Páginas vistas
jueves, 5 de septiembre de 2013
Miedo a la libertad ajena. La educación concertada
Madres de alquiler, hijos a golpe de talonario
Teresa García-Noblejas, en Profesionales por la ética
- Los hijos tienen derecho a nacer como fruto de una relación de amor, expresada en la relación sexual, entre un hombre y una mujer, que son sus padres. Técnicamente es posible que nazcan de otra manera pero debemos plantearnos si todo lo técnicamente posible es deseable para los niños que traemos al mundo. ¿Tenemos derecho a privar a los niños (mañana adultos) de un padre o de una madre? ¿No es una forma de robarles (ahora que se denuncia el robo de bebés) el derecho a conocer su identidad y la de sus padres.
- La gestación por sustitución no deja de ser una forma de explotar personas, en la que una mujer alquila (generalmente por dinero) su cuerpo para gestar a un hijo biológico que en realidad nunca va a ser suyo. No es conforme a la dignidad de la mujer prestar su cuerpo (parte fundamental de su identidad, no un simple objeto) como simple alojamiento temporal de otro ser humano al que renuncia a criar y querer como a un hijo.
- En una sociedad tan preocupada por el medioambiente y el respeto a la naturaleza, ¿no estaremos cometiendo auténticos disparates ecológicos forzando maternidades y paternidades artificiales contra las leyes naturales?
- La motivación es clara: el deseo de un hijo con mis características genéticas porque renuncio a adoptar niños de otros que habitan orfanatos de muchos países (claro, que no tendrán mis ojos ni mi color de pelo y quizá sean de otro color de piel, vaya vaya). Aquí surge la pregunta: ¿cuál es la prioridad? ¿El hijo en si mísmo o mi deseo por encima de todo? ¿Qué prevalece: el derecho del menor o el poder del adulto que encarga niños a golpe de talonario?
domingo, 18 de agosto de 2013
La legitimidad del Estado del Bienestar (III)
- Me parece que la mejor justificación del Estado del bienestar es como un sistema de seguro publico para la cobertura de ciertas necesidades que, por su importe, por su frecuencia o por su impacto social, pueden imponer una carga extraordinaria a los ciudadanos.
- La cobertura de esas necesidades debe ser básica y limitada. Es muy tentador ofrecer generosas ayudas a los ciudadanos afectados, pero esto afectará a la sostenibilidad del sistema.
- El peligro de los diversos modelos de Estado del bienestar es que se conviertan en una fuente ilimitada de derechos, por la tendencia de los beneficiarios a pedir su ampliación y la de los políticos a conceder esos derechos, con fines electorales.
- Las políticas del Estado del bienestar deben estar basadas en principios, como el que he mencionado antes (se trata de un sistema de seguro para la cobertura de necesidades extraordinarias, con un límite). La ausencia de esos principios acabará provocando, probablemente, un aumento de derechos sociales, con importantes efectos sobre la eficiencia (incentivos a no trabajar y no producir, costes de trabajar y producir) y sobre la sostenibilidad (déficit público creciente).
miércoles, 14 de agosto de 2013
La legitimidad del Estado del bienestar (II)
martes, 13 de agosto de 2013
¿La fe ayuda a disfrutar de la vida?
La legitimidad del Estado del bienestar (I)
Por Antonio Argandoña, IESE
La legitimidad del Estado del bienestar es un tema objeto de discusión desde antiguo, y tendremos que volver a él una y otra vez, durante la (ya inminente, parece) recuperación de la economía, guiados, probablemente, por los problemas de financiación de ese bienestar que se nos avecinan.
Se me ocurre que puede ser bueno considerar las distintas situaciones posibles como un continuo, desde el extrema ultraliberal de que toda ayuda estatal a los ciudadanos es una donación injustificada y su financiación mediante impuestos es un robo, hasta el extremo opuesto que considera que los ciudadanos tienen derecho a que el Estado satisfaga todas sus necesidades o, al menos, un amplísimo conjunto de ellas, que van mucho más allá de lo que podríamos denominar necesidades básicas -sin explicar, en este caso, cómo se financiará todo ese gasto.
Entre ambas posiciones extremas encontramos muchas situaciones, más o menos sostenibles -más bien menos que más. Una es la consideración de que los ciudadanos son seres individualistas y egoístas, que tratan de traspasar a los demás sus costes y obtener beneficios a costa de otros; en este caso, asistiremos a oleadas repetidas de aumento de los gastos sociales, a costa de la eficiencia económica, seguidas de movimientos contrarios, que tratan de moderar la redistribución y favorecer la eficiencia. Esto va acompañado de movimientos de enriquecimiento de unos a costa de los otros, que dificultan la consecución de un equilibro, de modo que se repiten los ciclos de generosidad y austeridad, redistribución y crecimiento. Me parece que esto no tiene fácil remedio, porque su punto de partida es esencialmente inestable: si no hay un mínimo de solidaridad por parte de unos, y de colaboración por parte de los otros, si unos no reconocen ciertos derechos de otros y estos no admiten la limitación de sus derechos a costa de los unos, no hay equilibrio factible. Esto viene ocurriendo desde antiguo: es el famoso conflicto de la eficiencia contra la justicia -falso conflicto, pero es lo que hemos creado a fuerza de años.
Otra consideración, variante de la anterior, hace referencia al marco político del Estado del bienestar. Supongamos una situación como la que se ha ido creando en el mercado de trabajo español a lo largo de unos cuantos decenios: un sistema de contratos que dificulta la creación de empleo, que divide a los trabajadores entre permanentes y temporales, y que generaliza la situación de precariedad de estos últimos. La solución está clara, pero hay demasiados intereses en favor del mantenimiento del status quo, a cargo de sindicatos, trabajadores permanentes y empresas, sobre todo grandes. Y como, al final, las decisiones políticas tienen que reflejar posiciones suficientemente mayoritarias entre el electorado, hay que hacer concesiones que apuntan a la desregulación, la flexibilidad laboral y la moderación de los costes del trabajo, pero siempre con un límite para ganar la aquiescencia de los que, en ese proceso, han salido perdiendo. Otra vez estamos ante un sistema inestable e ineficiente, otro conflicto del que no saldremos si seguimos manteniendo las posiciones de partida.
Hay más situaciones posibles, pero de ellas hablaremos otro día.
domingo, 11 de agosto de 2013
La castidad, afirmación del amor
¿Cuándo la política fiscal es injusta? (artículo póstumo)
Por Carlo Caffarra, Cardenal Arzobispo de Bolonia. Recientemente fallecido. El sistema fiscal es una parte relevante del pacto social, en ...
-
(Charla para padres ) por Fernando Hurtado Somos personas, con la misma dignidad, derechos y deberes, correspondientes a la igualdad esencia...
-
Por Paloma López Campo , revista Omnes, 21.V.2025 · Fabrice Hadjadj es un filósofo y autor francés conocido por obras como “La suerte de hab...
-
Monseñor Javier Echevarría está realizando un viaje pastoral por Centroamérica. Ya ha celebrado encuentros en Guatemala, Honduras, El Salv...


