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sábado, 18 de agosto de 2012
miércoles, 15 de agosto de 2012
HOLOCAUSTO 2012
¿DONDE ESTAN LOS ORGANISMOS DEFENSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS?
Cristianos quemados vivos
en
Nigeria: un
holocausto monstruoso ante
la
indiferencia internacional
Al publicar este impresionante documento gráfico en facebook he
pretendido denunciar ante la opinión pública internacional unos hechos
monstruosos, absolutamente silenciados por los medios de comunicación de masas;
un auténtico genocidio tan monstruoso y bestial como los episodios
más abyectos de los campos de
exterminio nazis.
Para mi sorpresa, Facebook me ha recriminado por publicar este
documento gráfico, como denuncia
del holocausto que
sufren los cristianos
en Nigeria desde hace más de 10 años. Conforme a la política
de seguridad de esta red "social" la
fotografía
se
ha
clasificado
como
materíal
"pornográfico",
"violento"
o "inapropiado", y por ello
me
castiga
prohibiéndome
subir
durante
una
semana cualquier otra fotografía. Y me amenaza con actuaciones
"drasticas" si prosigo en mi intento de denunciar documentalmente la
terrorífica conculcación de los
derechos humanos en Nigeria.
Este proceder de los responsables, (Facebook-España) supongo,
es un atentado a la libertad
de expresión y un insulto
desvergonzado a las 500 víctimas
(sólo en este episodio brutal) masacradas por el terror islámico por el
simple hecho de ser cristianos.
Yo creía que esta red social, nacida en USA, no hincaba la
rodilla ante el terror. Sobre todo tras sufrir en sus propias carnes el
espeluznante atentado del 11-S, como
nosotros el 11-M, víctimas de la furia
enloquecida y salvaje del terror islámico.
Me parece increíble que en España, un estado democrático y de
derecho -donde constitucionalmente se garantiza la libertad de culto,
expresión y pensamiento (Art.16 y 20 CE)-
se intente amordazar a los ciudadanos mediante amenazas y coacciones,
vulnerando su libertad de expresión, por considerar "inapropiado"
un documento gráfico
(no un montaje
fotográfico) que refleja
en toda su crudeza una realidad bestial.
Por el contrario, los directivos de Facebook España deberían
felicitarse de esta denuncia pública -hecha
con el ánimo de que esta barbarie jamás
se repita, y que se castigue a los culpables- pues es un derecho -y un deber- ciudadano:
un servicio a la sociedad, último objetivo, supongo, de toda red
"social" que se precie.
De hecho si las matanzas continúan es en buena medida porque se
sigue ocultando la verdad
al pueblo soberano,
no vaya a
ser que la
sepa y "se indigne": el silencio cómplice
de la mayoría de los medios me comunicación propicia la indiferencia de la comunidad política internacional ante
este holocausto monstruoso.
Eso sin olvidar la
cobardía instalada en
el mundo occidental
frente al terrorismo islamista.
Entre nosotros, una consecuencia más de la estúpida "Alianza de
civilizaciones": otra lamentable ocurrencia de Rodríguez Zapatero, nuestro
ínclito ex presidente de Gobierno. ¿Se imaginan la reacción del terrorismo
islámico en el caso, imposible, de una matanza de musulmanes a manos de
cristianos en una mezquita? ¿Cómo -y
cuánto- de beligerantes serían las
portadas de nuestros medios de comunicación condenando los hechos?
Por todo ello desde este humilde blog pido a quienes me lean un
favor: que difundan por todos los medios a su alcance esta fotografía. Al menos
para que sirva de homenaje a estos mártires,
ya
que,
desgraciadamente,
Facebook
parece que ha tomado partido
por los verdugos, queriendo ocultar la difusión
de tan trágicos acontecimientos.
sábado, 11 de agosto de 2012
viernes, 3 de agosto de 2012
Recetas sencillas para afrontar la crisis

Seis ideas de Benedicto XVI que ayudarían a afrontar la crisis y a construir un mundo más justo y humano Autor: S.S. Benedicto XVI | Fuente: Romereports.com | |
Benedicto XVI ha hablado, y mucho, sobre la crisis económica. Reflexiona a fondo sobre la actualidad antes de afrontarla. En su encíclica “Caritas in veritate” adelantó los conceptos que considera fundamentales para salir de la crisis económica.
