Páginas vistas

jueves, 21 de febrero de 2008

EL CABREO SOCIATA



POR JUAN MANUEL DE PRADA, en ABC del 4-2-2008

DECÍA Chesterton que necesitamos curas que nos recuerden que vamos a morir; pero -añadía- también necesitamos curas que nos recuerden que estamos vivos. La reciente nota de los obispos españoles ha sido, desde luego, elaborada por curas capaces de resucitar a un muerto; y esto es lo que ha cabreado sobremanera a los sociatas, que nos quieren a todos fiambres y quietecitos en nuestro ataúd, embalsamados con los santos óleos del pensamiento único. La izquierda ha conseguido imponer una visión hegemónica del mundo, o dicho más rotundamente, ha logrado sustituir cualquier visión del mundo por el espejismo del Matrix progre: quien se atreva a poner en entredicho tal visión o espejismo es de inmediato anatemizado, como un réprobo o un blasfemo. Este Matrix progre ha sido asimilado también por la derecha, que ha renunciado a presentar batalla a su adversario allá donde esta batalla resultaría eficaz e ilusionante, esto es, en el ámbito de las ideas. La derecha acata la visión del mundo preconizada por la izquierda; y toda su acción política se limita a introducir variantes nimias en el funcionamiento de esa gran máquina que es el Matrix progre, sin atreverse a inutilizar sus engranajes. De este modo, incluso sus triunfos puntuales en las urnas son a la postre manifestaciones de una derrota mucho más vasta: la derrota de quien dimite vergonzantemente de sus ideas, para allanarse servilmente a una visión del mundo que no es la suya, una visión del mundo cuya hegemonía no se atreve a discutir, por temor a que se le tilde de «extremista». Mientras la derecha no se atreva a atacar los fundamentos de ese Matrix progre, mientas no tenga redaños para negar su vigencia, cualquier triunfo electoral que obtenga será tan perecedero como las «verduras de las eras» de las que nos hablaba Manrique. Mientras la derecha no se atreva a ofrecer otra visión del mundo alternativa al Matrix progre, estará arando sin bueyes.

¿Por qué los sociatas se han cabreado tanto con la nota de los obispos? No, desde luego, porque «intenten imponer una creencia», como sostiene Zapatero, cuyo lema electoral, «Motivos para creer», es toda una declaración de fe mesiánica en el Matrix progre. El involuntario humorista Pepiño Blanco, en uno de sus hilarantes accesos de estulticia, ha remachado: «Si no nos calló Franco, no nos van a callar los obispos»; que es tanto como atribuir a los obispos un poder omnímodo, pues desde luego con Franco los sociatas estuvieron calladitos como profesionales del amor mercenario. Pero los obispos no quieren callar a nadie, ni «imponer a nadie sus creencias»; en la nota que ha desatado las iras de los sociatas especifican muy humildemente que sólo piden «libertad y respeto para proponer nuestra manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás». La razón por la que los sociatas se han puesto como la niña del exorcista es, pues, de una índole muy diversa.

Y es que la nota de los obispos no impone nada, sino que propone; no calla, sino que enuncia. Y lo que los obispos proponen y enuncian es lo que nadie se atreve a proponer y enunciar en el Matrix progre: nada más y nada menos que una visión alternativa del mundo que ataca los cimientos de trampantojo sobre los que se asienta la hegemonía del pensamiento único. Una visión del mundo que reclama «exigencia moral», que apela a «principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano», que preconiza una sociedad «libre y justa» que no se avenga a cambalaches con quienes anhelan su destrucción. Es natural que quienes han introducido la amoralidad como cimiento de la acción política, quienes han declarado abolidos todos los principios como medio para alcanzar sus fines, quienes están dispuestos a cualquier cambalache reaccionen como la niña del exorcista. La nota de los obispos, para cualquiera que la lea sin las anteojeras del Matrix progre, es extraordinariamente vivificadora. Necesitamos curas dispuestos a recordarnos que aún estamos vivos, por mucho que les joda a los sepultureros.

www.juanmanueldeprada.com

viernes, 8 de febrero de 2008

Los Obispos, ante las elecciones de 2008


Nota de la Comisión Permanente de
la Conferencia Episcopal Española
ante las elecciones generales de 2008

Madrid, 30 de enero de 2008


1. Los españoles hemos sido convocados a las urnas para el próximo 9 de marzo. Como en otras ocasiones semejantes, los Obispos ofrecemos a los católicos y a todos los que deseen escucharnos algunas consideraciones que estimulen el ejercicio responsable del voto. Hablamos como pastores de la Iglesia que tienen la obligación y el derecho de orientar el discernimiento moral que es necesario hacer cuando se toman decisiones que han de contribuir al pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos y a la promoción del bien común.

