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miércoles, 27 de junio de 2007

EL PECADO ORIGINAL DE LA EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA


En una democracia verdadera, es razonable y muestra de salud ciudadana que haya sectores de la sociedad —a veces, sectores mayoritarios— que disientan activamente de algunas pretensiones del gobierno.

Así ocurre ahora en España. Se aprecia un creciente rechazo contra el proyecto del gobierno Zapatero para imponer a nuestros hijos una pretendida "Educación para la ciudadanía" cuyo contenido huele muy mal, aunque, como en el chiste, a algunos parece que les gusta el olor a huevos podridos.

Dice Ignacio Carbajosa en paginasdigital.es: “La asignatura ‘Educación para la ciudadanía’ se presenta como una materia ‘neutral’, que respeta las opiniones de los alumnos y fomenta un mínimo común ético aceptable por todos. (…) La idea de neutralidad es, en el mejor de los casos, claramente ingenua. En realidad detrás de ella se esconde el deseo de generar una nueva mentalidad que, más que neutral, es unificadora. Se entiende así que Gregorio Peces-Barba, poco después de la llegada al poder de los socialistas, afirmara, en referencia a la asignatura de ‘Educación para la ciudadanía’, que ‘sólo con ser capaz de poner en marcha esta iniciativa el Gobierno habría justificado la legislatura’ [Cf. ‘La educación en valores, una asignatura imprescindible’, El País, 22 noviembre 2004]” .

Aparentemente, el gobierno pretende seguir las directrices del Consejo de Europa, en el sentido de dar prioridad en la política educativa a una educación para la ciudadanía democrática. Pero eso sólo es una apariencia, porque hay una distinción esencial en el contenido.

Lo que preocupa al Consejo de Europa es la apatía política de los ciudadanos y su desconfianza de los gobernantes. Nada hace referencia a fundamentos éticos, ni el mundo afectivo-emocional aparece mencionado entre los objetivos de la educación para la ciudadanía.

En cambio, la educación para la ciudadanía que pretende el ejecutivo socialista español entra indebidamente en cuestiones de muy hondo calado moral. Entre otros: profundizar “en los principios de la ética personal y social”, ”construirse una conciencia moral y cívica acorde con las sociedades democráticas”, etc. ¿Quién es el Gobierno para expropiar y sustituir a los padres en su derecho fundamental a decidir con qué criterios morales desean formar a sus propios hijos?.

Como es natural, la ética que se enseña en esa asignatura es la del relativismo moral: es decir, nada tiene que ver con el esfuerzo por delimitar y distinguir lo bueno y lo malo; es la política de la tolerancia indiferenciada tanto hacia el bien como hacia el mal; es la política de la confusión entre el positivismo jurídico y la ética, especialmente en temas trascendentales como el derecho a la vida o el matrimonio.

“¡Son leyes!: ¡que cumplan las leyes, como todos!” Así, más o menos, se le veía gesticular y gritar en un telediario, de modo muy desagradable, a la Vicepresidenta Fernández de la Vega. Y claro, como la ley la aprueba y la cambia el poder, si la ética es la ley, la ética será lo que diga el poder en cada momento.

La ideología de género está presente una y otra vez en la Educación para la Ciudadanía, con su fraseología y parafernalia específica: “orientación afectivo-sexual”, “diversidad afectivo-sexual”, “homofobia”, etc. Y lo referente a la “identidad sexual”: como se sabe, para la ideología de género, ‘hombre’ y ‘mujer’ no son realidades naturales sino construcciones culturales”; “no existen dos sexos naturales sino distintas orientaciones afectivo-sexuales”, de idéntico valor; los “tipos de familia”, los “roles de padre y madre” en los casos de uniones homosexuales con criaturas a su cargo, etc.

De todo esto habla el Prof. Jorge Otaduy en un artículo titulado 'El pecado original de la educación para la ciudadanía', que fue publicado hace pocos días en ABC (20-VI-2007) y que reproducimos a continuación.]









por Jorge Otaduy, profesor de Derecho Canónico de la Universidad de Navarra




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La democracia requiere un cierto grado de consenso en torno a los valores básicos -libertad, pluralismo, derechos humanos, imperio de la ley...- que garantice la subsistencia del modelo. ¿A quién puede extrañar que el sistema educativo contribuya a sostener tan noble causa? Convendría insistir aún más en la conveniencia de que la educación para la ciudadanía democrática fuera objeto de cualquier actividad educativa, formal y no formal, desarrollada por todos los agentes sociales, no sólo en el sector público.

Los decretos de enseñanzas mínimas han establecido ya los contenidos de la nueva asignatura. Se dice, y con razón, que se han rebajado las referencias más chirriantes a cuestiones con implicaciones morales inmediatas, como los tipos de familia, la dimensión humana de la sexualidad, la valoración crítica de la división social y sexual del trabajo y de los prejuicios sexistas.

LA supuesta flexibilidad ministerial, con todo, no ha conseguido poner punto final al debate; los contenidos siguen siendo más que discutibles, porque adolecen de una carga ética, apenas disimulada, relativa a conductas personales no implicadas directamente en la construcción de una sociedad democrática. Se percibe, en concreto, una particular fijación en lo referente a la educación afectivo-emocional, que impregna gran parte de los contenidos de la disciplina. No existe ningún recato, asimismo, a la hora de abordar los fundamentos ético-morales de las instituciones -como el sistema democrático, las organizaciones internacionales- o de las materias objeto de estudio -como los derechos humanos-, aun cuando la referencia a tales presupuestos obliga inevitablemente a la expresión de particulares concepciones ideológicas. Con ocasión del estudio de los problemas sociales se propone el recurso al método de análisis de los dilemas morales generados en el mundo actual. Si fuera una materia de libre elección resultaría digerible, pero una asignatura obligatoria con tan insoslayables contenidos morales será en la práctica difícilmente compatible con el respeto a las convicciones de padres y alumnos.

Me parece injusto tachar de pusilánimes, alarmistas o de paradójicos colectivos anti-sistema a quienes alzan su voz manifestando la considerable incomodidad que les produce la perspectiva de la nueva asignatura. ¿Sobre qué fundamentos se harán descansar los valores constitucionales objeto de ilustración? ¿Cuál será el enfoque con el que los grandes dilemas éticos serán afrontados? ¿Qué tipo de educación afectivo-emocional inspirará la tarea formativa? ¿Qué idea de libertad subyace en los programas? No es fácil quitarse de la cabeza que el Gobierno que ha pergeñado la disciplina es el impulsor de una legislación social -aprobada por mayorías parlamentarias a veces exiguas- que ha arrollado sin grandes miramientos convicciones y sensibilidades de millones de ciudadanos, en materias como el matrimonio o la protección de la vida humana. La particular interpretación -indudablemente ético-moral- de los principios de la Constitución que han dado curso legal a tales reformas no pueden monopolizar el panorama social ni presentarse de modo autoritario a través del sistema educativo oficial, como es inevitable que suceda en el marco de la educación ciudadana que se propone.

