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miércoles, 30 de junio de 2010

EL RELATIVISMO INTOLERANTE





Robert Spaemann
A veces, tener convicciones se equipara al fundamentalismo. A primera vista, puede parecer que el relativismo moral y político, opuesto a toda postura fundamentalista, es una garantía de libertad en las sociedades modernas, caracterizadas por la diversidad de convicciones y modos de vida. En realidad, advierte Robert Spaemann, eso es una falsa solución al pluralismo, que engendra nuevas formas de intolerancia y avasalla derechos en nombre de valores. El filósofo alemán Spaemann, profesor de filosofía en las universidades de Múnich y Salzburgo, expuso estas ideas en una conferencia (1) de la que se ofrece un extracto.

Nadie con aspiraciones intelectuales habla ya del bien y del mal. Hoy día todo el mundo habla de valores. Los partidos debaten sobre los valores fundamentales. Las constituciones se conciben como ordenamientos de valores. Y en todas partes se discute si vivimos en una época de decadencia de valores o de transformación de valores. La OTAN, según el primer ministro inglés, ya no debe defender territorios sino valores. Está llamada a proteger la comunidad de valores occidental y desde hace poco también a contribuir a su difusión combativa.
El discurso sobre los valores lleva consigo una profunda ambigüedad. Es trivial y peligroso a la vez. Es peligroso por su ambigüedad; es trivial en cuanto cualquier sociedad comparte determinadas valoraciones. El número de cosas que apreciamos y que aborrecemos en común en las sociedades modernas y desarrolladas ha descendido, en relación con formas de vida más antiguas. También puede expresarse positivamente el mismo hecho, diciendo que ha aumentado la diversidad de las formas de vida, de las convicciones y valoraciones. En estas circunstancias, se habla de pluralismo, un concepto que posee más bien connotaciones positivas.
Pero también en las sociedades pluralistas existe un contingente irrenunciable de aspectos comunes, un repertorio de asociaciones vinculado a conceptos públicamente importantes. La comunidad de asociaciones se fundamenta sobre una base común de recuerdos. En la familia existe el "¿Te acuerdas todavía de…?" que reúne a todos en una conversación común. También las naciones poseen un patrimonio de esta índole. En él se basan por ejemplo las fiestas oficiales. Una sociedad radicalmente pluralista no puede celebrar fiestas comunes. Esto es una gran pérdida.
Hay que ser consciente de esto: el pluralismo tiene un precio. Y el precio que exige el pluralismo total es demasiado elevado. Destruiría cualquier cultura desarrollada y haría imposible la convivencia de los hombres.
Existen, con todo, determinadas valoraciones cuya aceptación general resulta irrenunciable en una sociedad pluralista. A ellas pertenece la estimación de la tolerancia, es decir, de la disposición de respetar a los hombres y de no intervenir en la esfera de su libertad personal incluso en el caso de que sus convicciones, valoraciones y formas de vida discrepen de las propias. Este respeto encuentra su expresión en el derecho, en un ordenamiento jurídico liberal. Es el derecho el que independiza hasta cierto punto al individuo del respeto voluntario y de la tolerancia de sus conciudadanos, al obligarle a respetar esta esfera de libertad.
Cualquier ordenamiento jurídico es coercitivo. Sólo de este modo se puede garantizar la libertad de todos. Las leyes obligan a la obediencia también a aquellos que no están conformes. Suena desagradable, pero lo mismo puede expresarse –de modo más amable– diciendo que las leyes del moderno Estado de derecho no prescriben que uno esté de acuerdo con las valoraciones que constituyen su fundamento.
Al hablar del peligro del discurso sobre la comunidad de valores quisiera dirigir la mirada hacia la tendencia a sustituir paulatinamente y cada vez más el discurso sobre los derechos fundamentales por el discurso sobre los valores fundamentales. No me parece inocuo de ninguna manera. Es cierto –como dije al principio– que en la codificación de derechos y obligaciones, mediante una Constitución, subyacen valoraciones y estimaciones. Y es importante que en una comunidad se apoyen y se difundan públicamente tales valoraciones fundamentales. Pero existe un peligro allí donde el poder estatal –alegando valores más elevados– se considera legitimado para prohibir algo a los hombres sin fundamentación legal. A continuación enumeraré algunos ejemplos de este peligro.
Desde hace algunos años se ha introducido un concepto en la esfera política que jurídicamente no tiene derecho de ciudadanía en ella: es el concepto de "secta". "Secta" es una expresión negativamente connotada con la cual las iglesias cristianas tradicionales designan a comunidades cristianas menores que se han separado de estas iglesias a causa del credo o de la praxis religiosa. En el lenguaje del ordenamiento jurídico estatal este concepto carece de lugar. Cualquier agrupación de ciudadanos fundada sobre la base de convicciones comunes, mientras no infrinja las leyes vigentes o fomente esta infracción, debe ser indiferente para el Estado.
Pero desgraciadamente esto ya no es el caso. Las sectas se someten a vigilancia estatal, el Estado está advirtiendo contra ellas y sus socios son alejados en la medida de lo posible de cargos públicos. En las recientes apreciaciones políticas las sectas son comunidades que se definen por convicciones comunes, convicciones que discrepan de las de la mayoría de los ciudadanos o de la clase política. El criterio para el carácter de secta es que además hacen propaganda misionera en favor de su convicción, poseen una fuerte cohesión interna, y a menudo también una sólida estructura jerárquica, así como a veces una personalidad carismática que las dirige.
Puesto que todos estos criterios son vagos y hasta la fecha en los Estados liberales no está prohibido pertenecer a estas comunidades, la acogida en el catálogo de las sectas es una decisión discrecional de los detentadores del monopolio de la interpretación pública. La persecución se realiza, por lo general, mediante una presión informal, sobre todo a través de la discriminación de sus socios. ¿Por qué un Estado puede estar en contra de las sectas? Sólo porque empieza a considerarse a sí mismo como "comunidad", como comunidad de valores, como magna iglesia que excluye a las comunidades de disidentes.
Tolerancia significa admitir la alteridad étnica, cultural, sexual o de convicción. La tolerancia es un valor elevado porque se fundamenta en la dignidad humana del individuo. Puedo exigir respeto frente a mi convicción, también de aquel que la considera equivocada, porque el respeto no se dirige al contenido de mi convicción sino a mí mismo que me identifico con ella. Si el otro considera mala la convicción intentará disuadirme, si me quiere bien. Discutiremos, pero a la vez nos toleramos. La fundamentación de la tolerancia en la convicción de la dignidad de la persona constituye una fundamentación sólida. Ahora bien, allí donde la tolerancia se eleva a valor supremo, allí donde ella misma se coloca en el lugar de las convicciones que hay que respetar, se vuelve infundada y se anula a sí misma.
