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domingo, 17 de julio de 2011

Hombre o mujer: ¿realidad o elección?

Por el Cardenal Carlo Caffarra, Arzobispo de Bolonia

21 Junio 2008


El dilema puesto como título de mi reflexión nos introduce inmediatamente en medias res: ¿la masculinidad y la feminidad que biológicamente instituyen la forma humana, son hechos simplemente naturales o modos de ser propios de la persona que se deciden exclusivamente desde su libertad? Trataré de responder a esta pregunta y será la primera parte de mi reflexión; en la segunda parte, mas breve por razones de tiempo, trataré de demostrar la importancia que la respuesta dada tiene sobre la institución matrimonial y familiar.

1. CONSTRUCCIÓN DE LA RESPUESTA

Comienzo con un texto de la Encíclica Veritatis Splendor: "los debates sobre naturaleza y libertad siempre han acompañado la historia de la reflexión moral… la época contemporánea está marcada, si bien en un sentido diferente, por una tensión análoga… como si la dialéctica -e incluso el conflicto- entre libertad y naturaleza fuera una característica estructural de la historia humana" [46].

Podemos verificar que en muchas concepciones actuales de la deformación sexual humana, en muchas interpretaciones, está afirmada sin equivocación – mas claramente que en otros debates – una visión estructuralmente conflictiva entre naturaleza y libertad, y por tanto, entre sexualidad biológica y sexualidad culturalmente entendida.

Esta tendencia, este modo de considerar la masculinidad y la feminidad ha seguido y sigue dos trayectorias que a primera vista tienen direcciones diferentes, pero que en profundidad llevan al mismo punto de partida antropológico.

1.1. Primera trayectoria: libertad versus naturaleza. Es la conocida teoría del gender. Las diferencias entre masculinidad y feminidad son consideradas como simples efectos culturales. Es decir, la forma sexual que se imprime en el ser y que se expresa en el actuar de la persona viene delegada exclusivamente a la libertad, a una libertad completamente desvinculada de cualquier referencia "natural". El ser hombre-el ser mujer en el sentido de la propia configuración personal es, y debe ser exclusivamente fruto de la libertad que, en el proyectar esta configuración, no tiene ninguna referencia "natural". La única instancia competente que responde a esta pregunta: "quién es el hombre – quién es la mujer", "qué sentido tiene el ser hombre – el ser mujer", es la libertad de la persona.

Para entender en fondo el alcance teórico y [en la segunda parte de mi intervención] práctico de estas afirmaciones, tenemos que señalar al menos un hecho cultural de gran alcance: el cambio que ocurrió en la conciencia del hombre occidental respecto al modo de considerar el propio cuerpo. El discurso sería muy largo. Me limito a lo esencial.

Expreso este cambio con una fórmula…de manera icástica: la persona humana no es su cuerpo, sino que tiene un cuerpo. Es decir, se ha ido progresivamente oscureciendo hasta desaparecer una visión unitaria de la persona [ella no es un espíritu que posee un cuerpo, sino que es "unidad de cuerpo y espíritu": es una persona corpórea o un cuerpo personal]; y en su lugar se ha sustituido una visión dualista [la persona tiene un cuerpo].

A la luz de la segunda visión, el cuerpo ya no tiene su originalidad específica [el ser un cuerpo - persona], sino que es del todo igual a aquello que viene indicado como "naturaleza". Un material a disposición. Mas precisamente. "Por lo cual, la naturaleza humana y el cuerpo aparecen como unos presupuestos o preliminares, materialmente necesarios para la decisión de la libertad, pero extrínsecos a la persona, al sujeto y al acto humano" [doc. cit. 28].

El punto de partida de esta trayectoria es la reducción del Yo al ejercicio de su libertad, afirmada obviamente en línea de principio. Una reducción que lleva directamente a una progresiva disolución de la relacionalidad de la persona.

1.2. Segunda trayectoria: naturaleza versus libertad. Esta segunda trayectoria reduce el Yo al conjunto de los procesos biológicos y psicológicos. El Yo no posee alguna capacidad de auto-moverse y de auto-determinarse, sino que es sobretodo movido por sus dinamismos psicofísicos y determinado por esos. R. Bodei habla de un "resquebrajamiento del yo" [en Destini personali. L’età della colonizzazione delle coscienze, Feltrinelli, Milano 2002, pág. 254-257].

Este "resquebrajamiento del yo" impide de hablar de libertad pero solo en términos de espontaneidad: la libertad consiste en la mera espontaneidad. ¿qué es lo que distingue la libertad de la simple espontaneidad? El hecho que la espontaneidad es el movimiento del organismo hacia su propio bien; la libertad es el movimiento de la persona hacia el bien en sí y por sí. La búsqueda de un vaso de agua cuando tengo sed, es un movimiento espontáneo; yo tengo sed, entonces, el tener a disposición una bebida es un bien, un bien para mí. La búsqueda de una vida asociada justa, en cambio – por poner un ejemplo –, es una inclinación que implica un acto de inteligencia, una confrontación crítica entre la sociedad justa y la sociedad injusta. El vivir en una sociedad justa es considerada no como un bien para mí o para algunos, sino como el bien del hombre como tal, un bien común. Ya Platón ha demostrado que el bien inteligible – es decir, el bien que se revela mediante la razón – es común a todos: es el bien común.

El Yo en su libertad se coloca en el cruce entre las no raras contrastantes estimulaciones instintivas que no pueden no empujar hacia "aquello que agrada – aquello que no agrada" y la inclinación racional hacia el bien en sí y por sí. Si reduzco el Yo a la naturaleza bio-psíquica, queda solo la posibilidad de "ser actuado" no de actuar.

El individualismo, que ha sido el punto de partida del proceso precedente, volviéndose espontaneidad elimina todo criterio de evaluación que no sea relativo al sujeto.

La propia masculinidad o feminidad no tiene en ningún modo el carácter de medida interna al propio actuar sexual. No es posible distinguir una conducta sexual justa de una conducta sexual injusta "por naturaleza". Y esto por dos razones que se conjugan recíprocamente: el Yo es su libertad; la libertad del Yo es su espontaneidad. En la segunda parte veremos la relevancia práctica de esta doble reducción.

1.3 La trayectoria cristiana: "hombre y mujer los creó". Tratemos de verificar la respuesta cristiana a la pregunta "Hombre y mujer: ¿realidad o elección?".

Hago una premisa sobre la que desafortunadamente no puedo alargarme. Existe una visión católica del mundo y del hombre: digamos, de la realidad. Esta visión tiene elementos que la caracterizan de manera inconfundible. Uno de estos es la conjunción "et". "Por tanto, en este pensamiento no se asiste a un cambio repentino del "si" al "no", no existe un cierto "o así o asá", ni se puede notar una "inversión" absoluta, en cambio sí se encuentra una "continuidad", "dependencia", "conexiones armónicas"" [L. Scheffczyk, Il mondo della fede cattolica. Verità e forma, V&P, Milano 2007, pág. 49; traducción libre del texto italiano].

La respuesta que la Iglesia propone no es "o naturalezza o cultura", ni tampoco "o realidad o elección", sino que se mueve en la dirección del "et": naturaleza y cultura, realidad y elección. ¿En qué sentido? Hago una segunda premisa no menos importante.

Cuando hablamos de masculinidad y feminidad, hablamos de un cuerpo masculino y femenino; de una fisiología masculina y femenina; de una psique masculina o femenina. En una palabra: de una "naturaleza masculina y de una naturaleza femenina".

Esta naturaleza está dotada de un sentido porque es una naturaleza razonable. Esto quiere decir que hombres y mujeres han elaborado una comprensión de su masculinidad y feminidad, y en coherencia con ésta han producido códigos éticos respecto al modo de vivir la propia masculinidad y feminidad.
Esto no quiere decir que aquello que es dado al principio – la naturaleza masculina y femenina de la persona humana - no conlleva ninguna indicación específica para la elaboración de aquella comprensión y para los contenidos de aquel código: no existe una autonomía pura. Pero el subsistir en una naturaleza masculina o femenina quiere decir que la comprensión que el hombre tiene de la masculinidad y de la feminidad puede ser verdadera o falsa; que las leyes de comportamiento pueden ser justas o injustas. Y por tanto el criterio de verdad no puede ser el acuerdo medido aritméticamente, así como el criterio de verdad no es la realidad. Lo justo es distinto de lo injusto "por naturaleza"; lo verdadero es distinto de lo falso en razón de la realidad. Este discernimiento es obra de la razón.
No es de la razón que se reduce a ser sierva de la simple espontaneidad natural o de la subjetividad en búsqueda de la propia realización individual. Sino de la razón que se abre al ser y al bien en sí y por sí en el cual toda persona puede reconocerse.

Como ven ustedes, la comprensión y la vivencia de la propia masculinidad y feminidad es un arduo empeño. No es nunca algo que se adquiere de una vez para siempre. Es una obra educativa.
En su dulce providencia, también nuestro Dios ha ayudado a la persona humana en esta obra educativa.
Existe una revelación divina respecto la masculinidad y feminidad humanas. Esta retoma y realiza todo lo que la recta razón percibe incluso a veces con fatiga.

Ahora, finalmente quisiera presentarles los datos fundamentales de esta visión, a la luz de la razón y de la fe. Estaré forzado a proceder de manera …un poco apodíctica y me disculpo – por el poco tiempo a disposición, partiendo desde los tres primeros capítulos del Génesis, que son la base inmutable de toda la visión católica del hombre.

La masculinidad y feminidad son las dos formas, los dos modos fundamentales en los que se realiza la humanidad de la persona. La persona humana, antes de ser "griego o bárbaro, esclavo o libre, judío o gentil" es hombre o mujer. La humanitas es bi-forme.

Esta bi-formidad no significa y no conlleva degradación en la dignidad: la persona es igualmente o hombre o mujer. La persona-hombre y la persona-mujer tienen la misma dignidad ya que tienen el mismo estatuto ontológico.

¿Porqué esta bi-formidad? ¿qué sentido tiene? ¿cuál es su más profunda verdad?