El Gobierno pretende jugar la carta europea. El Consejo de Europa aprobó en 2002 una recomendación según la cual la educación para la ciudadanía democrática debe ocupar un lugar prioritario en la reforma y ejecución de las políticas educativas. La lectura del documento europeo permite calibrar la notable diferencia de fondo y de forma respecto de los textos españoles. Lo que preocupa al Consejo de Europa es la apatía política y civil y la falta de confianza en las instituciones democráticas, la corrupción, el racismo, la xenofobia, el nacionalismo violento, la intolerancia ante las minorías, la discriminación y la exclusión social, elementos que representan todos ellos una importante amenaza a la seguridad, estabilidad y crecimiento de las sociedades democráticas. Las referencias a fundamentos ético-morales brillan por su ausencia y el mundo afectivo-emocional no aparece mencionado entre los objetivos de la educación para la ciudadanía democrática. Por otra parte, no parece que la responsabilidad de transmisión de las mencionadas competencias a los ciudadanos haya de reposar, poco menos que en exclusiva, sobre el sistema educativo. La educación para la ciudadanía democrática es tarea de toda la sociedad y en especial, precisa el Consejo de Europa, de la familia. La búsqueda del pasaje paralelo en los textos españoles resulta infructuosa.

EL maquillaje de última hora ha disimulado los defectos más vistosos, pero no ha transformado la naturaleza de la disciplina. La actual educación para la ciudadanía no puede ocultar que es hija de un poder adornado con ribetes de laicismo, que tiende a una interpretación exclusivista y autoritaria del «mínimo común ético constitucionalmente consagrado», en lugar de reconocer los derechos de libertad ideológica y religiosa de las personas y favorecer su libre ejercicio. No es inocente que la propia LOE advierta que los contenidos de la asignatura no pueden considerarse sustitutorios de la enseñanza religiosa. El legislador respira por la herida; parece comprender que una lectura sin prejuicios puede razonablemente conducir a la conclusión de que el sentido de la educación para la ciudadanía es contribuir a establecer, con patrocinio estatal, un código ético alternativo o a crear una nueva conciencia social, mejor acomodada a la realidad legal).

La educación para la ciudadanía es una hermosa criatura, pero, en España, ha venido al mundo con pecado original.

viernes, 22 de junio de 2007

Contra la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea

Para entender
De lo que se está discutiendo

Los jefes de estado y de gobierno de los 27 estados miembro de la UE intentan relanzar el rechazado “Tratado sobre una constitución para Europa” en la Cumbre del 21 y 22 de junio de 2007.

Desde el 7 de junio de 2007 el Parlamento Europeo ha reforzado la presión política en favor de un nuevo tratado sobre la constitución de la UE y una resolución sobre la hoja de ruta para el proceso constitucional de la UE (2007/2087(INI)). En él, el Parlamento Europeo refuerza su compromiso para una solución para el actual proceso de conformación de la constitución de la Unión Europea, ¡en base al contenido del tratado constitucional rechazado, “ dado el caso bajo una presentación distinta ”! En definitiva esto significa: aun cuando el tratado constitucional de la UE ha sido rechazado por los ciudadanos según la reglamentación vigente, ¡se les quiere vender ahora el mismo contenido dentro de un paquete diferente!

¡La Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea no puede tornarse vinculante!

¡El Parlamento Europeo insiste en tornar vinculante la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE! (§ 9 y 11 de la resolución).

A pesar del riesgo evidente de introducir un “doble estándar” en la protección de los derechos fundamentales en Europa, la Unión Europea instaló el 1º de enero de 2007 la Agencia Europea para los Derechos Fundamentales en Viena, cuyo precio deberán pagar los contribuyentes. Presupuesto anual: ¡100 millones de euros! Para comparar: el único guardián de los derechos fundamentales en Europa, el Consejo de Europa en Estrasburgo, con su Convención Europea de los Derechos Humanos y la Corte de Justicia Europea de los Derechos Humanos, funciona con un presupuesto anual de 44 millones de euros.

El fundamento legal de la Agencia Europea para los Derechos Fundamentales es la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea – ¡un compromiso político negociado entre cabilderos de intereses particulares! ¡No es de extrañar que la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE no defienda la familia fundada en el matrimonio entre varón y mujer, que ignore la protección del derecho a la vida y que solo prohíba la clonación “reproductiva” pero no la clonación “terapéutica”! Si la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE es introducida en la legislación de la comunidad, este compromiso político primaría sobre todas las normas de protección de los derechos fundamentales en las constituciones nacionales. Y entonces la cuestión de los derechos fundamentales en la UE sería decidida por la Corte de Justicia Europea en Luxemburgo, que interpreta el Derecho europeo bajo el único criterio del Mercado Común.

Un partido pedófilo: apoyo a través de la Carta vinculante de los Derechos Fundamentales de la UE

El partido holandés “Amor al prójimo, libertad y diversidad” (NVD), la Asociación Internacional de Homosexuales y Lesbianas (ILGA) y algunos de sus afiliados nacionales en Europa, así como organizaciones de amigos de niños varones en los estados miembro de la UE se preocupan, independientemente unos de otros y cada uno a su manera, por la reducción del límite de edad para las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo.


El antedicho partido NVD, que fue aceptado en La Haya como conforme a la constitución, califica la pedofilia/pedastría como “una forma de orientación sexual entre otras”. Para legitimar sus demandas, estas organizaciones también invocan la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Por lo tanto crece en la opinión pública la impresión de que la interacción de distintos artículos de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea podría impedir a las instituciones de la Unión Europea, así como a los gobiernos de los estados miembro, proceder contra la pedofilia/pedastría con todos los medios a su alcance.

Contexto institucional

El “Tratado sobre la Constitución para Europa” es un tratado de Derecho internacional. Bajo las reglas vigentes del Derecho internacional, un tratado internacional caduca cuando un único estado firmante no ratifica el tratado.

