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jueves, 27 de junio de 2013

Cardenal Dolan: "Es un dí­a trágico para el matrimonio y nuestra nación"



Obispos de Estados Unidos se pronunciaron por reciente fallo de la Corte Suprema

Lima,  (Zenit.orgRedacción | 1291 hitos

La Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos de Norteamérica derrumbó este 26 de junio, con un fallo, la exclusividad que contemplaba la Ley Federal de Defensa del Matrimonio a favor de las bodas entre un hombre y una mujer. También el mismo órgano judicial rechazó emitir una decisión sobre los méritos de la apelación a una proposición similar en el estado de California.
Por tal motivo, y conocido el fallo judicial, el cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), junto al arzobispo Salvatore Cordileone de San Francisco y presidente del Subcomité para la Promoción y Defensa del Matrimonio de la USCCB, salieron ante la opinión pública para divulgar un comunicado de los obispos estadounidenses, resumiéndolo con una frase que alarmó profundamente: "Hoy es un día trágico para el matrimonio y para nuestra nación”. 
A continuación, ofrecemos la declaración completa de los obispos de la USCCB.
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“Hoy es un día trágico para el matrimonio y para nuestra nación. La Corte Suprema ha impuesto una injusticia profunda al pueblo estadounidense al derogar parcialmente la Ley Federal de Defensa del Matrimonio. La Corte se equivocó. El gobierno federal debe respetar la verdad de que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer, aun cuando los estados fallen en hacerlo. Preservar la libertad y la justicia requiere que todas las leyes, federales y estatales, respeten la verdad, incluso la verdad sobre el matrimonio. También es desacertado que la Corte no aprovechó la oportunidad para ratificar la Proposición 8 de California sino que decidió no emitir una decisión al respecto.
El bienestar común, especialmente de nuestros niños, depende de una sociedad que busca respetar la verdad del matrimonio. Este es el momento de redoblar nuestros esfuerzos y dar testimonio de esta verdad. Las decisiones de hoy son parte de un debate público de grandes consecuencias. El futuro del matrimonio y el bienestar de nuestra sociedad están en juego.
El matrimonio es la única institución que une a un hombre y a una mujer de por vida, dándole a todo niño que resulte de esa unión la base segura de una madre y un padre.
Nuestra cultura ha dado por sentado por mucho tiempo lo que la naturaleza humana, experiencia, sentido común y el plan sabio de Dios confirma: la diferencia entre un hombre y una mujer es importante, y también lo es la diferencia entre una madre y un padre. Aunque la sociedad ha fallado de muchas maneras en fortalecer el matrimonio, esto no es razón para darnos por vencido. Este es el momento para fortalecer el matrimonio, no para redefinirlo.
Cuando Jesús enseñó sobre el significado del matrimonio – la unión de por vida y exclusiva de un esposo y su esposa – el señaló “el comienzo” de la creación de Dios del ser humano como hombre y mujer (Mateo 19). Al enfrentar las costumbres y leyes de su época, Jesús enseñó una verdad no popular que todos pudieran comprender. La verdad del matrimonio perdura, y nosotros continuaremos proclamándola firmemente con confianza y caridad.
Ahora que el Tribunal Supremo ha emitido sus decisiones, con propósito renovado hacemos un llamado a todos nuestros líderes y el pueblo de esta nación para permanecer unidos en promover y defender el significado único del matrimonio: un hombre, una mujer unidos para toda la vida. También pedimos oraciones mientras las decisiones de la Corte son revisadas y sus implicaciones clarificadas.”

miércoles, 26 de junio de 2013

Dejar obrar a Dios (Sobre San Josemaría Escrivá)

Siempre me ha llamado la atención el sentido que Josemaría Escrivá daba al nombre Opus Dei; una interpretación que podríamos llamar biográfica y que permite entender al fundador en su fisonomía espiritual. Escrivá sabía que debía fundar algo, y a la vez estaba convencido de que ese algo no era obra suya: él no había inventado nada: sencillamente el Señor se había servido de él y, en consecuencia, aquello no era su obra, sino la Obra de Dios. Él era solamente un instrumento a través del cual Dios había actuado.

