Páginas vistas

jueves, 13 de enero de 2022

La estrategia China para lograr un mundo armonioso.

 


China dice anhelar un siglo XXI nuevo, cooperativo, pacífico, democrático y armonioso. Para ello está dispuesta a implicarse más en los asuntos mundiales, de conformidad con su estrategia de desarrollo pacífico, ejerciendo como país responsable, aunque sus compromisos difícilmente podrán ir más allá del conocido pragmatismo. Oficialmente declara también que no aspira a la hegemonía ni a convertirse en una superpotencia, sin ambicionar tampoco disponer de esferas de influencia. ¿Es creíble todo ello?

Un orden multipolar

La principal ambición de China se concreta en la configuración de  un orden multipolar capaz de atar en corto a EE.UU. y donde sea reconocida como uno de los grandes países del sistema mundial, de forma que su creciente poder no sea causa de conflicto sino que se conforme como un activo más para favorecer la institucionalización de marcos de cooperación en pie de igualdad. Ello no obsta a que reivindique más poder efectivo en los foros internacionales, asegurando así una implicación mayor en los mecanismos multilaterales, pero exigiendo también la cuota de poder que proporcionalmente le corresponde.

En este contexto, muy selectiva a la hora de aceptar formar parte de las estructuras directoras habilitadas por el mundo rico, China apuesta por el fomento de la cooperación Sur-Sur como expresión de continuidad con su tradicional tercermundismo y como vía efectiva no solo para implicarse de forma activa en el desarrollo de alianzas con sus potenciales socios, sino para configurar con ellos una agenda internacional capaz de incidir en las actuaciones y decisiones de los países más desarrollados, como primer paso para cristalizar una nueva correlación de fuerzas. Lo hemos visto durante la cumbre de Copenhague. En ella, China, India y otros países del Sur han secundado propuestas abiertamente críticas con la actitud del primer mundo, exigiendo capitales y tecnología para compensar los esfuerzos que los países en vías de desarrollo deben asumir para corregir el rumbo del planeta. La potenciación de esta política le asegura un relativo liderazgo en el Tercer Mundo, en el que ya no se conduce conforme a patrones de corte ideológico como antaño, sino que enmarca sus relaciones en un pragmatismo compartido que, por su impacto, puede tener efectos transformadores nada desdeñables tanto en ciertos países concretos como en el conjunto de las relaciones internacionales.

Para dar al traste con la hegemonía occidental, otras estrategias chinas se orientan a quebrar el eje más sólido y desafiante (el formado por la UE, Japón y EE.UU.) tratando de impulsar políticas que permitan abrir grietas en la principal alianza que ha vertebrado buena parte del siglo XX. La apuesta por el fomento de la democratización de las relaciones internacionales, así como la estimulación de la autonomía de cada uno  de los actores (especialmente los más relevantes), llenando de contenido las alianzas estratégicas que ha dibujado con cada uno de ellos, son medidas que aspiran a configurar marcos de relación bilateral que le proporcionen mayores oportunidades para también debilitar la cohesión de unos frentes que, unidos, podrían estar en condiciones de imponerle reglas más estrictas. Asegurando en todos los actores importantes una mayor libertad de acción respecto a Washington, China podría conseguir de todos ellos un nivel de cooperación mucho más intenso y favorable. En este marco, los foros ASEM o las cumbres China-UE, así como la Comunidad del Este Asiático son pilares de gran calado estratégico por los que China seguirá apostando en el futuro, con independencia de los altibajos ocasionales que pudieran producirse. El desarrollo del comercio y la inversión, por otra parte, serán los factores clave para dinamizar dichos procesos, acompañados del natural incremento de su influencia política.

El test regional

En el orden regional, la preocupación más inmediata de los dirigentes chinos consiste en frenar las posibilidades de una mayor presencia militar de EE.UU. en dicho entorno y lograr que éste acepte su emergencia, convenciendo a Washington de que una China próspera conviene a sus intereses. China aspira a convertirse en el garante del nuevo orden en la zona, reduciendo y suplantando el peso y la influencia de la alianza entre Japón y EE.UU. Para ello, además de fomentar la autonomía relativa de Tokio y neutralizar a Washington desplegando iniciativas de gran calado en relación a Seúl o Taipéi, viene promoviendo desde los años noventa una política de buena vecindad, con el claro propósito de vencer las desconfianzas y temores de sus vecinos.

La principal sombra de esta estrategia y el principal desafío a su seguridad se llama Taiwán. Todas las políticas adoptadas en la zona tienen como principal referente asegurar un orden regional que favorezca la reunificación con Taiwán, un objetivo indispensable para culminar el proyecto modernizador. Obviamente, se trata de lograr la reunificación de modo pacífico, pero ¿podría recurrir a la fuerza? La ley antisecesión aprobada en 2005 no deja dudas al respecto y la posición en este extremo ha sido reiterada hasta la saciedad por sus máximos dirigentes. La estrategia china en este sentido tiene tres pilares básicos. En primer lugar, consolidar un compromiso de no intervención de EE.UU. en este contencioso (también en Tíbet), asegurando a cambio no afectar los objetivos generales de EE.UU. en Asia-Pacífico. En segundo lugar, el fomento de la cooperación económica, social y cultural entre los gobiernos y las sociedades a ambos lados del Estrecho. Por último, la construcción de unas fuerzas armadas que le aporten credibilidad a su política.