Éste fue el caso de la anterior “Constitución de la UE”. Los ciudadanos de Holanda y de Francia se han pronunciado claramente, en un referéndum, contra el Tratado de la Constitución de la UE. Otros estados miembro de la UE no han ni siquiera comenzado con la ratificación (Polonia, República Checa, Gran Bretaña). Los estados miembros de Europa Central y Oriental, antiguamente estados del pacto de Varsovia, se han visto obligados, con medios políticos, a ratificar el tratado, para que no les suspendieran los medios de ayuda (fondos de estructura de la UE, fondos regionales para la expansión del este).

La Carta de los Derechos Fundamentales de la UE fue un componente del rechazado Tratado sobre una Constitución para Europa. Una vez rechazado, no puede ser asumido en el nuevo Tratado de la UE sin una modificación esencial.

Es por eso que los responsables políticos denominan cautelosamente la Carta de los Derechos Fundamentales, “Segundo Capítulo del Tratado de la UE”.

Te aconsejo que escribas un correo o carta personal a Frau Dr. Angela Merkel, Presidenta del Consejo de Europa
Platz der Republik 1
Paul-Löbe-Haus (Zi.: 3.441)
D-11011 Berlin
Tel.: 030 - 227 - 78032
Fax: 030 - 227 - 76533
E-Mail : angela.merkel@bundestag.de

martes, 12 de junio de 2007

¿Queréis tener unas vacaciones insoportables?


Este artículo sorprendente es de un buen amigo mío, Enrique Monasterio (Peque). Lo escribió hace tiempo, y como dice él mismo, lo ha sacado del congelador y lo vuelve a servir con algunos retoques.
¿Queréis tener unas vacaciones insoportables?: seguid estos sabios consejos. Vamos allá.


1. Haz como las grullas. Únete a la bandada migratoria más numerosa que encuentres, y huye de todo, menos de la multitud. Haz siempre lo que haga la mayoría, que la mayoría no se equivoca jamás. No renuncies al placer de las aglomeraciones ni de los atascos. ¿Por qué vas a privarte del entrañable tufillo del metro?

2. Sé fuerte. Que nadie te aparte de tu firme propósito de no pegar golpe hasta septiembre. Sigue el ejemplo del gran podargo australiano, el ave más perezosa del planeta, que no se mueve ni para comer: se limita a tumbarse sobre una rama, abre su inmensa boca, y se deja alimentar por los insectos suicidas, que entran hasta su estómago para echar una ojeada. Haz tú lo mismo: toma tu bolsa de patatas y mimetízate en la arena.

3. Aíslate. Nada como una buena multitud para lograrlo sin esfuerzo. Tápate los oídos con el ipod y masajéate los tímpanos con el estruendo de la música a tope. Y no te olvides del móvil ni de la play station.

4. No leas nada. No aprendas nada. Deja tu cerebro en reposo letárgico durante todo el verano. Con un poco de suerte, en septiembre padecerá una atrofia total e irreversible.

5. Acapara el mayor número de deuvedés: menos de doscientos sería peligroso; podrías caer en la perniciosa tentación de hacer deporte, o, lo que es peor, de leer un libro.

6. Acuéstate con la tele. La función “timer” es muy útil para que ella se apague cuando hayas empezado a roncar. Procura que tu último pensamiento esté en sintonía con “Salsa rosa” o con algún otro programa cultural semejante. Si no tienes tele en tu cuarto, ¿al menos tendrás una radio, digo yo?

7. Despiértate tarde por las mañanas. Piensa que, cuanto más duermas, más corto te parecerá el tormento de las vacaciones. Lo ideal sería que permanecieras en estado de duerme-vela todo el verano; pero, como no es posible, levántate despacito; no corras riesgos, que el infarto acecha donde menos se espera.

8. A la playa no vayas a bañarte, ni mucho menos a nadar, sino a freírte en aceite bronceador. Es doloroso —los antiguos ascetas del desierto no soportaban penitencias tan duras—; pero todo sea por el pellejo.

9. Al anochecer, imita de nuevo a los podargos, que, como bien saben los ornitólogos, entran en acción a esas horas: devoran toda clase de larvas e insectos, y terminan su jornada entre gritos lastimeros. Según los nativos, esos gemidos anuncian catástrofes, pero más bien parecen producto de la mala digestión.

10. No te olvides de aprovechar el verano para cotillear con todo el mundo. Nada te amargará tanto la existencia como descargar un poquito de veneno sobre tus enemigos/as íntimos/as. Y no pienses que el cotilleo es cosa de mujeres. Estamos en una sociedad igualitaria. Todos tenemos derecho a la libertad de expresión.

11. Asegúrate de que el tu lugar de veraneo hay ADSL y puedes conectarte a Internet sin problemas. En caso contrario, cambia de pueblo. Lo importante es que chatees un mínimo de dos horas diarias con todos los chateadores de tu chat. Déjate atrapar por la red como una sardina. Navega sin freno: conocerás un mundo virtual sin salir de la pantalla del ordenador. Al final del verano tendrás los dedos atrofiados, la sesera averiada y el portátil lleno de virus.

12. En resumen: no niegues nada a tus sentidos, ni concedas nada a tu inteligencia. Que la nevera sea tu amiga inseparable; la televisión, tu alimento y tu punto de mira; los videojuegos tu única escapada... Y los demás -la familia, los amigos-, meros puntos de referencia, objetos para usar y tirar.

13. ¿Y Dios?... Lo siento: no soy capaz de llevar la ironía hasta sus últimas consecuencias. Ni en broma puedo aconsejarte que pongas a Dios en naftalina y lo guardes con la ropa de invierno. Pero si, de verdad, quisieras pasar las más tristes vacaciones de tu vida, bastaría con seguir el ejemplo de tantos miles de personas que, en estas fechas, huyen descaradamente de Dios. Se parecen a esos otros que, de vez en cuando, escapan de lo que en teoría más quieren -de su mujer, de sus hijos-, en busca de un "desahogo", de un descanso.

A éstos, y a los que piensan que el verano puede ser un paréntesis en su fe, habría que recordarles que, quien necesite descansar de sus amores, es que no sabe amar. El amor es el mejor descanso para alma y para el cuerpo. Y Jesucristo quiere encontrarse con nosotros, también en la playa, donde ya tomó pescado a la brasa con sus discípulos, o en la montaña, donde organizó una tarde la gran merienda de los panes y los peces.

sábado, 5 de mayo de 2007

LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN EN LOS PRIMEROS CRISTIANOS


La Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios desde los albores del cristianismo.


Como han puesto en evidencia los estudios mariológicos recientes, la Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios y Madre nuestra desde los albores del cristianismo.

