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domingo, 11 de julio de 2010

UNA AGRESIÓN AL PAPA Y A LA DEMOCRACIA

Guerra al cristianismo, así cabe titular esta carta al director, y que por su especial interés damos a conocer. Se trata de una carta al periódico Corriere della Sera, publicada el 17.03.2010, y firmada por Marcello Pera.

Marcello Pera es Senador de la República Italiana y profesor de filosofía; no es católico.
Escribió diversos libros sobre la identidad cristiana de Europa, entre los que destacan:
"Senza radici", (Marcello Pera y Joseph Ratzinger, Ed. Mondadori, Milano 2004) y "Perché dobbiamo dirci cristiani" (Ed. Mondadori, Milano 2008), con prefacio del Papa Benedicto XVI.

La civilización occidental se tambalea sin remedio por falta de recursos y valores morales. Y no nos enteramos. No nos damos cuenta de nuestra debilidad al haber rechazado nuestras raíces cristianas. Todo lo material es prioritario y ahora, con la crisis económica que nos acosa, cada país comienza a mostrar su propia personalidad. Sin embargo hay un hecho paradójico. En las encuestas hechas en la calle y sin maquillar, los ciudadanos reconocen la bondad de la familia -la única verdadera familia- como el mejor modo de convivir; o que hay que ejercitarse en la cultura del esfuerzo para evitar los suspensos y el fracaso escolar; y así, un largo etcétera que va en contra de la propaganda de los gobiernos.

Y para guinda del pastel, la clase de Religión: 3 de cada 4 alumnos eligen libremente religión al comenzar sus estudios. Esto está publicado a bombo y platillo y no es un globo sonda de la Conferencia Episcopal: es sencillamente la realidad.

Estimado director:

La cuestión de los sacerdotes pedófilos u homosexuales desencadenada últimamente en Alemania tiene como objetivo al Papa. Pero se cometería un grave error si se pensase que el golpe no irá más allá, dada la enormidad temeraria de la iniciativa. Y se cometería un error aún más grave si se sostuviese que la cuestión finalmente se cerrará pronto como tantas otras similares. No es así. Está en curso una guerra. No precisamente contra la persona del Papa ya que, en este terreno, es imposible. Benedicto XVI ha sido convertido en invulnerable por su imagen, por su serenidad, su claridad, firmeza y doctrina. Basta su sonrisa mansa para desbaratar un ejército de adversarios.

No, la guerra es entre el laicismo y el cristianismo. Los laicistas saben bien que, si una mancha de fango llegase a la sotana blanca, se ensuciaría la Iglesia, y si fuera ensuciada la Iglesia lo sería también la religión cristiana. Por esto, los laicistas acompañan su campaña con preguntas del tipo «¿quién más llevará a sus hijos a la Iglesia?», o también «¿quién más mandará a sus chicos a una escuela católica?», o aún también «¿quién hará curar a sus pequeños en un hospital o una clínica católica?».

Hace pocos días una laicista ha dejado escapar la intención. Ha escrito: «La entidad de la difusión del abuso sexual de niños de parte de sacerdotes socava la misma legitimidad de la Iglesia católica como garante de la educación de los más pequeños». No importa que esta sentencia carezca de pruebas, porque se esconde cuidadosamente «la entidad de la difusión»: ¿uno por ciento de sacerdotes pedófilos?, ¿diez por ciento?, ¿todos? No importa ni siquiera que la sentencia carezca de lógica: bastaría sustituir «sacerdotes» con «maestros», o con «políticos», o con «periodistas» para «socavar la legitimidad» de la escuela pública, del parlamento o de la prensa. Lo que importa es la insinuación, incluso a costa de lo grosero del argumento: los sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la educación católica es peligrosa, luego el cristianismo es un engaño y un peligro.

Esta guerra del laicismo contra el cristianismo es una batalla campal. Se debe llevar la memoria al nazismo y al comunismo para encontrar una similar. Cambian los medios, pero el fin es el mismo: hoy como ayer, lo que es necesario es la destrucción de la religión. Entonces Europa, pagó a esta furia destructora, el precio de la propia libertad. Es increíble que, sobre todo Alemania, mientras se golpea continuamente el pecho por el recuerdo de aquel precio que ella infligió a toda Europa, hoy, que ha vuelto a ser democrática, olvide y no comprenda que la misma democracia se perdería si se aniquilase el cristianismo.