Es la constitución relacional de la persona humana. Masculinidad y feminidad son el símbolo real que la persona humana no es un individuo que "contrata" la relación con el otro, sino que está originariamente dentro en la relación con la otra persona. ¿qué significa "símbolo real"? dos cosas. Significa una capacidad expresiva. El bi-formismo sexual es un lenguaje, porque el cuerpo es un lenguaje de la persona. Todo lenguaje lleva un significado. El significado que lleva la masculinidad/feminidad de la persona es un significado nupcial: no es para hundirse dentro de un enfrentamiento estéril solo con sí mismo, sino para una relación con el otro. Solo la existencia de una persona humana "otra", solo una verdadera y propia alteridad-diversidad es en grado de llevar visiblemente el significado de comunión de la existencia humana.

Podemos desarrollar, entonces, una profunda reflexión, partiendo del hecho que cada lenguaje tiene una gramática propia, y que no respetarla implicaría perder ella misma su capacidad expresiva. Me limito a una telegráfica constatación. La relación homosexual no lleva nunca el significado originario: es relación de idénticos, es decir con sí mismo.

"Símbolo real" significa también otra cosa. Significa también y no menos importante capacidad de realización. La masculinidad/feminidad de la persona son capacidades de realizar la comunión de los dos: unidad de los dos. La unidad no destruye la dualidad; la dualidad no impide la unidad. En síntesis. "En esta particularidad suya, el cuerpo es expresión del espíritu y está llamado en el misterio mismo de la creación, a existir en la comunión de las personas, a "imagen de Dios"" [Juan Pablo II, En Insegnamenti III/2 (1980), 288; traducción libre del texto italiano].

El signo de la capacidad expresiva y de realización de la comunión entre los dos inherente en la sexualidad, es la capacidad de poner las condiciones de la existencia de un tercero, el hijo. Otro además de los padres: ¡es una persona! Fruto de la unión de ellos: ¡es de ellos!

Esta visión de la persona humana no se basa en la contraposición de la libertad contra la naturaleza ni viceversa.

De esta emerge una libertad basada en la naturaleza y una naturaleza confiada a la libertad. Es por tanto una libertad, que es responsabilidad; es libertad compartida con la libertad del otro.

Es en el interior de esta visión que se entiende en qué consiste últimamente la herida que el pecado ha provocado a la bondad de la correlación entre los dos sexos: ha introducido la gramática del dominio, y por tanto del conflicto que lógicamente mira a la supresión del otro, dentro de la gramática del don y por tanto de la comunión que lógicamente mira a custodiar en su identidad al otro. En el fondo, la historia de la relación entre hombre y mujer está guiada por el uso que ellos hacen de una o de la otra gramática en el lenguaje de su respectiva sexualidad. Y con esto hemos llegado a la segunda parte.

2. IMPORTANCIA PRÁCTICA DE LA RESPUESTA

Quisiera ahora indicarles muy brevemente cuál es la importancia de la reflexión anterior respecto algunas instituciones de nuestra vida en sociedad. Lo haré en modo rápido.

Parto de una relevancia de carácter general, que enunciaré de la siguiente manera: porque la sociedad hombre-mujer es el paradigma fundamental de toda socialización de la persona, el error y el desorden al respecto invalida toda relación social. Prima societas in coniugio, decían los Romanos.

El "social humano" está constituido por la relación de diversos. La razón propia del hecho social [la ratio societatis] es una razón relacional, como ha demostrado en estos años P.P. Donati y su escuela. Esta razón está negada cuando se niega la diversidad del otro para afirmar sí mismo, o cuando se niega sí mismo para aparecer en una indistinta uniformidad. Vean cómo la visión que precedentemente habíamos mencionado a cerca de la relación hombre-mujer es ejemplar, precisamente paradigmática.

Deseo todavía llamar la atención de ustedes a cerca de la importancia que toda esta reflexión tiene respecto la institución matrimonial.

La institución matrimonial está padeciendo una verdadera y propia "des-construcción": como desmontada pedazo a pedazo. Tenemos todavía (?) en mano todos los pedazos, pero ya no el edificio. Sin metáforas. Aún se habla de pareja, de familia, de padres, de paternidad/maternidad. Pero estas palabras llevan entre sí significados contrarios.

Cada vez más estoy convencido que este trabajo de des-construcción ha sido a causa de la pérdida de la visión verdadera de la sexualidad humana. Los demás factores des-constructivos, que existen y son potentes, han podido trabajar porque estaba sucediendo aquel oscurecimiento.

Tengo que decir también que el pensamiento cristiano no ha sido siempre atento al respecto. Y no estaremos nunca suficientemente agradecidos a Juan Pablo II que, primer pontífice en la historia, nos ha regalado un completo Magisterio respecto al cuerpo y la sexualidad humana. Y a Benedicto XVI por todo lo que ha escrito en la primera parte de su primera Encíclica.


Concluyo con un texto de Karol Wojtyla "Algunas veces la vida humana parece ser demasiado corta para el amor. Algunas veces no – el amor humano parece ser demasiado corto para una larga vida. O quizá demasiado superficial. En todo caso el hombre tiene a disposición una existencia y un amor - ¿cómo hacer un conjunto que tenga sentido?" [En Tutte le opere letterarie, Bompiani, Milano 2001, pág. 867; traducción libre del texto italiano].

El tener a disposición una existencia y un amor; el reto que esta disponibilidad manda a la libertad: hacer un conjunto que tenga sentido.

En el fondo, es de esto que habíamos hablado, porque la sexualidad humana es el modo originario por el cual este reto se dirige a cada hombre y a cada mujer.


La traduzione, non rivista dal Card. Caffarra, è di Dino De Paz Cigarroa

viernes, 8 de julio de 2011

¿Por qué quiero ir al la Jornada Mundial de la Juventud?

BUSCANDO UN CAMINO DE RETORNO

por Fernando Hurtado

A petición de varias personas, coloco en primera línea de mi blog la comunicación que hice hace cinco años a un Congreso promovido por una ONG de Estados Unidos, sobre la Educación en la adolescencia. El subtítulo que dí a este documento es más expresivo de su contenido: "Relación varón-mujer hoy". La situación que se recoge sigue en progresión y no desmiente ninguno de los pilares antropológicos del razonamiento. Por este motivo, el hecho de pasar unos años hace que tenga un valor mayor como testimonio. Soy profesor en un colegio de chicos, y los aspectos fenomenológicos de este estudio son absolutamente reales.

Recientemente tuve ocasión de ver la película italiana Caterina va in città. Una chica de 15 años se traslada a vivir desde un pueblo a Roma. En su diario va recogiendo el impacto que le produce el nuevo ambiente en que se desarrolla su vida. El film presenta un perfil psicológico y sociológico de los adolescentes italianos, un retrato sencillo y profundo de la sociedad: costumbres y relaciones entre chicos y chicas y con sus padres, estilos de vida de los padres, situaciones humanas en las diversas familias, ideales de unos y de otros.
La protagonista es una chica normal, no especialmente guapa ni inteligente. Destaca, sí, por ser natural, espontánea y reflexiva. Los compañeros de Liceo en Roma pertenecen a la clase más alta, y ella “es la que menos sabe de la vida”, y la más ingenua. Precisamente por esas “cualidades tan llamativas”, las demás chicas buscan su amistad.

Aunque los chicos aparecen constantemente en la película, no juegan papel alguno. No tanto porque el film se centre en personajes femeninos, sino porque, a igualdad de edades, representan como un grupo inferior aparte.

Es de destacar que, salvo Caterina, la actuación y decisión de las chicas es “casi masculina”. Sus expresiones vocales son muy fuertes. Sus sentimientos específicamente femeninos son pobres; el trato entre ellas es duro y hasta cruel.

Se advierte en rostros y formas, que, a pesar de su adolescencia, casi todas han pasado por clínicas de cirugía estética.

La afectividad específica entre chico y chica no aparece en ningún momento. Apenas se tratan, aunque se buscan ocasionalmente para mantener una relación física, que no crea entre ellos intimidad alguna. Curiosamente se da trato afectivo entre las chicas. Dos son lesbianas.

Después de esta descripción, llamémosla fenomenológica, perfilo algunas reflexiones complementarias:

-A esa edad, el rol del varón (no sabemos cuál será su desarrollo posterior en esta generación) es muy inferior al de la mujer; y su personalidad más pobre.

-La mujer se presenta autosuficiente en todos los ámbitos del vivir cotidiano y en su afectividad.

-En las relaciones de tipo sexual, la iniciativa y la sensualidad parecen predominar en la mujer.

-Puede parecer imposible (salvo con la “extraña” Caterina) que entre mujer y varón se de alguna clase de afecto, o algo distinto que un “rato de sexo”.

-Son personas con experiencias fuertes de desengaño respecto a sus padres, casi todos divorciados y conviviendo con otras personas. Se percibe como un fondo de soledad profunda de la que quieren como escaparse alocadamente. No se advierte felicidad. Lo superficial de la existencia se trata de compensar con un cúmulo de sensaciones fuertes.

Resumiendo, es como si la vida hubiera tomado de manera inconsciente un rumbo sin paradero, contra la misma naturaleza. No existen proyectos vitales; son todos accidentales, a corto plazo, y, en el fondo, no satisfacen ni atraen suficientemente.

El mundo que se ha configurado actualmente lo veo plasmado en las amigas de Caterina. Pero van en busca –por necesidad y por atractivo- del mundo y de la personalidad que presenta Caterina. La ternura, la ingenuidad, y el conjunto de ideales penas y amores reales que presenta Caterina, casi una niña, da un toque luminoso a cuantos la conocen. La verdadera persona humana es indicación para las demás.

MUTACIONES ANTROPOLÓGICAS

Al hablar de mutación no quiero ni siquiera recordar la evolución darviniana, con su determinismo que comporta. Cada persona es distinta y libre, pero comparte la misma naturaleza. Las tendencias fundamentales del hombre son semejantes: el varón y la mujer sienten atracción física y afectiva; el uno por el otro tienen inclinación al enamoramiento. También son iguales los sentimientos hacia los hijos, ante la fidelidad, la vida o la muerte.

