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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Viaje del Prelado del Opus Dei a Moscú.

De www. opusdei.com

Una misa en la catedral de Moscú, una tertulia en la capital rusa y una visita al santuario de la Virgen de Kazán son algunos de los momentos de la visita pastoral del Prelado del Opus Dei a Rusia.


Misa en la catedral
Mons. Paolo Pezzi, arzobispo de Moscú, y Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, han celebrado una misa de acción de gracias en la catedral de Moscú con motivo de la reciente beatificación de Álvaro del Portillo.
A la misa han asistido diversos fieles que participan en los medios de formación del Opus Dei. El arzobispo de Moscú ha bendecido además un icono con la imagen del beato Álvaro del Portillo. Al finalizar la misa, los asistentes pudieron venerar una reliquia del sucesor de san Josemaría.
Al comienzo de la Misa, el Arzobispo agradeció la presencia de Mons. Javier Echevarría en Rusia y también la presencia de los miembros de la Prelatura en la diócesis.
"La labor que las personas del Opus Dei realizan en Moscú y San Petersburgo –dijo el Obispo- es algo bello y constructivo para la diócesis".
Tertulia en un teatro de Moscú
Mons. Javier Echevarría ha celebrado un encuentro con moscovitas que participan en los medios de formación del Opus Dei. El Prelado inició el encuentro señalando que "la vida cristiana debe ser alegre, debe ser un ofrecimiento de amor a los que sufren".
Asimismo, comentó la parábola evangélica de los invitados a la boda que se había leído en la celebración eucarística de ese día: "Somos invitados por Jesucristo a la amistad y comunión con Él. El mensaje del Evangelio no es algo viejo y pasado de moda: es nuevo, Cristo está vivo y nos acompañará hasta el final de los tiempos. Yo soy el primero en pedirle ayuda. Desde que he pisado el suelo de Moscú, le he suplicado que llene las calles de la ciudad con sus bendiciones".
Una señora, madre de cuatro hijos, le preguntó cómo podía explicar a su familia " el valor de la Eucaristía, el hecho de que vale la pena dedicar media hora a la misa y dos horas de trafico con un niño pequeño".
La Eucaristía -respondió Mons. Echevarría- es la comida del alma. Sin Jesús, no podemos vivir una vida plena. Como una madre da de comer a su hijo, así Dios nos alimenta con su amor. Es verdad que a veces asistir a misa exige recorrer un largo camino, pero ¿acaso los enamorados ven un obstáculo en la distancia que les separa? La misa te ayudará a querer más a tu marido y a tus hijos".
Otra persona le pidió si podía explicar cual era el mensaje del Opus Dei. El Prelado explicó que se trata de vivir felices en la tierra, pero pensando en el Cielo. Para eso es necesario trabajar bien, para poder ofrecer ese empeño a Dios: " San Josemaría aconsejaba ponerse en la mesa de trabajo un crucifijo y, al lado, una foto de la propia familia. El Opus Dei ayuda a simplificar la vida de todos los días: en el trabajo y en la familia se encuentran ocasiones para amar a todos, independientemente de su religión".
¿Qué supone ser el sucesor de dos santos?, fue otra de las preguntas. " He sido testigo de cómo san Josemaría y el beato Álvaro vivían para los demás, de la mañana a la noche. Yo, como cualquier persona, debo luchar todos los días por superar mis defectos. Por eso, os pido que recéis por mí".
Finalmente, invitó a todos a rezar por Rusia, " ya que, como nos recordaba san Josemaría, la verdadera y única arma eficaz es la oración".

Francisco en Santa Marta: Si no puedes perdonar, pide más fe.

   En su homilía en Casa Santa Marta, Francisco se refirió de nuevo a aquellas personas que se llaman cristianas, pero que en realidad viven como "paganos”. Explicó que generan escándalo, sobre todo porque no perdonan.


FRANCISCO
"Sin fe uno no puede vivir sin escandalizar ni tampoco puede perdonar siempre. Nadie, por muchos libros y conferencias a las que haya ido, puede tener fe. La fe es una regalo de Dios que te llega y por eso los apóstoles pedían a Jesús: "Auméntanos la fe”.”

