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miércoles, 6 de junio de 2018

Carta del Obispo de Murcia sobre el derecho de los padres en la educación de los hijos.


Breve carta del Obispo de Murcia, Excmo. José Manuel Lorca Planes, a raíz de los tentativos que se vienen haciendo en colegios sobre la educación sexual y afectiva  en clave de ideología de género, en la Diócesis de Murcia y en toda España.




Murcia, junio del 2018

Queridos hermanos:
Unidos en los deseos de paz y comunión. Os escribo estas letras a propósito del sufrimiento que está ocasionando a muchas familias los intentos por parte de los poderes públicos y de las instituciones educativas de imponer una determinada y particular visión del hombre y de la sexualidad, especialmente a los niños y jóvenes. Escribo a toda la Iglesia que peregrina en la Diócesis de Cartagena con el deseo de animar y sostener a los padres en la maravillosa tarea educativa que Dios mismo os ha encomendado.
Recordad el derecho que os asiste como padres para que vuestros hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con vuestras propias convicciones, tal como afirma el artículo 27.3 de nuestra Constitución. Los poderes públicos han de garantizar este derecho.
Tal como nos recuerda el Papa Francisco (Amoris Laetitia, 84): la educación integral de los hijos es «obligación gravísima», a la vez que «derecho primario» de los padres. Estimo de grave importancia recordar que este derecho esencial e insustituible corresponde exclusivamente a los padres y que la tarea del Estado a este respecto se reduce a un servicio educativo meramente subsidiario.
Vivimos en una sociedad abierta y plural, donde las distintas experiencias religiosas y morales deben ser acogidas y respetadas de la misma forma en virtud de la libertad social e individual. Además, esta libertad es la base sobre la que construir puentes de diálogo y respeto que hagan de la sociedad murciana una sociedad verdaderamente más abierta, justa y tolerante.
Os animo, por tanto, a ejercer vuestra “obligación gravísima” y defender vuestro derecho inalienable haciendo todo el esfuerzo posible por conocer las leyes educativas; estando informados sobre los planes de estudios de vuestros hijos, así como de las actividades extraescolares y complementarias; a sabiendas de los excesos cometidos en los últimos meses en cuanto a sesiones formativas de carácter afectivo-sexual con una línea deseable para algunos pero que no satisface a la mayoría. De todos es conocido que los centros educativos tienen la obligación, no solo de informaros expresamente sobre los contenidos de las actividades extraescolares y complementarias no curriculares de vuestros hijos, sino de adoptar aquellas medidas organizativas que garanticen la presencia de un docente del centro durante el desarrollo de tales actividades. En caso de no recibir tal información, debéis exigir a la dirección de los centros la oportuna responsabilidad como titulares de la administración educativa.
No olvidéis la conveniencia de participar en charlas, jornadas y conferencias que sirvan para comprender adecuadamente las distintas teorías y corrientes de pensamiento actuantes en nuestra sociedad; participad en las AMPAS de los centros educativos, así como en iniciativas sociales, plataformas, asociaciones que, respetando la libertad de todos, promuevan el derecho a la educación de acuerdo con el modelo elegido por los padres.

No quisiera concluir sin hacer presente a la familia como el mejor lugar para educar a vuestros hijos, haciéndolos crecer con un amor incondicional. Por ello, me hago eco de las palabras de San Juan Pablo II (Familiaris Consortio, 36), que resuenan hoy en toda su fuerza: No puede olvidarse que el elemento más radical, que determina el deber educativo de los padres, es el amor paterno y materno que encuentra en la acción educativa su realización, al hacer pleno y perfecto el servicio a la vida. El amor de los padres se transforma de fuente en alma, y por consiguiente, en norma, que inspira y guía toda la acción educativa concreta, enriqueciéndola con los valores de dulzura, constancia, bondad, servicio, desinterés, espíritu de sacrificio, que son el fruto más precioso del amor.
Con mis mejores deseos, invoco a Dios Nuestro Señor, para que nos conceda ser respetuosos con todos, a la vez que animosos para defender el derecho de los padres a ser protagonistas de la educación de sus hijos. Cordialmente,