Llamo mutación de la conducta habitual a un fenómeno no natural y que, por tanto, en un primer momento ha de ser inducido contra naturaleza, presentándose como defecto o carencia. Forzador de nuevos comportamientos, no admitidos o asimilables de entrada; generador de conductas extrañas, incómodas, que sobreviven por acostumbramiento, después de experimentadas por el sujeto numerosas veces. Ese nuevo hábito, generador de acciones, no puede mutar la naturaleza humana, pero sí la personalidad individual. Incluso podría generalizarse, y mostrarse como “lo verdadero”

De este modo se pueden inducir cambios en la sociedad, en la personalidad humana, incidiendo previamente en las conductas, presentando una actuación como buena y natural y, por tanto, aceptable por muchos… Mediante imágenes, vía cine o televisión, se puede presentar con naturalidad una conducta no natural. Aunque no sea verdadera, puede tomar la apariencia de verdad, y por tanto de bondad. Para poder realizar una empresa semejante, se ha de poseer una profunda claridad ideológica y un gran poderío económico. En este momento, sólo los Estados y algunos grupos disponen de la fuerza capaz de sacar adelante ideologías.

Pretendo llamar la atención sobre la necesidad de agentes poderosos para inducir “mutaciones” en la conducta de la persona humana a nivel planetario. En estos momentos de la historia no podemos pecar de ingenuos. Por ejemplo, todos sentimos respeto hacia las personas con tendencia homosexual, pero muy pocos creen que es “natural” que esas tendencias generen uniones equiparables al matrimonio. Quién podría pensar, además, que se llegaría a aprobar en diversos Parlamentos. Menos aún, pienso que la representación del amor homosexual, encierre en sí tal belleza y atractivo, que películas con ese guión ganen oscares.

Aunque lo presento sólo como una hipótesis, es lógico pensar en un poder, tan fuerte en lo económico y político, que asusta. Es evidente que es una ideología: está moviendo la cultura, el arte, los medios de comunicación, la industria; llega a todos los rincones de la tierra. Ideología común, suma sus fuerzas, actuación eficaz y sin levantar sospechas hacia nadie concreto. Y lo que está en mente es un proyecto de hombre o de humanidad distintos, que ya se está implantando.

Por ejemplo, desde hace unos cuarenta años, aprovechando la justa batalla que se está batiendo por la igualdad de la mujer, entraron para moldear otro tipo de mujer. Lo desarrollaremos de manera más extensa en las páginas que siguen. No es natural, ni posible, que la libertad –que tanto sabe de la diversidad- marche sobre unos raíles tan concretos en lo accidental y en lo esencial. ¿Cómo conseguir sin poder ni manipulación que las chicas del mundo vistan del mismo modo? Como el estilo común se marca a nivel mundial por la televisión y el cine, no cabe más conclusión que ésta: ciertos grupos con pretensiones ideológicas y de poder mundial (no excluyo, lo económico: se necesita) han escogido y se han hecho dueños del cine, de las cadenas de televisión y de publicidad de medio mundo. Tanta concordancia nos llena de sospecha. Y es tan sagaz, y repito a propósito, tan poderoso, que consigue el milagro de que casi nadie acierte a saber “quién está detrás”.

Los biólogos sabemos que un cambio fisiológico es imposible que se transmita (a eso llamamos mutación), a no ser que proceda o derive en una alteración cromosómica. La alteración sí que puede transmitirse por generación. Lo normal es que un cambio fisiológico no responda a un cambio cromosómico y sea corregido por el mismo cromosoma, precisamente al no encontrarse dirigido por él. Para saber si se da una mutación ha de permanecer el cambio y transmitirse por generación.

En este sentido, el mundo de lo humano, del pensamiento, de los sentimientos, modos de actuación, tendencias, etc., resultaría a primera vista más moldeable… Pero sucede lo contrario. La naturaleza humana sólo admite cambios (y es bueno que sea así) en lo accidental. Si, aparentemente, se produce un cambio estructural, en realidad se ha debido a una imposición temporal. Y la naturaleza, el ser humano, se liberará antes o después, de ese encorsertamiento a su libertad. Deseemos que la caída de lo falso o degradado no ocurra con violencia, como en otros momentos de la historia, sino del mismo modo que el aparentemente irremovible “telón de acero”, cuando cientos de millones de seres humanos se liberaron del dirigismo político y moral.

También hemos de esperar, y procurar, que se haga lo suficientemente pronto, para que no se generalice el pensamiento de que, al cambiar de modo tan rápido leyes esenciales, se puede inferir que no exista ninguna con carácter absoluto, y que por tanto estén de más las leyes como los estados que las promulgan. La naturaleza humana rehuye las imposiciones a medio y a largo plazo y no acepta las leyes, sin coherencia interna, que se apoyan exclusivamente en el poder del legislador. Esta pérdida de valoración cívica desencadenaría el caos.

Situación actual de la relación varón-mujer, especialmente en la adolescencia, con algunas propuestas educativas

Espero y deseo que este rodeo que he dado hasta aquí, nos introduzca más fácilmente en el tema de este trabajo sobre la sexualidad humana.

La sexualidad es el componente más determinante de la personalidad. Determina al sujeto a ser persona masculina o persona femenina; es decir, varón o mujer. Estructuralmente –no de modo moral- es la diferenciación mayor que se da en el individuo. Este modo de definición que abarca connotaciones fisiológicas, afectivas y de relación, es determinante para la realización personal de los individuos singulares. Las distinciones que comporta entrañan al mismo tiempo una complementariedad tal, que sólo en ella el ser humano alcanza el amor y, por tanto, la felicidad, y por ella, la plenitud de la personalidad.

Presenta la sexualidad tres componentes constitutivos. La diferencia sexual física entraña funciones y órganos distintos y complementarios en la mujer y en el varón, que actualizan la atracción física (aunque no sólo física, porque no hay nada realmente humano que sea sólo físico, material), la admiración, la consideración perfeccionadora de la duplicidad de presentación del ser humano.

La afectividad es otro componente. Cuando hablamos de afectividad del hombre y de la mujer, nos estamos refiriendo a dos modos distintos, pero complementarios, de apreciarse, de valorarse, de sentir la personalidad, la presencia “del otro”, “al otro”. Con mayor o menos intensidad se da en cualquier relación entre hombre y mujer, aunque sea accidental. Nadie trata ni es tratado(a) de modo igual por un hombre que por una mujer; ni siquiera mira de modo igual ni es mirado(a) de igual modo por un hombre que por una mujer. Sobre la tendencia a la maternidad y a la paternidad -tercera dimensión de la sexualidad- hablaremos con extensión más adelante; pero ya advertimos que son la parte esencial de la cuestión que nos hemos planteado.

Trataremos más adelante con detalle el componente de tendencia a la maternidad y a la paternidad. Adelantamos que, en el caso de la mujer, es el que mas consecuencias ha tenido en la relación con el varón.

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Tanto el elemento fisiológico como el afectivo son interiorizados en la persona, en dos dimensiones: en relación con uno mismo, y en relación con el varón o con la mujer.

En la mujer:

1. En relación a sí misma, la mujer percibe su propio cuerpo en su forma anatómico-esponsal. Su estructura llama a relaciones maternales y esponsales dinámicas. A la niña preadolescente le adviene la llegada de la menstruación y el crecimiento de sus pechos; no le acaece de un modo simplemente físico, sino en relación a una tendencia a la maternidad, que capta.

Más tarde, por un desarrollo más espiritual que material, advierte su genitalidad, acompañada de una fuerte tendencia a la afectividad por el varón. Esa genitalidad se integrará también, ahora más fuertemente, con la tendencia a la maternidad (ser madre por medio del varón al que llegue a amar).

Como se puede ver, su tendencia a la maternidad, la afectividad y la unión física, tienden a integrarse en la persona, enriqueciéndola y preparándola para el amor. Más tarde veremos el efecto de des-integrar estos aspectos.

2. En relación “al otro”, la percepción de sí misma se enriquece aún más. La unión de los tres componentes de la sexualidad la conducen a una mirada sobre el varón de un calado que supera el orden físico. Por eso, la mujer tiene tendencia a valorar las virtudes morales del varón, sublimando y alcanzando el valor espiritual de lo material. Le complace más en el varón el rostro, la voz, el modo de mirar. La sensualidad de la mujer se concentra más en esos aspectos y, al ser de carácter menos físico, hace que en un primer momento tenga una riqueza afectiva más intensa que el hombre. Por eso será ella la que “enseñará” al varón a vivir de un modo más afectivo.

En el varón

1. En relación a sí mismo, se le hace presente el componente de unión física con la mujer con más fuerza. Constitutivamente es así. Su cuerpo reacciona fisiológica y visiblemente ante el cuerpo de la mujer (por eso lo cubre más; tiene más pudor); en cierto modo “reclama la unión con la mujer”. Durante la preadolescencia, la liberación involuntaria de espermatozoides en el sueño, junto a un intenso placer, aunque le despiertan el sentido de paternidad, llaman más fuertemente al encuentro físico con el cuerpo de la mujer.

2. En relación a las chicas, su más elevada sensualidad le inclina a valorarlas más en sus proporciones físicas –más suavizadas y bellas que en él mismo-, y en la percepción de los elementos de la mujer en los que está inscrita la maternidad y la unión esponsal, pero más desligados del afecto y de la paternidad.



INTERACCIÓN DE LAS DOS RELACIONES.


1. En casos normales, es decir, sin alteraciones, la mujer:

a) Piensa en el varón con un cierto romanticismo, consecuencia de la apreciación más espiritual que sensual que tiene de él. La conciencia de la riqueza de expresividad de su propio cuerpo, le lleva no a ocultarlo, pero sí a velarlo de tal modo que los valores sexuales físicos y la forma más esponsal -de acogida al varón- de su cuerpo, no concentren su mirada de modo casi exclusivo, sino que la alcance a toda su persona, cuerpo y espíritu.

b) Siempre corre el riesgo de pensar que al no sentir una sensualidad tan fuerte hacia el varón, la de éste por ella sea del mismo tenor. Esto supone a veces –incluso de manera inconsciente- que presente su cuerpo de modo provocativo para el varón.

2. En las mismas condiciones, el varón:

a) Advierte que la donación de la mujer no se va a dar si no nace el amor mutuo entre los dos. Sabe que la insinuación de un trato meramente físico, le haría ser descartado por ella como pretendiente serio.

b) Necesita la conquista amorosa; y precisamente en ella, su modo de ser se va a ir acoplando progresivamente al modo de ser de la mujer, consiguiendo la complementariedad afectiva y el instinto paternal que anteriormente poseía de modo más pobre.

