Páginas vistas

miércoles, 16 de enero de 2019

Paternidad y maternidad

"La teología de la maternidad debe ir acompañada de una teología de la paternidad… y de la virilidad, pues el fundamento de la virilidad es la paternidad (y no la musculatura). El hombre esposo y padre se convierte en el defensor de su mujer y de sus hijos: podrá ofrecer su mejilla izquierda, pero no la de los suyos. Por eso tiene el deber de alzarse en armas en su legítima defensa, o bien de «tomar al niño y a su madre, y huir a Egipto» (cf. Mt 2, 13), cosa que requiere no menos coraje. (...) Habría mucho que decir sobre el afeminamiento de los cristianos (que, a su vez, sirve para abonar también el terreno al machismo musulmán); la falsa compasión del que tiene el estómago sensible y duro el corazón; las falsas llamadas al diálogo del que queda excluida la verdad pero está lleno de mundanidad…" (Fabrice Hadjadj, en La suerte de haber nacido en este tiempo)

martes, 15 de enero de 2019

Reflexiones sobre la ética y las finanzas (I)

lunes, 14 de enero de 2019

¿Y qué ocurre con el relativismo?

Por Fabrice Hadjadj 

¿Se puede considerar propiamente una doctrina, como en tiempos de Protágoras? El relativismo es más bien el efecto del dispositivo mediático. Los medios de comunicación necesitan espectáculo y news. Ahora bien, para que haya espectáculo, es preciso un choque de posiciones y que estas se contrapongan; y, si solamente se trata de news, es preciso que esa noticia no sea Buena Noticia, que su novedad no tenga ningún impacto existencial, sino que nos coloque en una situación de espectador no comprometido, indignado pero pasivo, no implicado pero entretenido.

miércoles, 9 de enero de 2019

Rupnik y la belleza de la realidad redimida


El artista y teólogo Marko Ivan Rupnik (1954) ha destacado a lo largo de su trayectoria por la búsqueda de integraciones. Tanto en sus mosaicos como en su teología, pretende superar la fragmentación empobrecedora que detecta en la cultura contemporánea y que dificulta el desarrollo de las relaciones comunitarias.
En lugar de subrayar las dualidades –naturaleza y espíritu, sujeto y objeto, Dios y hombre–, este teólogo jesuita nacido en Zadlog (Eslovenia) hace 68 años propone una sugerente reflexión sobre la unidad y la comunión.
Para ello, sigue el camino abierto por su maestro, el cardenal Tomáš Špidlík, explorando la vigencia del cristianismo de tradición oriental e inspirándose en la teología ortodoxa. Desde 1995, Rupnik es director del taller de arte sacro del Centro Aletti, una institución integrada en el Pontificio Instituto Oriental, que tiene como misión promover el ecumenismo y el intercambio cultural entre el Occidente y el Oriente cristianos.
De hecho, la obra de Rupnik está llena de referencias a la patrística, a los grandes santos de Oriente y a filósofos rusos como Soloviev, Berdiáyev o Florenski, preocupados por la religión y la naturaleza del arte. A ellos acude para recuperar un fecundo legado y salvar la cultura contemporánea de la deriva materialista. Aunque no se trata, precisa, de reivindicar un desarrollo alternativo al occidental, sino de descubrir el tesoro de un cristianismo que respira con sus dos pulmones, por emplear la hermosa expresión de San Juan Pablo II.

Crisis de la cultura, crisis del hombre

Pero si este artista, conocido por sus singulares mosaicos, se vuelve hacia esas fuentes, es porque la crisis cultural que vivimos es más profunda de lo que a simple vista parece. Aspectos como la contaminación, la soledad de los ancianos, el consumismo o el desprecio por la vida más vulnerable no son fenómenos que se deban analizar principalmente en términos morales. El origen de estos y otros problemas es de índole espiritual y filosófica. Una concepción de la realidad y del hombre completamente abstracta “ha producido una ausencia de la verdad y su eclipse”.
En este sentido, contrapone la vía de la ciencia racionalista al camino espiritual de la sabiduría. En el primer caso, el sujeto se convierte en criterio definitivo de la verdad e irrumpe el primado del yo. Paradójicamente, al reclamar cada uno sus convicciones como absolutas y buscar su autoafirmación, se extiende el relativismo y se obstruyen las relaciones comunitarias.
Frente a esta concepción, de la que nace la desorientación contemporánea, Rupnik propone la senda sapiencial, que restaura la objetividad de lo real e introduce al hombre en el misterio, es decir, en el arte de “acoger lo verdadero, lo existente, lo que no engaña y no se confunde con la apariencia”. Se trata –no lo oculta– de un itinerario espiritual, marcado por la ascesis y que implica a la persona en todas sus dimensiones.
Este camino exige, por un lado, recuperar la dimensión simbólica de lo real y descubrir el significado donal de lo creado. Por otro, supone convencerse de que la verdad no es una conquista, ni un logro humano –tampoco una posesión–, sino el descubrimiento y la acogida de una revelación. Es eso justamente lo que enseña el cristianismo: que la verdad es una Persona, Cristo.