El postulado de respetar otras convicciones se convierte entonces en exigencia de no tener convicciones que hagan posible considerar equivocadas las opuestas; convicciones que uno no esté dispuesto a convertir en hipótesis. Por tanto, convicciones que uno intenta llevar a otros y con ayuda de las cuales uno intenta disuadir a otros de las suyas. Tener convicciones entonces ya se considera intolerancia. El postulado de tolerancia se transforma en una dogmatización intolerante del relativismo como cosmovisión predominante, que convierte al hombre en un ser irrestrictamente disponible para cualquier tipo de imposiciones colectivas. La consigna que se ostenta para las convicciones es la de "fundamentalismo".
Las conquistas duramente adquiridas del Estado de derecho liberal se vuelven a perder si el Estado se comprende como comunidad de valores; incluso cuando es una comunidad "liberal" de valores que entiende el liberalismo como cosmovisión en vez de como ordenamiento jurídico.
Mi último ejemplo es el más dramático. Se trata de la conferencia de la ministra alemana de justicia, Zypries, en octubre de 2003 en la Universidad Humboldt de Berlín, en la que abogó por liberalizar el uso para fines de investigación de embriones humanos producidos in vitro. Su argumentación tenía la forma de una ponderación de valores. Tanto la existencia del embrión como la libertad de investigación son valores para ella. Hay que ponderarlos y como resultado de una tal ponderación habría que dar la preferencia a la libertad de investigación.
Lo que tiene que interesarnos en este orden de ideas es que aquí se considera el derecho a la vida como "valor" que debe ponderarse respecto de otro valor y que hay que sacrificar en determinadas circunstancias a este otro. En este caso triunfa naturalmente la libertad de investigación. Es un derecho fundamental incondicional. El especialista en derecho público Martin Kriele llamó la atención ya hace muchos años sobre el tema de los derechos incondicionados. La exigencia de respetar el derecho de los demás no es lo que los garantiza, porque de antemano está a un nivel inferior. El valor de la libertad del arte no tiene que medirse con el derecho de un hombre a que su coche no sea enterrado en hormigón. Y "nunca en la historia de la libertad de investigación se le ocurrió pensar a alguien que Galileo debía haber tenido el derecho de instalar, sin previa autorización del propietario, su telescopio para observar el cielo en tejados ajenos que tuvieran una ubicación más favorable; ni aunque la ponderación entre la libertad de la ciencia y el derecho a la propiedad condujera, en este caso, a una prelación de la libertad de la ciencia".
Sólo en la República Federal de los años setenta esto, de pronto, habría cambiado. Los artistas y científicos debían tener derecho a desfogar su individualismo autónomo sin tener que respetar los derechos de sus conciudadanos. Afortunadamente esta nueva idea todavía no se ha trasladado al ámbito de la decisión responsable. Ésta presenta más bien el siguiente aspecto: el trompetista puede tocar su instrumento donde y las veces que quiera, pero no a costa de nuestro descanso nocturno; el artista puede enterrar coches en hormigón, pero no el nuestro; el científico puede utilizar libros, microscopios y observatorios, pero no los de otras personas sin su autorización. Pero si los sujetos que están en la base de todos los valores y todas las valoraciones se entienden ellos mismos como "valores", entonces su estatus jurídico se convierte en un objeto de ponderación y los criterios de esta ponderación se determinan por las valoraciones de aquellos que son capaces de salirse con la suya del modo más efectivo. Los más débiles fracasan.
A mi modo de ver, el discurso de la comunidad de valores es la expresión paradójica de un relativismo moral y político. Charles Péguy lo llamaba "modernismo" y modernismo significaba para él "no creer lo que se cree" Lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, lo honrado y lo abyecto, todo esto sólo sería la expresión de valoraciones subjetivas, individuales o colectivas. Nosotros valoramos, pero los relativistas occidentales enseguida ponen sus valoraciones entre paréntesis. Y lo que permanece fuera de los paréntesis es precisamente el relativismo, que confunden con la tolerancia, y mediante este truco lo proclaman como valor supremo.
Pero dado que a todo el que tiene determinadas convicciones que no está dispuesto a poner en juego se le considera intolerante y puesto que con la intolerancia no parece haber tolerancia, el postulado de tolerancia se anula a sí mismo. Sólo es válido en un contexto relativista. Pero ¿qué significa entonces "comunidad de valores"? No es la comunidad no institucionalizable y oculta de aquellos que humildemente intentan conocer y hacer el bien, sino más bien la sociedad organizada de aquellos que presumen de haber encontrado la verdad; se podría decir que es una parodia de la iglesia cristiana, pues la verdad que sostienen proclama paradójicamente que respecto del bien y del mal no existe la verdad.
Los derechos humanos son algo respecto de lo cual hemos creado un consenso. El intento de mover también a hombres de otras culturas a reconocerlos falla precisamente en este concepto de comunidad de valores. Pues, si "nuestros valores" son el resultado de nuestra historia y de nuestras opciones, entonces no hay ningún motivo –excepto los de política del poder– para obligar a otros a aceptar nuestras opciones, por ejemplo, a aceptar que la dignidad humana debe concretarse en todas partes a través de las instituciones de las democracias parlamentarias y de los derechos humanos individualistas. Pero los valores en realidad nunca son algo por lo que optamos, sino algo que precede a las opciones y fundamenta estas opciones; por tanto, aquello en lo que creemos realmente. Aquello por lo que hemos optado y seguimos optando a causa de esta fe: eso es un ordenamiento jurídico.
La base de los valores de un ordenamiento jurídico moderno exige que los derechos de los ciudadanos, o de un grupo de ciudadanos, no dependa del hecho de que estos ciudadanos compartan esa base de valores y obedezcan las leyes, incluso si esta obediencia es simplemente la que se dispensa a un poder de ocupación extranjero para posibilitar que la vida siga en el propio país. Se obedece, pero no por pertenecer a su comunidad de valores, sino porque uno conoce el valor de la paz interna, pax illis et nobis communis como escribió San Agustín.
La futura Europa sólo podrá ser una comunidad jurídica en la que todos los ciudadanos de los países de tradición europea encuentren un techo común, si posibilita y protege comunidades con valoraciones comunes, pero renunciando ella misma a ser una comunidad de valores.
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(1) "Europa: comunidad de valores u ordenamiento jurídico", conferencia pronunciada  en la Universidad de Navarra.
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Caída de la natalidad, colapso económico… y ético