PRINCIPIO DE GRATUIDAD Significa que en las relaciones entre las personas y los pueblos no todo está regido por los beneficios. O sea, que es bueno que exista capacidad de dar gratuitamente para ayudar al otro a progresar. “La economía necesita la ética para su correcto funcionamiento; necesita recuperar la importante contribución del principio de gratuidad y de la "lógica del don" en la economía de mercado, que no puede tener como única regla el lucro”. (Benedicto XVI. Audiencia General 08.07.2009) LÓGICA DEL DON Benedicto XVI reclama generosidad, ceder parte del beneficio. Mirar más allá porque eso contribuye al desarrollo de los sectores más débiles. “Pero esto sólo es posible gracias al compromiso de todos, economistas y políticos, productores y consumidores, y presupone una formación de las conciencias que dé fuerza a los criterios morales en la elaboración de los proyectos políticos y económicos”. (Benedicto XVI. Audiencia General 08.07.2009) PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD Todos somos responsables en el desarrollo humano. No es bueno impedir la iniciativa privada y tampoco los Estados pueden evadir su responsabilidad en las cuestiones sociales. Cada persona, cada institución, debe asumir su parte. “Se repite cada vez más que toda la humanidad debe adoptar un estilo de vida diferente, en el que los deberes de cada uno con el medio ambiente vayan unidos a los deberes relativos a la persona considerada en sí misma y en relación con los demás”. (Benedicto XVI. Audiencia General 08.07.2009) PRINCIPIO DE SOLIDARIDAD Los pueblos deben mirarse unos a otros de forma solidaria. No puede primar la indiferencia, la envidia, la avaricia, el egoísmo, el odio y el sectarismo. “La humanidad es una sola familia y el diálogo fecundo entre fe y razón no puede menos de enriquecerla, haciendo más eficaz la obra de la caridad en lo social y constituyendo el marco apropiado para incentivar la colaboración entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz en el mundo”. (Benedicto XVI. Audiencia General 08.07.2009) AUTORIDAD POLÍTICA MUNDIAL Hay que evitar el caos, el desgobierno. Para que la sociedad funcione es necesario el respeto de la ley, y una autoridad que la aplique para que todos la asuman y respeten. Esa ley debe ser clara y respetuosa con todos los pueblos y creencias. “Ante los problemas tan vastos y profundos del mundo de hoy, he señalado la necesidad de una Autoridad política mundial regulada por el derecho, que se atenga a los mencionados principios de subsidiariedad y solidaridad y que esté firmemente orientada a la realización del bien común, en el respeto de las grandes tradiciones morales y religiosas de la humanidad”. (Benedicto XVI. Audiencia General 08.07.2009) LA PERSONA EN EL CENTRO ¿Cuál es la solución a la crisis?, ¿dónde están las medidas concretas?... El Papa no busca salvar el sistema, le interesan las personas. “Ciertamente, la encíclica no pretende ofrecer soluciones técnicas a las amplios problemas sociales del mundo actual, pues esto no es competencia del Magisterio de la Iglesia. Sin embargo, recuerda los grandes principios que son imprescindibles para construir el desarrollo humano de los próximos años. Entre estos, en primer lugar, la atención a la vida del hombre, considerada como centro de todo verdadero progreso”. (Benedicto XVI. Audiencia General 08.07.2009) |
martes, 31 de julio de 2012
Manuel Casado
La sociedad actual está mediatizada. Los medios de comunicación son difusores de ideas que conforman la opinión pública. Y los políticos saben bien el poder de la herramienta básica de la comunicación: el poder de las palabras.
En el siguiente artículo el Catedrático de Lengua Española de la Universidad de Navarra, Manuel Casado Velarde, analiza el uso que se hace del lenguaje por parte de los políticos para
transmitir una idea u otra, usando las palabras como arma poderosa.
Sin importancia aparente, cada vez resulta más claro que no se pretende decir lo mismo con la palabra ‘aborto’ que con la expresión ‘interrupción voluntaria del embarazo’. Así ocurre también con cuestiones como la eutanasia, que se comienza a regular bajo el pretexto y nombre de ‘muerte digna’. Parece que si se cambia el lenguaje, se puede llegar a cambiar la realidad.