Lo creado como símbolo

Desgraciadamente, ni la teología ni el arte han sido inmunes a esa dinámica subjetivista y antropocéntrica que se realza hoy. El pensador de origen esloveno no ha tenido reparos en denunciar, entre otras cosas, la separación de la teología de la experiencia viva de la fe –la segregación, en definitiva, del dogma de la vida espiritual–, recordando, con Evagrio, que teólogo es el que ora. En el caso del arte, sostiene que es perjudicial la tendencia al subjetivismo de sus expresiones contemporáneas, pues queda bloqueada la comunicación entre artista y espectador [ver segunda parte].
De todas formas, Rupnik no lee la situación de hoy a la luz de la historia del hombre, sino desde el prisma de la Redención. Bajo su enfoque, “la actual crisis de valores puede ser un momento providencial”, porque “nos da la extraña posibilidad de regenerar la cultura con valores y significados nuevos”. Es ahí donde el cristianismo resulta especialmente fecundo.
Tanto en sus ensayos teológicos como en los diálogos protagonizados por el sabio monje Boguljub –el protagonista de sus obras para jóvenes, en las que les recuerda la importancia de la dimensión espiritual–, explica el sentido y el rico horizonte que abre lo simbólico. Para Rupnik, el símbolo posee un significado metafísico, ya que es una realidad que encierra en sí dos mundos –trascendente e inmanente–, haciendo presente lo sobrenatural.
Estas ideas no solo son relevantes en términos religiosos, ni constituyen únicamente la clave para entender sus luminosos mosaicos. Son una forma de explicitar el reconocimiento de la unidad y de articular la dependencia de lo creado con su Creador. Lo que reclama, en última instancia, es transformar la actitud del hombre hacia su entorno: en lugar del poder y del dominio, lo propio de la persona es participar en el misterio de la creación.

La persona de Cristo

Esa unidad que anhela el hombre está encarnada en la figura de Jesús. A partir de los Padres de la Iglesia y del personalismo trinitario, Rupnik toma a Cristo como modelo para ahondar en la riqueza del ser humano y deducir lo que se deriva de su condición personal.
De acuerdo con su concepción antropológica, el hombre está constituido por dos principios: el principio de objetivación, que le lleva a autoafirmarse, y el principio personalizador o agápico, que determina su apertura a los demás y le conduce a la comunión con el otro.
Pero ¿cuál es el destino de la persona? Está llamada a participar en el amor de Dios, de quien es imagen. La unión del hombre con Dios no es algo accesorio o exigible únicamente al cristiano; es el elemento constitutivo y determinante de la persona. Y es precisamente este destino sobrenatural el que le debe servir de orientación: “El hombre –explica en uno de sus libros más famosos, El arte de la vida– solo puede entenderse desde lo que está llamado a ser”, es decir, contemplando su final trascendente.

Amor “kenótico”

Si se cae en la cuenta de que la persona es la pieza central de la antropología y la teología de este pensador, es más fácil comprender su novedosa ontología del amor. En efecto, el origen de la persona es el amor divino –fuera de Dios, puntualiza, no hay auténtico amor– y la creación es un don gratuito, de modo que el principio agápico, la caridad, aparece como el auténtico fundamento de lo real.
Pero es que incluso el amor debe ser el paradigma de la epistemología. Para lograr la integración entre el sujeto que conoce y el objeto conocido y superar la escisión entre ambos, en la que encalla una y otra vez el pensamiento filosófico occidental, trae a colación la comunión entre persona y realidad que se alcanza en el acto de la contemplación. Por otro lado, al ser la persona don, su desarrollo depende de la comunión con el prójimo y del sacrificio de sí, no de la reafirmación de su propio yo.
El amor al que se refiere no es el sentimental o mundano, sino un amor de altura: libre, salvífico y redentor. Posee, pues, naturaleza “kenótica”, pues comprende la posibilidad de ser rechazado, negado, por la persona sobre la que se desborda. Es esta una de las verdades que ayudan a comprender también la revelación cristiana: la donación personal implica el sacrificio de uno mismo, hasta dar la vida por los demás, como se deduce del ejemplo de Cristo en la cruz.

