viernes, 30 de julio de 2010

Secundamos la iniciativa de hazteoir.org contra Google


Mucha gente se lucra con el aborto. La muerte violenta de niños indefensos produceingresos irresistibles para muchos desaprensivos.
  • Google acaba de subirse a este carro manchado de sangre
  • Google anunciará servicios de abortorios en su buscador.
  • Google también ganará dinero con el exterminio de 120.000 niños al año en España.
Hasta ahora, Google vetaba los anuncios de abortorios en España, al igual que hace enAlemania, Francia, Irlanda o Polonia.
La presión de la industria abortista y la expectativa de un negocio fácil basado en la muerte violenta de seres humanos han hecho cambiar a Google de política.
A partir de ahora, cualquier usuario (incluso niñas de 16 años) podrá introducir la palabra “aborto” en el buscador, y Google le ofrecerá anuncioscon enlaces a los abortorios más próximos.
Los matarifes del aborto podrán anunciar descuentos y otros reclamos a través de la mayor plataforma de publicidad en Internet,AdWords, propiedad de Google.
Más negocio para la industria del aborto. Más dinero para Google.
Dinero arrancado a la vida de seres inocentes. Dinero manchado de sangre.
No dejes que esta decisión le salga gratis a Google.  Ayúdanos a que sus directivos, en España y en California, oigan una protesta firme y pierdan usuarios en sus servicios.
Ganar dinero a costa de exterminar vidas humanas no debe salirle gratis a Google. 
Hemos creado un grupo en Facebook, llamado Ni un euro del aborto para Google. 
http://www.facebook.com/group.php?gid=138435776178891&ref=search
En esa página, encontrarás cosas concretas que puedes hacer para que Google reconsidere su  decisión de publicar anuncios de abortorios, o de lo contrario, se exponga a un daño contante y sonante en su reputación.
Puedes hacer mucho más de lo que imaginas, para que Google escuche la protesta de la sociedad española y lo piense mejor antes de ganar dinero manchado de sangre.
Conoce en esta página, Ni un euro del aborto para Google, doce cosas concretas y prácticas que puedes hacer ahora para que Google dé marcha atrás o se exponga a un daño a su reputación y una pérdida de usuarios en España:
http://www.facebook.com/group.php?gid=138435776178891&ref=search
También podrás intercambiar ideas con otros miembros del grupo sobre nuevas acciones paraextender la protesta contra Google por todo el planeta.
Si eres usuario de Facebook, hazte miembro, ahora, del grupo Ni un euro del aborto para Google.
No nos vamos a quedar de brazos cruzados. Esto no va a quedar así.
Por muy grande que sea Google, el derecho a la vida es una causa mucho mayor que la mayor empresa.
Google va a experimentar la responsabilidad ética de las grandes empresas.
No vale todo para ganar dinero.
No vale ganar dinero con la violencia letal contra seres humanos que no pueden defenderse.
Ayúdanos a que tengan voz.
Ayúdanos a que Google escuche y rectifique. Hazte miembro de Ni un euro del aborto para Google en Facebook.
http://www.facebook.com/group.php?gid=138435776178891&ref=search
Muchas gracias por actuar en cada frente abierto en defensa de la vida; también en el de la responsabilidad social de las empresas.
Un fuerte abrazo,
Víctor Gago y todo el Equipo HO
PD.- ¿Conoces a otros usuarios de Facebook comprometidos con el derecho a la vida? ¿Los tienes agregados en tu muro? Por favor, promociona el grupo Ni un euro del aborto para Google, para que también ellos se unan.

miércoles, 28 de julio de 2010

Una historia que debe ser explicada y conocida: 50 años de la píldora anticonceptiva


Josep Maria Riera i Munné

Autorizada el 23 de abril de 1960, la píldora significa el cambio más radical en las actitudes culturales y morales de los hombres y mujeres respecto a la sexualidad, el matrimonio y la familia.


No sigas a la mayoría para hacer el mal; ni te inclines en un proceso por la mayoría en contra de la justicia. (...) Aléjate de causas mentirosas, no quites la vida al inocente y justo; y no absuelvas al malvado (Éxodo 23,2.7)

Quizás nunca en la historia de la humanidad una cosa tan pequeña ha tenido consecuencias tan grandes. El 23 de abril de 1960 la píldora recibía el permiso para ser dispensada y vendida explícitamente como anticonceptivo oral en los Estados Unidos. Empezaba una “revolución” que incidiría en los años siguientes en la vida de millones de mujeres de todo el mundo, y por ellas en los hombres, en las familias y en las sociedades de todas las naciones.

¿Cuál era la novedad? Se presentaba como la liberación de las mujeres de su dependencia respecto a la maternidad: la gestación y cría de los hijos. También se libraba la sexualidad humana de su ligazón con la posibilidad de un nuevo embarazo. Lo que queda es la satisfacción sexual personal del propio deseo sin medida ni aparentes consecuencias. Se quiere ver como un gran paso de liberación de la mujer, del “feminismo”, y esta es la bandera de la que se sirven los promotores y los medios de comunicación para presentarlo siempre como un progreso indiscutible. Solamente persones con grandes prejuicios lo quieren negar, y a estas personas mejor no escucharlas en sus argumentos conocidos y estériles... Todos sabemos lo que dicen... Pero, ¿es realmente esa la novedad? La perspectiva que da el tiempo y los acontecimientos han hecho visible que las cosas no son como aparentan ser o como nos las han querido hacer entender.

La verdadera novedad antropológica y que explica todo lo que después se desarrolla, es que se sustraen las nuevas vides humanes de la trascendencia o, dicho de otra manera, se instaura por primera vez una mentalidad anticonceptiva de poder y dominio, que parece total, del hombre y de la mujer –especialmente de ella- sobre la gestación de las nuevas vidas humanas. En el “misterio” de la vida humana está aceptado generalmente considerar cuatro momentos naturales de trascendencia (en los que la vivencia personal supera la actuación meramente humana): en la concepción, gestación y nacimiento de nuevas vidas; en el momento de la muerte; en la donación marital de los esposos; en el banquete, como lugar de fiesta y de gozo.

A la nueva vida que puede resultar de la relación conyugal del hombre y de la mujer, gracias al nuevo dominio del poder humano de quererla o no quererla, se le sustrae la dignidad inalienable que la vida humana tiene siempre como misterio y don de Dios, y se considera la vida como dominio total del querer de los progenitores. La nueva vida humana ya no es “procreada”, sino “producida” a voluntad. El ser humano ya no recibe la vida como un don, sino que se reproduce a sí mismo, como y cuando quiere. Es productor de si mismo, es “creador” y dominador de la propia vida humana y de la vida de los nuevos nacidos. Esto no es una apreciación sino un hecho que viene demostrado porque, por primera vez, se establece una manera de clasificar las nuevas vidas como “deseadas” o “no deseadas”, con las consecuencias que esto comporta de aceptación o bien de eliminación. Como prueba, cada día es más difícil ver crecer niños y niñas con síntomas de cualquier deficiencia genética, física o mental. Sencillamente ya no nacen.

