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sábado, 14 de marzo de 2020

Una joven con síndrome de Down reta al gobierno británico por la ley del aborto


Ser un bebé con síndrome de Down y estar todavía en el vientre materno puede ser muy mal asunto en el Reino Unido: la Abortion Act, de 1967, estipula que en Inglaterra, Gales y Escocia se puede ejecutar un aborto cuando “existe un riesgo sustancial de que, si el hijo nace, puede sufrir anomalías físicas o mentales que lo discapaciten gravemente” (art.1.1.d).
No pocos ven en esto un signo de discriminación: si los progenitores tienen el “derecho” de abortar a sus hijos no nacidos hasta las 24 semanas en caso de que no presenten enfermedades o malformaciones prenatales, a quienes sí vienen con alguna –que puede ser el labio leporino, el pie zambo o el mencionado síndrome– se les puede abortar a libre demanda, sin plazos.
Según la web de la campaña Don’t Screen Us Out –que se opone a los tests prenatales para detectar si el bebé tiene síndrome de Down–, solo en 2018 hubo 3.269 abortos selectivos por razón de discapacidad del niño. De estos, 618 fueron casos de dicho síndrome. Si se conoce que, diez años antes, se efectuaron 436 abortos por esta causa, se concluirá que la ley ha servido para arrinconar cada vez más a este colectivo y al de quienes padecen otras discapacidades.
Pero algunos han decidido plantar batalla. Una joven con síndrome de Down, Heidi Crowter, y Cheryl Bilsborrow, madre de un niño de dos años con esta condición, están preparando una demanda contra el gobierno británico para exigirle que cambie la ley. Heidi cuestiona el sesgo discriminatorio de la norma actual: “A mí me incluyen en la definición de ‘gravemente discapacitada’, solo porque tengo un cromosoma extra. Lo que me están diciendo es que mi vida no tiene el mismo valor que las otras, y no creo que estén en lo correcto. Es una discriminación rampante”.
La ley británica permite el aborto sin límite temporal de los bebés no nacidos que presentan algún tipo de discapacidad
No es solo su parecer. La Comisión de Igualdad y Derechos Humanosbritánica ha expresado que ese aspecto de la ley es “ofensivo para muchas personas”, “refuerza los estereotipos negativos sobre la discapacidad”, y deja en letra muerta la igualdad. Y la mayoría de la gente de a pie sintoniza: en 2017, un sondeo de ComRes reveló que dos de cada tres personas aprueba prohibir el aborto selectivo tanto por raza y sexo como por discapacidad.
Quizás por esas simpatías, a Heidi y a Cheryl les ha sido relativamente sencillo colectar el dinero necesario para llevar adelante su demanda. “Vivimos –dice una portavoz de Don’t Screen Us Out– en una sociedad que proclama su deseo de empoderar a aquellos que tienen discapacidades, y que con independencia de tus condiciones, mereces una oportunidad justa y equitativa en la vida. Creemos que nuestras leyes tienen que reflejar esta narrativa”.
Que se igualen los tiempos límite
Con el proceso ya en sus inicios, Heidi, quien reside en la localidad inglesa de Coventry, ha accedido a responder a algunas preguntas de Aceprensa. Su caso ha concitado nuestra atención y la de otros medios, porque no ocurre todos los días que un ciudadano se levante, en un Estado de derecho, para recordarle a ese mismo Estado que se ha olvidado de las prerrogativas –particularmente la del derecho a la vida– de parte de sus ciudadanos:
— Ya has aparecido en los diarios y en la tele británica. Cuéntanos más sobre ti.
 Pues tengo 24 años y vivo sola, aunque cuento con apoyo externo durante unas pocas horas a la semana. Trabajo cuatro horas a la semana en una peluquería para niños, y hago voluntariado con grupos de menores en mi iglesia. Tengo montones de amigos de todas las edades, y disfruto mucho salir con ellos a comer, al cine y al teatro. Además, me voy a casar con un hombre maravilloso, James, también con síndrome de Down.
— Y has llevado a juicio al gobierno…
— La demanda que he presentado es sencilla: los bebés sin síndrome de Down pueden ser abortados hasta las 24 semanas de gestación, pero los que tienen el síndrome pueden serlo hasta el momento mismo del nacimiento. Como mujer con tal condición, esto me irrita; lo encuentro profundamente ofensivo. Mi vida tiene tanto valor como la de cualquier otra persona.
Yo soy miembro de la sociedad en igualdad de condiciones que el resto. ¿Por qué va a ser diferente para un bebé en el vientre materno? Quiero que el gobierno cambie la ley, y que haya igualdad en los tiempos límite del aborto.
— ¿Has podido conversar ya sobre esto con algunos políticos?
— Sí, he hablado con varios, y con los medios. Me encanta hablar por aquellos que no tienen voz. La reacción del gobierno hasta ahora ha sido decir que el aborto es una decisión personal de los padres, pero no es de eso de lo que trata mi caso. Mi demanda va contra la discriminación en los diferentes límites temporales del aborto para los bebés que tienen síndrome de Down y quienes no lo tienen.
— ¿Y cómo ha sido acogida la demanda por parte de la gente?
— La reacción de muchos ha sido quedar atónitos al enterarse de lo que dice la ley, y han manifestado su acuerdo conmigo en que esto es una discriminación palmaria. Ya han donado más de 20.000 libras para ayudar a pagar el costo de la demanda, lo que muestra lo importante que es el tema para el público británico.
Y mientras, en Irlanda del Norte…
Además de apoyar la causa de Heidi y Cheryl para una modificación de los tiempos del aborto, Don’t Screen Us Out ha visto abrirse otro frente en Irlanda del Norte: ahora que se ha dado luz verde al procedimiento en esa provincia y se define un marco regulatorio, Downing Street nº 10 pretende reproducir allí la misma ausencia de límites que en el resto del reino. La ley debe quedar lista el 31 de marzo.
Hasta el momento, señala el conservador Lord Shinkwin –afectado por una enfermedad genética denominada osteogénesis imperfecta–, el Ulster ha sido “el lugar más seguro en el Reino Unido para ser diagnosticado con una discapacidad”, habida cuenta de que en 2016, de 53 casos de bebés norirlandeses con Down, solo uno resultó abortado, y esto en Inglaterra. Pero tanto en este último país, como en Gales y Escocia, el 90% de los no nacidos con este síndrome condición son víctimas del aborto.
A la vista de lo anterior, 1.875 personas con esta condición han enviado una carta al primer ministro Boris Johnson para pedirle que no se introduzca el aborto selectivo en Irlanda del Norte, y que se comprometa a añadir “una sencilla provisión” a la nueva norma, que prohíba explícitamente el procedimiento en caso de detección del mencionado síndrome en el no nacido.
Con la excepción del Ulster, en el resto del Reino Unido el 90% de los no nacidos con síndrome de Down son abortados
“Si su gobierno no asegura la puesta en vigor de esa provisión (…), Ud. será directamente responsable de introducir una ley profundamente discriminatoria en Irlanda del Norte (…), algo que parece arcaico en una cultura que abraza nuestras diferencias y ya no trata a las personas con discapacidad como ciudadanos de segunda. Por favor, haga lo correcto”, concluye la misiva.

