y extraordinaria
personalidad de aquel joven cardenal polaco que se sentó en la Cátedra de San
Pedro.
Uno de los
que mejor conoce esta multitud de detalles es Slawomir Oder, postulador de la
causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II. Tras años de trabajo
descubrió el amor y el sentido del humor del Papa ahora beato hacia su grey.
Confesado por un mendigo
El
sacramento de la reconciliación era primordial para él y todos los Viernes
Santo acudía a la Basílica de San Pedro a confesar. Sin embargo, hay una
anécdota que muestra muy a las claras cómo era: el Papa fue confesado por un
mendigo.
Oder afirma
que un monseñor de Estados Unidos que se encontraba por Roma se disponía a
rezar en una parroquia de la capital italiana cuando al entrar en ella se
encontró con un mendigo. Pasó de largo pero le iba dando vueltas a la cara de
esa persona hasta que se dio cuenta de que le conocía, que hace años habían
sido compañeros en el seminario y que se ordenaron el mismo día. Volvió hacía
él, le saludó y le preguntó qué le había ocurrido. Éste le dijo que había
perdido su vocación y la fe.
Al día
siguiente este sacerdote estadounidense participaba en un encuentro privado con
Juan Pablo II y cuando le tocó el turno para saludarle no pudo dejar de
contarle lo que le había ocurrido en la víspera. El Papa se preocupó por la
situación e invitó a este cura y al mendigo a cenar con él.
“Una vez sacerdote, sacerdote siempre”
Tras
proporcionarle ropa limpia y aseo ambos acudieron al encuentro con el Santo
Padre hasta que en un momento tras la cena, el ahora beato pidió al sacerdote
que les dejara solos. Entonces pidió al mendigo que escuchara su confesión.
Éste se quedó estupefacto y le dijo que ya no era sacerdote. “Una vez
sacerdote, sacerdote siempre”, le contestó el Papa. Sin embargo, éste insistió
y le dijo que “estoy privado de mi derecho a ser sacerdote” pero igualmente
Juan Pablo II le contestó que era “el Obispo de Roma y me puedo encargar de
eso”.
Finalmente,
el mendigo confesó al Papa y viceversa. El sacerdote sin fe lloró amargamente y
el beato le dijo: “¿ves la grandeza del sacerdocio? No la desfigures”. Al salir
de ese encuentro con su vocación sacerdotal renovada, el Santo Padre le envió a
la parroquia en la que pedía limosna y le nombró asistente y encargado de la
atención de los mendigos.
La boda del cerrajero y la mecanógrafa
Como
ésta, existen multitud de anécdotas de Juan Pablo II que apenas son conocidas.
Lo que sí acreditan los más cercanos a él es que era una persona detallista y
cercana, que bautizaba a los hijos de sus amigos o de sus más modestos
colaboradores. Llegó a casar a una mecanógrafa con un cerrajero e incluso tras
las cenas siempre se pasaba por la cocina para agradecer el trabajo de los
cocineros.
¿Los defectos del Papa?
Por
ello, muchos se han preguntado si tenía defectos. En una entrevista monseñor
Oder comentaba lo siguiente: “Imagino que sí, como todos. Algunos dicen que era
demasiado transparente. Recuerdo el problema que se creó cuando una periodista
logró fotografiarlo mientras se lanzaba a la piscina de Castel Gandolfo. Cuando
le informaron dijo: ¿de verdad? ¿y dónde lo podré ver publicado? Y es que le
daba igual. Otros sostienen que podía parecer que daba signos de inquietarse,
pero era evidente que tenía gran dominio de sí”.
A raíz de
esto cuenta otra historia de cuando era cardenal de Cracovia. Le informaron de
que un sacerdote de la Diócesis acumulaba numerosas multas por su conducción.
“Le llamó, le regañó amablemente y le pidió que dejase allí su carnet de
conducir. Pero en cuanto aquel pobre sacerdote abandonó arrepentido el
despacho, Wojtyla reflexionó: ‘¿y cómo llegará este hombre a todas las
parroquias que tiene que atender?’. Así que enseguida le llamaron y le entregó
de nuevo su carnet”.
La humildad del beato
Otra
persona que también puede contar algunas de estas anécdotas es Joaquín Navarro
Valls, portavoz de la Santa Sede durante el Pontificado de Juan Pablo II. El
español relata en una entrevista que “en cierta ocasión, le sugerí que no
leyese un artículo bastante agrio en el que se le denigraba. Para mi sorpresa,
me dijo que el periodista que lo había escrito estaba pasando por una muy
difícil situación familiar y que, por lo tanto, requería nuestra especial
comprensión”.
Navarro
Valls cuenta también los esfuerzos del Papa para no caer en la
autocomplacencia. “Entré en sus aposentos enarbolando un ejemplar de la revista
Time, que le consagraba como ‘hombre del año’. Mientras conversábamos noté que
daba la vuelta a la revista sin dejar de hablar. Yo, muy delicadamente, volví a
mostrársela, y él, una vez más, la apartó de sí. ¿Qué ocurre Santidad, es que
no le agrada?, le pregunté”. Él respondió esbozando una sonrisa: “Tal vez me
agrade demasiado”.
Tras muchos
años sirviendo al Papa confiesa que “su capacidad para sobreponerse, no ya sólo
al dolor físico, sino a las preocupaciones de cada día, manteniendo el sentido
del humor, implica un olvido voluntario, deliberado, de uno mismo”.
La broma al obispo
Sobre
humor se puede escribir mucho del nuevo beato de la Iglesia. Este es sólo un
pequeño detalle. Lo cuenta también Navarro Valls: “un día, recién llegado del
hospital Gemelli, donde había sido intervenido a causa de una rotura de fémur,
recibió a un obispo. Este se entretuvo en elogiar el buen aspecto que tenía:
¿sabe que le digo? El hospital le ha sentado muy bien. Está incluso mejor que
antes de ingresar en el Gemelli. Él miró fijamente con pillería al contestarle:
“entonces, ¿por qué no ingresa usted también allí?”. La cara del obispo ante esta
respuesta tuvo que ser todo un poema.
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