Antes de la píldora no existía generalizada la clasificación de hijos queridos y no queridos, que con el paso de los años se ha ido consolidando, porque no existía la posibilidad del dominio casi total y sencillo sobre las nuevas vidas. Los hijos “deseados” serán considerados un bien más de los muchos que pueden conseguirse con el poder y el querer humano. Los “no deseados” serán rechazados, y cuando haya errores en el uso de los medios orales de anticoncepción, se establecerá como un derecho el aborto, e incluso, en la práctica, el infanticidio, si es necesario. Eso sí, todo realizado con una gran asepsia y procurando hacerlo a escondidas, para no remover sensibilidades. Todo será nombrado con eufemismos: el aborto, interrupción del embarazo; el embrión humano, pre-embrión; la píldora abortiva, píldora del día después; etc.

La pregunta “políticamente correcta”, que se sigue repitiendo aún con inocencia y a veces de manera airada, puede ser formulada así: ¿pero, por qué tanta rigidez de la Iglesia en no querer adecuar las exigencias morales a las posibilidades del hombre y de la mujer de hoy? Contesta Juan Pablo II (cf. VS, 103): ¿cuáles son las posibilidades del hombre? Y ¿de qué hombre hablamos: del hombre dominado por la sensualidad, o bien del hombre redimido por Cristo?

La idea y el intento de querer controlar la fertilidad de la mujer para evitar el embarazo es muy antigua, con diversas modalidades, siempre chapuceras y traumáticas. La investigación en medicina y biología se planteó conseguir técnicas anticonceptivas por el bloqueo del proceso de ovulación de la mujer y para la interrupción de la gestación (aborto inducido), impidiendo la implantación del embrión en sus primeras fases (óvulo ya fecundado) en las paredes del útero.

En este quehacer, el movimiento intelectual tiene sus manifestaciones más notorias en la “revolución sexual” del mayo francés de 1968, y la gran difusión de las obras de Simone de Beauvoir –compañera de Jean Paul Sartre-, como “Le deuxième sexe” (El segundo sexo), donde manifiesta con gran violencia verbal y crudeza el menosprecio de las mujeres como una componente cultural, social e histórica constante, tremendamente injusta con ellas.

En América, el feminismo radical se manifestó mucho más pragmático, y se pusieron en movimiento muy pronto, entre otras, estas personas significativas: Margaret Sangers, Gregory Pincus, Min Chueh Chang y John Rock. En 1951 se relacionan Sangers y Pincus por mediación de Abraham Stone. Planned Parenthood of America (PPFA) se compromete a financiar estudios para un anticonceptivo oral para las mujeres. Pincus trabaja con Chang y después con Rock. También con otros investigadores que habían trabajado sobre formas de bloqueo de la ovulación en las mujeres. El primer resultado en 1955 es la píldora Enovid que provoca el bloqueo hormonal de la ovulación. La mujer queda temporalmente estéril. Desde 1956 se experimenta sobre mujeres en Puerto Rico y al año siguiente en Haití y Ciudad de Méjico. Aunque se manifiestan efectos negativos notorios, la publicidad presentó Enovid como anticonceptivo seguro y eficaz, lo que será una constante en la propaganda farmacológica, silenciando casi siempre los efectos abortivos y otros efectos secundarios. En un ambiente muy cargado, la Administración de Estados Unidos dio permiso en 1957 para la venta de Enovid, no como anticonceptivo sino como regulador de la menstruación. Tres años después, el 23 de abril de 1960, la píldora recibía el permiso para la venta como anticonceptivo oral, y comenzó la historia sin tregua de estos 50 años.

¿Qué significan estos 50 años? El cambio más radical en las actitudes culturales y morales de los hombres y de las mujeres respecto a la sexualidad, el matrimonio y la familia. La “civilización del amor” tiene como actitud moral fundamental el respeto a la personas; la “civilización de la muerte” ha puesto esta actitud moral en el deseo, llevado a término por el poder político y económico, por el domino técnico y científico, con actitudes si hace falta de imposición y violencia.

Hace más de treinta años todas las personas jóvenes, pasados los 21 años –entonces mayoría de edad-, sabían todavía discernir en lo principal qué era el compromiso del matrimonio entre un hombre y una mujer, y en qué consistía la formación del propio hogar. Hoy la mayor parte de los jóvenes de estas edades no saben qué es el matrimonio, lo confunden con proyectos que nada tienen en común y no forman realmente los hogares que, según dicen todas las encuestas, aprecian como el mejor valor de sus vidas. ¿Saben estos jóvenes de dónde viene esta confusión evidente de los horizontes sobre el matrimonio y la familia? Parece que no saben de dónde viene todo esto. Se lo encuentran así.

El Papa Pablo VI lo expresó claramente en la famosa encíclica Humanae vitae, de 1968. L a anticoncepción procurada directamente para evitar los hijos en la relación íntima conyugal es contraria al bien del matrimonio porque desvirtúa el amor conyugal, por la separación del aspecto de unión, de donación entre esposos, del aspecto procreador o de frutos posibles de este amor, que son los hijos como don querido, esperado y recibido. Los padres que forman la familia esperan con gran curiosidad quien es el hijo que viene. La dignidad de la persona humana que inicia la vida es tal que sólo como fruto del amor de los padres en su relación conyugal es respetada. Y de estos hijos venidos a la vida como fruto del amor de los esposos surge la familia como hogar que forma a todos sus miembros en todas las cualidades de personas humanas y de buenos ciudadanos. La familia, decía Juan Pablo II, es “el sueño de Dios para la humanidad”.

La enseñanza de Pablo VI, necesaria entonces por la novedad del caso moral que planteaba la píldora, hizo diana en el núcleo de lo que la píldora anticonceptiva implantaba desde su comercialización ocho años antes: la “mentalidad anticonceptiva” o de dominio de las fuentes de la vida. Por eso la encíclica fue violentamente rechazada y criticada.

Antes de describir el largo camino de transformación radical en los últimos 50 años, quiero contestar una pregunta que aún hoy se hacen muchas personas de ambiente aparentemente cristiano que dicen creer en el matrimonio y la familia, pero que no entienden por qué en cada caso el uso de la píldora en el matrimonio es inmoral y no lo sea la “continencia periódica”, llamada también “métodos naturales” de control de la fertilidad. Parece que es evidente el contraste de los “métodos naturales” con los “métodos artificiales” o píldora anticonceptiva farmacológica. Deducen de ello que la inmoralidad estaría ligada al carácter artificial del método. Y entonces creen que, en el caso de un matrimonio “responsable”, sería posible utilizar en ocasiones la píldora que impide la ovulación –no la implantación- para evitar la fecundación. La corrección moral de estos casos vendría dada por la formación responsable de la familia delante de Dios, y no de los medios que ponga libremente el matrimonio en momentos concretos y según las circunstancias. ¿Acaso no está en la aplicación de la razón la dignidad del criterio moral, más que en el respeto de unos ciclos biológicos?