Según Manuel Casado, la expresión ‘violencia de género’ está promocionada por una ideología determinada, que pretende equiparar el género masculino y femenino que otorgamos por la cultura a las cosas (una silla es femenino; un sofá, masculino etc.) a la realidad sexual del hombre. Así, al llamar ‘de género’ a la violencia en el hogar, según Casado se está equiparando la diferenciación sexual humana a una mera construcción cultural del género de las personas. Ser hombre o mujer sería lo mismo que dar el atributo de femenino a una silla, es decir, algo creado por el hombre.
En el texto, el autor se basa en una cuestión de actualidad (un asesinato de una mujer) para abordar no sólo el tema lingüístico, sino la ideología que hay detrás. Para ello se remonta hasta prácticamente los orígenes del feminismo para exponer de forma sucinta y clara las bases de la ideología de género.
Se hace referencia a Simone de Beauvoir, filósofa y novelista francesa que escribió en 1949 el libro El segundo sexo, considerado como uno de los primeros pilares del feminismo, y a Judith Butler, feminista cuyas ideas giran en torno a que el lenguaje crea el género sexual.
El texto que reproducimos a continuación fue publicado en ABC en diciembre de 2011.
Un nuevo y doloroso caso de asesinato de una mujer a manos de su pareja, un varón de 71 años, con el correspondiente comunicado del Ministerio de Sanidad e Igualdad, ha puesto sobre el tapete el debate sobre el nombre que debe darse a estos crímenes: violencia machista, violencia sexista, violencia de género, violencia doméstica o en el entorno familiar, violencia sobre la mujer, etc. Se comprueba una vez más que las palabras no son algo indiferente: las palabras importan. Y mucho.
Cuando el año 2004 se discutía lo que luego sería la Ley orgánica 1/2004,
de 28 de diciembre, de Medidas de protección integral contra la
violencia de género (BOE 29.12.2004), la Real Academia Española, tan
poco dada a terciar en polémicas, se pronunció, por razones
estrictamente idiomáticas, en contra de la expresión violencia de
género, proponiendo sustituirla por violencia doméstica o por razón de
sexo.
En efecto, el novedoso empleo de la palabra género, calcado del inglés, contravenía los usos lingüísticos del español. La Academia apelaba a la corrección idiomática, al uso común que hace la gente de la lengua: la palabra género, como todo el mundo sabe, hace referencia al género gramatical, o sea, al masculino y femenino. Pero he aquíque tropezaba con otro tipo de «corrección», al parecer más poderoso: la corrección política, la nueva ortodoxia que dicta lo que es políticamente correcto. Y los anatemas de los guardianes de la nueva ortodoxia no se han hecho esperar, empezando por la anterior ministra del ramo, Leyre Pajín, que ha instado a Ana Mato a que deje de decir «violencia en el entorno familiar» y emplee «violencia de género», como manda la ley.
Se comprueba que el debate, que parecía concluido con la publicación de la ley, no se cerró en firme. Y es que el término «género» es deudor de una determinada ideología. Y es en el marco de ese sistema ideológico donde adquiere su significado. Es sabido que, en ese sistema, la palabra género ha dejado de significar lo que significaba en español (y antes también en inglés gender), es decir, género gramatical, para pasar a designar un constructo cultural desvinculado del sexo, esto es, de lo bio-psicológico, nuevo campo donde se libran ahora las batallas dialécticas de opresores y oprimidos, de desigualdad y dominio.
A los efectos que pretende la citada ideología, la elección de la palabra género no puede ser más acertada, pues designa algo que se pretende que sea solo cultural, convencional, arbitrario incluso: decimos, por ejemplo, que mano tiene género femenino, que pie es masculino, que rana (para referirnos a ambos sexos) es femenino y que sapo (también para los dos sexos) es masculino, etc. Lo cual viene a concordar con el
núcleo del sistema ideológico, que afirma que la identidad de género (léase
sexual) de las personas es algo cultural, independiente de la biología o de la psicología. Con palabras de Simone de Beauvoir: «La mujer no nace; se hace». Se puede ser hombre con cuerpo femenino, y al revés, según Judith Butler, una representante del feminismo radical. Si ser hombre o mujer se
considera algo meramente cultural, emancipado de la biología, el término género (que tiene, como digo, carácter cultural) es preferible a sexo.