Francisco concluyó que un cristiano que no perdona no es cristiano, porque Jesús en el Padrenuestro enseñó a pedir perdón y perdonar.

EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL PAPA
(Fuente: Radio Vaticana)

"Cuando un cristiano o una cristiana, que va a la iglesia, que va a la parroquia, no vive así, escandaliza. Pero cuantas veces hemos escuchado: ‘Pero yo no voy a la Iglesia – hombres y mujeres – porque es mejor ser honesto en casa y no ir como aquel o aquella que van a la Iglesia y luego hacen esto, esto, esto…’ ¡El escándalo destruye, destruye la fe! Y por esto Jesús es tan fuerte: ‘!Estén atentos! !Estén atentos!’. Y esto nos hará bien repetirlo hoy: !Estén atentos a ustedes mismos!. Todos nosotros somos capaces de escandalizar”.

"Debemos perdonar, porque somos perdonados. Y esto está en el Padre nuestro: Jesús nos lo ha enseñado ahí. Y esto no se entiende en la lógica humana, la lógica humana te lleva a no perdonar, a la venganza; te lleva al odio, a la división. Cuántas familias divididas por no perdonarse: ¡cuántas familias! Hijos alejados de sus padres, marido y mujer alejados… es tan importante pensar en esto: si yo no perdono no tengo, parece que no tengo derecho – parece – de ser perdonado o no he entendido que cosa significa que el Señor me haya perdonado. Esta es la segunda palabra, perdón”.

"Sin la fe no se puede vivir sin escandalizar y siempre perdonando. Solamente la luz de la fe, de aquella fe que nosotros hemos recibido. De la fe en un Padre misericordioso, de un Hijo que ha dado su vida por nosotros, de un Espíritu que está dentro de nosotros y nos ayuda a crecer, la fe en la Iglesia, la fe en el pueblo de Dios, bautizado, santo. Y esto es un don, la fe es un regalo. Ninguno con los libros, asistiendo a conferencias, puede tener la fe. La fe es un regalo de Dios que te dan y por esto los apóstoles pedían a Jesús: ‘Auméntanos la fe’”.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Interstellar



Interstellar
En Cartelera: Sí     Valoración artística: Buena

Dirección: Christopher Nolan
Año: 2014
Público: Jóvenes (2)
Contenidos: F-
Valoración moral: Con inconvenientes
Contenidos: Ideas (la película adopta un cientificismo inmanente, ampuloso, confuso y emocionalmente gélido F-)

Dirección: Christopher Nolan. Países: USA y Reino UnidoAño: 2014. Duración: 169 min. Género: Ciencia-ficciónInterpretación: Matthew McConaughey (Cooper), Anne Hathaway (Amelia), Jessica Chastain (Murph), Michael Caine  (profesor Brand), Bill Irwin (voz de TARS), Casey Affleck (Tom), Topher Grace (Getty), David Oyelowo, John Lithgow (Donald), Ellen Burstyn (Murph anciana). Guion: Christopher Nolan y Jonathan Nolan. Producción: Christopher Nolan, Lynda Obst y Emma Thomas. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Hoyte Van Hoytema.  Montaje: Lee Smith.Vestuario: Mary Zophres. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en España: 7 Noviembre 2014.
Reseña: 