En los tres primeros siglos la veneración a María está incluida fundamentalmente dentro del culto a su Hijo. Un Padre de la Iglesia resume el sentir de este primigenio culto mariano refiriéndose a María con estas palabras: "Los profetas te anunciaron y los apóstoles te celebraron con las más altas alabanzas".

De estos primeros siglos sólo pueden recogerse testimonios indirectos del culto mariano. Entre ellos se encuentran algunos restos arqueológicos en las catacumbas, que demuestran el culto y la veneración, que los primeros cristianos tuvieron por María. Tal es el caso de las pinturas marianas de las catacumbas de Priscila: en una de ellas se muestra a la Virgen nimbada con el Niño al pecho y un profeta (quizá Isaías) a un lado; las otras dos representan la Anunciación y la Epifanía. Todas ellas son de finales del siglo II. En las catacumbas de San Pedro y San Marceliano se admira también una pintura del siglo III/IV que representa a María en medio de S. Pedro y S. Pablo, con las manos extendidas y orando.

Una magnífica muestra del culto mariano es la oración "Sub tuum praesidium" (Bajo tu amparo nos acogemos) que se remonta al siglo III-IV, en la que se acude a la intercesión a María.

Los Padres del siglo IV alaban de muchas y diversas maneras a la Madre de Dios. San Epifanio, combatiendo el error de una secta de Arabia que tributaba culto de latría a María, después de rechazar tal culto, escribe: "¡Sea honrada María! !Sea adorado el Señor! La misma distinción se aprecia en San Ambrosio quien tras alabar a la " Madre de todas las vírgenes" es claro y rotundo, a la vez, cuando dice que "María es templo de Dios y no es el Dios del templo", para poner en su justa medida el culto mariano, distinguiéndolo del profesado a Dios.


Hay constancia de que en tiempo del papa San Silvestre, en los Foros, donde se había levantado anteriormente un templo a Vesta, se construyó uno cuya advocación era Santa María de la Antigua. Igualmente el obispo Alejandro de Alejandría consagró una Iglesia en honor de la Madre de Dios. Se sabe, además, que en la iglesia de la Natividad en Palestina, que se remonta a la época de Constantino, junto al culto al Señor, se honraba a María recordando la milagrosa concepción de Cristo.

En la liturgia eucarística hay datos fidedignos mostrando que la mención venerativa de María en la plegaria eucarística se remonta al año 225 y que en las fiestas del Señor –Encarnación, Natividad, Epifanía, etc.– se honraba también a su Madre. Suele señalarse que hacia el año 380 se instituyó la primera festividad mariana, denominada indistintamente "Memoria de la Madre de Dios", "Fiesta de la Santísima Virgen", o "Fiesta de la gloriosa Madre".

El testimonio de los padres de la Iglesia

El primer Padre de la Iglesia que escribe sobre María es San Ignacio de Antioquía (+ c. 110), quien contra los docetas, defiende la realidad humana de Cristo al afirmar que pertenece a la estirpe de David, por nacer verdaderamente de María Virgen. Fue concebido y engendrado por Santa María; esta concepción fue virginal, y esta virginidad pertenece a uno de esos misterios ocultos en el silencio de Dios.

En San Justino (+ c. 167) la reflexión mariana aparece remitida a Gen 3, 15 y ligada al paralelismo antitético de Eva-María. En el Diálogo con Trifón, Justino insiste en la verdad de la naturaleza humana de Cristo y, en consecuencia, en la realidad de la maternidad de Santa María sobre Jesús y, al igual que San Ignacio de Antioquía, recalca la verdad de la concepción virginal, e incorpora el paralelismo Eva-María a su argumentación teológica. Se trata de un paralelismo que servirá de hilo conductor a la más rica y constante teología mariana de los Padres.

San Ireneo de Lyon (+ c. 202), en un ambiente polémico contra los gnósticos y docetas, insiste en la realidad corporal de Cristo, y en la verdad de su generación en las entrañas de María. Hace, además, de la maternidad divina una de las bases de su cristología: es la naturaleza humana asumida por el Hijo de Dios en el seno de María la que hace posible que la muerte redentora de Jesús alcance a todo el género humano. Destaca también el papel maternal de Santa María en su relación con el nuevo Adán, y en su cooperación con el Redentor.

En el Norte de África Tertuliano (+ c. 222), en su controversia con el gnóstico Marción, afirma que María es Madre de Cristo porque ha sido engendrado en su seno virginal.

En el siglo III se comienza a utilizar el título Theotókos (Madre de Dios). Orígenes (+ c. 254) es el primer testigo conocido de este título. En forma de súplica aparece por primera vez en la oración Sub tuum praesidium, que –como hemos dicho anteriormente– es la plegaria mariana más antigua conocida. Ya en el siglo IV el mismo título se utiliza en la profesión de fe de Alejandro de Alejandría contra Arrio. A partir de aquí cobra universalidad y son muchos los Santos Padres que se detienen a explicar la dimensión teológica de esta verdad –San Efrén, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio de Nacianzo, San Gregorio de Nisa, San Ambrosio, San Agustín, Proclo de Constantinopla, etc.–, hasta el punto de que el título de Madre de Dios se convierte en el más usado a la hora de hablar de Santa María.

La verdad de la maternidad divina quedó definida como dogma de fe en el Concilio de Efeso del año 431.

Las prerrogativas o privilegios marianos

La descripción de los comienzos de la devoción mariana quedaría incompleta si no se mencionase un tercer elemento básico en su elaboración: la firme convicción de la excepcionalidad de la persona de Santa María –excepcionalidad que forma parte de su misterio– y que se sintetiza en la afirmación de su total santidad, de lo que se conoce con el calificativo de "privilegios" marianos. Se trata de unos "privilegios" que encuentran su razón en la relación maternal de Santa María con Cristo y con el misterio de la salvación, pero que están realmente en Ella dotándola sobreabundantemente de las gracias convenientes para desempeñar su misión única y universal.

Estos privilegios o prerrogativas marianas no se entienden como algo accidental o superfluo, sino como algo necesario para mantener la integridad de la fe.

San Ignacio, San Justino y Tertuliano hablan de la virginidad. También lo hace San Ireneo. En Egipto, Orígenes defiende la perpetua virginidad de María, y considera a la Madre del Mesías como modelo y auxilio de los cristianos. En el siglo IV, se acuña el término aeiparthenos –siempre virgen–, que S. Epifanio lo introduce en su símbolo de fe y posteriormente el II Concilio Ecuménico de Constantinopla lo recogió en su declaración dogmática.