Podríamos asegurar, en líneas generales, que la “protagonista principal” del amor humano es la mujer. Cuando no lo ha sido, o se ocultó su protagonismo, acaecieron males a la sociedad. Es cierto que una cultura “masculina” redujo en determinados ambientes a la mujer en el mejor de los casos a ser una buena “madre y criadora” de hijos (absolutización del elemento procreativo del matrimonio); o un objeto de placer (absolutización del elemento fisiológico). Pero supuso la velación, durante tiempo, no sólo de la dignidad de la mujer, sino de la grandeza del amor humano.

CAMBIOS DE CONDUCTA TRASCENDENTALES. SUS CAUSAS.

Desde mediados del siglo XX, comienza con fuerza una reacción esperada y necesaria: la lucha por la recuperación de la dignidad que es propia a la mujer, que es la misma, exactamente la misma y en todos los aspectos, que la del varón. El predominio de lo masculino era evidente, incluso dentro de la misma familia. La mujer interviene más que el varón en todos los aspectos de la formación y desarrollo de la familia. Ella tiene más conciencia de la vida, que se forma en su cuerpo. De modo natural tiene un concepto más elevado que el varón de la unión conyugal, y también, siguiendo la misma lógica, del amor maternal al hijo que nace de ella, al hijo que se alimenta de ella, al que cuida, educa… ¡Qué relación mayor podría existir! El varón, en bastantes ocasiones se mantenía como fuera de la familia: no concibe, no siente el desarrollo de la vida, su cercanía al hijo es más tardía y de menor intensidad. Precisamente, el hombre es introducido en el círculo de la vida, y descubre su paternidad, por la maternidad de la mujer.

A pesar de esto, se hablaba del varón como del protagonista familiar, el cabeza, el responsable… Y no. Hasta la terminología de “matrimonio” (“munus matris”, oficio de la madre) y “patrimonio” (“munus patris”, oficio del padre) es significativa… A pesar de la sobrevaloración de la figura del varón, la familia era lo más importante para los dos (también para el Estado).

Y llegó el gran cambio de rol y de conducta.

Creo que todos estamos de acuerdo en que uno de los mayores cambios –si no, el más definitivo- que se produce en el siglo XX (por tanto el acontecimiento principal, según la estimación de muchos) es el de la noción primero ideológica, y progresivamente más real, del papel y de la conducta de la mujer. Es un cambio ciertamente de la mujer en sí misma. Pero se ha de añadir: un cambio respecto al varón, pues en su relación con el varón radicaba su desigualdad y la falta de valoración de su dignidad.

Si deseaba adquirir formación universitaria, que el varón ya recibía, en el fondo debía enfrentarse a él; lo mismo sucedía con los puestos de trabajo; su antagonista era el varón, etc. La defensa por su dignidad se convirtió no sólo en encontrar su sitio propio, sino que manipulada, se transformó en una lucha contra el varón para conseguir la independencia del varón. Es verdad que el varón le impedía ser ella misma, pero no en todos los campos. La lucha, sin embargo, alimentada por el feminismo radical, abarcó todos los campos, también aquellos en los que la mujer y el varón tienen una relación de dependencia esencial. Pero hasta ahí llegó la liberación. La manipulación le hizo asimilar características internas y externas del varón, que oscurecían su personalidad. Aunque es un botón de muestra, y en un terreno accidental, en un determinado momento comienza a generalizarse en la mujer el uso de pantalones, vestimenta hasta ese momento masculina. Cabría esperar, que en aras de la misma igualdad, el varón alternara la falda y el pantalón (no hubiera supuesto algo llamativo). Pero el hombre no hizo ni esa concesión en su expresión corporal. Continuó siendo férreamente él mismo.

LA SUPERPOBLACIÓN, LOS ANTICONCEPTIVOS Y LA MUJER.

De modo cercano, el comienzo del problema lo situamos –repetimos- con la manipulación de la esperada liberación de la mujer en los años 60. Progresivamente se va incidiendo en su personalidad que llega a adoptar conductas contrarias a las naturales. Sitúo como elemento clave de esa manipulación la propaganda –falsa, como se ha demostrado después- sobre la posibilidad de la superpoblación mundial, que ponía en peligro la supervivencia en la tierra. Con la misma fuerza destaco la introducción de la píldora anticonceptiva como reguladora de la población.

El razonamiento más en boga en esas fechas sobre la bondad de la píldora anticonceptiva, nos muestra la validez de nuestra opinión. El acto sexual matrimonial –se argumentaba- es “acechado” siempre en su biología por la posible llegada de un nuevo hijo, quitándole la espontaneidad necesaria para expresar todo su significado. Dominada la biología por la píldora, ese acto sería más humano y dejaría camino libre a la afectividad. Cuando se deseara tener un hijo, este hijo procedería de un querer más afectivo y al mismo tiempo menos biológico, más humano.

Al desintegrar los tres componentes de la sexualidad, cuando al hijo –aunque sólo fuera mentalmente- se le consideró “un producto biológico”, se “biologizó” toda la relación. No sólo no aumentó la afectividad, sino que desapareció, al multiplicarse el valor y la casi exclusividad del aspecto físico. La afectividad quedó sin apoyos, y su falta generó –como era lógico- una atracción incontrolada hacia los cuerpos de todas las mujeres; es decir de aquellas mujeres que muestran más un mejor cuerpo. La consecuencia fue el aumento de la infidelidad en el matrimonio; y el aumento de la promiscuidad entre chicos y chicas. El olvido del hijo se hizo también muy patente con la caída de los coeficientes de natalidad.

Estas y otras consecuencias fueron generadas por la mentalidad anti-baby. Los hijos de esa generación recibieron de sus padres, junto a la falta del amor paterno-materno, el recién estrenado amor-libre. Estos últimos son hoy los padres de los chavales problemáticos de esta generación. Difícilmente encontrarán ellos las soluciones morales.


LA MODA: EL PODER Y LA DEBILIDAD DEL CUERPO.


Aunque a lo largo de los siglos se habían dado grandes cambios en la presentación física de la mujer, desde lejos, sin prisa, comienza a ponerse por obra un proyecto que supera el orden de la moda. Mentes conocedoras de la psicología y la antropología humana, y llenas de astucia y malicia, van a envenenar la relación varón y mujer hasta un límite difícil de imaginar. Por esta causa, junto a la liberación de la mujer, se ponía en marcha el movimiento que esclavizaría aún más a la mujer, y del modo más vil, pues la convertía en objeto placentero para el varón, y “artículo decorativo” para la humanidad.

La superioridad en belleza y significado del cuerpo serán ahora la clave de independencia. Comienza una nueva atención hacia el modo de expresión física de la mujer: parece como algo intrascendente, pero va a alterar de modo progresivo el modo de relación entre varón y mujer, por tanto de amor entre hombre y mujer. Y todos sus derivados: familia, hijos, etc. En estos momentos, a comienzos de este tercer milenio está culminando este nuevo modo de relación.

No es viable; es decir, no podrá ser permanente, pero dejará muchas víctimas en el camino antes de que comience a debilitarse y la naturaleza lo neutralice y regenere.

El cuerpo de la mujer está siendo cada vez más el verdadero protagonista en la relación con el varón, precisamente por mostrarse más la persona femenina como cuerpo, o en relación al atractivo físico de su cuerpo. El varón está desarrollando una fuerte sensualidad en su vida diaria, hasta un grado nunca alcanzado. Pero el cuerpo, presentado sin el alma, es sólo material; y lo material es medible, cuantificable, comparable, utilizable. Desde que comenzó la búsqueda de la liberación de la mujer, algunos la hicieron compatible con una nueva explotación de la mujer –y del varón, por medio de ella- que se ha dado en los dos últimos milenios; una explotación del cuerpo de muchas mujeres, que se someten y se venden. Tantas veces habría que decir: que son sometidas y vendidas (baste pensar en el turismo y tráfico sexual existente en Europa y en Asia en estos momentos).

El predominio de la fisiología comenzó a ser la mejor clave expresiva femenina. Nació el culto al cuerpo, y el sometimiento al cuerpo. En ese culto, el cuerpo femenino sacrificó la afectividad y la tendencia a la maternidad (aunque, no quedara ya mucha). Lo fisiológico pasó a ser trascendente; mientras, la maternidad se convirtió “en el aspecto reproductivo”, y por tanto lo menos noble del cuerpo. Con este panorama, la afectividad, los sentimientos, sucumbieron ante el placer y pasaron a ser algo secundario y olvidado: se intercambió el oro por el oropel.

INTERACCIÓN ENTRE MASCULINIDAD Y FEMINIDAD EN ESTAS CONDICIONES.


La mujer capta en estos momentos con clarividencia que su cuerpo atrae con fuerza, subyuga al hombre. Le hace admirarla, desearla, y sacrificarse por ella. No es el cuerpo sin más, sino el cuerpo en actitud de oferta de sus valores fisiológico-sexuales, para satisfacerse en ellos, al menos en su contemplación. Así lo presenta la moda, y lo difunden los mass-media. La búsqueda de la perfección, en aras a ese ensalzamiento, se impone gustosa, incluso como necesaria.

Conseguida la perfección y proporción física en el mayor grado posible, presentándola como en oferta de la manera más real desde una tierna edad (más o menos a partir de los 12 años) se consigue que el varón ya sólo mire y desee el cuerpo de la mujer como lo más placentero de su vida. La moda, con sus novedades anuales, es esperada por significar siempre un complemento en la expresividad corporal.

Fenomenología de la moda actual, en la mujer.