La respuesta es clara: la utilización de la píldora anticonceptiva, en cada caso y en todos los casos, requiere –y no puede ser de otra manera la decisión voluntaria de utilizar un medio de dominio total para evitar las posibles nuevas vidas en las relaciones conyugales, y eso anula, en la realidad, la apertura a la nueva vida en cada caso. La “continencia periódica”, contrariamente, requiere un reconocimiento de los caminos establecidos en la relación marital del hombre con su mujer para ir recibiendo los hijos con la responsabilidad de padres que los esperan como un don, y los buscan o evitan con el conocimiento de los periodos de fecundidad dispuestos para tenerlos, que son caminos que reclaman una relación conyugal de respeto mutuo, de amor y de donación. Por eso hacen falta motivos graves proporcionados a discreción de los esposos bien formados, para aplicar los “métodos naturales” ocasional o permanentemente, porque de otra manea también pueden ser utilizados como medios de anticoncepción. La mentalidad anticonceptiva, siempre inmoral en el uso del matrimonio, es segura en el caso de la píldora; y también es posible en el caso de los métodos naturales.

Veamos ahora los momentos distintos que han sido claves en el proceso creciente de confusión y corrupción para las mujeres, para el matrimonio, para la familia, y para la desmembración de la sociedad, que va perdiendo las raíces humanas fundamentales conformándose poco a poco según un individualismo feroz.

Podemos distinguir tres “momentos”: 1) el de la separación de la sexualidad y del posible embarazo; 2) el de la comprensión de la sexualidad desvinculada como una realidad cultural con la precepción de género; 3) el del desarrollo de la “reproducción genética”, como camino principal para la liberación de la mujer de su dependencia respecto a la nueva vida, y así poder conseguir un plano de igualdad con el hombre. Separación, “género” y reproducción, son las tres palabras que parecen claves en el proceso.

La primera revolución sexual es consecuencia directa de la píldora anticonceptiva, aprobada como fármaco para impedir el embarazo el 23 de abril de 1960 –hace 50 años- porla Administración americana, y dispensada como tal desde esta fecha. Por primera vez, la relación íntima sexual entre hombre y mujer es posible desligarla de manera fácil y segura del posible embarazo. También por primera vez la donación marital tendrá como único fin la búsqueda del deseo y del placer, desligada de la donación mutua del don relativo de la paternidad y maternidad. Solamente cuando se desee se procurará producir el hijo. Entonces este deseo se manifestará como un derecho al hijo, a poder conseguirlo a toda costa: pruebas de ecografía y diagnóstico prenatal sobre implantación, gestación o posibles enfermedades congénitas, intervenciones genéticas y quirúrgicas intrauterinas, fecundación “in vitro”, inseminación artificial, implantación en el útero, compra de óvulos, úteros de alquiler, congelación de los embriones sobrantes, selección del esperma, adopción de niños por cualquier camino y precio, etc. La píldora ha ocasionado el cambio de vida más radical desde que tenemos memoria histórica: en el centro ya no está la familia, sino la realización personal y la satisfacción del propio deseo. ¿A qué precio? Al precio del dominio del poder personal y público sobre la producción y planificación de las nuevas vidas, a dejarlas vivir según conveniencia.

La segunda revolución sexual empieza, como muy bien muestra el famoso Janus Reports de 1993, en los años 80 y supone la aceptación progresiva y el reconocimiento de los comportamientos previamente catalogados como “desviados” desde tiempos inmemoriales. El hecho clave es la aceptación y difusión de la homosexualidad como una posibilidad digna de realización humana de las tendencias sexuales preferentes en cada cual. El sexo es una posibilidad de quien lo tiene, que debe poder realizarse sin ninguna oposición social. El movimiento homosexual iniciado en California se ha difundido por todo el mundo mediante una propaganda persistente que, desde sus inicios, contó con los mejores especialistas de marketing y ha calado profundamente en los medios de comunicación y entre el poder político y económico occidental. Este movimiento encontró en la “percepción de género” (adoptada porla ONU en la Conferencia sobre la Mujer de Pequín) su base teórica de desarrollo y difusión, constituyendo actualmente una auténtica ideología de carácter totalitario que no deja espacio para ser contestada.

La “percepción de género” consiste en difundir que la sexualidad –que no el sexo- es una característica cultural de la persona, asimilada por cada uno y vivida según el propio deseo en las múltiples posibilidades que tiene la sexualidad humana para buscar la propia satisfacción, totalmente desligada de la estabilidad en las relaciones, en especial de una relación entendida sólo como unívoca de compromiso entre hombre y mujer, y de cualquier atadura de paternidad o maternidad. La ideología de género –que es realmente una ideología-, apoyada siempre sobre el objetivo de la legítima autonomía de la mujer, llega a proclamar que “así como la religión es el opio de los pueblos, según Marx, el amor es el opio de las mujeres” (Millet). Se ha llegado a ofrecer gratuitamente operaciones quirúrgicas de cambio de sexo para favorecer el propio deseo y a pretender con todos los instrumentos posibles de poder la adopción de hijos en los “matrimonios” homosexuales. Esta ideología, fundamentada en una mentira a medias, que son las peores (que la sexualidad es característica cultural de las personas), ha sido cultural y educativamente introducida, también en las leyes de muchos países, y tiene como efectos principales: las relaciones inestables y violentas entre hombre y mujer; la confusión total sobre el matrimonio; la destrucción de los lazos normales de familia; la sociedad basada en el individualismo para conseguir el propio placer.

Y llegamos a la tercera revolución sexual que comienza con fuerza en el cambio de siglo. Desde el inicio, el feminismo radical había buscado la igualdad hombre-mujer con todo su afán. Ahora parece que la logra librando a las mujeres de las ataduras naturales que comporta la maternidad: ¡el embarazo! Con la ideología de género se pretende desligar totalmente la sexualidad de la paternidad y de la maternidad. Falta, efectivamente, librar a la mujer de su dependencia en el embarazo. Mientras, se le otorga el derecho al aborto como derecho a no estar sometida sin desearlo. Si “producimos” los niños, hagamos todo lo posible para producirlos técnica y científicamente según deseo y al margen del sometimiento de las mujeres al proceso de gestación en el útero. La “reprogenética” nos ayudará a conseguirlo. Desde la “fecundación in vitro” hasta la sustitución del útero materno por un proceso total de incubadora mecánica. También se busca conseguir la reproducción al margen de la fecundación del óvulo femenino por el espermatozoide masculino, mediante la “clonación” celular por técnicas de biología molecular. Se trata de desligar definitivamente la reproducción humana de vínculos que sean de carácter familiar. Lo mejor es llamar “matrimonio” a cualquier unión afectiva de sexos con más o menos permanencia, y “familia” a los lazos de convivencia ocasionados por los afectos de cada cual, que pueden ser inestables, también en cuanto a las relaciones entre padres, hijos y hermanos biológicos. Por encima de cualquier consideración está la realización del propio deseo amoroso y sentimental, como principal derecho de toda persona a la felicidad.