Junto a esta afirmación de la virginidad de Santa María, que se va haciendo cada vez más frecuente y universal, va destacándose con el paso del tiempo la afirmación de la total santidad de la Virgen. Rechazada siempre la existencia, de pecado en la Virgen, se aceptó primero que pudieron existir en Ella algunas imperfecciones. Así aparece en San Ireneo, Tertuliano, Orígenes, San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Efrén, San Cirilo de Alejandría, mientras que San Ambrosio y San Agustín rechazan que se diesen imperfecciones en la Virgen. Después de la definición dogmática de la maternidad divina en el Concilio de Efeso (431), la prerrogativa de santidad plena se va consolidando y se generaliza el título de "toda santa" –panaguía–. En el Akathistos se canta "el Señor te hizo toda santa y gloriosa" (canto 23).

A partir del siglo VI, y en conexión con el desarrollo de la afirmación de la maternidad divina y de la total santidad de Santa María, se aprecia también un evidente desarrollo de la afirmación de las prerrogativas marianas. Así sucede concretamente en temas relativos a la Dormición, a la Asunción de la Virgen, a la total ausencia de pecado (incluido el pecado original) en Ella, o a su cometido de Mediadora y Reina. Debemos citar especialmente a S. Modesto de Jerusalén, a S. Andrés de Creta, a S. Germán de Constantinopla y a S. Juan Damasceno como a los Padres de estos últimos siglos del periodo patrístico que más profundizaron en las prerrogativas marianas.

viernes, 13 de abril de 2007

EDUCACIÓN, ¿LIBERTAD O DIRIGISMO?

por José Luis González-Simancas

El gobierno socialista español pretende implantar su propia "religión laica" en los centros educativos a través de la asignatura "Educación para la Ciudadanía".

Muchas familias se quejan, con toda razón, de que se están atropellando unos derechos de los padres que están expresamente protegidos por la Constitución. En este blog se ha tratado varias veces sobre esta delicada cuestión que atenta contra la libertad de los ciudadanos.

Se quiere imponer la "dictadura del relativismo" con la falsa argumentación de que es una exigencia de la democracia (?). Sin embargo, como Alejandro Llano no se cansa de repetir, el fundamento de la democracia no es el relativismo, que lo aplana todo, sino el pluralismo, que resalta las diferencias de actitud y de opinión.

Y José Ramón Ayllón afirma en la misma línea: ...el fundamento de la democracia no puede ser el relativismo moral. Porque el relativismo hace trivial al pluralismo y tiende a eliminarlo. El hecho de que tenga relevancia discutir acerca de la justicia o injusticia de una ley, responde a que los interlocutores saben que existe lo justo, por mas que unas veces sea reconocido por el poder establecido y otras no.

Con la persona humana, con su naturaleza y con su educación no se juega
recuerda José Luis González-Simancas al final de este artículo.

Dice también, entre otras cosas: Educarse como persona en libertad es lo que importa, porque ser persona que ejerce con rectitud la libertad equivale a ser ciudadano de fiar. No hay mejor 'educación para la ciudadanía' que una educación entera de las personas, de quienes son libres por poseer esos dones que son la inteligencia, la voluntad y la afectividad, por naturaleza.



Unas palabras previas




No me resisto a escribir unas líneas sobre algo de lo que hoy se lee en la prensa, o le llega a uno por Internet, o se escucha y se ve por radio o televisión, y que, por asociación de ideas, nos hace reflexionar. Lo que voy a escribir lo hago por si puede contribuir a que no desaparezca del todo el sentido común de los ciudadanos, muchos de ellos naturalmente al margen de los que conocemos bien, por profesión, lo que es educar y lo que no es educación.

No es casualidad que me haya encontrado, por ejemplo, con la nota emanada de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, fechada el 28 de febrero de este mismo año 2007. No es casualidad porque la he buscado en internet. La he leído con atención y me ha hecho, una vez más, reflexionar sobre lo que está pasando en España con la educación no universitaria. Pero mi escrito pretendo que responda al “talante” de un ciudadano corriente, seglar, que se ha dedicado, profesionalmente y de por vida, a la docencia formativa, y que, por supuesto, se considera hijo de la Iglesia porque sus padres supieron transmitirle el don de la fe que habían recibido de Dios.

¿Qué está pasando en esa etapa de la educación escolar, sobre todo en Secundaria? Lo dice a las claras el documento que acabo de mencionar. En él se habla de la nueva --o consabida-- Ley Orgánica de turno, ya que van cinco en sólo veinte años desde la LODE de 1987, por no hablar de la que aspiró a reformar todo el sistema educativo: la Lay General de Educación de 1970, tan de tiempos… ¿pasados, o no pasados? Todo hace que recuerde un artículo mío sobre el uniformismo y el dirigismo imperante en todos los centros educativos, publicado en plena era franquista, en 1961. Más abajo me “autocitaré”, con perdón.

Al ciudadano de a pie, en lo relativo a educación, le diré que lo que está pasando tiene todo que ver con aspectos que también suenan en otros campos: en el de la cultura, la empresa, el jurídico, y en otros más. Esos aspectos o cuestiones son todos relativos a lo que, por ser praxis o acción, son contingentes y opinables como tantas cosas de la vida: por jemplo, la normativa que se refiere a los derechos y deberes que tiene toda persona que sea ciudadano de un país determinado. Y eso tiene que ver con:

· el concepto que se tenga de libertad,

· lo cual implica la idea que se tenga de lo que es una persona persona humana,

· lo que nos lleva a concebir y realizar un proyecto determinado, ya sea una escuela, una empresa de producción, o un bufete de abogados, etc.,

· y además, nos conduce a proponer una finalidad clara a ese proyecto, un carácter propio, y un clima humano de sinceridad y confianza, libremente asumidos por esos colaboradores en los que se deposita confianza porque son de fiar, honrados, trabajadores, en un clima de sana superación de los inevitables retos que suelen desafiar a quienes se proponen ser así,

· y de esa manera, en ese tipo de proyecto, lo único que se pide al Estado de la nación, es que ayude –subsidiariamente, esto es, “solidariamente”—a llevar a cabo ese proyecto que se ajusta a las leyes, y para el cual no poseemos los recursos económicos o de otro tipo con que cuenta un Estado. Lo que sí se pide al Estado es que promueva un proyecto legal de iniciativa social, y no que limite o imponga el modo de realizarlo, porque es contingente de suyo, es decir, porque cabe realizarlo de esta o de aquella manera.