La reciente firma de un Acuerdo Marco de Cooperación Económica y el pacto alcanzado para poner fin a la guerra diplomática que enfrentaba a Beijing y Taipéi han generado un nuevo clima. Desde el anuncio de la «tercera cooperación» (las dos anteriores se llevaron a cabo en los años veinte y treinta del siglo pasado) entre el Kuomintang (KMT) y el PCCh a partir de 2005, la inestabilidad y el conflicto que presidieron la etapa del presidente Chen Shui-bian (2000-2008) han quedado atrás. No obstante, pese a lo acelerado del acercamiento cabe resaltar su fragilidad ya que viene a depender de la capacidad del KMT para revalidar su liderazgo en una isla entre cuya población (23 millones de habitantes) reina la más absoluta división respecto a la actitud a mantener en relación al continente. Por otra parte, cabe señalar que pese a los avances registrados en las relaciones bilaterales en numerosos órdenes, el diálogo político o en materia de defensa no será fácil y su inicio formal deberá esperar, como poco, al segundo mandato del actual presidente Ma Ying-jeou, de repetir en el cargo en las reñidas elecciones que celebrará Taiwán en 2012.

Asimismo, los diferendos en el mar de China meridional suponen una prueba de fuego para Beijing, que debe lidiar con la emergencia del liderazgo de Vietnam, país que junto con Filipinas, Malasia, Indonesia…, cuestiona la soberanía reclamada por el poderoso vecino del norte sobre estas aguas, ricas en recursos pesqueros, además de gas y petróleo según revelaron algunos estudios (1). Si China actúa ahora con más energía a la hora de hacer valer sus reclamaciones y afirmar sus hipotéticos derechos, EE.UU. enfatiza su interés en asegurar la libertad de navegación en la zona instando, a la vez, un realineamiento de posiciones de los países de la ASEAN y la internacionalización de las reclamaciones.

La preocupación de Vietnam por las diferencias marítimas con China explica el acercamiento de Hanói a EE.UU. o la firma de un importante acuerdo en materia de defensa con Rusia (el acuerdo con Moscú incluye la compra de seis submarinos) con el propósito de contrarrestar sus ambiciones en dicha zona ante el aumento de las disputas por el control de sus riquezas de todo tipo y el temor a que la creciente fortaleza china haga más difícil cualquier entendimiento en el futuro. La alianza ideológica y económica que mantienen los partidos y gobiernos de Vietnam y China, con reiteración de seminarios teóricos y encuentros políticos al máximo nivel, no impide ni rebaja el nivel de las desconfianzas. Se diría incluso que las disputas por las islas Paracel (de hecho administradas por Beijing desde hace 30 años) y las Spratley van en aumento. En 2009, el Libro Blanco sobre la defensa nacional de Vietnam, el tercero publicado desde 1998, insiste en reivindicar la soberanía de esta zona. Por  el contrario, sí ha habido acuerdo en la demarcación final de su frontera terrestre, después de ocho años de denodados esfuerzos.

Habiendo interiorizado que históricamente su declive se forzó desde el mar, para China este espacio es de importancia vital, por lo que podría aceptar la explotación conjunta de los recursos, incluidos los pesqueros, en tanto en cuanto le asegure la capacidad para establecer un diseño propio de la nueva Asia que emerge con la constelación de economías presentes en la zona. No obstante, su rechazo tanto del diálogo multilateral como de los acuerdos definitivos, quizás a la espera de disponer de mejores condiciones en términos de poder para imponerlos con más facilidad a sus vecinos, deja entrever su afán por consolidar la superioridad regional. ¿Volverán los «reinos tributarios» o se establecerán y respetarán nuevas reglas que aseguren los intereses esenciales y respectivos de todos los países asiáticos? A China le corresponde despejar las dudas existentes. Cuanto antes, mejor.

China también ha mostrado su oposición al intento de Japón de ampliar la plataforma continental en el Pacífico Sur, descalificando la solicitud tramitada por Tokio ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU. Por otra parte, también exigió de Japón el cese en toda acción relacionada con las islas Diaoyu. Por su parte, Tokio reprochó a China la explotación de un yacimiento de gas (Tianwaitian) en una zona contestada del mar de China oriental, en lo que definió como una violación del acuerdo suscrito entre las dos partes en junio de 2008 sobre la base del mantenimiento del statu quo.

Es en este contexto regional y en su habilidad para gestionar los múltiples litigios que debe enfrentar, donde China visibilizará mejor su disponibilidad y voluntad para transformar el orden existente. A diferencia del ámbito global, donde primará la coexistencia con el aún hegemón, aquí espera traducir en ventaja estratégica el aumento de su poderío, aprovechando las oportunidades que le brinda su nuevo status para resarcirse de las heridas del pasado.