2. Con tal finalidad pensamos que es éste un momento apropiado para leer y meditar de nuevo la Instrucción Pastoral aprobada el 23 de noviembre de 2006 por la Asamblea Plenaria de nuestra Conferencia Episcopal bajo el título de “Orientaciones morales ante la situación actual de España”. Recordamos algunas ideas fundamentales de esta Instrucción, que han de ser comprendidas, por tanto, en el conjunto de aquel relevante texto.

3. Respetamos a quienes ven las cosas de otra manera. Sólo pedimos libertad y respeto para proponer libremente nuestra manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás. Deseamos colaborar sinceramente en el enriquecimiento espiritual de nuestra sociedad, en la consolidación de la auténtica tolerancia y de la convivencia en el mutuo respeto, la libertad y la justicia, como fundamento imprescindible de la paz verdadera (n. 81).

4. Si bien es verdad que los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública (n. 50).

5. Los católicos y los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida. La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas (n. 56). No se debe confundir la condición de aconfesionalidad o laicidad del Estado con la desvinculación moral y la exención de obligaciones morales objetivas. Al decir esto no pretendemos que los gobernantes se sometan a los criterios de la moral católica. Pero sí que se atengan al denominador común de la moral fundada en la recta razón y en la experiencia histórica de cada pueblo (n. 55).

6. “Es preciso afrontar - señala el Papa - con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social” (n. 56). La legislación debe proteger al matrimonio, empezando por reconocerlo en su ser propio y específico (n. 41).

7. No es justo tratar de construir artificialmente una sociedad sin referencias religiosas, exclusivamente terrena, sin culto a Dios ni aspiración ninguna a la vida eterna (n. 13). En ese sentido parece que apuntan, entre otras cosas, las dificultades crecientes para incorporar el estudio libre de la religión católica en los currículos de la escuela pública, así como el programa de la nueva asignatura, de carácter obligatorio, denominada “Educación para la ciudadanía” (n.18), que lesiona el derecho de los padres - y de la escuela en colaboración con ellos - a formar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones religiosas y morales. Es necesario promover un gran pacto de Estado sobre la base de la libertad de enseñanza y la educación de calidad para todos.

8. El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable. No sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es muestra de la más dura intolerancia y totalitarismo (n. 65). Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político (n. 68).

9. La Iglesia reconoce, en principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la configuración política de la unidad de España (n. 73). Al mismo tiempo, enseña que, también en este caso, es necesario tutelar el bien común de una sociedad pluricentenaria y - en palabras de Juan Pablo II a los obispos italianos - “superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros del separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada” por parte de todos. Hay que evitar los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas (n. 74).

10. En este momento de la sociedad española, algunas situaciones concretas deben ser tenidas muy particularmente en cuenta. Nos parece que los inmigrantes necesitan especialmente atención y ayuda. Y, junto a los inmigrantes, los que no tienen trabajo, los que están solos, las jóvenes que pueden caer en las redes de la prostitución, las mujeres humilladas y amenazadas por la violencia doméstica, los niños, objeto de explotaciones y de abusos, y quienes no tienen casa ni familia donde acogerse. Hay que trabajar también para superar las injustas distancias y diferencias entre las personas y las comunidades autónomas, tratando de resolver los problemas más acuciantes, como son el trabajo, la vivienda accesible, o el disfrute equitativo de la naturaleza, compartiendo dones tan indispensables para la vida como el agua y cuidando con esmero el patrimonio común de la creación (n. 80). En el orden internacional, es necesario atender a la justa colaboración al desarrollo integral de los pueblos.

Que el Señor ilumine y fortalezca a todos para actuar en conciencia y conforme a las exigencias de la convivencia en justicia y libertad.

jueves, 10 de enero de 2008

FAMILIA Y TRADICIÓN





Profetizaban algunos finos analistas que si las familias cristianas llenaban las calles de Madrid algunos se iban a poner muy nerviosos. Todos hemos visto lo que ha sido la fiesta de las familias en Madrid y la profecía se ha cumplido. No hay más que echar un vistazo a “El País” para ver planas enteras de artículos dando vueltas y revueltas a lo que llaman “el ataque de la iglesia contra el gobierno”, o “un acto electoral del PP”, o “una intromisión en la actual campaña electoral”, etc.

¿Y dónde está la multitud de familias que salieron a la calle con paz y en defensa de sus legítimos derechos? Algunos pretenden negar torpemente la realidad, pero la realidad se ve, se oye y se toca. ¿Alguien se atreve a negar que en España se están atacando muy gravemente, de modo grosero, aspectos esenciales del matrimonio, de la familia, de la educación y del derecho a la vida? Y estos ataques se hacen saltando por encima de los derechos de muchos ciudadanos que reclaman su libertad. Y cada vez lo harán con voz más fuerte: ¡grita libertad!