Si no se comporta así el que detenta el poder estatal, a eso siempre se lo ha llamado “dirigismo” cuando el dirigir es excesivo, o simplemente “estatalismo” si es que se trata de un Estado centralista y uniformista, como dicen que fue el de la Francia napoleónica, en el que el Emperador sabía lo que se estaba explicando en toda escuela francesa, en tal día y a tal hora, pues nada ni nadie escapaba al control de sus funcionarios administrativos.

Me da pena que continuemos imitando a ese tipo de Estado, como hicimos dede entonces en la educación española, centralista y de mentalidad funcionarial, al servicio de un Estado que pensaba ser el propietario de la educación. Algo de todo eso es lo que está pasando en España respecto de la educación, y de eso intentaré escribir, terminadas estas palabras previas.


Cosas que pasan en la actualidad

Hoy resulta “normal”, por ejemplo, reducir el aborto a una cuestión de pura "ideología" ("progresista", por supuesto), o a una cuestión de moral cristiana que nada tiene que ver con los no creyentes. Y yo me pregunto: ¿en qué cabeza cabe que pueda calificarse de cuestión ideológica o de fe, un hecho tan natural y bien conocido —y científicamente demostrado— como es el del comienzo de la vida desde la misma fecundación del óvulo? ¿Es posible que se niegue o se ignore ese hecho a la hora de asegurar el bien común, el de todo un pueblo: el pueblo de los nacidos y de los aún por nacer? ¿No es otra muestra palpable de esas cada vez más numerosas falsificaciones que se están operando en la sociedad de hoy, en el mundo del arte, en el de la literatura, en el de la ciencia, en el de un gobierno, y en tantos otros mundos, entre ellos nada menos que el de la educación?


Cosas que afectan a la educación

Lo mío es el mundo de la educación de los ya nacidos, como se sabe. Y sin poderlo remediar, se me han venido a la cabeza otras falsificaciones de lo natural que se están produciendo en la educación de las nuevas generaciones, las que gobernarán la sociedad del siglo XXI dentro de poco tiempo. Está claro que, según la nueva legislación de educación primaria y secundaria (LOE), se va a imponer por la fuerza cierta asignatura que llaman “Educación para la ciudadanía”, obligatoria y evaluable.

Puedo estar equivocado –ojalá me equivoque-- pero se oyen voces, como las ya aludidas de los obispos españoles, que afirman que en esa asignatura tendrá cabida la llamada “ideología de género”, enraizada en un feminismo obsoleto, ya superado, que iba en el fondo contra de la maternidad. En ella, como es sabido, se afirma que toda persona tiene “derecho” a hacer su “opción sexual” entre al menos cinco géneros diferentes: dos heterosexuales, masculino y femenino; dos homosexuales, masculino y femenino; y un quinto, transexual, dejando aparte que también se puede optar por ejercer la bisexualidad (la hetero y la homosexual). Y mucho cuidado en manifestar, de palabra o con “actitudes”, que no se está de acuerdo con esa ideología, porque puede suspenderse la tal asignatura.

Sabemos bien que una “ideología” es una colección de “ideas” siempre opinable, pero, en este caso, parece que se va a castigar con un suspenso a quien mantenga otra idea opinable que no se conforme con la que ya es “legal”: por ejemplo, que eso del “género” así entendido no responde a la realidad natural de los dos sexos, masculino y femenino. Pues cuidado, repito, porque a esta persona se la define en la ley como “homófoba”, de “homo”, igual, y de “fobia”, repulsión.

Dicho de otra manera, una persona homófoba es la que siente repulsión hacia sus semejantes, a sus iguales, y a veces lo expresa con palabras o actitudes, sean esos semejantes heterosexuales u homosexuales, éstos con relaciones sexuales con otras personas del mismo sexo. Todas ellas, relaciones legalizadas. Bien, porque no debe odiarse a nadie, sino todo lo contrario, que es lo propio del cristiano. Pero, puestos así, en plan de impedir que se opine de distinta manera ante una ley que impone una ideología y por eso se juzga que no es adecuada, uno comienza a interrogarse. ¿Todo lo que es legal impide que se piense de otro modo, que se tenga otra opinión? ¿No puede darse el caso de una ley que sea injusta? ¿Y todo lo que es legal es moral? Esto último lo creyeron así ciertos nefastos legisladores totalitarios de todos conocidos, en el pasado siglo XX.


Un tipo de educación amoral

Baste aquí tan sólo mencionar otro aspecto educativo de la cuestión, para que el lector piense si lo que se está pretendiendo imponernos es de sentido común. Me refiero a esa versión de la educación sexual que, falseando por reducción el concepto de persona y de educación, termina incitando —quiérase o no— a las relaciones sexuales prematuras entre adolescentes menores de edad.

Todavía conservo un manual que se difundió por todos los colegios de la zona en que yo vivo, producido por dos Consejerías “progresistas” de Educación y de Sanidad, en los que se instruía al profesorado sobre cómo “educar” responsablemente a chicas y chicos en su vida, a partir del momento en que fueran ya “sexualmente activos”. La mencionada “responsabilidad” consistía, en este manual, en aprender a evitar las operaciones de alto riesgo que entrañan las diversas opciones, una vez decidida cuál de ellas seguir. Y así, se procedía a explicar con todo detalle, literal y gráfico, el uso de anticonceptivos de todo tipo, como condición para salvaguardar el llamado “sexo seguro”, de modo que no se produjese un embarazo no deseado o el contagio de enfermedadesde transmisión sexual. Y después, si fallaba la pretendida seguridad, a quitarse "eso", abortándolo por cirugía, sin informar al alumnado de que —como bien dijo alguien—, "eso" no es "eso", sino "ése o ésa", es decir, una persona humana. Aborto provocado y permitido: eso sí que es homofobia.

Por otro lado, esa versión "educativa" ¿no está falseando, en el fondo, la naturaleza racional y libre de la persona, que es por tanto responsable de sus actos? ¿No se la está conceptuando indirectamente como si fuese un animalillo irracional que está simplemente a merced de sus instintos básicos? Y si se le considera humano, entonces, ¿no habrá que informarle de los peligros meramente biológicos que conllevan, no sea que se infecte o se produzca un embarazo? ¿Información fisiológica animalística, o formación de personas que sepan amar a todos, hayan nacido o estén por nacer?


¿Se trata de una ideología apolítica?