-la mujer mostrará casi plenamente su cuerpo; o bien el contorno exacto (ropa ajustada);

-la moda se pondrá al servicio de esta causa. Cobran importancia capital las insinuaciones, como una presentación limitada: escotes, ropa ajustada, mostrar parte y color de las prendas íntimas, etc. (se funda en la asociación de ideas que obra la imaginación en el varón);

-se procura que la mujer sienta una gran autosatisfacción, por la admiración que suele despertar;

-se la induce a pensar que de este modo conseguirá fácilmente “el afecto” del varón. Y la mujer confunde con frecuencia el carácter afectivo o de ternura que parecen tener las caricias del varón a su cuerpo. Se da a partir de los 12-13 años entre chicos y chicas en España;

-progresivamente, la relación se va haciendo completamente física, con cuidado sólo de su dimensión de placer, sin atención al afecto. Promiscuidad en colegios, donde cada chico y chica tiene experiencias sexuales con casi todos sus compañeros.

-el valor del su cuerpo es rebajado a objeto de placer. La herida en la conciencia femenina es prácticamente irreparable;

-en este proceso, por la edad tan temprana en que comienza el culto al cuerpo, no da tiempo a la preadolescente y a la adolescente de experimentar la tendencia a la maternidad y el componente afectivo. Menos aún el varón.

Impacto en el varón

Quizá en estos momentos, a través de la moda femenina, el varón está sufriendo la “hipersensualidad” mayor de la historia, con resquebrajamiento en los tres componentes de la sexualidad. Curiosamente, la moda masculina no ha tenido prácticamente evolución.

El chico experimenta hoy:

-reacciones muy fuertes en su fisiología desde la preadolescencia;

-es reclamado al trato sexual (es novedoso) por ellas de manera indirecta o directa;

-a veces –y es lo más pernicioso- las chicas les buscan para el contacto físico cuando aún es un niño, no se ha despertado en él la sensualidad, pero su cuerpo está desarrollado. Es como una violación, o al menos, como un abuso sexual de menores;

- se producen alteraciones psicológicas que le mantienen en un estado de inmadurez y de falta de interés;

-así, el componente afectivo de su sexualidad no es ni lejanamente experimentado; en él acaba desarrollándose un instinto fuerte de placer… La tendencia a la paternidad ni llega a aparecer.

-ese hombre es el que tiene después más posibilidades de esclavizar y vejar a la mujer por medio del sexo.



LOS REMEDIOS


Se ha deshacer el terreno y reconstruir lo que fue amputado de la personalidad humana. La naturaleza tiende a reconstruirse –con su favor contamos- pero hace falta que los medios se den a conocer también del mismo modo a como se difundieron los contrarios a la dignidad humana. Y las vueltas hacia atrás cuesta trabajo tomarlas. Por ejemplo, si por el cine y la televisión, se mostraron las conductas contrarias, y el modelo nuevo de relación entre varón y mujer, ahora se debería emplear la misma máquina del cine y de la televisión. De este modo se requeriría mucho menos tiempo, y probablemente llevaría a un enriquecimiento del mundo cinematográfico y televisivo, hasta económicamente, por el atractivo del amor humano. Porque la naturaleza humana juega a favor de lo verdadero y auténticamente bello. La mayor parte de los chicos de hoy, al degustar por primera vez lo que es el amor… ya no querrán dejarlo escapar.

Los pasos han de ser firmes, y en el mismo orden en que fueron dados los contrarios. Si los ataques a la maternidad como algo fisiológico empobrecían la afectividad humana, y ambos la llevaban a fijarse sólo en lo físico o corporal, los pasos se deben dar en sentido opuesto.

1) Rehabilitación de la maternidad.

a) Para conseguirlo se requiere una educación específica, sobre todo con las niñas, sin recelos, dentro de la familia. Las niñas de hoy deberían ver el amor a la maternidad especialmente en sus madres, que en parte lo han perdido. Se ha de eliminar el término reproducción humana, y recuperar el concepto cooperación en la procreación de un ser humano.

El momento más apropiado es la infancia y cuando comienzan los signos de maduración sexual en la preadolescencia de las niñas.

b) Educación en la paternidad a los varones. No existirá apenas inconveniente si se da la educación previa en las chicas; como dijimos anteriormente, por medio de ellas, el varón adquiere conciencia de su tendencia a la paternidad.

c) Hablar a los hijos en familia de la procreación a la que están llamados los hombres. El hijo, después del amor conyugal, conlleva el amor humano más grande.


2) Rehabilitación de la castidad y del pudor.

a) Se debe a dar a conocer la diferencia entre pudor masculino y femenino, con la distinta reacción sensual de ambos, y el distinto modo afectivo de relacionarse y de tratarse. Si la chica conoce bien el alcance de la presentación de su cuerpo en la percepción del varón, podrá preservar a éste.

b) Explicación antropológica y fenomenológica del alcance provocativo de ciertas prendas de vestir o de la desnudez de ciertas partes del cuerpo. Veo como especial dificultad para esta enseñanza, que el impudor ha sido aceptado en parte, aunque inconscientemente, por las mismas madres. El pudor femenino es defendido, en buena parte, por los varones. Dentro de una familia, el pudor del vestido de la madre y de las hijas lo detecta el padre (y los hijos varones). A mi juicio es inexacto hacer recaer la pérdida del pudor en las propias mujeres; porque las mujeres, aunque sean madres, ven con ojos de mujer (y eso las confunde a veces). El varón, por muy padre o esposo que sea, mira siempre con ojos de hombre.

c) Cultivo de la feminidad, de la belleza femenina en sí misma. Es belleza del cuerpo –limitada- pero junto a la de todo el ser personal femenino… En el cuerpo, aparece la feminidad como belleza física junto a riqueza afectiva, ternura,…; tantos elementos específicos de la personalidad femenina, que son espirituales y físicos al mismo tiempo.

3) Rehabilitación del enamoramiento, destacando:


a) Que es la relación de más valor en el ser humano, en la que se implican los seres humanos, con toda su persona, cuerpo y alma. Una relación fuerte, emocionante, que permite el desarrollo pleno de ambas personalidades y crea la felicidad personal y la de las personas de alrededor.

b) Sin el enamoramiento, la vida humana queda sin su sentido verdadero, que es apreciado sólo por quien ejercita sus potencialidades más excelentes: conocer y amar.

c) Enseñar a conocer la interioridad de las personas. Costará más ahora este nuevo camino, por habernos desviado demasiado a la exterioridad. Pero un poco de experimentación es suficiente para desear crecer.

d) Fomentar un cierto romanticismo. Hablar del amor; no temer ni siquiera a los amores –imperfectos- que se dan en la adolescencia. Son base de los demás; y preparan y preservan al chico y a la chica para el amor maduro.

e) Saber que a esas edades, la clave está en la mujer, porque los aprecia mucho más por la riqueza de su afectividad.

OTSIDES TAGASITEED






El título original de esta ponencia sobre la educación de la sexualidad es Buscando un camino de retorno (Relación varón-mujer hoy) y fue presentada en México D.F. en un Congreso sobe la Adolescencia, en 2007. Ahora ha sido traducida al estonés para ser utilizada por los alumnos y profesores de un colegio de Tallín. La coloco en mi blog por si puede servir a otros padres y chicos de Estonia, país con el que me entusiasmé en el verano de 2009


Fernando Hurtado

Praegune olukord mehe-naise suhetes, eriti teismeliseeas, ning mõned
kasvatuslikud Soovitused

Loodan, et minu eelnev sissejuhatus viib meid hõlpsamini käesoleva töö teema keskmesse,
milleks on inimese seksuaalsus.

Seksuaalsus on isiksuse kõige määravama tähtsusega koostisosa. See määrab kindlaks, kas
tegemist on meessoost või naissoost isikuga; teisisõnu, kas tegemist on mehe või naisega.
Strukturaalselt – ning mitte moraalses mõttes – on see kõige suurem erinevus erinevate
indiviidide vahel. Selline definitsioon, mis hõlmab füsioloogilisi, tunnete ja suhetega seotud
tähendusi, on isiksuse eneseteostuse suhtes määrav. Need erinevused toovad endaga kaasa ka
üksteist täiendava funktsiooni ning ainult selle kaudu saavutab inimene armastuse, õnne ja
seega ka oma isiksuse täiuse.

Seksuaalsus koosneb kolmest elemendist. Füüsilise seksuaalse erinevusega kaasnevad naiste ja meeste
erinevad ja üksteist täiendavad organid, mis põhjustavad füüsilist tõmmet (see ei ole siiski ainult
füüsiline, sest ei ole olemas ühtegi inimlikku elementi, mis oleks ainult füüsiline), imetlust ning
veendumust sellest, et kaks erinevat inimolendit saavad üksteise abil täiuslikuks.

Teine element on tunnetega seonduv. Kui räägime mehe ja naise tunnetest, osutame me kahele erinevale,
ent üksteist täiendavale viisile teineteist väärtustada, austada, tunnetada „teise“ isiksust ja kohalolekut.
See on olemas suuremal või vähesemal määral igas mehe janaisevahelises suhtes, isegi juhul, kui see
ei ole peamise tähtsusega. Keegi ei kohtle ega kedagi ei kohelda võrdselt ei mehe ega naise poolt;
keegi isegi ei vaata ning kedagi ei vaadata samal moel mehe või naise poolt.

Emadusest ja isadusest – seksuaalsuse kolmandast dimensioonist – räägime täpsemalt hiljem; ent juba praegu
võib öelda, et tegemist on olulise osaga meie teemast.

Hiljem käsitleme emaduse ja isadusega seonduvat osa detailsemalt. Etteruttavalt võib öelda, et naise puhul
on just emadus see osa tema olemusest, mis tuleneb kõige enam tema suhtest mehega.


Nii füsioloogilised elemendid kui tunnetega seonduv hõlmavad kahte dimensiooni:
esmalt suhet iseendaga ning mehe ja naise
vahelist suhet
.



Naine:

1. Suhtes iseendaga tajub naine oma keha anatoomiliselt ja naiselikult. Tema keha struktuur
kutsub esile dünaamilisi suhteid, mis on seotud emaduse ja naiselikkusega. Varases teismeeas tüdrukul
algab menstruatsioon ja hakkavad arenema rinnad; see ei toimu ainult füüsiliselt, vaid sellega kaasneb
ka kalduvus emadusele, mida tüdruk tunnetab.

Hiljem, pigem vaimse kui materiaalse arengu tulemusel pöörab ta tähelepanu oma soole, millega kaasneb
tugev tõmme mehe poole. See toob omakorda kaasa, nüüd veelgi intensiivsemalt, kalduvuse emadusele
(soovi saada emaks mehe kaudu, keda ta armastab).