El sentido de la sexualidad

Durante algunos años, Rupnik ejerció su ministerio entre jóvenes, de manera que conoce de cerca las inquietudes que surgen con el despertar de la sexualidad, al inicio del noviazgo o en el comienzo de la vida conyugal, como muestra en El camino de la vocación cristiana o en Adán y su costado. Espiritualidad del amor conyugal. Cree, sin embargo, que la supuesta crisis del matrimonio en la sociedad contemporánea no se soluciona descartando o rebajando las enseñanzas de la Iglesia, sino profundizando en su sentido. También la sexualidad es una realidad simbólica que expresa la vocación de la persona a la vida en comunión.
La relación entre hombre y mujer es un camino “para salir de la muerte”, vencer la tendencia expansiva del yo y situarse en las coordenadas del amor donal. El pecado, en el campo de la sexualidad, no consiste en la transgresión de un código abstracto de normas, sino en situarse fuera del marco antropológico que dota de sentido a las expresiones sexuales.
Hombre y mujer se buscan desde el inicio de la creación, afirma Rupnik, para quien la narración del Génesis transmite la profunda dependencia entre ambos. El amor humano, al ser imagen del amor divino, es elevado a sacramento por Cristo. El matrimonio representa la victoria de la comunión sobre el egoísmo y debe ser concebido como un paulatino proceso de purificación, en el que el amor erótico se va transformando, con la ayuda de la gracia, en ágape. Además, posee una dimensión escatológica, pues revela al ser amado tal como es a los ojos de Dios.
Estas profundas reflexiones aparecen en su obra junto a consejos prácticos sobre la vida matrimonial y el noviazgo, consejos que nacen de su experiencia en la dirección espiritual. Recomienda a los novios cuidar especialmente su vida interior, pedir perdón, verificar la sinceridad de su amor o llevar un diario espiritual en el que constaten cómo va madurando sobrenaturalmente su relación.

Hacia una cultura de la Pascua

Estas ideas e intuiciones sobre el símbolo, el amor y la persona se han mostrado fecundas en muchos ámbitos y demuestran la capacidad sugestiva de la obra de Rupnik. Se hallan también presentes en su arte, en el que se materializan y concretan, por decirlo así. Y han sido relevantes en la elaboración de su teología simbólica y espiritual.
Pero la aportación de este artista debe entenderse, sobre todo, como una respuesta a la situación del cristianismo actual, convertido, según algunos, en una cultura minoritaria y amenazada. A este respecto, no cree que los cristianos deban reafirmar su identidad de forma agresiva o construir guetos, cortando los vínculos con la sociedad de hoy. Antes bien, considera imprescindible explotar la novedad cristiana e invitar de nuevo a todo hombre a participar en la cultura de la Pascua.
La cultura cristiana, basada en la persona y centrada, por tanto, en el diálogo y la comunión, debe manifestar la dimensión trascendente de lo creado y la belleza de un mundo transfigurado por la muerte redentora de Cristo. Más que transmitir ideas o convencer de una ideología, se ha de testimoniar la fe con estilos de vida que expresen “la acogida plena de la salvación”.
Es este, a fin de cuentas, el significado de la famosa frase de Dostoievski, “la belleza salvará al mundo”, que, de algún modo, constituye el centro del que irradia el atractivo espiritual de la filosofía y la apuesta artística de Rupnik. Mostrar la belleza de la realidad redimida es no solo un camino fecundo para la nueva evangelización, sino la gozosa obligación de todo fiel cristiano.

lunes, 7 de enero de 2019

‘Si queréis prepararlos para la vida, leed juntos’ (Alessandro D'Avenia)