Al considerar esta actitud me vienen a la mente las palabras del Señor recogidas en el evangelio de San Juan 5,17: “Mi Padre obra siempre”. Son palabras pronunciadas por Jesús en el curso de una discusión con algunos especialistas de la religión que no querían reconocer que Dios puede trabajar en el día del sábado. Un debate todavía abierto y actual, en cierto modo, entre los hombres –también cristianos- de nuestro tiempo. Algunos piensan que Dios, después de la creación, se ha “retirado” y ya no muestra interés alguno por nuestros asuntos de cada día. Según este modo de pensar, Dios no podría intervenir en el tejido de nuestra vida cotidiana; sin embargo, las palabras de Jesucristo nos indican mas bien lo contrario. Un hombre abierto a la presencia de Dios se da cuenta de que Dios obra siempre y de que también actúa hoy; por eso debemos dejarle entrar y facilitarle que obre en nosotros. Es así como nacen las cosas que abren el futuro y renuevan la humanidad.

Todo esto nos ayuda a comprender por qué Josemaría Escrivá no se consideraba “fundador” de nada, y por qué se veía solamente como un hombre que quiere cumplir una voluntad de Dios, secundar esa acción, la obra –en efecto- de Dios. En este sentido, constituye para mí un mensaje de gran importancia el teocentrismo de Escrivá de Balaguer: está en coherencia con las palabras de Jesús esa confianza en que Dios no se ha retirado del mundo, porque está actuando constantemente; y en que a nosotros nos corresponde solamente ponernos a su disposición, estar disponibles, siendo capaces de responder a su llamada. Es un mensaje que ayuda también a superar lo que puede considerarse como la gran tentación de nuestro tiempo: la pretensión de pensar que después del big bang, Dios se ha retirado de la historia. La acción de Dios no “se ha parado” en el momento del big bang, sino que continúa en el curso del tiempo, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de los hombres.

El fundador de la Obra decía: yo no he inventado nada; es Otro quien lo ha hecho todo; yo he procurado estar disponible y servirle como instrumento. La palabra y toda la realidad que llamamos Opus Dei está profundamente ensamblada con la vida interior del Fundador, que aun procurando ser muy discreto en este punto, da a entender que permanecía en diálogo constante, en contacto real con Aquél que nos ha creado y obra por nosotros y con nosotros. De Moisés se dice en el libro del Éxodo (33,11) que Dios hablaba con él “cara a cara, como un amigo habla con un amigo”. Me parece que, si bien el velo de la discreción esconde algunas pequeñas señales, hay fundamento suficiente para poder aplicar muy bien a Josemaría Escrivá eso de “hablar como un amigo habla con un amigo”, que abre las puertas del mundo para que Dios pueda hacerse presente, obrar y transformar todo.

En esta perspectiva se comprende mejor qué significa santidad y vocación universal a la santidad. Conociendo un poco la historia de los santos, sabiendo que en los procesos de canonización se busca la virtud “heroica” podemos tener, casi inevitablemente, un concepto equivocado de la santidad porque tendemos a pensar: “esto no es para mí”; “yo no me siento capaz de practicar virtudes heroicas”; “es un ideal demasiado alto para mí”. En ese caso la santidad estaría reservada para algunos “grandes” de quienes vemos sus imágenes en los altares y que son muy diferentes a nosotros, normales pecadores. Ésa sería una idea totalmente equivocada de la santidad, una concepción errónea que ha sido corregida – y esto me parece un punto central- precisamente por Josemaría Escrivá.

Virtud heroica no quiere decir que el santo sea una especie de “gimnasta” de la santidad, que realiza unos ejercicios inasequibles para las personas normales. Quiere decir, por el contrario, que en la vida de un hombre se revela la presencia de Dios, y queda más patente todo lo que el hombre no es capaz de hacer por sí mismo. Quizá, en el fondo, se trate de una cuestión terminológica, porque el adjetivo “heroico” ha sido con frecuencia mal interpretado. Virtud heroica no significa exactamente que uno hace cosas grandes por sí mismo, sino que en su vida aparecen realidades que no ha hecho él, porque él sólo ha estado disponible para dejar que Dios actuara. Con otras palabras, ser santo no es otra cosa que hablar con Dios como un amigo habla con el amigo. Esto es la santidad.