Decía el gran G.K. Chesterton que entre las instituciones atacadas de manera nada inteligente “está la creación humana fundamental: la familia. Y es atacada –seguía diciendo- no porque la gente la entienda, sino porque no la entiende en absoluto. Le dan golpes a ciegas, sin pensar un momento por qué fue levantada.” (…) “Es la estructura social de la humanidad, mucho más vieja que toda su documentación histórica, y más universal que cualquiera de sus religiones. Por eso, todos los intentos de alterarla son engaño y estupidez.”

Los socialistas están muy nerviosos por lo que han visto el día 30 en Madrid. José Blanco, entre muchos otros, está bastante alterado. En declaraciones a Onda Cero, el ínclito Pepiño Blanco ha dicho, sobre la fiesta de las familias cristianas, que se trató de "un acto del Partido Popular presidido por unos cardenales" (sic). Asimismo, el dirigente socialista, ha acusado a la jerarquía eclesiástica de "querer hacer una intromisión directa en la campaña electoral".

El secretario de Organización del PSOE ha reclamado una rectificación a la Iglesia Católica (¿?) por afirmar verdades que están en la mente de millones de ciudadanos españoles. Y se permitió añadir -con muy mal estilo- un comentario improcedente, que ha molestado a muchas personas de este país que se sienten y son fieles católicos: se ha permitido decir que “la actuación de la jerarquía provoca en muchos cristianos, entre ellos él, ganas de borrarse” (sic).

Con todos los respetos al señor Blanco, me quedo con las palabras –son como una prolongación de esa fiesta de las familias cristianas en Madrid- con que Benedicto XVI comenzó este año. Entre otras cosas dijo: “Por tanto, quien obstaculiza la institución familiar, aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea frágil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal ‘agencia’ de paz. Éste es un punto que merece una reflexión especial: todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz. (…) Cuando la sociedad y la política no se esfuerzan en ayudar a la familia en estos campos, se privan de un recurso esencial para el servicio de la paz. Concretamente, los medios de comunicación social, por las potencialidades educativas de que disponen, tienen una responsabilidad especial en la promoción del respeto por la familia, en ilustrar sus esperanzas y derechos, en resaltar su belleza.” Espero que Pepiño Blanco no diga que el discurso del Papa es también “una intromisión en la campaña electoral”, etc, etc.

Reproducimos ahora un artículo de Juan Manuel de Prada titulado “Familia y tradición” (ABC, 31-XII-2007) y que se refiere al efecto de esa fiesta de las familias sobre los que se consideran progres... Es interesante leerlo.

Asimismo, aconsejamos la lectura del artículo "Interesante histeria en el gobierno español, y en el partido (Psoe) y el diario (El País) que lo apoya, tras el 'Encuentro de las Familias' " publicado por Juan José García-Noblejas en el blog Scriptor.org y de otro artículo publicado en La Gaceta que lleva por título "La lengua de los socialistas"
.
_____________

FAMILIA Y TRADICIÓN, por Juan Manuel de Prada

La celebración de la fiesta de las familias cristianas les ha dejado el cuerpo a los progres como a la niña de «El exorcista». El progre, que es analfabeto y se vanagloria de serlo, cuando se refiere a la familia le añade desdeñosamente el calificativo de «tradicional»; pero decir «familia tradicional» es como decir «cigüeña ovípara». El progre es ese tío que está dispuesto a defender la existencia de cigüeñas que se reproducen al modo mamífero, o por esporas; y, del mismo modo, pretende vendernos la moto de que existen familias no tradicionales. Al decir «familia tradicional», el progre revela dos rasgos constitutivos de su idiosincrasia: su incultura supina (ignora el muy zoquete que traditio significa «entrega», «transmisión»; y huelga explicar que no puede existir familia si no existe transmisión de vida, afectos y valores) y su odio atávico, inveterado, insomne a la tradición.