¿Por dónde empezar para devolver la alegría de la experiencia a los niños?
Alessandro D'Avenia (Palermo, 1977) es un profesional de la educación: maestro de liceo, guionista y escritor, es conocido por sus libros dentro y fuera de Italia. Desde hace algunos meses publica un artículo semanal en Il Corriere della Sera, donde comparte reflexiones y experiencias sobre el mundo de la enseñanza. Recientemente, quizás aprovechando la cercanía de Navidad, volvía sobre el tema de la lectura y su importancia para la educación; le avala el prestigio de haber llegado a las manos de más de tres millones de adolescentes.
¿Por qué es importante la lectura? D'Avenia conoce los estudios empíricos −acaba de leer y recomienda el último libro de Maryanne WolfReader, come home, pero lo que de verdad aprecia es el valor de los relatos en el desarrollo personal: "La literatura es un lujo, la narrativa es una necesidad", decía a raíz de la exitosa serie 13 Reasons Why"Los niños y adolescentes sin historias se ven privados de las herramientas para enfrentarse a la realidad (...). Chesterton dijo que los cuentos de hadas no tratan de mostrar a los niños que los dragones existen, sino cómo derrotarlos. Tenía una idea de lo que los estudios de hoy confirman: las historias sirven para transmitir y experimentar. La ficción narrativa es la realidad virtual básica que, mediante la simulación de problemas, miedos, paradojas, nos prepara para afrontarlos". Experimentar viene de una raíz que significa "atravesar"; es vivir en carne propia, imbuirse en la realidad. Los momentos que quedan grabados en la memoria son aquellos que hemos "vivido" realmente: la experiencia es esencial para el aprendizaje y el agradecimiento profundo por la vida.
En la era digital, Alessandro D'Avenia se suma a otros autores que están preocupados por los efectos que un mal uso de los dispositivos puede causar en la experiencia de vida de los jóvenes. En el artículo que lo lanzó a la fama −Is Google Making Us Stupid?−, Nicholas Carr se congratulaba de las maravillas de Internet, al tiempo que lamentaba estar perdiendo la capacidad de leer concentradamente. Es un defecto relacionado con lo que D'Avenia llama lectura zig-zag: "leemos la primera línea completa, las primeras palabras de las líneas sucesivas, después otra entera, y vamos corriendo al final. Si algo nos golpea, volvemos atrás y consolidamos lo que intuimos añadiendo algunas palabras. Esta forma de lectura satisface la necesidad de consumir novedad, a expensas de la profundidad y la comprensión". No se trata tanto del soporte sobre el que se lee, sino de que la red nos ofrece un pasillo infinito de posibilidades; y éstas, mientras nos proporcionan pequeñas gratificaciones instantáneas, nos impiden experimentar la realidad profundamente.
"¿Por dónde empezar para devolver la alegría de la experiencia a los niños? No basta con abrir las manos a la fuerza y limitar el uso de las pantallas, es necesario integrarlas (...). Necesitamos educar lo que Wolf llama el cerebro "bialfabetizado", que sabe moverse sobre los dos soportes, pantalla y papel". De hecho, en las etapas de crecimiento, cuando se es más vulnerable a los estímulos, la lectura en papel puede jugar un rol importante. No en vano, uno de los datos que ofrece Wolf es que el 90% de quienes leen en pantallas trata de hacer algo más en simultáneo; de los que leen en papel, solo el 1%. En cualquier caso, D'Avenia recomienda la lectura en familia, también aprovechando los recursos digitales: "si queréis prepararlos para la vida, leed o escuchad juntos (hoy en youtube podéis encontrar de todo, incluso los "cuentos de hadas" del pasado)".
Se acercan las vacaciones de Navidad, y con ellas los regalos, las tardes en casa, más tiempo en familia... En Interaxion queremos aprovechar la ocasión y hacer eco a la voz de tantos especialistas que están señalando los beneficios de la lecturaBarry Zuckerman, por ejemplo, profesor en Boston y fundador de Reach Out and Read, asegura que los niños que están expuestos a libros desde una edad temprana se desenvuelven mejor: "Tienen un vocabulario mayor, prestan más atención, se concentran mejor y están mejor preparados para su acceso a la guardería". Fomentar la afición de los hijos a la lectura, y cultivar la propia, es una inversión que merece la pena. Ofrecemos una selección de recursos para facilitar la tarea:

sábado, 5 de enero de 2019

¡Los Reyes Magos existen!