La destrucción de la religión comportó, en ese momento, la destrucción de la razón. Hoy no comportará el triunfo de la razón laicista, sino otra barbarie. En el plano ético, es la barbarie de quien asesina a un feto porque su vida dañaría la «salud psíquica» de la madre. De quien dice que un embrión es un «grumo de células» bueno para experimentos. De quien asesina a un anciano porque no tiene más una familia que lo cuide.

De quien acelera el final de un hijo porque ya no está consciente y es incurable. De quien piensa que «progenitor A» y «progenitor B» es lo mismo que «padre» y «madre». De quien sostiene que la fe es como el coxis, un órgano que ya no participa en la evolución porque el hombre no tiene más necesidad de la cola y se mantiene erguido por sí mismo.

O también, para considerar el lado político de la guerra de los laicistas al cristianismo, la barbarie será la destrucción de Europa. Porque, abatido el cristianismo, queda el multiculturalismo, que sostiene que cada grupo tiene derecho a la propia cultura. El relativismo, que piensa que cada cultura es tan buena como cualquier otra. El pacifismo que niega que exista el mal.

Esta guerra al cristianismo no sería tan peligrosa si los cristianos la advirtiesen. En cambio, muchos de ellos participan de esa incomprensión. Son aquellos teólogos frustrados por la supremacía intelectual de Benedicto XVI. Aquellos obispos equívocos que sostienen que entrar en compromisos con la modernidad es el mejor modo de actualizar el mensaje cristiano. Aquellos cardenales en crisis de fe que comienzan a insinuar que el celibato de los sacerdotes no es un dogma y que tal vez sería mejor volver a pensarlo. Aquellos intelectuales católicos apocados que piensan que existe una «cuestión femenina» dentro de la Iglesia y un problema no resuelto entre cristianismo y sexualidad. Aquellas conferencias episcopales que equivocan en el orden del día y, mientras auspician la política de las fronteras abiertas a todos, no tienen el coraje de denunciar las agresiones que los cristianos sufren y las humillaciones que son obligados a padecer por ser todos, indiscriminadamente, llevados al banco de los acusados. O también aquellos embajadores venidos del Este, que exhiben un ministro de exteriores homosexual mientras atacan al Papa sobre cada argumento ético, o aquellos nacidos en el Oeste, que piensan que el Occidente debe ser «laico», es decir, anticristiano.

La guerra de los laicistas continuará, entre otros motivos porque un Papa como Benedicto XVI, que sonríe pero no retrocede un milímetro, la alimenta. Pero si se comprende por qué no cambia, entonces se asume la situación y no se espera el próximo golpe. Quien se limita solamente a solidarizarse con él es uno que ha entrado en el huerto de los olivos de noche y a escondidas, o quizás es uno que no ha entendido para qué está allí.

HACE MÁS RUIDO UN ARBOL QUE CAE QUE UN BOSQUE QUE CRECE

Es cierto que la verdad acaba desarmando y venciendo al contrincante. Se dice de ella que es tozuda; y lo es. Pero en estos tiempos por los que transitamos, la mentira ha tomado carta de naturaleza, ha tomado posesión no sólo de las relaciones sociales, sino hasta en el modo de pensar: el hombre, en la intimidad de su conciencia, se engaña a sí mismo.
Un sacerdote salesiano, de nacionalidad uruguaya, misionero en África, se ha decidido a escribir al New York Times con motivo de la campaña contra la Iglesia y contra los sacerdotes tomando ocasión de los tristes y graves casos de pedofilia.
Cuenta detalles de los veinte años que lleva en Angola. Lo que pasa allí y lo que hacen los misioneros. Dice que no pretende hacer una apología de los sacerdotes: "El sacerdote -escribe- no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir a sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…"
Y también expone con mucha claridad -refiriéndose al NYT y a otros medios- que "insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido."
Es un testimonio interesante y tiene el sabor de lo auténtico. La verdad es tozuda.

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Artículo del P. Martín Lasarte, sacerdote (salesiano), enviado al New York Times.

Querido hermano y hermana periodista:

Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.

¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retomado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños... No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando no es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…Ninguno pasa los 40 años.

No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir a sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.

Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.