miércoles, 11 de marzo de 2020

“Indistraíbles”: Cómo fortalecer la atención en la práctica

Montse Doval Avendaño, Aceprensa

Estos son algunos consejos extraídos del libro Indistractable, de Nir Eyal.
Cuando nos tienta la distracción, no debemos atacarla de frente: eso puede hacer que fijemos la atención en ella y empecemos a obsesionarnos aún más con lo que nos apetece hacer. Más bien, hay que identificar qué emoción desató el deseo y observarla –según la recomendación del monje budista– como quien mira a sus ovejas (o sus cabras): con curiosidad y a distancia, sin enfado. Después hemos de anotar esa emoción (enfado, celos, aburrimiento, soledad, etc.) y la distracción que nos tienta. Así, uno puede acabar sabiendo que cuando me siento solo, tiendo a ir a la nevera a buscar comida.
Los valores deben organizar mi tiempo. La planificación del día tiene que ir precedida de una reflexión sobre qué es más o menos importante para cumplir mis valores, o acabaré en el desequilibrio. Por ejemplo, no tiene sentido pensar que aprovechar el tiempo significa trabajar sin límite o volcar toda la atención en los hijos. A algunas personas les ocurre, por el contrario, que otro (el jefe, la familia, un cliente, el primero que aparece o el móvil) decide en qué emplean sus días.
Para organizar el día, Eyal no recomienda las listas de tareas o los horarios cerrados, sino el timeboxing: cajas de tiempo dedicado a actividades amplias (trabajo, descanso, familia, deporte, etc.) que reflejan mis valores. ¿Cuánto tiempo a la semana sería congruente con mis valores dedicar al trabajo? Y así con el resto de los ámbitos. Es una forma más franca de contemplar el tiempo, aunque probablemente no sirva para todos los temperamentos.
En esas cajas de tiempo, lo esencial es evitar la multitarea. No nos engañemos con esto: el coste de cambiar de tarea o de hacer dos cosas a la vez (no, las mujeres tampoco podemos) es perder mucho más tiempo y cometer más errores.
Eyal recomienda el timeboxing: cajas de tiempo dedicado a actividades amplias que reflejan mis valores
También hay que estar especialmente alerta en los momentos de transición de una actividad a otra, porque en esos instantes es más fácil distraerse pensando que unos minutos dedicados a ver las redes sociales están justificados. 
Ahora bien, debemos revisar periódicamente los bloques temporales que nos hemos fijado, porque necesitarán reajustes.
Tiempo para los otros
Un apunte especialmente interesante es que hay que sacar tiempo para las personas a las que queremos: no pueden simplemente quedarse con las sobras. Eyal dice que ahí se deben incluir las actividades del cuidado del hogar que, al final, es cuidado de las personas con las que vivimos. Este tipo de actividades deberían programarse semanalmente.
Como Eyal es marido y padre, hace una observación pertinente sobre la ceguera hacia las labores domésticas. Gran parte de los hombres no han entrenado su atención en fijarse en la cantidad de tareas que hay que realizar en un hogar. No deben esperar a que nadie se lo pida; deberían fijarse y hacerse cargo. 
En ese tiempo para los demás también hay que incluir a los amigos. Según Eyal, privarse de amigos íntimos es garantía de desequilibrio vital. La cuestión no está en el número de amigos, sino en la calidad de esas relaciones, que depende de tres factores: alguien con quien hablar, alguien de quien fiarse, alguien con quien disfrutar.
Hay que informar a la gente involucrada en nuestra planificación: compañeros de trabajo, jefes, familia, amigos. Si no lo hacemos, quizá nuestro compañero de trabajo piense que puede interrumpirme porque estoy distraído, cuando en realidad, aunque estoy mirando al infinito, es el momento en que intento concentrarme para reflexionar.
Domar el móvil
Según Adam Marchick, CEO de la compañía de marketing Kahuna, el 85% de los usuarios no personalizan las notificaciones de sus móviles: dejan que las apps decidan por ellos cuándo interrumpirles. Eso es dejar el control en manos de quien adora interrumpirnos. En el iPhone es bastante fácil activar la regla general “No molestar” en determinadas situaciones para evitar las notificaciones. No obstante, es conveniente repasar qué aplicaciones tenemos autorizadas para notificarnos y decidir cuáles son realmente urgentes.
Hay que sacar tiempo para los familiares y los amigos: no pueden quedarse solo con las sobras
El sonido es lo más disruptivo. En la inmensa mayoría de las situaciones, tener el móvil silenciado es una magnífica idea, por nosotros y por los demás.
Otro bloque del libro está dedicado a las reuniones en el trabajo. Para Eyal, en la mayoría de los casos son una pérdida de tiempo. Las reuniones no son el lugar para hacer tormenta de ideas, según Eyal. Eso se debe reservar para, como máximo, dos personas. Él exige dos requisitos para ir a una reunión: una agenda muy concreta sobre lo que se va a discutir y una propuesta de solución no más amplia que una carilla.
En las reuniones no admite pantallas: papel, bolígrafo y, si acaso, post-it. Las pantallas en las reuniones son escapismo psicológico, advierte: una ventana para salir de la reunión y estar en otra parte. 