Daniel Arasa, en ForumLibertas.com


Los últimos datos sobre la natalidad en España muestran una caída en la fertilidad, que da una inflexión a la línea ascendente de la última década. No era para entusiasmar, porque en ningún momento se alcanzó 1,5 hijos por mujer y seguía quedando lejísimos del mínimo de 2,1 hijos por mujer requerido para el relevo generacional, pero va a peor.


Además, una parte muy importante del incremento de la natalidad se debía a las mujeres inmigrantes y a las de la generación del baby boom. Muchas de aquéllas están regresando a sus países o reducen la fertilidad ante la crisis, a la vez que pasa la edad de tener hijos para las segundas, que en realidad tampoco tuvieron muchos.


Muchísimo se ha hablado de la negativa influencia que la baja natalidad tendrá para la economía española y para el sistema de pensiones, que puede entrar en colapso en pocos años con el envejecimiento de la población y la disminución de los cotizantes. Es muy real. Pero desearía analizar otro aspecto más inmaterial de la caída de la natalidad, el del colapso ético. En sentido humano en primer lugar y, elevándolo más, cristiano.


No existen baremos exactos para medir la vida cristiana de una sociedad. En la historia se ven períodos en que la presencia cristiana parece impregnarlo todo, mientras en otros da la impresión que casi ha desaparecido. Quizás no sean del todo reales ni unos ni otros. A veces la levadura cristiana actúa casi sin que nadie se dé cuenta y fermenta toda la sociedad, y en otras en que parece tan evidente su presencia quizás sea más en superficie que en profundidad.