Nagu eelnevalt kirjeldatud, ühinevad nii kalduvus emaduseks, tunded kui füüsiline pool ühes inimeses tervikuks,
rikastades teda ning valmistades teda ette armastuseks. Hiljem vaatleme, millised on nende aspektide üksteisest
lahutamise tulemused.

2. Suhtes „teisega“ rikastub iseenda tajumine veelgi enam. Kolme seksuaalsuse komponendi ühendamise kaudu
hindab naine meest viisil, mis ületab füüsilise aspekti. Seepärast on naisel kombeks väärtustada mehe moraalseid
kuügi, tähtsustades eelkõige vaimset, mitte niivõrd materiaalset poolt. Talle meeldib mehe juures kõige enam mehe
nägu, tema hääl ning tema pilk. Naise sensuaalsus keskendub just neile aspektidele ning kuna naine on olemuselt
vähemfüü siline, tähendab see seda, et esimesest momendist alates on naise tundeelu rikkam ja intensiivsem kui
mehe oma. Seepärast on naine see, kes „õpetab“ mehele tundlikumalt elamist.


Mees:

1. Suhtes iseendaga on mehele palju tähtsam füüsiline ühendus naisega. Mees on nii üles ehitatud. Tema keha reageerib füsioloogiliselt ja nähtavalt naise keha juuresolekul (seepärast varjab ta seda rohkem; tal on piinlik); võiks öelda, et
ta „nõuab ühendust naisega“. Varajases teismeeas toimub tal une ajal tahtmatuid seemnepurskeid, millega kaasneb
intensiivne naudingutunne, ning isegi kui need äratavad temas isadusega seotud tundeid, tunneb ta seda
rohkem, olles naise kehale füüsiliselt lähedal.

2. Suhetes naistega paneb mehe füüsilisus väärtustama eelkõige naiste füüsilisi omadusi – mis on õrnemad ja ilusamad
kui ta ise – ning omadusi, millega seostuvad emadus ja abielu, ent rohkem eraldiseisvalt tunnetest ja isadusest.

KAHE SUHTE OMAVAHELINE SEOS.

1. Normaalsetel juhtudel, teisisõnu, kui ei ole toimunud suuremaid muudatusi, naine:

a) Mõtleb mehest romantiliselt, mille põhjuseks on fakt, et ta väärtustab meest pigem vaimselt
kui füüsiliselt. Teadmine oma keha väljendusrikkusest ei pane teda oma keha täielikult
varjama, ent siiski looritab ta seda veidi nii, et tema füüsilised võlud – mida mees heaks kiidab – ei püüaks mehe täielikku tähelepanu, vaid näitab end sellisel viisil, et mees väärtustaks kogu tema isikut, keha ning vaimu.
b) Alati võib ta mõelda, et kuna ta ei tunne mehe vastu sama tugevat füüsilist tõmmet kui mees, siis äkki on ka mehe tunne samasugune. Seetõttu näitab ta – mõnikord ka alateadlikult – oma keha mehele provokatiivsel viisil.

2. Samades tingimustes, mees:

a) Saab aru, et naine ei anna end enne, kui ei sünni mõlemapoolne armastus. Teab, et kui ta keskendub pelgalt
füüsilisele poolele, ei võta naine teda tõsiselt.

b) Vajab vallutamist; ja just selle vallutamise kaudu kohaneb tema olemus järk-järgult naise omaga, saavutades
teineteise täiendamise tunnetes ning omandades isaduse instinkti, mida ta varem vähem tundi. Võime üldiselt
öelda, et inimliku armastuse „peategelane“ on naine. Kui ta ei ole seda olnud või kui ta on oma rolli varjanud, on
ühiskonda alati tabanud hädad. Tõsi, „mehelik“ kultuur vähendas teatud piirkondades naise rolli parimal juhul hea
„ema ja laste sünnitaja“ tasemele (abielu taastootva elemendi ainutähtsustamine); või muutis ta naudingute objektiks
(füsioloogiliste elementide ainutähtsustamine). Ent teatud perioodi vältel aitas naise „looritamine“ kaasa mitte
ainult naise väärikusele, vaid ka inimlikule väärikusele.


KÄITUMISE KARDINAALSED MUUTUSED. NENDE PÕHJUSED.

Alates XX sajandi keskpaigast algab võimsalt oodatud ja vajalik reaktsioon: võitlus, taastamaks naise väärikus, mis on
kõikides aspektides samaväärne mehe väärikusega. Mehedomineerimine oli varem loomulik, isegi perekonnaringis. Naine sekkub mehest rohkem perekonna hariduse ja arengu kõikidesse elementidesse. Ta on palju rohkem teadlik elust, mis
areneb tema kehas. Tal on olemuslikult enam arenenud arusaam abielu ühendusest, ning jätkates sama loogikat, emaarmastusest lapse vastu, kes temast sünnib, lapse vastu, keda ta imetab, kelle eest ta hoolitseb ja keda kasvatab…
Milline suhe võiks olla veel tugevam? Mees oli mitmetel juhtudel justkui kodust väljaspool: ta ei tajunud elu arengut samamoodi, tema suhe lapsega oli palju hilisem ja nõrgem. Veelgi enam: mees astus eluringi ning avastas oma isaduse naise emaduse kaudu.

Vaatamata sellele räägiti mehest kui perekonnapeast, vastutavast isikust… Aga ei. Isegi
vaadates ladina keelset perega seotud terminoloogiat, on see vägagi tähenduslik: sõna „munus
matris“ tähendab „ema tööd“ (hisp. k. „matrimonio“ – abielu, abielupaar) ning „munus patris“
„isa tööd“ (hisp. k. „patrimonio“ – pärimusvara, vanematelt saadud vara). Hoolimata mehe
figuuri ületaÅNhtsustamisest oli perekond mõlema jaoks kõige tähtsam (samuti riigi jaoks).

Ja saabus suur muutus rollides ja käitumises.

Arvan, et kõik on nõus sellega, et üks suurimatest muutustest – kui mitte suurim – mis XX
sajandil on toimunud (seega paljude arvates põhilise tähtsusega sündmus) on naise rolli mõiste esmalt ideoloogiline
ning tasapisi ka reaalne muutus. See muutus puudutab kindlasti naist tema suhtes iseendaga. Ent siinkohal tuleb lisada,
et muutus puudutab ka suhet mehega, sest just sellest suhtest mehega tuli välja ebavõrdsus ja naise väärikuse vähene austamine.

Kui naine tahtis omandada ülikooliharidust, mida mees juba omandada sai, pidi ta mehele vastu seisma; sama toimus töökeskkonnas; tema vastane oli mees, jne. Võitlus tema väärikuse paraste muutus võitluseks mitte ainult oma koha pärast, vaid võitluseks mehe vastu, selleks, et saavutada mehe iseseisvus. Tõsi on, et mees ei lasknud naisel olla tema ise, mitte kõikides valdkondades. Võitlus, mille eesotsas asusid radikaalsed feministid, laienes kõikjale, isegi
sinna, kus naise ja mehe vahel on olemas teineteisest sõltuv vajalik suhe. Ent vabastamine
jõudis siia välja. Manipulatsioon pani naise sarnanema nii sisemiselt kui välimiselt mehega, mis tema isiksust hägusemaks muutsid. Isegi kui see on vaid väike ja juhuslik näide, hakkas naistel levima pükste kandmine, riietus, mis seni oli kuulunud vaid meestele. Oleks võinud oodata, et üleüldise võrdsuse saavutamiseks oleks mees hakanud kandma seelikut (see ei oleks tingimata tähendanud midagi väga silmatorkavat). Ent mees ei muutnud oma kehalist väljendust. Ta jäi kindlalt iseendaks.

ÜLERAHVASTUMINE, RASESTUMISVASTASED VAHENDID JA NAINE.

Probleemi alguse võiks ligikaudselt asetada – kordame – 60.ndatesse aastatesse, mil toimus naise eeldatava vabastamise manipulatsioon. Järk-järgult hakkab naine omandama käitumisviise, mis on vastandlikud tema olemusega. Selles manipulatsioonis oli votmeküsimuseks propaganda – vale, nagu hiljem on selgunud – ülemaailmse ülerahvastumise
võimaluse vastu, mis ohustaks Maa elanikkonna ellujäämist. Samal ajal algas rasestumisvastaste vahendite massiline kasutamine kui rahvastiku kontrollmeetod.

Tol ajal kõige enam moes olnud rasestumisvastaste tablettide kaitsekõne kinnitab meie arvamuse väärtust. Abikaasade seksuaalakti – seda väljendati just nii – varitseb bioloogiliselt alati võimaliku uue lapse sünd, võttes sellelt vajaliku spontaansuse. Viies inimese bioloogia tableti mõju alla, oleks see akt inimlikum ning jätaks vaba tee tunnetele. Kui soovitaks last, tuleks see laps suuremast armastusest, mis oleks vähem bioloogiline ning rohkem inimlik.

Kolme seksuaalsuse komponendi lahutamisel, kui last – isegi kui see on vaid vaimsel tasemel – peeti „bioloogiliseks tulemuseks“, muutus kogu suhe „bioloogiliseks“. Tunded mitte ainult vähenesid, vaid kadusid, kuna füüsilise aspekti
väärtus ja peaaegu et unikaalsus omandasid rohkem tähtsust. Tunded jäid toeta ning nende puudus tekitas – loogiliselt – kontrollimatu tõmbe kõikide naiste kehade poole; teisisõnu, nende naiste poole, kes näitavad rohkem ja
paremat keha. Tulemuseks oli suurem truudusetus; ning juhuslike suhete tõus poiste ja tüdrukute vahel. Samuti langes sünnistatistika.

Need ja teised tulemused tekkisid „anti-baby“ suhtumisest. Selle põlvkonna lapsed said oma vanematelt koos isa- ja emaarmastuse vähesusega uue, vaba armastuse fenomeni. Just need inimesed on tänaste problemaatiliste noorte
vanemad. Neil on raskusi moraalsete lahenduste leidmisega.