Hay dos ideas que siempre están presentes en la aceptación pasiva de estos procesos por parte de la sociedad: que la sexualidad no tiene por qué relacionarse con el amor. Es entendida como un medio de satisfacción personal casi narcisista. No tener una buena satisfacción sexual es como ser una persona desgraciada. La otra idea es que cada cual puede hacer con su sexualidad lo que le plazca, como si fuera un objeto de disposición personal sin otra finalidad que el propio placer o deseo.

Llegados a este punto, vale la pena reflexionar sobre la visión profética de Pablo VI cuando en 1968 firmó y publicó la encíclica Humanae vitae. Lo hizo diciendo textualmente que “pensaba que los hombres, en particular los de nuestro tiempo, se encuentran con la capacidad de comprender el carácter profundamente razonable y humano de estos principios fundamentales” (cfr. HV, n.12 in fine). Se refiere Pablo VI al principio moral de la unidad de la donación amorosa y la ordenación a la paternidad del acto conyugal en el matrimonio.

Hoy sabemos que romper este vínculo es el comienzo de este proceso que hemos ido exponiendo más arriba. Por eso la encíclica comienza con la convicción de que se plantean nuevas cuestiones respecto a la transmisión de la vida en el matrimonio. El entorno del momento es de miedo difuso y generalizado a la anunciada “explosión demográfica”, con la propagación de teorías neo maltusianas (Club de Roma). A nivel privado, la creciente dificultad en mantener una familia, combinada con el también creciente deseo de emancipación de la mujer, especialmente respecto a las tareas del hogar y de su dedicación absorbente a la maternidad. También se difunde una apreciación del amor como componente principal de la relación conyugal. Y, en fin, podemos señalar la progresiva intervención técnica en la trasmisión de la vida.

Todas estas cuestiones hacen que muchos se pregunten: ¿el principio de totalidad permite intentar, con un control más eficaz y considerado lícito, una fecundación más moderada en una vida de relaciones conyugales normales? ¿La finalidad de procrear es una función de toda la vida conyugal o de cada acto? ¿La natalidad, no es mejor que esté sometida a la razón que a los ciclos biológicos?

Desde 1963, una comisión de expertos nombrada por Juan XXIII estudió desde todos los puntos de vista las cuestiones de la regulación de la natalidad. También fueron consultados los obispos de todo el mundo. Las respuestas fueron divergentes, y algunas en contra de los principios morales tradicionales sobre el matrimonio, mantenidos siempre por la Iglesia.

Es evidente que el amor conyugal no es cualquier relación de afecto. Es una realidad y un acto humano de donación mutua total, fiel, exclusivo y fecundo. Humano, porque la humanidad del hombre y de la mujer se entregan mutuamente a requerimiento personal respetuoso, afectuoso y razonable. Misión de este compromiso de amor es la “paternidad responsable” para formar la propia familia. El principio moral fundamental es: cada acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida, debido a la inseparable conexión entre el aspecto unitivo y el aspecto procreador. Un acto conyugal impuesto no es un acto de amor sino de violencia, con el que no se transmite el don de la masculinidad y de la feminidad sino que se ofende al otro en el respeto que se le debe siempre. Es verdad que hay un mutuo deber conyugal, pero en unas relaciones de donación de amor. Y el amor es siempre sólo la determinación de la voluntad en el propio corazón de agradar y hacer feliz a quien se ama como marido o mujer propios y exclusivos.

La “revolución sexual”, por el camino de imponer la “ideología de género”, ha instituido unas relaciones hombre-mujer de sospecha y violencia reivindicativa. La emancipación de la mujer se busca en un plano de igualdad, sin respetar la diversidad y complementariedad, que sólo es percibida como realidad cultural cambiable. Al forzar esta equiparación mimética hombre-mujer la violencia es creciente, y con la imposición de la violencia son eliminados los más débiles: los niños que aún no han nacido y los mayores que ya no aportan otra cosa que molestias. La Humanae vitae cree que la emancipación de la mujer, ciertamente improrrogable, no debe ir por planteamientos igualitarios, sino de igualdad en el respeto, la dignidad, la valía personal y profesional, y la complementariedad vista como perfeccionamiento para el hombre y para la mujer.

La implantación de la píldora anticonceptiva ha sido un camino –así lo preveía la HV- amplio y fácil de infidelidad conyugal y de degradación general de la moralidad, porque consiste en ofrecer un medio con que, de manera fácil y ligera, burlar la observancia moral, y así también el respeto hacia la mujer, considerada entonces como objeto de placer, tan contrario al respeto y al amor que se deben tener a la mujer y esposa. La permisividad en el ámbito del comportamiento moral privado concede vía libre a los gobernantes para imponer políticas demográficas antinatalistas con una grave injerencia en las decisiones más íntimas de las personas y con políticas de intervención en las fuentes de la vida.

Si no queremos que quede expuesto al libre arbitrio de los hombres la misión de engendrar la nueva vida humana es necesario reconocer unos límites infranqueables a las posibilidades de dominio de los hombres sobre el propio cuerpo y sus funciones; límite que ningún hombre, ni privadamente ni como autoridad, se debe atrever a franquear. Este límite de respeto a la integridad del organismo y de sus funciones debe ser tratado en cada caso según una recta inteligencia del “principio de totalidad” de sobras conocido. La Iglesia sabe que, como su Maestro, enseñando la verdad se muestra al mundo como signo de contradicción (cfr. HV, n.18).

En el libro del Éxodo lo dice así: “No sigas a la mayoría para hacer el mal; ni te inclines en un proceso por la mayoría en contra de la justicia. (...) Aléjate de causas mentirosas, no quites la vida al inocente y justo; y no absuelvas al malvado.” (Éxodo 23,2.7)

Hagamos caso. Aprendamos de este aniversario, y no lo celebremos.

lunes, 26 de julio de 2010

La diócesis de Roma pide que salgan al descubierto los sacerdotes con "doble vida"

ROMA, domingo, 25 de julio de 2010 (ZENIT.org).- La diócesis de Roma ha pedido a los sacerdotes de "doble vida", a causa de sus relaciones homosexuales, que salgan al descubierto y, si no son coherentes, que abandonen el ejercicio de su ministerio.

El enérgico comunicado del vicariato de la diócesis, cuyo obispo vicario es el cardenal  Agostino Vallini, ha sido publicado para aclarar el largo artículo publicado por el semanario italiano  Panorama, en el número del 23 de julio, que lleva por título "Las noches locas de los curas gays".

El periodista asegura que durante veinte días, con una cámara escondida, ayudado por un "cómplice homosexual" se ha infiltrado en el ambiente nocturno de tres sacerdotes de los que no ofrece el nombre.