sábado, 7 de marzo de 2020

El atractivo de una Miss con estilo propio

Leonie Charlotte von Hase (© Stephan Glathe)
Würzburg. – Según el autor de bestsellers norteamericano John Eldredge, la “parte más sensible” de una mujer es su belleza. Quizá en ningún otro punto de su ser sea una mujer tan vulnerable como cuando se plantea la cuestión de su propia belleza. Tal vez, sin embargo, no haya ningún otro punto en su ser que tenga tanta fuerza. Pero ¿qué hace hermosa a una mujer, a una persona?
“Para mí, la belleza es exclusivamente carácter y personalidad; todo lo demás es mera estética”, dice Leonie Charlotte von Hase. El 15 de febrero, esta mujer de 35 años fue elegida oficialmente como la mujer más hermosa de Alemania. De sonrisa radiante, es la ganadora de mayor edad en la historia de los concursos de Miss Alemania… y la primera mujer que consigue este título siendo madre.
Su elección como Miss Alemania 2020 no solo fue merecida, sino que también muestra la reorientación consciente que ha experimentado el concurso nacional de belleza. Desde 2019, el concurso desea presentarse “más abierto, interactivo y multimedia que nunca”. Quién sea coronada como la ganadora lo decidirá no tanto una “belleza superficial”, sino la autenticidad y el carácter.
Leonie von Hase es, efectivamente, una mujer con perfil propio. Nació en Namibia de padres germano-africanos y creció con tres hermanas mayores en una granja. “Mi infancia fue purista; no está marcada por la influencia de los medios”, recuerda. “No tenía ningún ideal de belleza, excepto mi madre”. El amor de Von Hase por la naturaleza se ha mantenido también en la gran ciudad. En Ciudad del Cabo estudió Artes Dramáticas, Filología Inglesa y Ciencias de la Comunicación; más tarde vivió en Londres, Stuttgart, Berlín, Atenas, Milán y otras ciudades. “Una vida en estrecho contacto con la naturaleza forma parte de mi armonía personal”, explica. “Y por eso afirmo que cualquier persona que pasa tiempo en la naturaleza irradia más equilibrio”.
Algo más que medidas ideales
Para Von Hase, lo decisivo es la autenticidad, no la adaptación a las ideas difundidas por los medios. “En general, me parece difícil orientarse por los ideales sociales de belleza”. Los medios de comunicación y la industria cosmética transmiten constantemente a las mujeres, ya sea subliminal o abiertamente, que están en el “abismo de su belleza” y que tienen que hacer esto o aquello para mejorar su apariencia. ¿Pero no es esta una idea que también impulsan los concursos de belleza? “Pienso que cada mujer puede y debe decidir por sí misma si puede encontrar un beneficio al participar en un concurso de belleza”, dice Von Hase. Especialmente en los países del Tercer Mundo, una victoria podría ser un trampolín para las jóvenes y sus familias. “Sin embargo, no me presenté a Miss Alemania porque quisiera ganar un concurso de belleza, sino porque el concurso ya no solo trata de belleza, sino de mucho más”.
Tal vez este “mucho más” ha acercado el concurso de Miss Alemania a la esencia misma de la belleza. Después de todo, la belleza es “mucho más” o quizás algo completamente distinto a las medidas ideales del cuerpo y los buenos cosméticos. “Una persona puede tener un rostro maravillosamente simétrico, pero si no irradia simpatía, no es bello”, afirma Von Hase. Es decir, que el núcleo de la belleza de una persona se encuentra por debajo de la superficie de sus rasgos faciales. La belleza parece ser sobre todo un asunto del corazón. “La verdadera belleza de una mujer se refleja en su alma”, escribe Audrey Hepburn. “Es el cuidado que da con amor, la pasión que muestra”.
La belleza es menos una cuestión de apariencia que una expresión de toda la persona
¿Es la belleza el resultado del amor de una persona? Eldredge también ve la cuestión de la propia belleza estrechamente ligada al amor. “¿Soy adorable?” es la “pregunta del corazón” que se hace una muchacha. Tal vez una mujer solo pueda irradiar la verdadera belleza si ha encontrado una respuesta a esta pregunta en la conciencia segura de ser amada y en la transmisión de este amor. Dice Hepburn: “La belleza de una mujer debe verse desde sus ojos, porque es la puerta de su corazón, el lugar donde reside el amor”.
“El estilo siempre es único”
También Leonie von Hase presta atención a los ojos cuando se encuentra con una persona… y después a los zapatos. En su plataforma online The Leonie Store ofrece ropa y productos vintage. Von Hase ve la ropa sobre todo como “expresión creativa”. “No me interesa seguir las tendencias de la moda o los ideales de belleza predeterminados”, dice. “Eso es exactamente lo que me gusta tanto del vintage. Todo es único; el estilo siempre es único”. Las mujeres alemanas podrían ser un poco más audaces, piensa, y asumir más “riesgos estilísticos”. “A cambio, tienen un muy buen gusto por la apariencia clásica y elegante”.
Sin embargo, no está segura de que la belleza sea básicamente un tema típico de las mujeres como, por ejemplo, subraya Eldredge. “Creo que las mujeres se han visto reducidas a ese tema durante demasiado tiempo”.  No obstante, von Hase considera que “el sentido de la belleza y la estética” es una “cualidad femenina”, ya sea “por prestar atención a un hermoso ramo de flores o al diseño de la propia casa”. En su opinión, convertirse en madre es también formativo para la percepción del propio entorno: Von Hase tiene un hijo pequeño. “Con la experiencia de ser madre me he vuelto muy sensible y me siento rápidamente tocada por la belleza de la naturaleza, por los momentos conmovedores con mi hijo, pero también por cuestiones sociales que influirán en el futuro de mi hijo”.
Como el concurso de Miss Alemania de este año deja particularmente claro, la belleza es menos una cuestión de apariencia que una expresión de toda la persona. La belleza vive de la historia, de las experiencias, de la actitud de una persona, viene del corazón. Quizá precisamente por esto sea tan decisiva la autenticidad que Von Hase deseaba en su declaración sobre el concurso de Miss Alemania.