Con todas las cautelas, sin embargo, tampoco hay que desestimar algunos indicadores que aproximan al conocimiento del grado de vida cristiana de una sociedad. Uno de ellos es la asistencia a la misa dominical. Si en una sociedad tal participación es muy baja puede deducirse que la mayoría de las familias no llevan una praxis cristiana. Y a la inversa. Otro indicador puede ser el número de vocaciones al sacerdocio, a la vida religiosa, al celibato en medio del mundo.
Está empíricamente demostrado que en las familias, en las organizaciones y en las sociedades en que la vida de fe es intensa abundan aquellas vocaciones, mientras que en las familias y sociedades frías en este aspecto las vocaciones son pocas. Cada respuesta a una vocación es individual, pero el caldo de cultivo en que se vive hace que lo facilite o dificulte, a veces hasta niveles muy extremos. En familias de intensa vida cristiana es fácil que los hijos se planteen lo que Dios les pide, en tanto que es poco menos que impensable que lo hagan aquellos que nunca oyen hablar de Dios.


Quizás nadie lo haya calibrado, pero tengo el absoluto convencimiento de que otro de los índices más claros del nivel de vida cristiana en una sociedad occidental desarrollada tradicionalmente cristiana(Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá, Australia) es la natalidad. Una observación fácil hoy mismo.
Invito al lector a que repase mentalmente diversos movimientos, prelaturas, grupos de oración, organizaciones marianas…, que uno percibe que funcionan razonablemente bien y se fije acerca de la media de hijos que tienen los matrimonios que de ellos forman parte. Se encontrará con una conclusión inapelable por su evidencia: el número medio de hijos es alto y hay muchas familias numerosas.


Como es lógico, cada caso y situación son distintos, pero nos referimos a la media. ¿Cuál es la conclusión? ¿Que todas estas son familias ricas, o muy bien situadas, o con la vida resuelta? Evidentemente no. Las hay de todos los niveles y pelajes. Pero tienen en común la confianza en Dios, el dar alas a la vida sin poner obstáculos a la llegada de nuevos hijos, los padres hacen de su amor una forma de entrega y no sólo de búsqueda del placer. Como es normal, esto lleva a la mayoría a tener más hijos.


Por ello las familias del mundo occidental que llevan una vida espiritual intensa tienen, por término medio, más hijos que el resto. Las familias hedonistas, por su lado, suelen tener pocos. Una vida espiritual fuerte conlleva una mayor entrega a los demás sin buscar contraprestaciones, un nivel ético más alto.


De rebote estas personas hacen una aportación social complementaria, la de traer más hijos al mundo que en el futuro sacarán su país adelante y, a la vez, dan más sentido ético a toda la vida ciudadana.


Pocos políticos son conscientes de esta importancia de incrementar la natalidad no sólo por intereses materiales. ¡Que también!. Y no son capaces de ver que no depende sólo de ayudas económicas, sino sobre todo de fortalecer los valores, los principios de las familias que forman esta sociedad.
Cuando se ven las políticas de algunos gobiernos y partidos, sus webs e información al ciudadano, uno llega a la conclusión que más que fortalecer valores de lo que se trata es de degradarlo al máximo. Especialmente si es joven. Hasta se le forma en todo tipo de trampas y bajezas para eludir la natalidad, nunca para ilusionarle en ser padre o madre.

lunes, 28 de junio de 2010

Solidaridad del Papa con obispos belgas ante irrespetuosas investigaciones (puede pinchar también aquí)

Tras el desproporcionado registro al arzobispado y a la catedral de Malinas-Bruselas

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 27 de junio de 2010 (ZENIT.org).- Benedicto XVI envió este domingo un mensaje de cercanía y solidaridad al arzobispo de Malinas-Bruselas, monseñor André Joseph Léonard, tras el brutal registro de las autoridades belgas al arzobispado y la catedral de la diócesis primada belga este jueves, en el marco de una investigación por abusos sexuales por parte del clero.

El Papa expresó a todos los obispos de Bélgica su “proximidad” y “solidaridad en este momento de tristeza, en el que, con ciertas maneras sorprendentes y deplorables, se han realizado las investigaciones incluso en la catedral de Malinas y en los locales donde el episcopado belga estaba reunido en sesión plenaria”.

En su mensaje, el Pontífice recordó que durante esa reunión interrumpida por las autoridades “debían tratarse, entre otros, aspectos relacionados con el abuso a menores por parte de miembros del clero”.

También pidió respeto a la autonomía del orden canónico, destacando: “Yo mismo he repetido en numerosas ocasiones que estos graves hechos deben ser tratados por el orden civil y por el orden canónico en el respeto recíproco de la especificidad y de la autonomía de cada uno”.

“En este sentido -continuó-, deseo que la justicia siga su curso garantizando el derecho de las personas y las instituciones, en el respeto a las víctimas, en el reconocimiento sin prejuicios de los que se comprometen a colaborar con ella y en el rechazo de todo lo que pudiera oscurecer los nobles deberes que le son asignados”.