¿Una cuestión solamente “ideológica”? ¿O se trata más bien —por encima de las ideologías— de que no se quiere tener en cuenta la naturaleza esencialmente ética de la persona, que debe responder ante sí y ante la sociedad de sus libres decisiones, que eso es comportarse como un buen “ciudadano”? ¿Educar la sexualidad ateniéndose a la naturaleza humana tal como es, —y no como la interpreten los que se erigen en dioses que se inventan los “géneros” en lugar de admitir los dos sexos naturales— no es, por tanto, dimensión inexcusable de una verdadera y realista educación?

¿Se debe, todo este confusionismo, sólo a pura ignorancia de lo que es una persona humana, ignorancia culpable en este caso? ¿O es otro modo de falsear la realidad objetiva y de imbuir desde la infancia una idea de hombre que, en el futuro, se impondrá como natural y normal, dando lugar a una nueva sociedad, lejos de un pasado obsoleto, y de una sociedad trasnochada, en la que se coartaba la libertad del “individuo”, que es muy libre de actuar como quiera y le apetezca instintivamente, porque yo soy yo, y los demás no importan?

¿No se deberá todo ello a que los que mandan —léase políticos— están confundidos y nos quiren imponer su confusión por medio de una educación de la que se sienten propietarios, pensando en un uniformismo que exige imponérselo a todos, en especial a los centros educativos, después de cantar efusivamentea a una Administración que concedía una supuesta autonomía a los centros y a sus directivos, en la LOGSE de 1990?

Es el momento de la “autocita” anunciada al comienzo, con perdón. Esto es un extracto de lo que escribí en 1961, hace 46 años, con el arriesgado título de “Misión actual del centro educativo” (en Nuestro Tiempo, nº 90, páginas 1466-1481):

“Existe uniformidad excesiva en los planes de estudio y formación, en la vida de los centros, porque éstos han perdido su propio carácter. Nuestro plan de bachillerato no es suficientemente flexible. (…). Se hace necesario un entronque más directo entre educación y sociedad, del que derivarán los rasgos propios de cada centro. (…). No se trata tampoco de llegar a la anarquía de los planes de estudio. Pero ¿se puede concebir sensatamente que un sistema uniforme e invariable pueda servir para todas y cada una de las capacidades, para todos los grupos sociales y locales de una nación?”

”Una cierta autonomía, garantizada por el sentido de responsabilidad y la competencia acreditada, es la clave de todo cuanto llevamos dicho. Sin una mínima libertad, sin plantearse responsablemente el problema de un plan educativo adecuado, los centros no podrán ofrecer esa variedad dentro de unas metas comunes que es esencial para su ulterior desarrollo y vitalidad.”

“¿Medios para corregir posibles desvíos? ¿Leyes, reglamentos, exámenes? Mejor: un alto concepto de la categoría institucional del centro y la idoneidad, el sentido común y la experiencia de sus equipos de educadores, (…), más que la reglamentación administrativa (…). Porque, en definitiva, si la autonomía significa algo, la decisión final hacia la renovación educativa deben tomarla los mismos centros.”

”Una vida y ambiente propios, la realización colectiva de un fin y una cierta autonomía, a nuestro entender, definen suficientemente, las funciones básicas de un centro educativo en las presentes circunstancias”.

Y yo me digo: ¿hoy como ayer?


Conclusión

Pero esta última consideración me llevaría a prolongar en exceso la comunicación de estas reflexiones, puesto que tendríamos que afrontar el tema más decisivo de la educación: el del gozne en torno al que gira la educación de uno mismo y la tarea de ayudar a otros en su crecimiento, asumida por familias y centros educativos: el tema de la libertad; de qué es la libertad y de cómo ejercerla, para comportarse responsable y coherentemente como persona: el tema de toda la vida. Educarse como persona en libertad es lo que importa, porque ser persona que ejerce con rectitud la libertad equivale a ser ciudadano de fiar. No hay mejor “educación para la ciudadanía” que una educación entera de las personas, de quienes son libres por poseer esos dones que son la inteligencia, la voluntad y la afectividad, por naturaleza.

En definitiva, que con la persona humana, con su naturaleza y con su educación no se juega. No se puede falsificar esa hermosa y genuina "obra maestra” que es la persona humana, la de un auténtico Creador, ni su más pleno crecimiento con la ayuda de la educación; y todo para intentar vendernos, con engaño, una mala copia de la versión original, la auténtica, la que desde siempre es como es y seguirá siéndolo: única, irrepetible y responsablemente libre.

Una ideología ni debe, ni puede, mal que le pese, falsear la realidad natural de las cosas y de las personas.. De puro sentido común, ¿no les parece?

miércoles, 28 de marzo de 2007

LA TEOLOGÍA DE JON SOBRINO

"La Congregación para la Doctrina de la Fe hizo pública ayer una Notificación en la que advierte que dos obras del teólogo jesuita español Jon Sobrino 'presentan, en algunos puntos, notables discrepancias con la fe de la Iglesia'. El documento señala que la Congregación no ha pretendido 'juzgar las intenciones subjetivas del autor', sino llamar la atención acerca de 'proposiciones que no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia' y 'ofrecer a los fieles un criterio de juicio seguro'. (...) 'En concreto, la Notificación hace referencia a los libros Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret -publicado en Madrid en 1991- y La Fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas -editado en El Salvador en 1999-. Las proposiciones que no están en conformidad con la fe se refieren a la metodología utilizada por el autor y a sus conceptos sobre la divinidad de Jesucristo, su encarnación, su relación con el Reino de Dios, su autoconciencia y el valor salvífico de su muerte.» (La Razón, 17-III-2007)

LLama la atención que son muy pocos los medios que informan con objetividad de lo que ha dicho la Santa Sede y, en cambio, son muchos los que cantan las maravillas de la doctrina del teólogo español, criticando la actuación de la Congregación para la Doctrina de la Fe y del Papa Benedicto XVI que ha aprobado la Notificación, con el mandato de publicarla.

Así, por ejemplo, leo en NoticiasdeGipuzkoa: "La Compañía de Jesús de la provincia de Loyola reiteró ayer su apoyo al jesuita de origen vasco Jon Sobrino, referente de la Teología de la Liberación, quien anteayer recibió una advertencia del Vaticano al considerar "peligroso" su mensaje." (...) "El compromiso personal de Jon Sobrino y su sólida fe están fuera de toda duda", manifestó a través de una nota de prensa la Compañía de Jesús, quien indicó que el jesuita vasco está "tranquilo y dispuesto" a seguir sirviendo a la Iglesia.