La interdependencia del denguismo frente a la autarquía del maoísmo

China ha aceptado la interdependencia, en buena medida porque ha sabido beneficiarse de ella y la considera un colchón moderador de las tensiones que persisten en la relación con determinados países. A diferencia de Mao (y los emperadores de la China dinástica), que siempre desconfió de cualquier fórmula que implicase dependencia respecto al exterior e insistió hasta la saciedad en apoyarse en las propias fuerzas, sobreviviendo durante tres décadas en condiciones de práctica autarquía, Deng Xiaoping puso rumbo en la dirección totalmente contraria (2).

La mayor dificultad estratégica estriba en cómo encajar el pujante nacionalismo chino en las dinámicas de globalización en boga. La respuesta a dicho interrogante va a depender de la evolución del debate interno entre nacionalistas y prooccidentales, cuyo saldo final resultará, en buena medida, de la consideración o no de Occidente como una amenaza  a las tradiciones y singularidades chinas y a su afirmación como actor soberano en el orden global. Si la influencia que Occidente busca en la transición china se manifiesta primordialmente a través de la hostilidad, lo más probable es que ello acentúe el enrocamiento y la beligerancia china. Si por el contrario, se acepta esa singularidad, lo que equivale     a respetar su identidad política y cultural confiando en una evolución cuyos ritmos se van a decidir a nivel interno, es más probable que nos encontremos con una China prioritariamente cooperativa.

Sea como fuere, para China, la clave del siglo XXI seguirá asociada a la vigencia del binomio paz y desarrollo, formulado en 1980 por Deng Xiaoping, y la armonía, como expresión y aportación del pensamiento social chino, será su valor esencial. En la recámara de una formulación tan simple y formalmente atractiva, se esconde un profundo cuestionamiento de la hegemonía de Occidente y el implícito convencimiento de que a todos ha llegado la hora de aprender de Oriente. La interdependencia será, ciertamente, reciproca.

    Conclusiones y escenarios

Discernir el papel a desempeñar por China entre las principales naciones del mundo y en un futuro inmediato constituye una de las mayores incógnitas del presente. Para resolverla, aunque solo sea parcialmente, pueden resultar de interés los modelos de conducta que nos ofrecen sus fuentes históricas y culturales, en especial de la China dinástica, de los que se pueden deducir actitudes y variables que, a buen seguro, influirán en su análisis de la realidad internacional contemporánea y en sus comportamientos.

Los próximos años serán decisivos, pues en ellos China se juega el éxito o el fracaso de su estrategia de modernización, circunstancia que acentuará los temores respecto a los intentos de terceros por influir en su proceso para condicionarlo o impedirlo (3). Esa percepción, muy extendida en China (como hemos podido constatar de nuevo a resultas de la concesión del premio Nobel de la Paz 2010 al disidente Liu Xiaobo), explica el redoblamiento de las cautelas respecto de aquellos actores que pueden estar en condiciones de operar en dicho contexto. La existencia de numerosas fragilidades internas, tanto en el orden económico-social como político-territorial, ofrece un poderoso caldo de cultivo para que  las convulsiones eclosionen si cabe con mayor ímpetu.

Su acción exterior tendrá por primer objetivo ganarse la confianza  de terceros países, para que no vean en la febril búsqueda por labrarse una hipotética posición de potencia global una amenaza a sus propios intereses (4). Pero su principal debilidad, a fin de cuentas, radica en el autoritarismo y la rigidez interna de un sistema político que, si bien le ha sido de gran utilidad para asegurar la emergencia, podría no obstante, de no actualizarse, convertirse en causa directa de una inevitable crisis y fracaso.

Nos hallamos, por otra parte, en los albores de una modificación del sistema regional que podría tener implicaciones globales sustantivas en una o dos décadas más. Hoy día, China ya es un actor decisivo en Asia oriental. La aproximación con Taiwán supone para EE.UU., Japón y los países de la ASEAN una preocupación esencial, ya que le proporcionaría el control de las rutas de navegación de los mares de China meridional y de Japón. Es por ello previsible que EE.UU. no facilite un acuerdo definitivo con Taiwán ni acepte retirar su presencia militar en Japón o Corea del Sur, además de aumentarla en el Sudeste asiático.

La evolución de las relaciones con EE.UU. será un factor clave en el inmediato futuro y pese a las buenas palabras, la acumulación de contenciosos bilaterales, especialmente en el orden económico, así como la divergencia de intereses y métodos a aplicar en cuestiones de alcance global, además de la competición estratégica desatada en entornos geopolíticos (América Latina, África) que para China representan hoy una necesidad inapelable para garantizar su ritmo de crecimiento, parece abocar a ambos socios y contendientes a un conflicto tibio y prolongado cuyos resultados no pueden prejuzgarse.

En tal tesitura, el recurso al nacionalismo brindará al PCCh el argumento y la coartada precisa para persistir contra viento y marea en su proyecto modernizador. Hoy, cuando se celebran los natalicios de Confucio, se promueven las ceremonias y ritos a la antigua usanza, etc., se advierte con claridad que la ideología nacionalista a la que se adhiere el PCCh se apoya en la actualización de su tradición, alejando cualquier repunte de espíritu antitradicionalista como mecanismo de bloqueo de las tendencias occidentalizadoras, rechazadas formalmente desde el inicio mismo de la política de apertura.      