Benedicto XVI concluyó su mensaje garantizando que acompaña “cada día en la oración el camino de la Iglesia en Bélgica” y envió al arzobispo Léonard “una afectuosa Bendición apostólica”.

La Secretaría de Estado de la Santa Sede ya había expresado su “vivo estupor” por la manera como la justicia belga ha llevado a cabo algunas investigaciones (Cf. ZENIT, 25 de junio de 2010).

Entre otras cosas, manifestó su indignación por el irrespetuoso registro al arzobispado y a la catedral de Malinas-Bruselas este jueves, que incluyó la profanación de dos tumbas de anteriores arzobispos de la diócesis.

viernes, 18 de junio de 2010

“Los que consideran la terapia homosexual contraria a la ética, también rechazan la abstinencia extramatrimonial”


De Forumlibertas.com

La Asociación Médica Católica ya explicaba en 2008 que la homosexualidad se puede tratar y que numerosos terapeutas creen que la fe religiosa juega un papel esencial
La reciente polémica suscitada en Cataluña en torno a las terapias que ayudan a homosexuales a dejar de sentir atracción por personas del mismo sexo ha puesto de relieve la transformación de las instituciones de acuerdo con los planteamientos del homosexualismo político. Ese totalitarismo no deja espacio para la creencia católica y arrincona progresivamente el uso de la libertad como individuo a través de sus creencias y opiniones.
En lo que se perfila como una nueva campaña de discriminación contra los médicos psiquiatras que atienden a personas homosexuales que intentan superar su condición, cabe traer a la luz una declaración de la Asociación Médica Católica (AMC) de Estados Unidos.
 
La declaración fue hecha pública el 8 de febrero del año 2008 y se basa en gran medida en la conclusión de varios estudios, a la vez que pone énfasis en la consistencia de las enseñanzas de la Iglesia católica y de estos estudios.
 
La Asociación Médica Católica estadounidense se dedica a mantener los principios de la Fe Católica en todo lo que se relaciona con la práctica de la medicina y a promover los principios éticos Católicos en la profesión médica, incluyendo profesionales de salud mental, el clero y el público en general.
 
En su informe, la AMC constata como hay circunstancias tales como “desórdenes psicológicos y experiencias traumáticas”, que pueden, a veces, hacer tal castidad más difícil. Sin embargo, según el texto, “tales circunstancias y condiciones, no niegan la libertad de conciencia, ni eliminan el poder de la gracia”. “Aunque muchos hombres y mujeres que se sienten atraídos homosexualmente, dicen que esos deseos sexuales fueron experimentados como un “hecho dado” (Chapman, 1987) esto no puede implicar una predeterminación genética o una condición inmutable”.
 
Los trabajos que analiza el estudio, contradicen el mito de que la atracción homosexual sea genéticamente predeterminada y que no se pueda cambiar, y ofrece esperanzas para la prevención y el tratamiento.
 
La conducta homosexual “no es innata”
 
El estudio explica que si la atracción homosexual fuera genética, “entonces uno esperaría que los mellizos idénticos tuvieran la misma orientación sexual. Sin embargo, hay numerosos casos de mellizos idénticos que no son idénticos en su orientación sexual”, tal como explican los numerosos estudios que cita el informe.
 
“Los católicos –prosigue- creen que la sexualidad fue estructurada por Dios como un signo del amor de Cristo, el novio, a su novia, la Iglesia, y por consiguiente, la actividad sexual es adecuada solamente dentro del matrimonio. Un desarrollo psico-sexual saludable lleva naturalmente la atracción de personas por el sexo opuesto”.
 
El estudio trata la atracción hacia el mismo sexo como un síntoma de aspectos que cada persona posee en su historia personal. No obstante, encuentra modelos de desarrollo con aspectos similares que son, entre otros: la alienación del padre en la infancia, porque el padre fue recibido como hostil, distante, violento o alcohólico; la madre fue sobreprotectora; la madre era necesitada de afecto y exigente con los niños; los padres no fomentaron la identificación con el propio sexoabuso sexual o violación; fobia social o timidez extrema; etcétera.
 
La prevención de la “atracción homoerótica”
 
AMV explica que si las necesidades emocionales y de desarrollo de cada niño se satisfacen adecuadamente tanto por la familia como por sus iguales “el desarrollo de atracción homoerótica es muy poco probable”. “Tales situaciones familiares y sociales, sin embargo, no siempre se establecen con facilidad y las necesidades de los niños pueden no ser fácilmente reconocibles”.
 
“La identificación temprana (Hadden, 1967) y la intervención profesional adecuada, si es apoyada por los padres, puede superar la DesordenadaIdentidad de Género (Rekers 1974; Newman 1976)”. El estudio explica que una vez se concluye de que la atracción homoerótica “no es un desorden de origen genético” se puede esperar “el éxito de la prevención y uno puede también tener esperanza de encontrar un modelo terapéutico que vaya a mitigar significativamente si no a eliminar la atracción homoerótica”.
 