jueves, 27 de febrero de 2020

Ideas para un cambio social

Juan Meseguer, 5.02.2020

¿Cómo vivir en una sociedad cuyas ideas y valores dominantes no siempre respetan la dignidad de la persona? Frente a los lamentos derrotistas, surgen propuestas que tratan de romper el bucle de la desesperanza entre los creyentes, ilusionándoles con la invitación a construir una cultura más humana.
“El Evangelio es esperanza frente a la desesperación, y yo querría escribir poemas que se le parecieran. Poemas así son necesarios en el mundo de hoy”, escribía el sacerdote y poeta polaco Jan Twardowski (1915-2006).
Lo cierto es que en la poesía de Twardowski no hay didactismo. Más bien, descubrimos un corazón compasivo, deseoso de llevar el amor de Dios al mundo. “Lo importante –añadía– es inclinarse hacia el hombre y abrirse también a otra realidad, que es invisible y que está más allá de nuestra experiencia”.
Pero la esperanza es precisamente lo que podría estar faltando entre los creyentes. Así lo cree R. J. Snell, director académico del Witherspoon Institute, quien levanta acta en Public Discourse del clima de abatimiento que hoy percibe entre los católicos estadounidenses. Un malestar provocado por la sensación de que los asuntos públicos que más les importan, se están desmoronando.
Crisis de esperanza
Al cambio de valores y de mentalidades experimentado por la sociedad en muy pocos años, Snell añade las abruptas diferencias entre los creyentes. Ya no se trata solo de persuadir a los de fuera de la Iglesia, sino también de articular la paz entre quienes –en teoría– comparten convicciones. Aquí cabe citar la división entre los partidarios de recuperar los valores perdidos mediante una respuesta política contundente, y los que creen que el problema es más profundo y apunta a la cultura.
“En condiciones culturales como estas, existe la tentación de jugar a ser profeta, de lanzar estruendosas condenas, de arrogarse para uno mismo el oficio de Jeremías o de Miqueas”. Así, el debate público, también entre los creyentes, se desliza hacia una guerra estridente de palabras “casi insoportable en su tono y en su falsa urgencia”.
En este contexto, se han hecho frecuentes los llamamientos a rebajar la crispación. Pero más que un problema de civismo, dice Snell, lo que hoy tenemos es una crisis de esperanza. Y esto es lo que, a su juicio, alimenta la ira. Muchos creyentes han olvidado que Dios actúa en la historia, y va calando la sospecha de que “el universo es fundamentalmente hostil e inhóspito a la verdad, el bien y la belleza, y de que la humanidad ha dejado de ser imago Dei”.
Ante el rugido de la indignación y el desencanto, el propósito personal de Snell para 2020 es abrazar una “esperanza silenciosa”. Lo que no supone abdicar de las propias responsabilidades, callarse o quedarse de brazos cruzados ante las injusticias, sino reafirmarse en lo permanente: la certeza “de que Dios no deja de cumplir sus promesas” y de que es posible llevar “una vida con sentido en un universo hospitalario y significativo”.
Mostrar otra manera de vivir
No es fácil encajar que un país que se ha nutrido culturalmente del cristianismo, se haya visto sacudido por la crisis de los abusos a menores en la Iglesia; por los frecuentes conflictos en torno a la libertad religiosa y de conciencia; o por la creciente laxitud de las leyes en cuestiones morales.
La católica iraquí Luma Simms, quien emigró de niña con su familia a EE.UU., comprende las razones del desencanto de muchos creyentes. Sin embargo, considera exagerado hablar de persecución en ese país. Persecución por la fe –escribe en Law & Liberty– es lo que sufren los cristianos en otras partes del mundo, sobre todo en Oriente Medio. Y recuerda que el 80% de la violencia por motivos religiosos en los países no occidentales tiene por objeto a los cristianos.
Por eso, más que en la “persecución”, Simms centra la atención en la respuesta cristiana a las limitaciones de la cultura actual: precisamente porque el materialismo desencantado ha hecho mella en tantas personas, los creyentes deben “ofrecer a cambio algo hermoso y atractivo; una forma de vivir en el mundo traspasada por el poder del amor”.
Como Snell, tampoco ella aboga por dejar de exigir las libertades a que tienen derecho los cristianos, como cualesquiera otros ciudadanos. Pero previene frente a “la mentalidad del guerrero cultural” que solo ve agresiones de las que defenderse, olvidando la misión constructiva del cristianismo.
Ante el materialismo desencantado, los creyentes deben “ofrecer a cambio algo hermoso y atractivo”
Presión ambiental
Lo que dicen Snell y Simms sobre EE.UU. podría aplicarse a muchos países europeos, en los que se ha producido un auténtico “cambio climático cultural”, en expresión del ex rabino jefe del Reino Unido Jonathan Sacks.
En su libro La fe en la cultura del siglo XXI, Rafael Palomino Lozano, catedrático de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, examina la naturaleza de ese cambio: “No es que toda la sociedad y el Estado se hayan puesto en contra de los cristianos, sino sencillamente que nuestra fe [católica] como factor de influencia cultural se ha desvanecido”. Lo que se ha traducido en un “alejamiento de la dignidad del ser humano”, como muestra la banalización de la vida a través del aborto y la eutanasia.