Con su éxito, el PCCh ha ido transmutando su ideario original en una decidida apuesta por la reivindicación del legado cultural propio en un sentido amplio, superando las disquisiciones ideológicas de antaño. De esta forma, ha logrado evitar la conformación de una corriente social relevante de hostilidad, fenómeno previsible en función de su erosión ideológica y de la proliferación de manifestaciones sociales y económicas adversas a su ideario tradicional, en virtud de la introducción del mercado o de la pluralización de formas de propiedad, facilitando un mecanismo de identificación social con el régimen que se fundamenta en la supuesta «hostilidad» de un Occidente interesado en impedir su despertar. La cultura tradicional va camino de afirmarse así como un auténtico y eficaz escudo contra la penetración occidental y salvaguarda no solo del hecho cultural en si, sino también del propio sistema político, presentado como expresión y garante de dicha evolución.

Puede que la China emergente y triunfante esté dispuesta a cooperar aceptando las coordenadas principales del orden vigente, mostrando una disposición a aceptar compromisos y abandonando toda aspiración a modificar el statu quo. Ello podría ser así en tanto Occidente extreme el valor de la interdependencia y también en la medida en que la propia evolución del sistema internacional no impida la satisfacción de sus intereses, en especial en cuanto atañe a la culminación de su proceso de desarrollo interno y al reconocimiento de sus potestades en el orden regional.

Por el contrario, podemos hallarnos ante una China partidaria de la ruptura del statu quo si llega a la convicción de que ni su autoridad ni sus ambiciones, ambas en proporción a sus dimensiones naturales, le son reconocidas. Es obvio que si ambiciona un sistema regional que asuma su superioridad, ello exigirá modificar el actual estado de cosas  y enfrentarse a EE.UU. y sus aliados regionales a fin de lograr el reconocimiento de su nuevo perfil. El desempeño de un papel preponderante exigirá moderación de sus vecinos (una neutralidad activa y limitante de la soberanía), sin descartarse en modo alguno el recurso a medidas de presión que permitan hacer valer sus intereses.

Pero puede también que no ocurra ni una cosa ni la otra si China se adentra en una espiral desestabilizadora como consecuencia del agravamiento de las tensiones internas. Sin duda, la próxima década será decisiva para gestionar tan compleja agenda, tarea que será abordada por esa nueva generación de dirigentes que asumirá las riendas del país a partir de 2012. De su habilidad para sortear las múltiples tensiones económicas, sociales y políticas dependerá que Beijing pueda satisfacer sus ambiciones más profundas, sentando, ahora sí, las bases definitivas para cerrar el período de decadencia iniciado en el siglo XIX y pasando a ocupar de nuevo una posición de privilegio en el orden global.

En cualquier caso, cabe señalar que la primera prioridad de China seguirá siendo el asegurar la supervivencia en un entorno no del todo fácil; en segundo lugar, afirmarse como parte integrante y activa del orden internacional; y tercero, culminar su modernización. Sobre la base de estas tres constantes que podemos apreciar a lo largo de su reciente historia, cabría predecir un comportamiento básicamente estable y estabilizador a nivel global en tanto disponga de garantías para salvaguardar su sistema político, asegurar la soberanía y recuperar plenamente su integridad territorial, todos ellos objetivos equiparados a intereses fundamentales e irrenunciables pero que pudieran ser motivo de tensiones con terceros países.

Xulio Ríos Paredes, en ieee.es/

Notas:


(1)      Una visión general de esta problemática puede encontrarse en OVIEDO, óp. cit. 198.

(2)      RIOS, Xulio, Mercado y control político en China, Madrid, La Catarata, 2007, pág. 137.

(3)      MALENA, óp. cit., 109.

(4)   ANGUIANO ROCH, Eugenio, «China como potencia mundial: presente y futuro», en CORNEJO, Romer (coord.), China, radiografía de una potencia en ascenso, México, El Colegio de México, 2008, pág. 97.


domingo, 19 de diciembre de 2021

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU litiga a favor de la comunidad LGBT y el aborto en América Latina



Por Stefano Gennarini, J.D. | 17 de diciembre de 2021





NUEVA YORK, 17 de diciembre (C-Fam) La oficina de derechos humanos de la ONU ha lanzado una nueva iniciativa para promover el activismo judicial sobre cuestiones de género en América Central y del Sur, incluido el aborto y la agenda LGBT.


La oficina de derechos humanos de las Naciones Unidas estableció una organización para promover litigios estratégicos, reformas legales y educación legal sobre cuestiones de género en América Central y del Sur, regiones donde las leyes siguen protegiendo altamente a los niños en el útero. Si bien la organización, llamada Red Latinoamericana de Litigios Estratégicos Basados en el Género, se centra principalmente en la violencia contra la mujer, también promueve el aborto como un derecho internacional siguiendo las recomendaciones de los órganos de derechos humanos de las Naciones Unidas.


El informe de la ONU en el que se basa el trabajo de la organización describe el "acceso al aborto seguro y legal" como un derecho humano y pide a los defensores de toda América Latina que promuevan la negación del aborto como un acto criminal de "violencia reproductiva".