   Al ver que la vida en la Tierra está llegando a su fin, un grupo de exploradores decide embarcarse en la que puede ser la misión más importante de la historia de la humanidad y emprender un viaje más allá de nuestra galaxia en el que descubrirán si las estrellas pueden albergar el futuro de la raza humana. 
   En un futuro distópico, la Tierra está al borde del colapso alimenticio por el cambio climático. Así que la NASA envía al espacio a un equipo de astronautas, científicos, robots y embriones crionizados, al mando de un ex piloto viudo y temerario, que deja a sus dos hijos al cuidado de su abuelo. 
   La desesperada misión intentará explorar tres lejanos planetas, a los que debe acceder a través de un agujero de gusano, que modificará sus condiciones espacio-temporales. Basada en una historia original del físico estadounidense Kip Thorne, esta nueva película del sobrevalorado cineasta londinense Christopher Nolan (‘Memento’, ‘Insomnio’, ‘El caballero oscuro’, ‘Origen’, ‘El caballero oscuro: La leyenda renace’) impresiona por fuera, pero decepciona por dentro.
   Durante gran parte de su metraje, desarrolla con vigor el sentido del sacrificio y los dilemas familiares de los protagonistas, al tiempo que apunta hacia el misterio y la trascendencia, con pasajes cercanos a ‘2001: Una odisea del espacio’, de Stanley Kubrick, y a ‘El árbol de la vida’, de Terrence Malick. 
   Sin embargo, ese despliegue dramático va perdiendo fuerza y hondura hasta adoptar un cientificismo inmanente, ampuloso, confuso y emocionalmente gélido. El filme se salva por su apabullante factura visual, las sólidas interpretaciones de su inmejorable reparto y la omnipresente partitura de Hans Zimmer. Habrá que ver cómo responde el gran público a esta arriesgada propuesta, que asume acríticamente las teorías científicas y cosmológicas de Stephen Hawking, Peter Higgs, François Englert y otros físicos famosos.
(Cope / Almudí JD

El orden mundial, según Kissinger

A sus 91 años, el ex secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, ha publicado World Order: Reflections on the Character of the Nations and the Curse of History (Allen Lane, 2014). Es un libro en que vuelve a sus orígenes académicos de especialista y admirador del congreso de Viena y del concierto europeo de potencias.
La obra parte del presupuesto de que un sistema internacional basado en el equilibrio de las potencias sirvió para alcanzar la estabilidad, que no la paz –pues siguieron produciéndose revoluciones y conflictos localizados– durante casi un siglo. Estamos, sobre todo, ante un libro de historia y de geopolítica, aunque también hay referencias e intentos de prospectiva.

Nuevos actores

Pero la obra no es solo una reflexión sobre si el modelo de directorio y equilibrio de potencias europeas de hace dos siglos es aplicable al mundo de hoy. Kissinger reitera que cada potencia ha intentado crear su particular orden mundial. Lo ideal sería un orden cooperativo de Estados observantes de las mismas reglas y procedimientos, dotados de sistemas económicos liberales, y no de capitalismos de Estado, y que aceptaran una serie de principios como el respeto de las soberanías estatales y el fomento de los sistemas de gobierno democráticos. Pero la realidad de nuestro mundo es la de la inestabilidad regional con sus secuelas de proliferación de armas de destrucción masiva, desintegración de los Estados, masacres, degradación medioambiental…
Esos retos hacen necesario un cierto orden mundial, que no puede construirse a lo largo de tres siglos como el sistema de la paz de Westfalia, imperante en Europa hasta las vísperas de la II Guerra Mundial. Aquel sistema partía del postulado de que una potencia no podía imponerse sobre las otras y que había que acomodarse a la realidad, lo que explica su triunfo después de las estériles luchas político-religiosas de la Guerra de los Treinta Años.