En Cristo Jesús,

Padre Martín Lasarte (un misionero salesiano uruguayo en Angola)

jueves, 8 de julio de 2010

Apoya a Intereconomía TV frente a la ofensiva del PSOE para acallarla

La Prensa libre vuelve a ser objetivo de la izquierda autoritaria. El PSOE ha activado el rodillo del Gobierno para intentar, de nuevo, amordazar a un medio crítico.
REDACCIÓN HO.- Un expediente del Ministerio de Industria, una querella de la Generalidad catalana y una histérica campaña de acoso por parte de los medios afines al poder socialista. A esta ofensiva autoritaria se enfrenta Intereconomía TV desde hace unos días.
La estrategia no es nueva. Desde su llegada al poder, acallar la Prensa libre ha sido una obsesión para José Luis Rodríguez Zapatero.

Primero fue la COPE, luego El Mundo de Andalucía (bajo la bota del poder omnímodo de Manuel Chaves) y, de un tiempo a esta parte, todo el poder del Gobierno y toda la constelación cultural que pregona su propaganda se emplean con saña en el objetivo de acallar a Intereconomía TV.

El éxito de audiencia de programas de crítica política como El Gato al Agua ha contrariado la intención del PSOE de fraguar un páramo de Información y Opinión en España.

Disponer del más potente foco propagandístico con el que ha contado ningún gobierno democrático en España (todas las televisiones generalistas de difusión nacional, la inmensa mayoría de los canales de radio, el periódico de información general de mayor difusión y gran parte de los que le siguen en el ránking,…) , contar con el aparato del Estado y con el BOE para repartir concesiones, subvenciones y fastuosas campañas de publicidad institucional; imponer sin complejos la supervisión de los contenidos de los medios (a través de organismos de censura como el Consejo Audiovisual de Cataluña, replicado en Andalucía con el apoyo del PP, y en vías de implantación en el conjunto de España por la nueva Ley Audiovisual impulsada por el Gobierno socialista),…

Todo este alarde de poder, incomparable con el que ha desplegado ningún otro Gobierno en los 30 años de democracia, no ha podido impedir el éxito de medios de comunicación independientes y críticos. Uno de los más incómodos para el régimen en ciernes es Intereconomía TV.

Despliegue inquisitorial
Éste es el contexto preciso de la campaña de acoso reavivada estos días, nada menos que desde el Ministerio de Industria, el Ministerio de Igualdad y la Generalidad Catalana, con el apoyo diligente y sin fisuras del coro habitual de medios de comunicación afines al poder socialista.

Sin estos antecedentes de persecución de la libertad de expresión, no se entiende el ensañamiento contra Intereconomía TV, el programa El Gato al Agua y contra uno de sus colaboradores, el periodista Eduardo García Serrano.

Hubiera valido cualquier pretexto para reavivar la llama intolerante de los nuevos inquisidores, pero en esta ocasión han sido unos comentarios de García Serrano sobre la política de educación sexual de Cataluña.

La historia es ya conocida por muchos lectores de HazteOir.org que siguen la actualidad y se informan también a través de nuestro sitio web.

En una emisión de El Gato al Agua, Eduardo García Serrano criticó una iniciativa de la consejera de Sanidad de la Generalidad catalana, Marina Geli, para animar a los jóvenes a tener relaciones sexuales precoces, a masturbarse y a practicar todas las formas de placer sexual. García Serrano definió como “guarra” y “puerca” a alguien capaz de incitar de esa forma a los niños al sexo. Luego, ha pedido disculpas públicamente en dos ocasiones; también lo han hecho el director del programa, Antonio Jiménez. Y la Dirección de la compañía presidida por Julio Ariza ha emitido una nota de disculpas y se ha dirigido a la consejera para expresárselas personalmente.

La rectificación ha sido interpretada por el PSOE, el Gobierno de Zapatero y la Generalidad catalana, no como un gesto profesional, sino como un signo de debilidad. El despliegue para el acoso inquisitorial a Intereconomía TV ha sido inmediato. Las iniciativas de represalia han adoptado técnicas de censura pura y dura, exhibicionistas de un talante autoritario desconocido.
 
El Ministerio de Industria ha anunciado enseguida la apertura de un expediencia sancionador. El Instituto de la Mujer (dependiente del Ministerio de Igualdad) ha informado, por su parte, de que instaba al departamento de Industria a actuar contra Intereconomía TV al amparo de la nueva Ley Audiovisual aprobada por impulso del Gobierno socialista, precisamente para garantizarse un poder sancionador y censor en situaciones como ésta, en las que primero se diseña al culpable y luego se fabrica su delito.