Hay quienes rebajan la importancia de esa transformación, observa Palomino. Es verdad –admiten– que las pautas culturales que hoy informan el espacio público y los modos de vida ya no son predominantemente cristianas. Pero seguimos teniendo el lenguaje común de los derechos humanos, y un sistema de gobierno que garantiza a todos una vida en libertad.
Ciertamente, replica él, “es mucho lo que nos une, pero también lo es que cada vez es más lo que nos separa. (…) Y a la hora de la verdad, respecto de las cosas que realmente importan a unos y otros, no hablamos el mismo idioma”. Y pone como ejemplos el derecho a la vida, el concepto de matrimonio y la propia noción de derechos humanos.
La libertad en Occidente es real. Pero sería ingenuo ignorar la presión ambiental que ejercen las nuevas pautas culturales, así como el paternalismo de una sociedad liberal que tolera mal la diversidad de opiniones en temas controvertidos.
Recristianizar la sociedad
¿Cómo devolver a esos países su impronta cristiana? Entre las muchas respuestas que han ido surgiendo en los últimos años, Palomino destaca tres, que a su vez admiten diversas concreciones en la práctica.
La opción benedictina es una estrategia de resistencia contracultural, propuesta por Rod Dreher en su famoso libro de título homónimo (ver Aceprensa, 18-01-2019 y 24-05-2017). Para este cristiano de la Iglesia ortodoxa oriental, lo prioritario en el momento histórico actual es marcar las diferencias respecto de otras formas de vida. Para ello, propone a los laicos que construyan comunidades e instituciones que sean verdaderas “fortalezas morales”, al estilo de los monasterios de san Benito de Nursia.
En principio, no supone la completa retirada del mundo, pero sí “un cierto distanciamiento, sin ambages, de lo que pudiera hacer peligrar el sentido de pertenencia” cristiano, resume Palomino. La esperanza de Dreher es que, de esas comunidades, emerja con el tiempo un estilo de vida que se vaya difundiendo en la sociedad.
La opción gregoriana busca crear alianzas con todos aquellos que tienen en alta estima la contribución del cristianismo a Occidente, aunque no sean creyentes. Al modo de las “minorías creativas” imaginadas por T.S. Eliot, Arnold Toynbee o Benedicto XVI, esos aliados tratan de promover lo que Marcello Pera ha llamado una “religión civil”; esto es, un fondo de principios morales, culturales y políticos que den tono cristiano a la sociedad, respetando la separación entre el Estado y las Iglesias.
El nombre de esta opción alude al movimiento de reforma en la Iglesia emprendido por el Papa Gregorio VII (1073-1085), quien a su vez se declaraba deudor del Papa Gregorio Magno (540-604).
Como ejemplo más actual de esta opción, Palomino cita el empeño entusiasta de sus colegas y alumnos de Comunión y Liberación por abrir “cauces al diálogo y la reflexión, bases de una minoría creativa, en torno a la literatura, la pintura, la poesía o el pensamiento contemporáneo para despertar tantos elementos cristianos que permanecen dormidos en nuestra cultura, pero que arrancan la pasión y la emoción tan pronto los despertamos”.
La opción Escrivá. Palomino recuerda cómo, en medio del apasionante debate que suscitó en EE.UU. el libro de Dreher, hubo quienes propusieron como alternativa la “opción Escrivá”, en alusión a san Josemaría, fundador del Opus Dei. “Escrivá –dice Palomino glosando un artículo de Austin Ruse y John Zmirak– enseñó algo que la Iglesia primitiva conocía muy bien: la llamada universal a la santidad; decía que los laicos no tienen que retirarse a los monasterios para alcanzar la perfección, que el hogar y el lugar de trabajo eran los lugares en los que precisamente iban a encontrar a Cristo. Y que allí iban a llevar a otros el Evangelio”.
A diferencia de la “opción benedictina”, esta otra imagina a los cristianos como una “inyección intravenosa en el torrente circulatorio de la sociedad”, en palabras de san Josemaría. Pero este efecto benéfico solo es posible “si tienen alma contemplativa”, como advertía él mismo. “Porque, si no, no transformarán nada; más bien serán ellos los transformados: y, en vez de cristianizar el mundo, se mundanizarán”.
Responsabilidad cultural
El “amor apasionado al mundo” que difundió Escrivá incluye la invitación a los cristianos a tomarse en serio la cultura de su tiempo:
“Para ti, que deseas formarte una mentalidad católica, universal –dice en Surco (n. 428)–, transcribo algunas características:
– amplitud de horizontes, y una profundización enérgica, en lo permanentemente vivo de la ortodoxia católica;
– afán recto y sano –nunca frivolidad– de renovar las doctrinas típicas del pensamiento tradicional, en la filosofía y en la interpretación de la historia…;
– una cuidadosa atención a las orientaciones de la ciencia y del pensamiento contemporáneos;
– y una actitud positiva y abierta, ante la transformación actual de las estructuras sociales y de las formas de vida”.