Poder y moral

Esto vuelve a plantearnos el eterno dilema moral que subyace a cualquier concepción del orden mundial: el del poder y la legitimidad. El poder sin dimensión moral está abocado el fracaso; pero nuestro autor, como buen realista político, recuerda que una defensa a ultranza de principios morales, que olvide el principio de equilibrio entre las potencias, solo puede llevar a un país como EE.UU. a cruzadas ideológicas de amargo resultado en Vietnam, Afganistán e Irak.
La política internacional tampoco responde a combinaciones de tablero de billar sino que debe tener en cuenta la historia, las instituciones, los rasgos nacionales o culturales definitorios. Es lo que Kissinger reprocha a los neoconservadores del entorno de George W. Bush: el universalismo, por muy democrático que pretenda ser, tiene unos límites si no se ajusta a la realidad. La Historia no se puede modelar a gusto de cada uno. De hecho, el autor comparte con Burke la idea de que la política es el arte de lo posible y considera que es mejor elaborar un plan adecuado y realista que dejarse llevar por el entusiasmo de las ideas abstractas, tal y como hicieron los revolucionarios franceses. Metternich, restaurador del orden europeo tras las guerras napoleónicas, habría estado de acuerdo.
A estas alturas, Kissinger está de vuelta de esa filosofía de corte hegeliano que trata de descubrir un supuesto mecanismo de la Historia; pero tampoco cree en la paz perpetua, resultado de una federación universal de repúblicas, preconizada por Kant y que se tradujo en el siglo XX en la aparición de organizaciones universales y regionales. A este respecto, Metternich representaba un realismo que tenía en cuenta los intereses de los otros Estados, por encima de las diferencias ideológicas. En cambio, Bismarck, que rompió el equilibrio europeo con la unificación de Alemania, tuvo en cuenta, por encima de todo, el interés nacional.
La conclusión que podemos sacar del libro es que surgirá en algún momento un nuevo orden internacional en el siglo XXI, pero probablemente no se base en modelos históricos del pasado. A Kissinger le bastaría con modernizar el sistema de Westfalia, aunque no será fácil en un escenario en el que los líderes solo pretenden soluciones a corto plazo y carecen de un entendimiento profundo de la historia y la geografía, aunque estas siguen siendo de gran utilidad en esta era de nuevas tecnologías.

Francisco explica por qué la Iglesia es jerárquica

   Francisco explicó durante la audiencia general la dimensión jerárquica de la Iglesia. Dijo que es jerárquica porque "Jesús quiso esta unión de todos los fieles con el obispo”.


  Francisco explicó que la Iglesia ejerce su maternidad a través de los obispos y señaló que constituyen un colegio en torno al sucesor de Pedro.

RESUMEN DE LA CATEQUESIS DEL PAPA EN ESPAÑOL:

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy consideraramos la dimensión jerárquica de la Iglesia. Mediante los ministerios, Cristo edifica la Iglesia como su cuerpo. De entre ellos destaca el ministerio episcopal, a través del cual el Señor se hace presente en su Iglesia, la guía y la cuida. 

En la persona y el ministerio del Obispo se expresa la maternidad de la Iglesia, que nos engendra, alimenta y conforta con los sacramentos. Como sucesores de los Apóstoles, también los obispos son enviados a anunciar el Evangelio y apacentar el rebaño de Cristo. No se trata, por tanto, de un cargo honorífico, sino de un servicio que se ha de realizar siguiendo el ejemplo de Jesús, el Buen Pastor. 

Por otra parte, al igual que Jesús llamó y pensó en los Apóstoles no por separado sino unidos en torno a él, como una familia, también los obispos constituyen un único colegio, reunido en torno al Papa, que es el custodio y garante de la comunión entre ellos. Así, todos los obispos repartidos por el mundo se sienten unidos a los demás, y son expresión visible del vínculo íntimo que une sus respectivas comunidades en la única Iglesia de Cristo.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México, Puerto Rico, Venezuela, Chile y otros países latinoamericanos. Invito a todos a agradecer al Señor el servicio de los obispos en la Iglesia, acompañándolos con el afecto y la oración. Muchas gracias y que Dios los bendiga.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Pregunta a Benedicto XVI, en una reunión con sacerdotes en Albano, en 2006



Don Angelo Pennazza, párroco en Pavona:
Santidad, en el Catecismo de la Iglesia católica leemos que "el Orden y el matrimonio, están ordenados a la salvación de los demás. (...) Confieren una misión particular en la Iglesia y sirven a la edificación del pueblo de Dios" (n. 1534). Esto nos parece realmente fundamental no sólo para nuestra acción pastoral, sino también para nuestro modo de ser sacerdotes. ¿Qué podemos hacer los sacerdotes para llevar a la práctica pastoral esta afirmación y, según lo que usted mismo ha reafirmado recientemente, cómo podemos comunicar de forma positiva la belleza del matrimonio, de forma que siga siendo atractivo también para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo? La gracia sacramental de los esposos, ¿qué puede dar a nuestra vida sacerdotal?
BENEDICTO XVI:
Se trata de dos grandes preguntas. La primera es:  ¿cómo comunicar a la gente de hoy la belleza del matrimonio? Vemos cómo muchos jóvenes tardan en casarse en la iglesia, porque tienen miedo de hacer una opción definitiva. Más aún, también tardan en casarse por lo civil. A muchos jóvenes, y también a muchos no tan jóvenes, una opción definitiva les parece un vínculo contra la libertad. Y su primer deseo es la libertad. Tienen miedo de fallar al final. Ven muchos matrimonios fracasados. Tienen miedo de que esta forma jurídica, como ellos la perciben, sea una carga exterior que apague el amor.