El comunicado de la diócesis de Roma condena durísimamente estos actos, en caso de que sean verdaderos, y afirma al mismo tiempo que "la finalidad del artículo es evidente: crear escándalo, difamar a todos los sacerdotes, en virtud de la declaración de uno de los entrevistados, según el cual, 'el 98 por ciento de los sacerdotes que conoce es homosexual', desacreditar a la Iglesia y, por otra parte, hacer presión contra esa parte de la Iglesia que definen 'intransigente, que no quiere dar reconocimiento a la realidad de los sacerdotes homosexuales'".

Según la diócesis de Roma, "los hechos narrados suscitan dolor y desconcierto en la comunidad eclesial de Roma, que conoce de cerca a sus sacerdotes que no llevan una 'doble vida', sino una 'sola vida', feliz y gozosa, coherente con su vocación, entregada a Dios y al servicio de la gente, comprometida en la vivencia y el testimonio del Evangelio, y que son modelo de vida moral para todos". 

"Quien conoce la Iglesia de Roma, donde viven también muchos centenares de otros sacerdotes procedentes de todo el mundo para estudiar en las universidades, pero que no son del clero romano ni están comprometidos en la pastoral, no se reconoce en el comportamiento de quienes llevan una 'doble vida', no han comprendido lo que es el 'sacerdocio católico', y no deberían haber sido sacerdotes".

"Sabemos que nadie les obliga a permanecer como sacerdotes, aprovechando sólo los beneficios. La coherencia exigiría que salieran al descubierto. No queremos el mal para ellos, pero no podemos acepar que a causa de sus comportamientos se ensucie el buen nombre de todos los demás""Ante hechos semejantes ofrecemos nuestra adhesión con convicción a lo que el Santo Padre Benedicto XVI ha repetido en varias ocasiones en los últimos meses: 'los pecados de los sacerdotes' nos invitan a todos a la conversión del corazón y de vida y a ser vigilantes para no 'contaminar la fe y la vida cristiana, dañando a la integridad de la Iglesia, debilitando su capacidad de profecía y de testimonio, empañando la belleza de su rostro'".

Por último, la diócesis de Roma afirma que está comprometida "a perseguir con rigor, según las normas de la Iglesia, todo comportamiento indigno de la vida sacerdotal".

sábado, 24 de julio de 2010

La capacidad sugestiva de las películas y la legitimación de conductas


Alfonso Méndiz
         
       La representación audiovisual (cine y televisión) posee una capacidad muy superior a la de otros medios de comunicación: prensa, revistas, radio, grabaciones musicales... Una capacidad superior para fascinarnos, para evadirnos de la realidad y transportarnos a otro mundo de valores. La representación en los filmes es siempre una experiencia viva y fuerte, emocionalmente dramática, y con frecuencia se acaba asimilando como una experiencia vivida. Puede alcanzar esa conmoción interior que los clásicos denominaban "catársis".

        Así, por ejemplo, una chica joven podría pensar: “¿Cómo me van a decir mis padres que la relación sexual se orienta a la vida y sólo tiene sentido en el matrimonio? ¡Si yo sé cómo es (autoridad epistemológica) y cómo debe ser (autoridad deontológica) el sentido de la relación sexual! ¡Si sé que tiene sentido cuando hay “amor”, cuando es expresión de un sentimiento! ¡Si lo he visto con mis propios ojos, si lo he vivido!”.

        En realidad, lo ha visto y lo ha “vivido” en el cine, pero lo ha asimilado como algo vivido en primera persona.

        Esas imágenes audiovisuales le han permitido asumir la instancia de testigo presencial: considera verdaderamente que ha experimentado esos hechos, y por tanto le parecen más verdaderos y reales que los discursos de sus padres y educadores. El tratamiento del tema, la historia “vivida” o “experimentada” en la película o la teleserie, adquiere así el estatus de algo incontestable, asentado en virtud de una supuesta experiencia propia.

        Esta faceta de “manipulación de la experiencia” resulta mucho más importante en los jóvenes, pues son más vulnerables al poder fascinador de la imagen. Cuando en la escuela se habla de valores o actitudes morales, o cuando sus padres les proponen hablar “de algo serio”, inmediatamente ponen un filtro ante lo que oyen, porque lo interpretan como “imposición”, como “sermón” o, en el peor de los casos, como flagrante “manipulación”. Pero no piensan nada de eso cuando ven una película que les habla también de valores y de actitudes morales.

        Las historias (asumidas como “experiencias” personales) parecen fluir con espontaneidad, pero son fruto de una determinada concepción de la vida: detrás de ellas hay un filtro intelectual que muestra unos modelos de felicidad y unos personajes que pueden hacernos parecer ridícula una virtud o aceptable y digna una conducta viciosa. Penetran en su mundo interior sin obstáculos, a remolque de las emociones vividas en su imaginación.

        La función de legitimación que las ficciones audiovisuales ejercen en nuestra sociedad. En su libro "Theories of film", Andrew Tudor define así este efecto sobre el público: “Es el efecto, más potente que los habitualmente descritos, por el que las películas justifican o legitiman creencias, actos e ideas”.

        Hoy en día, el cine ha legitimado conductas y percepciones de la realidad que hace sólo unos años provocaban el rechazo o la discrepancia moral de buena parte de la sociedad. Hoy, después de haberlos visto una y otra vez en filmes y teleseries, han pasado a ser “normales”, legítimos. El cine les ha dado carta de naturaleza, ha establecido socialmente que son mucho más corrientes de lo que se piensa, que son plenamente válidos y, en todo caso, que deben verse como inevitables. Por eso invita al público a aceptarlos como “políticamente correctos”.

        Entre otros comportamientos que afectan directamente a la familia y que el cine ha contribuido a legitimar, podrían señalarse:

       — La convivencia durante el noviazgo: en todas las teleseries juveniles, desde “Compañeros” y “Al salir de clase”, hasta “El internado”, "Los Serrano"  “90-60-90” (fotograma de arriba) o la polémica TV movie “El pacto” (en la que siete adolescentes de 4º de ESO deciden quedarse embarazadas por solidaridad con otra alumna embarazada: así, engañando de paso a sus parejas –coniven con sus novios con la más plena naturalidad– llegan no sólo a banalizar el sexo, sino a justificar la maternidad por mero capricho, al margen de todo compromiso).
        — La justificación y exaltación de la homosexualidad, en cintas como “Brokeback Mountain”, “Philadelphia” o “La boda de mi mejor amigo”; y en teleseries como “Aquí no hay quien viva” o “Los hombres de Paco”.
        — La ruptura familiar como forma de liberación, y la infidelidad como realización personal. Entre otros filmes que idealizan y legitiman el adulterio, cabe destacar “Los puentes de Madison”; y entre las teleseries… casi todas.
        — La promoción del aborto, como alivio para la madre (¿?) y como modo de ejercer la medicina (¿?): como en “Las normas de la casa de la sidra”.
        — La legitimación de la eutanasia, con películas ideológicamente orientadas como “Million Dollar Baby” o “Mar adentro”; y, por supuesto, queda plenamente justificado en muchos diálogos de las teleseries actuales.