Ser santo no comporta ser superior a los demás; por el contrario, el santo puede ser muy débil, y contar con numerosos errores en su vida. La santidad es el contacto profundo con Dios: es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer realmente que este mundo sea bueno y feliz. Cuando Josemaría Escrivá habla de que todos los hombres estamos llamados a ser santos, me parece que en el fondo está refiriéndose a su personal experiencia, porque nunca hizo por sí mismo cosas increíbles, sino que se limitó a dejar obrar a Dios. Y por eso ha nacido una gran renovación, una fuerza de bien en el mundo, aunque permanezcan presentes todas las debilidades humanas.

Verdaderamente todos somos capaces, todos estamos llamados a abrirnos a esa amistad con Dios, a no soltarnos de sus manos, a no cansarnos de volver y retornar al Señor hablando con Él como se habla con un amigo sabiendo, con certeza, que el Señor es el verdadero amigo de todos, también de todos los que no son capaces de hacer por sí mismos cosas grandes.

Por todo esto he comprendido mejor la fisonomía del Opus Dei: la fuerte trabazón que existe entre una absoluta fidelidad a la gran tradición de la Iglesia, a su fe, con desarmante simplicidad, y la apertura incondicionada a todos los desafíos de este mundo, sea en el ámbito académico, en el del trabajo ordinario, en la economía, etc. Quien tiene esta vinculación con Dios, quien mantiene un coloquio ininterrumpido con Él, puede atreverse a responder a nuevos desafíos, y no tiene miedo; porque quien está en las manos de Dios, cae siempre en las manos de Dios. Es así como desaparece el miedo y nace la valentía de responder a los retos del mundo de hoy.


Card. Joseph Ratzinger. L'Osservatore Romano, 6 de octubre de 2002

sábado, 15 de junio de 2013

Libertad de conciencia, pero para todos.


Alfonso Aguiló


 —Muchos dicen que el aborto es un problema de conciencia de la madre, al que debe permanecer ajeno el Estado...
        Olvidan de nuevo que aparte del padre y de la madre, hay un tercero en juego: el hijo. El aborto provocado no es un asunto íntimo solo de la madre, ni solo de los padres, sino que afecta directamente al hijo. Y por tanto, por la solidaridad natural de la especie humana, todo ser humano debe sentirse interpelado cuando se comete un aborto.
        El Estado debe proteger la vida humana. Y vida humana es también la del no nacido. También este merece la protección del Estado. Desde el momento de la concepción, se ha generado un tercero, existencialmente distinto de la madre, aunque esté alojado en su seno.
        Y ese derecho a la vida del nasciturus no surge de su aceptación por parte de la madre, sino que corresponde a él mismo, a causa de su existencia, y es un derecho primario e inalienable, que arranca de la propia dignidad humana y es independiente de cualquier creencia religiosa.
        —Muchos defienden que el aborto podría ser lícito durante las doce primeras semanas del embarazo.
        Es una realidad irrefutable que el feto es igualmente humano antes de las doce primeras semanas de gestación como después. El alcance de la protección del Estado hacia el no nacido debe ser independiente del momento del embarazo en que se encuentre, pues en su desarrollo no hay ningún plazo en el que se produzca un cambio del que pueda depender su derecho a la vida.
        Como ha expuesto muy lúcidamente el filósofo austríaco Michael Tooley en su libro Abortion and infanticide, es enormemente difícil condenar éticamente el infanticidio o la eutanasia neonatal (matar al recién nacido con graves deficiencias físicas o mentales), una vez que se admite el aborto.
        Si se admite una ley de plazos, durante ese plazo quedaría el no nacido a disposición de la libre decisión de la madre, y entonces su protección jurídica ya no estaría garantizada. Y no cabe admitir semejante abandono de la vida del no nacido por referencia a la capacidad de la madre de tomar una decisión, por muy libre y responsable que sea.
        —Pero dicen que hay un simple conflicto de derechos: el derecho a la vida del nasciturus y el derecho de la madre a decidir sobre su maternidad, y que en ese conflicto prevalece el derecho de la madre.
        Es poco serio plantear así un conflicto jurídico.
        La protección jurídica de una vida jamás puede quedar al arbitrio de una de las partes en conflicto.
        Ningún ordenamiento jurídico debiera admitir semejante equiparación en un conflicto de derechos: por parte del no nacido lo que está en juego no es un plus o una minoración de derechos, ni aceptar ventajas o limitaciones: lo que está en juego es todo, su misma vida.
        El derecho de la madre a interrumpir su embarazo supone siempre la muerte de la otra parte en conflicto, y por tanto no pueden equipararse ambos derechos, que son de orden diferente.
        No cabe tampoco considerar la hipótesis de legítima defensa de la madre, puesto que la legítima defensa nunca se refiere a un inocente, sino siempre y solamente a un agresor injusto.
        Admitir el derecho al aborto sería tanto como que el Estado otorgara al no nacido el derecho a la vida, pero condicionado a que durante el embarazo –o al menos en una fase de él– la madre no decida su muerte. Una curiosa forma de entender el derecho a la vida.