Es preciso ayudarles a comprender que no se trata de un vínculo jurídico, de una carga que se asume con el matrimonio. Al contrario, la profundidad y la  belleza radican precisamente en el hecho de que es una opción definitiva. Sólo  así  el matrimonio puede hacer madurar el amor en toda su belleza. Pero, ¿cómo  comunicarlo? Creo que es un problema que afrontamos todos nosotros.

Para mí, en Valencia —y usted, eminencia, podrá confirmarlo— un momento importante no sólo fue cuando hablé de esto, sino también cuando se presentaron ante mí diversas familias con más o menos hijos; una familia era casi una "parroquia", con muchos niños. La presencia, el testimonio de estas familias fue realmente mucho más fuerte que todas las palabras. Esas familias presentaron ante todo la riqueza de su experiencia familiar:  cómo una familia tan grande resulta realmente una riqueza cultural, una oportunidad de educación de unos y otros, una posibilidad de hacer que convivan juntas las diversas expresiones de la cultura de hoy, la entrega, la ayuda mutua también en los momentos de sufrimiento, etc...

Pero también fue importante el testimonio de las crisis que han sufrido. Uno de esos matrimonios casi había llegado al divorcio. Explicaron cómo habían aprendido a superar esa crisis, el sufrimiento ante la alteridad del otro, y cómo habían aprendido a aceptarse de nuevo. Precisamente al superar el momento de la crisis, del deseo de separarse, creció una nueva dimensión del amor y se abrió una puerta hacia una nueva dimensión de la vida, que sólo podía  abrirse  soportando  el sufrimiento de la crisis. Esto me parece muy importante. Hoy se llega a la crisis en el momento en que se constata la diversidad de temperamentos, la dificultad de soportarse cada día, durante toda la vida. Entonces, al final, se decide:  separémonos.

A través de estos testimonios hemos comprendido que en la crisis, soportando el momento en que parece que ya no se puede más, realmente se abren nuevas puertas y una nueva belleza del amor. Una belleza hecha sólo de armonía no es una verdadera belleza; le falta algo; es deficitaria. La verdadera belleza necesita también el contraste. Lo oscuro y lo luminoso se completan. La uva para madurar no sólo necesita el sol, sino también la lluvia; no sólo el día, sino también la noche.

Los sacerdotes, tanto los jóvenes como los mayores, debemos aprender la necesidad del sufrimiento, de la crisis. Debemos aguantar, trascender este sufrimiento. Sólo así la vida resulta rica. Para mí el hecho de que el Señor lleve por toda la eternidad los estigmas tiene un valor simbólico. Esos estigmas, expresión de los atroces sufrimientos y de la muerte, son ahora sellos de la victoria de Cristo, de toda la belleza de su victoria y de su amor por nosotros.

Tanto los sacerdotes como las personas casadas debemos aceptar la necesidad de soportar la crisis de la alteridad, del otro, la crisis en que parece que ya no se puede convivir. Los esposos deben aprender juntos a seguir adelante, también por amor a los hijos, y así conocerse de nuevo, amarse de nuevo, con un amor mucho más profundo, mucho más verdadero. Así, en un camino largo, con sus sufrimientos, realmente madura el amor.