Y el El Diario Vasco de ayer publica un artículo de Juan José Tamayo en el que se dice que una de esas obras de Jon Sobrino (La Fe en Jesucristo) puede ser considerada "una de la obras mayores de la cristología del siglo XX"... Dice así el primer párrafo del ponderado artículo de Tamayo: "La Congregación para la Doctrina de la Fe ha emitido una notificación sobre dos libros del teólogo hispano-salvadoreño Jon Sobrino Jesucristo liberador y La fe en Jesucristo. Ensayo sobre las víctimas, en los que dice haber encontrado «diversas proposiciones erróneas o peligrosas que pueden causar daño a los fieles». Me gustaría hacer una reflexión serena sobre uno de esos libros, La fe en Jesucristo, publicada en 1998, que considero una de las obras mayores de la cristología del siglo XX, al lado de Jesucristo, de Karl Adam, Ser cristiano, de Hans Küng, Jesús el Cristo, de Walter Kasper, Jesucristo y la liberación del hombre, de Leonardo Boff, El hombre de hoy ante Jesús de Nazaret, de Juan Luis Segundo, Jesús. La historia de un Viviente, de Edward Schillebeeckx, y Cristología feminista crítica, de Elisabeth Schüsler Fiorenza, entre otras."

"El País" (16-III-2007), en su línea, publica también un artículo que destaca por su objetividad y serenidad. Copio un párrafo ilustrativo: "Jon, amigo, gran cristiano y sacerdote fiel de la Iglesia de Cristo, te han puesto en una terrible encrucijada: o seguir levantando la voz, aunque lo prohíba la inquisición, o aceptar el silencio impuesto, para que sea tu silencio el que grite. Tomes la decisión que tomes, estaremos contigo. Cuenta con nosotros."

Y en otro sitio (clik aquí): "Para expresar el rechazo a la decisión, emitida por el papado de Benedicto XVI, está iniciándose la campaña 'Querido Jon Sobrino, estamos juntos, juntas...'. La campaña consiste en enviar cartas al religioso, donde las personas hablen sobre el provecho conseguido por la lectura de libros tales como Jesús Cristo Libertador - Lectura Histórica/Teológica de Jesús de Nazaret y La Fe en Jesús Cristo - Ensayo a partir de las víctimas, los dos que fueron analizados por la comisión del Vaticano, que acusa al teólogo de 'humanizar por demás' la figura de Jesús Cristo.”

Y en ese mismo sitio, que ya se ve que destaca también por su ponderación en los juicios y por su fidelidad al Magisterio se dice en otro artículo: “Jon Sobrino antes de ser teólogo es el ‘discípulo fiel’, en sintonía profunda y comunión plena con el proyecto de Jesús y con el caminar de su Pueblo, de nuestro Pueblo, del Pueblo latinoamericano, del Pueblo de Dios. Su palabra comprometida, hablada y escrita, se hizo profecía en los más diversos rincones del continente, restituyendo a muchos la esperanza de reconstrucción da la Patria Grande, donde el sueño de vida nueva, justicia y libertad, siga alimentando la lucha por realizar el ‘otro mundo posible’. Su presencia, vida y trabajo son entonces, para nosotros, signos del evangelio y del reino que tienen fuerza de transformación, pero con persecución.”

Reproducimos —en busca de un poco de oxígeno, con un análisis intelectual más serio y con una mente más católica— un artículo de Juan Luis Lorda titulado "La Teología de Jon Sobrino", que ha sido publicado en La Gaceta de los Negocios (14-III-2007).




La Teología de Jon Sobrino, por Juan Luis Lorda

En las películas de propaganda, siempre queda claro quiénes son los buenos y quiénes los malos. Tanto si hace la película la izquierda comunista como la derecha bienpensante. En la vida, las cosas suelen ser más mezcladas.

La Santa Sede acaba de hacer público una nota de diez páginas señalando los errores doctrinales de Jon Sobrino, teólogo jesuita, nacido en Barcelona (1938) afincado en El Salvador y profesor de la Universidad Católica. Se centra sobre todo, en dos libros sobre Jesucristo y su misión, que se usan en muchos seminarios latinoamericanos.

Jon Sobrino es un representante conocido de la Teología de la Liberación. Hacían una teología con la buena intención de liberar a los pobres de sus distintas opresiones y provocar la revolución liberadora. Tenían la buena voluntad de ponerse en favor de los pobres. Pero para conseguir la revolución, deformaban la doctrina y la práctica de la Iglesia, mezclándola con la doctrina y la praxis marxista.

Ahora, la Santa Sede se queja de que Jon Sobrino no defiende la doctrina cristiana sobre quién es Jesucristo, como Hijo de Dios y redentor del hombre. La Iglesia tiene unas fórmulas muy precisas para hablar de los misterios de la fe y el P. Jon Sobrino, al cambiar algunas, parece deformar de manera importante la confesión cristiana sobre Jesucristo, que está contenida en el Credo. El problema principal, según la nota, se centra en que Sobrino separa demasiado lo que es el Hijo de Dios de lo que es el hombre Jesucristo. Hay que introducirse bastante en la historia de la teología para percibir todos los matices y las consecuencias.

Se trata de un diálogo con el autor que empezó en el año 2001. En el 2004, se le comunicaron algunas quejas y, después, de unos intercambios, se ha visto conveniente publicar estas razones. Sólo deberían interesar a las personas dedicadas a la teología y a la enseñanza. Pero, como siempre, han tenido un eco desmedido.

Algunos medios laicistas españoles (hay bastantes), que no admitirían la más mínima disidencia en sus redacciones, han puesto el grito en el cielo. Como siempre. Ellos apoyan todas las disidencias de la Iglesia, especialmente, las más críticas. La Iglesia es una sociedad inmensa, extendida por todo el mundo y tiene un nivel de pluralismo que es mucho mayor que, por ejemplo, cualquiera de los partidos políticos españoles. O, como se ha dicho, cualquiera de los medios que la critican con tanta dedicación.

Pero, mientras no se sabe por qué los medios tienen dogmas, la Iglesia sí se sabe por qué los tiene. La fe cristiana es como es y los que deben enseñarla tienen que acomodarse a ella, dentro de un amplio pluralismo. Lo único que sucede ahora es que la Santa Sede declara que lo que enseña Jon Sobrino, sin querer retractarse, no es la doctrina cristiana. Esto, para todos, en la Iglesia, es un disgusto. Pero la autoridad tiene esa obligación de declarar lo que no está bien, sobre todo cuando tiene una relevancia pública.

Nadie puede llamar bien al mal.

La Iglesia recuerda, con la luz de Dios, que el hombre puede reconocer verdaderamente el bien y el mal. Nunca puede llamar bien al mal, si n...