El nuevo concepto ha hecho fortuna en el lenguaje políticamente correcto de amplios círculos intelectuales de Occidente. Se cree que, con la corrección política, se erradicarán las actitudes que se consideran nocivas, por el simple hecho de reemplazar palabras de uso corriente con neologismos de nuevo cuño. Esta corriente de lo políticamente correcto presupone la idea de que, si cambiamos el lenguaje que algunas minorías consideran discriminatorio, cambiará la realidad. «Cambiemos las palabras, y cambiarán las cosas pasaría a ser el lema filosófico-político de muchos que, hasta no hace tanto, seguían la convicción de que, revolucionando la estructura económica, se modificaría en consecuencia el arte, el derecho, la mentalidad de la gente, en suma, la «superestructura». De esta nueva conciencia, o concienciación, se seguiría la corrección de la realidad» (J. A. Martínez).
Por otra parte, el método de la corrección política, como ha escrito con agudeza el catedrático de la Universidad de Oviedo J. A. Martínez, consiste en sustituir términos de la lengua común «por denominaciones de nuevo cuño, inéditas, ideadas en los gabinetes del lenguaje políticamente correcto».
Si la inquisición de lo políticamente correcto sigue su ritmo actual, llegará un momento, que no parece ya lejano, en que se nos prohibirá mencionar la palabra aborto, pues la ley lo que regula es la interrupción voluntaria del embarazo (Ley orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo) o eutanasia (Andalucía cuenta ya con su Ley 2/2010, llamada «de muerte digna»), por poner solo dos ejemplos, relativos al comienzo y final de la vida humana.
La sociedad actual está mediatizada. Los medios de comunicación son difusores de ideas que conforman la opinión pública. Y los políticos saben bien el poder de la herramienta básica de la comunicación: el poder de las palabras.
Sin importancia aparente, cada vez resulta más claro que no se pretende decir lo mismo con la palabra ‘aborto’ que con la expresión ‘interrupción voluntaria del embarazo’. Así ocurre también con cuestiones como la eutanasia, que se comienza a regular bajo el pretexto y nombre de ‘muerte digna’. Parece que si se cambia el lenguaje, se puede llegar a cambiar la realidad.
Según Manuel Casado, la expresión ‘violencia de género’ está promocionada por una ideología determinada, que pretende equiparar el género masculino y femenino que otorgamos por la cultura a las cosas (una silla es femenino; un sofá, masculino etc.) a la realidad sexual del hombre. Así, al llamar ‘de género’ a la violencia en el hogar, según Casado se está equiparando la diferenciación sexual humana a una mera construcción cultural del género de las personas. Ser hombre o mujer sería lo mismo que dar el atributo de femenino a una silla, es decir, algo creado por el hombre.
En el texto, el autor se basa en una cuestión de actualidad (un asesinato de una mujer) para abordar no sólo el tema lingüístico, sino la ideología que hay detrás. Para ello se remonta hasta prácticamente los orígenes del feminismo para exponer de forma sucinta y clara las bases de la ideología de género.
Se hace referencia a Simone de Beauvoir, filósofa y novelista francesa que escribió en 1949 el libro El segundo sexo, considerado como uno de los primeros pilares del feminismo, y a Judith Butler, feminista cuyas ideas giran en torno a que el lenguaje crea el género sexual.
El texto que reproducimos a continuación fue publicado en ABC en diciembre de 2011.
*****
Un nuevo y doloroso caso de asesinato de una mujer a manos de su pareja, un varón de 71 años, con el correspondiente comunicado del Ministerio de Sanidad e Igualdad, ha puesto sobre el tapete el debate sobre el nombre que debe darse a estos crímenes: violencia machista, violencia sexista, violencia de género, violencia doméstica o en el entorno familiar, violencia sobre la mujer, etc. Se comprueba una vez más que las palabras no son algo indiferente: las palabras importan. Y mucho.
En efecto, el novedoso empleo de la palabra género, calcado del inglés, contravenía los usos lingüísticos del español. La Academia apelaba a la corrección idiomática, al uso común que hace la gente de la lengua: la palabra género, como todo el mundo sabe, hace referencia al género gramatical, o sea, al masculino y femenino. Pero he aquíque tropezaba con otro tipo de «corrección», al parecer más poderoso: la corrección política, la nueva ortodoxia que dicta lo que es políticamente correcto. Y los anatemas de los guardianes de la nueva ortodoxia no se han hecho esperar, empezando por la anterior ministra del ramo, Leyre Pajín, que ha instado a Ana Mato a que deje de decir «violencia en el entorno familiar» y emplee «violencia de género», como manda la ley.