La Generalidad de Cataluña también ha anunciado su propia iniciativa: denunciar penalmente a Eduardo García Serrano y al director de El Gato al Agua por injurias a la consejera de Sanidad.
Todas estas medidas son impulsadas desde el poder y son costeadas por los contribuyentes. Precisamente, dos de las muestras de autoritarismo inaceptable en un país democrático, con las que Intereconomía TV y otros medios independientes se muestran implacablemente críticos desde sus antenas.

El doble rasero ante las críticas
Tras el despliegue gubernamental para acallar ejemplarmente a un medio crítico, ha salido a escena la cla de los medios de comunicación afines al poder socialista, proclamando lecciones de ética periodística, alardeando de compunción por los comentarios de Eduardo García Serrano y sentenciando abiertamente la censura contra Intereconomía TV. Es decir, los propios medios de comunicación que cortejan al poder han salido a la palestra para pedir medidas que, de aplicarse, significarán el final de la prensa libre en España.

El doble rasero de estos medios de comunicación al medir los estándares deontológicos es ciertamente llamativo, como hemos evidenciado desde Noticias HO con sólo echar un vistazo a la hemeroteca más reciente. El País, por ejemplo, pedía hace apenas dos meses, con amplio despliegue de páginas en una edición dominical (la de mayor difusión de toda la semana) que se revoquen licencias de emisión para medios como Intereconomía TV, porque en ellos, según El País, se insulta y se agitan pasiones guerracivilistas y “ultras”. Lo dice El País, el mismo diario en el que colabora Maruja Torres, que en 2003 llamó “hijos de puta” a los votantes del PP por negarse a votar al PSOE en unas elecciones autonómicas; el mismo diario en el que se aventa cada día el fuego sectario de las víctimas de un solo bando de la Guerra Civil; el mismo diario que apoyó editorialmente un acto flagrantemente ilegal y manifiestamente injurioso celebrado en la Universidad Complutense en apoyo del juez Garzón, en el que se descalificó como “ultras” y “franquistas” nada menos que a los jueces del Tribunal Supremo; el mismo diario que jaleó a los llamados “artistas” que, antes de las elecciones generales de 2008, pidieron crear un “cordón sanitario” para aislar al PP y, con este partido, a los 10 millones de españoles cuya infamia consiste en que se resisten a votar al PSOE.

Como repasa Elentir en su blog Contando Estrelas: el alcalde de Getafe, el socialista Pedro Castro, ha llamado públicamente “tontos de los cojones” a los electores que votan al PP, y ahí sigue, presidiendo la Federación Española de Municipios.

En otro programa de televisión, el que presenta Wyoming, se ha descalificado como “borracho” a Hermann Terstch, un periodista crítico con el Gobierno socialista. Ningún ministerio ha instado ningún expediente sancionador contra La Sexta.

Ante el éxito de las manifestaciones a favor del derecho a la vida y contra la nueva ley del aborto, el ministro de Fomento, José Blanco, difamó a quienes las encabezaban diciendo que “abortaban por la puerta de atrás” y la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, insultó a los científicos de la Declaración de Madrid llamándoles públicamente “fundamentalistas” y “demagogos”. No han sido destituidos; ni siquiera han pedido disculpas.

Sirvan, entre otros muchos, como ejemplos de la doble sensibilidad ante el lenguaje por parte de un poder cada día más autoritario, cortesano y temible para la libertad.

Firma ahora tu testimonio de apoyo a la libertad de expresión y, en esta ocasión, al grupo Intereconomía TV frente al acoso y el intento de amordazarle por parte del Gobierno de Rodríguez Zapatero y la Generalidad de Cataluña, jaleados por todos los medios de comunicación afines al poder socialista.

martes, 6 de julio de 2010

CÓMO PARAR EL ABORTO

De Prada explica acertadamente en este artículo que el aborto sólo podrá detenerse si se logra una verdadera «metanoia», un cambio o conversión social.