+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

martes, 5 de junio de 2018

Libertad

(Jack Phillips, propietario de la pastelería "Masterpiece", en Denver, Colorado, acompañado de su familia, sale del Tribunal Supremo en diciembre de 2017, tras celebrarse la vista oral de su caso en defensa de la libertad religiosa.– Fotografía: Zach Gibson / 'The New York Times')
Estados Unidos. El Tribunal Supremo ha amparado la libertad religiosa del propietario de una pastelería que se negó a servir una tarta de boda decorada específicamente para una pareja del mismo sexo. 
Jack Phillips, propietario de la pastelería “Obra Maestra", en la ciudad de Denver, Colorado, fue sancionado por la Comisión de Derechos Civiles del Estado. El caso fue muy notorio hace un año en el debate cultural de los Estados Unidos. El señor Phillips apeló al final del proceso judicial ante la Corte Suprema, que este lunes le ha dado la razón, en defensa de la libertad religiosa, por una mayoría de siete magistrados frente a dos. 
La sentencia establece que “el tratamiento que la Comisión de Derechos Civiles ha dedicado a este caso tiene algunos elementos de una clara e inaceptable hostilidad hacia las sinceras creencias religiosas que han motivado la objeción” del pastelero. La decisión, que pone el foco en la hostilidad de la Comisión de Derechos Civiles hacia la religión, deja abierta, no obstante, la posibilidad de que otros casos que plantean cuestiones similares sobre la objeción de conciencia puedan resolverse en un sentido diferente. “El resultado de otros casos similares, en otras circunstancias, deberá esperar por nuevas deliberaciones de los tribunales”, escribió el magistrado ponente, Anthony M. Kennedy, “siempre en el contexto de reconocer que esta clase de disputas deben resolverse con tolerancia, sin faltar el respeto a las creencias religiosas sinceras, y sin someter a las personas homosexuales a indignidades cuando buscan bienes y servicios en un mercado abierto.” (Adam Liptak, para Actuall)

jueves, 31 de mayo de 2018

Que otros no te impongan los objetivos de tu vida

Por Antonio Argandoña, IESE, Barcelona
La gente que va al mercado de trabajo, sobre todo si son jóvenes y llenos de proyectos, es decir, si no quieren convertirse en “víctimas del sistema”, se va a enfrentar con un reto que parece muy atractivo, pero que, en el fondo, es peligroso, porque puede hacer que, en vez de víctimas, sean cómplices. Todos somos propietarios de varias formas de eso que llamamos “capital humano”, que es fruto de la educación, la experiencia, las capacidades propias y las relaciones con los demás. Los financieros nos dicen que el valor de un capital se calcula a partir del rendimiento futuro esperado del mismo. Por ello, a todos nos interesa invertir en la formación de ese capital, lo cual es muy bueno, claro. Para sacar rendimiento a ese capital hay que competir con otros profesionales,que hasta ayer quizás eran nuestros colegas, pero que ahora se convertirán en nuestros rivales. Y tendremos que invertir con esfuerzo en nosotros mismos para no reducir nuestra capacidad competitiva: más horas, más posgrados, más dedicación… O sea, corremos el riesgo de autoexplotarnos.
Esto supone también tener que competir con la organización que nos contrata, porque nosotros intentaremos crear rentas para apropiárnoslas, en tanto que la organización intentará apropiarse esas rentas; nosotros intentaremos ganar libertad para saltar a otro trabajo en las mejores condiciones posibles, y las organizaciones intentarán hacernos dependientes, para retenernos, si de verdad somos valiosos. En este conflicto de estrategias, quizás nosotros ganemos algunas veces, pero la organización tiene ventaja porque, si entramos en su juego, estaremos renunciando a fijar con libertad los objetivos de nuestra vida profesional. Serán otros, que pueden ser los propietario de la organización en la que trabajamos, o los expertos, los asesores o los creadores de opinión, los que nos dirán siempre dónde está la meta hacia la que hemos de correr. Al final, habremos asumido una definición equivocada de lo que es el éxito profesional. Quizás pensamos que esto puede ser necesario en los primeros años de nuestra vida profesional, y que luego tendremos oportunidades de rectificar el rumbo. El riesgo de esta actitud es muy alto, porque los seres humanos aprendemos, y después de unos cuantos años danzando al son de la música que nos tocan, es muy difícil que seamos capaces de montar nuestra propia orquesta, o cambiar el ritmo de nuestro baile.
Y esto tiene otra lectura, que nos puede servir cuando ya estemos bien colocados en nuestra vida profesional: podemos convertirnos en esclavos del poder o del que paga; podemos dejar de pensar por nuestra cuenta; podemos convertirnos a la tesis de la neutralidad ideológica, la ambigüedad, el conformismo, la cobardía. Podemos perder el espíritu crítico, si es que algún día lo tuvimos, gracias al modelo de nuestros padres o a la educación de la escuela o de la Universidad.