"Cambiar las leyes, la práctica judicial y la cultura patriarcal que rodea la investigación y el castigo de los delitos de violencia sexual y de género sigue siendo el desafío central", dijeron los coordinadores del grupo y las profesoras de la Universidad Americana Susana SáCouto y Claudia Martin en un blog.


El sitio web de la organización promueve las decisiones de los tribunales latinoamericanos que promueven el aborto como modelos a seguir, incluidos casos controvertidos que han sido apodados activismo judicial, o intentos de los jueces de imponer sus preferencias políticas haciendo caso omiso de la voluntad del pueblo expresada por sus representantes electos.


A pesar de mucha presión internacional, América Central y Latina siguen obstinadamente a favor de la vida, y los votos democráticos, así como los referendos sobre el aborto, tienden a dar resultados a favor de la vida. Es por eso que los defensores del aborto y los gobiernos que los respaldan están recurriendo cada vez más al poder judicial y la aplicación de la ley, incluso si esto técnicamente es una forma de interferir en los asuntos internos de los países, algo prohibido por la Carta de las Naciones Unidas.


La iniciativa de la oficina de derechos humanos de las Naciones Unidas es solo el último esfuerzo de la oficina de las Naciones Unidas y los poderosos países occidentales para capacitar a jueces, abogados, activistas y personal encargado de hacer cumplir la ley en la región para promover el aborto.


Varios organismos de las Naciones Unidas han promovido durante mucho tiempo la noción de que la negación del aborto debe ser un delito según el derecho internacional. Los programas en curso de la oficina de derechos humanos de la ONU, así como otros programas llevados a cabo en la región con dinero de donantes occidentales, vinculan la violencia de género con la aplicación de las leyes de aborto.


Según un Protocolo Modelo Latinoamericano de 2014 para la investigación de asesinatos de mujeres relacionados con el género preparado por los organismos de las Naciones Unidas, "muertes debido a abortos inseguros o clandestinos" deben considerarse "categoría pasiva o indirecta de feminicidios".


La oficina de derechos de las Naciones Unidas y los organismos de las Naciones Unidas organizan talleres en la región para personal legal y policial todos los años, según informes preparados por la oficina de derechos humanos de las Naciones Unidas. En Centroamérica, las oficinas regionales de la burocracia de derechos humanos de las Naciones Unidas promueven rutinariamente el aborto. Y las evaluaciones internas de la oficina de derechos humanos de la ONU elogian el papel de los "asesores de género" dentro de la burocracia de la ONU para promover el aborto y la agenda LGBT en América Latina y en todo el mundo.

jueves, 16 de diciembre de 2021

¿Qué hemos aprendido de la pandemia por Coronavirus SARS-Cov-2?




Desde que Hipócrates hace cerca de 2500 años considerase, que la observación de los síntomas junto al paciente enfermo representaba el fundamento esencial para el conocimiento y desarrollo de la medicina, la humanidad ha transcurrido durante extensos periodos de tiempo, baste señalar el medieval, inmersa en la incertidumbre, obscurantismo, brujería, e inclusoanticiencia, en todo lorelacionado con el sabermédico.

De forma intercurrente y podría también decirse que cíclicamente, los humanoshan padecido situaciones de variada naturaleza infecciosa, capaces de originar elevados porcentajes de mortalidad entre la población, con elevado riesgo de propagación epidémica y pandémica , este ultima entendida, “Como cualquier brote epidémico, afectando a más de un continente , en el que los nuevos casos confirmados dependieran de transmisión comunitaria local y con elevada capacidad de contagio para aumentar el número de afectados, en cortos periodos de tiempo”.

La plaga de Justiniano durante el Siglo VI, provocó la muerte, entre el 13% y el 26% de la población; en la Peste Negra o Bubónica, a mediados del Siglo XIV, se estima que un tercio de la población europea pudo sucumbir durante la epidemia. Esta catástrofe supuso, no obstante, un importante impulso preventivo para la humanidad al considerar por vez primera la “cuarentena”, como medida epidemiológica obligadade prevención.

La Viruela ha estado presente en diferentes sociedades durante siglos, a lo largo del S. XVII., afectó a Europa y a través de ella, al Continente Americano y Filipinas, con una estimación de más de50millones de muertespor todo el mundo.

Merece señalarse en este punto, que “La Operación Balmes de vacunación antivariólica” en Iberoamérica y Filipinas y la enfermera Isabel Zendal como una de sus principales protagonistas en la expedición, significó un relevante hito histórico para España, en la lucha y extinción de la Viruela.

La mal llamada Gripe Española de 1918, en el Siglo XX., por el virus A (H1N1), originó entre 40 y 50 millones de muertes y vino a representar, una de las mayores pandemias, con las que se ha enfrentado la humanidad. La última y actual pandemia por el virus SARS- Cov-2, en pleno Siglo XXI., con más de doscientos millones de casos diagnosticados, y cerca de cinco millones de muertes, nos ha confirmado, que es más que probable, que la humanidad deba enfrentarse cada cierto tiempo a situaciones de esta magnitud, sin que el gran desarrollo biotecnológico y medico actual, sea capaz de aportar una solución definitiva de forma inmediata.