Me parece que nosotros, los sacerdotes, podemos también aprender de los esposos, precisamente de sus sufrimientos y de sus sacrificios. A menudo pensamos que sólo el celibato es un sacrificio.
Pero, conociendo los sacrificios de las personas casadas —pensemos en sus hijos, en los problemas que surgen, en los temores, en los sufrimientos, en las enfermedades, en la rebelión, y también en los problemas de los primeros años, cuando se pasan casi todas las noches en vela porque los niños lloran— debemos aprender de ellos, de sus sacrificios, nuestro sacrificio. Y aprender juntos que es hermoso madurar en los sacrificios y así trabajar por la salvación de los demás.

Usted, don Pennazza, con razón ha citado el Catecismo, que afirma que el matrimonio es un sacramento para la salvación de los demás:  ante todo para la salvación del otro, del esposo, de la esposa, pero también de los niños, de los hijos y, por último, de toda la comunidad. Así el sacerdote madura también al encontrarse con los demás.

Así pues, creo que debemos implicar a las familias. Las fiestas de la familia me parecen muy importantes. Con ocasión de las fiestas conviene que aparezca la familia, que se destaque la belleza de las familias. También los testimonios, aunque quizá estén demasiado de moda, en ciertas ocasiones pueden ser realmente un anuncio, una ayuda para todos nosotros. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Adiós al mal menor

Aunque no comulgo con todas las ideas del artículo de Francisco José Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho, Universidad de Sevilla, me parece muy interesante su raciocinio sobre el llamado y maltratado "mal menor"