viernes, 14 de junio de 2013

Por qué los bancos compran deuda pública


Por Antonio Argandoña, IESE, Universidad de Barcelona


Es de sobra conocido que la banca española es una gran compradora de deuda pública española. O sea, que concede crédito, pero no al sector privado, sino al sector público. Es lo que los anglosajones llaman el efecto crowding out efecto expulsión: la deuda pública expulsa al crédito a familias y empresas. Hay razones para ello, como ya he explicado otras veces. A diferencia del crédito al sector privado, la deuda pública no exige más capital a los bancos, de modo que aligera sus problemas de financiación; es, pues, un activo seguro y rentable que, además, soluciona los graves problemas del sector público, que necesita financiación abundante. Es una manera de decir que la crisis de la banca y la crisis de la deuda soberana van juntas.

En un artículo reciente en VoxEu (aquí, en inglés) Viral Acharya y Sascha Steffen explican con más detalle por qué los bancos de los países de la periferia europea siguen esta estrategia de colocación de la liquidez que reciben, sobre todo, del Banco Central Europeo. No es una estrategia impuesta por ese Banco ni por los gobiernos nacionales, sino algo planificado por algunos bancos privados. La estrategia consiste en que los bancos ganan financiándose a tipos de interés bajos y colocando los fondos en deuda pública con las elevadas rentabilidades de los gobiernos periféricos, con primas de riesgo elevadas. Y si la estrategia falla y el gobierno no puede hacer frente a su deuda, ellos serán rescatados –un caso típico de riesgo moral, es decir, de actuación consistente en llevar a cabo una conducta arriesgada, con la esperanza de no tener que pagar las consecuencias de ese riesgo, si las cosas resultan mal.

Acharya y Steffen ponen el ejemplo de Dexia, el banco franco-belga que ha tenido que ser rescatado dos veces, y que ha mantenido perseverantemente un alto porcentaje de sus activos en deuda, rentable pero arriesgada, de los gobiernos periféricos. Pero señalan que esa estrategia ha sido más general entre los bancos de esos países. Y concluyen que, mientras los bancos tengan acceso a fondos baratos del Banco Central Europeo (BCE, o de otras fuentes públicas), continuarán apostando por la deuda pública de los países periféricos, incluso aunque la prima de riesgo de esa deuda se dispare.

Lo que quiere decir:

  1. Que es urgente concluir la solución de la crisis bancaria, devolviendo la salud a todas las instituciones ahora en dificultades

  2. Que el Banco Central Europeo debe acelerar la retirada de la liquidez proporcionada a la banca en cuanto esta sea capaz de acudir de nuevo a los mercados.

  3. Que hay que continuar las políticas de austeridad para reducir las necesidades de financiación de los gobiernos.

Si no se cumplen estas condiciones, la recuperación del crédito al sector privado será problemática.


martes, 11 de junio de 2013

Madre de 7 hijos y defensora de los valores cristianos: así es la ministra que revoluciona Europa



Está revolucionando la política alemana. Hace sombra a la poderosa Angela Merkel y hasta su nombre ha sonado para presidenta del país o futura canciller. Es el caso Úrsula Von der Leyen, una política atípica que está rompiendo moldes en Europa. Precisamente ahora es ministra de Trabajo y Asuntos Sociales en Alemania y en España es conocida por haber venido a ofrecer empleo a 5.000 jóvenes españoles.