Se comprueba que el debate, que parecía concluido con la publicación de la ley, no se cerró en firme. Y es que el término «género» es deudor de una determinada ideología. Y es en el marco de ese sistema ideológico donde adquiere su significado. Es sabido que, en ese sistema, la palabra género ha dejado de significar lo que significaba en español (y antes también en inglés gender), es decir, género gramatical, para pasar a designar un constructo cultural desvinculado del sexo, esto es, de lo bio-psicológico, nuevo campo donde se libran ahora las batallas dialécticas de opresores y oprimidos, de desigualdad y dominio.
A los efectos que pretende la citada ideología, la elección de la palabra género no puede ser más acertada, pues designa algo que se pretende que sea solo cultural, convencional, arbitrario incluso: decimos, por ejemplo, que mano tiene género femenino, que pie es masculino, que rana (para referirnos a ambos sexos) es femenino y que sapo (también para los dos sexos) es masculino, etc. Lo cual viene a concordar con el
El nuevo concepto ha hecho fortuna en el lenguaje políticamente correcto de amplios círculos intelectuales de Occidente. Se cree que, con la corrección política, se erradicarán las actitudes que se consideran nocivas, por el simple hecho de reemplazar palabras de uso corriente con neologismos de nuevo cuño. Esta corriente de lo políticamente correcto presupone la idea de que, si cambiamos el lenguaje que algunas minorías consideran discriminatorio, cambiará la realidad. «Cambiemos las palabras, y cambiarán las cosas pasaría a ser el lema filosófico-político de muchos que, hasta no hace tanto, seguían la convicción de que, revolucionando la estructura económica, se modificaría en consecuencia el arte, el derecho, la mentalidad de la gente, en suma, la «superestructura». De esta nueva conciencia, o concienciación, se seguiría la corrección de la realidad» (J. A. Martínez).
Por otra parte, el método de la corrección política, como ha escrito con agudeza el catedrático de la Universidad de Oviedo J. A. Martínez, consiste en sustituir términos de la lengua común «por denominaciones de nuevo cuño, inéditas, ideadas en los gabinetes del lenguaje políticamente correcto».
Si la inquisición de lo políticamente correcto sigue su ritmo actual, llegará un momento, que no parece ya lejano, en que se nos prohibirá mencionar la palabra aborto, pues la ley lo que regula es la interrupción voluntaria del embarazo (Ley orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo) o eutanasia (Andalucía cuenta ya con su Ley 2/2010, llamada «de muerte digna»), por poner solo dos ejemplos, relativos al comienzo y final de la vida humana.
Richard Stih, “Construction, Development, and Revelopment”
En diciembre de 2005 el New York Times publicó un artículo donde el sociólogo Dalton Conle afirmaba que “la mayoría de los americanos ve al feto como un individuo en construcción”. Esta idea está de moda entre los partidarios del aborto, y explica por qué tanta gente buena encuentra absurdos o irracionales los argumentos manejados por los pro-vida.
Pensemos en algo que pueda ser hecho o fabricado: una casa, un artículo científico o un coche. ¿En qué momentode la cadena de montaje podemos decir que hay coche? Algunos dirán que el coche existe desde que se reconoce su forma. Otros atenderán a criterios funcionales: hay coche cuando se instala el motor o se ponen las ruedas. Y también habrá quienes piensen que sólo existe el coche cuando circula por la calle.
Pero probablemente todos coincidiremos en una cosa: nadie va a decir que el coche existe al comienzo de la cadena de montaje, cuando el primer tornillo se une a la primera tuerca. La unión de dos piezas de metal no se corresponde con la idea de coche.
La idea “construccionista”
Esta es la manera en que mucha gente se imagina el comienzo de la vida humana. Al principio del proceso no hay casa ni coche ni ser humano. Algunos piensan que el bebé debe tener toda la protección posible, pero sólo desde el momento en que está fabricado.
¿Qué ocurre cuando nuestros amigos “construccionistas” oyen decir que un embrión tiene el mismo derecho a vivir que una persona adulta? El periodista Michael Kinsley refleja muy bien esta postura en el Washington Post: “Me cuesta creer que un puñado de células –más primitivo incluso que una lombriz– tiene los mismos derechos que el lector de este artículo”.