La atención a las grandes líneas de la cultura contemporánea, según las posibilidades personales, aparece así como un elemento básico del afán por transformar el mundo. De ahí que, entre las varias recomendaciones con que se cierra La fe en la cultura del siglo XXI, una sea la de trazarse un plan de formación –hecho de tiempos de lectura y reflexión– para conocer aquellos debates donde se decide la orientación más profunda de la sociedad.
Lo característico de ese plan es la iniciativa personal. Ante un asunto candente de calado, puedo preguntarme cómo lo está enfocando la opinión pública, qué hay de cierto o de falso en ese enfoque, qué implicaciones tiene, qué pienso yo sobre ese asunto, qué razones puedo dar, cuáles son sus puntos débiles, qué lecturas puedo hacer para mejorarlos… A la vez, a medio y largo plazo, ese plan de formación me permite estudiar de forma desapasionada temas más perennes.
Para llevar la fe a la cultura, hay que conocer aquellos debates donde se decide la orientación más profunda de la sociedad
“Cultivar un sentido crítico –escribe Palomino– y adoptar amable y firmemente una postura propia a la luz del mensaje cristiano (…). Ganar en profundidad y perspectiva, en capacidad de asombro y observación. Pensar las cosas. Todo esto presupone una formación constante que garantiza la libertad de pensamiento. Todo esto no se improvisa; es un ejercicio que se va desarrollando con el tiempo y a muy distintos niveles, pero que no puede resultar ajeno a nadie que quiera embarcarse en la nueva evangelización de nuestro tiempo”.
Inconformismo y santidad
Es evidente que leer y pensar no basta para transformar una cultura, aunque no es poco. Al final, lo decisivo es ese núcleo duro que comparten –pese a sus diferencias– las distintas propuestas de transformación del mundo. De entrada, en el nivel más básico, el inconformismo que evita plegarse a los dictados de la cultura de moda.
Vivir de una manera que se note lo distintivo cristiano presupone la experiencia del encuentro con Jesucristo. Como explica Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación, en Crear huellas en la historia del mundo, “la cultura nueva” que producen los cristianos siempre parte “de un acontecimiento del que se participa, del zambullirse en una Presencia”. Y “este encuentro tiene un valor genético, porque representa el nacimiento de un sujeto nuevo que aparece en un lugar y en un momento determinados de la historia”, con una forma de pensar, de sentir y de obrar únicas.
“Cuando semejante Presencia entra en juego en todas las relaciones de la vida, cuando estas están ‘colgadas’ de ella (…), se tiene una cultura nueva”. Porque entonces los criterios que rigen el hogar, el trabajo, el arte, la ciencia, la política, la economía…, quedan tocados de gracia por la santidad de Dios.