ENTRA hoy en vigor la ley cínicamente llamada de «salud reproductiva y sexual», que conculca el derecho a la vida, sometiéndolo a la decisión discrecional de la madre, que podrá «desembarazarse» de la criatura que se gesta en sus entrañas como quien se extirpa una verruga. No creo probable que la nueva ley favorezca la comisión de más abortos quirúrgicos; entre otras razones, porque la nueva ley ya se preocupa de promover el aborto químico, que es menos truculento y engorroso, imponiendo a los farmacéuticos la obligación de expedir la llamada «píldora del día después» como si de una aspirina se tratase. Pues lo que la nueva ley pretende es, ante todo, «simplificar» la decisión moral que todo aborto conlleva, convirtiendo la comisión de un crimen en algo irrelevante y aséptico (en esto consiste la «banalidad del mal») y propiciando de este modo lo que C. S. Lewis llamaba «la abolición del hombre»; esto es, la creación de una sociedad sin capacidad de discernimiento moral, una sociedad «automática» que evita enjuiciar éticamente sus acciones, engolosinada por la consecución del interés propio.

Cifrar en el Tribunal Constitucional la esperanza de que esta ley inicua sea desautorizada es tan ilusorio como reclamar peras al olmo; pues a nadie se le escapa que dicho Tribunal forma parte de la misma «organización» que ha encumbrado el aborto a la categoría de derecho: una «organización» que proclama que la ley es «expresión de la voluntad popular», sin sometimiento a ningún razonamiento previo sobre lo que es justo e injusto; y así, liberada de ese razonamiento previo, la «voluntad popular» se convierte, inevitablemente, en una pura satisfacción del interés propio, que cuando se hace «mayoritario» adopta la fórmula de leyes positivas que el Tribunal Constitucional, en una labor típicamente «ancilar» o lacayuna, se limita a «encajar» en el barrizal positivista.

Se suele esgrimir que el Tribunal Constitucional, allá por 1985, dictaminó que la protección del nasciturusimponía al Estado la obligación de «establecer un sistema legal para la defensa de la vida que suponga una protección efectiva de la misma». Pero se olvida que ese mismo Tribunal, en su sentencia 116/1999, de 17 de junio, afirmó que «los no nacidos no pueden considerarse en nuestro ordenamiento constitucional como titulares del derecho fundamental de la vida». O sea, donde dije «digo» digo «Diego». Que ésta, al fin, es la misión asignada al mencionado Tribunal: una misión, en verdad, depauperada y sórdida, como la del sicario a quien le toca «justificar» los crímenes de su amo; para lo cual no vacila en seguir al dedillo la doctrina establecida por Groucho Marx: «Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros».

El aborto sólo podrá detenerse si se logra una verdadera «metanoia», un cambio o conversión social; y ese cambio no lo «producirán» las leyes, ni mucho menos el teatrillo de marionetas de los togados. Con el aborto entronizado como derecho sólo acabará el testimonio contagioso de las personas que acojan amorosamente la vida, que prediquen con el ejemplo teniendo hijos y mostrando a sus contemporáneos el inmenso bien que esos hijos traen al mundo; provocando, en fin, entre sus contemporáneos envidia (sana envidia) de ese bien que a ellos les falta. Esto mismo fue lo que hizo un patricio llamado Filemón, hace veinte siglos, acogiendo como un hermano a su esclavo Onésimo, en una sociedad que había encumbrado la esclavitud a la categoría de derecho: sembrar la semilla de una conversión social.

JUAN MANUEL DE PRADA

ABC

sábado, 3 de julio de 2010

Países del G8 lanzan iniciativa mundial sobre salud materna sin referencia al aborto

By Terrence McKeegan, J.D.
en coautoría con Nicholas Dunn


TORONTO, 2 de julio (C-FAM)El Grupo de los Ocho (G8), conformado por los principales países industrializados, llevó a cabo su foro anual en esta ciudad la semana pasada y, siguiendo el ejemplo del gobierno canadiense, lanzó una nueva iniciativa mundial sobre salud materno-infantil. La Iniciativa de Muskoka se compromete a «acelerar el progreso» hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) relativos a la salud de las madres y los niños. Si bien el gobierno anfitrión pudo mantener las referencias al aborto fuera del documento final, la iniciativa exige que los países del G8 «se comprometan a promover la integración de los derechos y servicios de VIH y de salud sexual y reproductiva en el contexto más amplio del fortalecimiento de los sistemas de salud».

Desde el anuncio de este plan en el mes de enero, el Primer Ministro canadiense, Stephen Harper, recalcó que la iniciativa no contemplaría el financiamiento del aborto, sino que incluiría el agua potable, las condiciones de salubridad, el mejoramiento de la nutrición y el tratamiento y la prevención de enfermedades. Beverley Oda, Ministra de Cooperación Internacional de Canadá, dijo que el gobierno consideraría el uso de métodos de planificación familiar tales como la anticoncepción, pero reafirmó su oposición al financiamiento del aborto.