MOOD: KEHA VÕIM JA NÕRKUS


Isegi kui sajandite vältel on naise füüsilise välimuse juures toimunud suured muutused, algas juba ammu aeglases rütmis uus projekt, mis ületas moe piirid. Kavalad psühholoogia ja antropoloogia head tundjad mürgitavad naise ja mehe suhte sel määral, et seda on raske ette kujutada. Sel põhjusel kaasnes naise vabastamisega ka liikumine, mis orjastas teda veelgi enamning armetul viisil, muutes ta mehe naudingute objektiks ning inimkonna „dekoratiivsekstarbeesemeks“.

Üleolek ilu poolest ning keha tähtsus saavad iseseisvuse võtmeks. Naise füüsilisele välimusele hakatakse panema rohkem rõhku: see näib algul ebaolulisena, ent järk-järgult muutub see mehe ja naise vaheliseks suhteks ning seega ka mehe ja naise vahelise armastuse väljenduseks. Ning kõikide selle tulemuste väljenduseks: perekond, lapsed, jne. Praegu, kolmanda aastatuhande hakul, on selline uus suhtemudel lõppemas.

See ei toimi; teisisõnu, see ei saa toimida igavesti, ent enne, kui see nõrgeneb ning loodus selle neutraliseerib, jätab see teele palju ohvreid.

Naise keha on üha rohkem ja rohkem põhitegelaseks naise suhtes mehega, selleks, et näidata
end üha rohkem vaid naiseliku kehana või tähtsustades oma keha füüsilist külgetommet. Mees on igapäevases elus füüsilisem kui kunagi varem. Ent keha, mida esitletakse ilma hingeta, on ainult materiaalne; ja materiaalne on mõõdetav, loendatav, võrreldav, kasutatav.

Füüsiliste elementide ülekaal hakkas olema naiseliku väljenduse parim vahend. Sündis keha kultus, allumine kehale. Selles kultuses ohverdas naise keha tunded ning emaduse (isegi kui seda ei olnudki enam palju järel). Põhiliseks sai füüsis; samas, kui emadus muutus „taastootvaks aspektiks“, ning seetõttu keha kõige vähem väärtuslikuks osaks. Sellises olukorras
taandusid tunded ja kiindumus naudingu ees, muutudes millekski teisejärguliseks ja unustatuks: kuld muutus kassikullaks.

MEHELIKKUSE JA NAISELIKKUSE SUHE SELLISTES TINGIMUSTES.

Naine on tänasel päeval aru saanud, et tema keha tõmbab meest tugevalt ligi ning allutab ta endale. Ta paneb mehe end imetlema, end ihalema ning ennast tema eest ohverdama.

Tegemist ei ole lihtsalt kehaga, vaid kehaga, mille käitumine toob esile ja pakub oma füüsilisseksuaalseid omadusi, et neist naudingut saada, vähemalt neid vaadates. Nii näitab seda mood ning nii levitavad seda massimeedia kanalid. Otsides täiuslikkust, on selle ülistuse nimel vaja olla ahvatlev ja isegi vajalik.

Saavutades täiuslikkuse ja parima võimaliku füüsilise proportsiooni ning esitledes seda kui pakkumist kõige
realistlikumal moel juba väga õrnast east alates (umbes 12 aastaselt), on tulemuseks see, et mees näeb ja juba tahab
seda naise keha kui suurimat naudingut oma elus. Mood oma iga-aastaste uudistega on oodatud, et saaks jälle oma
kehalist käitumist täiustada.

Praeguse moe fenomen naise elus.

-naine näitab peaaegu täielikult oma keha; või selle täpset siluetti (kehasse töödeldud riided);

-mood töötab selle tulemuse nimel. Suurimat tähtsust omavad vihjed: dekolteed, kehasse töödeldud riided,
pesu osade ja värvide näitamine, jne. (mängitakse ideedele, mis mehe kujutlusvõimes tekivad);

-saavutatakse see, et naine tunneb suurt rahuldust imetlusest, mida ta tekitab;

-naisele sisendatakse, et sel viisil saab ta kergesti mehepoolsete „tunnete“ osaliseks. Ja naine
tihti eksib silitustes, mis justkui väljendaksid õrnust ja tundeid. Hispaanias toimub see juba 12- 13 aastaste
tüdrukute ja poiste vahel;

-tasapisi muutub suhe täiesti füüsiliseks, keskendudes ainult naudingule, jättes kõrvale tunded. Juba koolis on
suhted, kus igal poisil ja tüdrukul on juhuslikud seksuaalkogemused peaaegu iga oma kaaslasega.

-keha väärtus on langenud naudingute objektini. Haav naise teadvuses on praktiliselt parandamatu;

-selles protsessis, kuna keha kultus algab niivõrd vara, ei jää teismelise eelikul ega teismelisel aega, kogemaks oma emainstinkte ja sellega seonduvaid tundeid. Veelgi vähem meessoost isikule.

Mõjud meeste hulgas

Naiste moe mõjul kannatab ehk tänane mees rohkem kui kunagi varem ajaloos „hüpersensuaalsuse“ käes, kolme
seksuaalsuse komponendi uue murenemise tõttu. Huvitav on see, et meeste mood ei ole eriti palju edasi arenenud.

Poiss proovib täna:

-oma füsioloogia väga tugevaid reaktsioone alates varajasest teismeeast peale;

-teda kutsutakse tüdrukute poolt kaudselt või otseselt seksuaalsetele tegevustele (see on uudne);

-mõnikord – ja see on kõige ohtlikum – otsivad tüdrukud füüsilist kontakti isegi siis, kui poiss on veel laps, kui temas
ei ole veel sensuaalsus tärganud, ent kui tema keha on arenenud. Selle tähendus on sama nagu vägistamine või alaealiste seksuaalne ärakasutamine;

-toimuvad psühholoogilised muutused, mis jätavad nad ebaküpseks ning nende huvi on puudulik;

-sel viisil ei koge nad üldse oma seksuaalsuse tundlikumat poolt; neis areneb hoopis tugev naudingu instinkt…
Isaduse soov ei ilmnegi.

-sellisel mehel on kõige rohkem eeldusi naist seksi kaudu orjastada.


LAHENDUSED

Maa tuleb uuesti üles künda ja külvata tagasi see, mis inimeselt on ära võetud. Loodusel on kalduvus end taastada
– loodame selle peale – ent on vajalik, et ka lahendusi tutvustataks samamoodi nagu on levitatud vastupidiseid,
inimväärikuse vastaseid sõnumeid. On suur töö ajas tagasi minna. Näiteks, kui kino ja televisiooni puhul oli näha
vastupidist käitumist ning uut mehe-naise suhte mudelit, siis nüüd peaks toimima samamoodi nii kino kui televisiooniga.
Nii säästaks palju aega ning kindlasti rikastaks see kino- ning telemaailma, isegi majanduslikult, inimliku armastuse abil.
Sest inimloomus on tõelise ja tõeliselt ilusa poolt. Suur osa praegustest poistest, tundes esimest korda, mis on armastus… ei tahaks enam selle eest põgeneda.

Sammud selleks peavad olema kindlad ning need peavad olema tehtud samas järjekorras kui eelnevad, vastupidise
eesmärgiga pingutused. Kui emaduse nimetamine millekski füsioloogiliseks tegid inimeste tundeelu palju vaesemaks ning panid kõik keskenduma vaid füüsisele ja kehalisele, siis peab tegema otsustavaid samme ka vastupidises suunas.

1) Emaduse taastamine.

a) Selle saavutamiseks on vaja eriti just tüdrukute koolitamist pereringis. Tüdrukud peaksid nägema armastust emaduse
vastu oma emade kaudu, sest osaliselt on nad selle juba kaotanud. Peab kaotama termini inimeste paljunemine kohta ning võtma taas kasutusele inimolendi elu edasi andmise kohta (procreation, osalemine loomise töös).

Selleks kõige sobivam hetk on lapsepõlv, siis, kui tüdrukutel ilmnevad seksuaalse küpsuse märgid varajases teismeliseeas.

b) Teadmised isadusest poistele. Samuti on hea, kui neile jagatakse teadmisi tüdrukute kohta; nagu me eelnevalt mainisime, tajuvad poisid just nende kaudu oma soovi olla isa.

c) Rääkida poistele pereringis elu edasi andmisest, mida teostavad mehed. Peale abielupaari armastuse kannab laps endas kõige suuremat inimlikku armastust.

d) On väga tähtis, et nad näeksid emaarmastust, eelkõige oma enda emade kaudu… Poistele ja tüdrukutele peab juba väikesest peale näitama, kuidas imetleda ja austada naist, kes ootab last.

Kui antakse eelnevalt selliseid teadmisi naiste kohta, saab mees tulevikus oma isadusest naise kaudu paremini aru.

2) Siivsuse ja häbitunde taastamine.

a) Teismeeas on oluline seletada lastele või õpilastele, kuidas teine sugupool end tunneb. Peab andma teadmisi meheliku ja naiseliku häbitunde kohta, selle kohta, millised on nende erinevad füüsilised reaktsioonid ning millised on erinevad viisid omavahel suhelda ja käituda. Kui tüdruk teab, millise piirini tema keha mehe tähelepanu püüab, võib ta viimast säästa.

b) Antropoloogiline ja fenomenoloogiline seletus teatud riideesemete provokatiivse mõju kohta, samuti teatud kehaosade paljastamise mõju kohta. Selle õpetuse juures on keeruline see, et häbitunde puudumist aktsepteerisid, olgugi et teadmatusest, nende laste emad. Naiste häbitunnet kaitsevad suures osas mehed. Perekonnaringis märkab ema ja tütarde korralikku riietust isa (ja vennad). Minu arvates on väär lasta naiste häbitundel uuesti väheneda; sest naised, isegi kui nad on emad, näevad naise silmadega (ja see ajab neid mõnikord segadusse). Mees, ükskoik, kui tugevalt ta on oma isa- või abikaasa rollis sees, vaatab alati mehe silmadega.

c) Naiselikkuse, naiseliku ilu arendamine. See on keha ilu – piiratud – ent kooskõlas kogu naiseliku olemusega… Kehas ilmneb naiselikkus koos tunderikkuse ja õrnusega…; palju spetsiifilisi naiselikke elemente, mis on samal ajal vaimsed ja füüsilised.