Massimo Recalcati: "Los padres se han convertido en sindicalistas de sus propios hijos"

"Se ha roto el pacto generacional; los padres y los profesores ya no trabajan juntos en la educación de los jóvenes"

Massimo Recalcati (Milán, 1959) se le considera en Italia una especie de rock star del psicoanálisis. Ensayista mediático y profesor en varias universidades, se dedica a analizar los males de la hipermodernidad. En La hora de clase, que acaba de publicar Anagrama, reflexiona sobre el papel de la educación en una sociedad en la que se ha diluido la autoridad paterna y, por extensión, la del profesor. A diferencia de lo que ocurría en la generación del 68, los jóvenes ya no tienen que rebelarse contra sus progenitores -ni matar, como Edipo, al padre- porque los tienen a su lado, convertidos en compañeros de juegos. «El maestro está cada vez más solo y humillado», sostiene Recalcati, que reivindica la figura del docente que despierta en el alumno la pasión por el conocimiento.
¿En qué se diferencia el maestro actual del de generaciones anteriores? El hecho novedoso es que se ha roto el pacto generacional y esto ha incidido en el discurso educativo. Los padres y los
profesores ya no trabajan juntos en la educación de los jóvenes. Los padres más bien son los aliados de los hijos contra los
profesores. Es un cambio inaudito: los padres, en vez de apoyar el trabajo de los profesores, se han convertido en sindicalistas de sus propios hijos. Para Freud existía un vínculo espiritual entre padres y docentes. Hoy, este vínculo se ha deshecho. Cuando un profesor asume la responsabilidad de suspender a un alumno o iniciar un procedimiento disciplinario, las familias lo miran con

sospecha. Se preguntan: ¿No estará abusando de su posición de poder? ¿No estará infravalorando la calidad de nuestro hijo?

¿Qué opina de la huelga contra los deberes que han promovido en España varias asociaciones de padres?
Es el signo de esa ruptura: reivindicar la libertad de los hijos significa negar la función educativa de la escuela. Es un viento anti- institucional que atraviesa nuestro tiempo. Descalificar la escuela es descalificar la dimensión colectiva de la vida. El niño es el rey de la familia; todo debe ser sometido a sus exigencias. Es una metamorfosis antropológica; ya no es el hijo el que tiene que hacer cuentas con la realidad, sino que es la realidad la que tiene que plasmarse según el capricho del hijo.