        Ciertamente, el cine ha sido siempre una “fábrica de sueños”. En esos sueños (más o menos mediatizados por la narrativa audiovisual o cienmatográfica) nos proyectamos habitualmente y con ellos tratamos de configurar nuestras identidades. Por eso, porque es punto de referencia para nosotros mismos, el mundo audiovisual ha sido también comparado a un gran espejo. Pero hoy en día parece ser “un espejo distorsionado”, porque al mirarnos en él y buscar nuestro verdadero rostro, lo que vemos resulta ser bastante alejado de nuestra vida, de nuestros valores, de nuestra familia. Lo que esas imágenes autorizan a pensar y a actuar es asumido por los espectadores como algo legítimo, validado y plenamente aceptable en nuestras vidas.

miércoles, 21 de julio de 2010

LA CUESTIÓN DEL VELO


 Andrés Ollero 
Habría que comenzar por decir que el velo islámico no es religioso. Se trata de un atuendo femenino de origen árabe, que adopta diversas formas y diversos nombres. Pero se ha convertido en símbolo de identidad para las naciones cuya mayoría es la religión islámica.

El pasado 2 de mayo, Andrés Ollero escribía en ABC un artículo, que analizaba la cuestión desde el punto de vista jurídico.

“Para empezar, comenta el autor de este artículo, parece obligado recordar que hablamos de derechos. No se trata de si la niña quiere o no llevar el pañuelo, sino de si tiene o no derecho a hacerlo. Habrá luego que considerar si se trata de un eventual derecho subjetivo otorgado por vía legislativa o de un derecho fundamental, que sólo puede verse desarrollado por una ley que respete su contenido esencial. Bastaría con ello para constatar la sarta de disparates que han ido surgiendo de los tendidos.”

De un modo claro, sin pretender ofender a nadie (su gracejo andaluz), desmenuza esta disparatada cuestión y la coloca en su verdadero contexto. Porque algo similar a lo que Ollero denuncia está pasando en todos los países

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El torero, salvo que vaya a tomar o confirmar la alternativa, hace el paseíllo con la montera bien asentada en sus sienes con aire nada sumiso. Sólo en señal de duelo lo haría destocado. El modo de cubrir o no la cabeza ha jugado siempre un notable papel entre las normas de urbanidad que regulan la convivencia.

A Najwa, una adolescente musulmana, se le pretende prohibir, por ir tocada con un pañuelo islámico, el acceso a su centro escolar; su reglamento interno excluye al parecer el uso de gorras susceptibles de identificar pandillas juveniles. Oigo por la radio a una madre de alumno, sin duda bienpensante, clamar emulando al «Ronquillo»; exige que no se reforme el reglamento, esgrimiendo el clásico «aquí, o todos o ninguno».

Para empezar, parece obligado recordar que hablamos de derechos. No se trata de si la niña quiere o no llevar el pañuelo, sino de si tiene o no derecho a hacerlo. Habrá luego que considerar si se trata de un eventual derecho subjetivo otorgado por vía legislativa o de un derecho fundamental, que sólo puede verse desarrollado por una ley que respete su contenido esencial. Bastaría con ello para constatar la sarta de disparates que han ido surgiendo de los tendidos.

De un derecho fundamental no se es titular cuando a los demás les parece bien. No somos humanos a partir de la semana que decida la mayoría, ni podemos ejercer la libertad religiosa cuando y como a la mayoría le parezca bien. No hay que ser musulmán para distinguir entre un hiyab y una gorra. Afirmar, como se ha dicho en Andalucía, que en cada caso se decidirá si se puede o no entrar con velo equivale a atribuir a los centros competencias legislativas, lo que supone un despropósito. Por otra parte, no hace falta alguna reformar el reglamento de su centro escolar para que Najwa pueda acceder a él; basta con algo tan elemental como proceder interpretarlo, como cualquier otra norma, en el marco de la Constitución; o sea, de la manera más favorable a los derechos en ella reconocidos.

Surgen, sin embargo, otras voces desde los tendidos: no estaríamos ante un símbolo religioso, sino ante una intolerable muestra de sometimiento femenino. La cuestión es tan polémica como peliaguda. ¿Quién debe establecer el sentido de un símbolo? ¿El que lo usa o quienes le observan? En la medida en que esa negativa interpretación semántica tuviese fundamento, sería más razonable que a Najwa se la educara de tal modo en la importancia de la autonomía femenina como para que ella misma, si se sintiera ahogada por el velo, se lo acabara quitando. Renunciar a educarla, o desviarla a otro centro donde le concedan graciosamente lo que en justicia es su derecho, es el mejor modo de deseducar cívicamente a sus compañeros.

Desde el Gobierno se sigue mostrando una pueril alergia a lo religioso. En vez de reconocer que es el derecho fundamental a la libertad religiosa lo que obliga a interpretar que el hiyab no es una gorra sin visera, se descuelgan con que debe primar el derecho a la educación; pero esto sí obligaría a modificar el reglamento y convertiría en intachables las gorras. Todo antes que suscribir nuestra constitucional «laicidad positiva», que justifica un deber de cooperación con las manifestaciones religiosas y quienes las encarnan. Enfrente, una derecha hirsuta juega al Guerrero del Antifaz, para que los laicistas de turno se carguen de razón: una vez que Najwa haga el paseíllo destocada, una novicia asiática animada por sus superioras a completar estudios, no podría acceder a ese mismo centro con la toca sin generar una burda discriminación por motivos religiosos. Inteligente resultado: religión civil para todos por decreto.

viernes, 16 de julio de 2010

DEFIENDE A TUS HIJOS DEL SEXO-JUEGO



¿Qué sucede a un Estado cuando impone estilos de vida? ¿En qué se ha convertido? ¿A usted qué le recuerda? Creíamos que aquello había pasado, pero no.




Señora Marina Geli:
"Deje de desinformar y manipular a los menores sobre sexo a través del sitio web Sexe Joves. La mente de los niños no es un campo de experimentación para el adoctrinamiento ideológico".
¿Te gustaría que a tu hijo le dijeran que es normal llevar a cabo "juegos sexuales" con gente de su mismo sexo?¿Te gustaría que tu hija leyese en un sitio web del Gobierno que "la PDD solo debe tomarse en caso de accidente" y que  "a veces" produce efectos secundarios?¿Te gustaría que tu hijo jugara en el colegio a distinguir qué prácticas sexuales son petting (magreo) y cuáles no? Esto es lo que la Consejera de Sanidad catalana, Marina Geli, promueve a través de la web para jóvenes, Sexe Joves.Pídele que la clausure, por falsificar las relaciones afectivas y manipular a los jóvenes en las consignas de la ideología de género.

Pincha en el siguiente enlace para firmar: http://www.hazteoir.org/node/31494

De esta forma, Marina Geli roba a los padres el derecho a educar a sus hijos, otorgando ilegítimamente a "papá Estado" un poder del que no es titular.