Y es que la razón vital del progre no es otra que acabar con la tradición, romper los vínculos que unen a unas generaciones con otras. La tradición es una larga cadena viviente en la que cada generación absorbe el acervo moral y cultural que la precede y lo entrega a la generación siguiente; y en ese proceso de transmisión, que no es inerte ni fosilizado como pretende el progre, cada generación enriquece el legado recibido mediante aportaciones propias. Así ha ocurrido desde que el mundo es mundo, en el arte y en la vida; y la civilización humana ha crecido de este modo, sobre el humus fecundo de los tesoros que las generaciones anteriores se han encargado de preservar y ceder en herencia a quienes venían después. El progre sabe que, mientras esta cadena no se quiebre, no logrará imponer sus designios; de ahí que quiera destruir el mundo heredado de nuestros antepasados y sustituirlo por otro nuevo en el que ya no existan vínculos entre generaciones. Por supuesto, este afán destructivo no es inocente: el progre sabe que el hombre desvinculado deja de ser hombre para degenerar en monicaco; sabe que, desamparado de la tradición, el hombre se convierte en carne de ingeniería social. Por eso, el progre abomina de las fiestas y ritos que nos vinculan al pasado, por eso destierra de sus planes educativos el Latín y lo sustituye por Educación para la Ciudadanía, por eso trata de matar los afectos que sólo en el seno de la familia adquieren sentido. Pero el progre no puede completar su designio destructivo sin ofrecer algo a cambio, una pacotilla que anestesie el desvalimiento humano. Y así, aprovechándose de ese desasosiego que deja en el corazón del hombre la falta de asideros, le vende progreso y modernidad como lenitivos de su terrible desvalimiento; y se los vende a través de la propaganda de los medios de adoctrinamiento de masas, logrando que el hombre alienado de su naturaleza (de la tradición que lo constituye) crea que esos lenitivos son más atractivos, logrando arrasar esa silenciosa y pensativa conversación de generaciones que a lo largo de los siglos había garantizado la transmisión de afectos y valores morales.

El progre sabe que para llevar a cabo su misión necesita destrozar el tejido celular de la sociedad, los vínculos que unos hombres entablan con otros según un impulso cordial y sagrado. También sabe que la primera sociedad natural es la familia: destruida ésta, será mucho más sencillo llevar a cabo sus designios. Y disfruta orgiásticamente contemplando los efectos de su devastadora acción: matrimonios deshechos porque sí a velocidad exprés, hogares desbaratados con el menor pretexto o sin pretexto alguno, hijos desparramados y convertidos en carne de psiquiatra, abortos a mansalva, nuevas fórmulas combinatorias humanas negadas a la transmisión de la vida, etcétera. Cuando, por el contrario, descubre que aún hay familias que se resisten a su ingeniería social; cuando descubre que aún queda gente con sueños comunes, con ideales compartidos, con afectos heredados de sus mayores que se renuevan en sus hijos; cuando descubre la fidelidad y la perseverancia de los buenos en medio de una generación que ya creía pervertida; cuando descubre que, además, toda esa resistencia numantina se funda en Dios... bueno, es natural que se le ponga el cuerpo como a la niña de «El exorcista».

UN NIÑO DE DIEZ AÑOS NO NECESITA UN MÓVIL PARA NADA


Colocar el ordenador con acceso a internet en la sala en vez de en la habitación del hijo, no dar un móvil exclusivo al adolescente, sino tener uno familiar que va cambiando de manos, controlar los videojuegos que entran en casa... Jesús Juan Pardo ha visitado San Sebastián para hablar sobre el ocio actual. Le entrevista Ane Urdangarin, para El Diario Vasco.




TELÉFONOS MÓVILES

- Si tuviese un hijo de diez años, ¿le compraría un teléfono móvil?

- El móvil ha traído consigo muchas comodidades y ventajas, pero vivimos en una sociedad que nos crea nuevas necesidades continuamente. Creo que un niño de 10 años no necesita un móvil para nada.

- ¿Hay una edad idónea?

- Me parece que no es cuestión de edad sino de necesidad. Que los hijos tengan móvil puede ser útil en algunas ocasiones. Por ejemplo, si están fuera y tienen algún problema, el móvil permite que nos localicen con facilidad. Sin embargo, esas ocasiones no son las 24 horas del día. Me parece que sería mejor para los adolescentes no tener un móvil de uso exclusivo, sino familiar, y que sólo tuvieran acceso a él cuando sus padres lo considerasen oportuno. El problema no es tanto el móvil, como la importancia de educar en la moderación. Si a un niño o a un adolescente le das todo lo que pide no le haces más feliz, sino que le haces daño. Luego no podemos extrañarnos de que busquen la felicidad sólo en la posesión de cosas materiales: es lo que han vivido desde pequeños.

- ¿Le suena la frase «todos mis amigos lo tienen»?
- Sí, se repite más que los estribillos de las canciones. Y además, en el caso del móvil es cierto, según todas las estadísticas. Lo que pasa es que no me parece un criterio válido para la educación. Salvando las distancias, la borrachera del fin de semana también es un fenómeno extendido... Es muy bueno acostumbrar a los hijos a ir contracorriente desde pequeños, y que sepan dar razón de su propia conducta. Por otro lado, entiendo que las cosas tienen su momento, y que el móvil, como todo, tiene que llegar. Lo que es válido a los 10 ó 12 años no sirve a los 16 ó 17, cuando los hijos empiezan a tener más autonomía.