José Ignacio Munilla

Desde muy pequeño, siempre fue un misterio para mí eso de que nuestras madres tuviesen la satisfacción de servirse la cabeza y el espinazo del pescado o el trozo del bizcocho que había salido ennegrecido del horno… ¡Qué suerte que, casualmente, a ellas les gustase todo lo que era despreciado por nosotros! ¡Qué suerte que nuestras madres no se pusiesen nunca enfermas y no necesitasen permanecer en cama, como con tanta frecuencia nos ocurría a nosotros!

A nada que uno fuese un poco observador y que tuviera un mínimo de sensibilidad, terminaba por descubrir que allí había truco, y que tanta armonía familiar no podía ser casual. Claro que, siempre habrá algunos que, a pesar su mayoría de edad, sigan llamando “suerte” y considerando como “un derecho”, todo aquello que no es sino producto de un amor gratuito e inmerecido hacia ellos.

Estos últimos suelen pensar que sus padres les mintieron con la magia de los Reyes Magos. Su insensibilidad y dureza de corazón les impide entender que LOS REYES SON VERDAD. Están lejos de comprender que la bondad auténtica no se publicita, sino que gusta de permanecer oculta, conforme al ideal que nos propuso el mismo Jesucristo: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.  Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;  así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” (Mt. 6, 1-4).

En contra de lo que suele afirmarse, la magia del día de Reyes está más en los padres que en los niños. El milagro del amor, que cada 6 de enero visualizamos de forma muy particular, consiste en hacer el bien permaneciendo en la sombra. Esa es exactamente la clave y la razón de ser de San José en el misterio de Belén y de Nazaret, dicho sea de paso.

Tengo un amigo que suele decir que, para que una familia “funcione”, hace falta que haya en ella, por lo menos, un “tonto”. Pero, para que la familia “sea feliz”, es necesario que haya tantos “tontos”, como miembros. Lo que mi amigo entiende por “tonto”, es bastante evidente: aquel que sirve a los demás, olvidándose de sí mismo; aquel cuya felicidad consiste en hacer felices a los demás…

Las aplicaciones prácticas de este principio de salud familiar para la vida matrimonial, son y deberían ser muchas y muy concretas. De sobra sabemos que cuando la propia comodidad y el egoísmo se convierten en motor de la existencia, la supervivencia del matrimonio está en grave peligro. De poco servirán en esas circunstancias, los planteamientos reivindicativos del reparto de tareas domésticas u otros discursos similares. La salud del matrimonio y de la familia no puede basarse en un consenso de mínimos, que no dejará de esconder un pacto de egoísmos. La magia del matrimonio es la misma que la magia de los Reyes Magos. Frente a quienes buscan su felicidad mirándose al ombligo, atrapados por una esclavitud egocéntrica, los esposos realizan el ideal de las palabras evangélicas: “El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mc. 10, 39).

Sin embargo, es un hecho que, suele resultar más fácil poner en práctica este principio espiritual de entrega y de olvido de uno mismo, con los propios hijos, que dentro del matrimonio. ¿Quién no ha escuchado expresiones del tenor de “A mi marido lo encontré en la calle, pero mi hijos han salido de mis entrañas”? El amor hacia los hijos es más instintivo que el amor esponsal. De lo cual se deduce que, es más fácil hacer de Rey Mago con los hijos que con la esposa o el esposo. Sin embargo, difícilmente nuestros padres podrían ejercer coherentemente con nosotros de Melchor, Gaspar y Baltasar; si previamente y, al mismo tiempo, no fueran el uno para el otro: María para José, y José para María. Su regalo para nosotros está fundamentado en el regalo mutuo de sus vidas.