Por ello, el estudio reconoce que un gran número de terapeutas han publicado numerosos trabajos sobre resultados favorables en el tratamiento del homoerotismo y advierte: “casi sin excepción, aquellos que consideran la terapia como contraria a la ética, también rechazan la abstinencia de actividad sexual extramatrimonial, como meta mínima”.
 
De hecho, se reconoce que numerosos terapeutas creen que la fe religiosa juega un papel esencial en la recuperación de la atracción por personas del mismo sexo y la adicción sexual.
 
Por otro lado, el informe aborda temas tan indispensables en la detección de personas que sufren su homosexualidad como el papel que debe tener el sacerdote, los médicos católicos, los profesores de instituciones católicas, las familias católicas, los obispos y la comunidad católica en general, para que se trasformen las actitudes con respecto a la atracción por el mismo sexo y la basen en el respeto y el apoyo, siempre que se siga lo establecido por la Doctrina Social.
 
(Para ver el informe completo clica aquí.)
 

domingo, 13 de junio de 2010

“Para transformar la sociedad hay que ir a las cuestiones de fondo”

'Lágrimas en la lluvia’ abordará en Intereconomía TV “las grandes tendencias culturales de nuestro tiempo”. Aunará cine “de gran valía” y un debate “cercano y cordial”


Madrid.- Ganador del Premio Planeta con 27 años (por La Tempestad) en 1997 y del Primavera de Novela (2003) más el Nacional de Narrativa (2004) por La vida invisible, Juan Manuel de Prada acaba de publicar Nadando contra corriente, una selección de artículos para “enjuiciar la realidad desde otra perspectiva distinta”. Asegura haber renunciado “a los honores de la cultura oficial”, pero no a influir en la sociedad. Pronto podremos verle dirigiendo un programa de Intereconomía TV para abordar “los grandes asuntos de nuestro tiempo”.
-Adelántenos cómo será el programa.
-Será un programa cultural en el que se abordarán los grandes asuntos de nuestro tiempo. El título, Lágrimas en la lluvia, es un homenaje a la escena final de Blade Runner. El cine de gran valía será punto de partida para un debate sobre grandes temas de nuestra época. Las películas serán enjundiosas, pero lo que se busca no es un comentario cinematográfico o de expertos. Tendrá un tono cercano y cordial. Es una fórmula arriesgada: hablar de asuntos de gran calado pero con un enfoque próximo, tratando de irrumpir en la intimidad del espectador.
-¿Lejos de la discusión política?
-Las grandes tendencias del pensamiento se explican desde la cultura, no desde la politiquilla de cada día. Desde la politiquilla puedes enconar o enardecer a la gente, pero si no logras alimentarla, nutrirla, procurarle un instrumento para enjuiciar la realidad desde otra perspectiva distinta, a la larga no consigues nada.
-¿Le parece inútil el debate político?
-Es muy importante la diatriba, la denuncia de los aspectos más puntuales de la actualidad, pero al mismo tiempo hay que ir nutriendo ese suelo que al final es de donde la raíz se alimenta. No me interesa dar caña, me interesa transformar la sociedad en la escasísima medida de mis posibilidades. Me interesa proponer.
-¿Cambia las tertulias por este programa?
-La participación en otros programas la voy a restringir. Esto es lo que anuncié y se disparató diciendo que me retiraba o que había arremetido contra la Cope. Ambas cosas son falsas. Lo que hice fue una defensa de un periodismo católico en el que creo, frente a otros en los que no creo.
-¿Cuál es la diferencia entre ambos?
-Ahora mismo el periodismo presuntamente católico confina la fe a los aspectos sobrenaturales, y a la hora de analizar los aspectos naturales de la realidad, termina acogiéndose a tal o cual ideología. Yo reivindico la posibilidad de un periodismo que enjuicie la realidad desde el pensamiento católico.
-Y eso, ¿cómo se hace?
-Decía Chesterton que católicos son los que están de acuerdo en los puntos del credo y son libres para discrepar en todo lo demás. Yo percibo muchas veces que en el ámbito del periodismo católico hay discrepancia en los puntos del credo pero absoluta unanimidad en todo lo demás. Eso es periodismo ideológico.
-¿De qué ideología?
-De cualquiera. Si la interpretación de la realidad se deja a las ideologías, el periodismo católico deja de tener sentido. Hoy la ideología que está impidiendo tener una mirada específicamente cristiana sobre la realidad es el liberalismo. Hace 20 o 30 años fue el socialismo. Antes, para ser cristiano había que enjuiciar ideológicamente la realidad desde presupuestos marxistas o posmarxistas. Hoy aprecio que ese velo ideológico es liberal.
-¿En qué se percibe esa influencia ideológica?
-En temas tan de rabiosa y desgraciada actualidad como la crisis económica, está impidiendo que medios de inspiración cristiana tengan una aportación sustantiva en el debate. Me parece demencial seguir defendiendo el capitalismo financiero en las presentes circunstancias. Un medio católico tendría que mostrar la posibilidad de nuevos fundamentos del orden económico.
-¿Basados en la doctrina de la Iglesia?
-Desde León XIII hasta hoy hay un riquísimo material para profundizar en una visión distinta de la economía. Una doctrina desarrollada, por ejemplo, con el distributismo, propugnado por G.K. Chesterton o Hilaire Belloc.
-¿Por qué elogia a los que ‘nadan contra corriente’?
-Por su grandeza de espíritu. Defienden unos postulados, una visión de la vida, pero son gente en primer lugar capaz de perdonar las debilidades ajenas y de reconocer el talento allí donde se encuentre. Esto cada vez es más difícil, porque vivimos en una España cada vez más enconada, más enquistada en sus odios, en sus prejuicios.
-¿Nadar ‘contra corriente’ es duro?
-Es extenuante, es plantar constantemente cara al curso de los acontecimientos. Pero como decía Chesterton, la única manera de saber que uno está vivo es nadar contra corriente. Los mecanismos de presión social son muy fuertes y hacen que mucha gente no tenga fuerzas.
-En su caso, ¿a qué tuvo que renunciar para no ser arrastrado?
-Hace 10 o 12 años recibía todas las semanas una invitación para viajar a todos los Institutos Cervantes del mundo. Ahora no recibo ni por recomendación. Renuncias a todo, a los honores de la cultura oficial, que son muy grandes hoy en día, porque evidentemente el poder constituido sabe perfectamente la importancia que tiene mantener apesebrados a una serie de representantes del mundo cultural. Pero no es solo eso. Mis libros se traducían antes hasta a 30 idiomas. Ahora mismo a mí no me traduce nadie, porque la prensa cultural con prestigio fuera de España no me considera. Te condenan al ostracismo. Renunciar a esto es muy duro y tienes que tener una Razón, así, con mayúscula, para hacerlo, si no, no habría manera.
-¿Qué hacer para nadar ‘contra corriente’?
-Me estremece la falta de un sostén cultural fuerte. Quienes combaten este modelo social están muy desguarnecidos culturalmente. Cuando te enfrentas a una corriente cultural muy poderosa, la tentación de atrincherarte, de recluirte en la ciudadela, es muy fuerte. Pero si te recluyes, dejas de tener los instrumentos para desenvolverte en el mundo, para que tu labor sea eficaz, para que otros se animen a nadar contra corriente. Hay que hacer como San Pablo en el Areópago. Se desenvolvía en el mundo con los instrumentos del mundo. Es muy importante dotar culturalmente a estos nadadores contra corriente que lo tienen muy difícil. Esto es lo que modestamente trato de hacer con suerte no siempre favorable.