- Si los padres deciden dar el paso de 'movilizar' a su hijo, ¿qué tipo de precauciones deberían adoptar?

- Desde el punto de vista educativo es preferible el móvil de contrato al de tarjeta, ya que en el primer caso los padres reciben mensualmente información acerca de las llamadas realizadas, la hora en que se han hecho y a qué números. Tiene el problema de que en alguna ocasión puede llegar a casa una factura desproporcionada, pero me parece que es preferible eso a estar completamente fuera de juego.


VIDEOJUEGOS

- ¿Existen realmente videojuegos educativos?

- Sí, y además hay bastantes, y muy divertidos. Y también dentro de aquellos a los que no se les podría poner la etiqueta de «videojuego educativo» hay muchos que están muy bien. Me resulta mucho más fácil recomendar un videojuego que una serie de televisión con un contenido apropiado desde el punto de vista educativo. El problema es que todavía hay muchos padres que no saben a qué juegan sus hijos, y junto a videojuegos recomendables, hay otros que son una barbaridad. Los videojuegos actuales permiten jugar a casi todo: puedo ser Fernando Alonso o Michael Jordan, o atropellar transeúntes; resolver el problema del hambre en África, o descuartizar transeúntes con una motosierra; salvar la Tierra de una invasión extraterrestre y jugar a ser un superhéroe, o simular relaciones sexuales; construir una ciudad, o abusar de los compañeros de clase. También sirven para aprender idiomas, mejorar la psicomotricidad o el pensamiento estratégico.

- ¿No hay un sistema de calificación que lo advierta?

- La industria del videojuego está haciendo un esfuerzo muy notable en los últimos años con el sistema PEGI. Como todo sistema de calificación, tiene sus deficiencias, porque en el fondo se trata de un código moral de consenso, que no tiene por qué coincidir con el de los padres, y además hay muchas cuestiones que dependen del grado de sensibilidad. A pesar de todo, el código PEGI ya se ha convertido en una primera orientación básica. Aunque la piratería ha disminuido un poco, todavía casi la mitad de los videojuegos que hay en España son piratas, y esto dificulta que los padres puedan situarse con lo que tienen en casa.

- ¿Hay algún método de uso razonable de este tipo de ocio audiovisual?

- Los videojuegos pueden plantear dos problemas educativos: los contenidos inapropiados y la falta de medida en el consumo. Respecto al primer punto, la recomendación es sencilla: los padres tienen que saber a qué juegan sus hijos. Es verdad que no pueden ser unos expertos y conocer todos los videojuegos que hay en el mercado, pero al menos tienen que conocer los que tienen en su casa. Hay padres que no llevarían al cine a sus hijos para ver una película para adultos, y sin embargo tienen en su casa videojuegos con un contenido de violencia extrema o sexo explícito, y no son conscientes de ello. El segundo problema es la falta de medida en el consumo. El contenido puede estar muy bien, pero se puede abusar jugando demasiadas horas seguidas.

- ¿Es cierto que pueden llegar a provocar problemas de adicción?

- En Amsterdam, por ejemplo hay una clínica para adictos a los videojuegos Sin embargo, los casos de adicción patológica son muy excepcionales, si tenemos en cuenta el elevado número de jugadores. Lo que sí es más frecuente es el consumo abusivo. Los videojuegos son muy atractivos, están extraordinariamente bien hechos, y proporcionan diversión inmediata y sin apenas esfuerzo. Con todos estos ingredientes no es de extrañar que uno se ponga frente a la pantalla con la intención de jugar un par de horas y termine haciéndolo durante cuatro o cinco.


INTERNET

-Internet, ¿realmente ayuda a estudiar o supone una 'amenaza' dejar a un menor con conexión en su habitación?

- Según las encuestas que hemos realizado, los padres afirman que el motivo principal por el que internet ha entrado en el cuarto de sus hijos es para facilitarles los trabajos escolares. En cambio, según las encuestas realizadas a sus hijos, vemos que el uso principal que hacen de internet es para chatear, descargar música o películas, o jugar a videojuegos. Es preferible que el ordenador con conexión a internet esté en la sala de estar o en un lugar común, mejor que en el cuarto de los hijos. Esto es sentido común y conocimiento del medio, no desconfianza. Algunas veces nos referimos a los contenidos de internet como «el mundo virtual», como si no formara parte de nuestro propio mundo, y no es así. Los peligros con los que un menor se puede encontrar -al igual que todas las cosas positivas que hay en la red- son reales, no virtuales.

- Entonces, ¿es preferible no tener Internet en casa?