Quizás por ello deberíamos plantearnos considerar, tanto individualmente como personas, y como colectivo social, la aplicación de las medidas preventivas, mejor conocidas y confirmadas, paraasegurar su puesta en marcha y su cumplimiento legal si fuera necesario.

La naturaleza del agente causal, su mecanismo de acción frente a la infección, y a la enfermedad ya establecida, los posibles cambios genómicos del virus, el estado inmunitario y su duraciónendiferentes gruposde la población y edad,y la importancia del mayor número de vacunados, para conseguir la inmunidad grupal en el tiempo, representan factores muy importantes, en el control o por elcontrario en la expansión  de esta pandemia.

Además, actualmente el traslado constante, inmediato y fácil a grandes distancias, entre la población mundial, supone un importante factor de riesgo para facilitar  su propagación.

Por tanto creo llegado el momento en el que asumir, como parte de nuestra gran familia humana, que pese a los extraordinarios avances de la civilización del “Homo Sapiens” durante milenios, pordiferentes y variadas razones,no hemos sido capaces de prevenir estas situaciones epidémicas y pandémicas, que de forma cíclica y a lo largo de la historia de la humanidad nos han asolado, siendo capaces de originar aun hoy en día descensos muy importantes de la población mundial, por muertes debidas a la enfermedad, e importantes cambios sociales, laboralesy económicos difíciles de imaginar hace poco más de un año.

La biotecnología actual aplicada a la prevención, con estudios epidemiológicos importantes en número de población y con buen diseño estadístico, facilitan el conocimiento de la evolución natural y el control de la pandemia. El alto grado de complejidad y conocimiento científico adquirido, en la investigación genómica del virus y sus variantes, en los avances potenciales terapéuticos con medicaciónantiviral, y en el estudio y aplicación de diferentes vacunas, podrán facilitar excelentes resultados de tratamiento y control de la pandemia, siempre que seamos capaces de aportar el mayor grado de implicación y cumplimiento de las medidas recomendadas.

Que experiencias positivas aprendidas claramente confirmadas y conocidas, ¿debemos poner en práctica ante cualquier evolución negativa de la actual situación, o en las posiblemente venideras…?.

Mascarilla, Ventilación, Distancia, e Higienede lavados de manos.

La mascarilla y su utilización razonable y responsable en cada momento y situación, se ha confirmado por estudios bien diseñados y controlados, como una de las medidas más importantes y esenciales, para prevenir el contagio y la posible enfermedad en la pandemia actual.

Diferentes razones, podrían aconsejar mantener su uso razonable en el futuro más inmediato.

La práctica ausencia durante el pasado otoño–inverno en ambos hemisferios terrestres, de cuadros respiratorios con alta transmisión infectiva a través de la vía aérea superior, tanto por inhalación directa de secreciones infectadas durante la conversación y con los golpes de tos, como por su dispersión aérea a través de aerosoles de virus estacionales como los Gripales, y sincitial respiratorio VSR., en la edad infantil, ¿deberían plantear la posible recomendación de mantener un uso razonable de las mascarillas…?

La escasa relevancia estacional comentada, durante el periodo de la pandemia, podría aconsejar su utilización preventiva no solo para la infección por SARS-Cov-2, sino también, para los virusestacionales. Deberíamos ser cuidadosos, por tanto, con cualquier información optimista que recomendara y facilitara olvidarse de la mascarilla, que tanto trabajoha costado instaurarentre la población eneste tiempode pandemia, y por el contrario hacer valer clara y razonablemente su efecto preventivo ante cualquier situación por venir.

La costumbre muy arraigada en muchos países asiáticos de su uso habitual, por la elevada densidad de población, y por su alta exposición a ambientes urbanoscon alto grado de contaminación, pudiera hacernos considerar las ventajas de su utilización entre nosotros, en situaciones similares, siempre con el control, la suficiente información y planificación de las autoridades sanitarias.

Respecto al valor del incremento de la higiene, en el lavado de manos, el nivel óptimo de ventilación en lugares públicos o privados, abiertos y cerrados, y en la distancia mínima a guardarentrepersonas. Son todas ellas medidas muy positivas y recomendables para cualquier situación de riesgo, siempre con el mayor grado de cumplimiento y empatía interpersonal por nuestra parte, paraentender su importancia y convertirla en un hábito positivo.

No quiero dejar pasar como Neumólogo, la importancia preventiva, que para esta pandemia, o cualquier otra situación de carácter epidémico, puede aportar, el lavado nasal rutinariocon suero fisiológico, la correcta ventilación basal a través de la nariz, y el uso de colutorios con alta capacidad antiséptica, para unbuen enjuague faríngeo.

Baste recordar el importantísimo valor de la ventilación nasal, en el filtrado de las partículas de mayor tamaño, y en la humectación y calentamiento del aire inspirado inhalado a través de los conductosnasales, como principio esencial de mantenimiento de la correcta homeostasis de la vía aérea superior e inferior.


Vacunación.

La importancia de la vacunación es incuestionable, y sus resultados muy positivos hasta el momento, permiten afirmar su eficacia en el control de la capacidad infectiva entre la población, y el que una vez vacunados y ante un nuevo contagio, la evolución clínica de los pacientes diagnosticados tenga uncurso más benigno.