3) Armumise taastamine, tuues välja:

a) Et see on kõige väärtuslikum suhe inimese elus, milles osalevad inimolendid kogu oma isiksuse piires, keha ja vaimu kooskõlas. Tugev, liigutav suhe, mis võimaldab mõlema isiku täielikku arengut ja loob isikliku õnne ning ümbruses olevate inimeste õnne samuti.

b) Ilma armumiseta kaotab inimelu oma mõtte, mida oskab väärtustada vaid see, kes teostab oma ülimaid võimalusi: tunda ja armastada.

c) Õpetada uurima inimeste sisemust. See uus tee on raskem, ent liiga palju on pööratud tähelepanu välimusele. Natuke kogemust on piisav, et tahta edasi areneda.

d)Arendada teatud romantilisi tundeid. Rääkida armastusest; mitte karta – ebatäiuslikku –
armastust, mida kogetakse teismeliseeas. Need on tuleviku baasiks; need valmistavad poissi ja
tüdrukut ette küpseks armastuseks.

e) Teada, et selles vanuses on võti naise käes, sest just neid väärtustatakse kõige enam nende tundeelu rikkuse poolest.

domingo, 3 de julio de 2011

Recuerdos de la Beatificación de Juan Pablo II


Pequeña composición de fotos y videos en recuerdo de la beatificación de Juan Pablo II, en la que estuvimos presentes varios padres del Colegio Monteagudo.

viernes, 1 de julio de 2011

ÉTICA UNIVERSAL

Felipe Pou Ampuero

La naturaleza

La ley natural que reconoce todo hombre en su conciencia le hace ver que la manera correcta de actuar no es caprichosa, sino que se impone al hombre de tal manera que se puede afirmar que la naturaleza humana es ley para el propio hombre. Ser hombres y no ser animales implica comportarse como hombres y no comportarse como animales.

Esta percepción de la ley natural no se realiza en cada hombre como consecuencia de una abstracción de ideas o una elaboración intelectual concreta y determinada, sino que se realiza de una manera natural, se podría decir que la ley natural interviene en el obrar del hombre de una manera espontánea. Otra cosa será que cada hombre, en ejercicio de su libertad, quiera hacer caso a la voz de su conciencia o no.

Tradicionalmente se distinguen en los seres vivos tres grandes conjuntos de dinamismos. El primero comprende la inclinación a conservar  la propia vida: es el instinto de supervivencia. Esta inclinación a vivir es la que nos hace capaces de superar las situaciones difíciles y evitar el peligro. Hasta huir de la muerte. Tan es así, que cuando un hombre desea la muerte nos hace ver que no está en su sano juicio. Amparadas en esta inclinación se encuentran todas las actuaciones del hombre que tienden a la integridad del cuerpo y de la vida, la búsqueda de la salud y el deseo de una vida saludable. La primera apreciación de la felicidad la podemos encontrar en la ausencia de enfermedades.

El segundo, es el instinto o inclinación a perpetuarse y a continuar la especie. Es la procreación y la tendencia a permanecer en el ser, a seguir existiendo por medio de las futuras generaciones y la prolongación de la memoria de cada hombre en la vida de sus descendientes. Es la memoria histórica de cada hombre que le hace no sentirse un ser aislado y sin pasado, sino una persona con una concreta explicación.

Consecuencia de esta inclinación natural a la procreación es la inclinación natural del hombre hacia la mujer y viceversa. También la inclinación natural al cariño hacia la prole —nadie se siente forzado a querer a sus hijos— y a su cuidado y educación como un bien para los propios hijos y no como una obligación.

Esta inclinación implica la fidelidad como un elemento necesario para el debido cumplimiento de la procreación y educación de la descendencia.

Y el tercero, que es propio solamente de los hombres por su naturaleza racional, es el instinto de saber y preguntarse por las cosas. Es el afán de conocer que descubrimos en todos los niños cuando comienzan la edad de los «por qués».

El afán de conocer la verdad presupone la capacidad de conocerla por nuestra naturaleza racional. Por esta capacidad podemos entrar en diálogo con nuestros semejantes y preguntarles y responderles y juntos buscar y encontrar la verdad común de todos los hombres.
 
Esta tercera inclinación presupone la inclinación natural a vivir en sociedad, con nuestros semejantes, y no ser unos ermitaños o seres aislados que evitan el roce con los demás hombres.
Esta inclinación natural a buscar la verdad le hace comprender al hombre, por medio de su razón, que el universo también está abierto a la verdad y no se explica por sí solo acudiendo a leyes materiales o físicas. La razón le hace ver al hombre que el origen del universo no puede ser el mismo universo puesto que no es capaz de darse el ser a sí mismo.
Así, el hombre también puede concluir que la ley natural que descubre en su naturaleza no tiene, tampoco, su origen en sí misma, sino que es una participación de otra ley superior que podemos denominar la ley eterna.

La naturaleza humana

La noción de naturaleza es compleja y no es unívoca. Desde luego la naturaleza no se identifica necesariamente con lo material. Naturaleza son las plantas, pero la naturaleza del hombre, la naturaleza humana, no se identifica con su cuerpo. El cuerpo es una parte del hombre: imprescindible y necesaria, pero una parte. En el cuerpo no está todo el hombre, por tanto, el cuerpo sólo no es el hombre.

   Sin embargo, el hombre no puede prescindir de su cuerpo. El hombre puede conocer y amar, dar y entrar en comunión con otros: puede trascender. El hombre es libre y puede decidir su destino. Incluso puede no obedecer la voz de su conciencia. Pero el hombre tampoco es su libertad. Si definiéramos al hombre por su libertad no hablaríamos de todo el hombre.

   Algunos piensan que el cuerpo es como una cárcel para la persona porque le limita y encierra en su manera de ser. Pero cuerpo y persona no se oponen, más bien, se necesitan y se complementan. Entre otras razones, porque mi libertad parte de que soy varón y no mujer, alto y no bajo, delgado y no gordo, y dentro de estas circunstancias que conforman mi manera de ser ejerzo mi libertad que nunca se ejerce en abstracto, sino en concreto, en un «aquí y ahora» existencial.
   
El hombre, por su razón, descubre que su naturaleza humana no es mecánica, ni solo material, ni anónima, ni mucho menos animal. Descubre que es un ser racional que conoce y descubre la vida desde un cuerpo que le sitúa en un tiempo y en un espacio concreto.

   El conocimiento de su propia naturaleza humana le manifiesta al hombre su propia ley natural y su manera correcta de actuar como un ser vivo que protege la vida, que se perpetúa en fidelidad y que aspira a ser poseído por la verdad.

La libertad humana
  
La libertad del hombre es una libertad para el cumplimiento de las inclinaciones naturales del hombre: vida, procreación y verdad. No es una libertad antojadiza y banal cuya única finalidad fuera permitir la autodestrucción del hombre. Esto no sería lógico ni racional. La libertad del hombre es para el bien del hombre y no para su mal.

   El derecho aparece cuando dos personas entran en relación. Es el paso de la persona a la sociedad. Pero la persona está en el centro de la sociedad porque es un fin y no es un medio. La persona es anterior a la sociedad y no al revés, pero la persona es un ser social por naturaleza, no por elección libre o por afición.

   Por la vocación social cada hombre tiene en común con los demás hombres un conjunto de bienes a conseguir y unos valores a defender en la sociedad: es lo que se llama el «bien común».

   La sociedad que se organiza con la mirada puesta en el bien común de sus miembros responde a una exigencia de la naturaleza humana del hombre. La ley natural aparece, entonces, como el horizonte normativo de todas las normas del derecho positivo en el que debe desenvolverse el orden político.

   La persona es anterior a la sociedad y la sociedad solamente puede ser humana si responde a las expectativas de la ley natural inscrita en el corazón del hombre.

La justicia es anterior

   Porque el derecho no es arbitrario. El derecho debe ser justo. La exigencia de la justicia deriva de la ley natural. No es el derecho el que decide que una cosa es justa. Las normas de la justicia no son el resultado de un acuerdo humano o de poderes. La justicia es anterior y porque las cosas son justas se aceptan como conformes a derecho.

   La justicia para el hombre no viene de un contrato social de los hombres que forman una sociedad o comunidad política concreta y determinada, sino que la justicia para el hombre viene de su  misma manera de ser, de su propia naturaleza y así cuando algo es conforme a la naturaleza humana podemos decir que es humano y no animal y por eso mismo es justo.

   Al contrario, cuando el legislador no reconoce la justicia derivada de la ley natural e impone su propio criterio de justicia pretendiendo que su sola voluntad haga la ley entonces el legislador no es el intérprete de lo justo sino que pretende apropiarse de la verdad.

 Por esta razón, que es natural y de justicia, el estado no puede erigirse en poseedor del sentido último de la vida del hombre, no puede imponer una ideología ni un pensamiento único.

   El estado debe procurar a los ciudadanos aquello que les es necesario para su propia realización y esto incluye algunos valores espirituales y religiosos, así como la libertad para que puedan decidir en relación a lo eterno y absoluto y los bienes supremos. Pero el estado no puede proporcionar los bienes sobrenaturales que son de otro orden distinto del temporal.

   La organización del estado y la política derivan del orden natural del hombre a la sociedad y a vivir en común y deben actuar en un debate racional abierto a la trascendencia. Pero esta convicción es racional, no es religiosa o de fe, porque deriva de la comprensión racional de la naturaleza del hombre y no de un credo religioso.

   Al mismo tiempo, también es posible llegar a comprender por medio de la razón que algunos hombres se encuentran limitados para comprender su verdadero sentido por las pasiones, intereses contradictorios y prejuicios que les oscurecen la razón y de los que necesitan liberarse.

El descubrimiento de la ley natural responde a la búsqueda de una humanidad que siempre se ha esforzado en darse reglas para la vida moral y para la vida en sociedad, que para poder ser reconocidas por todos los hombres de todas las culturas deben tener su fuente en la misma persona, en sus necesidades, en sus inclinaciones.

¿Cuándo la política fiscal es injusta? (artículo póstumo)

  Por Carlo Caffarra, Cardenal Arzobispo de Bolonia. Recientemente fallecido. El sistema fiscal es una parte relevante del pacto social, en ...