¡Lo hemos visto en tantos episodios de la vida familiar! ¡Lo estamos comprobando en tantas obras de caridad, en el seno de la Iglesia! ¡Lo percibimos en nuestra sociedad, en tantos testimonios públicos y, sobre todo, anónimos…! Sí, es cierto, no lo dudes… ¡los Reyes Magos existen!


jueves, 3 de enero de 2019

La despedida de dos portavoces vaticanos


Con la dimisión simultánea de los portavoces de la Santa Sede pasa una oportunidad de hacer más ágil y profesional la comunicación vaticana. Esa es la opinión, entre otros, de John Allen, quien cree que el problema no está en la renuncia, sino en lo que, a su juicio, la ha provocado.
Greg Burke, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, y Paloma García Ovejero, vicedirectora, fueron nombrados a la vez, hace dos años y medio, y han presentado la renuncia el mismo día, el 31 de diciembre pasado. Ambos son periodistas conocidos en Roma. Él fue corresponsal durante cerca de 20 años de medios norteamericanos: primero, del National Catholic Register, y después, de Fox News, hasta que en 2012 pasó a trabajar para el Vaticano como asesor de comunicación de la Secretaría de Estado. Ella estaba al cargo de la corresponsalía de una cadena española de radio, la COPE, desde 2012.
Burke comenzó su trabajo en la Santa Sede a propuesta de Mons. Peter Bryan Wells, también estadounidense, que a la sazón era asesor en la sección de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado. Wells consideraba necesaria la ayuda de un profesional del periodismo para orientar la comunicación vaticana, especialmente en ocasiones difíciles como el entonces reciente caso “Vatileaks”.
También se considera importante la intervención de Wells en el nombramiento de Burke para la Oficina de Prensa, primero como vicedirector, a finales de 2015, y como director en julio siguiente, cuando se retiró el P. Federico Lombardi. Wells dejó la Secretaría de Estado en febrero de 2016, al ser nombrado arzobispo y nuncio en Sudáfrica y Botsuana. Él era en la Curia el principal valedor de una comunicación más activa, que se adelantara a las reacciones de los medios y la opinión pública. Sin él, se impuso de nuevo el enfoque tradicional de la Secretaría de Estado, en el que la Oficina de Prensa no tiene protagonismo y es fundamentalmente un emisor de comunicados oficiales.

Talento desaprovechado

En virtud de ese enfoque, dice el vaticanista John Allen en su análisis de la dimisión de los portavoces, a Burke y García Ovejero “no les dieron realmente oportunidad de configurar la comunicación vaticana, mediante acceso directo al jefe y un papel significativo en el proceso para tomar decisiones”. Dependían de la Secretaría de Estado, y “en vez de permitirles aconsejar previamente a Francisco sobre cómo serían recibidas determinadas decisiones o declaraciones, para prevenir malentendidos y hacer llegar el mensaje que se quería transmitir, quedaron reducidos a gestionar aspectos secundarios de la comunicación vaticana –como tuits y publicaciones en Instagram– o al mantenimiento básico de la propia Oficina”.
Por eso, a Allen no le extraña que Burke y García Ovejero, a los que describe como periodistas de raza, hayan acabado por renunciar a unos puestos donde no se les daba espacio para todo lo que podrían aportar. Era un caso de talento desaprovechado.
Lo que no significa que no hayan hecho nada. Allen, en su elogio a los dos portavoces, destaca que infundieron en la Oficina de Prensa un ambiente acogedor para los periodistas, y atendieron a todos sin vetos ni favoritismos, con completa disponibilidad. También inventaron una nueva manera de dar información, con “puntos de encuentro” informales entre personalidades de la Iglesia y periodistas, mucho más útiles para estos que los comunicados. Promovieron el uso de las redes sociales y consiguieron que hubiera rápidamente buenas traducciones de los textos importantes a las principales lenguas.
Lo que no lograron sino en limitada medida fue hacer llegar con eficacia la voz de la Iglesia a la opinión pública, anticiparse a las crisis y presentar una narrativa clara para los medios. La Oficina de Prensa apenas ha tenido actuación relevante en asuntos difíciles, como el de los abusos sexuales en Chile o las acusaciones hechas al Papa y a miembros de la Curia por el arzobispo Carlo Maria Viganò, porque no se contaba con ella. Consecuencia: cuanta menos información, más rumores; las interpretaciones tienden a rellenar los huecos que deja la falta de datos.
Sin embargo, esto no es nuevo, señala Allen: está metido muy dentro en el modo en que el Vaticano lleva la comunicación. Es verdad, se podría precisar, que durante unos años hubo otro aire; pero la época de Joaquín Navarro-Valls fue excepcional.

¿Cuándo la política fiscal es injusta? (artículo póstumo)

  Por Carlo Caffarra, Cardenal Arzobispo de Bolonia. Recientemente fallecido. El sistema fiscal es una parte relevante del pacto social, en ...