SEXO, GÉNERO, CONFUSIÓN


La semana pasada el Hospital Clínic de Barcelona realizó la primera operación de cambio de sexo a un menor en España, con autorización judicial. La intervención ha sido recibida con ese tono de ¿por qué no?, tan habitual últimamente en una sociedad que prefiere dar por buena cualquier técnica sanitaria al servicio del deseo. Pero una operación de este estilo está lejos de encontrar la recomendación unánime de los especialistas.

La cirugía de “reasignación de sexo” se realizó sobre un chico de 16 años que se sentía como mujer. Toda la información procede del cirujano plástico que realizó la intervención, Iván Mañero, quien asegura que el chico se vestía de chica desde los cuatro años (¿a los cuatro años un niño decide cómo vestirse?). El paciente aquejado de este trastorno ha estado en tratamiento durante tres años, aunque no se dice si el tratamiento ha sido también psiquiátrico.

Sin entrar a valorar un caso cuya historia clínica se desconoce, llaman la atención las ideas sobre sexo y género que revela Mañero, en estos días de protagonista mediático. Al haberse especializado desde 1999 en cirugía para transexuales –dice haber realizado 500 intervenciones–, no es extraño que piense que no hay ningún problema. “Ya era chica. Como género se siente mujer mientras que sus genitales son masculinos. Eso hace que su vida no sea normal. Nosotros ponemos de acuerdo el sexo con su mente” (El País, 13-1-2010).


Sus palabras sugieren la idea de que el sexo de una persona es un mero accidente biológico que puede ser cambiado para seguir el género que uno siente o escoge. “El error es no diferenciar entre género, sexo y orientación sexual. Género es cómo me siento, si hombre o mujer. Sexo, cómo son mis órganos. Y orientación, con quién quiero mantener relaciones”. Ya se ve que aquí lo importante es el “siento” y “quiero”, no lo que “son” los datos biológicos.

Sin embargo, a pesar de la cirugía, algunos hechos biológicos no cambian. Cada una de las células del cuerpo de una persona tiene cromosomas que lo identifican como varón o mujer. Y, durante el embarazo, las hormonas prenatales han modelado de diferente modo el cerebro de los niños y el de las niñas. El propio Mañero reconoce que el paciente “deberá seguir un tratamiento hormonal femenino –estrógenos– durante toda su vida”. Tampoco podrá tener hijos, ya que evidentemente la “chica” no tiene ovarios.