- En ocasiones algunos padres me suelen comentar esto mismo: «Pues no tengo internet, y así me evito un problema». Me parece que es un error. Internet tiene unas posibilidades fantásticas y es una herramienta que los hijos tendrán que utilizar tarde o temprano. Lo más razonable es que aprendan a navegar en casa, y con la mediación educativa de sus padres.

- ¿Está a favor o en contra de que los padres 'fisgoneen' en el ordenador de sus hijos para comprobar en qué tipo de chats o foros participan?

- El papel de los padres debe ser el de educar, no el de fisgar, pero a nadie le resulta extraño que los padres quieran conocer a los amigos de sus hijos, y esto se aplica también a internet. Para educar en la libertad es imprescindible tener la fortaleza de poner barreras. Internet pone al alcance de un click todo lo bueno y lo malo que hay en el mundo, y en el caso de un menor, todavía no tiene la madurez suficiente para decidir lo que quiera. Siempre recomiendo que tener instalado un filtro de contenidos. Si los padres quieren echar un vistazo de vez en cuando al historial de navegación, están en su derecho. Además, creo que es muy bueno avisar a los hijos de que lo harán -lo cumplan o no-, porque esto puede evitar más de un problema.

-¿Messenger sí o no?

- Depende de con quién, durante cuanto tiempo o a qué horas. En uno de los colegios donde realizamos encuestas, el consumo medio en quinto de Primaria (10 años) era de 11 horas semanales. Me parece completamente desproporcionado. Por otro lado, en la mayor parte de los chats lo primero que te piden es tu dirección messenger, y desde luego no es lo mismo chatear con un familiar o con un amigo que con un desconocido.

- Parece que las nuevas tecnologías son a menudo una fuente de problemas

- Las posibilidades positivas que ofrecen son fantásticas, y aunque es cierto que plantean algunos problemas, creo que el balance global es muy positivo.

domingo, 4 de noviembre de 2007

"Decidir en conciencia"


por Alfonso Aguiló


Jean Bernard es un sacerdote luxemburgués de treinta y cinco años, cautivo en el campo de concentración de Dachau. Lleva diez meses en el “Pfarrerblock”, un pabellón en el que están prisioneros 2771 sacerdotes y religiosos de toda Europa.

Un día de febrero de 1942, Jean Bernard es liberado y devuelto a su Luxemburgo natal. No se le dan explicaciones hasta que ya está allí. En realidad, aquello son sólo nueve días de libertad para que visite a su Obispo y le convenza para que haga una declaración de apoyo a Hitler, con objeto de intentar romper así la total resistencia del clero católico local. A cambio, las autoridades alemanas le ofrecen respetar su vida, la de su familia y la de los demás clérigos prisioneros. Si huye, o si el objetivo no se logra, los veinte sacerdotes luxemburgueses de Dachau serán ejecutados.

El terrible dilema moral planteado a este sacerdote, todavía joven pero con un notable prestigio en su tierra, es un hecho totalmente real y que él mismo describió en unos recuerdos que, a modo de diario, publicó al terminar la Segunda Guerra Mundial. El libro, titulado "Pfarrerblock 25487", en referencia a su número de recluso, está escrito con sobriedad, sin ningún patetismo, con una cierta distancia respecto a su propio sufrimiento. Habla de manera rigurosa y precisa, como si estuviera describiendo un paisaje, sin pretender convertirlo en literatura.

Un terrible compromiso

Esta dolorosa y lacerante vivencia de Jean Bernard protagoniza la película “El Noveno día”, del director alemán Volker Schlöndorff. El momento central del drama de aquel hombre es cuando le dicen que es libre, porque entonces se da cuenta de que es él quien tiene que decidir entre la vida y la muerte. Hasta entonces eran los jefes del campo de concentración los que decidían si vivía o moría, y de repente esa decisión se encuentra en sus propias manos.

Entre múltiples presiones

Antes sufría las brutalidades de Dachau, pero ahora sufre otra tortura mayor, pues han dejado en sus manos la vida del resto de sacerdotes detenidos. Como prisionero, bastaba con que obedeciese las órdenes de sus vigilantes, pero ahora, su libertad es una pesada losa sobre su conciencia. Un oficial de la Gestapo le presiona con su plan maquiavélico, y los encuentros entre ambos se convierten en un auténtico duelo dialéctico entre dos mundos dispares e irreconciliables.