        Esta alemana de 55 años es algo más que política. Los alemanes la llaman “la madre de la nación” pues tiene siete hijos. Durante sus años en la política se ha empeñado en demostrar la grandeza de los hijos, las enormes ventajas de los niños en la sociedad y ha luchado por abrir camino a las familias que quieren tener hijos en una Europa con una histórica crisis demográfica.

La importancia de rezar con sus hijos

        Von der Leyen es además una mujer de fuertes convicciones religiosas. Es cristiana y practicante. Cuenta orgullosa lo importante que es desayunar todos los días con sus hijos y rezar con ellos antes de acudir a sus obligaciones en el Ministerio. Del mismo modo hace lo mismo por las noches antes de que sus hijos vayan a dormir.
        Es una de las principales valedoras en recuperar y poner en valor en Europa los valores cristianos que han forjado el continente siglos atrás. La familia juega aquí un papel esencial. Lo sabe. Y no le importa liderar esta revolución familiar. No es de extrañar, por tanto, que las feministas radicales la tengan en su punto de mira y esté siempre en la diana de sus críticas e insultos. “¡Esa mujer!”. Así se refieren a ella con desdén las feministas. Sin embargo, ella les replica que Alemania y Europa irían mejor con más mujeres como ella, es decir, madres.

Luchadora por la familia
        Desde 2009 es ministra de Trabajo pero su incansable lucha por la familia viene de atrás pues previamente, de 2005 a 2009, fue ministra de Familia, Mujer y Juventud. Desde ese puesto legisló a favor de este colectivo y ayudó a que las familias puedan conciliar mejor el cuidado de los hijos y el trabajo. Algo básico hoy en día.

        Úrsula ha mostrado también al mundo la falacia de que no se puede ser madre y progresar profesionalmente, sin tener que por ello renunciar a tener familia. Estudió Económicas y más tarde se doctoró en Medicina llegando a dedicarse a la investigación. Más tarde se trasladó a EEUU debido a compromisos laborales de su marido. Allí se dedicó a cuidar de sus hijos y a la investigación y vio la importancia de ayudar a la familia. A partir de ahí entró en la CDU alemana y comenzó su meteórica carrera política.

Su carrera contracorriente
        Al llegar al Gobierno de Merkel fue consciente de que sus cinco compañeras del Ejecutivo, incluida Merkel, habían renunciado a la maternidad para dedicarse a la política. Ella era el bicho raro y lamenta que en su país “tener siete hijos esté mal visto, se considera casi una provocación”.

        Como ministra de Familia preparó una mini-revolución que fue hasta mal vista por su propio partido aunque ella siguió adelante. Propuso guarderías gratuitas y ayudas a los padres para el cuidado de sus hijos así como el permiso para que los padres pudiesen quedarse en casa cuidando de los niños. Pese a las críticas ella hablaba de sus experiencias familiares y cómo había podido conciliar trabajo y familia. “Me han llegado a preguntar si quiero encerrar a los padres a latigazos y eso demuestra el desprecio hacia todo lo que tenga que ver con el cuidado de los niños”.

La familia, cuna de valores
        En una entrevista en ABC cuando aún era ministra de Familia, Von der Leyen aseguraba que “no soy una superwoman, donde estoy es el resultado de un largo camino de altibajos y decisiones con mi marido, y también de algunos errores”.

        “La familia recobra su importancia, no sólo como factor de equilibrio, sino como herramienta para transmitir directamente unos valores, una interioridad y una trascendencia. Además, comprobamos que sin niños un país no puede seguir existiendo, por razones económicas y también emocionales”, afirmaba.

        “Los niños no significan pobreza”
En este sentido, agregaba que “estamos en una situación muy crítica, sobre todo psicológicamente. Hay que volver a hablar del pan que los niños traen bajo el brazo: se llama alegría, fuerza creadora, seguridad futura…que los niños no significan pobreza, sino perspectiva”.

        Del mismo modo, Úrsula Von der Leyen afirma que hay que recuperar los valores de siempre, no existen los nuevos. “La familia, la responsabilidad por el otro, valores cristianos que deben ser traducidos a otros tiempos. La familia no puede pervivir mirando a lo que fue, su economía y la de todos es ya global y la mujer es hoy muy importante. Pero siguen importando que haya niños en las calles, la solidaridad generacional, la buena educación, la subsidiaridad, y hay que preguntarse cómo mantenerlas en un mundo moderno”.
“Tener cuatro hijos es dirigir una pyme”
        En su opinión, la familia “recupera importancia frente a la globalización. La familia es donde se aprende la responsabilidad entre hijos y padres, los valores que queremos para mañana. La educación hoy es transfronteriza, pero igual necesita límites, pues de mayor uno encontrará reglas. Los niños siguen necesitando tiempo, y ejemplo: y deben conocer valor del esfuerzo para el éxito”.