Lo que la operación no arregla

Si no cabe duda de que la transexualidad o disforia de género es una enfermedad y un penoso conflicto, lo que no está tan claro es que la “reasignación de sexo” sea la curación. Destacados psiquiatras que han estudiados estos casos ponen en duda que resuelva los conflictos del paciente.

Uno de los que han examinado el tema es Paul McHugh, que fue jefe del servicio psiquiátrico del Johns Hopkins Hospital de la Universidad del mismo nombre. En un artículo publicado en First Things (noviembre 2004) contaba los estudios que realizaron al respecto en su departamento con pacientes que habían sido sometidos a este tipo de cirugía en su hospital.

En cuanto al tipo de pacientes, había fundamentalmente dos grupos. Uno estaba formado por hombres homosexuales que veían en el cambio de sexo un modo de resolver sus conflictos y su sentido de culpabilidad, para actuar sexualmente como mujeres con hombres. El otro consistía en hombres heterosexuales (y algunos bisexuales) a los que les excitaba vestirse como mujeres y para los cuales la transformación quirúrgica les otorgaba más verosimilitud.

“La mayoría de los pacientes localizados algunos años después de la cirugía estaban contentos con lo que habían hecho y solo unos pocos lo lamentaban”, cuenta McHugh. “Pero en lo que se refiere a relaciones, trabajo y emociones tenían los mismos problemas que antes. La esperanza de que superarían sus dificultades emocionales para resurgir psicológicamente no se habían cumplido”.

Otro estudio sobre temas similares realizado en los servicios psiquiátricos del Clark Institute de Toronto, identificó a este tipo de pacientes como hombres a los que les excitaba imitar a mujeres seductoras, lo que les llevaba primero a vestirse como mujeres y eventualmente hacia la solución quirúrgica. Como la mayoría seguían sintiéndose atraídos por las mujeres, se identificaban ante los psiquiatras como lesbianas (Quizá por esto Iván Mañero advierte que “puede haber un transexual homosexual”).

Tras estos estudios el departamento de psiquiatría del Johns Hopkins dejó de prescribir esta cirugía de reasignación de sexo para adultos. “Como psiquiatras, deberíamos tratar de arreglar sus mentes y no sus genitales”, dice McHugh. “Proporcionar cirugía para cambiar el cuerpo de estas desafortunadas personas era colaborar con su trastorno mental en vez de tratarlo”. Cuando el Johns Hopkins anunció que iba a dejar de hacer esta cirugía, muchos otros hospitales le siguieron, aunque otros centros siguen practicándola.

Frente a la idea de una mujer “atrapada” en un cuerpo de hombre (o viceversa), estos psiquiatras piensan que una persona puede sufrir este trastorno por experiencias negativas que en la infancia o en la adolescencia les llevan a no aceptar su masculinidad o feminidad. En un intento de superar este doloroso conflicto, fantasean con la idea de vivir como alguien del otro sexo. Esto puede llevar a vestirse y a identificarse más con el sexo opuesto, e incluso a engañarse con la idea de pertenecer a él.

Jóvenes confusos

Estos diagnósticos psiquiátricos, comenta McHugh, no han sido bien recibidos por los “activistas transexuales (a menudo aliados con el movimiento gay) que todavía sostienen que su disforia de género representa su verdadera identidad sexual”. “Uno podría esperar que aquellos que aseguran que la identidad sexual no tiene bases biológicas o físicas aportarían más pruebas para persuadir a otros. Pero he comprobado que hay un fuerte prejuicio a favor de la idea de que la naturaleza es totalmente maleable”, dice el psiquiatra.

También en España, la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales ha emitido un comunicado para “celebrar” la operación de Barcelona y exigir el derecho de un menor a operarse “si así lo desea, cuenta con un estudio profesional y el apoyo de su familia”. A su juicio, “el trámite judicial retrasa inexplicablemente la realización de la cirugía y vulnera el derecho al libre desarrollo del o de la menor”.

Pero no se acaba de entender esta inclinación por el quirófano, cuando la ley para el cambio de género, aprobada en España por el gobierno de Zapatero en 2007, y que fue saludada en su momento como “la más avanzada del mundo”, solo pide que al solicitante se le haya diagnosticado un trastorno (disforia) de género y que haya sido tratado médicamente durante al menos dos años, pero no exige que el tratamiento haya incluido cirugía de reasignación sexual (modificación de los genitales).

Por su parte, Mañero piensa que “cada vez operaremos a más jóvenes. La sociedad es cada vez más madura y hay mayor conocimiento”. Lo más probable es que efectivamente haya más problemas de identidad sexual entre los jóvenes, por la propia confusión que hoy se extiende entre sexo, género y orientación sexual, unida al imperio del deseo. Pero precisamente por eso la prudencia y los datos psiquiátricos aconsejan no precipitar decisiones antes de la mayoría de edad y proporcionar a esas personas toda la ayuda psiquiátrica necesaria.

Aceprensa

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