Bernard sabe que no debe ceder a aquel chantaje, pero sufre enormemente al pensar en las consecuencias. Lo sufre con un heroísmo en soledad, porque va quedándose cada vez más solo ante su conciencia. Recibe presiones del oficial de la Gestapo, de un antiguo teólogo que le enreda con razones ideológicas, del vicario del obispo que pretende salvar a los condenados mediante la postura pro-nazi, y la de su propia familia que le aconseja la huída al extranjero o la simple claudicación, incapaz de comprender el martirio moral que está sufriendo. Cualquiera de las salidas que se le plantean, supone una tragedia. La película es un homenaje a todos esos héroes desconocidos que se enfrentaron a terribles situaciones de conciencia. Sale a relucir, por ejemplo, cómo una pastoral del obispo de Utrecht contra Hitler propició la deportación y muerte de 40.000 católicos holandeses, hecho que explica el prudente silencio por el que tuvo que optar Pío XII en algunas ocasiones, aunque algunos lo hayan considerado después como muestra de debilidad o de apoyo al régimen.

La propia conciencia

El sacerdote aparece con sus imperfecciones y sus dudas, con silencios que pueden ser entendidos como ambigüedad, pero también con la entereza y honestidad de quien actúa en conciencia. Él, como miles de personas, de entonces o de ahora, se comportó de modo heroico para decidirse por la mejor de las opciones posibles. Jean Bernard plantó cara al miedo y a la muerte, y volvió a Dachau. En el Pfarrerblock murieron más de mil quinientos sacerdotes católicos.

Las decisiones importantes tomadas en conciencia no suelen ser fáciles. Todos somos tentados por la salida cómoda. Todos tememos las consecuencias desagradables de actuar con honestidad. A todos nos asusta la coacción de quienes procuran forzarnos a una decisión a su interés. Son dilemas y decisiones que todos afrontamos casi siempre en soledad, ante el tribunal de nuestra propia conciencia. Y todos sentimos también, como Jean Bernard, el peso de la propia cobardía, de la propia debilidad, del dolor de las consecuencias no queridas de nuestro obrar bien. Pero sabemos también que la honestidad de nuestra conciencia debe estar por encima de todo eso, por mucho que cueste.

lunes, 29 de octubre de 2007

Llamamiento de Benedicto XVI a redescubrir la ley natural


Discurso que dirigió Benedicto XVI a los miembros de la Comisión Teológica Internacional



Señor cardenal,venerados hermanos en el episcopado,ilustres profesores y queridos colaboradores:


Con mucha alegría os acojo al final de las sesiones de trabajo de vuestra sesión plenaria anual. Ante todo deseo expresar mi profundo agradecimiento por las palabras que me ha dirigido, en nombre de todos, usted, señor cardenal, como presidente de la Comisión Teológica Internacional, en su discurso de saludo.
El trabajo de este último «quinquenio» de la Comisión Teológica Internacional, como usted ha recordado, señor cardenal, ya ha dado un fruto concreto con la publicación del documento «La esperanza de la salvación para los niños que mueren sin Bautismo». En él se afronta este argumento en el contexto de la voluntad savífica universal de Dios, de la universalidad de la mediación única de Cristo, del primado de la gracia divina y de la sacramentalidad de la Iglesia. Confío en que este documento constituya un punto de referencia útil para los pastores de la Iglesia y para los teólogos, y también una a! yuda y un manantial de consuelo para los fieles que han sufrido en sus familias la muerte inesperada de un niño antes de que recibiera el baño de regeneración. Vuestras reflexiones pueden ser también la oportunidad para profundizar e investigar ulteriormente en el argumento. Es necesario, de hecho, penetrar cada vez más a fondo en la comprensión de las diferentes manifestaciones del amor de Dios a todos los hombres, que se nos ha revelado en Cristo, especialmente a los más pequeños y a los más pobres.
Os felicito por los resultados ya alcanzados y al mismo tiempo os aliento a continuar con empeño con el estudio de otros temas propuestos para este quinquenio sobre los cuales ya habéis trabajado en los años pasados y en esta sesión plenaria. Son, como usted señor cardenal ha recordado, los fundamentos de la ley moral natural y los principios de la teología y de su método.
Con motivo de la audiencia del 1 de diciembre de 2005 presenté algunas líneas fundamentales del trabajo que el teólogo tiene que desempeñar en comunión con la voz viva de la Iglesia, bajo la guía del Magisterio.
Quisiera detenerme en particular ahora sobre el tema de la ley moral natural. Como probablemente es sabido, por invitación de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se han celebrado o se están organizado, por parte de varios centros universitarios y asociaciones, simposios o jornadas de estudio con el objetivo de encontrar líneas y convergencias útiles para profundizar constructiva y eficazmente en la doctrina sobre la ley moral natural.
Esta invitación ha encontrado hasta ahora una acogida positiva y un gran eco. Y, por tanto, se espera con mucho interés la contribución de la Comisión Teológica Interna! cional, orientada sobre todo a justificar e ilustrar los fundamentos de una ética universal, perteneciente al gran patrimonio de la sabiduría humana, que en cierto sentido constituye una participación de la criatura racional en la ley eterna de Dios.
No se trata, por tanto, de un tema de carácter exclusivamente o sobre todo «confesional», aunque la doctrina sobre la ley moral natural se ilumine y desarrolle en plenitud a la luz de la Revelación cristiana y de la realización del hombre en el misterio de Cristo.
El Catecismo de la Iglesia Católica resume bien el contenido central de la doctrina sobre la ley natural, revelando que indica «los preceptos primeros y esenciales que rigen la vida moral. Tiene por raíz la aspiración y la sumisión a Dios, fuente y juez de todo bien, así como el sentido del prójimo en cuanto igual a sí mismo. Está expuesta! , en sus principales preceptos, en el Decálogo. Esta ley se llama natural no por referencia a la naturaleza de los seres irracionales, sino porque la razón que la proclama pertenece propiamente a la naturaleza humana» (número 1955).
Con esta doctrina se logran dos objetivos esenciales: por una parte, se comprende que el contenido ético de la fe cristiana no constituye una imposición dictada desde el exterior a la conciencia del hombre, sino una norma que tiene su fundamento en la misma naturaleza humana; por otra, partiendo de la ley natural que puede ser comprendida por toda criatura racional se ponen los fundamentos para entablar el diálogo con todos los hombres de buena voluntad y, más en general, con la sociedad civil y secular.
Precisamente a causa de la influencia de factores de orden cultural e ideológico la sociedad civil y secular se encuentra hoy en una situación de pérdida y ! de confusión: se ha perdido la evidencia originaria de los fundamentos del ser humano y de su actuar ético, de modo que la doctrina de la ley moral natural se enfrenta con otras concepciones que constituyen su negación directa.
Todo esto tiene enormes y graves consecuencias para el orden civil y social. En muchos pensadores parece dominar hoy una concepción positivista del derecho. Según ellos, la humanidad, o la sociedad, o de hecho la mayoría de los ciudadanos se convierte en la fuente última de la ley civil. El problema que se plantea no es por tanto la búsqueda del bien, sino la del poder, o más bien, la del equilibrio de poderes. En la raíz de esta tendencia se encuentra el relativismo ético, en el que algunos ven incluso una de las condiciones principales de la democracia, pues el relativismo garantizaría la tolerancia y el respeto recíproco de las personas. Pero si fuera así, la mayoría de un momento se convertiría en la última fuente del derecho. La historia demuestra con gran claridad que las mayorías pueden equivocarse. La verdadera racionalidad no queda garantizada por el consenso de una mayoría, sino sólo por la transparencia de la razón humana ante la Razón creadora y por la escucha de esta Fuente de nuestra racionalidad.
Cuando están en juego las exigencias fundamentales de la dignidad de la persona humana, de su vida, de la institución familiar, de la justicia del ordenamiento social, es decir, los derechos fundamentales del hombre, ninguna ley hecha por los hombres puede trastocar la norma escrita por el Creador en el corazón del hombre, sin que la sociedad quede golpeada dramáticamente en lo que constituye su fundamento irrenunciable. La ley natural se convierte de este modo en garantía ofrecida a cada quien para vivir libr! emente y ser respetado en su dignidad, quedando al reparo de toda manipulación ideológica y de todo arbitrio o abuso del más fuerte.
Nadie puede sustraerse a esta exigencia. Si por un trágico oscurecimiento de la conciencia colectiva el escepticismo y el relativismo ético llegaran a cancelar los principios fundamentales de la ley moral natural, el mismo ordenamiento democrático quedaría radicalmente herido en sus fundamentos. Contra este oscurecimiento, que es la crisis de la civilización humana, antes incluso que cristiana, es necesario movilizar a todas las conciencias de los hombres de buena voluntad, laicos o pertenecientes a religiones diferentes al cristianismo, para que juntos y de manera concreta se comprometan a crear, en la cultura y en la sociedad civil y política, las condiciones necesarias para una plena conciencia del valor innegable de la ley moral natural. Del respeto de ésta depende de ! hecho el avance de los individuos y de la sociedad en el camino del auténtico progreso, en conformidad con la recta razón, que es participación en la Razón eterna de Dios.
Con reconocimiento os expreso a todos vosotros aprecio por la entrega que os caracteriza y estima por el trabajo que estáis desarrollando. Con mis mejores deseos para vuestros compromisos, os imparto con afecto mi bendición.

Nadie puede llamar bien al mal.

La Iglesia recuerda, con la luz de Dios, que el hombre puede reconocer verdaderamente el bien y el mal. Nunca puede llamar bien al mal, si n...