        A pesar de ello ve cambios en el mundo actual. Hay ya empresas que prefieren a personal con familia que a solteros. La ministra responde que es algo normal pues “son las cabezas más flexibles, rápidas y maduras emocionalmente. Piense que tener cuatro hijos es ya dirigir una pyme”.

        Igualmente, cuenta su experiencia personal en Estados Unidos cuando se trasladó allí con su marido. “Cuando me presentaba a trabajos en EEUU siempre me preguntaban qué hacía además del trabajo, si criaba niños o colaboraba con alguna asociación. ¡Me han dado puestos por tener hijos…En Europa me los darían por no tenerlos!”.

martes, 4 de junio de 2013

Injusticia de los justos


Injusticia de los justos

Levante-Emv

Por fortuna, hay una mayoría de personas sustancialmente justas, aunque todos fallemos en temas menores

      No voy contra nadie porque todos cabemos en el título de este artículo. Si nos atenemos a la famosa definición de Ulpiano, ‘justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho’. ¿Quién no ha mentido alguna vez a quien tiene derecho a la verdad? ¿Alguien no ha murmurado nunca del que posee el derecho a la buena fama? Tomo estos ejemplos por ser las injusticias más fáciles de cometer. El mismo jurista romano resumía en tres los preceptos del ‘ius’: vivir honestamente, no causar daño a otro y dar a cada uno su derecho.

      Es cierto que la noción de Derecho ha ido cambiando con el tiempo. Por eso acudo a un clásico con quien es difícil discrepar, porque en esos preceptos pueden caber todos los derechos del hombre. Con este preludio, voy al cuerpo del artículo que quiere referirse a la conculcación de la justicia por parte de quienes más cabría esperarla: legisladores, jueces, juristas, médicos, sacerdotes, educadores, gobernantes... No seré exhaustivo, pero seguramente todos esperamos más justicia de quienes ejercen esas profesiones vitales en la sociedad, aunque sea exigible a todos.

      Los legisladores ejercitan la injusticia ─siempre desde mi punto de vista─ cuando promulgan leyes malas, ya se refieran a temas económicos, a los que solemos ser más sensibles, ya sean auténticas conculcaciones de lo natural. Los jueces no quedan exentos de la injusticia, a pesar de ser profesionales directos para impartirla, cuando se dejan presionar, corromper, politizar, etcétera. Los juristas ─me refiero ahora a los estudiosos del Derecho─ en una gran medida, se han apartado progresivamente de los derechos humanos, para trabajar exclusivamente sobre el Derecho positivo. Es cierto que por ahí les lleva la vida, pero se echan de menos algunas voces protectoras de la persona.

      Hay médicos que invitan al aborto o a la eutanasia como medios infalibles y únicos de arreglar determinadas situaciones, o recetan ─aunque ahora es menos posible─ la medicina del laboratorio que paga. Y sí, también existen sacerdotes injustos, y no trato ahora de la pederastia, sino de nuestra falta de santidad, de identificación con Cristo, que nos convierte en malos funcionarios. Educadores ideologizados que sólo enseñan a pensar en dirección única, la del pensamiento dominante, tapón de la libertad. ¿Qué puedo decir de los gobernantes y de la oposición? Bastaría pensar en la corrupción nueva de cada día o en un gobierno u oposición viviendo a golpe de encuesta en lugar de buscar el bien común. Faltarían financieros, entes vigilantes, empresarios...

      No puedo acabar así. Por fortuna, hay una mayoría de personas sustancialmente justas, aunque todos fallemos en temas menores. Esa mayoría ha de luchar por una sociedad en la que el Derecho impere de verdad. Y con él ─vuelvo a Ulpiano─ la vida honesta, el empeño por no inferir daño a nadie y la constante voluntad de dar a cada uno su derecho.


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