Hay algo de verdad en ese argumento: nada puede ser una cosa bien definida hasta que no adopta su forma completa. Y la forma de una cosa “en construcción” es algo impuesto desde fuera. Lo que no entiende Kinsley es que en el desarrollo de un bebé, la forma está ahí desde el momento de la concepción.
Por eso, es una incoherencia que algunas personas como el candidato republicano John McCain aseguren que hay vida humana desde el momento de la concepción y, al mismo tiempo, defiendan y apoyen la investigación con células madre embrionarias.
Humano desde el principio
Comparar el nacimiento de un bebé con el proceso de fabricación de un coche puede ser una imagen bonita, pero es totalmente equivocada. A diferencia de lo que ocurre con las cosas, a los seres humanos nadie nos fabrica. Ni siquiera Dios nos fabrica. No existe un constructor externo porque la vida humana no se hace, sino que se desarrolla.
En la construcción, la forma que define a la cosa va apareciendo de manera progresiva, en la medida en que se le van añadiendo detalles desde fuera. En el desarrollo, en cambio, el principio vital (eso que en la tradición cristiana se llama “alma”) está desde el principio.
A los organismos vivos no se les forma ni se les define desde fuera. Se definen y se forman a sí mismos. La naturaleza o forma de un ser vivo está en sus genes desde el principio, y esa forma empieza a manifestarse desde el primer momento de su existencia. Los embriones no necesitan ser modelados según un tipo de ser. Ya son un tipo de ser.
Para que se vea más claro, propongo otro ejemplo gráfico. Supongamos que usted tiene una cámara Polaroid y que hace una foto única e irrepetible, por ejemplo, una pantera en mitad de una jungla. Antes de revelarla, un amigo le coge la foto y se la rompe. Cuando usted le regaña, él se defiende diciendo que sólo veía una mancha borrosa. Sin embargo, usted sabe que la pantera estaba ahí. Incluso aunque no la pudiéramos ver.

En diciembre de 2005 el New York Times publicó un artículo donde el sociólogo Dalton Conle afirmaba que “la mayoría de los americanos ve al feto como un individuo en construcción”. Esta idea está de moda entre los partidarios del aborto, y explica por qué tanta gente buena encuentra absurdos o irracionales los argumentos manejados por los pro-vida.
Pero probablemente todos coincidiremos en una cosa: nadie va a decir que el coche existe al comienzo de la cadena de montaje, cuando el primer tornillo se une a la primera tuerca. La unión de dos piezas de metal no se corresponde con la idea de coche.
La idea “construccionista”
Esta es la manera en que mucha gente se imagina el comienzo de la vida humana. Al principio del proceso no hay casa ni coche ni ser humano. Algunos piensan que el bebé debe tener toda la protección posible, pero sólo desde el momento en que está fabricado.
¿Qué ocurre cuando nuestros amigos “construccionistas” oyen decir que un embrión tiene el mismo derecho a vivir que una persona adulta? El periodista Michael Kinsley refleja muy bien esta postura en el Washington Post: “Me cuesta creer que un puñado de células –más primitivo incluso que una lombriz– tiene los mismos derechos que el lector de este artículo”.
Por eso, es una incoherencia que algunas personas como el candidato republicano John McCain aseguren que hay vida humana desde el momento de la concepción y, al mismo tiempo, defiendan y apoyen la investigación con células madre embrionarias.
Humano desde el principio
Comparar el nacimiento de un bebé con el proceso de fabricación de un coche puede ser una imagen bonita, pero es totalmente equivocada. A diferencia de lo que ocurre con las cosas, a los seres humanos nadie nos fabrica. Ni siquiera Dios nos fabrica. No existe un constructor externo porque la vida humana no se hace, sino que se desarrolla.
En la construcción, la forma que define a la cosa va apareciendo de manera progresiva, en la medida en que se le van añadiendo detalles desde fuera. En el desarrollo, en cambio, el principio vital (eso que en la tradición cristiana se llama “alma”) está desde el principio.
A los organismos vivos no se les forma ni se les define desde fuera. Se definen y se forman a sí mismos. La naturaleza o forma de un ser vivo está en sus genes desde el principio, y esa forma empieza a manifestarse desde el primer momento de su existencia. Los embriones no necesitan ser modelados según un tipo de ser. Ya son un tipo de ser.