La posible indicación de una tercera dosis de recuerdo en personas de mayor edad, o en aquellasmás susceptibles por su estado inmunológico deprimido, suponen una realidad epidemiológica a estudiar y aplicar de forma ordenada y controlada. Su uso generalizado en todo el mundo, sería una forma efectiva para facilitar su erradicación, y también para evitar posibles mutaciones y variantesmás infectivas y patógenas del virus.


Otras medidas aprendidas.

No quiero dejar de señalar, diferentes aspectos muy positivos e importantes que esta pandemia nos está facilitando. Un cielo más azul y un ambiente más respirable, por el descenso del 20 al 30% de contaminación, debido a la menor circulación rodada en las grandes ciudades; una disminución apreciable y significativa del número de accidentes de tráfico y de la criminalidad en general; el ya mencionado y evidente descenso, con casi ausencia, de la patología infecciosa estacional y su relación con el periodo pandémico pasado.

Ciertamente lo aprendido como positivo durante este periodo facilitará muy posiblemente, cambios en la conducta humana, al observar de nuevo hasta qué punto podemos ser vulnerables como individuos y como sociedad, y que por ello nos sintamos cada vez más solidarios.

La fragilidad y vulnerabilidad confirmada en esta pandemia, obligará a no subestimar el riesgo de su posible reaparición en un futuro, y a buscar entre todos el punto de equilibrio necesario para abordar un compromiso y la plena conciencia planetaria de cómo intentar evitar sus consecuencias, tratando de encontrar el equilibrio necesario y el mayor grado de cumplimiento de todas las medidas recomendadas.

El valor de lo cotidiano, el núcleo familiar , el de los amigos, el fomento de la creatividad , la lectura al permanecer más aislados, y el valor incalculable que en estas condiciones de confinamiento , tiene el cariño y la comprensión de quienes nos rodean, suponen también una buena vacuna de aislamiento intelectual, para asimilar la terrible situación vivida, y para valorar en su medida y sin temores, ni pánico, las noticias que en ocasiones, sin certeza confirmada, y con tintes alarmistas nos facilitan los medios de comunicación .

Es conveniente recordar, además, que siempre es buen momento y en esta pandemia aún más, para obtener el beneficio importante que siempre aportan los comportamientos saludables, como una vida con actividad física rutinaria, la dieta controlada y equilibrada, y procurar una mejor relación interpersonal, y un óptimo nivel de comunicación con los demás, para mejorar nuestra calidad de vida y bienestar, particularmente en la edad avanzada.

jueves, 18 de noviembre de 2021

La sociedad hoy. Postcristiana, postsecular y postliberal

Intelectuales y políticos cristianos se encuentran ante las opciones de retirarse de la vida institucional o dar la batalla cultural. Amb.as, con el riesgo de reducir el cristianismo a una identidad ideológica manipulable.

Ricardo Calleja Rovira·16 de noviembre de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
Manifestación

Durante decenios, la mayoría de los cristianos –y el magisterio de los pastores- se unía al gran consenso social sobre la legitimidad de las instituciones vigentes, aunque pudieran señalar deficiencias. En esa sociedad abierta, los cristianos propondrían, no impondrían, sus ideas, asumiendo las reglas de juego como uno más. Confiados en la fuerza de la verdad y en los cauces institucionales del sistema político, aspiraban a convencer con la palabra y el ejemplo. Esperaban así preservar los fundamentos de la vida común, que entendían que no eran una cuestión de fe religiosa. Se enfrentaban a las ideologías secularizadoras que erosionaban esos fundamentos: la dignidad de la persona y de la familia, la definición del matrimonio, la dimensión religiosa de la persona, el cuidado de los necesitados, etc. Lo que ocasionalmente llamó Benedicto XVI los “principios no negociables”.

Pero las condiciones en las que se afirmaba lo anterior han cambiado de modo significativo. 

Aún a riesgo de resultar drástico, podemos decir que en la actualidad ya no estamos en un escenario de sociedades fundamentalmente cristianas que enfrentan las tensiones del proceso de secularización mediante las reglas de juego del liberalismo político. Estamos en sociedades cada vez más post-cristianas, post-seculares y post-liberales.

La sociedad de hoy

Post-cristianas porque surgen nuevos principios de justicia que ya no son “virtudes cristianas que se han vuelto locas”, como decía Chesterton. Me refiero, por ejemplo, a la negación de la singularidad de la especie humana, de la dignidad del individuo, de la racionalidad como norma de los debates, de la presunción de inocencia, etc.

Post-seculares porque el resultado de la desaparición progresiva del cristianismo no es una sociedad menos religiosa en general, sino la sustitución del cristianismo por nuevas religiones civiles. Me refiero a los fenómenos ideológicos vinculados con las políticas de identidades, el ecologismo radical, el animalismo, etc. No se trata de ideas alternativas dentro del espectro de opciones libres en una sociedad, sino de la pretensión de cambiar de raíz los principios de la vida común. Que además se expresan no de modo discursivo sino principalmente identitario, emocional y colectivo, y casi diríamos sacramental. Una nueva religión –o conjunto de religiones- que derriba los ídolos y estatuas de la anterior y establece nuevos tabúes.