En esta web de la Generalitat de Cataluña podemos encontrar frases como:
  • "Actualmente, se piensa que, tanto la heterosexualidad como la homosexualidad y la bisexualidad, son alternativas diferentes del deseo sexual que no comportan ningún riesgo psíquico ni físico para la persona o para el grupo social."
  • "Es muy recomendable practicar el "petting" antes de tener relaciones con penetración, así descubriréis juntos el placer".
  • "La mujer tiene todo el derecho a decidir sobre su embarazo."
  • "No es extraño que te gusten tanto los chicos como las chicas. Las personas del mismo sexo te pueden agradar por el hecho de compartir aficiones comunes, inquietudes, vivencias y emociones. También es posible que necesites experimentar con estas personas juegos de tipo sexual para conoceros mejor, a pesar de que eso no quiere decir que la atracción sea siempre sexual."
Si no hacemos nada para evitarlo, el próximo curso miles de jóvenes catalanes serán victimas de esta web. Otro ataque más a la libertad de Educación, por parte de un Gobierno, el de Zapatero, y un partido, el PSOE, obsesionado por adiestrar sexualmente a los niños.

Mantén a Marina Geli lejos del alcance de tus hijos.

Pide a la Consejera de Salud de la Generalitat catalana que cierre la web Sexe Joves y ayude a las chicas a seguir con sus embarazos, en vez de invitarlas a abortar. 

LEE la alerta cívica de HO Jóvenes haciendo click en el siguiente enlace: http://www.hazteoir.org/node/31494

Ahora son los jóvenes catalanes, y pronto serán los de toda España.

Es tu compromiso activo con el derecho a educar a tus hijos en el amor y la libertad responsable.
Luis Tejedor y todo el equipo HO Jóvenes
PD.-Haz conocer esta realidad  a todos tus conocidos. Que Marina Geli escuche un clamor de vergüenza por su actitud abusiva en el adoctrinamiento sexual de los niños.

miércoles, 14 de julio de 2010

METÁFORA PARA UNA NACIÓN

La selección española conquistó ayer el Campeonato del Mundo de fútbol al ganar en la final al equipo holandés. Se trata del mayor éxito en la historia del fútbol español, un título que, sumado a otros triunfos no menos relevantes, sitúa a España en la vanguardia de los grandes deportes mundiales, como baloncesto, tenis, ciclismo o motor. El resultado obtenido por el conjunto de Vicente del Bosque no ha sido fruto de la suerte en el cruce de eliminatorias, o de una circunstancia meramente coyuntural: arrancó con la Eurocopa de 2008, cuando Luis Aragonés armó un equipo sólido, con jugadores jóvenes e inigualables en sus demarcaciones, y ha culminado en el Mundial de Sudáfrica, doctorándose con Vicente del Bosque en la más importante competición deportiva, después de los Juegos Olímpicos. 

          Hace tiempo que se agotaron los adjetivos para calificar a un conjunto de deportistas que dan ejemplo por sus resultados, pero principalmente por sus virtudes como equipo. Se ha dicho que son solidarios entre ellos, amigos que confían unos en otros, profesionales que saben lo que tienen que hacer. Entonces su éxito se entiende mucho mejor. Este extraordinario factor humano ha sido dirigido con inteligencia y mano izquierda. La selección española lleva años acreditando que su buen juego responde a una buena planificación, a la elección de los mejores, a la subordinación del individualismo al bien general, al seguimiento de unos excelentes directores y al compromiso colectivo con unos objetivos que ayer, de forma espectacular, fueron coronados con el Mundial 2010.

          Durante estas semanas, las victorias de la selección española y la progresión de su juego desde la derrota ante Suiza han servido para establecer paralelismos entre la buena gestión del combinado nacional y el estado general de España. Es una reacción inevitable, porque, en un momento de crisis, la selección española regala unas horas de euforia y autoestima para los que no hay muchos motivos antes y después de cada partido. Sin embargo, y siendo legítimo preguntarse por qué España no funciona como la selección, por qué sus valores no son los del país en su conjunto, los de su clase política, incluso los de la sociedad, más valdría reconvertir tanto juicio comparativo con el Gobierno en un mensaje para los ciudadanos. Porque el mensaje de la solidaridad, del trabajo en equipo, de la sana ambición, de las ideas claras, incumbe principalmente a la sociedad española. La selección es una metáfora de lo que España puede llegar a ser, siempre que estemos dispuestos a aplicar los mismos criterios que han fundamentado los éxitos del combinado nacional. Sería bueno que el entusiasmo colectivo por la selección fuera un estímulo para la sociedad española ante las dificultades del momento e incluso un motivo para exigir que nuestro país se parezca y trabaje como ese grupo de jóvenes —incluidos los Gasol, Nadal, Pedrosa, Alonso, Contador...— que están obligando a todo el mundo, en sentido literal, a hablar de España con admiración.

          POR si fuera poco el efecto ejemplarizante, los éxitos de la selección han quitado el velo que tapaba el deseo de expresar algo tan elemental como el orgullo de ser españoles. Nada más erróneo que transformar este sentimiento en una suerte de nacionalismo español oponible a los nacionalismos periféricos. Pero tampoco sería razonable que este tiempo de exhibición de banderas y colores nacionales quedara clausurado a partir de mañana, como si realmente la roja y amarilla fuera la bandera de la selección y no de España. Se trataría de recuperar un patriotismo positivo y constructivo, que es imposible si los ciudadanos se avergüenzan de su bandera, como símbolo de la unión nacional y de su identidad española. Esta explosión cívica de españolidad debería ser bien entendida por la sociedad como un valor enriquecedor, en un momento en que España necesita bases firmes para una recuperación que no solo es económica. Y también debería ser interpretada correctamente por la clase política, a derecha e izquierda, como la exhibición de una España que si no da más la cara, es decir, si no se muestra más a menudo con esta alegría, esta autoestima y esta convicción, se debe a que no tiene los liderazgos que merece.

          Hemos tenido que esperar a un Mundial de fútbol para que se genere un estado de ánimo frente a la adversidad, un sentimiento de patriotismo integrador. Pues sí, ha tenido que ser la selección de fútbol la que enseñe a los españoles que, como Nación, no hay más límites que los que se imponga a sí misma.

martes, 13 de julio de 2010

La Cámara de Diputados de Chile acuerda:

"Expresar su solidaridad a todas las organizaciones mundiales que luchan contra el aborto, en particular a la ONG española Derecho a Vivir, que ve con horror como  en España se ha perfeccionado el asesinado más reprochable en contra de un ser indefenso, cual es el cometido en el aborto, cuyas víctimas -por su desamparo legal- no podrán recurrir a los tribunales internacionales reclamando por el derecho humano más básico que no es otro que el derecho a la vida"
7 de julio de 2010


domingo, 11 de julio de 2010

EL REALISMO DEL DIVORCIO VELOZ

Se habla mucho de la necesidad del divorcio expres, porque "hay que ser realistas" y desatascar el tapón de los pleitos. Pero, como dice el autor de este artículo, "el problema no es el atasco de los tribunales de familia. El problema es el crecimiento de las rupturas familiares. Las soluciones han de venir sobre todo de la propia sociedad, con una educación de la afectividad desde la adolescencia, el desarrollo de las iniciativas de orientación familiar, de mediación y ayuda en las crisis matrimoniales. Algo más complejo y más necesario que el expeditivo certificado de defunción matrimonial."
Sugerentes reflexiones de Ignacio Aréchaga sobre una cuestión de importancia vital para una sociedad sana. Publicado en AcePrensa nº 124/04.]