Rechazada la eutanasia en Portugal

El Parlamento portugués rechazó el martes dos proyectos de ley para despenalizar la eutanasia, presentados por el Grupo Socialista y el Grupo Bloquista. 
Ambos proyectos fueron rechazados gracias a los votos del Partido Comunista, socio de Gobierno de ambos partidos. Desde el Bloque, reprocharon al Partido Comunista que en España los comunistas votan en el sentido opuesto. 
La razón por la que el Partido Comunista portugués votó en contra de la despenalización de la eutanasia se formuló así: “El Estado que no pone los medios para garantizar los cuidados paliativos del enfermo sí que los tiene para acabar con su vida.” (Juan María Piñero, para Actuall)

martes, 29 de mayo de 2018

El gran negocio para el Estado de la Educación Católica

ABC digital. 29.05.2018

El impacto económico de la educación católica ascendió a los 19.735 millones de euros en 2016, según un estudio presentado este lunes por la Oficina de Transparencia de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y realizado por la consultora PwC. 
La inversión total en los centros de estudios de orientación católica —subvenciones públicas, cuotas educativas y otros recursos aportados por los estudiantes— fue de 4.866 millones de euros en 2016, pero los beneficios económicos que esa labor consiguió revertir en la sociedad ascendieron a los 19.735 millones de euros, cuatro veces más. Esto significa que por cada euro que se invirtió en educación católica, la sociedad recibió 4,1 euros.
Para medir este impacto, la consultora PwC utiliza la metodología SROI (Social Return On Investment), que calcula el retorno a la sociedad de la inversión que se realiza. Para ello, el estudio cuantifica los beneficios económicos que genera para la sociedad una menor tasa de fracaso escolar, el alto porcentaje de actividad de la población que estudia en estos colegios, salarios brutos mayores y una mayor contribución impositiva a lo largo de la vida laboral.
María Luz Castilla, socia de PwC y autora del estudio, precisó además que ese valor económico del retorno a la sociedad de la labor educativa de la Iglesia de los 6 a los 22 años —19.735 millones de euros— se obtiene de la estimación del salario bruto que van a obtener todos esos alumnos en su vida laboral (15.900 millones de euros), la cotización que van a pagar a la Seguridad Social (1.252 millones de euros) y su tributación al IRPF (2.583 millones de euros).


Universitaria y no universitaria

El impacto económico de la educación universitaria de inspiración católica fue de 5.483 euros. Es decir que por cada euro invertido en estos centros (568 millones), la sociedad recibió 9,6 euros en beneficio para la sociedad. 
En el ámbito no universitario ( primaria, secundaria y bachillerato) los centros católicos retornaron a la sociedad 14.252 millones de euros, habiendo recibido una inversión (subvenciones públicas, cuotas y otros recursos aportados por los estudiantes) de 4.298 millones de euros. Es decir por cada euro invertido en estos centros la sociedad recibió 3,3 euros. 
La menor tasa de repetición de los estudiantes que se forman en colegios católicos es una de las variables que hace que el retorno de la inversión sea «más positivo», explicó Castillo. Esa tasa es un 38 por ciento menor en los colegios católicos que la media del resto de centros en España, lo que favorece un menor índice de abandono en la enseñanza obligatoria. En colegios católicos por ejemplo, la tasa de repetición es 3,6 por ciento contra los 5,7 del resto de colegios.Lo que supone un ahorro de 900 millones de euros, indicó Castillo. 
Durante la presentación de este estudio, la directora de la Oficina de Transparencia de la CEE, Belen Martin, recordó «el compromiso de transparencia de la Iglesia» y su interés por «poner luz a todos los ámbitos de su labor para que la sociedad pueda dimensionar su enorme aportación a la sociedad».
España cuenta con 2.591 centros de educación no universitaria en los que estudian 1,5 millones de euros, lo que supone que el 18 por ciento de la educación en el nivel no universitaria está atendida por instituciones vinculadas a la Iglesia. En estos centros trabajan 102.476 profesionales. 
En el ámbito universitario hay 15 universidades vinculadas a la iglesia, en las que estudian 87,425 alumnos, lo que supone el 69 por ciento de los alumnos presenciales de las universidades privadas en España.

Nadie puede llamar bien al mal.

La Iglesia recuerda, con la luz de Dios, que el hombre puede reconocer verdaderamente el bien y el mal. Nunca puede llamar bien al mal, si n...