Una de las principales metas mundiales de la iniciativa es el «acceso universal a la salud reproductiva para 2015», lo cual alude en forma directa al ODM 5b, polémico objetivo que jamás fue aceptado por los Estados Miembros en las negociaciones de los ODM, sino que sólo fue incluido en el anexo de un informe elaborado por el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La iniciativa del G8 atrajo el apoyo de organizaciones pro-abortistas, como el Fondo de Población de la ONU (UNFPA, por sus siglas en inglés) y Planned Parenthood. Thoraya Obaid, Directora Ejecutiva del UNFPA, elogió a comienzos de semana la iniciativa, en particular su énfasis en «expandir los servicios de salud sexual y reproductiva».

Cecile Richards, presidente de la Planned Parenthood Federation of America (Federación de Paternidad Planificada de América), dijo que la Iniciativa de Muskoka es un «importante paso hacia a delante», a la vez que expresó su frustración ante el hecho de que Harper se opusiera a incluir el aborto en el mejoramiento de la salud materna. Según Richards, «no puede haber mejoras efectivas en salud materna sin una atención integral de la salud reproductiva, que incluye el acceso a los abortos legales y seguros».

A comienzos de este año, la secretaria de Estado Hillary Clinton reaccionó tras el anuncio de Harper de que habría una iniciativa para mejorar la salud materna, y dijo: «No puede haber salud materna sin salud reproductiva, y la salud reproductiva incluye la anticoncepción y la planificación familiar, y el acceso al aborto legal y seguro». Más de cien agrupaciones de derechos femeninos adhirieron a esta declaración y redactaron una carta dirigida a Harper en la que lo exhortaron a incluir en la iniciativa el acceso a la anticoncepción y al aborto seguro.

Los partidarios del aborto, por lo general, hacen referencia a un estudio que indica que las muertes maternas pueden ser reducidas hasta en un 70 por ciento si se hace un mayor hincapié en el acceso al aborto «seguro» y en la planificación familiar. Sin embargo, este «estudio» fue patrocinado por el Guttmacher Institute (rama de Planned Parenthood para la investigación) y el UNFPA, los cuales no son, precisamente, una fuente neutral en este tema.

De hecho, la última investigación disponible demuestra que no existen datos verificables que respalden la afirmación de que el aborto mejora la salud materno-infantil y revela que los países con más restricciones al aborto cuentan con los menores índices de mortalidad materna.

La suma que el G8 prometió otorgar a la Iniciativa de Muskoka asciende a 5 mil millones de dólares estadounidenses (que incluyen 1,3 mil millones otorgados por los Estados Unidos durante dos años) más 2,3 mil millones de países que no son miembros del G8 y de la Fundación Gates.
Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano

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jueves, 1 de julio de 2010

DIEZ AÑOS DE GRAN HERMANO


Por Alejandro Navas 
Alegra comprobar cómo los teleespectadores y ciudadanos en general han ido, poco a poco, poniendo a Gran Hermano en su sitio. Es el fino olfato de muchos, y no me refiero sólo a España, para apreciar lo que podría ser un experimento interesante o, por lo menos divertido, en un espectáculo soez donde abunda la violencia y el sexo, y a ver quien dice la tontería más gorda, poniendo al descubierto sus vergüenzas. Y todo por el afán de ser famoso. Un famoseo de cortar y pegar y después tirar. Pero no está en todo lo dicho lo peor.
Estos días se han cumplido los 10 años de este engendro, y las felicitaciones y parabienes de los que están en el machito han sido unánimes. Hay miles y miles de ciudadanos de nuestro país a los que todavía les apasiona este programa; y cuanto más soez mejor. Y para colmo de males, el Gran Hermano no el único; casi todas las televisiones tienen su buena dosis de basura.

Es muy conveniente leer y profundizar, aunque sea un poco, en el artículo que el día 23 de abril publicó el profesor de Sociología 
Alejandro Navas en el Heraldo de Aragón y que ha corrido como la pólvora por Internet.

Como verán el asunto es de gran calado. Y además no sólo se trata de ese dictador intruso en nuestras casas que es la televisión en manos perversas; detrás se encuentra todo un mudo de realidades virtuales, de informaciones al momento, de móviles… en fin que la Aceleración de la Historia estuvo bien en sus primeros momentos… hasta que arrebató la voluntad al ser humano.