Si los accidentes de tráfico con víctimas crecieran un 10% cada año hasta suponer un 0,3 por cada mil habitantes, nos sorprendería que el gobierno propusiera como única solución que las aseguradoras pagaran con más celeridad y sin litigios la indemnización por accidentes. Sin duda, pediríamos una política preventiva: campañas de opinión pública en favor de una conducción prudente, mayor exigencia en la concesión del permiso de conducir, un cumplimiento más estricto del código de circulación, mejorar la seguridad de los modelos de coches... Por eso llama la atención que ante la siniestralidad matrimonial en España, manifestada en el creciente número de separaciones y divorcios, el gobierno solo proponga "agilizar" el divorcio, para resolverlo con menos trámites y desatascar así los juzgados.
El divorcio más veloz nunca podrá borrar el dolor de la ruptura matrimonial, el trauma provocado en los hijos, el coste social que provoca la inestabilidad familiar. Parece de mal gusto hablar sobre esto, como si se pretendiera hacer leña del árbol caído. Pero una reforma que quiere ser "pragmática" no puede dejar de atender a los efectos prácticos de lo que se propone.
Desde la introducción del divorcio en España en 1981, se han producido 900.000 separaciones y 600.000 divorcios, así que en torno a 1,8 millones de personas han sufrido el desgarrón de la ruptura matrimonial. Lejos de frenarse, el fenómeno del colapso familiar crece a un ritmo del 10% anual. No pocas de esas rupturas se producen a los pocos años de matrimonio: el 27% de las separaciones antes de los cinco años de matrimonio y el 47% antes de los diez años. Con lo que cabe suponer que no pocos niños pequeños sufren la dura experiencia de la separación de sus padres. Todo esto es una fuente de dolor personal y de problemas sociales, que el divorcio exprés no va a resolver.
Para abogar por el divorcio expeditivo se nos dice que hay que ser "realistas", sin añorar situaciones familiares idílicas. Pero este realismo es de vía única. Si se sugiere que dos adultos con responsabilidades familiares pueden intentar resolver sus diferencias sin recurrir a la ruptura, la idea se descarta en nombre del realismo: sus heridas emocionales son profundas y no cabe esperar la reconciliación y la recuperación del amor. Pero, al mismo tiempo, reina un optimismo inusitado en cuanto a la capacidad de recuperación emocional de los hijos: sí, sufrirán temporalmente, pero comprenderán que solo pueden ser felices si sus padres lo son también.
Este realismo hace caso omiso de tantas investigaciones sociales que ofrecen pruebas de que, por término medio, los hijos de divorciados corren mayor riesgo de fracaso escolar, de consumo de alcohol y drogas, de actividad sexual precoz, de problemas emocionales, y, a su vez, de mayor riesgo de divorcio. Es cierto que también pueden encontrarse muchos hijos de divorciados que salen adelante superando las dificultades; pero el divorcio siempre deja huellas importantes en la vida de un niño, e incluso después.
El "realismo" lleva también a dar por supuesto que los desequilibrios económicos que produce el divorcio pueden resolverse gracias a una pensión en favor del que quede perjudicado. La realidad es que ambas partes suelen salir perjudicadas y que esa pensión no siempre se paga. Y a no ser que se cree un fondo para cubrir pensiones impagadas –lo cual es trasladar la carga a los contribuyentes–, ese problema siempre estará ahí. Pues si la razón del divorcio es abrir la posibilidad de un nuevo matrimonio o emparejamiento, resulta difícil que el mismo sueldo de antes pueda servir para atender dos hogares. De hecho, los últimos datos sobre la pobreza en la UE muestran que el grupo con mayor riesgo (35%) de encontrarse bajo el umbral de pobreza son las familias monoparentales, como la que resulta después de un divorcio.
Se nos asegura también que con la rapidez del divorcio directo se evitarán muchas situaciones conflictivas, y se llegará a un divorcio "civilizado" y por mutuo acuerdo. Sin duda, lo deseable es que la ruptura matrimonial no desemboque en hostilidades abiertas. Pero si fuera tan sencillo que una pareja estableciera los términos de su ruptura pacíficamente, sin recriminaciones, poniendo por delante el interés de los niños, recortando sus pretensiones para llegar a un acuerdo, y manteniendo después una relación amistosa en la custodia de los hijos, lo raro sería que se divorciaran. Como ha dicho Donald Bloch: "Una pareja capaz de manejarse correctamente en un proceso de divorcio debería tener, en principio, un excelente matrimonio".
Dentro de la alarma social ante la violencia doméstica, la reforma del divorcio se vende también como un medio para evitar tensiones familiares que desembocan en maltrato. Es curioso que, por una parte, se diga que el divorcio se ha "normalizado" en la sociedad española, y por otra se dé como razón para acelerarlo un grado de tensión tal que provoca violencia doméstica.
Pero, a juzgar por los datos conocidos sobre violencia doméstica, no parece verosímil que los mecanismos procesales de la ley del divorcio contribuyan gran cosa a que las mujeres se libren de maridos que las maltratan. Entre otras cosas porque las mujeres que viven en pareja sin estar casadas corren mayor riesgo de ser maltratadas. Según el censo de 2001, en España las parejas de hecho son el 6% del total de parejas; y, de acuerdo con los últimos datos de violencia doméstica, en estas parejas no casadas se produce el 32,8% de las denuncias por malos tratos.
Es cierto que el Estado no puede obligar a los esposos a amarse, ni debe meterse a consejero matrimonial. Pero sí tiene la responsabilidad de mantener la función pedagógica de la ley. Si la ley permite que a los tres meses del matrimonio se puede pedir el divorcio e imponerlo de modo unilateral, el mensaje que está trasmitiendo es que el contrato matrimonial es menos firme que el contrato de alquiler de la casa donde vive la familia. Por lo tanto, que no vale la pena casarse.
En cualquier caso, el problema no es el atasco de los tribunales de familia. El problema es el crecimiento de las rupturas familiares. Las soluciones han de venir sobre todo de la propia sociedad, con una educación de la afectividad desde la adolescencia, el desarrollo de las iniciativas de orientación familiar, de mediación y ayuda en las crisis matrimoniales. Algo más complejo y más necesario que el expeditivo certificado de defunción matrimonial.