¿Cómo puede el profesor, cuando está sistemáticamente cuestionado, incentivar las ganas de aprender de sus estudiantes?
Hay una profunda soledad del profesor. Ya no son los estudiantes los que esperan en fila a ser triturados por el sistema, como contaba The Wall de Pink Floyd. ¡Ahora son los profesores los que son consumidos por el dispositivo escolástico! La única forma de resistir es no perder el deseo por lo que se enseña. Y hacer equipo con otros profesores, para sentirse menos solo.

España tendrá otra ley educativa. La Lomce apenas habla de los docentes.
¿Ayudaría para darles más reconocimiento que la nueva norma contemplara incentivos económicos para los mejores maestros?
En Italia la humillación económica y social de los profesores ha llegado al límite en el ventenio berlusconiano. El ministro de Economía ha dicho que la cultura no se come. Un país que no tiene sentido del futuro, que no piensa a largo plazo, no invierte en su escuela ni en sus profesores. Invertir en la escuela es invertir en el futuro.

En su libro dice que los estudiantes de hoy quieren ser autónomos, pero la
«crisis estructural del sistema capitalista» les provoca «una dependencia sintomática». Antes era más fácil porque, si estudiaban y se esforzaban, era muy probable que prosperaran en la vida. Ahora esa premisa ya no sirve.

La cultura es la única vacuna que puede salvar la vida de nuestros hijos frente al riesgo de la disipación y la violencia. Lo decía Pasolini al inicio de los 70: es el vacío de cultura el que genera el deseo de la muerte. La droga, el alcohol, la violencia, la dependencia de internet, el aislamiento, la anorexia... son manifestaciones de este vacío. Ésta debería ser la primera función preventiva de la escuela: donde hay cultura hay deseo de vida y no de muerte.

¿Hay aprendizaje sin esfuerzo?
No. El aprendizaje no es Twitter. Exige el largo tiempo del pensamiento. En el estudio se necesita constancia, dedicación, empeño. Y, sin embargo, la belleza del estudio consiste en la experiencia de la constante apertura a nuevos mundos. Se da una emoción en el aprender. El buen profesor no considera al alumno como una cabeza vacía que hay que llenar, sino como un fuego que hay que encender.

Explica en su libro que la crisis de la escuela ha coincidido con la crisis de la palabra.
Hoy todo el mundo habla demasiado. Pero pocos asumen las consecuencias de sus palabras. La palabra circula vaciada de su significado. La cultura restituye dignidad a la
palabra, custodia su secreto y su fuerza.

¿Qué consecuencia va a tener la pérdida de las Humanidades en la escuela?
Uno de los síntomas más evidentes de la escuela contemporánea es que ha subordinado la propia lengua y sus raíces humanísticas al lenguaje economicista empresarial. El mito de la producción y del

rendimiento proyecta su sombra sobre nuestra escuela. ¿No debería ser precisamente la escuela la que permita un tiempo improductivo que sea fecundo? ¿No es el colegio el lugar donde se puede dedicar toda una tarde a estudiar y leer juntos una poesía, donde el tiempo se emancipe de la pesadilla de la productividad?

¿Para qué sirve aprender de memoria?
Yo pensaba, cuando era joven e indisciplinado, que no servía para nada. En cambio, Daniel Pennac subraya un aspecto de la memorización que yo había descuidado. Se trata de sumergir a nuestros hijos en el gran río del lenguaje. Es una experiencia de recuperación de nuestra procedencia. Por eso siempre escucho, con una mezcla de envidia y admiración, a amigos que en nuestras fiestas recitan poesías que aprendieron de memoria siendo niños...

¿Qué explicación psicoanalítica encuentra en el hecho de que usted, al igual que Pennac, fuera un mal estudiante y, en cambio, se haya convertido con los años en un ferviente defensor de la importancia de la escuela?
Generalmente, los psicoanalistas se ocupan de causas perdidas porque lo han sido ellos previamente. Saben, por lo tanto, bastante bien qué significa ser una causa perdida. Sólo por este motivo pueden ayudar a las personas que se han perdido a volver a empezar. Gran parte de nuestra vida está determinada por los encuentros que tenemos. Yo he tenido algunos malos encuentros al inicio de mi vida. Pero también buenos encuentros. Aquellos que han sabido dejar huella realmente. ¿No es acaso éste el significado más precioso de enseñar, dejar huella en quien aprende?

¿Cuándo la política fiscal es injusta? (artículo póstumo)

  Por Carlo Caffarra, Cardenal Arzobispo de Bolonia. Recientemente fallecido. El sistema fiscal es una parte relevante del pacto social, en ...