 23 de abril del 2000 comenzó a emitirse la primera edición de Gran Hermano. Diez años transcurridos y once ediciones: nuestro país ha establecido un récord mundial de duración para el programa estrella de la telerrealidad. De los aspectos técnicos se han ocupado suficientemente los críticos televisivos. Aquí me interesa más bien analizar lo que nos dice este fenómeno sobre la sociedad española. ¿Qué tipo de público demanda una dosis tan desmesurada de un reality show de tales características?

Cuando el programa empezó a emitirse, los responsables de Telecinco nos lo vendían como un “experimento sociológico”. 
 día de hoy, Mercedes Milá ha variado ligeramente ese discurso: “Ahora es más que un experimento sociológico, es antropológico”. No es necesario rebatir una pseudoargumentación lamentable, que más bien nos indigna por lo que entraña de hipocresía o incluso cinismo. En todo caso, el experimento radicaría en el comportamiento del público, de los millones de personas que le guardan una fidelidad aparentemente inconmovible. ¿De qué se trata, al fin y al cabo, en Gran Hermano? Básicamente, de ver quién se pelea con quién y quién se acuesta con quién. Sexo y violencia, la vida y la muerte, los dos grandes asuntos dramáticos de siempre. Además, en este caso hay un componente competitivo y el público es juez. La sensación de poder que se obtiene al votar y decidir la suerte de los concursantes proporciona un placer añadido. Estamos ante una nueva versión del viejo juego entre exhibicionismo y voyeurismo. 
Mucha gente está dispuesta a mostrar a millones de espectadores lo que apenas contaría al médico, al confesor o a un pariente de confianza en un clima de intimidad y discreción. Y millones están a la espera, anhelantes por devorar esas peripecias supuestamente dramáticas (entretanto sabemos que el término de telerrealidad resulta engañoso: hay mucho guión y montaje preparado detrás de esa aparente espontaneidad; sólo así se asegura el nivel deseable de morbo). Contemplar las desdichas ajenas viene a erigirse en un mecanismo compensatorio de la propia mediocridad: los demás, y no digamos si son algo famosos, también lloran. No importa que ese juego se salde con una alarmante pérdida de profundidad o densidad vital. Como decía el filósofo Karl Jaspers en los comienzos de la televisión, tal vez intuyendo la que nos venía encima, “ser espectador es no existir”. Mucha gente parece abdicar de su propia vida, renunciando a todo protagonismo y viviendo de forma parasitaria, como una prótesis de la pantalla, donde se desarrollaría la vida que realmente cuenta. La emigración al mundo virtual lleva consigo con frecuencia una disminución del capital social, de las relaciones cara a cara con personas de carne y hueso. Aparte de los interlocutores con que la gente se relaciona en las redes sociales, muchos incorporan a los personajes televisivos, incluidos los de ficción, a su círculo de amistades, dándoles un papel relevante en la propia vida.

Me produce inquietud, además, un hecho previo a la emisión del programa: las docenas de miles de candidatos que se presentan al casting para ser seleccionados. La llegada del autobús que recorre el país constituye todo un acontecimiento en numerosas localidades. Durante siglos se pensó -y se vivió- que la fama era consecuencia de logros destacados en los diversos ámbitos: la profesión, la milicia, la creación artística o científica, el deporte. El talento era presupuesto imprescindible de la notoriedad. Ahora no: para ser famoso, aunque sea de modo fugaz, basta con pisar el plató y “montar el número” -preferentemente, con los ingredientes mencionados de sexo y violencia; además, resulta imprescindible gritar e insultar-. Hay aquí una perversión de la cultura del esfuerzo que tanto costó implantar en nuestra sociedad, y se hace un flaco servicio a nuestros adolescentes dejando que se deslicen por esa pendiente.

“Cuanto más estúpido es el programa emitido, más inteligente se cree la audiencia”, declaraba en los noventa Helmut Thoma, a la sazón director general del canal RTL, uno de los pioneros de la televisión basura europea. Da pena que esas palabras puedan aplicarse a nuestro público.



¿Cuándo la política fiscal es injusta? (artículo póstumo)

  Por Carlo Caffarra, Cardenal Arzobispo de Bolonia. Recientemente fallecido. El sistema fiscal es una parte relevante del pacto social, en ...