Que un hombre pegue a una mujer (o una mujer a un hombre, posibilidad no contemplada por la Ley de Violencia de Género) es sin duda lamentable. Pero en ocasiones la agresión puede resultar paradójicamente liberadora: una mujer que venía soportando vejaciones verbales y psicológicas –sin atreverse a romper, porque son ya tantos años de convivencia, y ¿a dónde va a ir una si no?- se resolverá a dejar por fin una relación fracasada cuando le pongan la mano encima. ¡Hasta aquí hemos llegado!
La relación de la derecha sociológica con el PP no se puede decir que fuera apasionada. El PP no ha estado nunca enamorado de nosotros: por ejemplo, jamás se ha definido como de derechas, inventando todo tipo de eufemismos patéticos para evitar la etiqueta maldita (“centro reformista”, etc.). Como los malos maridos, el PP ignora a su electorado natural –al que sabe con la pata quebrada y en casa- para dedicarse a coquetear con el de centro-izquierda, al parecer mucho más sexy. El PP es un partido de tecnócratas, convencido en el fondo de la supuesta superioridad intelectual y moral de la izquierda, e incapaz por tanto de librar ninguna batalla cultural con ella. El PP rehúye siempre el debate de ideas, prefiriendo vender “eficacia”: gestión, “resultados”, lluvia fina… Pero la derecha sociológica, ayuna de alternativas y temerosa de la izquierda, prolongaba la cohabitación electoral con un amante tan poco satisfactorio. Ya se sabe, el mal menor.
Cabe agradecer, pues, a Rajoy que nos haya abofeteado tan sonoramente en el asunto del aborto. Lo ha hecho con ensañamiento: la promesa electoral, el proyecto de ley que ponía la miel en los labios, las dilaciones, las explicaciones miserables al anunciar el carpetazo… Las descarnadas motivaciones demoscópicas de fondo: “sólo perderemos algunos miles de votos por la derecha, y ganaremos muchos más por el centro”. Rajoy conjetura que dentro de unos meses le perdonaremos la bofetada, porque entonces pesará más el miedo a Podemos, a la secesión catalana, a perder los brotes verdes de la vacilante recuperación económica… Como el marido que sabe que la esposa golpeada terminará volviendo al hogar, porque en la calle hace mucho frío, Rajoy nos está diciendo implícitamente: “sé que no tenéis media bofetada y que dentro de un año volveréis a comerme en la mano”. 
Y, así como las mujeres maltratadas hacen terapia de grupo para reafirmarse en su resolución de no volver con sus agresores, así nosotros deberíamos profundizar en las razones para no volver a votar jamás al PP. No se trata sólo de que hayamos sido pisoteados, de que se nos haya engañado como a chinos. Se trata de entender que, definitivamente, el PP no es más que una maquinaria electoral de persecución y conservación del poder como un fin en sí mismo: sin ideas, sin principios, sin horizonte de largo plazo. El PP carece de una concepión de la persona y del mundo, de una visión ideológica que contraponer a la de la izquierda (que sí tiene una). El PP considera en realidad que sólo la izquierda y los nacionalismos tienen legitimidad moral para cambiar la sociedad. Por eso, cuando alcanza el poder, se limita a cuadrar las cuentas, taponar las peores vías de agua y convalidar todos los experimentos sociales que la izquierda o los nacionalismos hayan tenido a bien realizar: aborto, matrimonio gay, divorcio exprés, ideología de género, inculcación de una nueva conciencia nacional en Cataluña y País Vasco, exclusión del castellano como lengua de la educación…
Hay que romper con la lógica mezquina del mal menor. Mientras sigamos presos de ella no podrá surgir un bien mayor. Rajoy ni siquiera ha sido capaz de arreglar las cuentas: nuestra deuda pública está a punto de alcanzar el 100% del PIB (algo que pesará sobre nuestros hijos) y el déficit público sigue clavado por encima del 6% del PIB; la tasa de paro actual (24.5%) es más alta que cuando el PP llegó al poder (22.8%). Este gobierno no ha liberalizado la economía (¿dónde quedó la prometida ley de emprendedores?), reducido el peso de las administraciones ni acabado con las subvenciones millonarias a los sindicatos. Ha subido brutalmente los impuestos. No ha garantizado la independencia del poder judicial. Ignora por completo el probema demográfico. Su gestión apenas difiere de la que aplicó Zapatero después de mayo de 2010.
La oportuna aparición de Podemos pone las cosas muy fáciles al PP para agitar el espantajo de un posible Frente Popular: ¡votadme o caeréis en las garras de la extrema izquierda! Pero las cuentas no son esas. Incluso si se produce una poderosa irrupción parlamentaria de Podemos, no es evidente en absoluto que vayan a pactar con PSOE y/o IU. Si Podemos se empatana en un gobierno de coalición, perderá su aura mágica de alternativa integral al sistema. Y si el PSOE se deja abrazar por Podemos, se tratará del abrazo del oso (y eso lo sabe Sánchez). No es cierto que cada voto de menos al PP esté propiciando un frente de izquierdas. En realidad, parece mucho más probable el escenario de una “gran coalición” PP-PSOE. De hecho, algunos indican que la retirada de la reforma del aborto sería un primer paso de cara al futuro acuerdo PP-PSOE (como siempre, el que cede es el PP, continuando así su interminable “carrera hacia el centro”: un centro que se desplaza eternamente hacia la izquierda, como la liebre perseguida por los galgos).
E incluso si se produjera un gobierno PSOE-Podemos-IU… no sería lo de 1936. No, no se quemarán iglesias ni se abrirán chekas. Eso es imposible en un país desarrollado de la UE en el siglo XXI. Pedro Sánchez no es Largo Caballero, Pablo Iglesias no es Durruti. Un gobierno de izquierdas nos costaría unos cientos de miles de parados, pero no una guerra civil. En realidad, sería como una tercera legislatura de Zapatero. Al cabo de unos meses se comprobaría que Podemos no tiene ninguna varita mágica y que el chavismo no trae sino más pobreza. La derecha lo tendría fácil para un rápido retorno al poder.
De nosotros –de nuestra firme resolución de no volver a votar a un PP que nos maltrata y carece de principios- depende que, para entonces, exista una derecha digna de tal nombre. Una derecha que –junto a otras banderas abandonadas por el PP, como la domesticación de los nacionalismos o la liberalización de la economía- asuma con entusiasmo y credibilidad la defensa de la familia y de la vida del no nacido. 

¿Cuándo la política fiscal es injusta? (artículo póstumo)

  Por Carlo Caffarra, Cardenal Arzobispo de Bolonia. Recientemente fallecido. El sistema fiscal es una parte relevante del pacto social, en ...