Post-liberales porque desaparece el consenso sobre las instituciones comunes, la aspiración a una sociedad de individuos libres e iguales, la importancia del respeto a las reglas de juego institucionales con su alternancia en el poder y una relativa neutralidad del espacio público, y la cohesión social propia de clases medias prósperas. Asistimos a intentos por ocupar las instituciones con afán hegemónico, y a la fragmentación emotivista de la opinión pública, que reduce los lugares comunes para el encuentro. Surgen formas de democracia no liberal –plebiscitaria, caudillista, identitaria- y crece la simpatía por regímenes más cercanos al autoritarismo tecnocrático.

La actitud del cristiano

Ante estos escenarios, la síntesis mencionada al principio ha dejado de estar vigente como posibilidad realista de acción social y política, por mucho que uno pueda lamentarlo o echarla de menos. La asimilación acrítica de un contexto cada vez más lejano del cristianismo no parece una opción válida ni atractiva. El compromiso meramente experto con las instituciones –en sí mismo irreprochable- no basta para contribuir eficazmente a reforzar los fundamentos de la vida política, permanentemente agredidos. Incluso el liberalismo más clásico y racional no parece tener ni tirón electoral, ni voluntad de defender algunos valores sustantivos fundamentales desde la perspectiva cristiana.

En ambientes intelectuales y políticos cristianos surgen opciones más identitarias. Unos promueven una “retirada” de la vida política institucional, por su fuerza corruptora del carácter individual y del debate público. Otros, sin embargo, asumen la tesitura conflictiva y se preparan para dar la batalla cultural desde las instituciones. En ambos casos con el riesgo de reducir el cristianismo a una identidad ideológica o cultural manipulable y en el fondo vacía. Y con la perplejidad de tener que renunciar a las reglas de comportamiento más o menos civilizadas de la política democrática a las que estábamos acostumbrados. Porque el modo de hacerse presente en el espacio público como minoría atosigada ya no es la cordialidad o el simple ejercicio discreto de los propios derechos y obligaciones. Muchos cristianos piensan que deben hacer oír su voz aunque suene estridente, aunque les granjee enemistades en su entorno social y genere conflicto en la esfera pública. Y surge siempre la tentación de volverse intolerantes hacia adentro con quienes no pelean las batallas como nosotros pensamos que deberían pelearse. O sencillamente con quienes las pelean, si uno piensa que debe evitarse ante todo la confrontación.

Como escribió Nietzsche, quien combate a un monstruo, debe tener cuidado de no convertirse en otro monstruo. ¿Dónde está el límite? ¿Se promueve así la amistad social y el bien común, como propone el papa Francisco, y toda la tradición clásica de la política? Y a la vez, ¿no es la confrontación cívica un modo de encuentro más sincero que el diálogo de sordos o el silencio de los corderos?

EL AUTOR

Ricardo Calleja Rovira

Profesor de Ética Empresarial y de negociación en el IESE Business School. Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.

domingo, 14 de noviembre de 2021

Para meditar en noviembre, mes de los difuntos.

“Dios creó al hombre de la tierra, y lo formó a imagen suya; y porque pecó lo hizo volver a ser tierra. Y lo revistió de virtud conforme a su ser. Le señaló determinado tiempo y número de días; y le dio potestad sobre las cosas que hay en la tierra”. (Eclesiástico, XVII, 1-4)

 

En la contraposición paulina entre el “espíritu” y la “carne” está incluida también la contraposición entra la “vida” y la “muerte”. Este es un grave problema sobre el que se debe decir ahora que el materialismo, como sistema de pensamiento en cualquiera de sus versiones, significa la aceptación de la muerte como final definitivo de la existencia humana. Todo lo que es material es corruptible y, por tanto, el cuerpo humano (en cuanto “animal”) es mortal. Si el hombre en su esencia es sólo “carne”, la muerte es para él una frontera y un término insalvable. Entonces se entiende el que pueda decirse que la vida humana es exclusivamente un “existir para morir” (Dominum et vivificantem, n.57).

 

“El máximo enigma de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor y con la disolución progresiva del cuerpo. Pero su máximo tormento es el temor por la desaparición perpetua. Juzga con instinto certero cuando se resiste a aceptar la perspectiva de la ruina total y del adiós definitivo.


La semilla de eternidad que en sí lleva, por se irreductible a la sola materia, se levanta contra la muerte. Todos los esfuerzos de la técnica moderna, por muy útiles que sea, no pueden calmar esta ansiedad del hombre: la prórroga de la longevidad que hoy proporciona la biología no puede satisfacer ese deseo del más allá que surge ineluctablemente del corazón humano.


Mientras toda imaginación fracasa ante la muerte, la Iglesia, aleccionada por la Revelación divina, afirma que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre. La fe cristiana enseña que la muerte corporal, que entró en la historia a consecuencia del pecado, será vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvación perdida por el pecado”. (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n.18)

¿Cuándo la política fiscal es injusta? (artículo póstumo)

  Por Carlo Caffarra, Cardenal Arzobispo de Bolonia. Recientemente fallecido. El sistema fiscal es una parte relevante del pacto social, en ...