Para que se vea más claro, propongo otro ejemplo gráfico. Supongamos que usted tiene una cámara Polaroid y que hace una foto única e irrepetible, por ejemplo, una pantera en mitad de una jungla. Antes de revelarla, un amigo le coge la foto y se la rompe. Cuando usted le regaña, él se defiende diciendo que sólo veía una mancha borrosa. Sin embargo, usted sabe que la pantera estaba ahí. Incluso aunque no la pudiéramos ver.
¿Por qué a veces nos parece preferible la idea del ser humano “en
construcción” y otras, en cambio, pensamos que es mejor la del
desarrollo? La visión “construccionista” resulta atractiva siempre que
apartamos de nuestra mente el pensamiento del futuro; es fácil caer en
el “construccionismo” cuando nos fijamos en la apariencia del embrión o
del feto, sin tener en cuenta el desarrollo intencional.
Ahora bien, cuando miramos hacia atrás en el tiempo comprobamos que la idea del desarrollo es mucho más convincente. Si supiéramos que la mancha borrosa que aparece en la Polaroid es una pantera, su amigo no habría roto la foto. Ocurriría lo mismo si tuviéramos una fotografía de lo que algunos creen que es una masa de células. Diríamos: “¡Mira, Jim, ése eres tú!”
Deconstruir al discapacitado
La idea del ser humano “en construcción” está también en la base del debate sobre la eutanasia. Si un Corvette empieza a ser desmantelado, habrá un momento en que dejemos de decir que eso es un coche. Si a alguno de nosotros nos dieran un motor o unas ruedas, ¿diríamos que es un Corvette? Evidentemente no.
Pero la vida humana no funciona así. La naturaleza de una criatura viviente perdura con independencia de cuál sea su aspecto y su función. Mientras un discapacitado continúe siendo algo unificado (es decir, mientras permanezca con vida), ahí hay una persona y no simplemente un puñado de células.
En efecto, una persona en estado vegetativo continúa siendo un ser humano hasta el momento de su muerte. Por esta razón, nos parece trágica su situación: porque tiene una naturaleza humana completamente frustrada. En cambio, los vegetales de verdad no nos dan pena. A nadie se le ocurre decirle a una lechuga: ¡pobre vegetal!
Algunos de nosotros terminaremos siendo unos discapacitados como consecuencia de un accidente o de la edad. No podremos desarrollar bien nuestra capacidad de hablar, de razonar, de elegir o de querer. Entonces nuestra humanidad estará escondida al igual que cuando fuimos concebidos, pero eso no significa que no estemos ahí.
Ahora bien, cuando miramos hacia atrás en el tiempo comprobamos que la idea del desarrollo es mucho más convincente. Si supiéramos que la mancha borrosa que aparece en la Polaroid es una pantera, su amigo no habría roto la foto. Ocurriría lo mismo si tuviéramos una fotografía de lo que algunos creen que es una masa de células. Diríamos: “¡Mira, Jim, ése eres tú!”
Deconstruir al discapacitado
La idea del ser humano “en construcción” está también en la base del debate sobre la eutanasia. Si un Corvette empieza a ser desmantelado, habrá un momento en que dejemos de decir que eso es un coche. Si a alguno de nosotros nos dieran un motor o unas ruedas, ¿diríamos que es un Corvette? Evidentemente no.
Pero la vida humana no funciona así. La naturaleza de una criatura viviente perdura con independencia de cuál sea su aspecto y su función. Mientras un discapacitado continúe siendo algo unificado (es decir, mientras permanezca con vida), ahí hay una persona y no simplemente un puñado de células.
Algunos de nosotros terminaremos siendo unos discapacitados como consecuencia de un accidente o de la edad. No podremos desarrollar bien nuestra capacidad de hablar, de razonar, de elegir o de querer. Entonces nuestra humanidad estará escondida al igual que cuando fuimos concebidos, pero eso no significa que no estemos ahí.
domingo, 22 de julio de 2012
Cómo confesarse
Este vídeo elaborado por la Archidiócesis de Boston explica de forma fácil y sencilla cómo hacer una buena confesión. Solo tienes que seguir los once pasos que se te proponen en el vídeo y ¡ya está! Tus pecados estarán perdonados. El vídeo original se puede encontrar en http://www.thelightisonforyou.org/videos/index.html junto con más vídeos que tratan el Sacramento de la Reconciliación.
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